Capítulo Sexto: Volteando la Tortilla
Si Ámbar Sofía Latrans alguna vez abriera una chocolatería, se haría millonaria en poco tiempo.
George Jenkins tomó respiraciones profundas mientras sorbía la bebida caliente que la coyotecita le había preparado. El chocolate estaba cremoso y tibio. Ámbar, después de dejar instrucciones estrictas al médico y a la enfermera y asegurándose de que Nick estuviera bien cuidado, cruzó la plaza de la ciudad y se dirigió hacia la estación de policía con Garibaldi. Judy les había pedido estar presentes en la sala de interrogatorios. La coneja se sentó meditabunda mientras esperaba a que Jenkins terminara su chocolate caliente.
El Alguacil Perruchio Pastor esperaba pacientemente contra la pared. Ámbar se sentó junto a Judy, a la mesa con el topo. Gari estaba junto a Pastor, observando la escena y esperando junto con todos los demás.
Finalmente, habló Jenkins.
"Conocí al Presidente Preston Reyes hace ocho meses, cuando mi familia y yo nos mudamos a Zootopia," dijo Jenkins. "Solicité un trabajo en el Departamento de Auditoría de Terra Firma Incorporada. Me contrataron de inmediato y la vida parecía ir hacia adelante para nosotros. Mi familia y yo vivimos en una casa pagada por la empresa, mi sueldo era generoso, y en tres meses fui ascendido a jefe del departamento."
Se detuvo, tomando una respiración profunda, y luego continuó.
"Entonces, empecé a notar pequeñas cosas. Los números que no cuadraban. Las propiedades que aparecieron de la nada. Extrañas compras de cosas que no parecían ser de ninguna utilidad para nosotros. Fui al Presidente una tarde y le dije que había algo extraño. Tal vez alguien dentro de la empresa estaba desviando fondos o haciendo uso de los bienes de la empresa para algo turbio. Y ese fue el día en que Reyes me nombró su asistente personal."
Jenkins se estremeció.
"Él secuestró a mi familia. Me dijo que estaban a salvo, en una de sus casas, y que permanecerían seguros siempre y cuando haga exactamente lo que me ordenara," dijo Jenkins. "Estaba obsesionado con convertirse en el conejo más poderosa e influyente de la historia. Decía que iba a mostrar al mundo de lo que estaba hecho, incluso si eso significaba aplastar a cada uno de sus competidores. Tenía que obedecerle o él mataría a mi familia, conmigo allí para presenciarlo."
Judy se estremeció. No podía imaginar los horrores que este pobre topo había tenido que soportar en silencio.
"Mi esposa y mis dos hijas están en una de sus tres propiedades," dijo Jenkins. "Yo sólo las he visto dos veces desde aquel terrible día, y siempre bajo los ojos severos de sus guardaespaldas. Él me prometió que nos dejaría ir después de que Terra Firma comprara todas las tierras de Bunny Burrow."
"No va a dejarte ir," dijo Judy. "Sabes demasiado."
"Sí," dijo Jenkins. "Ya lo sé. Pero yo tenía que seguir intentando... por mi familia."
Él se quedó en silencio, mirando la superficie de la mesa.
"Señor Jenkins," dijo el Alguacil Pastor, caminando a la mesa. "Usted tiene información valiosa que puede ayudar a poner fin a toda esta locura. Usted conoce mejor que nadie a Reyes, y usted sabe cómo opera. Si nos ayuda a exponerlo y llevarlo ante la justicia..."
Pastor se detuvo. Jenkins levantó la mirada, sus ojos moviéndose de una cara a la otra.
"¿Quieres decir… que van a ayudarme?"
Judy se puso de pie en el libro de cocina.
"Señor Jenkins, nadie tiene derecho a secuestrar a la familia de nadie y amenazar con hacerles daño," dijo Judy. "El hecho de que este acto atroz se cometió en Zootopia por debajo de nuestras narices, nos llena de indignación."
Ámbar y Gari asintieron. Pastor también.
"Su familia está en Zootopia," dijo Judy. "En una de las residencias de Preston Reyes. Bueno, esa es la jurisdicción de mi departamento. Voy a asegurarme personalmente de que pongamos a su familia bajo custodia policial y metamos a este criminal en la cárcel."
"Pero Oficial," dijo Jenkins. "Si Reyes nota que la policía se inmiscuye en sus asuntos, podría hacer daño a mi familia."
"Entonces tendremos que hacer esto sigilosamente," dijo Gari.
Todos lo miraron.
"Usted ha estado actuando sigilosamente, Señor Jenkins, trabajando desde las sombras para cumplir los deseos de este loco," dijo Gari. "Ahora vamos a utilizar esa misma táctica para extraer su familia de dondequiera que estén, y colocarlos bajo el ojo vigilante de la policía de Zootopia."
"¿Pero cómo?" Jenkins le preguntó.
"Tengo un plan," dijo Gari. "Uno que todavía tiene algunos agujeros en él. Sin embargo, con la ayuda de todos ustedes, espero que pueda hacer de él un plan perfecto."
Todos escucharon el plan de Gari, añadiendo sus propias sugerencias y decidiendo la mejor manera de proceder.
Por primera vez en meses, Jenkins sintió un rayo de esperanza perforando el cielo oscuro de su vida.
Ámbar se dirigió de nuevo a la oficina del médico con Gari para comprobar que Nick estuviera bien. Judy y Pastor estaban terminando los últimos detalles del plan de Gari, haciendo todo lo posible para cubrir todas las contingencias posibles. Jenkins añadió su conocimiento aquí y allí y todos decidieron sobre cómo proceder a continuación.
"Bueno," dijo Pastor. "Hasta que llegue el momento de irse, Señor Jenkins, creo que es más seguro si usted vuelve a su celda."
"Sí, alguacil," dijo Jenkins.
"El Oficial Ladríguez se quedará con usted y se asegurará de que esté a salvo hasta que yo vuelva," dijo Pastor.
Pastor salió de la habitación, y Judy lo siguió. Pero antes de irse, ella se quedó en el umbral de la puerta y se dio la vuelta, mirando al topo.
"Em... Señor Jenkins..."
"¿Sí?" Jenkins le preguntó.
"Eh... perdón por el... ya sabes..."
Judy hizo un puño y un movimiento de mamporro.
Jenkins sonrió.
"Me lo merecía," dijo. "Por muchas cosas. Y por cierto, tremendo derechazo que tiene usted ahí, Oficial Hopps."
"Eh… perdón por romper sus anteojos..."
"Oh, yo no los necesito," dijo Jenkins. "Tengo la vista perfecta. Es solo cuestión de moda. Mi esposa insistía en que me deshaga de ellos, que me hacían parecer viejo, pero yo pensé que me hacían lucir guapo. Gracias por abrirme los ojos."
Judy sonrió débilmente. Luego asintió y se fue.
Cruzó la plaza del pueblo con Pastor y entró en el consultorio del médico. Encontraron a Nick riendo y diciendo ocurrencias con Gari y Ámbar, y Stu y Bonnie reían con ellos.
"Parece que el Oficial Wilde está recuperado," dijo Pastor felizmente.
"Él es un tipo fuerte," dijo el Doctor Muelitas. "Un buen descanso y algo de sopa caliente le harán maravillas."
"Ya está listo para ir," dijo Ámbar. "Señora Hopps, ¿si pudiéramos llevar a Nick a su casa y cuidar de él?"
"Por supuesto," dijo Bonnie.
"Voy a traer el auto," dijo Pastor. "Lo pueden poner en el asiento de atrás y estará cómodo."
El alguacil fue a buscar su coche patrulla. Ámbar y Judy ayudaron a Nick a salir del consultorio del médico justo cuando el auto de Pastor paraba en frente.
Pronto, todos estaban de vuelta en el hogar de la familia Hopps. Nick estaba acostado cómodamente en la habitación de huéspedes, bajo los edredones tibios. Judy estaba sentada junto a él con sus manos sobre la colcha, añadiendo su calor y su cariño. Bonnie preparó una deliciosa sopa de calabaza, que Judy dio a Nick lentamente con una cuchara y disfrutó de cada minuto de ello. Le encantaba cuidar a su zorrito querido y verlo sonreír con su expresión tan tierna.
Más tarde, los niños Hopps entraron y mostraron a su tío Nick las tarjetas de buenos deseos que habían elaborado para él con la ayuda de la tía Ámbar y del tío Gari. Nick miró cada tarjeta con deleite, alabando su trabajo y dándoles las gracias, feliz de tener una familia tan amorosa que se preocupaba por él. En las últimas dos semanas, sintió que se había convertido más que nunca en uno de los Hopps, y había aprendido que la familia es lo más importante y maravilloso en el mundo, y que haría cualquier cosa para protegerlos.
Después de que los niños se fueron a la cama, Ámbar y Gari entraron en la habitación. Stu y Bonnie estaban sentados en sillas al lado de Nick. Judy estaba sentada en la cama, sosteniendo la mano de Nick y riéndose de algo gracioso que acababa de decir.
"Usted es un fresco, Señor Wilde," dijo Judy con cariño.
"Culpable de todos los cargos, Señorita Hopps," dijo Nick con su sonrisa pícara.
Todos se volvieron hacia Gari y Ámbar.
"Nick," dijo Ámbar. "Creo que hay alguien que quiere hablarte."
"¿Sí?" preguntó Nick. "Soy todo oídos."
Los Hopps lo miraron y sonrieron.
"Ah... sí, vaya elección de palabras," dijo Nick.
Los conejos se rieron y Ámbar fue al pasillo e hizo una seña para que alguien entre. El Alguacil Pastor entró y se quitó el sombrero, diciendo buenas noches a todos. Y frente a él, esposado pero sonriente, estaba George Jenkins.
"Buenas noches," dijo Jenkins.
"Hola, picarón," dijo Nick. "Visitar al convaleciente definitivamente te va a hacer ganar unos puntos a favor."
Judy admiraba la capacidad de Nick de bromear con alguien que casi había causado su muerte esa mañana.
"Deseo disculparme profundamente por el daño que he causado, Oficial Wilde," dijo Jenkins. "Asumo toda la responsabilidad por mis acciones y deseo hacer las paces, ayudando a usted y sus compañeros y amigos para poner fin a la actividad criminal dentro de Terra Firma Incorporada."
"Bueno, eso sí que te hará ganar el premio mayor," dijo Nick. "¿Cómo procedemos, entonces?"
"La Oficial Hopps se ha comprometido a ayudar a rescatar a mi familia," dijo Jenkins. "Con este fin, el Señor de Zar y Güeya ha ideado un plan. Tengo que volver a Terra Firma y decirle al presidente que he cumplido mi misión. Tengo que decirle que hubo un jaleo en Bunny Burrow y que debo esconderme por un tiempo, hasta que las cosas se enfríen. Él me prometió que me dejaría ver a mi familia después de esta misión. Por eso, cuando los guardaespaldas me lleven a ver a mi familia, ustedes me van a rastrear y localizar. Aunque eso último no lo entiendo todavía."
"Es muy sencillo," dijo Gari. "Vamos a meter un dispositivo de GPS en su bolsillo y así lo puedo rastrear donde quiera que esté en el mundo. Luego la policía hará el resto."
"Eso, entonces," dijo Jenkins.
"Tenemos que hacer eso después de que se entere dónde está su familia," dijo Ámbar. "En caso de que Reyes sospeche algo y lo registre para hallar micrófonos escondidos."
"Sí, a pesar de que todavía no está clara la manera en que lo harán," dijo Jenkins.
"Oh, eso va a ser un juego de niños," dijo Nick. "Estaremos allí en Terra Firma disfrazados y le pondremos el dispositivo de GPS una vez que sepa dónde está su familia. ¿No es verdad, Susana Zanahortencia Algodomínguez?"
Se volvió hacia Judy, guiñando pícaramente.
"Eso lo haremos, Claudio," respondió Judy con una amplia sonrisa.
Jenkins tomó unos segundos en darse cuenta. Pero cuando lo hizo, sus ojos se abrieron como platos.
"¡Espera un minuto! Esos dos campesinos... el otro día… ¿eran ustedes dos?"
Hubo un silencio de asombro, y de repente Jenkins se echó a reír. No se había reído en meses. Sí que se sentía bien.
"Oh, ¡no puedo creerlo!"
Después de que él se calmara, todos arreglaron los últimos detalles.
"Bueno, vamos a poner nuestro plan en acción," dijo el alguacil desde la puerta. "¿Estás en condiciones de viajar, Oficial Wilde?"
"Si soy lo suficientemente bien como para decir gilipolladas, estoy lo suficientemente bien como para viajar," dijo Nick con una sonrisa.
"Nana Bernardina me ha prestado su auto familiar," dijo Pastor. "Ella dijo que estaría encantada de ayudar en cualquier forma que pudiera. Lo ha preparado para que usted viaje confortable y para que todos podamos embarcar para Zootopia tan pronto como estén listos."
"¿Podamos?" preguntó Judy. "Te refieres…"
"Sí," dijo Pastor con una sonrisa. "Creo que debería ir yo también. He oído mucho acerca de su famoso Jefe Bogo y sólo hablé con él por teléfono hace dos meses. Me gustaría conocer a este caballero en persona y darle las gracias en nombre de todo el pueblo por ayudarnos a encerrar a este horticultor oligarca."
Y a partir de ese día, la gente en las madrigueras y más allá se refirieron a este incidente con el nombre que Perruchio Pastor había acuñado.
Nick dormía cómodamente entre edredones cálidos en la parte trasera del auto familiar de Nana Bernardina, con Judy junto a él, sentada cerca y frotándole las mejillas amorosamente con sus tibias manitas.
Gari y Ámbar dormían juntos en el asiento trasero, acurrucados como dos palomas. George Jenkins estaba completamente despierto, sentado en la parte delantera con Pastor, que conducía. La noche era oscura y exterior era una cortina de negrura. Pasaban entre bosques y colinas. Judy miró por la ventana y sintió una sensación cómoda de seguridad estando en el interior del coche cerca de Nick mientras se dirigían hacia Zootopia.
Era muy temprano por la mañana cuando las colinas boscosas dieron paso a una gran extensión de terreno, y vieron los rascacielos brillantes de Zootopia en la distancia. Judy sabía que el escenario estaba listo para el tramo final de su misión. Pastor condujo a la ciudad y se dirigió a Savanna Central, con la ayuda de las direcciones de Jenkins. Todos despertaron y se prepararon para lo que venía a continuación.
Pastor estacionó el coche fuera del Precinto 1. Todos se alistaron para bajar.
"Bueno," dijo Ámbar. "Judy, el disfraz."
Rápidamente cubrieron a Jenkins con un chal y un camisón floreado que habían prestado de una de las hermanas de Judy. Le disfrazaron al topo en caso de que Reyes tuviera ojos alrededor de la ciudad buscándolo.
Judy ayudó a Nick salir del coche y caminó con él con su brazo alrededor de su cintura. Todos entraron al vestíbulo de entrada del precinto y encontraron todo normal. Garraza estaba desayunando un tazón de cereal mientras leía las noticias de la farándula en su teléfono.
"Buen día, Garraza," dijo Judy mientras todos se acercaron al escritorio de recepción.
Garraza miró con sorpresa.
"¡Hopps, Wilde! Doctora Latrans, Señor de Zar y Güeya," dijo Garraza. "Y…em…"
"Pastor," dijo el alguacil, presentándose. "Alguacil Perruchio Pastor de la policía de Bunny Burrow. Y este es George... eh, esta es Georgina."
"Hola," dijo Jenkins imitando voz femenina.
"Tenemos importantes asuntos que tratar con el Jefe Bogo," dijo Judy. "Todos nosotros."
"Claro. Em... bien... le voy a avisar por el teléfono," dijo Garraza, recogiendo su teléfono del interno. "Eh... ¿qué te ha pasado, Wilde? ¿Por qué el vendaje?"
"Es una historia muy larga," dijo Nick. "Pero no te preocupes, que esperamos que aparezca en los titulares de noticias en breve."
Garraza miraba con curiosidad al grupo mientras caminaban por las escaleras hasta la oficina de Bogo. Pero entonces su teléfono sonó con una notificación, y continuó leyendo los chismes de la farándula.
Un gran grupo de personas entró en el despacho del Jefe Bogo. Él levantó la vista de los papeles sobre su escritorio y vio a Judy y Nick, de particular, Ámbar y el chico zarigüeya que había ayudado con el caso del carnaval dos meses antes. Con ellos entró un alguacil de pueblo con una niña. Habría sido difícil pensar en un grupo más disparejo.
"Bueno..." dijo el Jefe Bogo. "Me pregunto cuándo mi oficina de repente se convirtió en un centro de convenciones. ¿Y por qué no están de uniforme, ustedes dos?" agregó, mirando a Judy y Nick.
Entonces vio el vendaje en el brazo de Nick. Miro más de cerca al grupo y percibió algo.
"¿Que está pasando aquí?"
"Jefe Bogo," dijo el Alguacil Pastor. "Un placer conocerle cara a cara. Hablamos por teléfono hace dos meses. Alguacil Perruchio Pastor de Bunny Burrow, a su servicio."
Pastor levantó la mano y la vista hacia Bogo, mirándole directamente a los ojos. Bogo consiguió sonreír, una vista casi tan rara como una tormenta de meteoros, y tomó la mano del alguacil.
"El gusto es mío, Alguacil Pastor," dijo Bogo.
"Puedo explicarlo todo, pero creo que sería mejor si permitimos que el Señor Jenkins lo haga," dijo Pastor.
"Eh, sí. Por supuesto. Yo lo dejo entrar," dijo Bogo.
"Estoy aquí, Jefe," dijo Jenkins.
Judy deseó poder haber filmado la cara de Bogo. El búfalo casi saltó de sorpresa cuando oyó una voz distintivamente masculina proviniendo de lo que podría haber jurado era una niña.
"Oh..." dijo Jenkins. "Se me olvidaba."
Bogo casi saltó de nuevo cuando vio a Jenkins sacándose la ropa, pensando que tal vez había confundido el Departamento de Policía con el Oasis Místico. Suspiró de alivio cuando vio que Jenkins llevaba ropa normal bajo su disfraz.
Durante los próximos treinta minutos, Bogo escuchó con atención todo lo que le dijo Jenkins. Pastor, Ámbar, Gari, Judy y Nick añadieron detalles aquí y allá.
Bogo sostenía un lápiz en la pezuña mientras escuchaba a Jenkins. Este terminó su historia con los eventos más recientes. El búfalo frunció el ceño y miró con severidad al topo.
"Usted entiende, por supuesto," dijo Bogo, "que, independientemente de cómo procedamos de aquí en adelante, usted es culpable de sus acciones. Nada de lo que haga le absolverá de los crímenes que ha cometido, el peor de los cuales fue agredir a un oficial de la ley…uno de los míos, casi causando su muerte."
¡El lápiz en la pezuña de Bogo de repente se rompió por la mitad cuando cerró el puño con ira! La mitad superior voló por la habitación y aterrizó cerca del archivador. Todos estaban en silencio. Jenkins tragó saliva cuando vio a Bogo echar la otra mitad del lápiz sobre la mesa, sin mostrar intención de disculparse.
Si había algo que Bogo tomaba muy en serio, era atacar a un agente de policía. El jefe era áspero y brusco y terco como un buey, pero se preocupaba por sus oficiales, y el hecho de que Nick casi había muerto por causa del dardo de veneno de serpiente no era algo que Bogo estaba dispuesto a perdonar.
"Quiero que entienda muy bien que a pesar de sus buenas intenciones y los esfuerzos para reparar el daño, usted sigue siendo cómplice de la actividad criminal dentro de Terra Firma Incorporada, y será juzgado en un tribunal de justicia por sus crímenes."
"Lo entiendo, jefe," dijo Jenkins. "Y asumo plena responsabilidad. Sólo quiero que mi familia esté segura. Quiero terminar con los planes de ese descabellado conejo."
"Muy bien," dijo Bogo. "Mientras quede claro ese punto, entonces todo bien."
Él respiró hondo y se volvió hacia Judy.
"Hopps," dijo Bogo.
"Señor. Hemos ideado un plan," dijo Judy. "Jenkins regresará a Terra Firma y fingirá que llevó a cabo su misión. Le pedirá al Presidente Reyes si le puede ocultar por un tiempo hasta que las cosas se enfríen en Bunny Burrow. Nosotros le pondremos un dispositivo de GPS y lo rastrearemos para ver dónde está su familia. Entonces iremos al rescate."
"Momentito, Hopps," dijo Bogo. "Hay algo llamado "orden de allanamiento" que se requiere para una búsqueda policial."
"Esto no va a ser una búsqueda, Jefe," dijo Judy. "Será una rescate."
"Dondequiera que tiene secuestrada a mi familia, de seguro habrá guardias de seguridad armados," dijo Jenkins.
Bogo suspiro.
"Irrumpiendo en una residencia privada, una posible situación de rehenes, guardias armados... que alguien me diga cuando esto empiece a sonar como una buena idea."
"No vamos a estar irrumpiendo," dijo Judy. "Vamos a estar encubiertos."
"¿Encubiertos?" Bogo replicó. "Hopps, esto no es un fanfiction de un mocoso de noveno grado donde todo cae en su lugar mágicamente y los malos son vencidos y los buenos salen triunfantes. Si lo que el Señor Jenkins dice es cierto, el bienestar de una familia está en juego. No sé ustedes, pero yo no quiero la muerte de gente inocente en mi conciencia si las cosas van mal."
"Jefe Bogo," dijo Nick.
"¿Qué quieres, Wilde?" Bogo dijo con el ceño fruncido.
Bogo y Nick se miraron entre sí. Nick sabía que su lengua era la única arma que podía vencer a Bogo. Prometió sólo para usar su rápido ingenio y su elocuencia contra el jefe cuando era necesario, y esta era una de tales ocasiones.
"Hace una semana, si mal no recuerdo, usted nos dijo que nos apoyaría al cien por cien si estábamos en lo cierto acerca de nuestras sospechas," dijo Nick. "Bueno, estábamos en lo cierto acerca de nuestras sospechas. Usted es un búfalo de la palabra, jefe, y sé que haría cualquier cosa para que prevalezca la justicia y para que el Señor Jenkins pueda recuperar a su familia. Una simple palabra puede cambiar el destino de muchas personas hoy, señor. ¿Va a tomar la decisión correcta? El tiempo nunca está de nuestro lado, y sobre todo no del lado de la familia Jenkins. No quiero ni imaginar lo que la Señora Jenkins y esas pobres niñas están pasando. Todo lo que deseo es que Flor, nuestra querida sicóloga del precinto, pueda darles toda la ayuda posible para superar este evento traumático. ¿Y usted, jefe?"
Bogo maldijo mentalmente, sabiendo que Nick le había puesto en su lugar. Estaba atrapado. Todos lo miraban, expectantes.
"Muy bien," dijo Bogo después de un largo suspiro. "Cualquier plan que crean que será más eficaz para rescatar a los Jenkins... cuentan con todo mi apoyo."
"Gracias, Jefe," dijo Pastor, caminando al lado de Bogo y tomando su pezuña. "Usted no se arrepentirá de su decisión. He visto a Hopps y Wilde en acción, y confiaría mi vida en sus manos sin pensarlo dos veces."
Bogo asintió.
"Perfecto," dijo Judy. "Jenkins, llame a su jefe."
"¿Eh?" dijo Jenkins. "¿Qué le digo?"
"Dile 'misión cumplida' y que va para su oficina," dijo Nick. "Dile que se las arregló para zafarse de los policías y tiene necesidad de mantener un perfil bajo por un tiempo."
"B-bien..." dijo Jenkins. "Aquí va."
Jenkins tomó su teléfono del bolsillo de su abrigo y marcó el número.
Todo el mundo estaba silencioso mientras el Presidente Reyes contestó.
"S-Señor," dijo Jenkins. "Misión cumplida."
"¿Ya está hecho, Jenkins?" dijo la voz de Reyes.
"Sí, señor. Logré burlar a la policía. E incluso me las arreglé para deshacerme de uno de los policías más molestos también."
Nick le dio un guiño.
"Hmm. Mejor de lo que esperaba. Me sorprende, Jenkins, estoy muy impresionado. Por un momento, pensé que había sido detenido y sería sometido a un interrogatorio."
"No, señor," dijo Jenkins.
"¿Dónde está ahora?"
"Estoy... en el tren, señor," dijo Jenkins. "De regreso a Zootopia."
"Bueno. Tan pronto como llegue, venga a mi oficina directamente."
"S-Sí, señor."
Y Reyes colgó.
"No está mal, pillín," dijo Nick.
"Okey," dijo Jenkins. "¿Qué sigue?"
"Nos ponemos los disfraces y nos dirigimos hacia Terra Firma, y comienza la fase uno," dijo Judy.
"¿Quieres hacer el favor de informarme sobre los detalles, Hopps?" dijo Bogo.
"Latrans le dará todos los datos, ¿no es así, Ámbar?" dijo Judy.
"Sin duda alguna," dijo Ámbar.
"Manos a la obra," dijo Judy. "Jefe, le llamaremos en cuanto sepamos dónde están los Jenkins."
Bogo estaba a punto de decir algo, pero Pastor lo interrumpió.
"Ha sido un placer, Jefe Bogo," dijo Pastor, sacudiendo la pezuña del búfalo por tercera vez. "Voy a retirarme ahora, tengo asuntos importantes que atender en mi pueblo natal y llegamos en un vehículo prestado. Vamos a estar en contacto."
Pastor se despidió y salió de la habitación. Bogo luego se dio cuenta de que todos se habían ido. Todos, excepto Ámbar. Ella estaba sentada con delicadeza en la silla frente a su escritorio, sonriendo y moviendo su cola ligeramente de un lado a otro de la manera más femenina imaginable.
"¿Puedo ofrecerle una taza de chocolate caliente mientras explico nuestro plan, Jefe Bogo?" Ámbar le preguntó con su más dulce y encantadora sonrisa.
Bogo suspiró y asintió. Por lo visto, este iba a ser uno de esos días.
Jenkins entró en el despacho del presidente, actuando nervioso como de costumbre.
"Bienvenido, Jenkins," dijo el Presidente Reyes desde su escritorio, sin levantar la mirada de su revista.
"S-Señor," dijo Jenkins. "Todo ha ido más o menos como se había planeado."
"Buen chico," dijo Reyes. "¿Está muerto?"
"Sí, señor, bien muerto," dijo Jenkins. "Le pegué en el cuello."
"No está mal," dijo Reyes, levantando la vista de su revista. "Me impresionas, Jenkins. Puede que haya subestimado su talento."
"Gracias, s-señor," dijo Jenkins.
Hubo un silencio mientras Reyes se servía una copa.
"Um... señor, hubo un poco de... bullicio, en Bunny Burrow," dijo Jenkins. "Realmente tengo mantener un perfil bajo por un tiempo..."
"Um-hum," dijo Reyes distraídamente mientras daba la vuelta la página de su revista.
"¿Cree usted que podría ocultarme durante unos días, con mi familia?" Jenkins le preguntó. "No los he visto en tanto tiempo..."
Hubo otra pausa. Entonces…
"Hmm... sí, supongo que sí," dijo Reyes. "Te has ganado unos días de vacaciones, Jenkins."
Reyes pulsó un botón del interfono en su escritorio.
"Jacques, dile a Etienne y Morris que acompañan a Jenkins a mi casa de verano," dijo Reyes.
Jenkins se quedó allí, haciendo todo lo posible para ocultar su emoción. La puerta se abrió poco después y dos enormes guardaespaldas oso pardo entraron.
"Te llamaré si te necesito otra vez, Jenkins," dijo Reyes.
"Sí, s-señor," dijo Jenkins.
Los dos osos escoltaron al topo al ascensor.
El ascensor se detuvo en la planta baja. Se abrió y Jenkins y los osos salieron a un pasillo que conducía al vestíbulo de entrada. Y de repente vieron a alguien pequeña golpeando las paredes con un paraguas.
"¡Edificios modernos confusos! ¿Por qué ustedes construyen todo como laberintos?"
Uno de los osos dio un paso hacia adelante, pero Jenkins le dijo que se detenga.
"Yo me encargo de esto, Etienne," dijo Jenkins, caminando hacia la extraña en el pasillo. "¿Um, señorita? ¿Está perdida?"
Por supuesto, era Judy disfrazada, fingiendo ser completamente ciega.
"Si me permite ayudarla, señorita," dijo Jenkins. "El vestíbulo es por allá."
"¡'Por allá' da igual que 'por aca' o 'acullá' o 'más allá' para una coneja ciega, menso!" Judy dijo, haciendo uso de sus talentos como actriz.
"Mis disculpas, señorita," dijo Jenkins, tomándola del brazo con suavidad. "Permítame que la guíe."
Se dirigieron hacia la salida. Los dos osos pardos se miraron y se encogieron de hombros, sin sospechar nada en absoluto.
"¡Requetemalditos pulguientos rematadamente tontos de remate los arquitectos de pacotilla de hoy día! Se creen muy inteligentes haciendo edificios más torcidos que el tracto digestivo de un contorsionista. ¡Ellos deberían estar friendo buñuelos de zanahoria y papas fritas, cabezas de chorlito!" dijo Judy entre dientes mientras agitaba su paraguas cómicamente.
En un rápido movimiento, dejó caer en secreto un pequeño dispositivo de GPS en el bolsillo de Jenkins.
Llegaron a la salida y abrieron la puerta del vestíbulo. Nick estaba allí de pie, con su traje de campesino, sus manos en las caderas.
"¡Susana Zanahortencia Algodomínguez! ¿Qué te he dicho de andar caminando solita, coneja despistada?"
"¡Ah, cállate, Claudio! ¡Tú eres el que insistió en venir aquí porque querías uno de esos vasos de papel con garabatos en que sirven agua para tu colección!"
"Pero, Susana Zanahortencia, no estés molestando a esta buena gente," dijo Nick, tomándola del brazo. "Gracias, Señor Topo. Juro por Pepito Grillo, esta conejita está más despistada por hora, minuto y segundo."
"Ah, cállate, Claudio, que tú eres el triple de despistado que yo."
"Bueno, bueno, ya valió. Termina pronto tu asuntito y vamos a ese lugar de maíz a la parrilla."
Judy y Nick siguieron su pantomima y pasaron al pasillo que conducía al baño de las damas. Jenkins y sus guardaespaldas salieron del edificio.
"¿Lo lograste?" susurró Nick.
"Sí," dijo Judy. "Gari debe estar siguiéndole ahora."
Jenkins y sus guardaespaldas se metieron en un coche negro y se marcharon. Judy y Nick salieron del edificio después de un tiempo y se acercaron a uno de los bancos en el patio delantero, donde Gari estaba sentado, fingiendo reírse de algo en su ordenador portátil.
"Se dirigen hacia el barrio de clase alta," dijo Gari en voz baja.
"Debemos estar listos para nuestro siguiente movimiento," dijo Judy. "Espero que Ámbar logre convencer a Bogo."
"Ella tiene un pico de oro, esa majita," dijo Gari. "Suave como algodón, dulce como nido de abeja."
Ellos esperaron y observaron el punto en la pantalla que se movía a lo largo de un mapa de Zootopia. Después de unos diez minutos, se detuvo.
"Vale," dijo Gari. "Ahora a Zoogle, a averiguar esa dirección..."
Lo hizo y trajo una imagen de la casa. Era una gran residencia con un cercado alto y un camino de entrada semicircular. Se encontraba justo en el medio de la zona de clase alta, rodeada por las casas de los ricos y famosos.
"Ahí lo tenéis, tíos," dijo Gari.
"Fantástico," dijo Nick. "Ahora tenemos que averiguar qué tan bien vigilado está el lugar."
"La segunda fase comienza. Vamos a mi casita," dijo Gari, levantándose y caminando con sus amigos hacia su edificio.
Estaban de nuevo en casa de Gari. La zarigüeya tomó varios dispositivos extraños al azar de las esquinas de su sótano y Judy y Nick lo siguieron hasta el otro extremo, donde había una puerta escondida entre todas las pilas de ordenadores viejos.
"Es hora de un poco de acción sobre ruedas," dijo Gari y abrió la puerta para revelar un garaje subterráneo.
"¡Os doy la bienvenida a la Garicueva!"
Judy y Nick siguieron a Gari al garaje y vieron una furgoneta negra y roja prístina, pintada con los colores de un famoso vehículo de uno de los programas de televisión favoritos de Gari. Estaba impecable. Gari abrió la parte posterior y vieron que estaba repleta de todo tipo de aparatos electrónicos.
"Yo no sabía que tenías vehículo, Gari," dijo Judy.
"Tampoco yo," dijo Nick.
"Subid al Garimóvil y os daré el recorrido de cincuenta centavos," dijo Gari, abriendo las puertas con un control remoto.
Se metieron en la furgoneta y Gari puso en marcha el motor. Las puertas del garaje del edificio se abrieron cuando Gari pulsó un botón en el volante. Se dirigió lentamente hacia afuera y a la calle. Pronto el Garimóvil se desplazaba suavemente a lo largo de las avenidas elegantes del distrito de clase alta, mirando los exuberantes prados y arbustos esculpidos y otras características de lujo de las residencias de los ricos y famosos.
Gari se detuvo cerca del portón principal de la casa que habían visto antes en Zoogle Mapas. Apagó el motor y pasó a la parte trasera de la furgoneta. Judy y Nick lo siguieron.
"Oki-doki," dijo Gari, sentándose en una silla que estaba atornillada en el piso de la furgoneta y encendiendo un ordenador portátil. "Vamos a ver lo que Gran Hermano puede ver en la casa del jefe conejo."
"¿Espiando en residencias privadas?" dijo Nick con una sonrisa irónica. "Nuestra lista de métodos dudosos sigue acumulándose."
"Y no lo querría de ninguna otra manera," dijo Gari con una sonrisa de oreja a oreja.
Judy observó mientras él tocó algunas teclas en su pequeño ordenador y apareció una barra de progreso.
"¿Vas a infiltrarte en forma remota?" ella preguntó.
"Sí que sí," dijo Gari. "Solía ser que se necesitaba una conexión con cables al servidor de seguridad para interceptar las cámaras. Pero ahora todo es inalámbrico. Las cámaras, la señal, los servidores... todos se conectan de forma inalámbrica. Las cámaras de la computadora principal en oficina de seguridad, y la sala de seguridad de la empresa de seguridad. Es casi una ironía usar tanto la palabra "seguridad" mientras estoy jugando al Mil Novecientos Ochenta y Cuatro con estos zopencos."
Esperó un poco más, y a continuación...
"Y... ¡estamos adentro!"
Judy y Nick vieron varias imágenes del interior de la casa en el monitor de la computadora de Gari. Había corredores, un comedor, un salón de baile, un hall de entrada principal, y vieron dos enormes osos sentado en un salón. Había una puerta en el otro extremo del salón que parecía estar cerrada con cadena y candado.
"Ahí," dijo Judy. "Te apuesto que tienen a los Jenkins detrás de esa puerta."
"De hecho," dijo Gari, "están justo ahí."
Gari señaló a una imagen en la esquina inferior izquierda de la pantalla y allí estaban. George Jenkins, su esposa y sus dos hijas estaban desayunando junto a la piscina en el patio trasero de la casa, y cerca de ellos se encontraba un enorme oso pardo trajeado.
"¡Bingo!" dijo Nick. "Okey, ¿cuántos guardias?"
"Conté nueve, pero sólo tres de ellos son osos de Reyes," dijo Gari. "El resto son de una empresa de seguridad privada."
Judy y Nick miraron las imágenes y vieron que Gari tenía razón.
Entonces de repente…
"¡Espera un minuto! Ese uniforme," dijo Nick.
Chasqueó los dedos.
"¡Vi ese uniforme antes! ¡Jaime Nutriales!"
"¿Nutriales, del hospital?" preguntó Judy.
"¡Sí! Él trabaja para la misma empresa. Ese uniforme lo tenía la noche del atentado. Tal vez él nos puede ayudar," dijo Nick.
"¿Cómo?" preguntó Judy.
"Bueno, hay una cadena de mando," dijo Nick. "Los guardias de seguridad privados son contratados por los clientes, pero todavía responden a la sede central como su máxima autoridad. Tal vez podemos pedir al Señor Nutriales si de alguna manera puede conseguir que la sede ordene a esos seis guardias que se retiren por una noche."
"¿Crees que podrá?" preguntó Judy.
"Vale la pena intentarlo," dijo Nick. "No queremos que ellos estén involucrados en todo este asunto. Es probable que no tengan ni idea de lo que está pasando."
"Tengo una idea mejor," dijo Gari, tocando algunas teclas.
Lo vieron entrar en la base de datos de la empresa de seguridad, Centinela SRL.
"¿Qué te traes entre manos, Gari?" Nick le preguntó, entrecerrando los ojos.
"Solo una pequeña jugarreta. Voy a despedir temporalmente a esos seis empleados," dijo Gari. "De esa manera van a estar fuera de peligro esta noche."
"¡Gari!" dijo Judy.
"Sólo por un par de horas," dijo Garth con una sonrisa traviesa. "Ellos recibirán un correo electrónico de la empresa mañana por la mañana diciendo que todo fue un truco y algún hacker bromista les jugó una mala pasada. Lo cuál será la verdad, por cierto."
"Nunca pensé que yo sería el primero en decir esto, Gari, pero creo que te estás pasando de la raya," dijo Nick.
"Es una treta, tesoro. ¡Bum! Y listo."
Y pulsó la tecla ENTER.
"Cuando termine todo esto, Gari...", dijeron Judy y Nick al unísono, luego se miraron y rieron.
"Sí, lo sé, lo sé, larga conversación, bla bla, lo que sea," dijo Gari, flexionando los dedos. "Volvamos a la comisaría. La siguiente parte de nuestro plan requerirá toda nuestra experiencia."
Ámbar estaba sentada en la oficina del Jefe Bogo, explicando el plan a Bogo, Colmillán y Lobato. Había llamado a la oficina a Colmillán y Lobato y les contó los detalles de lo que estaba pasando.
"Como pueden ver, queridos Oficiales Lobato y Colmillán, necesitaremos sus capacidades si queremos rescatar esta pobre familia de las garras de este criminal," dijo Ámbar en su más dulce y adorable voz, moviendo su cola de vez en cuando y meciéndose muy ligeramente en su silla, con las piernas cruzadas en una pose muy femenina, mirándolos con sus grandes ojos de color ambarino detrás de sus anteojos.
Colmillán y Lobato asintieron a todo lo que ella decía. Lobato, de pie junto al escritorio de Bogo, estaba cautivado totalmente por su belleza. Él trataba de disimular el hecho de que estaba tratando, de vez en cuando, de mirar por debajo de la falda de Ámbar cada vez que ella se movía en su silla y agitaba su cola.
Ámbar sabía que los tenía comiendo de su mano. Se había dado cuenta en Bunny Burrow de que era muy hábil en convencer a la gente, y ella decidió usar esta habilidad recién descubierta para el beneficio de sus amigos. Y sabía que tenía una ventaja especial con Lobato y Colmillán, ellos siendo lobos y ella coyote, especies muy cercanas.
"Esta misión requerirá de oficiales rápidos, silenciosos y furtivos que pueden entrar y salir rápidamente y acabar pronto y sin problemas," dijo Ámbar, mirando directamente a los ojos de Lobato, haciéndolo sonrojar notablemente. "¿Nos ayudarán?"
"¡SÍ!" exclamaron los dos lobos.
"Um... sí," dijo Lobato. "Me esforzaré, con todo mi corazón... um, eh... ejem, ejem... digo, habilidad... para hacer lo que sea necesario y ayudar a los Jenkins."
"Cuente conmigo, Doctora Latrans," dijo Colmillán.
El Jefe Bogo contuvo una mueca, sabiendo exactamente lo que estaba haciendo Ámbar. Se decía a sí mismo que era todo para el beneficio de los Jenkins, pero deseaba que fuera un plan en que pudiera confiar.
Hubo un golpe en la puerta.
"Entre," dijo Bogo.
Judy y Nick entraron.
"Estamos listos, Jefe," dijo Judy. "Sabemos donde están los Jenkins, y con un poco de suerte, la seguridad será floja esta noche. Va a ser nuestra mejor oportunidad."
"Hopps," comenzó Bogo. "¿Puedo preguntarte cómo obtuviste esa información…?"
"¡Maravilloso!" interrumpió Ámbar como una niña, saltando en su silla.
Y cuando saltó, su falda voló hacia arriba ligeramente y Lobato casi dejó escapar un grito cuando vio lo que había estado tratando de ver por los últimos treinta minutos.
"¡Los agentes Colmillán y Lobato han prometido darnos todo su apoyo!" dijo Ámbar, levantándose y caminando hacia la puerta. "¿No es así, Oficiales?"
Los miró con sus ojos encantadores.
"¡Sí!"
"¡Absolutamente!"
Bogo no pudo evitar hacer una mueca esta vez.
"Bueno, será mejor que nos preparemos," dijo Ámbar. "Nos encontraremos de nuevo aquí en el precinto a las siete de la noche. Muchas gracias por su ayuda, queridos Oficiales Lobato y Colmillán."
Los dos de ellos parecían que estaban a punto de derretirse.
"Y Jefe Bogo, su ayuda ha sido inestimable. Todos vamos a hacer todo lo posible para asegurarnos de que los Jenkins estén seguros bajo la custodia de protección de nuestro ilustre departamento de policía."
"Sí... eh, no hay de qué, Doctora Latrans," dijo Bogo.
Ámbar fue con Judy y Nick, cerrando la puerta. Bogo miró a Colmillán y Lobato, que estaban con expresiones embobabas.
"Ustedes dos eran como masilla en sus manos," dijo Bogo.
"Em... ¿qué cosa, Jefe?" dijo Lobato.
"Bah, no importa," dijo Bogo. "Al menos ella está de nuestro lado."
Nick, Judy y Ámbar caminaron fuera del precinto hacia el estacionamiento, donde Gari estaba esperando en su furgoneta.
Judy miró de soslayo a Ámbar y sonrió.
"Coyote astuta," dijo ella.
Ámbar se rió como niña.
"Quien la tenga, que la use," respondió mientras se ajustaba las gafas.
Gari los llevó de vuelta a su edificio. Una vez en el garaje, bajaron de la furgoneta y Gari abrió la puerta de su sótano. Ámbar entró fascinada, mirando con deleite los montones de chatarra y ordenadores viejos semi-destripados.
"Es como entrar en un sitio arqueológico," ella dijo cautivada. "Los misterios de la vivienda masculina. Aprenderé todos sus secretos."
Judy rió mientras miraba a su colega pasear alrededor del sótano fascinada por la masculinidad evidente de la habitación caótica en que se encontraban. Nick ayudó a Gari a llevar sus dispositivos de la furgoneta al sótano.
"Vaya," dijo Nick, mirando a Ámbar. "Siempre dije que este lugar podría beneficiarse de un toque femenino."
Ámbar y Judy rieron. Gari tarareaba alegremente mientras dejaba sus herramientas sus lugares y luego tomó la mano de Ámbar y le dio el tour.
Después de que Ámbar haya recorrido todo a su antojo, se sentaron frente a una de las mesas de Gari y él les sirvió bebidas de uva. Mientras bebían, trabajaron en los detalles finales del plan.
"Tenemos un par de horas antes de entrar en acción," dijo Judy. "Yo digo que aprovechemos para descansar. Vamos a necesitar toda nuestra energía para esta noche."
"Concuerdo," dijo Ámbar. "Nick, ¿te sientes recuperado? ¿Algún dolor o mareos?"
"Me siento súper bien," dijo Nick. "Tú y Gari hicieron un trabajo estupendo. Pero sí creo que me beneficiaría un poco de descanso y relax. Nos encontraremos de nuevo aquí a las seis. Luego iremos todos a la comisaría."
"Hecho," dijeron todos.
Judy y Nick dejaron a Ámbar y Gari y se dirigieron al apartamento de Nick, que estaba más cerca.
Judy abrió la puerta para Nick y lo llevó a su habitación, asegurándose de que esté cómodo en su cama bajo su nuevo edredón tibio con motivos de zanahorias.
"Si necesitas algo, cariño," dijo Judy, "voy a estar cerquita, en la sala."
"Sí necesito algo," dijo Nick pícaramente. "Y no estarás en la sala, conejita."
Él acercó a Judy con sus brazos y la subió a la cama, abrazándola con fuerza.
"Venga aquí con su zorrito, preciosa."
Judy sonrió con emoción, cálida y cómoda mientras Nick la metía bajo el edredón, envolviéndola en sus brazos y dándole besos y mordisquitos juguetones.
"Nick…pensé que habías dicho que te vendría bien un descanso y relax," dijo Judy en broma mientras sentía que las manos tibias de Nick acariciaban su cuerpo con amor, envuelta en el edredón y en su cálido abrazo.
"Bueno, ¿conoces alguna mejor manera de relajarse y recuperarse, señorita?" dijo Nick con la más traviesa de las sonrisas.
"Hmmm, no que yo sepa," dijo Judy, cerrando los ojos y saboreando la gloriosa anticipación, respirando el masculino aroma maravilloso de su amado zorro. "Y si hay una mejor forma, pues que nadie me la diga."
Abrazó a Nick, sintiendo su pelaje tibio fusionarse con el suyo, encendiendo su corazón con la llama del deseo y el cariño inmensurable.
"Nick… ¿crees que Gari y Ámbar estén haciendo lo mismo?" susurró Judy, casi sin aliento mientras se extasiaba con la sensación de las manos de Nick acariciándole despacio y su hocico dándole mordisquitos detrás de las orejas.
"Si lo están, espero que lo disfruten tanto como nosotros," dijo Nick, sus manos moviéndose lentamente hacia los suaves muslos de su amada conejita mientras le daba besos y mordisquitos en el cuello, escuchando con gusto como Judy respiraba profundo y suspiraba, deleitándose con cada mimo que le daba.
"S-Síí…" susurró Judy, entregándose totalmente a las deliciosas caricias de su amado Nick. "Yo también…"
La furgoneta de Gari estaba estacionada a media cuadra de la residencia de verano de Preston Reyes. A corta distancia detrás de la furgoneta, el Jefe Bogo estaba sentado con tres oficiales en su coche patrulla: McCuerno, Delgato y Osorio. Detrás de ellos, otro coche patrulla estaba aparcado. Lobato y Colmillán se preparaban para la acción, poniéndose chalecos de protección y asegurándose de que sus pistolas eléctricas estuvieran cargadas y listas. Ámbar Sofía Latrans estaba con ellos, dándoles instrucciones cuidadosamente. Ellos asintieron y aceptaron todo lo que su colega decía. Bogo los miraba en el espejo retrovisor con el ceño fruncido.
"Patético," murmuró mientras observaba a Lobato y Colmillán cautivados por la preciosa Doctora Latrans.
Dentro del Garimóvil, Judy y Nick se preparaban mientras Gari alistaba diminutos auriculares para ellos y los agentes lobos. Con estos dispositivos, Gari sería capaz de comunicarse con ellos y guiarlos a donde necesitaran ir, usando las cámaras de vigilancia de la casa.
"¿Listos para la acción?" preguntó Gari, dándoles los auriculares.
"¡Listos!" dijeron Judy y Nick y salieron de la camioneta.
Delgato, sentado en el coche patrulla de Bogo, miró y vio a dos niños vestidos con disfraces de Noche de Brujas que caminaban por la acera hacia la casa.
"Oye, jefe," dijo Delgato. "Hay niños en la zona, hay que evacuarlos."
"Esos son ellos, gil," gruñó Bogo.
Y efectivamente, eran ellos. Judy y Nick se dirigían al portón principal de la casa vestidos con disfraces de Noche de Brujas. Colmillán y Lobato los vieron y asintieron, siguiendo a una distancia prudencial y deteniéndose cerca de la entrada.
Nick se subió encima de la valla sigilosamente y se dejó caer en el pasto al otro lado. Se dirigió a la caseta de guardia, que estaba vacía, y abrió el portón eléctrico una fracción.
Judy entró, señalando para que Colmillán y Lobato esperaran unos minutos antes de seguir.
Nick se unió a Judy y caminaron hacia la puerta principal de la casa. Nadie que los viera se imaginaría que eran ellos.
Judy llevaba un traje de bruja con una nariz postiza y sombrero, ocultando sus orejas y sus auriculares efectivamente. Nick llevaba un traje de esqueleto, que en realidad era sólo un buzo elástico pintado con huesos que brillaban en la oscuridad, y una máscara de calavera. Los dos llevaban baldecitos de calabaza llenos de dulces.
"Un esqueleto y una brujita, ¿eh?" dijo Nick detrás de su máscara, y Judy sabía que estaba sonriendo. "Poco original, pero eficaz."
"Ahora, por qué Ámbar decidió vestirte a ti de esqueleto y a mí de brujita... bueno, no voy a profundizar tanto," dijo Judy con una sonrisa de lado.
Llegaron a los escalones de la entrada y subieron. Judy tocó el timbre. Oyeron pasos pesados y la puerta se abrió. Un enorme oso pardo trajeado los recibió. No vio a nadie al principio, luego…
"¡TRUCO O TRATO!"
El oso bajó la mirada y abrió los ojos como platos, sorprendido y confuso.
"¿Qué...qué están haciendo aquí?"
"¡Es Noche de Brujas, señor!" Judy dijo en una voz infantil.
"¡Encienda una velita y vendrá una calaverita!" cantó Nick.
"¡Váyanse!" dijo el oso. "¡No hay caramelos! ¡Úchale!"
"Vamos, señor," dijo Nick. "Ustedes son muy ricos. Estoy seguro de que tienen fresas cubiertas en chocolate."
"Sí, ¡no seas tacaño, señor oso! Denos melocotones azucarados," dijo Judy.
"¡Les dije que se largaran!" gritó el oso. "¡Fuera, niños, o les daré cintarazos!"
"Ay, ¿no tiene ninguna golosina?" dijo Judy. "Bueno, en ese caso, supongo que tendrá que ser 'truco' entonces."
Y el oso de repente sintió una fuerte corriente de electricidad que corría por su cuerpo. Judy había tomado una pistola eléctrica de su baldecito de caramelos y acertó al oso sin que él se diera cuenta.
El oso cayó hacia atrás en la alfombra del salón de entrada, aturdido y paralizado. Judy y Nick entraron, asegurándose de que no haya más guardias.
"Estamos adentro," dijo Nick, y Colmillán y Lobato los siguieron al rato.
"Los Jenkins deben estar arriba, en la parte trasera de la casa," dijo la voz de Gari en sus auriculares. "Hay dos payasos más, los matones de Reyes. No hay guardias de seguridad privados. Parece que mi pequeña broma de esta mañana funcionó."
"¡Eh, eh, Gari!" Judy dijo con nerviosismo. "¡Concéntrate en la misión!"
Ella dudaba mucho que Bogo aprobaría la piratería informática de Gari. Se imaginaba qué diría si se enteraba de que Gari se había infiltrado en la base de datos de una empresa privada y enviado correos electrónicos truchos.
El grupo se movió sigilosamente por las escaleras y llegó al pasillo que terminaba en un par de puertas dobles. Judy y Nick habían visto en la filmación de las cámaras de vigilancia que detrás de las puertas había una sala de estar, y detrás de la sala había una puerta encadenada y cerrada con candado. Los dos matones estaban dentro de la sala, vigilando a la familia Jenkins.
"Bueno, lo haremos así," susurró Nick a Lobato y Colmillán. "Hopps y yo vamos a distraerlos. Ustedes dos se esconderán detrás de estas dos plantas en los lados de la puerta. Cuando los matones vayan tras nosotros, ustedes los hacen dormir."
"Entendido, Wilde," dijo Lobato. Colmillán asintió. Ambos lobos se colocaron en sus posiciones, cargando sus pistolas eléctricas.
Judy y Nick se acercaron a las puertas y las abrieron bruscamente. Los dos matones en el interior miraron hacia arriba y se sorprendieron al ver a dos niños en trajes de Noche de Brujas de pie en el umbral.
"¡Uy!" dijo Judy. "¡Esta no es la cocina!"
"¡Puerta equivocada!" dijo Nick.
Se lanzaron en direcciones opuestas por el pasillo.
"¡Ey! ¡Ustedes niños! ¡Vuelvan aquí!" gritó uno de los matones y él y su cohorte corrieron tras ellos.
"¡Ve por la bruja, yo voy por el esqueleto!" dijo el matón a su compinche, y corrieron tras Judy y Nick.
Pero ellos no se habían movido más de dos metros cuando ambos sintieron fuerte electricidad acalambrando sus cuerpos. Colmillán y Lobato, escondidos detrás de grandes jarrones con plantas a ambos lados de la puerta, les dieron disparos de carga eléctrica y los matones cayeron inconscientes en el suelo del pasillo.
Judy y Nick corrieron de regreso hacia sus compañeros lobos.
"Buen trabajo, chicos," dijo Judy mientras se quitó la nariz postiza y Nick se quitó la máscara.
"Pan comido," dijo Lobato, poniendo un pie sobre uno de los osos inconscientes y alzando su pistola descargada con una pose cursi.
"Muy bien," dijo Judy, tomando su cajita de ganzúas de su bolsillo y ocupándose del candado.
Mientras lo hacía, un pensamiento terrible repentinamente vino a la mente de Judy. Y si abrían la puerta... ¿y los Jenkins no estaban allí?
"No, no te distraigas," dijo Judy en su mente. "Concéntrate."
Ella abrió el candado con sus ganzúas y quitó las cadenas a toda prisa. A continuación, Judy y Nick abrieron la puerta.
Por un segundo, Judy sintió un miedo horrible, temiendo lo que podría estar detrás de las puertas.
Pero entonces…
"Em... ¿ya es seguro salir?"
Judy y Nick suspiraron de alivio al ver a George Jenkins caminar con nerviosismo hacia ellos, seguido de su esposa y sus dos pequeñas hijas.
El Jefe Bogo y los oficiales más corpulentos estaban en el salón de entrada. Los tres osos pardos de Reyes estaban esposados y sentados en la parte trasera del coche patrulla de Bogo, que estaba estacionado en la calzada fuera de la puerta principal.
Gari y Ámbar estaban de pie en el vestíbulo de entrada. Gari lucía orgullosamente su placa de pegatina de Oficial Junior que Nick le había dado y Ámbar lo admiraba con cariño. Los Jenkins fueron llevados al coche patrulla de Lobato y Colmillán por Delgato y Osorio.
Judy y Nick caminaban por las grandes escaleras dobles hasta el vestíbulo de entrada con Lobato y Colmillán después de asegurarse de que la casa estaba vacía y segura.
"¡Oye Wilde!" dijo Lobato.
Nick sabía lo que vendría después.
"¡Somos vencedores!" dijo Nick.
"¡Somos cazadores!" dijo Colmillán.
"¡No nos rendiremos, chorros, los atraparemos!" ¡Dijo Ámbar!
Todos se sorprendieron y la miraron por un segundo, pero luego todos sonrieron triunfalmente y aullaron juntos.
"¡Aúúúúúúú!"
"¡Paren ese jaleo en este instante!" gritó el Jefe Bogo mientras caminaba hacia ellos.
Judy rió alegremente mirando las sonrisas de los agentes caninos, todos guiñándose en complicidad entre sí.
"Debo admitir," dijo Bogo, mirando a sus oficiales, "que tenía muy poca fe en la eficacia de este…eh, plan. Pero funcionó. Maravillosamente."
Suspiró profundamente y pareció luchar con sus siguientes palabras.
"Mis felicitaciones a todos ustedes. Hicieron un gran trabajo."
Los Jenkins estaban a salvo dentro del coche patrulla de los agentes lobos. Colmillán y Lobato subieron en su coche y se alistaron para partir. George Jenkins saludó a Judy y Nick con lágrimas de alegría en sus ojos y el rostro resplandeciente con alivio y esperanza.
"Gracias," dijo el topo, y el coche se alejó hacia la comisaría.
"Bueno, ya está hecho," dijo Nick.
"Sí," dijo Judy. "Y ahora todo lo que queda es el gran jefe."
"Con un poco de suerte," dijo Ámbar, "él estará camino a Bunny Burrow y mañana por la mañana caerá en la trampa."
"Y nosotros estaremos allí para presenciarlo," dijo Gari.
Horas antes, en la oficina del presidente Preston Reyes, su secretaria entró con un sobre de color rojo en la pezuña, sellado con cera y de aspecto muy oficial.
"Señor Reyes," dijo la secretaria, una cabra joven. "Esto llegó justo ahora por courier."
"Señorita Blanca, yo estoy en medio de algo muy importante," dijo Reyes, levantando la vista de su juego de póquer en línea en su teléfono celular.
"Me temo que esto es de primera prioridad, señor," dijo la Señorita Blanca, dándole la carta.
Reyes lo abrió con molestia, pero pronto su molestia desapareció para dar paso a una expresión de triunfo.
La carta decía:
Estimado Señor Presidente Reyes,
En nombre del pueblo de Bunny Burrow, le escribo para expresar nuestras más sinceras disculpas por la forma en que el pueblo reaccionó ante el modelo agrícola nuevo e innovador presentado el pasado domingo por la noche. Lamentamos profundamente nuestra conducta y esperamos que no haya resentimientos hacia nuestra humilde comunidad agrícola.
Para compensar, me gustaría extender una invitación cordial para participar de la firma pública de un acuerdo entre su ilustre compañía y nuestra ciudad. Hemos abierto los ojos al futuro y nos gustaría que el propio Presidente firmara personalmente el contrato por el cual Terra Firma Incorporada pueda comenzar la renovación de todas las granjas de Bunny Burrow.
Nos honraría recibirlo en nuestro humilde ayuntamiento y ofrecerle toda nuestra hospitalidad, los mejores platos regionales y nuestra amistad eterna.
Cordialmente,
Alcalde Duilio L. Madreselva
"¡Jajaa!" dijo el Presidente Reyes. "¡Yo sabía que un poco de persuasión bastaría!"
"¿Le digo a Oscar que prepare su coche, señor?" preguntó la Señorita Blanca.
"Sí, sí, de inmediato," dijo Reyes. "Oh, ¡casi puedo saborear el sabor de triunfo! Encárguese de los preparativos, Señorita Blanca, y luego tome el resto del día libre. Es más, ¡tome el día de mañana también libre, usted y todos los demás! Esto merece una celebración en toda la empresa."
"Como ordene, señor," dijo la Señorita Blanca y fue a llevar a cabo sus órdenes.
El ayuntamiento estaba lleno y festivo el primero de Noviembre por la tarde. El centro del salón se despejó y estaba destinado a ser la pista de baile, donde los mejores bailes típicos del pueblo se llevarían a cabo para el Presidente Reyes. Deliciosos platos regionales fueron preparados por las esposas de las granjas que no habían sido afectadas por la contaminación de tetra-acetato de pan-di-amonio. Todos estaban listos y dispuestos para celebrar y hacer de este el mejor día de fiesta.
Stuart y Bonnie Hopps y sus hijos, todos a excepción de Judy, estaban presentes en el evento. Todos estaban expectantes, sabiendo que algo bueno estaba a punto de suceder.
Un gran coche negro se detuvo en la parte delantera del ayuntamiento y dos enormes osos pardos salieron, escoltando al Presidente Preston Reyes a la entrada.
"Ah, victoria," dijo Reyes a sí mismo cuando todo el mundo aplaudió y lo recibió a su llegada.
El Alcalde lo condujo a la plataforma en la que una mesa había sido preparada con los papeles pertinentes, pluma y tinta y dos notarios. Un gran pergamino estaba en la mesa a la espera de ser firmado.
"Por aquí, por favor," dijo el Alcalde Madreselva.
Reyes hizo un gesto a sus guardaespaldas par a esperarlo al pie del escenario. Toda la concurrencia aplaudió cuando el alcalde y Reyes se acercaron a la mesa en el escenario. Varias cámaras y teléfonos celulares grababan el momento histórico.
El Juez Ranulfo Romero estaba presente. Él tiró de la silla hacia atrás para el Presidente Reyes. Reyes se sentó y tomó la pluma. Pero antes de firmar, se aclaró la garganta y dijo unas palabras.
"Esta maravillosa ciudad se acordará del 1 de noviembre como el día en que dio su primer paso hacia el futuro," dijo Reyes.
Todo el mundo aplaudió.
"Terra Firma Incorporada es feliz y orgullosa de fomentar el primer gran salto hacia un futuro de progreso y prosperidad para todos ustedes," dijo Reyes, completamente lleno de sí mismo.
Más aplausos.
"Yo, el Juez Ranulfo Romero, soy testigo de la firma de este documento oficial," anunció el Juez, "por el cual el pueblo de Bunny Burrow acepta el contrato propuesto por Terra Firma Incorporada. Si hay alguien presente en esta comunidad que se opone a la firma de este documento... "
"¡Me opongo!" dijo a gran voz en la audiencia.
Reyes alzó la vista. Todos miraron. En la parte delantera de la multitud, apoyado en su bastón, estaba nada más y nada menos que Cletus Liebrington.
El Presidente Reyes saltó de su silla.
"¡TÚ!" él gritó. "¡Se supone que estás muerto!"
Y un segundo más tarde, se dio cuenta de su craso error. Pero demasiado tarde. Ciento sesenta cámaras y teléfonos celulares registraron sus palabras. Hubo murmullos por todas partes.
"¡Lo estaría si no fuera por el valiente oficial de policía que me salvó!" dijo Cletus. "¡Y ahora te toca a ti caer en desgracia, papanatas!"
Y justo en ese momento, a las puertas del ayuntamiento se abrieron de golpe. Y todo el mundo miró y vio como una zorra alta y ágil corrió por pasillo seguida de otras seis personas de diferentes especies.
¡Era Beatriz Lorena Wilde! ¡Pero qué diferencia! Llevaba un uniforme verde y un chaleco de protección, y en sus manos llevaba una pistola eléctrica, cargada y lista.
"Guau..." dijo la pequeña Bianca en los brazos de su madre. "¡Tía Bea se ve genial!"
Todos estuvieron de acuerdo.
"¡Cuerpo de Protección Ambiental!" bramó con una voz imperativa Beatriz. "Preston Reyes, ¡tú vendrás con nosotros!"
Preston Reyes miró a su alrededor con ojos furiosos.
"¡Me engañaste!" escupió, mirando al Alcalde. "¡Me engañaron todos ustedes!"
"Es una treta, tesoro," dijo Bea. "¡Búm!"
Los siguientes eventos tuvieron lugar tan rápidamente que todo el mundo se acordó de ellos de manera diferente. Los dos matones de Reyes avanzaron hacia Bea, pero ella disparó a uno con su pistola eléctrica y un colega detrás de ella disparó al otro. Preston Reyes corrió hacia el final de la tarima y saltó por una ventana. Cayó afuera en la hierba, corriendo por su vida hacia el estacionamiento, donde su chofer se encontraba todavía en el gran coche negro.
Reyes abrió la puerta del coche y entró.
"¡CONDUCE!"
"¿A dónde, señor?" preguntó el chofer, un carnero vestido elegantemente.
"¡FUERA DE LA CIUDAD! ¡A TODA PRISA!"
El chofer puso el coche en marcha y salió del estacionamiento en el momento en que Bea y sus compañeros agentes y el resto de Bunny Burrow salieron del ayuntamiento, todos con cámaras en sus manos y pezuñas.
"¡ACELERA!" gritó Reyes y su chófer pisó el pedal del acelerador y salió disparado de la playa de estacionamiento y hacia la salida de la ciudad.
"¡Tras él!" Bea ordenó y todos sus compañeros agentes corrieron a sus vehículos.
El coche de Reyes pasó como alma que lleva el diablo por el camino que conducía fuera de la ciudad. El chófer estaba confundido pero hizo lo que se le ordenó, conduciendo a toda velocidad fuera de la ciudad. Reyes miró hacia atrás. Al ver que nadie los perseguía, suspiró y se abrochó el cinturón de seguridad.
"Estuvo cerca," dijo Reyes.
"¿Está todo bien, señor?" preguntó el chofer.
"¡Cállate y conduce!"
El chófer lo hizo. Pasaron granjas y bosquecillos, poniendo cada vez más distancia entre ellos y el pueblo.
Entonces, de repente... el chofer vio luces más adelante. Luces rojas y azules parpadeantes.
"Señor... hay una barrera policial," dijo el chofer, ralentizando.
"¡NO PARES, IDIOTA!" gritó Reyes "¡EMBÍSTELOS!"
"¡Señor!" dijo el chofer. "Nos meteremos en problemas..."
"¡YA ESTAMOS EN PROBLEMAS, ZOPENCO!"
En la barrera policial, dos coches patrulla estaban bloqueando la carretera. El Alguacil Perruchio Pastor, la Oficial Judy Hopps, el Oficial Nicholas P. Wilde, Garibaldi de Zar y Güeya, la Doctora Ámbar Sofía Latrans y todo un grupo de personas de Bunny Burrow estaban presentes. Tenían rastrillos y azadas y hoces en sus manos y estaban listos para usarlos.
"¡Ahora!" gritó Pastor. "¡Abrojos!"
Varios metros por delante de la barrera, los adjuntos del alguacil, el Viejo Ben y Ladríguez, extendieron una banda de abrojos en la carretera. El chofer se dio cuenta y clavó los frenos.
"¡NO PARES! ¡COBARDE MISERABLE!" bramó Reyes.
El coche negro pasó por encima de las afiladas puntas y los cuatro neumáticos estallaron. El chofer logró parar el coche a pocos metros de la barrera policial, donde Pastor y los otros estaban esperando.
La puerta del conductor se abrió y el chófer salió con sus pezuñas en el aire.
"¡Sea lo que sea, no tengo nada que ver con esto!" dijo el chofer, caminando hacia Pastor. "Me entrego voluntariamente."
"Bien hecho, hijo," dijo Pastor. "¿Serías tan amable de esposarlo, Judy?"
"Con todo gusto," dijo Judy mientras esposaba al chofer, quien no ofreció resistencia.
Preston Reyes fue testigo de la escena, con el rostro desencajado por la ira.
"¡Reyes!" dijo Pastor en voz alta. "¡Salga del auto!"
Reyes maldijo entre dientes y abrió la guantera. De ella, tomó un estuche negro y lo abrió. Dentro había una pistola de dardos con varios dardos llenos de veneno. Él cargó los dardos en la pistola y cargó la bomba de aire del disparador.
"¡REYES!" gritó Pastor. "¡Entréguese! ¡Usted está rodeado!"
Reyes abrió la puerta y salió del coche. Antes de que pudieran acercársele, el conejo levantó la pistola de dardos.
"¡No se acerquen, o disparo!" rugió Reyes.
"¡Pon el arma en el suelo, Reyes!" dijo el Viejo Ben, que se acercaba con Ladríguez por detrás del coche negro.
"¡ATRÁS O DISPARO!" dijo Reyes, apuntando con su pistola de dardos al Viejo Ben.
"¡Ben! ¡Haz lo que dice!" gritó Pastor. "¡Tú también, Ladríguez!"
El Viejo Ben y Ladríguez hicieron como se les ordenó, y se colocaron detrás de Pastor. Judy y Nick levantaron sus pistolas eléctricas.
"¡NO!" gritó Reyes, apuntando con su pistola de dardos contra la multitud. "¡Voy a disparar al primer miserable que se mueva!"
Judy y Nick sabían que los dardos estaban llenos de veneno de serpiente. Si Reyes comenzaba a disparar, sería una situación terrible.
Entonces, de repente, Gari tomó un paso al frente. Él agarró un rastrillo de uno de los miembros de la multitud y se dirigió hacia Reyes.
"¡DETENTE!" dijo Reyes, apuntando de lleno en el cuerpo de Gari.
"Te voy a mostrar lo que es bueno, pomposo engreído," dijo Gari mientras avanzaba sobre Reyes.
"¡PARA O TE MATO!"
"¡Voy a rastrillar tu cara, ladrón de morondanga!" gritó Gari.
"¡QUIETO!"
"¡POR LAS MADRIGUERAS!" bramó Gari con un grito de guerra inspirador. "¡RAAAAAHHHH!"
¡Blandiendo su rastrillo, la zarigüeya corrió hacia Preston Reyes y este apretó el gatillo! ¡Un dardo salió disparado y se clavó en el pecho de Gari!
"¡AHH!" gritó la zarigüeya, sacándose el dardo y cayendo al suelo.
"¡Gari!" Ámbar gritó entre la multitud.
"¡NO SE MUEVAN! ¡NADIE!" gritó Reyes, cargando otro dardo.
"Te voy a matar... voy a curtir tu piel..." dijo Gari mientras se arrastraba a los pies de Preston Reyes.
Reyes mantuvo su pistola de dardos apuntada a Gari mientras observaba a la zarigüeya arrastrándose con dificultad hacia él. Y finalmente…
"Mis camaradas…vengad mi muerte…¡ugh!"
Y Gari cayó al suelo a los pies de Preston... muerto.
"¡NOO!" gimió Ámbar.
Toda la multitud se acercó un paso más cerca de Reyes, sus rostros llenos de ira.
"¡Un paso atrás!" Reyes gritó mientras apuntaba su pistola de dardos contra la multitud. "¡Un paso atrás o disparo! ¡Los mataré a todos, palurdos miserables! No se acerquen…"
Y de repente, ¡un látigo largo y castaño saltó por el aire! Se envolvió alrededor de la pistola de dardos de Reyes y lo arrancó de su mano. ¡Luego arrojó el arma! Reyes miró con incredulidad.
"¡¿QUÉ?!"
¡Era la cola de Gari!
"¡CAÍSTE!" dijo Gari riendo.
La pistola de dardos voló por el aire y aterrizó a veinte metros de distancia en un campo al lado de la carretera.
¡Gari se levantó del suelo y golpeó con el puño la mandíbula de Reyes!
¡CRACK! El conejo voló hacia atrás contra el coche negro.
"¡Esa fue por Jenkins!"
Preston Reyes cayó al suelo, mareado por el golpe e incapaz de moverse.
"Jajaa!" Gari rió. "¡No contabas con mi astucia, miserable villano!"
Gari estaba de pie con sus manos en sus caderas y una sonrisa de oreja a oreja, saboreando cada momento victorioso.
"¿Creíste que me habías matado? ¡Sólo estaba jugando contigo!"
Ámbar se acercó por detrás de Gari, riendo alegre mientras abrazaba a su amor alrededor de los hombros. Todo el mundo se acercó detrás de ellos, triunfantes, observando la escena.
La cabeza de Reyes se levantó un poco y miró a Gari, de pie con los brazos cruzados sobre el pecho, con una mirada de puro triunfo en su rostro.
"Pero... pero ¿cómo?" murmuró Reyes.
"¡HA! ¿Cómo no estoy muerto?" dijo Gari. "Es obvio que no prestaste atención en clase de ciencias. ¿Acaso no sabes que las zarigüeyas somos inmunes al veneno de serpiente?"
Los ojos de Preston se abrieron con sorpresa y rabia combinada.
"Una vez más, los servidores del bien han derrotado al mal," dijo Gari con Ámbar abrazando sus hombros. "Los villanos despiadados han caído con la fuerza de la maza del bien que atestó un golpe certero en vuestras sienes con el grito triunfante de 'Vae Victus!'"
"Y colorín colorado…"Ámbar añadió.
"…¡el bien ha triunfado!" dijeron ambos al unisonó.
Preston Reyes estaba fuera de sí. Pero no pudo pronunciar una palabra. El Alguacil Pastor le levantó por el pescuezo y lo presionó contra el coche. Todo el mundo miraba con aprobación.
"Ah, no he hecho esto en años," dijo Pastor con una sonrisa. "Espero no haber olvidado nada."
"Adelante, Pastorcito," dijo el Viejo Ben alegre mientras todo el mundo observaba con grandes sonrisas. "Vamos todos a escucharlo."
Pastor esposó a Preston Reyes y dijo las palabras mágicas.
"Preston Reyes, por sus múltiples crímenes, los cuales incluyen intento de asesinato, secuestro, daños graves a la propiedad privada, agresión verbal y física, y una larga lista que el juez, sin duda, recitará para usted; por la autoridad conferida en mí como Alguacil de Bunny Burrow, usted está bajo arresto," dijo Pastor, y todo el mundo aplaudió con aprobación al oír esas palabras. "Usted tiene derecho a permanecer en silencio, cualquier cosa que diga puede ser usado en su contra en un tribunal de justicia..."
Judy y Nick se miraron triunfalmente. Ambos lo sintieron. El sentimiento abrumador de alegría al ver como se hacía justicia.
