CAPÍTULO 36: ÚLTIMAS HORAS


POV KATNISS


Llegamos a nuestro piso tomados de la mano. Se nota que ambos estamos nerviosos porque no dejamos de temblar de impaciencia.

¿Qué tendrán planeado para nuestra boda?

Esa pregunta me pone nerviosa desde que Haymitch nos dijo que absolutamente todo fue organizado por ellos. El vestido, el traje, las joyas, la ambientación del lugar.

Peeta se despide de mí, sin ni siquiera darme un beso. Me dice que lo reservaremos para la boda y nuestra noche nupcial. El calor sube hasta mi rostro al imaginar la noche que tendremos y mi reacción le divierte a Peeta. Odio a Peeta cuando actúa así.

Lo peor es que no puedo quejarme porque acepté su condición de no hacer el amor por prácticamente dos días, de hecho nuestros besos no pasaban de un breve roce de labios, desde la nuestra última vez. Esta maldita tradición me está quemando por dentro, porque con él a mi lado y la muerte a un paso de nosotros, me resulta difícil contenerme.

Siento el impulso de golpearlo por proponer tal cosa, pero me contengo y lo dejo marchar rumbo a su habitación.

Tendré que aguantar únicamente unas horas más. Hoy no se salva. Sonrío ante ese pensamiento. Al entrar en mi habitación veo una carta de Cinna sobre la cama, reconozco su letra, es la segunda vez que me deja una.

Katniss,

Imagino que debes estar nerviosa. Todos los novios lo están el día de sus bodas e incluso antes. Toma un baño siguiendo las indicaciones que dejaré a continuación, te ayudará a relajarte. No te vistas, colócate la bata la he dejado colgada en la pared del baño. En menos de una hora estaré contigo.

A continuación me deja las indicaciones y finaliza con su nombre.

Hago lo que me pide, todavía me resulta difícil manejar el jacuzzi, me manejo con lo básico y no pruebo cosas diferentes. Razón por la que las indicaciones me ayudan a guiarme sin hacer desastres. Cuando se llena de agua y espuma hasta casi el borde me desvisto y me meto allí. Me imagino en el lago del bosque nadando sola mientras mi padre me observa y me felicita por estarlo haciendo bien, la imagen cambia de un momento a otro, ahora estoy con Peeta enseñándole a nadar, jugando a lanzarnos agua y riendo mientras intentamos escapar del otro como si estuviéramos jugando a la mancha en medio del agua, robándonos uno que otro beso al ser atrapados. Siento nostalgia de esos días que nunca se volverán a repetir porque mi padre está muerto, y muy pronto nosotros también lo estaremos.

Pero hemos dejado el dolor atrás y hemos decidido disfrutar de nuestros últimos días, para empezar por nuestra boda apresurada.

El día que acepté casarme no estaba segura, porque siempre creí que casándome con él lo iba a arrastrar a una vida que no sabía si él iba a soportar, trabajar en las minas –con mi miedo de perderlo como pasó con mi padre –y dejar su vida comerciante con su familia, porque su madre jamás le perdonaría aquello. Él acabó convenciéndome y acepté, porque nunca querría a ningún hombre que no fuera él, que me cuidara, entendiera y amara de la forma que él puede hacerlo. Pensé que nos casaríamos en un par de años, tiempo suficiente para hacerme a la idea de una boda, la convivencia y una pequeña familia, porque de quedar embarazada sería capaz de abortar y de hacerlo destruiría a Peeta aunque no lo demostrará y no soporto verlo sufrir. Lamentablemente, por razones del destino, la boda se adelanta a casi una semana posterior al compromiso.

¿Qué pensaran nuestras familias de casarnos? ¿Estarán felices, tristes, molestos?

Tal vez las tres y cada uno por diversos motivos completamente entendibles.

Yo estoy feliz de poder casarme con Peeta sin importar la forma, triste porque nuestro tiempo juntos como esposos será muy corto, y molesta por el futuro que el Capitolio nos arrebató desde el día de la cosecha.

No lo pienso demasiado, ahora más que nunca debemos ser fuertes, demostrarle al Capitolio que pueden acabar con nuestras vidas, pero no con nuestra esencia y mucho menos con el amor que nos tenemos. En el momento que pongo los pies sobre el suelo sobre la superficie con pequeños orificios de metal, estoy seca en menos de un minuto. Busco la bata y me cubro con ella. Cuando salgo del baño, me encuentro con Cinna sentado en mi cama, aunque en realidad no he dormido casi nunca en ella en lo que llevo en el Capitolio. La cama destinada a Peeta es en la que me refugio la mayor parte del tiempo.

-¿Por dónde empezamos? –Le pregunto una vez que me siento a su lado y lo saludo.

Mejor acabar con esto pronto.

-Maquillaje, peinado, ropa interior, vestido, y accesorios. –Cinna enumera cada cosa una por una en orden.

-No pienso usar lo que me mostraste en la mañana. –Mis mejillas se encienden al recordar esos conjuntos demasiado provocadores para mi gusto, que Effie y Portia compraron en una tienda de lencería.

-Fue un regalo de Effie y Portia para ustedes. Además ¿Por qué te avergüenza? Ambos sabemos que Peeta te ha visto antes.

-¡Pero no así! ¿Dónde los consiguieron? ¿En que pensaron cuando compraron esos conjuntos?

-En el Capitolio y algunos distritos más ricos, las mujeres usan eso para impresionar a sus parejas. Ellas querían ayudar, a brindarles un buen momento a ustedes.

Lo miro aterrorizada.

-No tienes que usarlos si no quieres. Hagamos una cosa. Empezaré a arreglarte y mientras tanto decides que usar.

Cinna me maquilla el rostro en tonos claros entre blancos y grises de sombras para ojos, delineador plateado y labial rosa muy parecido a mi color natural de labios, aumenta el tamaño y forma de mis pestañas con una máscara negra, resalta el color natural de mi piel también dándole brillo y vida con varios polvos y cremas, elimina las ojeras escasamente visibles de mi rostro.

Después me pregunta como quiero que me peine, mientras acaba de secarme el pelo con un secador de mano. Yo no sé qué hacerme. Lo pienso, pero no se me ocurre nada. Dejo que elija por mí, pero le digo que por una vez quiero que acabe suelto. Define las ondas naturales y me hace trenzas miniatura en la zona que la coronilla de ambos lados que luego une con clips de cabello. Finaliza el peinado con una tiara pequeña que coloca en mi coronilla y echa un spray fijador.

En mi cabello ya no hay rastro de otro color que no sea el negro propio. Luego de varios de lavados en un periodo de días, los reflejos como el fuego desparecieron.

Me pide que vaya al baño y me ponga uno de los conjunto de ropa interior. Elijo un conjunto que viene con corpiño de push up que puede usarse con o sin tirantes y una vedetina de seda y detalles en encaje porque los demás son tan reveladores que me da vergüenza incluso mirarlos. Por último saco la ultima prenda de la caja, un camisón de tiras transparentes y finas, ajustado al cuerpo, el cual no deja mucho a la imaginación, es de encaje blanco y muy corto. Lo pienso mucho antes de ponérmelo, nunca en mi vida se me hubiera ocurrido usar esto. Cinna dice que lo utilizan las mujeres para complacer a sus parejas.

Trato de imaginarme a Peeta viéndome con esto puesto. Lo sorprendería ¿pero qué pensaría él? Imagino sus ojos fogosos cada vez que hacemos el amor. Él deja de ser ese chico que habitualmente demuestra su amor inocente y desinteresado, para convertirse en alguien que se deja llevar por el amor y deseo que siente por mí, que me complementa y satisface al tiempo que me demuestra a qué nivel nos pertenecemos y lo mucho que me ama. Pero dada la condición de respetar la tradición, creo que sería justo hacerlo sufrir un poco. Antes de darme cuenta lo que hago lo tengo puesto y se ajusta perfectamente a mi figura, excepto la falda que queda un poco suelta al final. Como toque final, Cinna entra con el vestido blanco de una sola pieza, desde debajo de las axilas cubre todo el torso, la confección es más firme en esa zona y cae en ondas de la cintura para abajo, que por cierto tiene dos capas, que le dan más volumen. Tiene detalles de flores blancas pequeñas cosidas sobre la capa superior y una faja en la zona de la cintura que une en la espalda con un moño, que él mismo hace.

Después me pone los accesorios una pulsera, aros y un collar al que no le descubro la forma hasta unos minutos después, un Sinsajo tallado en una piedra preciosa blanca y muy brillante.

-Estás perfecta, Katniss. Mírate en el espejo de la pared.

Me conduce a uno y me observo sorprendida.

Extraordinariamente, Cinna me hace ver encantadora, porque más allá de lo que me diga Peeta, me cuesta verme a mi misma como él me describe, pero con el talento de Cinna por primera vez me veo de esa manera. Hermosa, radiante y llena de vida. Casi ni me reconozco.

-¿Y?

-Me veo… hermosa.

-Es que lo eres. Lo único que hice fue destacar tus puntos fuertes, Katniss. ¿Merezco un abrazo? –Bromea.

-¡Sí! Muchas gracias. –Me lanzo a sus brazos y rodeo su espalda con mis brazos. Él hace lo mismo.

-Sean felices, Katniss. Sé que es difícil para ustedes en esta situación pero, cualquiera que los viera no podría dudar de que el amor de ustedes jamás morirá ni siquiera en los juegos.

Después de unos minutos, Cinna se aparta y me pide que lo espere. Vuelve para decirme que podemos salir. Él me tiende su mano y la acepto. Cuando me doy cuenta que vamos camino al tejado y no al living. Me detengo en seco.

Mi acompañante me mira preocupado.

-¿Por qué iremos al tejado?

-Allí arreglamos todo para su ceremonia. El novio está esperando.

Basta que diga eso para que me ponga en movimiento. Por suerte Cinna, me eligió unos zapatos blancos con taco chino relativamente bajo. Muy diferentes a los que tienen altos tacos aguja que me veré obligada a usar en la entrevista. Me alegra porque mantener el equilibrio con los últimos me resulta dificil. Peeta me ha tenido sostener varias veces durante estos días desde que Effie me los dio para que me fuera acostumbrando. Todavía no entiendo cómo pueden caminar con ellos como si nada, o correr mejor dicho. Desde que ella me los dio, no he dejado de mirar impresionada la rapidez con que Effie camina con ellos sin tropezarse.

Me siento ansiosa, nerviosa y con miedo. Aún no sé qué decir para nuestros votos. Seguro Peeta escribió y reescribió miles de discursos diferentes hasta que llegó a uno definitivo. Me avergüenza reconocer que yo lo intenté y no lo logré. Nada de lo que escribí me convenció. Cuando me encuentre frente a él las palabras saldrán solas. Soy espontanea, si pienso mucho las cosas acabo no haciendo nada y arrepintiéndome posteriormente.

Llegamos al tejado y Cinna me mira por última vez. Tapa mi rostro con el velo trasparente, que toda novia en el Capitolio usa. En el Distrito Doce hace décadas que no se hace, porque las bodas sobre todo para los comerciantes, no son más que un mero trámite y muchos matrimonios están arreglados por los padres, por lo que ni siquiera todos hacen la Ceremonia del Tueste, únicamente las parejas que de verdad están enamoradas, llegan a ese paso que los une para siempre entre ellos.

-Suerte. –Me dice antes de irse. –Dobla por allí y ve justo al final. –Señala el lugar donde teóricamente me espera Peeta.

-¿Los anillos? –Pregunto.

-Los tiene él. –Dice mientras camina de espaldas a mí y vuelve adentro.


POV PEETA


Katniss todavía no viene y me siento intranquilo. La paciencia suele ser uno de mis fuertes, pero ahora no. Todos se casan una vez en sus vidas con la persona que aman. Y yo amo a Katniss desde siempre. Esperé por tanto tiempo este momento, no se dio de la mejor manera, pero estoy feliz de dar este paso con ella.

Me quedo sentado sobre uno de los almohadones extendidos en el suelo de la pequeña tienda que armaron en el lugar donde la última vez que vinimos había una mesa y un montón de sillas alrededor. Ahora sacaron las sillas y dejaron la mesa de madera donde hay una tabla para cortar y dos hogazas de pan en el medio de la misma envueltas en una tela blanca, una pequeña para Katniss y para mí y otra grande para el resto, porque la costumbre es compartir con los seres queridos después. Alrededor de la mesa se encuentran ubicados varias almohadas tan blancas como el resto del decorado sobre la alfombra, también hay un camino de piedra y respetando siempre las mismas distancias pusieron velas blancas encendidas que conducirán a Katniss hasta donde yo estoy. Miro la muñequera con imitaciones de dientes de león hechos con tela que le pondré a Katniss apenas la vea llegar.

Cuando siento pasos acercándose, levanto la mirada esperanzado y veo una silueta blanca doblando en la esquina. Me pongo de pie de inmediato, con una sonrisa en mi rostro.


POV KATNISS


Me sorprende ver el caminito que atraviesa todo el patio con velas encendidas en los bordes, pero si hicieron eso era para que caminara por allí mismo y muy seguramente para que no embarrara el vestido caminando por el pasto y tierra húmeda. Mi corazón desesperado y cierro los ojos unos segundos para relajarme antes de continuar.

Quiero estar ya mismo al lado de Peeta, pero me lo tomo con calma, camino paso a paso, mientras recuerdo cada momento que yo pasé a su lado, todo lo que nos llevó a este momento, cuando me pidió casarme con él, la cosecha, los difíciles días que tuvimos que pasar, hasta ahora.

Y de repente, estoy a metros de él enfundado en un traje blanco. Él levanta la mirada y cuando se da cuenta que soy yo me sonríe abiertamente, la emoción brilla en sus ojos y su ánimo me contagia.

Debemos ser felices y disfrutar cada pequeño momento de felicidad. Eso haremos mientras estemos unidos. Y es un buen comienzo convertirme en una Mellark, la esposa de un maravilloso chico que llegó a mi vida por coincidencias del destino.

Peeta me tiende su mano y la tomo de inmediato. Él muy caballerosamente deposita un beso en el dorso, arrancándome una gran sonrisa.

-Hoy se ve particularmente perfecta, señorita Everdeen.

-¿Acaso no lo soy siempre, señor Mellark?

-Para mí, sí. No obstante, verte vestida de blanco minutos antes de casarnos, es el paraíso. Mi sueño hecho realidad. Cuando te vi, me quedé sin habla por varios minutos.

-Aún no nos casamos, Peeta. ¿Sabes? Puedo arrepentirme. –Intento sonar seria, pero acabo riendo.

-Entonces debo darme prisa antes de que te arrepientas.

Acaricia mi rostro y mis labios por debajo del velo. Yo lo único que logro pensar es en cuanto deseo sentir sus labios sobre los míos besándome con pasión y ternura, pero no podré hacerlo hasta que llegue el momento.

-Te ves perfecto Peeta, a pesar de no llevar muchas cosas encima como yo.

-Las ventajas de ser hombre.

El moretón desapareció gracias a las cremas del Capitolio. Ahora no tiene ninguna marca en su piel.

-Aunque me sorprende que tú hayas permitido tanto.

-Después de ver el resultado final no me pude quejar.

-¿Por qué?

-Quería verme bella para ti y me sentí así.

-Pero siempre fuiste bella para mí, Kat. Siempre lo serás. –Dice con amor desbordando de sus ojos.

Coloco mi mano sobre la suya y mirándolo del mismo modo le digo:

-Te amo.

-Yo también, princesa. –Saca algo de su bolsillo y veo que es una muñequera delgada con dientes de león de tela, perfectamente imitados. Tiene varios que están engarzados allí. Es hermoso. La coloca en mi otra muñeca.

-Portia me preguntó cuales eran tus flores favoritas, y le dije que eran estas. Recién me acaba de sorprender diciéndome que además de las flores naturales, consiguió este accesorio en una tienda por casualidad y pensó que te gustaría tenerlo.

-Sí, me encanta. Pero pienso que no necesitábamos tantas cosas. Hicieron demasiado.

Miro todo lo que nos rodea. Prim estaría hipnotizada observando cada detalle y diría que es propio de un cuento de hadas. Ella siempre ha sido muy soñadora y romántica. Cuando tenía citas con Peeta, me pedía detalles y miraba con cariño a Peeta cuando lo escuchaba decirme algo dulce, incluso cuando yo logré salir de mi coraza y demostrar del mismo modo mi amor por él, frente a los demás ella literalmente saltaba de alegría. Un día me dijo que esperaba poder amar y ser amada, como su hermana y su cuñado lo hacían; le respondí que iba a suceder cuando llegara el momento. Aún ahora estoy segura que pasara, ella es una niña muy bella, buena y dulce, tiene buen criterio para todo, seguro el chico que esté con ella sabrá valorarla.

-Lo sé. Pero no niegues que todo quedo hermoso. Así qué Kat, disfrutemos mientras podamos.