CAPÍTULO 37: CASADOS
POV KATNISS
-PARTE I-
Peeta desenvuelve las hogazas de pan.
-¿Estás lista? –Me pregunta sin dejar de sonreír.
-¿Quién hace los honores?
-¿Los dos?
Nos dirigimos a una esquina del jardín donde hay un horno de hormigón que ya ha sido puesto en funcionamiento con leña. Con sumo cuidado ambos colocamos los panes dentro y volvemos a cerrarlo.
Ambos tomados de la mano, esperamos minutos que se nos hacen eternos. Acabo apoyando mi cabeza en su hombro y él me acaricia delicadamente con su mano libre. Unos diez minutos después, Peeta saca las hogazas con una espátula, porque no quiere que me queme, ni me manche el vestido. Paso siguiente las coloca en la tabla que yo tengo en la mano, con el cuidado que siempre tuvo trabajando en la panadería.
Volvemos a colocarlo sobre la mesa baja, nos sentamos sobre los almohadones y la alfombra. Todo es blanco e impoluto, la decoración, nuestros atuendos. Las únicas cosas que desentonan son los arreglos de flores con dientes de león, prímulas y pequeñas flores con tallos largos, las saetas de agua entremezcladas. Me recuerda al día que acepté unir mi vida a él, sin saber lo que se nos avecinaba. Pero que estén ahí me recuerdan a casa y sonrío. Las flores favoritas de Peeta son las que me dieron el nombre, las mías los dientes de león porque me recuerdan a Peeta y las prímulas representan a mi pequeño patito. La extraño. Me gustaría que presenciara este momento que ella siempre soñó que sucediera. Ella siempre quiso que Peeta y yo nos casáramos.
Peeta nota mi cambio repentino de humor.
-Tal vez no estén nuestras familias, pero ellos sabrán lo felices que somos por habernos casado. Nos encargaremos que la noticia llegue a ellos de alguna forma.
-Somos nosotros dos. Es lo único que importa.
-Tienes razón.
Ambos nos quedamos en silencio unos minutos mirándonos sin decir una palabra, decidiendo quien va a empezar. Yo todavía tengo no estoy segura que decir, así que dedicándome una sonrisa empieza él.
-Es extraño. Llevo ensayando lo que diré desde los últimos dos días y ahora… me estoy muriendo de nervios.
-Empieza, Mellark. –Me río, porque lo mismo me confesó el día que me pidió matrimonio. –O yo también me pondré nerviosa… más de lo que estoy.
Él acaricia mi rostro por debajo del velo, me cuesta más verlo a través de la tela y él parece sufrir por lo mismo. Con una sonrisa en su angelical rostro, él lo levanta pero yo tomo sus manos entre las mías y se lo impido.
-¿Tradiciones, recuerdas?
Peeta suspira y se muestra desilusionado. Yo muerdo mi labio para contener la risa que amenaza con salir, porque se lo estoy haciendo a propósito. Peeta frunce el ceño, al darse cuenta de lo último, pero lo deja pasar.
-Cuando te conocí éramos bebés. Mi padre dijo que conectamos al instante, y no lo dudo. Porque cuando te vi caminar de la mano de tu padre captaste mi atención al instante. Creo que muy en el fondo una parte de mi mente te recordaba. Te veías hermosa con un tu vestido rojo a cuadros, tu piel bronceada, esa figura grácil y pequeña, las trenzas bien hechas de tu cabello oscuro.
Libera una mano y la otra la mantiene unida a la mía. Me acaricia el cabello. Justo en ese momento una composición de piano se empieza a escuchar, y ambos miramos para todos lados hasta que vemos un parlante escondido entre medio de la decoración, a volumen medio bajo. Es una suave melodía que acompaña nuestros votos. Peeta y yo nos miramos y nos damos cuenta que ninguno de los dos lo sabía, fue planeado por ellos, una de sus sorpresas. No me quejo. La nana es relajante y le da un toque romántico al ambiente.
-Me enamoré de ti en ese instante. –Prosigue. –Cuando te escuché cantar con tu armónica voz, no tuve ninguna duda. Mi único pensamiento fue el deseo latente de dormir y despertar con tu voz arrullándome, tus ojos grises tan expresivos diciéndome sin palabras lo que sentías en tu interior, ir con tu mano unida a la mía, porque una vez que tuviera, no pensaba dejarte ir. Fueron pasando los años y mantuve las distancias de ti. No por miedo a lo que pensara mi familia, en esa época no entendía lo que eran los prejuicios, pero si porque no me animaba a hablarte. Me limité a observarte a la distancia, cuidarte, regalarte pequeñas cosas por medio de Madge. Pero te puedo jurar que mi amor por ti fue en aumento. En las horas que no te veía te extrañaba, te fuiste convirtiendo en una parte fundamental de mi vida. El día que hablé por primera vez contigo, fue uno de los mejores momentos de mi vida. Rompí las barreras que yo mismo interponía entre nosotros y me sentí orgulloso de haberlo logrado.
Baja su mano y la une con la otra. Bajamos la mirada para ver nuestros dedos entrelazados y una sonrisa se extiende en el rostro del hombre que amo.
-Nos convertimos en amigos rápidamente y con el tiempo, en novios. Los años más extraordinarios de mi vida los he pasado contigo. Eres mi inspiración, porque eres tan maravillosa. Me enseñaste a ser valiente, arriesgarme por lo que creo y amar sin medida. Me permitiste ocupar un lugar en tu corazón y en tu vida. Tú no dejas entrar a todos, no permites que te conozcan a fondo. Por eso, que me hayas elegido para compartir todos tus secretos, lágrimas, alegrías, logros y fracasos, me hace sentir verdaderamente dichoso. Yo te di todo de mí, y tú me diste todo de ti. Hemos pasado momento difíciles y felices, pero siempre juntos, porque nos protegemos el uno al otro, porque nos amamos con cada fibra de nuestro ser. Cariño, no te puedo prometer una eternidad. Tampoco años de felicidad, en nuestras circunstancias actuales. No corremos esa suerte. Pero te prometo, que te amaré los días de vida que me queden, aunque esté lloviendo o salga el sol, aunque todo nuestro mundo corra el peligro de venirse abajo por las peores tempestades que nos aquejen. Te seguiré adonde tú vayas y te protegeré, porque este sentimiento no tiene fin y siempre te prioricé por sobre mí mismo. Tú Katniss Camille Everdeen Greenwood, eres toda mi vida, porque le das sentido simplemente con existir. Te elegí ayer, te elijo hoy y te elegiré por siempre. Y como dice la canción que me cantas: mi amor por ti aquí perdurará.
Lleva mi mano derecha a su corazón y la izquierda al mío y puedo sentir sus latidos contra la palma de mi mano. Mis ojos se llenaron de lágrimas durante sus votos, y hasta ahora no pararon de lagrimear y veo que los Peeta luce igual que yo. Pero no son lagrimas de dolor, ni tristeza, son de alegría. Porque a pesar de nuestra corta edad, hemos vivido tantas cosas juntos, nos hemos amado y protegido desde pequeños. Me siento afortunada de haber experimentado lo que es el amor de todas las formas posibles; y de habernos cruzado.
-Peeta, yo aún recuerdo el primer día que nos vimos en la escuela, teníamos cinco años, te vi caminar junto a tu padre en la entrada cuando pasaron por nuestro lado. Tu padre saludo al mío a la distancia y tú no dejabas de mirarme a mí. Me intrigaste y reconozco que me puse nerviosa. Durante todo el día no dejaste de dirigirme miradas a hurtadillas y cuando te descubría mirándome me ruborizaba, al igual que tú. Después llegó la clase de música, y yo canté la Canción del Valle, durante todo el tiempo nos miramos, excepto por los momentos en que tú, echabas un vistazo a la ventana del aula viendo los sinsajos. No entendí el motivo de tu fascinación por mi voz o los pájaros, hasta que años después me lo dijiste. Ese día te diste cuenta que me amabas. Ese momento cambió nuestras vidas y definió nuestro futuro. Con el tiempo empezamos a saludarnos, hasta que yo te necesité y nunca más te apartaste de mí. Siempre estuviste para mí, hasta en los peores momentos. Me defendiste de todos, no te importaron nuestras diferencias, ni lo que pensaron los demás de nuestra relación.
Peeta toma mis manos entre las suyas y me sonríe.
-Fuiste internándote dentro de mi corazón y mi mente, y nunca te pude sacar de allí. Irremediablemente me di cuenta que lo que siempre sentí por ti, fue amor. Un amor que fue mutando y creciendo con el paso de los años, al igual que el tuyo por mí. Hemos tenido que enfrentar tantos problemas y prejuicios a lo largo de nuestras vidas para estar juntos y nada nos separó. No tiene porque ser diferente ahora. Eres mi vida, eres todo lo que yo quiero en este mundo. Me hiciste ver el mundo de una manera diferente, me ayudaste a salir adelante, me hiciste feliz. Yo intenté devolverte con amor todo lo que tú hiciste por mí, porque nuestros destinos siempre estuvieron ligados el uno con el otro. Incluso si el mundo cambiara y todo lo que conozco se destruyera, te seguiría amando únicamente a ti como el primer día. Hoy te prometo acompañarte en cada momento hasta el fin de nuestra existencia sin importar donde vayas y te protegeré por sobre mí misma, porque eso es lo que hacemos nosotros, protegernos el uno al otro. Te amo, Peeta Ian Mellark, y te amaré por siempre, no importa lo que suceda, mi amor por ti aquí perdurará.
Repito el mismo proceso que él, poniendo mi mano en su corazón y él en el mío.
Ambos estamos llorando en silencio y sonriéndonos el uno al otro. Este momento no se repetirá nunca más. Nosotros jurándonos amor eterno, sacrificio y protección durante los pocos días que nos quedan de vida.
De mutuo acuerdo tomamos el pequeño pan tostado, pera cerrar la ceremonia. Sin apartar nuestras miradas, ambos cruzamos nuestros brazos, lo agarramos de una punta y lo partimos por la mitad, dándole de comer al otro en la boca, hasta acabar nuestras pequeñas porciones. Cuando ambos acabamos de masticar y tragar. Peeta levanta mi velo y lo hecha hacia atrás sin prisa, admirándome encandilado. Después volvemos a unir nuestras manos y entrelazar nuestros dedos.
-Te amo, Katniss Camille Mellark.
Recién ahora caigo en la cuenta que dejé ser una Everdeen. Soy una Mellark. Soy la esposa de Peeta, y él es mi esposo. Sonrío abiertamente al comprenderlo. Nunca creí que me sentiría tan feliz al casarme.
-Te amo, Peeta Ian Mellark.
Mi esposo rodea mi rostro con sus manos con delicadeza y rompe la distancia de nuestros rostros y más tarde de nuestros labios. Ambos nos entregamos al beso, nuestro primer beso como marido y mujer.
A/N: Les dejo este pequeño adelanto del tueste. Si ¡ya están casados! Pero faltan los anillos y tengo una sorpresa inesperada. Espero que les guste. No es el capítulo completo. Los votos están basados en algunas partes en canciones que adoro "All of me" de Legend, "Te amaré" de Chayanne y "My Destiny" de Lyn (banda sonora de un dorama coreano hermoso llamado "Mi amor de las Estrellas" al que me volví adicta ahora que lo están pasando en televisión). Si quieren escuchar las canciones, ya saben cuáles son.
Saludos,
Lucy
