Capítulo 2: Un Crimen Inesperado

"¡No puedo creer lo que veo! Es una auténtica muñeca numerada, edición limitada y súper coleccionable de Gazelle!" dijo la voz alegre de Benjamín Garraza en la recepción del Departamento de Policía de Zootopia, Precinto 1. "¡Pellízcame, estoy soñando! ¿Dónde, oh dónde has encontrado este tesoro, Hopps?"

"Lo gané en la feria," dijo Judy mientras le daba la muñeca. "No tenía idea de que fuera valiosa."

"Es la muñeca más coleccionable de Gazelle en el planeta, sólo se fabricaron 1.500 de ellas antes de que el molde se destruyera en un accidente de la fábrica, están todas numeradas y los estafadores de precios en Internet están cobrando una pata y una cola para ellas. ¿Ves, ves el número debajo de la pezuña izquierda? ¡Ésta es la 640! ¡Jajaa! Este es mi nuevo número de la suerte. Oh, ¡cuando los revendedores se enteren de que conseguí una gratis! ¡Infartarán!"

"Me alegro de que te guste, Garraza."

"¡Estoy en deuda contigo por un millón y un años, Hopps!"

"Ay, de nada, es un placer..."

"Ahora, ternurita, ¿quieres estar aquí junto a este globo de nieve increíblemente coleccionable, o quieres estar al lado de mi placa de identificación y reflejarte en ella?" Garraza ahora estaba hablando con su nueva muñeca, haciéndola caminar y elegir dónde colocarse sobre el escritorio.

"Bueno… los dejaré solos," dijo Judy. "¡Hasta luego!"

"Dile adiós a la Oficial Hopps, preciosa," dijo Garraza, haciendo que la muñeca Gazelle se despidiera de Judy. "Y dile gracias por traerte a casa con papá."

Judy se sentó en su asiento habitual en la sala de reuniones, justo al lado de Nick en la misma silla.

"Y, ¿hizo piruetas en el aire o simplemente corrió por las paredes?" preguntó Nick con un guiño.

"Un poco de la columna A, un poco de la columna B..." bromeó Judy, viendo al Jefe Bogo entrar en la sala con sus archivos.

"¡Está bien, todos sentados!"

Todo el mundo se sentó y escuchó las órdenes del día.

"Algunos bromistas en Savanna Central piensan que pintar aulladores en los edificios con el subtítulo 'El Poder de la Flor' es la última locura," se quejó el Jefe Bogo en su tono brusco de costumbre. "Tal vez a estos vándalos les vendría bien algunas clases de arte en la Institución Correccional Juvenil de Gelónimo Osorio en Tundratown. Hopps, Wilde, vigilen el centro y muéstrenles a esos vándalos nuestro sentido el humor."

"O la falta del mismo," susurró Nick y varios colegas se rieron detrás de sus manos.

En breve, Judy y Nick estaban subiendo a su coche patrulla y se preparaban para su día.

"Y, Zanahorias... ¿ya has decidido?"

"¿Decidido qué?"

"¿Qué te vas a poner para nuestra cita este sábado por la noche?"

Judy erró la cerradura con las llaves del coche y las mejillas se le entibiaron.

"Nick, pensé que había perdido la apuesta. ¿Recuerdas?" dijo Judy en broma mientras giraba la llave y ponía en marcha el coche.

"Perdiste esa, sí, pero no la que vamos a tener ahora," dijo Nick, sacando sus gafas de sol de aviador de su bolsa.

"¿Cuál es?"

Nick sonrió con picardía.

"Te apuesto a que estos bromistas, que vamos a atrapar antes de que termine el día, por cierto, son ovejas y simpatizantes de Bellwether y alborotadores que expresan su inmadurez ensuciando la propiedad pública con garabatos controversiales," dijo Nick.

"Hmm... ¿y si no lo son?" preguntó Judy, sonriendo y entrecerrando sus ojos.

"Confía en mí, nena, lo son," dijo Nick, ajustándose los anteojos de sol. "Mis instintos no fallan."

"Bueno, Señor Instinto," dijo Judy riendo, manejando fuera del garaje del precinto. "Veremos si tu intuición nos lleva por el camino correcto."


"¡Soy la Oficial Hopps! Tenemos un 586 en la esquina de Acacia y Nilo. Vándalos a la vista, ¡el Oficial Wilde está en persecución!" Judy habló a toda prisa en su transmisor de radio.

"Enterado, Oficial Hopps... todas las unidades, vándalos en la esquina de Acacia y..."

Judy corrió por la calle y se unió a Nick mientras perseguía a tres ovejas por un callejón y les acorraló.

"¡Las pezuñas donde pueda verlas!" dijo Nick y tres ovejas jóvenes alzaron sus pezuñas por encima de sus cabezas, uno de ellos dejando caer una lata de pintura en aerosol.

"No se muevan," dijo Judy.

Pero mientras Nick esposó a una, las dos ovejas restantes se echaron a correr, tratando de esquivar a Judy.

"Dije…"

Con un movimiento veloz, Judy barrió el pie y tropezó a una oveja, y luego saltó y dio una patada voladora a la otra, enviándola volando contra la pared.

"...¡que no se movieran!"

"¡Impresionante, Oficial Hopps!" dijo Nick mientras esposaba al segundo de las ovejas y Judy esposaba al último. "Me pregunto, ¿los conejos patean más duro que las liebres, o era al revés?"

"Sigue hablando y te lo haré probar," dijo Judy con una sonrisa juguetona.

Escucharon las sirenas de otros dos coches patrulla. El callejón estaba asegurado y no había escapatoria para los vándalos.

"Tienen derecho a guardar silencio, cualquier cosa que digan puede ser usado en su contra en un tribunal de justicia..." Judy les recitó sus derechos.

"¡Ya lo sabemos, coneja polizonte!" dijo una de las ovejas. "Todos los policías son iguales, defendiendo el sistema corrupto por las migajas que les lanzan al final del día."

"...tienen derecho a un abogado," continuó Judy, ignorando el comentario de la oveja, "si no pueden pagar uno..."


Las ovejas fueron llevadas al precinto bajo la severa mirada de los oficiales. Nick y Judy llenaron los papeles pertinentes y se dirigieron hacia el salón del frente, mirando a las ovejas mientras desaparecían detrás de la puerta de la zona de detención.

"Siempre habrán los que se desvían del rebaño," dijo Judy.

"Y siempre habrá buenos pastores para traerlos de vuelta," dijo Nick. "Especialmente pastores con mortal patada voladora."

"Y bárbaros instintos," dijo Judy.

"Recuérdame nunca hacerte enojar, o dejaras las huellas de tus pies en mi trasero," dijo Nick.

"Tu trasero está a salvo conmigo, tesoro," dijo Judy con una sonrisa.

"¿Y qué se supone que significa eso, Oficial Hopps?" preguntó Nick, con una expresión traviesa en su rostro.

"Ya lo verás... este sábado por la noche," dijo Judy con un guiño seductor.

En ese momento, una gran figura salió de una de las puertas laterales y se dirigió hacia ellos. Era su colega, el Oficial Higgins, el hipopótamo.

"¿Han visto esto?" dijo, sosteniendo un papel.

Nick lo tomó y él y Judy vieron que era un volante para un carnaval, en las afueras de la ciudad.

"Válgame," dijo Nick. "Un día vamos a la feria, y el siguiente la feria viene a nosotros."

"¡Guau! ¿Dónde es esto?" preguntó Judy.

"En las afueras de la ciudad," dijo Higgins. "Mi primo instala su puesto de juegos todos los años. Pienso hacerle publicidad... "

Higgins fue interrumpido por una voz desde arriba del pasillo.

"¡Hopps! En mi oficina," dijo la voz del Jefe Bogo.

Judy saltó un poco, sorprendida.

"Disculpen," dijo y subió las escaleras a la oficina de Bogo.

Nick y Higgins se acercaron a la máquina de café, donde varios de sus colegas estaban recibiendo su dosis de cafeína.

"Me pregunto por qué Bogo no decidió convertirse en un dentista en lugar de policía," comentó Nick mientras observaba a Judy subir las escaleras.

"¿En serio?" se rió Higgins. "Porque yo no."

Arrugó la cara para hacer la mejor imitación de lo que pudo del Jefe Bogo.

"¡Que pase el siguiente paciente!"

Varios colegas rieron en su café.


Judy se acercó con cautela a la oficina del Jefe Bogo y cerró la puerta detrás de ella. El enorme búfalo estaba sentado en su escritorio, leyendo su informe.

"Toma asiento, Hopps," dijo Bogo y sin levantar la vista del archivo.

Judy saltó a la silla y se puso cómoda, al menos tan cómodo como pudo sentada frente al escritorio del jefe.

"Tú y Wilde hicieron un buen trabajo, mis felicitaciones," dijo Bogo mientras sus ojos recorrieron el papel. "Nosotros sabíamos que existía la posibilidad de que habría imitadores que trataran de seguir los pasos de la ex-alcaldesa Bellwether y su secuaces. Lo importante es que la comunidad sepa que tales actos no se toman a la ligera."

Bogo dejó el informe sobre la mesa y se quitó las gafas de lectura. Miró a Judy directamente a los ojos.

"Como sin duda ya te habrás enterado, la feria anual que se celebra en el recinto ferial a corta distancia fuera de la ciudad estará comenzando mañana. Es una ocasión que atrae a la gente de todas partes, incluidos un sinnúmero de ciudadanos de esta ciudad."

"Higgins nos puso al tanto," dijo Judy.

"Sí, me imaginaba que sí. No se callará la bocota al respecto durante al menos una semana."

Judy disimuló una risita.

"A la luz de los acontecimientos recientes, quiero asegurarme de que los visitantes de la feria sean proporcionados con mayor seguridad. Me gustaría disuadir a los alborotadores a quienes les sería divertido alterar la paz en un acto público como este."

Se detuvo por un momento y luego continuó.

"Te asigno a ti y a Wilde y dos más para velar por la feria."

"Patrullar... ¿en la feria?" preguntó Judy.

"Habrá tres turnos," dijo Bogo. "Tú y Wilde tomarán martes, jueves y viernes. Garraza te dará el calendario completo una vez que haya hablado a todos. ¿Entendido?"

"¡Sí, señor!" dijo Judy, de pie y saludando en la silla.

"Excelente," dijo Bogo, con una de sus escasas sonrisas.

Se sentó en silencio por un momento, mirando a Judy.

"Vamos para adelante, Hopps," continuó Bogo. "Gracias a ti y Wilde, y a sus esfuerzos el año pasado en el caso de los aulladores, muchos de los viejos… conceptos... que las personas tenían el uno del otro en esta ciudad están desapareciendo. Mi única esperanza es que desaparezcan para siempre."

Miró el mapa de Zootopia en su pared.

"Tú y Wilde son un ejemplo para nuestra comunidad. Me gustaría que estén presentes lo más que se pueda en el ojo público para que las personas puedan ver que nuestra ciudad es un ejemplo de convivencia e igualdad. Cualquier vándalo o alborotador que podría hacer uso de la feria para promover su comportamiento disruptivo debe ser detenido. Quiero que esta sea la mejor feria que esta ciudad haya visto jamás. ¿Comprendes tus responsabilidades, Hopps?"

"Sí, señor," dijo Judy.

"Bueno. Puedes irte, entonces," dijo Bogo. "Dile a Wilde que lo espero en mi oficina."


La música y los colores eran un torbellino de alegría y emoción cuando Nick caminaba entre las atracciones, mirando a su alrededor a la gente de diferentes especies que se divertían. Todo el mundo estaba disfrutando del carnaval, incluso el tiempo parecía hacer un esfuerzo extra para ser soleado y alegre.

"¡Vamos! ¡Échenme al agua! ¡Atrévanse!"

Nick miró a su izquierda y vio el juego de echar al agua al payaso, con un oso pintado de colores sentado en una silla por encima de un estanque de agua. Un niño pequeño hurón pagó por tres bolas y se situó en la parte delantera del juego, apuntando a la diana. Su primer lanzamiento cayó justo antes de darle al blanco.

"¡Vamos! ¡No he tomado un baño en las últimas semanas y apesto a sudor!" dijo el oso-payaso.

El niño hurón entrecerró los ojos y lanzó la pelota lo más fuerte que pudo, pero aterrizó justo por debajo del objetivo.

"¡Si tuviera un centavo por cada falla, estaría nadando en dinero como Rico McPato!" dijo el payaso.

Nick se acercó al niño.

"Oye, pequeño," dijo Nick. "¿Necesitas ayuda?"

El chico sonrió cuando Nick lo levantó sobre sus hombros.

"Ahora, dale a ese payaso un baño," dijo Nick alentador.

El pequeño hurón lanzó la pelota rápido y duro y le dio en el centro a la diana. Un timbre fuerte sonó y la silla del payaso se inclinó hacia delante, echando al payaso en el estanque de abajo.

"¡Ayuda! ¡Los tiburones! ¡Calamares! ¡El pez espada!" bramó el payaso mientras se retorcía en el agua.

"Guau, ¡gracias, oficial!" dijo el niño hurón feliz cuando Nick lo puso de nuevo en el suelo.

"Cuando gustes. Sigue practicando y vas a ver cómo te contratan a la primera división," dijo Nick con un guiño.

"¡Lo haré!" dijo el chico mientras corría a los otros juegos. "¡Gracias!"

Nick sonrió feliz mientras observaba al niño desaparecer entre los juegos. Se acordó de una época en que a los hurones y los armiños no se les permitía entrar en las guarderías porque la gente asumía que causarían problemas entre las crías más pequeñas. A los zorros no se les permitía estar en muchos lugares también. Se les negaba el servicio en las tiendas, las personas cruzaban a la otra acera si veían que un zorro venía, se les negaba el crédito en los bancos...

...y ahora aquí estaba él, un oficial del Departamento de Policía de Zootopia, en impecable uniforme, haciendo orgullosa a su madre y siendo un ejemplo para la comunidad.

"Bogo tiene razón," dijo Nick a sí mismo. "Estamos yendo para adelante. Y no hay mejor dirección para moverse que hacia adelante."

Al pasar junto a una tienda decorada con lunas y estrellas, una voz lo llamó.

"Una cara conocida se acerca, llena de curiosidad," dijo una voz brumosa. "Madame Mística lo ve todo. El oficial de policía guapo con un corazón de oro entra en el mundo de las maravillas y misteriosos hechos de magia y se sorprende más allá de sus sueños."

"¿Madame Mística?" dijo Nick al reconocer a la panda con el maquillaje. "Me perdí de su espectáculo en la feria de Bunny Burrow. Pero mi amiga me lo contó todo."

"Entonces permítame que le muestre el mundo de las maravillas, buen oficial," dijo Madame Mística.

Nick miró a su alrededor. Todo estaba muy bien y la gente estaba feliz paseando y disfrutando del carnaval.

"¿Por qué no?" se dijo a sí mismo. "Sólo será un minuto o dos."

Nick se sentó en la última fila dentro de la tienda de Madame Mística y ella comenzó su show con el ramo de flores. Luego hizo desaparecer una estatua, rompió un jarrón que después cubrió con un pañuelo y lo hizo quedar como nuevo, y finalmente llegó el acto hipnótico. El público estaba cautivado.

"Y ahora, mis queridos," dijo Madame Mística. "Voy a necesitar la ayuda de un miembro de la audiencia. Y creo que mis ojos han elegido un caballero apuesto sentado en la fila de atrás. Oficial, ¿puede ayudarme con este truco siguiente?"

Todos aplaudieron cuando Nick se acercó al escenario. Mucha gente lo conocía y aplaudieron con entusiasmo.

"Ahora, querido Oficial Wilde," dijo Madame Mística, leyendo la insignia de Nick. "Mira de cerca este reloj de oro. ¡Cómo brilla! Mira de cerca, concéntrate..."

Nick hizo lo que le dijo, sonriendo para el público. Pero entonces…

"...Concéntrese… céntrese..."

Nick sentía como si estuviera soñando, flotando hacia un sueño e incapaz de despertar. Sentía una sensación de calor difuso en su mente, un completo silencio... excepto por una voz suave y dulce.

"Malabarismo," dijo la voz. "Hazlo."

"Pero... no sé hacer malabarismo..." la mente de Nick respondió.

"Hazlo. Con estas piedritas. Adelante."

Nick vio algunos guijarros de colores brillantes en sus manos y comenzó a hacer malabarismos con ellas como si hubiera sido un malabarista toda su vida. En la distancia, oyó aplausos. Oyó una voz conocida, una voz que le gustaba oír más que nada en el mundo...

"¡Vaya, no sabía que podías hacer malabarismo, galán!" dijo la voz de Judy en su mente. "El circo perdió una brillante estrella."

"Hazlo con cuchillos esta vez," dijo la voz en su cabeza. "No se preocupe, no le harán daño. Adelante."

Nick hizo malabarismo con todo tipo de cosas, pensando en lo fácil que era y se preguntaba por qué no había probado antes.

"¡Muy bien! Baja esas antorchas ahora. Despertará cuando cuente a tres," dijo la voz en su cabeza. "Uno, dos, tres…"

En un segundo, los ojos de Nick se abrieron. Estaba de nuevo en el escenario... y había una bandeja con piedras, cuchillos y antorchas que se habían extinguido en ese momento.

"¿Eh?" Nick se sentía confundido, pero entonces oyó al público aplaudiendo.

"Gracias, oficial," dijo Madame Mística. "Eso fue impresionante."

Nick sonrió y decidió seguirle el juego. Se inclinó para el público.

El espectáculo había terminado. Mientras el público salía de la tienda, hablaban del increíble acto de malabarismo que el policía zorro había hecho.

Nick se quedó un momento fuera de la tienda, aturdido y un tanto confuso. ¿Eso realmente sucedió?

Por lo visto, sí. Los visitantes de la feria estaban asombrados, los objetos con los que hecho malabarismo estaban allí... pero...

"No sé cómo hacer malabarismo."

Nick volvió a mirar a la entrada de la tienda. ¿Madame Mística realmente lo había hipnotizado?

Le zumbaban los oídos.


Judy vio una cara conocida entre los visitantes de la feria. Un enorme oso polar llevaba a una pequeña musaraña en sus manos, llevándola donde ella quería ir. La musaraña tenía en sus brazos a una musaraña aún más pequeña, una bebé. Judy los reconoció inmediatamente.

"¡Fru Fru!" dijo Judy alegremente.

"¡Judy!" dijo la pequeña musaraña, haciendo una seña para que su guardaespaldas la baje un poco más para que Judy pudiera saludarla. "¡Hola! ¡Mucho tiempo sin verte!"

"Sí, ¿verdad?" dijo Judy, dándole a su amiguita un suave beso en la mejilla. "¿Disfrutando de la feria, Pequeña Judy?" añadió, sonriendo a la pequeña musaraña bebé que compartía su nombre.

"Oh, sí, amor ¿verdad? Dale un besito a tu madrina."

"Maína," dijo la Pequeña Judy.

"¡Aaay, que ternura!" dijo Judy encantada.

La bebé de Fru Fru fue nombrada igual que Judy. La amistad entre Judy y Fru Fru había nacido en el más extraño modo, cuando Judy había salvado a Fru Fru de ser aplastada por una rosquilla gigante en La Pequeña Rodentia. Este episodio ganó el amor y el respeto de toda la familia por Judy, incluido el padre de Fru Fru, el más temido jefe criminal de Tundratown, Míster Big.

"Papito está teniendo una reunión de negocios con algunos viejos amigos," dijo Fru Fru. "Así que hice que Marcel nos trajera a la feria."

Judy dudaba de que quisiera saber de qué tipo de negocios estaba hablando Míster Big con sus amigos.

"¡Eso es genial!" dijo Judy. "¿Quieres caminar conmigo un poco?"

"Por supuesto, amor," dijo Fru Fru.

Judy caminaba junto a Marcel el oso polar, que era como una torre a su lado.

"Y, Judy, ¿cómo van las cosas con tu apuesto zorro?" preguntó Fru Fru.

"Oh, muy bien... vamos a tener una cita," dijo Judy, sonrojándose ligeramente. "Sábado por la noche."

"¡¿De verdad?! Oh, cariño, ¡que romántico! ¿Y has decidido qué te vas a poner?"

"N-no, todavía no. A decir verdad, realmente no he hecho esto antes... es mi primera vez… es todo tan nuevo para mí."

"Bueno, está decidido entonces. Tú y yo vamos de compras este sábado," dijo Fru Fru. "Vamos a ponerte como una princesa y tu príncipe encantador caerá a tus pies. Marcel, pasaremos por Judy este sábado. Llama al Sr. Manchas y asegúrate de hacer todos los arreglos."

El oso polar asintió obedientemente.

Judy sonrió y se sintió contenta de tener una amiga con la que podía contar para tal ocasión. Día de compras con su amiga, salir a recorrer las tiendas y divertirse juntas... sonaba muy emocionante y nuevo.

"Todas las unidades, respondan, tenemos un posible 10-11 en el estacionamiento, los Oficiales Lobato y Delgato podrían requerir asistencia," dijo la voz de Nick en la radio de Judy.

"Entendido, Nick. Estoy en camino," respondió Judy.

"Que voz más varonil tiene tu compañero, Judy," dijo Fru Fru con un guiño.

Judy sonrió ruborizada.

"Lo siento, Fru Fru, pero el deber llama. ¡Te voy a dar una llamada más tarde!"

"¡Ve a por ellos, Judy!" dijo Fru Fru, despidiéndose. "Ahí va tu madrina, Pequeña Judy," dijo a su hija. "Cuando crezcas, vas a ser igualita a ella."


La noche estaba tibia en la ciudad. Judy y Nick caminaron juntos por la acera camino a casa, viendo las pocas personas que hacían sus mandados tardíos. Había sido un día largo, tranquilo en su mayor parte, sólo un incidente en el estacionamiento requirió su atención, cuando dos cerdos habían tenido una discusión por un lugar de estacionamiento y casi acabaron a las trompadas.

"¿Viste la cara que pusieron los cerdos cuando Lobato apareció?" dijo Judy.

"'Cerdito, cerdito, te voy a llevar preso'," dijo Nick, haciendo su mejor imitación de Lobato. "¡No, por las barbas de mi abuelita en su sillita!'" continuó, haciendo imitación de cerdo. "¡Entonces esposaré y a la cárcel os llevaré!'"

Judy rió de buena gana mientras se sostenía de la cintura de Nick. Algunos transeúntes les miraron con expresiones varias. Todavía era raro ver a una coneja y un zorro tan amigos, pero todos sabían que sería cada vez menos extraño en los años venideros.

"A que no adivinas a quién encontré hoy en la feria," dijeron Judy y Nick al mismo tiempo, y luego se miraron entre sí y sonrieron.

"Tú dímelo," dijeron al unísono, y luego se echaron a reír juntos.

"Bueno. ¡Piedra, Papel o Tijeras!" dijo Nick.

"Échale," dijo Judy.

Jugaron una ronda, y Judy ganó.

"Fru Fru y la Pequeña Judy," dijo Judy. "Con su guardaespaldas. Y ella me va a llevar de compras el sábado."

"Suena divertido," dijo Nick. "¿Te va a ayudar a escoger un vestido para la noche?," agregó con entusiasmo.

"Tal vez sí," dijo Judy juguetona. "Supongo que lo averiguaremos el sábado por la noche, ¿no es cierto, galán?"

Sonrieron con gusto. Judy abrazó la cintura de Nick un poco más fuerte, y Nick la abrazó, estirándola un poco más cerca a su cuerpo. Sus cabezas se inclinaron, Judy descansando la suya en el pecho de Nick, y él acariciando la cabecita de su conejita con el hocico.

"Tu turno," dijo Judy. "¿A quién encontraste hoy en la feria?"

"Madame Mística," dijo Nick. "De la feria del condado de tu pueblo natal, ¿recuerdas?"

"¡¿De verdad?! ¿Viste su show?"

"Sí, ella insistió."

"Entonces, ¿cómo fue el misterioooso viaaaje al muuundo de la maaagia?" preguntó Judy con voz esotérica, haciendo reír a Nick.

"Ella es muy buena en su acto," dijo Nick. "Y yo también, para serte franco."

"Espera... ¿le ayudaste con su acto hipnótico?" dijo Judy, temblando de risa.

"Bueno... un poco," dijo Nick.

"¡Cómo me hubiera gustado ver eso!" rió Judy.

Entonces, algo vino a la mente de Nick. Algo que se sentía como un sueño lejano. Se acordó de una voz en su cabeza, muy lejos...

"¿Zanahorias?"

"¿Sí, Señor Asistente de Mago?"

"¿Sabes hacer malabarismo?"

"¿Malabarismo? No, no sé," dijo Judy. "Mi hermano Tambor puede, sin embargo. Solía asustar a mamá haciendo malabarismo con los utensilios en la cocina. Tenedores y cuchillos y demás."

Nick se quedó callado.

"¿Por qué?" preguntó Judy. "¿Tú puedes?"

"No... pero lo hice."

"¿Cómo es eso?"

"Bueno... al menos creo que lo hice. Cuando estaba en el escenario, Madame Mística hizo el asunto ese del reloj de oro, y me sentí un poco raro, como que estaba soñando... y creo que estaba haciendo malabarismo. Por el aspecto del público, se sentía como si fuera real."

Caminaron en silencio durante un rato, pensando en lo que había dicho Nick.

"¿Crees que... quiero decir... es posible... que una persona pueda hipnotizar a otras personas y hacer que hagan cosas que normalmente no pueden?" preguntó Nick.

"No sé," dijo Judy. "Es decir, es posible hacer que la gente haga cosas sin pensar."

Ambos recordaron el suero hecho con los aulladores y cómo había convertido a los depredadores de Zootopia en salvajes incontrolables.

"Pero agitar un reloj delante de alguien y ponerlos en trance... bueno, no sé. Tal vez."

Nick asintió. Era extraño. Sin embargo, cosas extrañas habían sucedido, por lo que no estaba completamente fuera de lo posible. Y por otro lado, podría ser sólo un simple truco de la mente que cualquiera podía hacer con suficiente práctica.

Se detuvieron frente al Gran Pangominio, el edificio de apartamentos en que vivía Judy. Nick se había conseguido un apartamento a dos cuadras del edificio de Judy. Estaban a poca distancia el uno del otro, por lo que todas las noches después del trabajo caminaban juntos a casa.

"Bueno, ha sido un buen día," dijo Judy, parándose frente a Nick en el escalón de la entrada de su edificio para que estuvieran cara a cara a la misma altura. "Mañana rutina normal."

"Así es," dijo Nick, tomando a Judy de las manos, mirándola a los ojos.

Se quedaron allí por un tiempo, admirándose entre sí, tomados de las manos.

"Bueno, será mejor que vaya a casa," dijo Nick finalmente. "Tengo que hacer algunas llamadas telefónicas, arreglos, antes de descansar."

"Sí, yo también," dijo Judy. "Prometí a Fru Fru que la llamaría."

Ninguno de los dos se movió, sin embargo. Se quedaron allí, tomados de las manos, mirándose a los ojos.

"Oh, ¿a quién estamos engañando?" dijo Judy. "A nadie. ¡Abrazo a mi torpe zorrito!"

"Abrazo a mi conejita astuta."

Se abrazaron fuertemente. Ella le besó en la mejilla. Nick la abrazó y la besó también, acariciándola detrás de la oreja con la nariz tibia.

"¿Quién es mi pastelito de zanahoria?" dijo Nick con voz cariñosa.

"Soy yo, mi zorrito precioso," dijo Judy.

Se abrazaron por un buen rato antes de despedirse.

"Nos vemos mañana, tesoro," dijo Nick.

"Nos vemos mañana, cielo," dijo Judy y saltó los escalones del edificio.

Al llegar al último escalón, le lanzó un beso a Nick y entro a su edificio. Nick caminó felizmente a casa, tarareando para sí mismo y sintiendo que todo estaba bien en el mundo.


Judy entró en su apartamento y puso sus cosas en la mesa junto a su cama. Miró hacia su ventana y vio a su pollito de peluche, el que Nick había ganado para ella en la feria, sentado en el alféizar de la ventana.

"¿Me extrañaste, polluelo?" dijo Judy dándole cosquillas en la barriga. El pollito pió un par de veces. Judy le hizo cosquillas una vez más y pió, luego se volvió a su ropero para conseguir ropa cómoda.

Justo cuando se sacaba su uniforme, su teléfono sonó. Miró el identificador de llamadas y vio que eran sus padres.

"¡Hola todos!" dijo Judy, contestando el teléfono.

"Judy! ¿Cómo estás, cariño?" dijo su madre, Bonnie.

"¡Súper! ¿Y ustedes?"

Hubo una pausa incómoda.

"Um... ¿dónde está papá?" preguntó Judy, notando que su padre no estaba en la pantalla.

"Mi vida... ¿supongo que no has oído lo de Nana Bernardina?"

"¿Eh? No, ¿qué pasó?" preguntó Judy alarmada. "¿Está bien? ¿Le pasó algo?"

"Ella... está enfrentando cargos por robo a mano armada de un banco."

"¿¡QUÉ!?

Hubo un silencio. Aturdido, largo silencio. Judy miró la imagen de su madre en la pantalla, incrédula.

"Bueno, ¡¿no nos dejará en suspenso o sí?! Vamos, ¡diga lo que pasó!" dijo la voz del vecino de Judy, Bucky, a través de la pared.

Judy frunció el ceño hacia la pared detrás de ella.

"¡Silencio, vecinos metiches!" dijo, luego se volvió de nuevo a su teléfono. "Lo siento. Mamá, ¿qué pasó?"

"Nana Bernardina fue apresada por el alguacil esta tarde. Robó el Banco Conejín de Bunny Burrow y se escapó en su auto. Cuando el alguacil y sus ayudantes llegaron a su casa para detenerla, ella estaba dormida, y dijo que no recordaba nada. Tu padre fue a hablar con el alguacil hace un rato."

"Pero... Nana Bernardina. Todo el mundo sabe que es el alma más tierna en la Tierra. Ella no haría daño a una mosca."

"Todo el mundo sabe eso," dijo Bonnie. "Pero la cámara de vigilancia captó todo."

"Pero... ¿cómo? ¿Nana Bernardina...?"

Judy estaba anonadada. Alguien que conocía de toda su vida, repentinamente volviéndose criminal.

"No," dijo Judy. "No, no es posible. Debe haber un error."

"Esperemos que sí, cariño," dijo Bonnie. "Nadie cree que lo hizo, ni siquiera el alguacil, pero la cámara grabó todo. Es sólo que... espera... ese es tu padre llamando. Lo siento, amor, te llamaré cuando tengamos más detalles. Chaucito."

"Adiós… mamá..." Judy murmuró mientras Bonnie colgó.

Durante mucho tiempo, ella se sentó allí aturdida, mirando a su pared, mirando hacia el vacío, tratando de comprender. Pero no tenía sentido.

"¿Por qué?" dijo Judy a sí misma. "¿Por qué? No, tiene que ser un error. Ella no es criminal."

"Supongo que nunca conoces del todo a alguien," dijo la voz de su vecino Bucky.

"Excepto ingenuos como tú," dijo Pronk, el otro vecino.

Hey cállate!"

Tú cállate!"

Tú cállate!"

Tú cállate!"