Capítulo 3: Judy y Nick investigan los hechos

Judy corrió a través del hall de entrada, pasando por el escritorio de Garraza.

"Buenos días, Hopps, ¿cuál es la... prisa?" dijo Garraza.

Ella saltó los escalones de cuatro en cuatro dirigiéndose rauda a la oficina del jefe.

"¡Jefe!" dijo Judy, llamando a la puerta. "¡Jefe Bogo! ¡Necesito hablarle!"

"Más despacio, Hopps," dijo una voz ronca detrás de ella. "Vas a dejar tu piel atrás si no desaceleras."

Judy se dio vuelta y vio al Jefe Bogo, con una taza de café en una pezuña y una carpeta de informes bajo el brazo. Bogo abrió la puerta de su oficina y Judy entró detrás de él.

"¡Jefe! Necesito permiso para ir a mi ciudad natal," dijo Judy. "¡Surgió algo!"

"Creo haber dicho 'despacio'," dijo Bogo mientras se sentaba en su escritorio. "Está bien... empieza desde el principio."

"Jefe... una de mis vecinas... que he conocido desde que era pequeña... todo el mundo la conoce desde hace años... acaba de cometer robo a mano armada en un banco," dijo Judy. "Pero nadie cree que lo hizo. Pero la cámara de vigilancia la filmó. Y necesito hablar con el alguacil en Bunny Burrow... tengo que ir y ver por mí misma."

"No hace falta que te diga que está fuera de nuestra jurisdicción, Hopps."

"Por favor, Jefe. Tengo que ir a hablar con el Alguacil Pastor."

"Y yo te necesito aquí y ahora, donde perteneces. Deja que la Policía de tu pueblo lo maneje."

"¡Jefe!" dijo Judy, de pie sobre la silla y poniendo sus manos sobre el escritorio. "Esto es importante para mí... solo por esta vez. Tengo que hacer esto. Por favor."

"Hopps," Bogo comenzó. "Si le concediera autorización a todos los oficiales para ausentarse en cualquier momento..."

"¡Por favor!"

El jefe se quedó en silencio. Él y Judy quedaron mirándose el uno al otro por un tiempo. Él sabía que las intenciones de Judy eran buenas. También sabía que ella probablemente tenía razón.

Bogo dejó escapar un largo suspiro.

"Bien."

Hubo una larga pausa. Entonces Bogo habló de nuevo.

"Eres la mejor que tengo aquí, Hopps," dijo Bogo. "Permíteme hacer algunas llamadas telefónicas. Te dejaré saber tan pronto como tenga una respuesta."

"Gracias, Jefe," dijo Judy.

"Puedes irte."

Judy se bajó de la silla y se dirigió a la puerta.

"Hopps."

Judy se dio la vuelta para ver al jefe. Su expresión era ilegible. No enojado, no irritado... ¿era compasión?

"Se puede conocer a una persona durante toda su vida, y un día esa persona te puede dar una gran sorpresa," dijo Bogo. "Nunca se conoce realmente a nadie al cien por ciento. No vayas a perder la cabeza, ¿de acuerdo? Te necesitamos enterita."

"Sí, señor," dijo Judy, cerrando la puerta detrás de ella.


"¿Y ella no recuerda nada?"

"Nada de nada. Es como que sucedió en su sueño"

Judy y Nick caminaban por la acera de la avenida Mamba, observando las idas y venidas de la gente. Era un miércoles soleado sin una nube en el cielo, un día perfecto para los visitantes de la feria. Judy, sin embargo, tenía la mente nublada. Ella trató de aferrarse a un pensamiento, pero todos ellos parecían desvanecerse como el humo.

"No entiendo. ¿Por qué iba a robar un banco en plena luz del día, lleno de gente que había conocido durante años, y luego llevarlo a su casa y tomarse una siesta como si nada?" dijo Nick.

"Nadie cree que lo hizo, ni siquiera el alguacil," dijo Judy. "Simplemente no tiene sentido. Tengo que ir allí y ver por mí misma."

"Estoy seguro que el Jefe Búfalo Malacara de dará permiso," dijo Nick. "Después de todo, eres tú. La policía más ilustre de Zootopia."

"Si tan sólo pudiera... organizar mis pensamientos," dijo Judy, con la cara llena de frustración. "Rayos... no me puedo concentrar."

"Estás demasiado tensa," dijo Nick.

En ese momento, miró hacia delante y vio un letrero encima de una tienda. Y tuvo una idea.

"Y yo sé lo que le ayudará a calmarte y concentrarte, y tal vez incluso te anime," dijo. "Un buen pastelito de zanahoria en la confitería de La Vaquita Paquita."

"No lo sé, Nick."

"Un rico pastelito de zanahoria, y una taza de café."

"Creo que por esta vez paso, realmente no me siento..."

"Un rico y calentito recién horneado y glaseado pastelito de zanahoria," dijo Nick en voz suave y seductora, "servido en un plato caliente, con una taza de delicioso café aromático recién cebado, con un poco de especias de calabaza en ella, sólo una pizca, y te lo invita este humilde servidor, tu zorrito precioso."

Judy no pudo evitar sonreír.

"Está bien, me has convencido, Señor Tentación," dijo. "Acepto."

Nick abrió la puerta para Judy y una ráfaga de olor dulce de repostería recién horneada les dio la bienvenida. Ella se sintió inmediatamente aliviada.

"¡Buenos días, Paquita!" dijo Nick mientras él y Judy se sentaron en una mesa de su tamaño junto a una de las amplias ventanas. "Pastelito de zanahoria, glaseado, y café con especias de calabaza, para dos."

Paquita, una vaca alegre detrás del mostrador, asintió y se dirigió a la máquina de café para preparar su pedido. Sirvió café y colocó dos pastelitos recién horneados en platos calientes que guardaba en un armario de calentamiento por encima del mostrador.

"Aquí tienen, oficiales," dijo Paquita, llevando su orden en una bandeja. "Disfruten."

"Gracias," dijo Judy.

Nick vertió un poco de jarabe de especias de calabaza en una taza de café, la revolvió y se la dio a Judy.

"Gracias, Nick," dijo Judy en voz baja, poniendo su mano junto a la de Nick. Él dejó su mano sobre la mesa, permitiendo que ella lo acaricie mientras bebía su café.

El aroma del café y su compañía parecieron calmarla. Muy pronto, Judy estaba sonriendo mientras comía su sabroso pastelito.

Nick vertió un poco de jarabe de especias de calabaza en su taza y lo revolvió con la cucharita. El remolino en espiral en su taza parecía seguir y seguir hasta el infinito. Observó el espiral, sintiéndose hipnotizado por la forma y la negrura que parecía un vacío eterno.

¿Hipnotizado? Nick de repente pensó en algo.

"¿Zanahorias?"

"¿Hmm?" dijo Judy.

"Dijiste que fue Nana Bernardina la que robó el banco."

"Ajá," dijo Judy.

"¿La misma Nana Bernardina que vi en el juego de dardos con el niño oveja mientras estabas en el carrusel con tus hermanas?"

"Ah... sí," dijo Judy.

"¿La misma Nana Bernardina que hizo un espectáculo más tarde, bailando como una liebre de marzo en el show de Madame Mística?"

"S-sí," dijo Judy. "La misma. ¿Por qué?"

"Bueno, llámalo conjetura," dijo Nick. "Pero... ¿crees que tal vez... quizás...?"

Nick se detuvo por un momento.

"¿Y si ella no cometió el crimen?"

"Pero Nick... la cámara..."

"Lo sé, pero escucha. ¿Y si ella no cometió el crimen voluntariamente? ¿Y si alguien la obligó a hacerlo? Dice ella que no recuerda nada. Nadie en su ciudad natal cree que ella podría haberlo hecho. Bueno, ¿y si es sonámbula, y alguien le hizo cometer el crimen mientras dormía?"

"¿En sueños?" dijo Judy, mirando dudosa. "¿Pero cómo…?"

"¿Y si fue hipnotizada?"

Ambos se quedaron en silencio. El silencio era tan intenso que podían escuchar una caldera que silbaba en un apartamento al otro lado de la calle.

"Pero... ¿quién podría...?"

"Creo que ambos conocemos a alguien," dijo Nick.

Inmediatamente, una cara vino a la mente de Judy. Una cara en blanco y negro y cargada de maquillaje.

"¿Madame Mística?"

"Suena descabellado, lo sé," dijo Nick. "Pero... ¿y si de alguna manera puso a Nana Bernardina bajo su control?"

"Pero... Madame Mística está en el carnaval aquí. Bunny Burrow está a trescientos cincuenta kilómetros de distancia."

"Como dije, es sólo especulación. Pero puede haber una conexión."

Judy pensó en lo que dijo Nick. Nana Bernardina parecía estar realmente hipnotizada dentro de la carpa de Madame Mística. Judy tenía serias dudas de que Nana Bernardina y Madame Mística tuvieron algún acuerdo previo para que ella actúe como si estuviera en trance. Y la forma en que bailaba...

"Nick, ¿crees que realmente puede hipnotizar a la gente?"

"No estoy descartando esa posibilidad."

"Ella te hizo hacer malabarismo," dijo Judy. "Y no sabes hacer malabarismo, ¿verdad?"

"Podría intentarlo, pero me temo que tendría que pagar por las tazas rotas."

Judy finalmente agarró un pensamiento.

"Nick... tenemos que interrogarla."

"Tenemos que observarla primero," dijo Nick. "Antes de saltar en conclusiones, tenemos que vigilarla. Pero hay que hacerlo con cuidado. En este momento no tenemos nada, y si ella es culpable y sospecha que la estamos investigando, podría huir y entonces nunca sabremos con certeza."

"Observarla," dijo Judy. "Actuar natural y vigilar por si haga algo sospechoso."

Nick vio que ella se sentía mejor. Ahora tenía algo en su mente que podría ser una pista, y podía organizar sus ideas. Un pastelito de zanahoria y un poco de café a veces pueden hacer maravillas.

"¿Les sirvo más café, oficiales?" dijo la amable Paquita mientras se acercaba a su mesa con una jarra de café recién hecho.

"Sí, por favor."


Judy estaba escribiendo un informe en su cubículo esa misma tarde cuando de repente una gran pezuña puso un papel al lado de su teclado.

"Fírmalo, Hopps," dijo la voz del Jefe Bogo. "Tu permiso es mañana. Me las arreglé para dártelo lo más temprano posible."

"¿Mañana?" dijo Judy, tomando la pluma y firmando.

"Sí. Puedes tomar el tren de medianoche y estar en tu ciudad natal temprano mañana," dijo Bogo. "Haz todo lo que tienes que hacer y luego toma el tren de la tarde y volverás mañana alrededor de la medianoche."

"Sí, eso haré."

"He puesto a McCuerno de patrulla en tu lugar," dijo Bogo, tomando el papel firmado. "Quiero que estés aquí bien temprano el viernes, Hopps."

"Sí, señor."

Bogo se fue de vuelta a su oficina. Judy rápidamente envió a su madre un mensaje de texto.

"Estará allí mañana. Debo indagar el caso de Nana Bernardina."


El tren de la medianoche partía en cinco minutos. Los viajeros nocturnos subieron al tren y encontraron sus asientos, abriendo revistas y escuchando música a través de sus auriculares. Judy estaba parada con su bolso frente a Nick en la plataforma, con una expresión de confianza en su rostro.

"Voy a averiguar lo más que pueda," dijo Judy.

"Yo también lo haré," dijo Nick. "Afortunadamente mañana me toca patrullar en la feria y al día siguiente también, así que voy a vigilar a la Mística. Vamos a llegar al fondo de esto, tú y yo."

"Lo haremos," dijo Judy, admirando a su compañero tan apuesto, sintiendo una inmensa gratitud hacia él.

Ella se acercó y tomó su mano en la suya. Se miraron el uno al otro en silencio hasta que el altavoz anunció que el tren estaba listo para partir.

"Bueno, ese es mi llamado," dijo Judy. "Cómo me gustaría que pudieras venir conmigo."

"En la Navidad," dijo Nick.

"Sí, por supuesto," dijo Judy. "Será una ocasión más alegre."

Ella se quedó en silencio. Nick sonrió y abrió los brazos.

"Abrazo a mi conejita astuta."

Judy dejó el bolso en el suelo y lo abrazó, compartiendo su esperanza y calidez en un tierno abrazo.

"Nos vemos el viernes, corazón," dijo Judy.

"Saluda a todos de mi parte," dijo Nick.

"Lo haré," dijo Judy, y con eso, se subió al tren.

Judy se sentó junto a la ventana y quedó mirando a Nick mientras el tren se movía lentamente. En el último instante, él le tiró un beso, y ella correspondió felizmente. El tren salió rápido de la estación y aceleró hacia su ciudad natal.

Cuando Zootopia desapareció detrás de ella en la noche oscura, el teléfono de Judy vibró. Ella recibió un mensaje de texto. Lo leyó y sonrió. Era de Nick, y era una sola línea:

"Admítelo, soy adorable."


"Estoy tan contento de que hayas decidido venir, Judy-Dudy," dijo Stu Hopps mientras conducía su camioneta a la comisaría de Bunny Burrow con Judy a su lado. "Nadie tiene ninguna pista acerca de lo ocurrido."

Judy estaba comiendo un emparedado de lechuga y tomando té. Había llegado una hora antes y sus padres la habían recogido en la estación de tren.

"Tal vez, con tu experiencia, puedas encontrar alguna pista," dijo Stu.

"Eso espero, papá," dijo Judy.

Llegaron a la comisaría, un modesto edificio comandado por un puñado de policías. Las comisarías de los pueblos pequeños rara vez veían ninguna acción. Los pueblos pequeños recordaban crímenes de hace diez años y todavía hablaban de ellos de vez en cuando. Algo como esto insólito en un pueblo tranquilo como Bunny Burrow.

"Bueno, aquí va," dijo Judy y salió de la camioneta y se dirigió a la entrada.

Era casi como una sala de estar con mesas de trabajo dentro de la comisaría. La recepción estaba ocupada por el Viejo Ben, un oficial de policía perro lanudo que había sido policía desde que Judy tenía memoria.

"¡Hola, señorita Hopps!" dijo el Viejo Ben jovialmente. "¡Que honor tener aquí a la estrella de la comarca, la joven Oficial Judy Hopps!"

"¿Cómo está usted, Oficial Ben?" dijo Judy.

"Viéndote a ti, querida, más que bien," dijo el Viejo Ben.

"¿Está el alguacil? Realmente necesito hablar con él," dijo Judy.

"Oh, él está, sí," dijo el Viejo Ben, dando la vuelta su silla hacia la puerta detrás de él. "¡Pastorcito! ¡Judy Hopps está aquí para verte!"

"Dile que entre," dijo la voz del alguacil detrás de la puerta de su oficina.

Judy entró a la oficina del alguacil, que era casi como una galería de fotos, las paredes cubiertas de fotografías de la familia, sus amigos y colegas. Unos trofeos en un armario junto a la ventana, un aguatero, y el escritorio.

"La pequeña Judy," dijo el alguacil, Perruchio Pastor, un perro pastor de mediana edad.

"Buenos días, alguacil," dijo Judy.

"¡Cómo has crecido! Recuerdo cuando jugabas con tus hermanos y hermanas en la granja de tu padre. Y ahora mírate. Eres una joven perfectamente divina. Y una oficial de policía hecha y derecha en la gran ciudad de Zootopia. ¿Quién lo hubiera pensado?"

Judy sonrió y se sentó frente al escritorio del alguacil.

"Siempre es agradable volver a casa y ponerse al día con los viejos amigos," dijo Judy.

"Jaja, no es lo mismo un viejo amigo que un amigo viejo," rió Pastor. "Y no es que yo lo sea, valga la aclaración. Apenas estoy estirando los cincuenta y cinco."

"Está en la flor de la edad, alguacil," dijo Judy sonriendo. "Me hubiera gustado haber venido en circunstancias más alegres."

"Yo también, querida," dijo el alguacil.

Se quedaron en silencio por un momento hasta que Judy volvió a hablar.

"Mi madre me dio la noticia," dijo Judy. "No podía creer cuando lo oí."

"Nadie lo podía creer. Yo fui quién tomó la llamada," dijo el alguacil. "Le dije a la banquera que me lo repitiera tres veces solo para asegurar. Ella dijo que Nana Bernardina había entrado en el banco, con una pistola eléctrica, y la apuntó a la gerente, le dijo que pusieran el dinero en una bolsa y luego lo tomó y se fue en su auto y huyó. Cuando llegamos a su casa para detenerla, la pobre estaba dormida, y ella juró por todos los cielos que nunca se había movido de su cama."

"¿Y tenía el arma y el dinero consigo?" preguntó Judy.

"Esa es la parte más extraña, Judy," dijo el alguacil. "El arma y el dinero no están por ninguna parte. Hemos buscado en la casa, en el patio, y nada. Su auto está vacío. Hemos buscado en todos los rincones a lo largo del camino, y nada. Y ella no nos puede decir nada. Es como si ella realmente estaba dormida todo el tiempo y nunca cometió el crimen."

"Alguacil," dijo Judy. "¿Usted cree que cometió el crimen?"

Pastor suspiró y abrió un cajón de su escritorio.

"No," dijo. "Nadie lo cree. Pero me temo que lo que creemos no nos servirá en la corte. Te lo mostraré."

El alguacil tomó una memoria portátil de su cajón y la enchufó en su ordenador. En un momento, estaban viendo la cinta de vigilancia del banco.

"Allí, ¿ves?" dijo el alguacil. "Justo antes de la hora de cerrar, entra ella."

Efectivamente, la figura inconfundible de Nana Bernardina entró en el banco con algo en su mano. Judy miró más de cerca y vio que era un pollito de peluche, justo como el que Nick había ganado para ella en la feria hace unos días.

"Usó el juguete de peluche para ocultar su arma. A continuación, coloca el juguete sobre el mostrador y revela el arma. Intercambian palabras. Los cajeros vacían sus cajas, ponen el dinero en la bolsa. Ella lo agarra, toma su juguete de peluche y se marcha, y luego la cajera me llama por teléfono, se puede ver allí. "

"Y... ¿qué pasó después de eso?"

"La cinta del estacionamiento," dijo el alguacil, haciendo clic en el botón "siguiente". "Se sube a su auto, y se va."

"Espere... retroceda un poco."

Pastor retrocedió un poco el video.

"¿Hay alguien en el coche con ella?" preguntó Judy.

Miró de cerca y vio que Nana Bernardina colocó el juguete de peluche en el asiento del pasajero y se marchó. Desde ese ángulo, no podía ver si había alguien en el asiento trasero.

"Ahí es donde termina la cinta," dijo Pastor. "Me temo que es demasiado clara. No hay duda de que es ella, y su auto."

"Sin embargo, aún existe la pregunta de si estaba o no sola," dijo Judy. "Alguien pudo haberla forzado a cometer el robo."

"Es una posibilidad, pero como he dicho, ella no recuerda nada," dijo Pastor.

"Tal vez puedo hacer que se acuerde," dijo Judy.

Pastor se quedó en silencio. Ambos sabían lo que pensaba el otro.

"Sólo sería un minuto, alguacil," dijo Judy. "Usted sabe, de un policía a otro, un favorcito."

"Lo sé," dijo Pastor, haciendo una pausa y tomando la decisión definitiva. "Bien. Sólo llena este formulario..." dijo, sacando un papel de su escritorio, "...sabes qué, sólo tienes que firmar en la parte inferior, voy a llenarlo yo. Ladríguez te dejará entrar."

"Gracias, alguacil," dijo Judy. "Ah, y... una cosita más. ¿Podría tener una copia de las cintas de seguridad?"

Pastor vaciló.

"Mira, Hopps... si tu departamento fuera a pedir las cintas por razones de investigación, y se presentaran los documentos adecuados, no habría ningún problema."

"Lo sé," dijo Judy. "Pero de un policía a otro, sólo por esta vez. Usted haría cualquier cosa para ayudar a Nana. Sé que lo haría."

Judy dejó casualmente su llavero en el escritorio del alguacil. En él había una unidad de memoria portátil en forma de zanahoria. Pastor entendió.

"Está bien, Judy," dijo. "Solo por esta vez."

Tomó el llavero y enchufó la memoria en su ordenador.

"La audiencia es el 26," dijo Pastor mientras se copiaban los archivos. "Eso es en dos semanas. Si puedes encontrar algo antes de ese día, cualquier cosa que pueda convencer al juez... "

"Voy a llegar al fondo de esto," dijo Judy. "Tiene que haber una pista en alguna parte."

"Esperemos que así sea," dijo Pastor. "Lo último que quiero es ver a mi antigua niñera tras las rejas."


Judy se sentó en la sala de interrogatorios esperando. Era un recinto con una mesa y sillas y nada más. La puerta del recinto se abrió y entró el Oficial Ladríguez escoltando a Nana Bernardina.

"Diez minutos... más o menos," dijo Ladríguez con una mirada triste en su rostro. Nana Bernardina había sido su niñera cuando él era un cachorro. Le dolía verla esposada.

"Bien... um, Ladríguez... las esposas... ella no las necesita aquí," dijo Judy.

Ladríguez vaciló, pero finalmente cedió. Le quitó las esposas a Nana Bernardina y tiró de la silla para que ella se sentara.

"Voy a estar afuera... si me necesitas," dijo, saliendo de la habitación y cerrando la puerta.

Una vez que la puerta estaba cerrada, Nana Bernardina se puso a llorar. Judy se puso de pie en la silla y se inclinó sobre la mesa para sostener la mano de la vieja nana.

"Está bien, Nana," dijo Judy. "Sabemos que no lo hizo. Sé que no lo hizo. Y voy a ayudar a averiguar quién es el responsable."

La vieja nana se secó las lágrimas con la manga. Se sintió un poco más confortada por las palabras de Judy.

"Ahora, necesito que me digas, ¿qué pasó ese día?" dijo Judy. "Poco a poco, no deje nada fuera."

"Yo... me fui a llevar a Ovelar a su casa," dijo Nana Bernardina. "Sus padres me dieron las gracias, me pagaron, y me fui a mi casa. Cuando llegué allí, me di cuenta de que Ovelar había dejado su pollito de peluche sobre la mesa en mi casa. Estaba bastante cansada, así que decidí tomar una siesta y después volver para devolverle su pollito. Me fui a la cama, puse algo de música suave en el tocadiscos... y me quedé dormida."

Judy asintió mientras escuchaba atentamente.

"Y... y lo siguiente que supe, el alguacil y sus ayudantes estaban en mi casa, apresándome por robar el banco."

"Pero tú nunca te moviste de tu cama," dijo Judy.

"No, yo duermo como un tronco, todo el mundo sabe eso. Puede pasar un ejército al lado de mi cama y ni me enteraría. Y le expliqué al alguacil todo lo que te estoy diciendo, pero luego me mostraron la cinta. Y yo... yo no lo podía creer mis ojos."

Judy recordó algo que había dicho Nick.

"Nana," dijo Judy. "¿Usted soñó algo?"

"No, no recuerdo ningún sueño."

"¿Alguna vez se fue a dormir y despertó en un lugar diferente? ¿Cómo sonámbula? "

"Nunca he caminado en sueños."

"Pero tal vez... bueno, estaba pensando en devolverle a Ovelar su peluche, ¿verdad? En la cinta de vigilancia, usted tenía el peluche consigo. Tal vez estaba soñando con el peluche, y tal vez usted soñaba con algún juego de cuando eras pequeña... policías y ladrones, o algo así, y se mezcló en su sueño... y caminó en sueños... "

Judy estaba divagando, tratando de encontrarle algún sentido.

"Pero entonces, ¿de dónde saqué la pistola eléctrica?" preguntó Nana. "No poseo ningún arma."

"Oh... lo olvidaba," dijo Judy.

Nana no poseía armas. De hecho, Judy estaba segura de poder contar con una mano la cantidad de personas que poseían algún tipo de arma en Bunny Burrow. Para ella era una clara señal de que Nana no había cometido el crimen. Alguien tenía que haberle dado el arma, y luego escapado junto con el dinero. ¿Pero quién?

Se sentía como en un callejón sin salida.

"Judy," dijo Nana, de repente recordando algo. "Yo... creo que hay algo que no le dijo al alguacil. El dinero y la pistola eléctrica en la cinta, no están por ninguna parte... "

"Me lo dijo Pastor," dijo Judy.

"Y tampoco pollito de peluche."

Judy se quedó en silencio durante un tiempo.

""El juguete de peluche no está?"

"Estaba en la mesa en mi casa la última vez que lo vi. Pero no estaba allí cuando llegaron los policías."

"Estaba en su auto, en la grabación... pero no se fue a devolver el peluche a Ovelar después de huir del banco, ¿verdad?"

"No, ellos se habrían dado cuenta."

"Entonces, espera... en la cinta, usted entra al banco con el peluche de pollito, lo pone sobre el mostrador, luego lo lleva en su coche... y de repente el dinero, la pistola eléctrica y el peluche, ¿todos desaparecen?"

No sabían a qué conclusión llegar.

"Nana, por favor, concéntrese. ¿Alguien de fuera de Bunny Burrow habló con usted recientemente?"

"No."

"¿Nadie? Como un forastero o alguien de fuera del pueblo, como... ¿en la feria del condado?"

"No... espera... sí."

Nana Bernardina de repente recordó.

"Sí, había una señora con un montón de maquillaje. Creo que era una adivina o un algo."

"Madame Mística."

"Sí, esa es. Y el propietario del juego de dardos donde Ovelar ganó el juguete de peluche."

"El Viejo Todd."

"Sí, eso es. Pero... ¿tiene eso algo que ver?"

"Podría," dijo Judy. "Escuche, Nana, ¿se puede guardar un secreto?"

"Por supuesto, cariño."

"Bueno. Mi compañero y yo tenemos una corazonada, y eso es todo lo que es por ahora, un presentimiento. Pensamos que usted podría haber sido puesta en un trance. Hipnotizada. Y el que hizo esto a usted la obligó a robar el banco."

"¿Hipnotizada?"

"Sí. Sé que suena descabellado, pero si se piensa en las circunstancias, bueno... es una posibilidad ".

"Hipnotizada. Pero... ¿por quién?"

En ese momento, la puerta se abrió y entró Ladríguez.

"Lo siento, Hopps, eso es todo por ahora," dijo con tristeza.

"Está bien," dijo Judy, luego se volvió hacia Nana Bernardina. "No se preocupe, Nana. Vamos a resolver este caso. Lo prometo."

Nana Bernardina sonrió por primera vez en días.

"Sé que vas a llegar al fondo de esto, cariño," dijo mientras Judy salió de la habitación. "Saluda a tu compañero de mi parte."


Mientras esto ocurría, Nick estaba vigilando la feria. Pasó por delante de la carpa de Madame Mística y le dijo hola, y luego con cautela la observaba desde lejos. Una vez que ella tenía suficiente público, entró a su tienda para llevar a cabo su rutina. Nick se acercó y se asomó desde el exterior.

Todo iba como de costumbre. Nada extraño.

Había una pequeña audiencia, en su mayoría niños y un lobo de aspecto académico dentro de la tienda. Madame Mística hizo su truco hipnótico sobre el lobo y le hizo hacer cosas tontas para que los niños se rieran.

Entonces Nick lo sintió de nuevo. Un zumbido en los oídos, como un silbido lejano. La última vez que lo sintió fue después de salir de la tienda de Madame Mística por primera vez. Después de que él había hecho el acto de malabarismo.

El acto terminó y Nick se alejó con cautela y actuó natural. Nadie notó nada fuera de lo común, todos los niños charlaban alegres mientras salían de la tienda.

Pero los oídos de Nick seguían zumbando.

"¡Oficial Wilde!" dijo una voz no muy lejos.

Nick volvió la cabeza y vio a un grupo de caras conocidas. Era la familia Nutriales.

"¡Buenos días!" dijo Nick con un saludo cordial. "¿Disfrutando de la feria?"

"Sí, y mucho," dijo la Señora Nutriales.

"Buenos días, Oficial Wilde," dijeron los niños Nutriales.

"¿Qué tal, chicos? A divertirse mucho, ¿eh?"

"¡Saluda a la Oficial Hopps de nuestra parte!" dijo el Señor Emmitt Nutriales.

"¡Lo haré!" dijo Nick.

Los Nutriales se despidieron y Nick les correspondió, viendo con alegría como la familia feliz se divertía.

Fue entonces cuando Nick se dio cuenta de que sus oídos ya no estaban zumbando. Y también notó algo más. Estaba al lado de una tienda con un pequeño agujero circular en un costado. Y una voz alegre podía escucharse dentro de la tienda.

"¡Un paso al frente, amigos! ¡Todo el mundo es un ganador en la Galería de Juegos del Viejo Todd!"

"Vaya, vaya," dijo Nick a sí mismo. "Miren quién apareció."

Nick miró a través del agujero en la tienda y vio exactamente lo que había visto en la feria de Bunny Burrow. El Viejo Todd el jabalí estaba en su puesto de dardos como de costumbre, y su pata movía una manija de vez en cuando para encender un electroimán detrás de los blancos. Y los ganadores se llevaban el pollito de peluche.

"Y todavía no puedo imaginar por qué haría trampa para hacer que los clientes ganen," dijo Nick a sí mismo.

Nick vio más de cerca el electroimán detrás del tablero de dardos y de repente lo vio moverse. Se movió fuera del centro, y el cliente que estaba lanzando dardos se perdió el objetivo por completo.

"O pierdan."

Nick observó el pie del Viejo Todd de cerca y vio que el interruptor debajo del mostrador podía moverse en dos direcciones. Cuando empujaba a la derecha, el cliente ganaba. Cuando empujaba a la izquierda, el imán se trasladaba fuera del centro y el cliente fallaba.

"Esto se pone interesante," pensó Nick. "Así que por eso Judy erró sus disparos. El imán la hizo perder."

Miró de nuevo la tienda de Madame Mística. Estaba haciendo su rutina normal, nada raro.

"Son dos cosas sospechosas en el mismo carnavalito," pensó Nick. "¿Hay alguna conexión? El detective Nicholas Wilde está tras la pista."

Y los oídos de Nick le zumbaban de nuevo.


Judy comió poco durante el día, por lo que su apetito estaba excelente cuando la familia Hopps se sentó a cenar esa tardecita. No había nada como una comida hecha en casa para levantar su ánimo y su llenarla de esperanza y energía después de un largo día. Había pasado el día yendo y viniendo entre el banco y la casa de Nana Bernardina, tratando de encontrar algo sospechoso, cualquier pista que pueda conducir al camino correcto. Ella había preguntado a los vecinos si habían visto algo fuera de lo normal. Ellos no vieron nada raro.

"¿Y, cariño?" dijo Bonnie después de que terminaran de cenar, preparando una taza de té caliente para Judy. "¿Encontraste algo?"

"Me temo que aún no," dijo Judy, bebiendo un poco de té. "Pero creo que tengo una idea, que es sólo una idea por ahora, pero podría convertirse en algo."

"Cualquier cosa que podría ayudar sería bienvenida," dijo Stu.

"Nick y yo tenemos una teoría," dijo Judy. "Una que todavía está en curso. Creemos que alguien hizo que Nana Bernardina cometiera el crimen."

"¿Quieres decir que alguien estaba con ella y la obligó a robar el banco?" preguntó Bonnie.

"Más o menos," dijo Judy.

"Pero ella no recuerda nada, ¿no?"

"No, y ahí está el obstáculo," dijo Judy. "Y ahí es donde Nick sugirió que tal vez ella no estaba despierta cuando robó el banco."

"¿Que no estaba despierta?" preguntó Stu. "¿Qué quieres decir?"

"Tal vez estaba sonámbula," dijo Judy. "Y tal vez la persona que estaba con ella utilizó un truco hipnótico para hacerla robar el banco."

Stu y Bonnie se miraron. No parecían muy convencidos.

"Eso explicaría por qué ella no recuerda nada," dijo Stu. "Ella tomó una siesta, se despertó rodeada de policías, sin memoria de nada."

"Pero, ¿hacer todo eso mientras estaba dormida?," preguntó Bonnie. "Un poco tirado de los pelos, ¿no te parece?"

"Cosas más extrañas han sucedido," dijo Judy mientras tomaba un sorbo de té.

Los tres se sentaron en silencio pensando en ello. Este caso era muy raro. Judy sintió que la pieza que faltaba para resolver el rompecabezas estaba en algún lugar entre el dinero que desapareció y si había o no alguien más en el coche con Nana Bernardina ese día.