Diezmo de Sangre


Capítulo 2

Una promesa que cumplir


Año 859, otoño.

Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María.

Eren bajó las escaleras entusiasmado, aquel sábado su padre le había prometido llevarle con él para que viera como desempeñaba su trabajo de médico. No le interesaba en especial aquel oficio, más bien, le gustaba pasar tiempo con Grisha porque normalmente se iba de casa durante varios días.

Su trabajo y su buena reputación le limitaban el tiempo que podía dedicarle a la familia. Por eso, esta vez que debía visitar a un paciente en Shiganshina aprovecharía para ir con él.

Cuando llegó a la cocina se encontró a su madre de brazos cruzados y su desayuno esperaba en la mesa, amenazando con enfriarse. Carla se mantuvo quieta hasta que su hijo tomó asiento y, cuando se echó atrás el pelo recogido en una larga trenza, comenzó a hablar.

-Eren, ¿has hecho la cama?- preguntó sin confiar en él. Era habitual que olvidara hacer algunas de sus tareas en la casa, sobre todo cuando estaba tan ansioso con algo. Sin embargo, se llevó una grata sorpresa cuando él asintió con la cabeza. -¿y qué me dices de preparar la mochila? ¿Tienes el cuarto recogido?

-Sí, mamá- arrastró las palabras dándole a entender que no quería que siguiera preguntándole más. Su madre, en cambio, se acercó hasta él para observarlo atentamente mientras volvía a llevarse una nueva cucharada de cereales a la boca.

-¡Estás mintiendo! Tienes las orejas rojas- le reprochó. Por desgracia, Eren no podía evitar que sus orejas obtuvieran un ligero tono rojizo y que le ardieran cada vez que no decía la verdad. Por culpa de aquello su madre siempre le pillaba. –Ve ahora mismo, no te marcharás sin haber hecho todo.- Carla le señaló con el dedo índice al tiempo que Eren mostraba una expresión de desacuerdo.

En aquel momento Grisha salió de una de las habitaciones con su maletín y su ropa ancha de trabajo. Estaba preparado para marchar. Carla le tendió una bolsa de tela que contenía el almuerzo en su interior, junto a dos piezas de fruta. Grisha le dio un abrazo y después le acarició la cabeza a Eren.

-¿Estás listo?- preguntó observando cómo su cara irradiaba alegría y sus ojos verdes brillaban con intensidad. Asintió rápidamente poniéndose una chaqueta fina sobre su camiseta granate y colocándose su propia mochila.

-¿A dónde crees que vas, jovencito? Ya sabes qué es lo que tienes que hacer antes de irte- volvió a advertirle Carla amenazante. Eren se zafó de su mano y corrió hasta la puerta.

-Cuando volvamos te prometo que lo haré- gritó cerrando la puerta tras él. Carla soltó un profundo suspiro. Eren no tenía remedio, siempre acababa saliéndose con la suya.


Grisha le dio algunos detalles acerca de la paciente a la que visitarían. Según le había contado, era una mujer embarazada que no tardaría mucho en dar a luz. La revisaba de vez en cuando para asegurarse que todo el proceso evolucionaba adecuadamente.

Cuando llegaron, la mujer bajita y regordeta los recibió con una grata sonrisa. Eren observó con curiosidad su enorme vientre, era la segunda vez que veía a una mujer embarazada y aún seguía sorprendiéndose. La mujer le indicó que podía tocar la tripa y así lo hizo, aunque no notó nada en especial.

-Él es mi hijo, Eren.

-¿Así que te llamas Eren? Qué joven tan encantador. –después de intercambiar unas cuantas palabras la mujer se acomodó en una cama mientras Grisha le hacía varias pruebas y preguntas sobre sus últimas semanas.

Eren esperó y observó todo atentamente, también escuchó algunas de las conversaciones entre aquella mujer y su padre pero la mayoría de las cosas no eran de su interés y acababa aburriéndose al cabo de un rato. Quizás aquello no fuera exactamente lo que él esperaba al poder pasar más tiempo con su padre. Pero había algo que nunca fallaba cuando volvían a casa después de acabar con la faena.

-Qué, ¿te apetece ir?- preguntó Grisha manteniendo la vista al frente y dando por hecho que Eren le contestaría con un "sí".

-Pues claro.

Al de un rato, cuando el sol comenzaba a ocultarse lentamente, llegaron al bar en el que siempre descansaban para tomarse algo. Allí trabajaba un buen amigo de su padre: Hannes.

-Vaya, vaya, vosotros por aquí. ¡Cuánto tiempo!- les saludó al otro lado de la barra con una enorme sonrisa. Aunque normalmente era a aquellas horas cuando más gente se concentraba en el establecimiento, la noche estaba realmente tranquila.

-Qué alegría volver a verte, Hannes. ¿Qué tal va el negocio?- preguntó Grisha tomando asiento en una de las mesas de madera desgastada, era la más cercana a la barra. Eren, lo imitó y tomó asiento frente a él.

-Bastante bien, aunque ahora que llega el invierno tendré que apañármelas para ir tirando.- contestó sin perder el optimismo. –¡cómo has crecido, Eren!.

Eren lo miró a la cara con una leve sonrisa. Hannes seguía tan amable como de costumbre. Le trajo el zumo de uvas que tomaba cuando iban allí y que tanto le encantaba. Por otro lado, su padre se decantó por uno de los fuertes licores de la casa.

Estuvieron allí cerca de una hora tomando todo con tranquilidad y charlando de forma amena hasta que finalmente se pusieron de acuerdo en que era hora de dejar el lugar y volver a casa con Carla.

-Bueno, querido amigo, nosotros marchamos ya- se despidió de Hannes. Él volvió a lanzarles una enorme sonrisa y les pidió que volvieran pronto.

No muy lejos del bar, sin siquiera haber andado veinte metros, Grisha se detuvo ocultando a Eren tras de sí. El pequeño de catorce años se quejó sin entender qué era lo que sucedía, su padre estaba actuando raro. Entonces fue cuando decidió prestar atención a los ruidos que escuchaba a su alrededor. Parecía una pelea bastante subida de tono.

Su padre se dio la vuelta tratando de ocultar su nerviosismo para evitar que Eren se asustara y le susurró unas cuantas palabras.

-Eren, escúchame bien. Tienes que ir a donde Hannes y pedirle que avise a La Legión de Reconocimiento. De prisa.- él negó con la cabeza sin entenderlo. Lo último que quería era dejar atrás a su padre. Si ellos también estaban en peligro por encontrarse en plena calle, entonces quería que su padre lo acompañara hasta el bar.

-¡No! ¡Ven conmigo!- gritó negando continuamente con la cabeza y agarrando con fuerza la manga de su largo abrigo. -¡No quiero que te quedes aquí!

-¡Eren, haz lo que te digo!- gritó de nuevo. Nunca antes le había levantado la voz de aquella manera, era raro verlo furioso. Casi le había asustado. Entonces, Eren cerró con fuerza sus manos clavándose las uñas ante la impotencia de no poder convencerlo y corrió con todas sus fuerzas hasta el bar para pedir ayuda. Si se daba prisa la Legión se ocuparía de todo y el presentimiento de que a su padre pudiera ocurrirle algo se esfumaría.

Llegó hasta la barra tropezándose cuando entró en el interior. Hannes se preocupó al verlo tan alterado. En cuanto le explicó todo salieron de inmediato a la calle. Hannes se quedó observando la escena sangrienta, era difícil distinguir a las personas involucradas, además, había varios cuerpos tendidos en el suelo. Por un momento, la idea de ayudar se le pasó por la cabeza pero después la descartó de inmediato, no se veía capaz de solucionar nada involucrándose en la masacre. Cogió a Eren del brazo y tiró de él dirigiéndose al cuartel de la Legión de Reconocimiento.

-¡¿Pero qué haces?! ¡No puedes dejar a mi padre ahí!- gritó totalmente fuera de sus cabales, sus ojos derramaban lágrimas sin parar y se negaba a seguirlo. Eren tiró con todas sus fuerzas para hacerle retroceder pero no lo logró. Hannes tenía mucha más fuerza que él.

-No… nosotros no podemos hacer nada, Eren. Tenemos que avisar a los soldados. Ellos se encargarán.- el joven siguió negándose a ir con él, pero no tenía más opción que arrastrarlo consigo. Aquella pelea se les estaba yendo de las manos y se extendía cada vez más involucrando a gente de los alrededores. Corrían el peligro de salir heridos o algo peor. Además, estaba convencido de que Grisha había mandado a conciencia a su hijo hasta él para que lo avisara y lo sacara de allí.

-¡NOOO!- gritó impotente. Sin embargo, Hannes no atendió a sus ruegos y lo arrastró a toda prisa calles abajo hasta que llegó a la comisaría. Allí, le atendió una joven de pelo corto castaño que entendió de inmediato la gravedad del asunto. Informó rápidamente a sus superiores y estos enseguida mandaron a algunos de sus soldados a la zona del conflicto.

Eren, en un breve descuido en el que Hannes aflojó la mano, tiró con ganas soltándose y corriendo tras los soldados que se dirigían a toda prisa hasta el lugar. Llegó a la par de ellos, seguido de Hannes que no había parado de gritar su nombre durante todo el camino.

El tumulto de gente se había calmado y lo único que encontraron allí fueron algunos cuerpos sin vida. No había ni rastro de las personas que habían causado aquello. Eren se preocupó aún más cuando miró a todos lados y no encontró la figura de su padre. Esquivó hábilmente a los soldados que investigaban la escena con farolillos y que habían comenzado a recoger los cadáveres para identificarlos. Entonces lo vio.

El mundo a su alrededor tal y como lo conocía se volvió negro y oscuro. De repente, se sintió desorientado, como si no perteneciera a aquel lugar. No podía ser cierto lo que veía. Corrió hasta él abrazándolo con fuerza y volviendo a dejar caer numerosas lágrimas que parecían no acabarse nunca. Hannes se limitó a mirar la escena triste y culpable por no haber podido hacer nada para ayudarlo.

-¡Papá! ¡Te pondrás bien, yo te curaré, te he visto hacerlo un montón de veces! ¡Ya lo verás!- insistió a pesar de que en el fondo sabía que aquello no era posible, no volvería a la vida jamás. Pero… ¿por qué lo habían matado a él? ¿Había sido por involucrarse en la pelea?

Una mano se apoyó en su hombro con fuerza indicándole que debía levantarse. Él la apartó con brusquedad pensando que sería Hannes. Entonces, alzó un momento la vista encontrándose con unos ojos negros intensos y serios. Era el capitán de La Legión de Reconocimiento: Levi Rivaille.

-Llorar no te servirá de nada.- le dijo, Eren no notó ninguna intención de reconfortarle o darle apoyo. Más bien, parecía tener otra cosa en mente, aunque tampoco le estaba haciendo demasiado caso. –por mucho que te culpes no podías hacer nada para impedirlo. Tú también habrías muerto.

Entonces lo comprendió. Era débil, un crío de catorce años impulsivo que no pensaba las cosas dos veces antes de hacerlas. Si hubiera sido fuerte, quizás todo habría acabado de otra forma.

-Lo has comprendido ¿verdad?- Eren volvió a mirarle directamente a los ojos aún derramando algunas lágrimas. Entonces, Levi se dio la vuelta e hizo unas cuantas señales a otros soldados para que terminaran de recoger los cuerpos que faltaban.

-Sí, me haré más fuerte. Ya lo verás, papá. Te lo prometo.- su promesa fue arropada por las alas de la libertad que ondeaban en las capas verdes de los soldados. Esperando, algún día, poder cumplirse.


Año 865, primavera.

Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María.

Dentro del cuartel de la Legión de Reconocimiento, en una de sus salas se celebraba algo muy especial: aquel día, daban por finalizado el entrenamiento de los nuevos reclutas. Lo que significaba que a partir de entonces comenzarían a trabajar al igual que el resto de soldados.

Un joven con la cabeza rapada y enormes ojos marrones, que resaltaban fácilmente, se sentó junto a Eren en la primera fila. Había llegado más de media hora tarde en su último día de clases.

-¿Qué me he perdido?- preguntó tratando de pasar desapercibido ante su instructora. Hange, hablaba emocionada sobre algunos de los últimos casos que habían resuelto y no dudaba en explicar con pelos y señales el estado en el que se encontraron los cuerpos de las víctimas. Estaba tan absorta que no se dio cuenta de la llegada de Connie.

-Si te hubieras levantado a tiempo lo sabrías- le susurró Eren sin mirarlo directamente. Durante el curso solo había llegado a tiempo en dos ocasiones, y había sido a causa de un error con el horario. Connie le dio un codazo suave a modo de protesta, y Eren no tuvo más remedio que contestarle después de suspirar. –no, no hemos hecho nada. Además es la última clase, ni siquiera cuenta la asistencia.

-¿En serio? ¿Por qué no me lo habías dicho antes?- soltó indignado. Si se hubiera enterado a tiempo no habría hecho el esfuerzo de ir hasta allí. –Bueno, supongo que al menos nos darán algún tipo de certificado o algo que nos identifique como soldados de la Legión.

-No creo- Ymir le dio un puñetazo a Connie en la cabeza, provocando que a causa de la fuerza empleada se diera con la cara en el pupitre. Se recompuso de inmediato y después, suspiró aliviado al ver que Hange seguía con sus explicaciones.

-¿¡Pero qué haces!?- preguntó enfadado girando medio cuerpo para mirar directamente a Ymir a los ojos. Llevaba, al igual que siempre, su pelo negro recogido en una coleta baja y las diversas pecas bajo sus ojos destacaban más que nunca.

-Estás molestando a Christa. Por tu culpa no puede atender a la instructora- soltó impasible apoyándose sobre su codo. Todos conocían ya el trato especial que le daba a la joven rubia sentada junto a ella. Había demostrado sentir un cariño muy especial y no dudaba en encarar a quien tratara de dañarla o molestarla de alguna manera.

Christa se movió algo nerviosa en su asiento tratando de pedirle disculpas. Al final, Connie se volteó y lo dejó pasar. La joven de pelo rubio y ojos extensos como el océano era capaz de hacerle olvidar su irritación en segundos.

Entonces, cuando la clase ya hacía un buen rato que debía haber terminado, uno de los soldados más reconocidos tanto en el cuartel como en los distritos se introdujo en la sala seguido de soldados que llevaban un carro lleno de ropa.

El capitán se paró junto a Hange indicándole que diera por terminada la última clase. Entonces, se colocó ante la mesa con mirada seria y agresiva. Era bastante bajito y delgado, su pelo negro lo llevaba peinado con una raya al medio y con la parte inferior rapada.

-Bien. Tal y como habéis aprendido estos tres años, a partir de hoy pasaréis a formar parte de la Legión de Reconocimiento y dejaréis de ser reclutas. Lo que significa que no estaréis siempre acompañados de un supervisor en vuestras tareas. –paró un momento para observar tranquilamente a todos los presentes en la sala, como si los juzgara. –espero que os lo toméis en serio y que no seáis unos incompetentes. Dicho esto, se os repartirá a cada uno vuestro uniforme de servicio y una placa que debéis llevar puesta en vuestras misiones, ¿de acuerdo?- todos asintieron con firmeza. La verdad es que el capitán Levi intimidaba a más de uno y se había ganado ese tipo de fama entre los reclutas.

Los soldados comenzaron a repartir mesa por mesa las capas verdes gruesas y ligeras, con unas alas dibujadas en medio. También les dieron una pequeña placa con el mismo símbolo.

-Ah, antes de irme. Os informo de que mañana mismo se os asignará una tarea. –dicho esto, salió por la puerta seguido de Hange mientras los dos soldados acababan de repartir las capas restantes.


Carla recogía los platos y vasos limpios cuando Eren entró en casa y se dirigió a ella para darle un abrazo. Inmediatamente dejó lo que estaba haciendo para corresponderle.

-¿Qué tal ha ido todo?- preguntó curiosa. Ya hacía tres años que se había apuntado a la Legión de Reconocimiento. A pesar de que tuviera intenciones de hacerlo mucho antes, aún era demasiado joven y tuvo que esperar a tener dieciséis años, que era la edad mínima para alistarse.

Eren la soltó y se colocó su nueva capa con capucha para lucirla ante ella. Carla lo miró entusiasmada. Sabía que se había esforzado muchísimo para que llegara aquel día. A pesar de que temía que corriera peligro, sabía que Eren se había entrenado mucho y que era más fuerte y capaz que hacía unos años.

-Estas guapísimo. Te sienta estupendamente- él le dio un beso en la mejilla mostrándole una enorme sonrisa. Por fin había logrado cumplir su promesa, la promesa que le hizo a su padre. Ya no tendría de qué preocuparse, y podría proteger a su madre ante cualquier peligro. Además, todavía debía averiguar algunas cosas relacionadas con la muerte de su padre. Con los años la idea lo había obsesionado más y más y se volvía loco al pensar que todo aquello pudiera estar relacionado con la Policía Militar.

-Mañana nos asignarán las nuevas misiones- le comentó mientras dejaba sus cosas y se dirigía a su habitación para empezar a prepararse.

-Vendrás a comer, ¿no?- le rogó su madre preocupada por si no se alimentaba lo suficientemente bien los próximos días.

-Por supuesto, por nada del mundo me perdería una de tus comidas- dijo sonriente desde la otra habitación. Entonces, apareció vestido bastante más elegante. Llevaba un pantalón algo ajustado de color oscuro, una camiseta interior gris y encima otra a forma de chaqueta de color roja y desabrochada. También se colocó su bolso hacia atrás. –Bueno, ¿qué tal estoy?

Carla lo miró contenta, estaba realmente apuesto. Con sus diecinueve años, esperaba que dentro de poco tiempo se interesara por alguna muchacha y formara una familia. Varias veces había intentado que Eren se interesara por Sasha pero ambos evitaban el tema con una facilidad impresionante. –Estás estupendo. ¿Vais a celebrar vuestra graduación?- preguntó casi afirmándolo. Eren asintió con la cabeza, y después de conversar un buen rato, cenar algo con su madre y prometerle que tendría cuidado, salió corriendo por la puerta camino al bar de Hannes.

Se introdujo casi pasando desapercibido. Era de los primeros en llegar y casualmente, no había entablado demasiada amistad con los tres compañeros que se encontraban allí, así que decidió acercarse a la barra para saludar a Hannes.

-¡Eren! qué alegría verte por aquí- dijo él con una gran sonrisa. Los tres años no le habían causado demasiados cambios a excepción de alguna que otra arruga en la cara. El lugar tampoco había cambiado mucho aunque era evidente que parecía más reclamado por la gente. Él mismo lo había podido comprobar en alguna ocasión que pasó por allí durante sus clases de entrenamiento. Además, también era un lugar especialmente frecuentado por soldados y reclutas de la Legión. -¿qué tal estáis Carla y tú?- preguntó tratando de aparentar tranquilad. A pesar de que aún recordaba a la perfección los gritos de dolor de la pobre mujer cuando llevó a Eren a su casa y le dio la noticia. Nunca se había perdonado a sí mismo no haber sido más valiente. Aunque, Eren lo había hecho hacía mucho tiempo.

-Genial, mira esto- apartó uno de los extremos de la chaqueta para mostrarle la placa característica que ya era suya. Hannes se sorprendió muchísimo.

-¡Ah! ¿Entonces, ya eres oficialmente un soldado?- Eren asintió varias veces mostrando una amplia sonrisa y una mirada determinada, muy parecida a la que le dedicó a su padre el día en el que hizo la promesa. –me alegro mucho. Toma, esto para celebrarlo- le sacó un pequeño vaso y lo llenó de uno de sus licores más fuertes. Eren no acostumbraba a beber aquellas cosas, prefería seguir tomando algún que otro zumo o cerveza. Pero no quería que Hannes lo ridiculizara con uno de sus comentarios, así que se lo llevó a la boca y se lo tragó de golpe, al igual que había visto hacerlo muchas veces.

-¡Puaj! ¡Está malísimo!. ¿¡Es que quieres matarme!?- reprochó. Le ardía la garganta y notaba como el líquido se abría camino hasta su estómago. Agradecía haber cenado bien antes de salir, sabía de sobra cuales eran los efectos de tomar alcohol con el estómago vacío. Sobre todo si era tan fuerte. Hannes comenzó a reírse en voz alta y entonces le sacó una de las cervezas que tanto le gustaban.

-¡Venga ya, Eren! No me digas que no eres capaz de aguantar un simple licor- tras él, Connie apareció con claras intenciones de burlarse mientras apoyaba su brazo en el hombro de Eren, acomodándose. –te enseñaré como se bebe. ¡Hannes, ponme el más fuerte que tengas!

Hannes soltó varias risotadas al imaginarse la cara que pondría aquel muchacho. Ya había contemplado anteriormente a otras personas tomar aquella bebida y podía asegurar que todos ellos se arrepintieron de hacerlo.

-Aquí tienes, la famosa "lágrima de hielo" y no la llaman así únicamente por su color azulado- explicó ante el asombro de los chicos. –dicen que cuando la tomas, es tal el ardor que se te congelan las entrañas. Todavía no he conocido a nadie que lo haya tomado sin devolverlo.- Connie tragó saliva tratando de ocultar su nerviosismo. Ya había escuchado hablar antes de aquella bebida pero dudaba que Hannes pudiera tener algo así, debía haber pensado antes sus palabras. Ya no había vuelta atrás. –si logras tomarlo sin problemas te invito yo, pero si no, me pagarás el doble y también lo que ha tomado Eren.

Connie agarró con fuerza el vaso y se lo llevó a los labios. Ambos lo miraban expectantes, algunos clientes que curiosamente habían seguido la conversación también observaban desde sus mesas.

En el mismísimo momento en el que sus labios se bañaron en el líquido azul, Connie escupió la pequeña cantidad que se había introducido en la boca. Hannes se apartó justo a tiempo evitando que lo manchara.

-¡Has batido un nuevo récord!-gritó el dueño del local. -Eres la persona que menos tiempo ha aguantado- Eren comenzó a reírse con ganas al tiempo que Connie sacaba su monedero para pagar la ronda y exigía una copa de vino para quitarse aquel sabor tan desagradable.

-¿Así que así es como se bebe?- se burló Eren de él. Connie le dedicó una mirada furiosa mientras se daba la vuelta para dirigirse a la mesa en la que se habían reunido ya muchos de sus compañeros.

-Déjate de tonterías y vamos con los demás- le dijo de camino a la mesa tomando asiento junto a Christa y otro amigo suyo.

-Toma, devuélveselo a tu amigo, creo que intentar beberse este veneno y deleitarnos a todos con semejante espectáculo ha sido suficiente para él.- arrastró las tres monedas de oro hasta Eren y éste las cogió agradecido. Después se despidió de él para acercarse a la mesa con sus compañeros.

Estuvieron un buen rato charlando sobre sus jugarretas durante aquellos años en los que habían estado juntos hasta que una cara conocida se unió al grupo de dieciséis personas.

-Buenas noches, chicos. No pensaríais empezar sin mí, ¿verdad?- un joven algo más bajito que Eren acababa de entrar por la puerta del bar atrayendo todas las miradas sobre él. Su cabello rubio hasta los hombros era muy conocido por la mayoría de ellos.

-¡Armin!- gritó Eren desde su sitio. Después de saludarle y darle un fuerte abrazo ambos se sentaron juntos y comenzaron a hablar alegremente. –Hacía algunos días que no te veía, ¿has estado muy ocupado?

-La verdad es que si, además, ahora que vosotros os graduáis tendré que preparar mucho más papeleo- concluyó con una enorme sonrisa fingiendo estar cansado. -lo bueno es que nos veremos todos más a menudo.

Eren había conocido a Armin los primeros días que empezó en la academia y desde entonces habían entablado una buena amistad. Confiaban mucho el uno en el otro y congeniaban a la perfección. Armin ya llevaba un año allí cuando Eren ingresó, así que durante todo aquel tiempo de entrenamiento acudió a él varias veces para tratar distintos temas. Aquello les llevó a forjar una de las amistades más fuertes dentro del cuerpo de la Legión de Reconocimiento.

-Seguro que estarás encantado de organizar nuestros quehaceres- le dio una fuerte palmada en la espalda. Armin, en cambio, se hizo rápidamente con una de las diversas bebidas que tenían sobre la bandeja redonda de madera.

-Oye, Armin, ¿es verdad eso de que ella ha estado hoy en tu despacho?- Connie se introdujo en la conversación mostrando una gran curiosidad. Armin estuvo a punto de atragantarse, aunque él mismo creía que debía estar acostumbrado a que le preguntaran sobre ese tema pero normalmente era un asunto bastante delicado y fuera del alcance de simples soldados. Eren lo miró asombrado sin entender a qué se refería. –Creo que tu cara lo dice todo- sonrió contento al obtener una respuesta afirmativa.

-Baja un poco la voz, ¿quieres?- le pidió Armin preocupado. –Sabes que no es asunto tuyo, y aunque fuera verdad que la hubiera visto, no podría darte ningún detalle al respecto.- Connie se apartó mostrando aburrimiento, pero entonces volvió a acercarse formando un triángulo cerrado e intimo con Armin y Eren donde únicamente podían mirarse fijamente a los ojos.

-Está bien, pero tengo una última pregunta- dijo. Armin empezaba a sentir calor ante la posible pregunta que pudiera formularle, debía guardar discreción y actuar con astucia.

-¿Es cierto el rumor que cuentan? Dicen que el capitán Levi está muy interesado- en ese instante la sala se quedó bañada de un silencio tenso cuando el mismísimo capitán entró al establecimiento seguido de dos de sus mejores compañeros y tras echarles una breve mirada se acercó a la barra para pedir algo y conversar con Hannes. Connie se apartó bruscamente asustado, no era que tuviera miedo de aquel hombre pero le daba respeto, así que dejó el tema de inmediato.

-Bueno, disfrutemos de este festín ¿vale? Hoy es nuestra noche, ¡a partir de hoy, somos soldados de la Legión de Reconocimiento!- gritó con fuerza provocando que todos a su alrededor levantaran sus bebidas y brindaran juntos.


Bueno y aquí el segundo capítulo. En este caso he decidido contar un poquito del pasado de Eren. Y también empezamos ya con la historia principal que seguirá a partir de ahora. Me gustaría dedicarle un cachito a muchos personajes. Por eso, aunque a veces os pueda parecer que no tiene importancia en la historia, leedlo que tendrá que ver y ayudarán a comprender algunas cosas.

¿Qué ocurrirá en el próximo capítulo? Tendréis que seguir leyendo para averiguarlo. Eso sí, os pido por favor que seáis pacientes. Todo llegará pero a su debido tiempo. Prefiero contar todo con calma y tranquilidad explicando tranquilamente cada acontecimiento porque queda mucho por venir.

Por cierto, ¿habéis visto la imagen cutre que he puesto? Jajajaja soy la culpable de crear semejante monstruosidad y espero que me perdonéis por ello. Sin embargo, me empeñé en hacerla yo misma en vez de pedirle ayuda a un amigo al que se le da mejor. Creo que en sí, representa a la perfección la historia, seguro que os daréis cuenta poco a poco.

Estoy abierta a todo tipo de propuestas y opiniones así que estaré encantada de leer lo que tengáis que decirme, es más, vuestros comentarios seguramente me ayudaran a escribir más rápido y a publicar antes un nuevo capítulo jajajaja. Muchas gracias a quienes siempre estáis ahí para apoyarme. ¡Un saludo!

Tximeletta.