Capítulo 4: Una noche romántica, y un robo frustrado
El tren de medianoche llegó unos minutos antes de las doce. Nick estaba de pie en el andén de la Estación Central, observando a los pasajeros descendiendo.
De repente, sintió que alguien le abrazaba fuerte de hacia atrás, alguien pequeña y suavecita y cálida.
"¡Hola!" dijo Judy mientras sorprendió a Nick.
"¿Qué? No te vi bajar del tren," dijo Nick.
"Debo estar mejorando, entonces," dijo Judy mientras Nick dio la vuelta y la abrazó con fuerza.
"Coneja astuta," dijo Nick.
"Torpe zorro," respondió Judy, dándole un beso juguetón en la parte inferior de su hocico.
Caminaron de la mano a la escalera mecánica. Había poca gente alrededor, algunos cafés y puestos de refrescos todavía estaban abiertos.
"Vamos, Zanahorias, te compraré algo de beber y cuéntame todo acerca de tu viaje," dijo Nick.
Judy aceptó felizmente.
Mientras esto sucedía, una panda estaba sentada en un banco de una plaza cercana, bebiendo té de un termo, aparentemente esperando a alguien. Ella no tuvo que esperar mucho. Alguien se sentó a su lado, un viejo jabalí canoso que llevaba un sombrero.
"¿Y bien?" dijo la dama panda.
"Funcionó," dijo el jabalí. "Estamos a punto de ganarnos la lotería del siglo."
"Tenemos que hacer esto con cuidado," dijo la panda. "Una cosa es lograrlo en un pueblucho de granjeros palurdos con tres policías en toda la comarca. Esta es una gran ciudad."
"Exactamente," dijo el jabalí. "Va a ser más fácil de ocultarnos."
"Tal vez," dijo la panda.
"Nadie sospechará," dijo el jabalí. "Nos habremos ido en dos semanas, los policías tendrán a los culpables, y caso cerrado. Pif paf."
"Tal vez," dijo la panda. "Pero no hay que descuidarse. Todavía pienso que es demasiado pronto para hacer un golpe grande."
"Vamos, señora M, ¿dónde está tu espíritu de aventura?" dijo el jabalí.
"Sentado al lado de mi espíritu de precaución," dijo la panda.
"Hay que apuntar alto si se quiere llegar lejos," dijo el jabalí.
Ella no dijo nada, simplemente se levantó y se alejó.
"Puedo demostrártelo," dijo el jabalí. "Una prueba. Mañana por la noche. Sólo para mostrarte que nuestro plan es perfecto."
La panda se detuvo. Se dio la vuelta y miró fijamente al jabalí.
"Muy bien," dijo finalmente. "Solo para asegurarnos."
"No te vas a arrepentir," dijo el jabalí.
"Espero que así sea."
Con esas palabras, ambos se alejaron en direcciones opuestas y desaparecieron en la noche.
Judy le contó a Nick todo sobre su viaje y su encuentro con Nana Bernardina mientras estaban sentados en un café cerca de la Estación Central. Cuanto más hablaban de los hechos, menos sentido tenían.
"No lo comprendo," dijo Nick. "Si Nana Bernardina vivió toda su vida en tu pueblo, y todos los demás la conocían, y todo el mundo en un pueblo pequeño sabe todo de todos... ¿Por qué ella iba a robar un banco en su propio pueblo?"
"Exacto," dijo Judy. "Todos en el banco sabían quién era ella. No se molestó en usar una máscara o algo. Y luego vuelve a su casa y se va a la cama como si nada. No tiene sentido."
"Definitivamente suena como si estuviera tomando la culpa por el crimen de otra persona."
"Y lo que apoya nuestra teoría es el dinero desaparecido. ¿Dónde iría?"
Judy le contó sobre el dinero. Los policías habían buscado en todas partes y no lo habían encontrado.
"¿Y ellos registraron la casa?" preguntó Nick.
"Arriba y abajo, por dentro y por fuera, y nada," dijo Judy.
"El dinero tenía que estar en algún sitio, a menos que..."
"…a menos que no fuera para ella," dijo Judy.
"Correcto," dijo Nick. "Y si alguien le estaba dando órdenes..."
"...entonces ese alguien debió haber escapado con el dinero," dijo Judy.
"Sí, pero ¿quién es ese misterioso alguien?"
"Tenía que ser alguien fuera de Bunny Burrow... alguien que estaba allí por un tiempo y luego siguió su camino."
"Alguien como un artista errante," dijo Nick.
"Sí," Dijo Judy. "Y eso encaja perfectamente con la feria del condado."
Se acordaron de Madame Mística.
"La estuve vigilando," dijo Nick. "Ella hace su rutina en cada show. A simple vista, sólo es una artista itinerante regular. No veo cómo pudo haber colocado a Nana Bernardina bajo su hechizo si ella estaba a cientos de kilómetros de distancia. ¿Tal vez la llamó por celular?"
"Nana Bernardina no posee teléfono celular," dijo Judy. "Ella es anticuada y utiliza un teléfono fijo normal."
"Está bien, descartado," dijo Nick. "Sin embargo, ¿tenía un teléfono con ella cuando entró en el banco? Veamos la cinta de vigilancia de nuevo."
Judy había guardado el video de la cámara de vigilancia del banco en su teléfono para que pudiera mostrárselo a Nick. Tomó su teléfono y abrió el video de la cámara del banco.
"Ella no tiene celular cuando entra al banco," dijo Judy. "Tal vez el que estaba en el coche con ella la puso en trance... si había alguien en el coche con ella..."
"Espera... ¿qué es eso?" dijo Nick.
"¿Qué?"
"Rebobínalo un poco, creo que vi algo."
Judy sonrió al escuchar a Nick decir 'rebobinar.' Él era de la época del videocasette.
Judy reinició el video y Nick observó cuidadosamente cada cuadro.
"¡Ahí! Cuando ella entra en el banco... ¿es un juguete de peluche?"
Judy recordó de pronto el pollito de peluche.
"Oh, sí, Nana Bernardina dijo que Ovelar, el cordero que ella estaba cuidando, dejó su pollito de peluche en su casa."
"Es igual al tuyo," dijo Nick, mirando con cuidado.
"Sí, lo es," dijo Judy. "El que ganaste para mí en la feria."
"Del juego de dardos del Viejo Todd," dijo Nick.
Se calló y quedó mirando. Judy se preguntó qué pasaba por su mente.
"¿Se te ocurrió algo?" dijo Judy después de un tiempo.
"Puede ser nada," dijo Nick. "Y puede ser algo. ¿Recuerdas el juego de dardos del Viejo Todd en la feria?"
"Ajá."
"¿Y recuerdas que fallaste tus tiros?"
"Sí."
"Bueno... me olvidé de decirte antes, parecía algo trivial. Pero el juego ese está arreglado."
Nick explicó a Judy todo sobre el imán detrás de los tableros de dardos y cómo Todd accionó un interruptor para hacer que algunos clientes ganan y otros pierden a propósito.
"Pero... ¿por qué manipular el juego para hacer que algunos clientes ganen?"
"Todavía no lo entiendo," dijo Nick. "Pero es sospechoso, ¿verdad?"
Judy asintió, pensando en lo que Nick le había dicho.
"Realmente me gustaría echar un vistazo más de cerca a ese juego de dardos," dijo Judy.
"Y a ese espectáculo de magia," dijo Nick.
"Pero no tenemos suficiente aquí para obtener una orden judicial."
"Todavía no," dijo Nick. "Pero mi instinto me dice que vamos por buen camino."
Miró su reloj y vio que era la 1:00 de la madrugada.
"Vamos, Zanahorias, tienes que dormir un poco. Te acompaño a casa."
La feria estaba repleta de gente el viernes por la tarde. Las filas eran largas, los juegos estaban llenos, las palomitas de maíz y el algodón de azúcar se vendían casi tan rápido como se preparaban y la alegría era palpable.
Nick y Judy caminaron desde lados opuestos y se reunieron en el centro, justo detrás del puesto del Viejo Todd.
"¿Segura que quieres hacer esto, Zanahorias?"
"Segurísima," dijo Judy, mirando a su alrededor. "Sólo un vistazo rápido."
"Está bien," dijo Nick, asomando el ojo por el agujero en la tienda del Viejo Todd. "Tan pronto como se de vuelta... ¡ahora!"
Con el pie, Nick levantó la lona justo lo suficiente para que Judy pueda pasar debajo. Rápidamente, ella desapareció bajo la carpa y Nick se quedó allí, vigilando. Acordaron en que él le daría la señal cuando el show de Madame Mística estaba a punto de comenzar.
Judy se escondió detrás de unas cajas de premios y observó cuidadosamente el juego desde su escondite. El Viejo Todd charlaba alegremente con sus clientes, que lanzaban sus dardos. Ella observó con atención mientras Todd activaba el imán, lo hacía mover a la izquierda, o lo apagaba.
"¿Cuáles clientes ganan y cuáles pierden?" se preguntó Judy mientras observaba de cerca.
Un niño caniche y su padre ganaron, un caballo falló... oveja perdió... lobo ganó... dingo ganó… alce perdió... chica coyote ganó... caribú perdió...
"Creo que estoy empezando a ver un patrón," pensó para sí misma Judy.
"Cielos, de repente se me antoja una rica zanahoria," dijo la voz de Nick desde el otro lado de la tienda. Esa era su señal.
Judy estaba a punto de salir de su escondite, cuando de repente...
"¡Tengo un premio especial para ti, m'hijo!"
¡Todd se dio la vuelta y se dirigió hacia las cajas!
"¡Te ganaste el premio mayor!" dijo a un niño perro salvaje emocionado que había ganado. "¡Un pequeño polluelo de peluche que pía cuando le haces cosquillas en su panza! ¡El gran premio!"
Judy se quedo quieta detrás de las cajas. Nick vio todo por el agujero y actuó inmediatamente.
"Ahora, ¿dónde puse esos polluelos?" Todd buscaba mientras se acercaba al escondite de Judy... unos pocos pies y la descubriría... se acercaba… estaba a un pie de distancia…
"¡Oye! ¡¿Eres tú, Viejo Todd?!" dijo una voz muy fuerte y alegre desde el frente del puesto.
"¿Eh?" dijo Todd, mirando hacia atrás.
¡Era Nick! Había corrido al frente de la tienda y saludó jovialmente al Viejo Todd como si fueran amigos de toda la vida, distrayéndolo.
"¡Usted estaba en la feria del condado de Bunny Burrow! Yo gané un premio para mi chica en su juego, ¿recuerda?"
"¡Oh! ¡Oooh! ¡Hola! Sí, ya te recuerdo… "
El Viejo Todd le dio la espalda a las cajas. Eso le dio la oportunidad a Judy de escabullirse fuera de la tienda. Rápido como un rayo, escapó de la tienda, justo cuando Todd se dio la vuelta de nuevo para buscar el premio en una de las cajas.
"¡Ya voy! Tan pronto como le dé al ganador su premio."
Todd le dio el pollito de peluche al niño perro salvaje.
"¡Guau! ¡Gracias, señor!"
"¡Vuelve cuando quieras, hijo! Todo el mundo es un ganador en lo del Viejo Todd."
A continuación, el jabalí se volvió hacia Nick.
"Eres el caballero que ganó en la feria de Bunny Burrow, con tres dianas perfectas."
"Ese soy yo," dijo Nick.
"Eres… ¿oficial de policía?"
"Sí, llevo diez meses en la fuerza," dijo Nick. "A propósito, ¿te importa si le doy otra jugada a los dardos? Sólo para asegurarme de que no perdí mi toque."
"Por supuesto, Oficial. ¡Esta ronda es gratis!"
"Muchas gracias," dijo Nick, tomando tres dardos.
Judy, detrás de la tienda, se puso de puntillas y observó a través del agujero como se preparó para lanzar sus dardos Nick. Todd en secreto accionó el interruptor hacia la izquierda, haciendo que el imán se aleje del centro. Nick lanzó su primer dardo y se perdió, aterrizando en el tablero al lado del objetivo.
"Hmm... puede que me falte práctica."
"El primer tiro es siempre el de práctica, Oficial. Vamos, muéstrenos su temple."
Nick tiró el segundo un poco fuera del centro, y aterrizó en el segundo anillo fuera del medio. El Viejo Todd quedó sorprendido.
"¿Quién lo diría? ¡Tienes razón!" dijo Nick alegremente. "Esta próxima la clavo al centro."
Nick lanzó su dardo hacia el lado derecho de la diana a propósito. Y como por arte de magia, el dardo se movió hacia el objetivo y golpeó justo en el medio de la diana.
"¡Aha! ¡Ya la tenía!"
"¡Increíble, Oficial!" Todd, pero había un nerviosismo en su voz.
"Bueno, eso fue divertido," dijo Nick, "pero ahora tengo que volver al trabajo. ¡Nos vemos, Viejo Todd! "
"¡Que tenga un buen día, Oficial! Vuelva en cualquier momento, ¡todo el mundo es un ganador aquí!"
Nick se alejó y dio vuelta en la esquina de la tienda de Todd, volviendo junto a Judy.
"Zorro astuto," dijo Judy.
"Eso estuvo cerca," dijo Nick. "¿Damos un paseo?"
"Vale."
Se alejaron de la tienda del Viejo Todd, mirando a su alrededor y saludando a gente conocida.
"¿Notaste algo extraño?" preguntó Nick.
"Bueno, él quería hacerte perder esta vuelta," dijo Judy. "¿Podría ser porque te vio en uniforme?"
"Podría ser," dijo Nick. "Parecía bastante sorprendido."
"Si él está haciendo algo deshonesto, estoy segura de que no quiere que un policía se entere."
"¿Notaste algo acerca de los clientes?"
"Sí," dijo Judy. "Los ganadores... todos ellos eran caninos."
"Tengo otra corazonada, pero tengo que probarla," dijo Nick. "Tan pronto como la Mística inicie su próximo show."
Esperaron el próximo espectáculo de Madame Mística sentados en una cerca, al lado de los puestos de refrigerios. Todo tipo de golosinas estaban disponibles: palomitas de maíz, algodón de azúcar, manzanas confitadas, palitos de helado...
"Sabes, me dan ganas de vender unas Popsipatitas," dijo Nick con una sonrisa pícara.
"Tus días de vendedor de Popsipatitas terminaron, tontuelo," rió Judy, dándole un puñetazo juguetón en el brazo.
"Que pena," dijo Nick, fingiendo nostalgia.
Madame Mística reunió suficiente gente en su audiencia para comenzar su programa. Judy se acercó y entró en la tienda, sentándose en la última fila.
"Y ahora, mis queridos, las maravillas de la magia y el misterio..."
Su espectáculo siguió como de costumbre. Entonces, al final, ella eligió una chica coyote de la audiencia, la misma que Judy había visto en el juego del Viejo Todd. Ella sostenía su polluelo de peluche en sus manos.
"Y ahora, querida, mira de cerca a este reloj..."
La chica coyote parecía entrar en trance profundo y pronto estaba cantando una hermosa canción como si fuera un cantante de ópera durante toda su vida. Luego cantó los últimos éxitos de Gazelle perfectamente mientras bailaba exactamente igual que su estrella favorita.
"Garraza podría hacer eso sin ser hipnotizado," pensó Judy y sonrió para sí misma.
"Ahora, querida, se despertará y escuchará aplausos. ¡Uno, dos y tres!"
La chica coyote abrió los ojos. Parecía confundida. Entonces todo el mundo aplaudió, Judy silbó y se puso de pie en su silla. La chica coyote sonrió y se inclinó para el público. Ella todavía estaba confundida.
Mientras el público salió de la tienda, Judy sintió una mano grande sobre su hombro. Ella se dio la vuelta y vio a Madame Mística, sonriendo con la cara cubierta de maquillaje.
"¡Hola, querida!" dijo la Mística. "Te recuerdo de la feria en las madrigueras."
"¡Sí!" dijo Judy, haciendo uso de su talento como actriz. "Me encantó el espectáculo y tenía que verlo de nuevo."
"Eres bienvenida en cualquier momento, querida," dijo la panda. "Las maravillas de las fuerzas del misterio invitan de todos los rincones."
"Sí, eso mismo," dijo Judy, caminando a la entrada. "Bueno, de vuelta al trabajo."
Mientras caminaba fuera de la tienda, vio a Nick frotándose las orejas y el ceño fruncido.
"Nick, creo que tengo algo... um, ¿estás bien?"
"Me zumban los oídos," dijo Nick. "Me ha pasado dos veces antes, cada vez que estoy cerca de Madame Mística. Vamos, encontremos un lugar tranquilo para hablar."
Judy y Nick se sentaron comparando sus observaciones a la sombra de un árbol en el estacionamiento. Su día casi terminaba y los segundos oficiales de turno estaban llegando poco a poco.
"¿Cómo están tus oídos?" preguntó Judy.
"Están bien ahora," dijo Nick.
"¿Cuándo comenzaste a sentir esto?"
"Justo después de que Madame Mística hizo su abracadabra en mí por primera vez. Desde entonces cada vez que camino alrededor de su tienda siento un zumbido," dijo Nick.
"Eso podría ser una pista," dijo Judy. "Tenemos que tener eso en cuenta."
"Entonces, ¿notaste algo extraño?"
"Ella hipnotizó a esa chica coyote," dijo Judy. "La misma que estaba en el juego del Viejo Todd."
"¿Crees que hay una conexión?" preguntó Nick.
"Los pollitos de peluche," dijo Judy. "Ovelar estaba con Nana Bernardina en la feria de Bunny Burrow, y él ganó un pollito de peluche, y la Mística hipnotizó a Nana... y dos días después se cometió el delito."
"¿Crees que los polluelos son una señal de algún tipo?" preguntó Nick.
"Puede que sí," dijo Judy. "Tenemos que estar atentos por esa chica coyote."
"Y los otros ganadores del juego de Todd," dijo Nick.
Su día laboral había terminado. Nick y Judy se subieron a su coche patrulla y Judy condujo de vuelta hacia la ciudad.
"Bueno, señorita," dijo Nick, su tono suave. "Mañana es el día."
"Sí... lo es," dijo Judy, sintiendo un calor en su pecho.
"Tengo una sorpresa para ti," dijo Nick. "Pero sólo te daré un dato: la tenida es elegante."
"¿Elegante? Mm... oh, señor Wilde, ¿qué estás tramando?"
"Ya lo verás... mañana por la noche."
Eran las 14:00 horas cuando sonó el teléfono de Judy. Ella vio que era Fru Fru.
"¡Hola cariño!" dijo la voz de su amiga. "El Sr. Manchas está fuera, todos estamos esperándote."
"Voy enseguida," dijo Judy con entusiasmo.
Ella bajó las escaleras y salió afuera. Una limusina blanca inmaculada estaba aparcada en frente al Gran Pangominio, y Judy vio un rostro conocido: era el Señor Manchas, el jaguar que ella y Nick habían ayudado a curar del suero de aullador diez meses atrás. Él era el chofer personal de Míster Big.
"Señorita Hopps," dijo el Sr. Manchas con una sonrisa amable, inclinándose y abriendo la puerta para ella.
"¡Entra, cariño!" dijo la voz alegre de Fru Fru y Judy entró a la limusina. "¡Tu viaje belleza comienza ahora! ¿Quieres beber algo?"
"Sí," dijo Judy. "Agua está bien."
Marcel, el oso polar guardaespaldas, sirvió un vaso de agua mineral a Judy mientras el Señor Manchas puso en marcha el coche.
"Gracias," dijo Judy, bebiendo un poco de agua.
"¿Tuviste una semana muy ocupada, Judy?" preguntó Fru Fru mientras se sentaba en el apoyabrazos al lado de su amiga.
"Sí, fue agitada," dijo Judy. "Tuve que ir a mi ciudad natal y volver en el mismo día, setecientos kilómetros en un día. Y tres días de patrulla en la feria. Pero por fin llego el sábado. ¡Estoy tan emocionada!"
"Vamos a divertirnos mucho, Judy. En primer lugar vamos a elegir tu vestido. A continuación, vamos a elegir una fragancia, y luego a la peluquería. Te presentaré a Sasha, que hace maravillas... "
Judy nunca se había divertido tanto en su vida. Las tiendas en la ciudad estaban repletas de todo tipo de cosas lindas y Fru Fru las conocía todas, y todas parecían conocer a Fru Fru y Judy, y eran todas alegres y amables y muy serviciales.
Se encontraron con varias amigas de Fru Fru que estaban encantadas de conocer a Judy Hopps en persona, la heroica oficial coneja que había descifrado el caso de los aulladores hacía diez meses y había salvado a Zootopia del desastre.
Judy se probó vestidos por docena, cada uno más bonito que el anterior. Se decidieron por un hermoso vestido de satén púrpura que brillaba a la luz y se veía absolutamente fabuloso.
"Resalta el color de tus ojos, amor," dijo Fru Fru con deleite mientras admiraba a su amiga en el espejo.
Perfumes, carteras, lencería, joyas, todo tipo de placeres femeninos desfilaron ante los ojos de Judy. Y por todo, Fru Fru pagó. Ella se negó rotundamente cuando Judy tímidamente se ofreció a pagar por un perfume muy caro.
"Es mi regalo, mi cielo," dijo Fru Fru con su rostro lleno de adoración hacia Judy. "Tú has hecho tanto por mí, por mi familia y por nuestra ciudad. Si no fuera por ti, la Pequeña Judy nunca nacería y yo no estaría viva para disfrutar de tu hermosa compañía. Te mereces todo el amor en este mundo, mi vida."
Judy no sabía qué decir. Deseó poder volverse del tamaño de Fru Fru sólo para poder abrazarla con todo su corazón.
Fru Fru se dio cuenta y se acercó al borde de las garras de Marcel, abriendo los brazos. Judy acarició la mejilla de su amiga suavemente con la suya. Fru Fru abrazó la mejilla de Judy lo mejor que pudo.
"Gracias," fue las única palabra que Judy pudo decir con su voz sacudida por la emoción.
Judy estaba nerviosa mientras viajaba en la limusina hecha una muñeca y perfumada como una flor, luciendo su hermoso vestido de noche de satén púrpura. La ciudad parecía diferente esta noche. Las luces eran suaves, el aire estaba quieto... ella sintió que su corazón latía fuerte cuando el Sr. Manchas condujo por un camino profusamente decorado con palmeras y paró la limusina frente a una hermosa entrada.
"Cómo... ¿cómo me veo?" dijo Judy con voz temblorosa.
"Como una princesa yendo a su primer baile, mi amor," dijo Fru Fru.
"Yo... nunca he hecho algo como esto antes..." dijo Judy. "La verdad... nada realmente te prepara para el momento..."
"Oh, cariño, te vas a divertir mucho," dijo Fru Fru alegre. "Tú y tu príncipe encantador van a disfrutar de cada momento. Será la noche más mágica de todas."
"S-sí..." dijo Judy, respirando profundo. "Sí... vamos a disfrutar de nuestra noche."
"Ah, y Judy, sólo una cosa más," dijo Fru Fru. "¿Marcel?"
El oso polar asintió y sacó de su bolsillo una pequeña caja, la abrió y Judy miró con asombro lo que había dentro.
Era un hermoso collar con una piedra preciosa de color púrpura brillante, resplandeciente y radiante a la luz.
"Un pequeño regalo de papá," dijo Fru Fru.
Marcel tomó el collar en sus garras y muy cuidadosamente lo colocó alrededor del cuello de Judy, dejándola espléndida.
"Ahora ya estas lista para brillar, cariño. Manchas nos va a llevar a casa y luego volverá para llevarles a ustedes tortolitos a cualquier lugar que deseen. Es todo suyo."
"Oh, Fru Fru... es tan... has hecho tanto por mí hoy..."
"Fue un placer, querida," dijo Fru Fru. "Ahora ve y conquista a ese apuesto zorro y tengan la mejor noche de su vida."
Judy no tenía palabras para expresar su gratitud. Besó la mejilla de Fru Fru y le dio las gracias. El Sr. Manchas abrió la puerta para ella y le ofreció su mano.
"¡Diviértete, Judy!" dijo Fru Fru mientras Judy salía de la limusina.
Los ojos de Judy inmediatamente vieron un rostro conocido. ¡Pero qué diferencia!
Nicholas Wilde, sonriendo galante mientras se acercaba, vestido con impecable frac, con moño y todo. La tomó de la mano y la besó suavemente, con los ojos fijos en sus ojos asombrados.
"Buenas noches, bella señorita," dijo Nick. "Te ves absolutamente divina."
Judy no tenía palabras. Estaba anonadada. Lo único que podía hacer era admirar a su elegante compañero. Nick le ofreció el brazo y ella lo tomó, caminando con él hacia la entrada del edificio elegante. Letras de oro por encima de la puerta decían 'Maison du Bison'.
Cuando Judy entró al vestíbulo de entrada, del brazo de Nick, no podía creer lo que veía. Los candelabros parecían llover miles de gotitas de luz cristalizada, las alfombras estaban impecables, y los cuadros eran hermosos.
"Oh, Nick," susurró cautivada. "Esto es increíble."
"Buenas noches, señorita. Monsieur," el mayordomo les dio la bienvenida. "Por aquí, por favor."
El mayordomo les condujo hasta el ascensor, en el que el portero abrió la puerta para ellos y les dio una cálida bienvenida. El ascensor estaba decorado con mármol y la pared del fondo era de vidrio. Podían ver toda Zootopia a medida que subían más y más alto. Las luces de la ciudad brillaban en los ojos de Judy mientras miraba el paisaje.
"Nick... cómo... ¿cómo hiciste para...?" su voz se quebró por la emoción mientras ella admiraba la belleza de la ciudad desde el ascensor.
"Para ti, mi querida," dijo Nick en un tono romántico, "lo haría todo de nuevo, desde el comienzo, sabiendo que tú estarías allí para mí."
Sus palabras eran como bálsamo. Judy se inclinó hacia él mientras admiraban el paisaje juntos.
El ascensor se detuvo en el piso superior. El portero abrió la puerta para ellos y se quitó el sombrero cordialmente.
"Buenas noches, Señorita Hopps, Señor Wilde. Por aquí, por favor," dijo el maître, una nutria vestida elegantemente, y les condujo a su mesa.
Las paredes estaban hechas de cristal para que pudieran ver toda la ciudad y más allá. Judy deseó tener seis ojos más para ver todo a su alrededor.
Nick estiró una silla hacia atrás para Judy y ella se sentó elegantemente, admirando la cristalería, escuchando la música suave interpretada por una orquesta en el otro extremo, y admirando todo con alegría en su corazón.
"Nick... nunca imaginé... nunca en mi vida... que yo estaría sentada en un lugar como este."
"Los sueños se hacen realidad, mi cielo," dijo Nick mientras se sentaba, poniendo sus manos sobre la mesa. "Tú me enseñaste eso y desde entonces siempre guardé esa lección en mi corazón."
Judy puso sus manos sobre las de Nick, acariciándolas suavemente.
"Si alguien me hubiera dicho hace un año... nunca lo hubiera creído."
Nick levantó suavemente una de las manos de Judy y la besó suavemente, mirándola a los ojos con su mirada seductora.
"¿Lo crees ahora, amor?"
Judy se sonrojó y sintió que su pecho explotaría de alegría.
"Sí."
Mientras esto ocurría, una furgoneta apareció en frente a la Maison du Bison, y pasó por delante, girando a la izquierda en un callejón entre el salón de belleza y la tienda de antigüedades. Era una furgoneta de color marrón con las palabras "Florería de mi Tía" pintadas al costado.
"¿Todo listo?" preguntó una voz áspera detrás del volante.
"Sí," respondió una voz distorsionada a través de un transmisor de radio. "Tan pronto como todos estén en su posición. ¿Tienes contacto visual con nuestros ayudantes? "
"Sí," dijo la voz ronca del conductor. "Los tres están en posición. Tenemos unos minutos más antes de que el próximo coche patrulla pase. Luego entraremos en acción."
"Sabes qué hacer si las cosas van mal."
"Mantener la calma, conducir lento," dijo la voz del conductor. "No hay manera de que puedan sospechar. Nuestros ayudantes recibirán la culpa, no se acordarán de nada y no van a decir nada."
"Bueno. Tan pronto como los policías ruedan alrededor de la manzana, empezamos."
"Entendido," dijo el conductor, abriendo la guantera y sacando un pollito de peluche. "Cambio y fuera."
La noche fue mágica. Todo estaba delicioso e intrincadamente preparado a la perfección absoluta. La conversación era agradable y Nick era tan guapo y encantador. Judy se sentía en el paraíso por una noche.
"Nuestro mejor vino espumoso, para sus mercedes," dijo el camarero, sirviéndoles dos copas de vino espumoso.
Sus miradas se encontraron por encima de sus copas de vino burbujeante. Judy levantó su copa. Nick hizo lo mismo.
"Por mi querido Nick," dijo.
"Por mi hermosa Judy."
Judy se sonrojó. Nick solo la llamaba por su nombre en ocasiones muy especiales. Y esta ciertamente era una ocasión muy especial.
"Salud."
Sus copas se tocaron, emitiendo un agradable sonido, y Judy saboreó el burbujeante y delicioso sabor frutado del vino.
De pronto, la orquesta comenzó a tocar una melodía hermosa. El violinista dejó escapar los acordes más encantadores, acompañadas de sutiles notas de piano. Todo el mundo se quedó en silencio. Nick se puso de pie y se acercó al lado de Judy.
"Señorita Hopps, ¿me concede el honor de este baile?" dijo galante.
Judy sentía como si estuviera caminando en el aire mientras tomaba la mano de Nick y él la conducía a la pista de baile en el centro del salón. Nick colocó una mano en la cintura de Judy y sostuvo la otra, todo el tiempo mirándola a los ojos. Una voz hermosa comenzó a cantar una canción. Judy vio a una preciosa ratoncita blanca que cantaba con dulzura, acompañada de la orquesta. Su voz era tan tierna y bella que Judy sentía como que los mismos ángeles habían descendido de los cielos para cantarles sus bellas canciones.
Ven amor
La dicha buscaremos
Y a la fe le cantaremos
La canción del amor
Y si no hoy quizás mañana
Con el alba temprana llegará
Tener fe
Cuando hay fe hay esperanza
Y tendremos más confianza
En realizar nuestro amor
Cuando se encuentra el ser querido
Dos cariños se han unido
Eso es amor
La canción era hermosa, las palabras encantadoras, pero aún más encantadora era la mirada de Nick mientras bailaban al ritmo de la canción con elegancia frente a un público embelesado.
"Nick..." Judy con voz ahogada, superada por la emoción. "Esta es la noche más maravillosa de mi vida."
Ella no pudo decir más. Su cabeza se apoyó en el pecho de su querido zorro mientras se mecían, deseando que esta noche pudiera durar para siempre.
Al terminar la música, todo el mundo aplaudió y felicitó a la joven pareja encantadora por su maravillosa danza. Los presentes sintieron que era un buen ejemplo de cómo el amor podía reunir a todos, sin importar qué especie.
Judy y Nick se inclinaron elegantemente ante de la audiencia. Varios rostros conocidos sonrieron felices al ver a los dos tan bellamente decorando la noche con su afecto.
Y fue entonces que Judy vio algo de reojo.
Tres individuos entraron al salón... con ropa de calle. Un caniche, un dingo y una chica coyote.
"¡Buenas noches, todos ustedes!" dijo el caniche en voz alta. Todo el mundo miró sorprendido. "Espero que estén todos pasándola bien. Ahora esta bolsa voy a ir pasándola y todos sus bienes de valor irán en ella... "
Sacó una bolsa de papel marrón de su abrigo.
"Monsieur," dijo el maître, caminando hacia ellos. "No se puede entrar aquí así nada más..."
"¿O qué harás, hijo?" dijo el caniche, sacando una pistola eléctrica.
Algunas voces gritaron. El dingo y la chica coyote sacaron pistolas eléctricas también, apuntando amenazadoramente a las personas.
"Por favor, sin violencia," dijo un joven camarero mapache.
"¡Cállate, granuja!" dijo el caniche, dando una patada al camarero en la barriga.
Judy y Nick se miraban de lado el uno al otro y asintieron. En silencio, se movieron furtivamente en direcciones opuestas, Judy recogiendo un mantel doblado por el camino y Nick recogiendo una botella sin abrir de champán.
"¡Vamos, ricachones! ¡No tengo toda la noche!" gritó el caniche, apuntando su pistola eléctrica en torno a los clientes. "¡Voy a freír a uno de ustedes a la cuenta de diez, si ustedes no cooperan! ¡Uno! ¡Dos! ¡Tres!"
Y de repente, Judy saltó en el aire con el mantel, y lo tiró a la cara de la chica coyote.
"¿Eh?"
La chica coyote quedó sin ver nada, dando la oportunidad a Judy de desarmarla y tropezarla, echándola al piso. La chica coyote cayó al suelo y Judy utilizó rápidamente el mantel para atarla de las muñecas y los tobillos, dejándola inmovilizada.
Mientras esto sucedía, Nick asomó la cabeza desde detrás de una mesa, apuntando la botella de champán al dingo.
"¡Oye!"
El dingo miró y Nick destapó la botella. El corcho salió volando hacia el dingo y acertó justo entre los ojos, derribándolo.
Solo quedaba el caniche. Judy y Nick se enfrentaron a él. Acorralado, el caniche apuntó su pistola eléctrica hacia ellos, sin saber quién sería el primero en atacar.
"¡No se muevan! ¡Atrás! ¡Los voy a cocinar, lo juro!" dijo el caniche.
"Ponga el arma en el suelo y dese vuelta, de rodillas, sus manos sobre la cabeza," dijo Nick, sacando su billetera y mostrando su placa. "Policía. Usted está bajo arresto por intento de asalto a mano armada, agresión física y amenaza verbal."
"¡Te voy a matar, zorro del demonio!" dijo el caniche, apuntando con su pistola eléctrica directamente a Nick y preparándose para disparar.
Pero antes de que pudiera apretar el gatillo, ¡una tabla de quesos pesada de madera voló por los aires y golpeó al caniche al costado de la cabeza! El impacto hizo que el caniche cayera, fuera de combate. Nick miró a su derecha y vio una cara conocida.
"¡Eso es ser veloz, Flash! ¡Te debo una, en serio!"
"Cuaaando…guuustes... Niiick."
Judy dio la vuelta la cabeza y vio la cara sonriente de Flash el perezoso, viejo amigo de Nick.
"Ya pasó el peligro, todos," dijo Judy a los comensales. "Todo está bajo control."
Toda la sala aplaudió. Judy y Nick se miraron el uno al otro y no pudieron evitar sonreír.
En el vestíbulo de entrada de la Maison du Bison, el Jefe Bogo estaba tomando la declaración del dueño del establecimiento. Judy y Nick se sentaron en un sofá de espera. Los tres delincuentes inconscientes fueron llevados a la comisaría.
"Y si no hubiera sido por sus dos valientes oficiales, Monsieur Jefe, nuestros huéspedes habrían sido despojados de sus objetos de valor."
"Gracias, Señor Bison. Deje todo a nuestro cargo."
El Señor Bison se dirigió hacia Nick y Judy. Ellos se pusieron de pie cuando lo vieron venir.
"Mademoiselle Hopps, Monsieur Wilde, no puedo poner en palabras lo agradecidos que estamos por su valentía," dijo, dándoles a ambos dos besos en cada una de sus mejillas. "Estamos en deuda. Ustedes serán bienvenidos aquí cuando lo deseen. ¡Invitados de honor!"
"Sólo cumplimos con nuestro deber, Monsieur Bison," dijo Judy.
"Servir y proteger, eso es lo que hacemos," dijo Nick.
Cuando el Señor Bison se alejó para atender otros asuntos, vino una voz del otro lado del vestíbulo.
"Jefe Bogo," dijo el Oficial McCuerno. "¿Llevamos esto como evidencia?"
Judy y Nick miraron, ¡y vieron un pollito de peluche encima de una de las mesas de café!
"¡Nick, mira!" dijo Judy.
Entonces, de repente, el pollito empezó piar.
"Mete esa cosa en una bolsa, McCuerno, ¡y haz que pare ese molesto chirrido!" dijo Bogo.
"¡De inmediato, Jefe!"
Judy volteó la cabeza hacia Nick para decir algo, pero...
"¡¿Nick?!"
Ella lo vio en el suelo, de rodillas, tapándose los oídos con sus manos, con el rostro torcido de dolor.
"¡Arrrh!"
"Nick, ¿¡estás bien!?"
"Aarrgg... ¡mis oídos!"
McCuerno se llevó el juguete de peluche y salió de la habitación. Nick paró de retorcerse. Judy le ayudó a levantarse y vio que tenía una expresión aturdida en su rostro.
"Nick, ¿te encuentras bien?"
"Yo... no lo sé," dijo Nick, aparentemente confundido. "De repente, mis oídos zumbaban y... oí a alguien... hablar..."
"¡Hopps! ¡Wilde!" llamó Bogo.
"Jefe Bogo," dijo Judy, volviéndose hacia él. "Creo que debería llevar a Nicholas a casa. Ahora."
"¿A casa? Pero ustedes dos... "
"…puede que hayamos bebido algunas copas de más," dijo Judy, esperando sonar convincente.
Bogo abrió la boca para hablar, pero las palabras no salieron. Él suspiró y asintió.
"Bien. Vayan a casa a dormir un poco, ustedes dos," dijo Bogo. "Informe sobre mi escritorio, lunes por la mañana."
Mientras el Sr. Manchas llevaba a Judy y Nick a sus hogares, ellos se sentaron en la limusina, tomados de la mano y hablando de los sucesos.
"¿Recuerdas que en la feria te zumbaban los oídos cuando estabas cerca de la tienda de Madame Mística?"
"Sí, pero ella no estaba esta noche," dijo Nick. "Al menos, nosotros no la vimos por ninguna parte."
"No," dijo Judy. "Pero estoy segura de que quien sea ese hipnotizador, estaba cerca. ¿Viste cómo los tres atracadores estaban inconscientes?"
"Sí," dijo Nick.
"Sin embargo, sólo dos de ellos fueron desmayados," dijo Judy. "Esa chica coyote, la que até con el mantel, estaba despierta cuando lo hacía. Y poco después de que Bogo y el resto llegaran, ella estaba durmiendo como si hubiera sido noqueada."
"Extraño," dijo Nick. "Como si alguien la puso en trance de lejos..."
"Te apuesto lo que quieras a que los atracadores no recordarán nada cuando sean llevados a la sala de interrogación," dijo Judy. "Es como el robo de Bunny Burrow, y creo que es seguro decir que nuestros principales sospechosos son Madame Mística y el Viejo Todd. El zumbido en tus oídos, el pollito de peluche... hay una conexión ahí."
Pensaron en todo lo que sucedió hasta ahora.
"La pregunta es: ¿Cómo vamos a convencer a Bogo de investigar a esos dos?" dijo Nick.
"Cruzaremos ese puente cuando lleguemos a él," dijo Judy.
El Sr. Manchas detuvo la limusina en frente del Gran Pangominio.
Judy y Nick caminaron por el pasillo y se detuvieron frente al apartamento de ella. Una alfombra simpática con motivos de zanahorias les dio la bienvenida delante de la puerta.
"Bueno, esta fue sin duda una noche para recordar," dijo Judy feliz.
Miró a Nick, y se dio cuenta de que él no tenía su expresión habitual. Parecía tristón.
"¿Nick?" dijo Judy. "Cariño, ¿qué te pasa?"
"Oh nada. Es sólo que... bueno, lamento que terminara así nuestra noche especial," dijo Nick.
"¿Estás bromeando? ¡Fue genial!" dijo Judy. "Jiji, cualquier cita en la que detenemos a unos malhechores es más que increíble. Somos imparables, tú y yo."
Él sonrió ligeramente, aunque todavía sentía que podía haber sido mejor.
"Mi cielo," dijo Judy confortantemente, mirándole a los ojos. "Estuvimos juntos tú y yo. No hay mejor manera de estar."
Ella puso sus dos manitas tibias en el pecho de él.
"Me lo pasé de maravilla, Nick, y fue la noche más mágica que he tenido. Y lo haría todo de nuevo, cada momento, mi vida, sabiendo que tú estás allí para mí."
Nick se sintió animado por las palabras de su conejita. Él sonrió y miró a los ojos preciosos de ella.
"¿Recuerdas lo que te dije el otro día?" dijo Judy, sus manos deslizándose hacia arriba hasta los hombros de su zorro.
"Sí," dijo Nick.
"Bueno, tu pequeño trasero estará a salvo conmigo, encanto," dijo Judy. "Fue una noche maravillosa y todo fue hermoso. Así que... te daré algo para hacer de la noche simplemente perfecta."
Y con esas palabras, Judy abrazó a Nick alrededor del cuello y se puso de puntillas, estirándolo hacia ella, acercándose a su rostro. Luego, cerrando los ojos, sonrojada como quinceañera, lo besó apasionadamente.
Nick se sorprendió, pero sólo por un segundo. Él abrazó a su querida conejita con gusto y envolvió su cola alrededor de ella, levantándola en sus brazos y besándola con todo su corazón. Sus labios entrelazados bailaron la sinfonía de su amor. Se acariciaron entre sí mientras se besaban, disfrutando de todas las sensaciones al máximo. Desearon poder detener el tiempo para que este momento dure para siempre.
Después de un largo tiempo, se retiraron de su beso, sus ojos se abrieron y sus miradas se encontraron. Ambos tenían lágrimas de alegría en sus ojos, sus corazones palpitaban fuerte, se sentían calientes y felices.
"Bueno, Señor Wilde," dijo Judy. "Creo que por esta noche debemos descansar."
"Sí," dijo Nick, colocándola suavemente de nuevo en el piso. "Mañana un nuevo día será."
"No puedo esperar a nuestra próxima cita, guapo," arrulló Judy, jugando con el moño de él.
"¿El próximo sábado, entonces?" dijo Nick en el acto.
"Es una definitiva y una mente," dijo Judy alegre.
Nick abrió la puerta para ella. Judy se paró en el umbral por un momento, admirando a su hermoso zorro.
"Te veo en mis sueños, zorrito amoroso," dijo Judy con dulzura.
"Y yo a ti, mi conejita mimosa," dijo Nick con una sonrisa cálida.
Un último beso juguetón, y Nick se marchó por el pasillo, haciendo un bailecito de alegría.
Judy rió feliz. Nick dio la vuelta a la esquina del pasillo y bajó por las escaleras. Judy cerró la puerta de su apartamento.
Se quedó un rato al lado de su cama, mirando por la ventana a Nick mientras él subía a la limusina y el Sr. Manchas lo llevaba a su hogar.
Con una mano en el pecho, Judy le tiró un beso y miró hasta que la limusina desapareció en la noche.
"Dulces sueños, mi vida."
