Diezmo de Sangre
Capítulo 3
Lejos del hogar
Año 859, invierno.
Distrito de Shiganshina, al sur del Muro Maria.
En la zona central del Distrito estaban situadas las familias más prestigiosas del lugar. A pesar de que muchos pueblerinos se preguntaban continuamente la razón de aquello, para ellos ya era algo normal a lo que se habían acostumbrado. Generalmente, las familias ricas preferían llevar una vida tranquila y cómoda tras los muros de Rose, o Sina en el interior. Sin embargo, las pocas que aún preferían conservar sus pertenencias heredadas con los años, permanecían allí.
Armin no podía dejar de estar cada día más y más preocupado. A pesar de su corta edad, había demostrado talento para pensar estratégicamente la opción más adecuada en cada situación. Sin embargo, siempre se había sentido débil físicamente, por eso, prefería pulir aquello en lo que era realmente bueno. Para así, poder ocultar sus debilidades.
Su madre, como cada mañana, lo esperaba en la gran mesa del comedor. Las sirvientas ya habían preparado diversos manjares que apenas disfrutaba. Trataba de dejar de lado la hambruna que se extendía por aquellos tiempos en el pueblo, pero darle vueltas al tema le quitaba el apetito.
-Buenos días, mamá.- se acercó a ella para darle un ligero beso en la mejilla y tomó asiento frente a ella comenzando a beber de su tazón de leche. Debía forzarse y comer algo para no preocuparla.
-Buenos días. ¿Qué tal has dormido?- preguntó con tranquilidad. Armin sabía que tras tomar el desayuno ella también se iría y que no volvería hasta la noche, al igual que su padre.
Ambos estaban demasiado atareados tratando con gente de alta clase y viajando de un lado para otro. Aunque le entusiasmaba cuando podían irse juntos a algún lugar lejos de Shiganshina. Su familia siempre había sido partidaria de permanecer en el distrito, no querían dejarse influenciar por los diversos ataques que habían ocurrido hacía unos meses por allí.
-Bien. Tengo que hacer varias cosas. Discúlpame.- salió del comedor después de haberse metido un croissant en la boca. Subió a su cuarto y recogió del suelo el papel que había estado leyendo por la noche antes de quedarse profundamente dormido. Era una página del periódico, algo que pocos afortunados podían permitirse.
El titular no dejaba de llamarle la atención: "La masacre en Shiganshina". Ya habían pasado unos meses de aquello y no lograba sacar una conclusión clara. Según había leído, La legión de Reconocimieto no pudo llegar a tiempo para detenerla y por mucho que habían investigado no tenían nada en claro, o quizás no querían contar lo que sabían.
Pero dejando eso de lado, lo que realmente le interesaba era averiguar si algo de aquello podía estar relacionado con varios intentos de ataque a algunos nobles muy cercanos a él. Le aterraba pensar que algún día algo pudiera ocurrirle en su propia casa.
Aquellos días su profesor particular se encontraba en un corto viaje a la ciudad interior y volvería con varios libros nuevos que él le había pedido.
Bajó las escaleras y se sentó en uno de los sillones rojos de terciopelo, su abuelo, se encontraba en el sótano arreglando algunas cosas. Ese era su actual pasatiempo. Las horas pasaban y por mucho que mirara no conseguía sacar nada en claro. Llegó al punto de dejar de lado el tratar de averiguar los próximos pasos de aquella banda y en vez de eso trataba de descubrir quienes eran o cómo solían actuar. Si tan solo tuviera unos cuantos datos más… estaba convencido de que la Legión posiblemente guardaría diversos archivos. Sin embargo, no podía acceder a ellos.
Absorto en sus ideas y dejándose llevar por la emoción que implicaba investigar, Armin se agachó instantáneamente tirándose al suelo. Había sido un ruido ensordecedor el que le había llevado a actuar así. Provenía de uno de los laterales de la mansión. Alguien había entrado y era evidente que no tenía buenas intenciones. Entonces, la gran posibilidad de que pudieran ser participantes de la conocida banda, lo alarmó.
Corrió con todas sus fuerzas hasta la salida al jardín desde la cocina y cuando traspasó la puerta se quedó paralizado ante la idea de que su abuelo aún seguía en el interior. Tenía que hacer algo para ayudarlo y sacarlo de allí, sino lo encontrarían. Pero sus piernas no respondían. Parecían estar en desacuerdo con sus pensamientos.
Por mucho que tratara de darse ánimos a sí mismo para impulsarse a volver a entrar, no pudo hacer más que quedarse ahí. Estaba repleto de sudor frío y de pensamientos negativos en los que se maldecía a sí mismo una y otra vez por no poder ser lo suficientemente valiente. Por tener que depender siempre de los demás para seguir adelante. Por mucho que siguiera recordando aquellas palabras que debían darle fuerza, sus deseos no parecían ser suficientemente intensos como para aportarle valor. Siguió así hasta que una fuerte explosión hizo que las ventanas estallaran y saliera disparado por los aires.
Armin cayó al suelo dolorido, tenía varios cortes en el cuerpo pero no les dio importancia. Las lágrimas comenzaron a surcar su rostro al imaginarse el estado en el que debía estar su abuelo. Él lo había dejado morir.
-¿Estás bien?- un hombre con el pelo corto y de color de paja le preguntó revisando con cuidado su cuerpo. Armin, enseguida se dio cuenta de que estaba a salvo al ver las alas de la libertad en su capa verde. Eso significaba que los responsables de todo aquello debían haber huido a aquellas alturas. La casa ardía y las llamas del fuego comenzaban a extenderse con rapidez devorando todo a su paso.
-Mi… mi a-abuelo.- el hombre lo miró preocupado sin comprender del todo lo que quería decirle. -¡mi abuelo sigue dentro! ¡Por favor, ayúdelo!- gritó desesperado agarrando con fuerza la camisa del hombre. Este asintió dando varias órdenes a sus compañeros que acababan de acercarse. Sin embargo, cuando se dispuso a entrar otro hombre más bajito y con mirada agresiva e impasible lo detuvo.
-Es tarde, ya no podemos hacer nada, la explosión ha arrasado con una gran parte de la casa.- asintió rápidamente ante las órdenes de su capitán y se hizo a un lado. Entonces, Armin, sin poder levantar la cabeza repitió una y otra vez aquellas palabras hasta que el capitán se dirigió a él. –tu vivías aquí, ¿no?
Armin trató de vocalizar algo pero no podía evitar tartamudear, aunque el hombre pareció descifrar lo que decía. Tras eso, le preguntó sobre los sujetos pero no pudo serles de gran ayuda ya que ni siquiera había podido verles el rostro.
Unas semanas después, tras el funeral de su abuelo, sus padres tomaron la decisión de instalarse en la ciudad interior del Muro Rose. La muerte de un miembro de la familiar había resultado ser un duro golpe para todos. Armin se encerró en su habitación del albergue durante varios días para reflexionar y tratar de recomponerse. Hasta que la hora de partir a su nuevo y seguro hogar llegó. Con decisión, bajó las escaleras del albergue en el que se habían alojado con su equipaje.
-Armin, cariño. Tu padre y yo sentimos todo lo que has tenido que pasar, pero no tienes de qué preocuparte. Nosotros te protegeremos- le dijo envolviéndolo en un abrazo. A pesar de que todos habían sufrido mucho, debía haber sido duro presenciarlo todo en vivo. Su madre deseaba que él no hubiera tenido que verlo.
-Espera- Armin se separó de golpe de ella y recogió su maleta del suelo con fuerza. –yo… he tomado una decisión.
Estaba nervioso y dudaba que pudiera decir todo lo que tenía en mente de forma correcta, pero sabía que su madre lo comprendería. Al menos eso esperaba.
-¿Qué te ocurre?- insistió preocupada.
-Mamá, estoy cansado de huir. No quiero ir al interior, quiero quedarme aquí y servir de ayuda.- por fin esa señal que había estado esperando desde aquél día había llegado. Era momento de darle paso a su cambio, aquel que tanto anhelaba y para el que se había preparado.
-¿Qué dices, Armin? ¿Cómo pretendes ayudar?- su padre parecía no entender de ninguna manera sus palabras, pero él no se daría por vencido.
-Me quedaré aquí. Tengo la edad necesaria para unirme a la Legión de Reconocimiento y cuando pase el curso de admisión, entonces serviré de ayuda. Les ayudaré a atrapar a esas personas que mataron al abuelo.- ni él mismo podía creerse lo que decía. Estaba renunciando al calor y a la seguridad de un nuevo hogar libre de peligros. Además, los años de entrenamiento no serían fáciles y él tampoco era fuerte físicamente pero estaba dispuesto a intentarlo. Como también estaba dispuesto a facilitar sus conocimientos a la Legión para poder parar los pies a los delincuentes.
Tras un buen rato en el que todos se quedaron en silencio analizando sus palabras, finalmente su padre alzó la mano para acariciar su cabeza y dedicarle una dulce sonrisa. Parecía comprender sus sentimientos. Su madre, sin embargo, hacía esfuerzos por no empezar a llorar y en cuanto lo abrazó con fuerza no pudo aguantar más las ganas. Armin supo que respetarían su decisión y le dejarían hacer lo que les pedía.
Año 865, primavera.
Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María.
Armin dejó a un lado los documentos que había estado revisando hacía unos momentos. Contenían los datos sobre el incidente relacionado con su antiguo hogar, a pesar de que no daban suficiente información sobre los sospechosos, nunca había descartado la posibilidad de encontrarlos algún día. Todo aquello inevitablemente le había hecho recordar su doloroso pasado, aunque a aquellas alturas se había acostumbrado a su nueva vida.
Normalmente visitaba tres o cuatro veces al mes a sus padres y vivía en una pequeña casa cerca del muro María, una de las zonas menos conflictivas y más vigiladas a causa del comercio. Aunque en ocasiones, se quedaba trabajando en su ordenado despacho hasta altas horas de la noche y posteriormente se iba a descansar a una de las salas de la comisaría.
No se quejaba en absoluto de su actual situación. Había aprendido un montón de cosas en aquellos años. El capitán y el comandante, así como los soldados más reconocidos, confiaban plenamente en él. Se había construido su propio lugar allí y mucha de la información más importante pasaba por sus manos antes de llegar a su destino. Además, también había encontrado personas con las que compartir un montón de momentos. Desde la llegada de Eren, se había acercado más al resto de la gente consiguiendo así hacer buenos amigos.
Alcanzó los informes sobre las nuevas misiones que se les asignarían a los reclutas, era su trabajo trazar un plan lo suficientemente astuto y seguro para que no tuvieran que correr riesgos innecesarios. Aquellos primeros trabajos no tenían un grado de dificultad alto, así que no debía preocuparse demasiado por ello. Además, era consciente del As bajo la manga, a pesar de que no compartiera del todo sus acciones.
Cuando hubo empezado a repasar lentamente las diez misiones que aquel mismo día se les asignaría a los recién graduados, llamaron a la puerta de su despacho. Armin miró hacia ella con tranquilidad y le dio permiso a la persona que estaba al otro lado para que pasara.
-Adelante.- dijo alto y claro. Uno de los soldados encargados de la seguridad de la zona de los despachos asomó medio cuerpo algo preocupado.
-Disculpe, señor.- hizo una pausa antes de seguir hablando y tratando de ser lo más breve posible. –una persona que exigía hablar con usted ha tratado de entrar a la fuerza pero no estaba identificada así que no se lo hemos permitido.
Armin asintió con la cabeza indicándole que no se preocupara, no era la primera vez que ocurría algo como aquello. Aunque echaran de allí a quien solicitara hablar con él siempre iban a avisarle por si se trataba de una visita que él mismo esperaba y de la que no había informado. Por lo demás, solo personas pertenecientes al cuartel, sus familiares o individuos identificados con permisos podían entrar allí.
Cuando el soldado volvió a su puesto, Armin sorbió un poco de agua y se acomodó en la silla esperando el momento indicado. Sabía quién era la persona que quería verlo y también era consciente de que esa persona encontraría la forma de introducirse en su despacho de un momento a otro, así que simplemente la esperó.
Tras siete minutos en los que siguió repasando con cuidado los papeles la puerta se abrió dando paso a una figura delgada y bastante alta. Como de costumbre vestía su capa granate oscura y llevaba puesta la capucha para que no la reconocieran. En cuanto cerró la puerta se destapó mostrando su rostro a Armin y tomando asiento mientras lo saludaba brevemente.
-¡Cuánto tiempo! Tenía el presentimiento de que pronto volverías a visitarme y cuando el soldado vino a avisarme supe que estaba en lo cierto.- la persona ante él, como de costumbre, se mantuvo callada pero él no necesitaba que le diera conversación o que le respondiera. Hacía ya tiempo que se había acostumbrado a su forma de ser.
Armin posó durante unos segundos su mirada sobre la figura. Seguía siendo fría y distante como hacía tiempo. En parte, aquello era algo que le apenaba bastante pero se obligaba a sí mismo a dejar los temas demasiado personales a un lado. No conocía la mayor parte de su pasado, pero si su presente y aquello que él le prometió, era por eso que acudía a su despacho.
-Está bien. Como sabrás, hoy empiezan los nuevos reclutas, no son misiones difíciles aunque sí que hay varios delincuentes con antecedentes graves.- Armin le tendió una copia de cada misión. También le explicó por encima la importancia de cada una de ellas y cuándo se llevarían a cabo. En general, ninguna de ellas presentaba un peligro extremo en el que prestar especial atención, pero aún así le dio las copias para que les echara un vistazo por su cuenta. -Puedo avisarte si hay alguna modificación- le ofreció.
La persona ante él se levantó con cuidado y con absoluta soltura tras haber doblado y guardado los papeles en algún bolsillo oculto. Ya había terminado allí.
-Espera- la detuvo del brazo provocando que se diera la vuelta. -¿tienes intención de ir?- preguntó algo nervioso, en realidad, deseaba que no lo hiciera pero no era decisión suya. –Como te he dicho no son delincuentes excesivamente peligrosos, los nuevos reclutas se las apañarán bien. Dales una oportunidad, por favor.- le pidió. Aunque no obtuvo ninguna respuesta por su parte logró que lo escuchara atentamente. Con un poco de suerte quizás le haría caso.
Tras eso, dejo que se fuera tan sigilosamente como había entrado.
Eren y Connie se dirigían a la sala principal en la que por fin sabrían cual era su nuevo trabajo. La celebración del día anterior no les había afectado negativamente, incluso parecía que hubiera ayudado a Connie a llegar puntual. Esperaron junto al resto a que abrieran las puertas para que pudieran entrar y tomar asiento en el lugar.
Cuando vio aparecer a Armin por el pasillo con una gruesa carpeta se alegró enormemente de volver a verlo. Los saludó y prosiguió a darles paso a la sala. Justo entonces, cuando Eren se dispuso a entrar vio a alguien que desencajaba totalmente con todos ellos. Su ropa oscura le permitía esconderse a la perfección en los rincones. Por un momento se alarmó pensando que pudiera ser alguien con malas intenciones.
Por instinto, agarró con fuerza el brazo de Connie tirando de él en dirección a la persona que había visto. No dejaría que escapara sin darle antes una explicación convincente. Connie trató de soltarse nervioso, al no entender aquella reacción repentina de su amigo.
Por mucho que surcaran varios pasillos no lograron ver a nadie y todos aquellos con los que se cruzaban los miraban asombrados y sorprendidos.
-Eren, ¿qué estás haciendo?- le dijo su compañero con un tono de voz más tranquilo. Había dejado de tirar de él para darse por vencido. –la charla va a empezar y como no estemos allí nos la cargaremos. Hasta yo soy consciente de eso.- dijo rascándose la cabeza mientras observaba el rostro de Eren.
-Lo sé, no estoy seguro de lo que he visto. Quizás sean imaginaciones mías.- admitió suspirando.
-¿Qué es lo que has visto? No me digas que hay fantasmas por aquí… aunque he escuchado algunos rumores- se interesó de inmediato.
Eren comenzó a caminar de vuelta a donde estaban para dar por zanjado el tema pero en cuanto le describió brevemente lo que había visto a Connie, se emocionó al instante.
-¿¡Eh!? ¡No puede ser!- abrió la boca de forma exagerada. –¡menuda suerte! Hay muy poca gente que la ha visto. –le contó alucinado y culpándose a sí mismo de no ser tan observador.
-¿De qué hablas? No entiendo nada, Connie- le dijo él confuso. Entonces se le acercó para susurrarle al oído lo que sabía al respecto.
-Eren, no puedo creer que seas tan despistado. Deberías intentar estar más informado sobre estas cosas.- lo culpó, pero acto seguido comenzó a explicar lo poco que sabía. –Por la descripción que has hecho creo que se trata de ella.- Eren volvió a preguntar cada vez más confundido. –eres un caso perdido… veamos… ¿recuerdas lo que le pregunté anoche a Armin?- hizo memoria sobre la extraña conversación que tuvieron en la taberna, aquella conversación de la que apenas se había enterado y después asintió. –verás, se rumorea que esa persona que has visto tiene unas cualidades excepcionales para dar con delincuentes y atraparlos, es por eso que el capitán Levi ha tratado en varias ocasiones que se una a la Legión pero parece ser que es muy escurridiza. En parte, no me sorprende que no estés demasiado informado ya que es un tema del que nadie habla pero pensaba que como eras tan cercano a Armin, quizás él te habría contado algo. Parece ser que es el único que mantiene contacto con esta persona. Eso sí, a espaldas de los soldados, pero a veces hay gente del cuartel que afirma verla por los pasillos, es por eso que aún se rumorea que sigue viniendo de vez en cuando para obtener información.
Eren escuchó atentamente lo que le decía. Parecía ser información incierta pero con aquello podía estar algo más seguro de que no había sido una ilusión. El hecho de que Armin estuviera involucrado con aquella persona le llamaba la atención, y en parte le molestaba que no le hubiera hablado nunca del tema teniendo en cuenta lo cercanos que eran. Tenía intención de hablar con él al respecto cuando lo creyera necesario. Ahora, con aquella breve e incierta información comprendía mejor la conversación que tuvieron en el bar. Pero en aquel momento lo más importante era volver cuanto antes a la sala de reuniones para obtener su primera y nueva misión.
-Sea lo que sea será mejor volver cuanto antes, supongo que no querrás que el capitán Levi aparezca antes que nosotros. Apuesto a que no le haría ninguna gracia que unos reclutas recién graduados llegaran tarde el primer día de reparto.- Connie comenzó a ponerse nervioso al imaginarse la situación.
La mayoría de los nuevos soldados y compañeros de Eren se habían marchado ya. Según habían escuchado, sus misiones y quehaceres no requerían gran esfuerzo, se basaban generalmente en vigilar los puntos más conflictivos, e incluso cubrir o vigilar a ciertas personas con altas posibilidades de ser objetivos. Todos eran conscientes de que había un grupo de personas tras las que la Legión hacía tiempo que andaba y que no lograban capturar. Ellas eran la fuente de la mayoría de delitos cometidos aquellos últimos años. Y eso era algo que debían tener en cuenta en todo momento.
Finalmente, Auruo y Petra los nombraron a Connie y a él como compañeros para la última de las misiones y también la primera que se llevaría a cabo. Utilizaron la pizarra para dibujarles un pequeño mapa a pesar de que en los documentos que les darían también lo tendrían. Connie observó a Eren, parecía emocionado y daba la impresión de que aunque intentara llamar su atención no conseguiría distraerlo ni un segundo.
La misión en general trataba de vigilar a altas horas de la noche un viejo callejón donde se sospechaba que podría haber un intercambio de mercancía. Solo eran sospechas pero debían cumplir con su deber. Eren estaba emocionado de verse envuelto en todo aquello. Por lo que les habían dicho su misión era la que más riesgo tenía pero aún así simplemente se trataba de esperar en las sombras y actuar si algo sucedía.
-Pareces bastante contento- dijo Connie dándole un pequeño codazo en el brazo cuando ya habían acabado de darles todos los detalles. Eren le mostró una mirada firme y confiada, estaba dispuesto a hacer su mejor esfuerzo.
Finalmente el tercer capítulo está completo. No sé qué os habrá parecido pero espero que me lo hagáis saber. En el próximo ya tendremos acción y movimiento. La verdad es que será bastante más movidito ;) y lo tengo casi listo, me falta un pequeño empujoncito para acabarlo. A ver si lo puedo subir pronto.
Pobre Armin, ¿verdad? creo que me estoy dando cuenta de que estos personajes tienen una vida bastante trágica pero es completamente necesario para que se ajuste como de debido a la historia. Pronto sabremos más de todos ellos, estoy intrigada por saber lo que os parece jajajaja
Por si hay dudas o desconcierto, quiero aclarar que en este flashback he contado un poco la vida de Armin y cómo se unió a la legión hasta llegar a donde está en la historia actual. Recordad que se unió tan solo un año antes que Eren, por lo que esta pequeña vuelta al pasado es bastante reciente, de hace unos cuatro años.
¡Espero que sigáis leyendo! Y de verdad que agradezco vuestros comentarios un montón. No os imagináis la fuerza que me dan, me motivan mucho jajajaja. Veo que la duda principal es saber quién es "ella" quizás os hayáis dado cuenta pero parece que la cosa está entre Mikasa y Annie jajajaja ¿quién será? Pronto lo sabréis, de momento os dejo un poco más con la incertidumbre :P
¡Hasta dentro de poco!
Tximeletta.
