Capítulo 5: A Buen Observador, Pocas Palabras

El Jefe Bogo estaba de pie con los brazos cruzados fuera de la ventana de la sala de interrogatorios. Judy y Nick estaban a su lado, escuchando a la sicóloga de la policía, una murciélaga llamada Flor, hablando con la chica coyote que había estado en el robo frustrado de la Maison du Bison.

"Pero te lo digo, nunca he estado en el barrio de clase alta en mi vida," dijo la chica coyote. "No sé cómo llegué allí. De repente yo estaba en un coche patrulla y los policías estaban en todas partes."

"Pero seguramente usted recuerda algo, querida," dijo la sicóloga. "¿Qué es lo último que recuerda?"

"Me lavé los dientes y me fui a la cama," dijo la chica coyote con lágrimas en sus mejillas. "Y eso es lo último que hice antes de que me trajeran aquí."

La chica coyote fue escoltada fuera de la sala. Bogo y la sicóloga hablaron.

"Las mismas circunstancias," dijo ella, posada en el amplio hombro de Bogo, con las alas plegadas. "Esto no tiene sentido, Jefe. Los tres de ellos juran que nunca salieron de su cama. Todos ellos están diciendo la verdad, su ritmo cardíaco no cambió durante el interrogatorio, los escuché todo el tiempo. Sin vacilación, sin sudor, sin manos temblorosas. Ninguno de ellos puede recordar nada."

Bogo dejó escapar un largo suspiro, que normalmente era una señal de que estaba molesto o perplejo por algo.

"Muy bien," dijo Bogo. "Gracias, Doctora Flor. Hopps, Wilde, en mi oficina."


Judy y Nick se sentaron lado a lado en la misma silla y Bogo colocó tres archivos en su escritorio delante de ellos. En los archivos había fotos de los tres caninos que habían intentado el robo en la Maison du Bison.

"Contador público," dijo Bogo, apuntando con su pezuña al caniche. "Estudiante de universidad," apuntó a la coyotecita. "Surfista profesional," terminó con el dingo.

Otro largo suspiro de fastidio y el jefe continuó.

"Ninguno tiene antecedentes, los análisis de sangre limpios como agua bendita, ciudadanos modelo con ningún motivo en absoluto," dijo Bogo. "¡Y ninguno de ellos puede recordar nada de lo que sucedió el sábado por la noche!"

"¿Y las armas?" preguntó Nick.

"Son de fabricación casera. Las partes no coinciden con el fabricante. En mi opinión, las piezas fueron adquiridas de diferentes fuentes y montadas por el autor de los hechos."

Se sentaron en silencio durante un minuto más o menos, procesando los nuevos hechos.

"Es exactamente como el robo de Bunny Burrow," dijo Judy.

"A eso iba, Hopps," dijo Bogo. "Me tomé la libertad de telefonear al alguacil de tu pueblo. Ha accedido a enviarnos copias de las cintas de vigilancia y archivos del caso para investigación. Sea lo que sea que intentaron con éxito en Bunny Burrow, se está extendiendo a Zootopia ahora y más allá si es que no paramos el carro aquí."

Judy y Nick se acordaron de la cinta de vigilancia del banco. Judy pensó en algo.

"Jefe, ¿y el muñeco de peluche?"

"Lo examinaron esta mañana, y nada," dijo Bogo. "Es sólo un peluche común y corriente."

"Un premio que fue regalado por el Viejo Todd en su juego de dardos," dijo Judy.

"Y no se lo dio a cualquiera," dijo Nick. "Él eligió quién ganó y quién perdió."

"¿De qué hablas, Wilde?" dijo Bogo.

Judy y Nick le contaron a Bogo todo lo que habían obtenido hasta ahora. Sobre el imán en el juego del Viejo Todd, sobre Madame Mística y su acto de hipnotizar, sobre los polluelos de peluche y cómo había alguna conexión entre estas cosas.

Bogo escuchó con atención y finalmente habló.

"Todo esto... ¿lo averiguaron ustedes solos?"

"Sí," dijo Judy. "Sólo a partir de la observación y siguiendo las pistas del robo de Bunny Burrow, y el intento de robo en la Maison du Bison."

Bogo se sentó en silencio, mirando de frente al espacio vacío.

"Es algo descabellado," dijo. "Pero cosas más extrañas han sucedido. Si lo que ustedes dicen es verdad... podría conducirnos a algo."

"Si pudiéramos conseguir una orden..."

"Y allí es en donde llegamos a nuestro primer problema, Hopps," dijo Bogo. "Ningún juez en su sano juicio emitiría una orden de allanamiento con lo que tenemos ahora. No es suficiente."

"Pero si no actuamos ahora, podrían escapar," dijo Judy.

"¿Crees que no lo sé?" dijo con aspereza Bogo. Luego suspiró y siguió. "Miren, quiero atrapar al culpable tanto como ustedes, pero hay procedimientos a seguir. Si tuviéramos alguna evidencia sólida que vincule el intento de robo y el atraco del banco en Bunny Burrow con los fulanos esos de la feria... "

Se detuvo en eso.

"Bueno, no vamos a resolver nada aquí sentados," dijo Bogo. "Pueden irse."

Judy y Nick bajaron de su silla y se dirigieron a la puerta.

"Hopps," dijo Bogo.

Judy y Nick se dieron vuelta y vieron a Bogo con esa expresión ilegible.

"Sé que tienes un presentimiento, y por lo general los buenos policías los tienen. A veces hay que confiar en tu instinto cuando todo lo demás falla," dijo Bogo. "Pero incluso tú tienes que admitir que esto es demasiado descabellado."


Judy estaba distraída mientras ponía el coche en marcha y salía del garaje del precinto.

"Tenemos que conseguir una orden," dijo Judy cuando dobló en la esquina de la Avenida Mamba.

"En eso estamos de acuerdo," dijo Nick.

Manejaron algunas cuadras en silencio.

"Bogo tiene razón. A veces tienes que confiar en tu instinto, y dejar que tu cerebro arregle los detalles sobre la marcha," dijo Judy.

"Sí. El problema es, sin embargo, que los jueces no son de confiar en su instinto, sino más bien en su intestino," dijo Nick.

Judy no pudo evitar reír. Ella sabía a lo que Nick se refería. El Juez Chánchez, a quien veían de vez en cuando en la corte, era un cerdo grande y barrigón, redondo como una sandía.

"Necesitamos pruebas. Pruebas contundentes," dijo Nick. "Algo que inequívocamente implique a Todd y Mística. A decir verdad, incluso tú y yo no podemos estar cien por ciento seguros de que son los verdaderos culpables, a pesar de todas las pistas que apuntan hacia ellos."

"Sí. Eso es cierto," dijo Judy, y siguió conduciendo.


En la feria, todo era alegría y entretenimiento. Pero un jabalí estaba observando con nerviosismo el espectáculo de Madame Mística, sin prestar atención al acto.

Cuando Mística terminó su show, el público salió de la tienda. Todos, excepto el jabalí, el cual se sentó nervioso, esperando.

"¿Así que esa fue tu gran prueba maravillosa para demostrar lo infalible que es nuestro plan, Todd?" dijo Mística con una voz peligrosa.

"No fue mi culpa, Madame M," dijo el Viejo Todd.

"¿Oh, en serio? ¿Entonces de quién fue la culpa? Porque por lo que yo veo, tú insististe en asaltar un establecimiento de clase alta con poca seguridad para robar a los fanfarrones de sus alhajas, excepto que no esperabas que hubiera policías fuera de servicio entre los comensales. A mí me suena como que es tu culpa."

"Bueno... un pequeño contratiempo..."

"¡¿Pequeño contratiempo?! ¡Imbécil! ¡Había policías en el restaurante! Lo que significa que estarán investigando lo que pasó, lo que significa que probablemente se enterarán sobre el robo en Bunny Burrow, lo que significa que lo más probable es que hallen una conexión, lo que significa que van a venir aquí a hacer algunas preguntas muy incómodas."

"Ellos no sospechan de nosotros, Madame M, y usted lo sabe," dijo Todd. "Nuestros ayudantes no van a decir nada. Lo último que recordarán es ponerse sus pijamas e ir a la cama."

Madame Mística no podía pensar en nada que responder. Ella sólo frunció el ceño y se dirigió hacia la entrada de su tienda.

"Un atraco más... uno más... y luego nos largamos," dijo el Viejo Todd. "El Banco de los Hermanos Lemming. Y luego nos vamos y no paramos hasta llegar a San Canario o alguna otra ciudad lejana."

Madame Mística suspiró y asintió. Todd suspiró con alivio.

"Ahora sal de aquí. No nos deben ver juntos," dijo Madame Mística.

"Usted no se arrepentirá, Madame M. No se arrepentirá."

"Espero que así sea. ¡Ahora vete!"


Judy y Nick compartían el almuerzo en el Café de Sheila, una cafetería con vistas a la pintoresca bahía justo al norte de Savanna Central. La propietaria, Sheila, era un koala y había conocido a Judy y Nick siete meses antes durante el incidente de las protestas contra el nuevo Puente a Todas Partes, liderada por el ornitorrinco extremista Singcor Swim.

Gracias a Nick y Judy, los marsupiales de Zootopia pudieron hacer que sus inquietudes sean escuchadas y solucionadas por el nuevo alcalde Vince Mousawitz. El alcalde Mousawitz procuraba en todo lo que podía mantener felices a los ciudadanos de Zootopia.

"El negocio ha estado de maravilla desde que se reparó el Viejo Puente," dijo Sheila feliz cuando trajo a Nick y Judy su factura. "Os debo tanto."

"Fue un placer, Sheila," dijo Nick, pagando la cuenta. "Cualquier cosa para ayudar a nuestra ciudad y sus habitantes."

Sheila trajo a Nick su cambio y les dio una pequeña caja de repostería con dos magdalenas adornadas con pequeñas caritas de koala.

"Para los dos mejores policías del mundo," dijo ella con cariño.

Le dieron las gracias y salieron afuera, regresando a su coche patrulla.

"Sabes, Nick, estaba pensando," dijo Judy cuando puso en marcha el coche.

"Me pareció oír engranajes chirreando," bromeó Nick.

"Probablemente sólo era tu estómago, funcionando en reserva," replicó Judy con una sonrisa juguetona.

"Touché," dijo Nick.

"Pero en serio... estaba pensando en algo. Los peluches de polluelo. Hasta ahora, había un peluche en cada escena del crimen. Uno en Bunny Burrow, uno aquí."

"Sí. El de Bunny Burrow desapareció, sin embargo."

"Correcto. Y creo que podría haber sido porque el delito se llevó a cabo exitosamente. El robo de anteanoche lo frustramos nosotros, por lo que dejaron atrás su pollito de peluche."

"Mmm."

"Estoy segura de que es un código. Algún tipo de señal. Los peluches de polluelo se dan a los ganadores en el juego de dardos. Y ellos cometen los crímenes la noche siguiente. Esa chica coyote, la estudiante universitaria. Ella estaba en la cabina del Viejo Todd el día antes del intento de robo. Yo la vi. Y estaba también en la tienda de Madame Mística."

"Así que el Viejo Todd selecciona a los ganadores, que toman el pollito de peluche como premio. Entonces Mística les hipnotiza. Así que los peluches de polluelo son una clave para dejarle saber a Madame Mística a quién debe poner bajo su hechizo."

"Sí... bueno, tal vez."

"Hmm…"

Nick pensó en esto por un tiempo. Cuando Judy se detuvo en un semáforo en rojo, Nick volvió a hablar.

"Se me acaba de ocurrir algo."

"Soy toda oídos," dijo Judy.

"Ni hace falta decirlo," dijo Nick con picardía.

Judy rió y le dio un codazo juguetón en el estómago.

"¿Así que ahora haces chistes de conejos, Señor Cómico?" dijo Judy.

"Lo siento, es que la ocasión era perfecta," dijo Nick.

"La comedia es decir lo justo en el momento justo, ¿no es así, zorro astuto?"

"Tú lo has dicho."

El semáforo se puso en verde y Judy siguió conduciendo.

"Estaba pensando que tal vez podemos pedir ayuda a uno de nuestros colegas caninos," dijo Nick. "Colmillán o Lobato. Podríamos preguntarles si podrían ser voluntarios para ganar en el juego del Viejo Todd, ir al espectáculo de magia de Madame Mística, y luego esperar y ver si caminan dormidos o hacen cualquier otra cosa sospechosa. "

"¿Crees que aceptarían?" preguntó Judy.

"No se pierde nada con preguntar," dijo Nick.

Judy se detuvo al final de la manzana y estacionó el coche patrulla. Se bajaron y caminaron lado a lado a lo largo de la acera, observando el movimiento en ambos lados de la calle.

"¿Por qué no intentarlo nosotros mismos?" preguntó Judy después de un tiempo. "Ya sabes, conseguir uno de esos pollitos y probar nuestra hipótesis."

"El Viejo Todd no quería hacerme ganar la segunda vez que jugué," dijo Nick. "Sospecho que porque vio que yo era policía."

"Colmillán y Lobato son policías, el Viejo Todd no les permitirá ganar tampoco a ellos," dijo Judy.

"Sólo si están de uniforme," dijo Nick.

"De uni... ¡aha! Ya entiendo," dijo Judy. "Quieres pedirles que finjan ser clientes habituales, con ropa normal."

"Exactamente," dijo Nick.

Judy pensó en ello más y trazó un plan en su mente.

"Esto podría funcionar," dijo Judy.

Sus pensamientos fueron interrumpidos, sin embargo, por un fuerte grito dentro de la tienda frente a la que caminaban.

"¡RATERO!"

Judy y Nick se detuvieron. Vieron dentro de la ventana de la tienda que una vendedora estaba gritando a alguien y persiguiéndole.

"¡Ladrón! ¡OYE! ¡DETENTE!"

"¿Lo hago yo esta vez?" preguntó Judy.

"Yo lo haré," dijo Nick con serenidad.

Se dirigió a la puerta de la tienda y casualmente alzó su pie. La puerta se abrió y el ladrón salió corriendo... sólo para tropezar con el pie de Nick y caer sobre la acera como una bolsa de papas, dejando caer la bolsa de su botín.

"Aiii… mamacita… aaiii…"

"Diez puntos, campeón," dijo Judy con una sonrisa triunfante mientras rápidamente esposó al ladrón, una comadreja que llevaba una camiseta sin mangas y pantalones cortos de gimnasia. "Ah, he estado esperando este día."

"Esto no es lo que parece," dijo la comadreja, a quien ambos reconocieron como Duke Roedríguez.

"Cállate, Roenzales. De esta no te vas a zafar," dijo Judy. "Te pillamos infraganti."

"Voy a traer el auto. No se vayan," dijo Nick mientras caminaba hacia el final de la cuadra, donde estaba estacionado su coche patrulla.

La dueña de la tienda, una señora leoparda, salió de la puerta y se detuvo en seco.

"¡Oh, gracias al cielo que estabas aquí, Oficial Hopps!" dijo la dama leoparda. "¡En el lugar correcto y en el momento justo!"

"No se preocupe, señora, vamos a llevar a este malviviente y va a estar tras las rejas bastante tiempo," dijo Judy con satisfacción. "Espero que te guste el pan y el agua, Roenzales."

"Es Roedríguez, ¡coneja polizonte!" gruñó la comadreja.

Judy tomó la bolsa con la que Duke trataba de huir, y vio que estaba llena de cochecitos de juguete. Alzó la vista y vio que la tienda era El Emporio de Juguetes de Doña Felicia.

"¿Así que andas robando juguetes ahora, Duke?" dijo Judy, devolviendo la bolsa a la dueña. "Justo cuando una pensaba que no podías caer más bajo."

Nick detuvo el coche delante de la tienda de juguetes y se bajó, abriendo la puerta trasera.

"Servicio de chofer para el señor Duke Roedriguez," dijo Nick con una sonrisa irónica. "Paseo escénico de lujo, destino final: la cárcel."

"¡Púdrete, Wilde!" dijo Duke.

"¿Besas a tu mami con esa boca sucia?" dijo Nick mientras Judy le hizo entrar en el coche a la comadreja.

Una vez que Duke estaba bien asegurado en el interior del auto, Nick abrió la puerta del copiloto para Judy.

"Milady," dijo Nick con galantería mientras se inclinaba para Judy y mantuvo la puerta abierta para ella.

"Parece que este va a ser un gran día, después de todo," dijo Judy, abrochándose el cinturón de seguridad mientras Nick condujo hacia el Precinto 1.


En la sala de recreación del Precinto 1, Judy estaba lanzando dardos a un tablero y dando en el blanco perfecto con cada uno. En la mesa a la izquierda, Lobato estaba sentado leyendo una revista.

"Que habilidad tienes ahí, Hopps," dijo Lobato, levantando la vista de su revista.

"Yo sabía que no perdí la práctica," dijo Judy. "Ese juego de dardos de la feria está arreglado."

"¿Te refieres al juego del Viejo Todd?" preguntó Lobato. "Estuve ahí ayer."

Las orejas de Judy se erigieron.

"¿De verdad? ¿Ganaste?" preguntó, aunque sabía la respuesta.

"Claro que sí," dijo Lobato. "Un pollito de peluche que se verá genial en mi colección..."

Se detuvo bruscamente.

"¡Tú no oíste nada!" dijo Lobato.

"¿Nada de qué?" preguntó inocentemente Judy, tomando nota mental de lo que dijo su colega.

"Eh... um..."

"Oh, por cierto, ¿fuiste al show de magia? ¿El de Madame Mística?" preguntó Judy.

"¿Magia?" preguntó Lobato, aliviado de cambiar de tema. "No, esa no me llamó la atención."

"¿De verdad? Ella es un muy buena hipnotizadora," dijo Judy. "Puso a algunos de sus espectadores bajo su hechizo y les hizo hacer toda clase de cosas fantásticas."

"Jeje, las psíquicas son todas farsantes," dijo Lobato y volvió a su revista.

Judy volvió a su tablero de dardos, su mente acelerada. El plan de Nick de alguna manera ya se había concretado, y ni siquiera tuvieron que pedirle nada a Lobato. Fue perfecto.

"Bueno, es la hora," dijo Judy, mirando el reloj y caminando hacia la puerta.

Judy vio a Nick caminando por el pasillo y corrió hacia él.

"¡Nick!" dijo. "¡Tengo buenas noticias!"

"¿Tomarás clases de danza del vientre con Garraza?"

"Bueno, eso también," dijo Judy en broma. "Acabo de hablar con Lobato. Se fue a lo del Viejo Todd en su día libre, ayer, ¡y ganó un peluche de pollito!"

"¿De veras?" dijo Nick. "Así que nuestro plan... como que ya se puso en marcha."

"¡Sí!" dijo Judy. "Bueno... casi."

Ella le explicó que Lobato había ido al juego del Viejo Todd y había ganado un peluche pollito. Sin embargo, no había ido al show de magia de Madame Mística después.

"Hmm..." dijo Nick. "Así que la Mística no tuvo la oportunidad de hacer su abracadabra-patas-de-cabra en él."

"No, pero aún así, tiene un peluche," dijo Judy. "El Viejo Todd claramente lo eligió a él."

"Sí. Todo lo que tenemos que hacer ahora es vigilar a Lobato. Él seguro va a hacer algo sospechoso."

"Exactamente," dijo Judy.

"¿Sabes dónde vive?" preguntó Nick.

"No, pero sí sé cómo averiguarlo," dijo Judy.

En ese momento, el Jefe Bogo vino caminando por el pasillo. Vio a Judy y a Nick y asintió con la cabeza.

"Mis felicitaciones, Wilde," dijo Bogo mientras pasaba por delante. "Esa comadreja ha sido una espina en mi pezuña durante mucho tiempo. Ahora él está donde debe estar."

"Gracias, señor," dijo Nick.

El Jefe entró en una de las puertas laterales.

"Voy y vengo," dijo Judy mientras se dirigía a la recepción, donde Garraza estaba revisando su celular y sorbiendo una bebida gaseosa.

Judy se puso frente al escritorio del guepardo.

"¡Hola Garraza!"

Él levantó la vista de su teléfono y sonrió.

"¡Hopps! ¡Qué sorpresa!"

Se inclinó sobre su escritorio para mirar a Judy.

"Tienes que contarme toditito, Hopps. Tienes que contarme todo acerca de tu cita en la Maison du Bison. Oh, ¿sabías que Gazelle va a cenar allí cada sábado de por medio? Oh, ustedes no la vieron por si acaso, ¿o sí?"

"Eh, no, ella no estaba allí esa noche," dijo Judy.

"¿Cómo se las arreglaron para conseguir una mesa en la Bison? Oooh, ¡estoy tan celosito! Es la crème de la crème de buena comida y entretenimiento."

"Bueno, en realidad..." dijo Judy, pensando en algo. "...yo podría hablar con el propietario para que te den una mesa VIP. Él nos debe un favor, después de todo."

"¿¡Lo harías!? Oh, Hopps, ¡estaría en deuda contigo por un billón de billones de tropecientos millones de años y un día!"

"No hay de qué, para eso son los amigos," dijo Judy. "Oh, por cierto, quería enviar algo a Lobato, pero he perdido su dirección. ¿No la tienes por ahí?"

"Oh, por supuesto, déjame ver," dijo Garraza distraídamente mientras soñaba despierto. "Gazelle, su admirador más humilde y devoto, Benjamín Garraza. Ooh, ¡qué emoción!"

Judy esperó con su libreta y bolígrafo de zanahoria.

"Aquí está," dijo Garraza. "Es Suites Leonardo Lupo, Apartamento 306, Avenida Nilo 11037."

"La tengo," dijo Judy, apuntando en su libreta. "¡Muchas gracias!"

"Oh, sólo puedo imaginar la emoción y el glamour..." Garraza continuó soñando despierto.

Mientras Judy se alejó, sonrió para sí misma.

"Así es como Nick lo hace," pensó. "Podría acostumbrarme a esto."

Ella volvió junto a Nick, que estaba leyendo las publicaciones en el tablón de anuncios en el pasillo.

"La tengo," dijo Judy, diciéndole a Nick cómo obtuvo la dirección del Lobato.

"Coneja muy astuta," dijo Nick con una sonrisa.

"Aprendiendo del maestro," dijo Judy, mirándolo con cariño.

Miró la hora en su teléfono.

"Bueno, otro día de trabajo terminó," dijo Judy. "¿Qué tal si cenamos en la Fonda de Ronda?"

"Una propuesta deliciosa," dijo Nick mientras él y Judy se fueron a marcar su salida.


La noche estaba bastante serena. Judy y Nick se sentaron en el banco del parque tomando café y vigilando la entrada del edificio Suites Leonardo Lupo. Lobato había entrado en el edificio una hora antes.

"¿Crees que vamos a toparnos con los verdaderos malhechores?" preguntó Judy.

"Espero que así sea," dijo Nick. "Si podemos atraparlos en el acto, tendremos la evidencia necesaria para limpiar los nombres de Nana Bernardina y de los tres de la Maison."

"Sí. Pero dudo que se arriesguen a ser sorprendidos," dijo Judy.

"Si ellos son los que están detrás de esto, deben tener un escondite para el botín," dijo Nick. "Los números de serie de los billetes son rastreables. Quedan registrados en los bancos en los que fueron depositados. Si pudiéramos encontrar donde están ocultando el dinero, podríamos demostrar que son los responsables. Habrían billetes que fueron depositados en el banco de Bunny Burrow."

"Sí, sería una prueba contundente," dijo Judy. "¡Oye! ¡Mira!"

Vieron a Lobato caminar fuera del edificio y cruzar el parque. ¡Llevaba en las manos un pollito de peluche!

"¡Lo sabía!" dijo Judy. "Vamos, Nick, vamos a ver a dónde va."

Nick y Judy siguieron a Lobato desde una distancia segura. Dio la vuelta un par de esquinas y finalmente se detuvo frente a un edificio.

"Banco de los Hermanos Lemming," dijo Nick, mirando desde el callejón.

"Así que ese es su próximo objetivo," dijo Judy.

Observaron mientras otros tres caninos aparecieron: un dingo, que llegó en una furgoneta azul, otro lobo y un perro Chihuahua. Todos menos el dingo estaban junto a Lobato frente al banco. El dingo en la furgoneta mantuvo el motor en marcha. Estaba claro que era su vehículo de escape.

"¿Cómo van a...?"

Judy comenzó a preguntar, pero se detuvo cuando vio a los lobos, Lobato y el otro, acercarse a la pared del banco y formar una escalera viviente. El desconocido se puso en el hombro de Lobato, y luego el Chihuahua saltó y se subió a la cabeza, alcanzando un ducto de ventilación justo encima de su cabeza.

"¡Están entrando!" dijo Judy, su instinto de policía encendiéndose. "Vamos, Nick."

"Espera, Zanahorias," dijo Nick, sosteniendo su mano.

"Pero van a robar..."

"Si les interrumpimos ahora, serán dos crímenes frustrados. Los verdaderos criminales se darán cuenta y huirán de la ciudad, y nunca los atraparemos," dijo Nick. "Pero si dejamos que se lleven un poco de dinero y los seguimos, podrían conducirnos hasta el botín, y mejor aún, a los verdaderos criminales."

"Noticia de último momento, encanto: Tienen una furgoneta. Nosotros estamos a pata," dijo Judy.

"Pero no por mucho tiempo," dijo Nick, mirando a la calle y viendo un vehículo conocido, estacionado a la media cuadra. "Quédate aquí y observa."

Nick salió del callejón y caminó por la acera, fingiendo no darse cuenta de nada. Judy observó a Nick desde las sombras, preguntándose qué estaba tramando.

Él se acercó al vehículo que había visto. Era una furgoneta pintada con una calcomanía de un dios guerrero zorro sosteniendo en sus brazos a una hermosa diosa zorra, un diseño súper cursi que no estaría fuera de lugar en la portada de una novela barata. Había un pequeño alguien sentado en el asiento del conductor, mirando una revista. Mirando, no leyendo.

"¡Hola Finnick! ¿Cómo estás?" dijo Nick alegremente.

El ocupante de la furgoneta saltó de la sorpresa y rápidamente escondió su revista bajo el asiento.

"¡¿Qué... Nick?!" dijo el ex-socio de Nick, el zorro fénec llamado Finnick. Él era el dueño de la furgoneta, que a la vez era su casa rodante.

"¡Cuánto tiempo sin verte, amigo!"

"¡¿Qué diablos haces aquí?!" dijo Finnick.

"Oh, solo pasaba por aquí y vi a mi antiguo socio de negocios y pensé que sería cortés venir a saludarte. Ah, por cierto, Finnick viejo amigo... tengo una pregunta."

Nick miró dentro de la furgoneta. Finnick entrecerró los ojos con sospecha.

"¿Estás al día con los pagos del seguro del zorromóvil?"

"¿Seguro? ¿¡De qué hablas!?"

"Bueno, no quisiera alarmarte, pero verás... hay esta nueva ley que había propuesto el Alcalde Mousawitz, y pasó, y establece que cualquier propietario de vehículo que deba más de tres meses de seguro, bueno…su precioso vehículo será confiscado."

Los ojos de Finnick se agrandaron de horror cuando escucho la palabra 'confiscado'.

"Ahora, no me gustaría ser el que tiene que hacer eso, Finn viejo amigo, pero yo soy policía, después de todo, y debo hacer cumplir la ley. No es nada personal, es sólo mi trabajo," dijo Nick. "Ah, esta es la parte del trabajo que más me duele..."

"¡No lo harías!" dijo Finnick.

"Oh, tendría que hacerlo. De lo contrario, bueno... yo no estaría cumpliendo con mi deber."

Nick vio triunfalmente que Finnick estaba adecuadamente aturdido.

"Pero claro, somos amigos y llevamos muchos años siendo compinches," dijo Nick. "Así que podría fingir que nunca tuvimos esta conversación, a cambio de... mmm, no lo sé… que me prestes tu furgoneta por unas horas."

"¿¡QUÉ!?"

"Por supuesto, no tienes que hacerlo," dijo Nick. "Pero no me gustaría ser yo el que tenga que enviar tu precioso zorromóvil al corralón municipal y hacerte pagar esa ridículamente multa en el Ayuntamiento, y formar fila y sacar número y perder toda una mañana… que fastidio..."

"Grrr... ¡Está bien! ¡Tú ganas!" dijo Finnick, abriendo la puerta y saliendo de la furgoneta.

"Eres el mejor de los amigos, un súper amigo, ¿lo sabes?" dijo Nick. "Voy a traerla de vuelta al lugar de siempre. No tardaré."

"¡Te lo advierto, Wilde! Si veo un rasguño en mi propiedad... "

"Descuida," dijo Nick con una sonrisa sarcástica. "Estoy seguro de que tu póliza de seguros cubrirá cualquier daño."

Finnick se alejó echando humo.


Finnick desapareció en la noche. Nick hizo una seña a Judy, que había estado observando y escuchando desde el callejón. Ella se acercó a la camioneta y se metió en el lado del conductor.

Nick estaba sentado en el asiento del acompañante, con una mirada satisfecha en su rostro.

"¿Soy bueno o qué?" dijo Nick.

"¿Qué? ¿Tu capacidad de negociación?" dijo Judy, abrochándose el cinturón. "Ya lo he visto mil y una veces. No me impresiona, corazón. ¿Quieres impresionarme? Toma el volante."

"Uy. Fría como el hielo," dijo Nick encantado. "Hagas lo que hagas, nena, no mires debajo del asiento."

"¿Por qué? ¿Qué hay debajo del asiento?"

"Más depravación de lo que puedes imaginar. No es apto para tus ojitos vírgenes."

Judy rió, imaginándose de qué se trataba.

Nick ajustó el espejo retrovisor para que pudiera ver el dingo en la furgoneta azul, que esperaba a los otros que habían entrado al banco.

"Ya salen," dijo Nick mientras observaba a los ladrones entrando a la furgoneta con bolsas de dinero.

"Los veo," dijo Judy, encendiendo el motor. "Los seguiremos desde una distancia segura, hasta que sepamos hacia dónde se dirigen. Entonces llamamos a Bogo."

"Buen plan," dijo Nick, sacando su teléfono.

Los ladrones se subieron a la camioneta azul y el dingo pisó el acelerador. Pasaron de largo, sin darse cuenta de que Judy y Nick los observaban.

Judy apretó el acelerador y los siguió, permaneciendo a una cuadra de distancia en todo momento para que no se dieran cuenta.

Giraron a la izquierda en la Avenida Mamba, a la derecha en la Calle Canario, y de nuevo a la izquierda en la Avenida Acacia...

"¿A dónde se dirigen?" se preguntó Judy.

De repente, vieron que el semáforo del final de la cuadra se puso amarillo y la furgoneta azul aceleró para pasar la luz.

"¡Están acelerando!" dijo Nick.

"¡Y nosotros también!" dijo Judy, pisando el pedal a fondo.

La furgoneta azul pasó justo cuando el semáforo se puso en rojo. Judy conducía como una bala detrás, y paso el semáforo en rojo.

"Pasaste con luz roja," dijo Nick.

"Nadie lo vio, no sucedió," replicó Judy con una sonrisa chistosa.

Nick no pudo echarse una carcajada.

La furgoneta azul salió de la ciudad y tomó la Carretera Prado. Aceleró con todo. Judy y Nick los seguían de lejos.

"Están yendo en la dirección opuesta a la feria," dijo Judy.

"Deben tener un punto de entrega," dijo Nick. "Ocultar el botín en la feria sería demasiado arriesgado. Es probable que estén escondiendo el dinero en otro lugar y lo recojan al escapar de la ciudad."

A lo lejos, unas luces intermitentes de repente se iluminaron y una bocina fuerte rompió el silencio de la noche. ¡Era una señal de puente levadizo! Se elevaba para dejar pasar un barco.

"¡Sí!" Dijo Judy. "¡Los tenemos, Nick! Tendrán que parar en el puente."

Pero entonces, de repente, ¡la furgoneta azul salió disparada hacia adelante como una bala hacia el puente levadizo!

"¡¿Qué?!" dijo Judy.

"¡Tienen nitrógeno!" dijo Nick. "Pero nosotros también. Rápido, la palanca en el centro, debajo del posavasos. ¡Gírala!"

"¡¿Qué hace?!"

"¡Es el nitrógeno! Ya sabes... para las carreras callejeras."

Judy giró la palanca. Salieron disparados como bala de cañón.

"Es ilegal utilizarlo... pero no es ilegal tenerlo," dijo Nick mientras iban en persecución.

"¡La ley es una cosa extraña!" dijo Judy, agarrando fuerte el volante.

La furgoneta azul corrió hasta el borde del puente levadizo cuando estaba empezando a subir. Y entonces…

"¡Rayos!" dijo Judy.

La furgoneta azul saltó la brecha entre las dos secciones del puente levadizo y siguió su camino.

"Ya puedes desacelerar antes de que nos hagamos panqueques," dijo Nick.

"¡Podemos lograrlo!" dijo Judy sin largar el acelerador.

"¡Zanahorias! ¡Ni lo intentes!"

"¡Se están escapando!"

"¡Para!" Dijo Nick. "¡No lo lograremos!"

"¡Sí, lo haremos!"

"¡No!"

"¡Sí!"

"¡Zanahorias!"

"¡Sí, lo lograremos! Sí, lo... ¡no! ¡No lo lograremos! ¡Agárrate!"

Judy pisó el freno con todo. La furgoneta resbaló en círculos fuera de control en el pavimento. Nick se agarró del asiento y cerró los ojos. Patinaron y giraron hasta que finalmente se detuvieron a unos pocos metros del puente levadizo, que ya era un sólido muro de metal y hormigón en frente de ellos.

"¡Uf! Estuvo cerca. ¿Estás bien, Zanahorias?"

"Pregúntame de nuevo en breve... cuando el mundo deje de girar. Ay, mi cabecita…"

Judy cerró los ojos y respiró profundamente.

Los faros de la furgoneta azul se podían ver en la distancia hasta que desapareció detrás de una colina.

"Se escaparon," dijo Judy. "Ahora nunca sabremos dónde escondieron el botín."

"Bueno, no fue una pérdida total," dijo Nick mientras sostenía su teléfono delante de ella.

Judy observó y vio que Nick había grabado todo: el robo, la persecución y, más importante aún, había grabado el número de matrícula de la furgoneta.

"Podemos rastrearlo y ver quién es el dueño de la furgoneta," dijo Nick. "¿Quién sabe? Tal vez podemos obtener algunas huellas dactilares. Y si alguno coincide con el Viejo Todd o Madame Mística…"

"¡...eso será suficiente para una orden!" dijo Judy con entusiasmo. "¡Jajaa! ¡Vaya que eres astuto!"

Ella le dio un puñetazo juguetón en el brazo.

"Ahora volvamos a la ciudad," dijo Nick. "Finnick me matará si no le devolvemos su zorromóvil."


Judy y Nick se turnaban para dormir en el banco del parque en frente al edificio de Suites Leonardo Lupo, esperando a que regresara Lobato. Judy estaba profundamente dormida. Se acurrucó junto a Nick cómodamente, él tenía su brazo alrededor de ella y la tenía envuelta en su espesa cola, manteniéndola tibiecita. Miró a su conejita dormidita y pensaba en lo hermosa que se veía. Judy sonrió en sueños y murmuró algo ininteligible. Era la cosa más adorable del mundo.

Nick inclinó la cabeza hacia el rostro de Judy y la besó suavemente en la frente. Judy se acercó más a él en sueños, abrazándolo y acurrucándose en su tibia cola.

"Mi conejita hermosa," susurró Nick, viéndola sonrojarse en sueños. "Eres mi dulce conejita preciosa. Y te amo con todo mi corazón."

Eran las cinco de la madrugada cuando finalmente Lobato apareció. Cruzó el parque y se dirigió hacia su edificio. Nick lo siguió con la mirada y esperó unos minutos hasta que Lobato subiera a su apartamento.

"Bueno, ya es hora," dijo Nick. "Él probablemente está de nuevo en su cama, y no se acordará de nada."

Se volvió hacia Judy, que seguía durmiendo a su lado. Le dolía despertarla, pero el deber llamaba.

"Zanahorias," dijo Nick, dándole un beso en la nariz. "Es hora de despertarse."

Judy estiró los brazos y bostezó, flexionando su pequeña lengüita rosada, y abrió los ojos.

"Mmm... Nick... ¿qué hora es?"

"Un poco más de las cinco de la mañana," dijo Nick. "Sabes, quedarse hasta tarde en el parque no es tan malo después de todo."

"Mmm... me gustaría estar en una cama cómoda con una colcha gruesa y mullida y una almohada de algodón," dijo Judy soñolienta.

"Y a mí me gustaría estar contigo en esa cama," dijo Nick suavemente.

"Aaah-júm," bostezó Judy. "¿Que decías, cariño?"

"No, nada," dijo Nick. "Tendrás tu deseo pronto, Zanahorias. Vamos a ver cómo está Lobato."

Cruzaron la calle, subieron los escalones y entraron al edificio.

El vestíbulo de entrada estaba casi vacío. Sólo había un sofá y una mesa de café y una recepción con un empleado cerdo sentado y mirando a su teléfono.

"¡Oye!" dijo el cerdo al ver a Nick. "Te equivocaste de edificio. ¡Lárgate, zorro!"

Nick frunció el ceño ante el comentario y de inmediato mostró su placa de policía. El cerdo se puso pálido, los ojos muy abiertos. Casi cayó de su butaca.

"Uaa…ah... ¡Oficial!"

"Ni una palabra," dijo Nick severamente mientras él y Judy cruzaron el vestíbulo y entraron en el ascensor.

"Usted tiene un trabajo tranquilo aquí, Cerdonio," dijo Judy, leyendo el nombre del cerdo en su insignia. "Sería una lástima que lo despidieran."

"¡S-sí, Oficial!" dijo el cerdo pávido mientras la puerta del ascensor se cerró.

La puerta del ascensor se abrió en el tercer piso. Judy y Nick caminaron por el pasillo hasta llegar al número 306.

"¿Tocamos el timbre?" preguntó Judy.

"Supongo que sí," dijo Nick, tocando el timbre.

Se oyeron pasos en el interior, y llaves tintineando, y la puerta se abrió. Su colega Lobato estaba en pijama, su pelaje despeinado y los ojos con sueño como que acababa de salir de la cama.

"¿Qué... Hopps? ¿Wilde?" dijo medio dormido. "¿Qué están haciendo aquí?"

"Tenemos que hablar," dijo Judy.

"¿No puede esperar hasta mañana?"

"Ya es mañana."

"¿Eh?"

Lobato miró hacia el reloj de pared y vio que era casi la hora de levantarse.

"Pero... acabo de ir a la cama... uuurrg... tengo que acostarme más temprano."

"No dormiste mucho que digamos, Lobato. Has tenido toda una aventura," dijo Nick.

"¿Qué quieres decir?"

"Vamos adentro y te lo explicaremos," dijo Judy.

"¿Esto es una broma?"

"Si lo es, no te va a causar gracia en absoluto," dijo Nick, sacando su teléfono.

Le mostró el video del banco, en que corría con una bolsa de dinero y entraba a la furgoneta azul. Lobato lo veía y no se dio cuenta al principio... pero entonces...

"Espera un momento… ¡ese soy yo!"

"Shh... vamos a entrar. Te lo explicaremos," dijo Judy.

Finalmente, Lobato abrió la puerta y los dejó entrar. Estaba totalmente anonadado.


Los tres se sentaron y bebieron café mientras veían el video una y otra vez. Lobato no podía creer lo que veía.

"Pero... yo nunca salí de mi habitación."

"¿Dónde está tu pollito de peluche?" preguntó Judy.

"En mi habitación con los demás," dijo Lobato. "Quiero decir... eh..."

"Ve por él," dijo Judy.

Lobato entro a su dormitorio. Nick y Judy se miraron entre sí. Ambos sabían lo que el otro pensaba.

"¡No está!" dijo Lobato desde su habitación.

"Sí, lo suponía," dijo Nick.

"Pero, ¿dónde... por qué... cómo?" Lobato regresó a la cocina con una expresión aturdida. "¡¿Qué diablos está pasando aquí!?"

"No sabemos, pero por el momento te sugerimos te entregues," dijo Nick. "Sólo tienes que ir y hablar con el Jefe Bogo y explicarle todo."

"¡¿Explicarle qué?! ¡No tengo idea de qué pasó!"

"Explicarle que alguien te manipuló y te hizo robar el Banco de los Hermanos Lemming en sueños," dijo Judy. "Hazlo antes de que la cinta de vigilancia del banco llegue al precinto y vengan a apresarte."

Lobato quedó estupefacto. No tenía idea de lo que estaba pasando. Era como una pesadilla de la que no se podía despertar.

"Bueno, ya sabes qué hacer," dijo Judy, levantándose. "Será mejor que nos pongamos en marcha."

Ella y Nick se despidieron y se fueron, dejando a Lobato sentado en su mesa de cocina mirando su café.


La sala de reuniones del precinto estaba llena y ruidosa, como de costumbre. Todo el mundo estaba presente. Judy y Nick se sentaron en su lugar habitual. Lobato estaba con el Jefe Bogo, explicándole lo mejor que pudo lo que Judy y Nick le habían dicho.

El Jefe Bogo entró y ocupó su lugar de siempre en el podio.

"¡Está bien, siéntense! ¡Se acabó! ¡CÁLLENSE!"

Todo el mundo se quedó en silencio. Bogo les informó sobre la situación.

"¡Presten atención, todos! Este es el tercer caso en una semana. Las circunstancias de los robos son todas iguales. Los autores son gente sin antecedentes y sin motivo. De algún modo se les borra la memoria y no recuerdan nada de los acontecimientos. ¡Quiero que todos estén alerta! A partir de este momento, todos los días libres y las vacaciones se postergan. ¡No pongas esa cara, Grizzoli! Quiero alerta continuada las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. No vamos a descansar hasta que encontremos a los criminales que están detrás de estos robos. Sus misiones..."


La furgoneta azul del atraco del Banco de los Hermanos Lemming fue localizada y resultó ser propiedad del dingo que estaba detrás del volante. Era empleado del Ayuntamiento. La furgoneta fue llevada junto con el propietario a la comisaría.

Los resultados de laboratorio de la furgoneta fueron decepcionantes, sin embargo. Se identificaron huellas, pero pertenecían a los cuatro que robaron el Banco de los Hermanos Lemming y a nadie más. Las esperanzas de Judy y Nick se desvanecieron cuando el laboratorio no encontró nada además de lo que ya se esperaba.

"Son más expertos de lo que pensaba," dijo Judy mientras ella y Nick observaban la cinta de vigilancia del atraco del banco por tercera vez en su cubículo. "No dejan nada que pueda incriminarlos. Toda la culpa va a las personas a quienes manipulan para cometer los robos. Pero los pobres no pueden recordar nada. ¡Rayos! ¡¿Por qué no podemos conseguir una buena evidencia?! ¡Sólo una!"

Nick estaba callado, mirando el video.

"Lobato ni siquiera entró en la tienda de Madame Mística y aun así cayó bajo su control," dijo Judy. "¿Cómo lo hace? Si es que lo hace. Eso es lo peor de todo, Nick. Toda nuestra especulación podría terminar siendo sólo eso."

Nick estaba en silencio absoluto. Observó la pantalla sin mover un músculo. Después de un tiempo, Judy apartó la vista de la pantalla y lo miró a él.

"Nick, ten una opinión," dijo Judy.

"¿Tengo que hacerlo?" preguntó Nick.

"Sí. Tu conejita te lo ordena," dijo Judy.

"Bueno... me di cuenta de algo extraño," dijo Nick. "¿Se puede ver la cinta de vigilancia de la Maison du Bison de nuevo?"

"Claro," dijo Judy e hizo clic en el video.

"No, no, el otro," dijo Nick. "La cámara exterior."

Judy cambió de vídeo y miraron. Mostró a los tres autores del intento de robo entrando en el edificio. La chica coyote estaba sosteniendo un pollito de peluche.

"Allí es cuando entran," dijo Judy.

"Sí... espera un poco..." dijo Nick. "Sigue mirando la pantalla."

Siguieron mirando. No pasó nada. La cámara mostraba la entrada. Podían ver un poco de la calle y la entrada principal, y eso fue todo.

"¡Ahí!" dijo Nick finalmente, después de unos cuatro minutos.

"¿Qué?" preguntó Judy.

"Rebobínalo un poco."

Judy retrocedió un poco el video, riendo.

"¿Rebobinar? Ay, Nick, eres del tiempo de ñaupa."

"Sí. Y por eso me adoras."

"Mmm, por eso…y por mucho más," dijo Judy cariñosamente.

Dejó correr el video de nuevo. De pronto, Nick señaló algo en la pantalla.

"Ahí. Esa furgoneta," dijo Nick, apuntando a una furgoneta marrón en el video. "La Florería de mi Tía."

"Ajá."

"¿Te suena conocida?"

"No. Nunca oí hablar de esa florería."

"Exacto."

Judy puso el video en pausa y miró a Nick, quien le devolvió la mirada.

"Ahora, veamos el video de la cámara de vigilancia del Banco de los Lemming," dijo Nick. "La de la entrada principal."

Judy abrió el video. Observaron durante unos seis minutos hasta que...

"Ahí. ¿Ves?" dijo Nick.

"¡Es la misma furgoneta!" dijo Judy.

"Sip. ¿Sospechoso?"

"Hmmm... sí."

"Ah, pero se pone aún mejor," dijo Nick. "Abre el video de mi teléfono."

El corazón de Judy latía fuerte. Esto podría ser una evidencia importante para resolver el caso.

"Ahí," dijo Nick. "Cuando nosotros... emm," miró a su alrededor para ver si había moros en la costa, "...cruzamos la luz roja," susurró.

Judy observó el vídeo y vio la furgoneta. Estaba en la calle adyacente.

"Nos estaba siguiendo," dijo Judy.

"No. Estaba siguiéndoles a ellos."

Nick hizo clic en el botón "siguiente". La furgoneta azul de los que asaltaron el banco salió de la ciudad y tomó la Carretera Prado. Y...

"Nick, ¡mira!"

"Sí," dijo Nick, señalando a la furgoneta marrón de la florería, estacionada frente a una cabina de teléfono de emergencia, al costado de la ruta. "Parece que sabía exactamente a donde se dirigía la furgoneta azul, e iba por delante asegurándose de que los que robaron el banco fueran por la dirección correcta."

"Así que ese es nuestro sospechoso," dijo Judy. "El conductor de la furgoneta de la Florería de mi Tía."

"Sí. Pero hay un pequeño detalle," dijo Nick, sacando su teléfono y marcando un número.

Judy esperó, preguntándose qué estaba tramando Nick.

"¿Aló? ¿Florería de mi Tía? Me gustaría hacer un pedido de dos docenas de rosas rojas para... ¿Eh? ¿Que esta no es la Florería de mi Tía? Pero no puede ser. Éste es el número que me dieron," dijo Nick en el teléfono. "¿Está el Señor Emmitt Nutriales? Sí, quiero hablar con él, por favor. Gracias."

Nick esperó en la línea.

"¿Qué estás tramando, zorro astuto?" preguntó Judy.

"Espera y veras, linda. ¿Sí, hola? ¡Señor Nutriales! ¡Un placer hablar con usted! Soy Nicholas Wilde. El Oficial Wilde, de la Policía de Zootopia. Sí. Oh, muy bien. ¿Cómo están la Señora Nutriales y los niños? ¡Eso es estupendo! Escuche, Señor Nutriales... ¿éste era el número de la Florería de mi Tía? ¿No? Sí, pensé que tenía que haber una equivocación. Esa florería se cerró cuando yo era un niño. Bueno, ahora tengo treinta y dos, lo que significa que cerraron hace más de veinte años."

Las orejas de Judy se irguieron al escuchar eso.

"Ajá... sí, de todos modos, se lo agradezco mucho. Salude a la Señora Nutriales y a los niños de nuestra parte. Sí, ella está aquí. Sí, se lo diré. De acuerdo, tenga usted muy buen día, Señor Nutriales. Adiós."

Nick colgó y miró a Judy. Ella estaba con los ojos como ruedas.

"Bueno, Zanahorias," dijo Nick. "Parece que estamos buscando una camioneta marrón pintada con el logotipo de la Florería de mi Tía. Posiblemente robada, pero podría haber sido comprada por otro propietario que decidió utilizarlo para fines poco honestos."

"Pero... Nick, ¿cómo te diste cuenta?"

"Porque, mi linda y preciosa conejita, yo vivía a media cuadra de la Florería de mi Tía, y esa florería cerró mucho antes de que tú nacieras," dijo Nick, tocando la naricita de Judy juguetonamente con su dedo. "Ahora vamos a decirle al Jefe Bogo lo que encontramos y poner a todos en este precinto a la búsqueda de esa furgoneta."