Diezmo de Sangre


Capítulo 4

La primera misión


Año 858, invierno.

Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María.

El invierno había cubierto cada calle y cada rincón a su paso. Ni siquiera los lugares más recónditos se habían librado del aparentemente suave y delicado pero frío manto blanco. La gente frecuentaba menos las calles y se dedicaba a permanecer en sus casas al calor de sus seres queridos.

Esto resultaba ser un doble problema para ella; por una parte las bajas temperaturas que debía soportar sin tener un lugar en el que refugiarse. Y por otro lado, la imposibilidad de poder conseguir algo de dinero o comida. Aunque esto último le alegraba. A pesar de no tener más remedio que hacerlo así, se odiaba a sí misma por ello.

Hacía tiempo que se prometió que no lo volvería a hacer, que sería más justa consigo misma y con el resto de la gente. Pero en casos extremos, cuando todo lo que la rodeaba estaba en su contra le costaba pensar en otra solución que no fuera robar.

Se dejó llevar por sus instintos, su necesidad de saciarse aunque solo fuera un poco. Lo justo y necesario para vivir un día más.

La pequeña se levantó del suelo dejando un rastro de nieve tras ella. Únicamente llevaba consigo un largo y fino abrigo sucio y zapatillas desgastadas con algunos agujeros. Se echó a la espalda la bolsa de tela ligera y buscó un lugar con bastante gente en el que pudiera perderse sin ser notada.


Al cabo de unas horas, cuando la noche se abría paso por todo el cielo, la pequeña se paró en las calles centrales de Shiganshina. Tomó asiento cerca de la plaza, utilizando de respaldo la pared de una de las diversas casas. Entre sus manos tenía dos bollos de pan calientes y recién hechos. El dinero que había conseguido, tras varios intentos, lo había gastado en aquello y había sido lo suficientemente lista como para comprarlos a última hora antes de que el puesto cerrara. Así estaría servida hasta el día siguiente.

Se tapó con fuerza colocando el pan recién horneado sobre sus piernas para absorber su calor tanto como fuera posible. Después, miró al cielo dejándose llevar. Recordando cada día que la había marcado y que la había llevado a la situación en la que se encontraba. Era cierto que ya no tenía ilusión por nada, ni siquiera el hecho de poder llevarse algo caliente a la boca despertaba algo en ella. Se limitaba a cumplir sus necesidades básicas esperando a que los días pasaran de largo sin causarle demasiados problemas. Aún así, había una idea que rondaba por su cabeza desde hacía ya tiempo: quería cambiar.

Por un instante un fuerte golpe en una de las puertas la sobresaltó provocando que girara su cabeza en dirección al ruido. Luego, unos pasos torpes y apresurados se acercaron cada vez más hasta donde ella estaba. Si sus oídos no le fallaban, parecían pasos precipitados acompañados de ligeros sollozos. Entonces, la pequeña figura tropezó con sus piernas estiradas en el suelo y cayó ante ella.

Sus ojos azules llenos de lágrimas la miraron sorprendidos, como si jamás se hubiera esperado encontrarse con alguien allí. La joven esperó su reacción. Primero pudo ver en él miedo, temor de que ella pudiera atacarlo. Después, se transformó en un nerviosismo extraño e incómodo a medida que se levantaba del suelo y se limpiaba cuidadosamente su ropa. Más tarde, cuando decidió sentarse junto a ella, simplemente se calmó como si aceptara su compañía, y se mantuvo en completo silencio. Eso sí, sin dejar de llorar.

Ambos continuaron quietos y silenciosos. Finalmente el joven rubio se limpió las lágrimas con la manga de su camisa y miró atentamente a la joven.

-Oye, tú… ¿qué haces aquí?- se atrevió a preguntar sonándose con fuerza los mocos. Ella siguió observando el cielo mientras le daba un nuevo mordisco al pan que tenía entre las manos. Cuando la vio hacer eso pareció encontrar la respuesta a su pregunta. –Ya veo… - se entristeció. –Supongo que he sido un estúpido al salir corriendo así.- se disculpó observándose las manos sucias a causa de la caída.

Ella asintió con la cabeza y acto seguido, impulsada por el fuerte sonido que provocó la tripa de su acompañante, le ofreció el otro bollo de pan que guardaba. –Si estás aquí es por algo- habló para sorpresa de él.

-Yo… no puedo aceptarlo. –se negó. Era lo suficientemente espabilado para darse cuenta de la situación en la que se encontraba aquella chica y se sentiría realmente mal si aceptara algo suyo. Sin embargo, aquella débil excusa no fue suficiente para detenerla. Cogió el bollo y se lo puso en las manos con decisión. Así que no le quedó más remedio que aceptarlo y agradecérselo. –verás… sé que no soy fuerte y que los demás son conscientes de ello. Es por eso que me da rabia cuando tratan de quitarle importancia y me protegen. No me gusta sentirme poco útil y con su actitud solo consiguen incrementar ese sentimiento en mi.

Ella en ningún momento levantó la vista para observarlo, sin embargo él ya se había percatado de su rostro serio e impasible. En ningún momento la había visto mostrar algún tipo de emoción. Dudó si seguir contándole más o si permanecer callado, así que finalmente optó por comenzar a comer el bollo de pan.

-Deberías volver a casa, tu familia se preocupará por ti.- contestó ella después. El joven rubio la miró con un brillo especial. Por algún motivo quería escuchar aquellas palabras. –si no estás conforme con tu situación, entonces cámbiala. Está en tus manos, no esperes que otra persona lo haga por ti.

Se levantó de golpe totalmente renovado y devoró el bollo de pan con muchísima rapidez. Le había ayudado a ver las cosas de otra forma totalmente diferente. Aquella chica no le había pedido que simplemente se dedicara a seguir como hasta entonces, que dejara de lado los problemas que le inquietaban. En vez de eso, lo había animado a hacer algo para arreglarlo. Le había ofrecido la oportunidad de cambiarse a sí mismo.

-¡Eso es! Creo que estás en lo cierto. Soy un tonto por no haberlo pensado antes. Te doy las gracias de todo corazón.- Armin le dedicó una enorme sonrisa acompañada de unos ojos azules realmente brillantes de los que ella no pudo apartar la mirada. Hacía demasiado tiempo que no entablaba una conversación como aquella con otra persona. Incluso le pareció curioso observar lo emotivo que era aquel niño de su misma edad.

El joven se preparó para regresar a su casa antes de que sus padres siguieran preocupándose por él.

-Oye, ¿cómo te llamas?- le preguntó contento esperando que su amiga poco habladora le diera una respuesta. Tardó bastante en responder pero se alegró mucho cuando lo hizo.

-Mikasa.

-Encantado de conocerte, Mikasa. Yo soy Armin Arlert. Volveré a casa, espera aquí un poco, preguntaré a mi familia si me dejan que te quedes unos días. Y aunque no me dejen, te traeré algo de comida como agradecimiento ¿vale?- le prometió entusiasmado. Ella se puso en pie observando cómo se marchaba y se adentraba a su casa.

Mikasa agradeció su preocupación pero debía aplicarse sus mismas palabras. Aquella ayuda que Armin pudiera darle solo le haría sentirse bien y olvidar su verdadera situación durante unos días, y después, todo regresaría a como era antes. Por eso mismo, también seguiría su propio consejo. Cambiaría, pues al fin y al cabo, provocar ese cambio solo dependía de ella misma.

Cuando perdió de vista la silueta de Armin, Mikasa recogió sus cosas y desapareció en la oscuridad.


Año 865, primavera.

Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María.

Carla estaba terminando de preparar la cena. Cuando tuvo todo listo se sentó en la mesa y llamó a Eren para que bajara a comer junto a ella. Aquella noche se iría en su primera misión y aunque le había repetido un montón de veces que no era peligrosa ella no acababa de creérselo.

-Bien, ya estoy listo. Cenaré y me reuniré con Connie.- Carla lo observó orgullosa. Su pequeño se había convertido en una persona admirable, con un corazón fuerte y valiente. Dispuesto a perseguir sus sueños. -¿por qué me miras tan fijamente? Mamá, ya te he dicho que no me expondré a ningún peligro así que tranquilízate.- le pidió preocupado con intención de empezar a cenar.

Sin embargo, su madre se levantó de improvisto para envolverlo en sus brazos y darle un beso en la cabeza. –Eren, te has convertido en una persona maravillosa, tu padre estaría orgulloso de ti.- el agarró con fuerza a su madre dejándose arropar. –nunca dejes que nadie te arrebate tus sueños.- aquello último le sorprendió bastante. Sabía que a Carla no le gustaba mucho que pasara tanto tiempo fuera de casa o que la dejara sola pero aún así lo apoyaba al cien por cien.

-Te prometo que tendré cuidado. ¿Quién sino mantendrá a raya a todos tus pretendientes?- le dijo sorprendiéndola. Aquello se había vuelto bastante usual desde que un hombre de un puesto ambulante le regaló varias flores. También había sido a causa de Hannes, en una ocasión, cuando fueron al bar a tomar algo, Eren se llevó una gran sorpresa al encontrárselo tan pensativo y sin apartar la mirada de su madre. –Lo digo en serio. No dejaré que cualquiera se acerque a ti, ahora yo soy el hombre de la casa.

Su madre le dio unas pocas palmaditas en la espalda obligándolo a dejar el tema de lado y a continuar con su cena, si no se le haría tarde.


Eren sintió el frío golpeándolo en la cara. La chaqueta que llevaba lo protegía bastante bien de las bajas temperaturas pero no podía decir lo mismo de las zonas descubiertas como la cabeza y las manos. Lo único audible a su alrededor fueron las pisadas de sus botas y algunos ruidillos provocados por la espada que llevaba consigo.

Caminó hasta casi la otra punta del pueblo en veinte minutos. Cuando llegó a la esquina del bar de Hannes se encontró a una silueta que inmediatamente lo miró. Aún en las penumbras fue capaz de distinguir a la perfección a uno de sus mejores amigos.

-Veo que a diferencia de otras veces has sido muy puntual- se rió de él provocándole una gran sonrisa y dándole por completo la razón.

-Por supuesto, ahora es cuando empieza lo interesante de todo esto. No creerías que me lo perdería ¿verdad?- le preguntó incrédulo mientras comenzaban a andar hacia el lugar indicado que marcaban los papeles de Connie. –Aunque tiene pinta de que será una noche algo aburrida- se quejó. Eren le quitó los papeles de la mano con el ceño fruncido, para él todo aquello no era un juego. Ya había vivido en sus propias carnes situaciones realmente difíciles y en los momentos menos esperados. Por eso mismo, jamás podían relajarse con cosas como aquellas. –está bien, lo capto. No te enfades.

-Venga, deja de parlotear. Tendríamos que estar ya allí- lo informó, aunque apenas tardarían unos pocos minutos en llegar. El punto de encuentro que habían escogido estaba realmente cerca.

Eren ignoró cualquier intento de Connie por entablar una nueva conversación hasta que finalmente desistió de ello. En realidad solo se trataba de vigilar durante unas cuantas horas cruciales una zona peligrosamente atrayente para comerciantes ilegales, nadie les confirmaba que fuera a aparecer alguien allí. Pero aún así era consciente de que debían tener cuidado por si tenían que actuar.

Cuando llegaron a la calle indicada se situaron en uno de los callejones frente al establecimiento que debían vigilar. Allí podrían observar todo con claridad si alguien se acercaba y lo mejor de todo: sin ser vistos.

Ambos recordaron mentalmente lo que los informes decían: La zona a vigilar acababa de recibir aquella tarde una cantidad abundante de comida para guardarla en sus almacenes y distribuirla en los próximos días por diferentes zonas de la ciudad.

En Shiganshina todos eran conscientes de que había personas que pasaban hambre aunque generalmente la comida se racionaba de forma adecuada y llegaba a todas las casas. Aquellos últimos cinco meses varios grupos se habían dedicado a presentarse en almacenes como aquel para robar más de un tercio de la mercancía y así, causando graves problemas entre la población más pobre.

Sin embargo, eran bastante escurridizos y les había costado bastante reunir información concreta sobre aquellos sujetos y su forma de actuar. Además, según les había contado Armin, los mejores soldados como el capitán Levi habían estado ocupados en misiones mucho más importantes y no habían podido tomar cartas en el asunto. De ahí el problema de tardar tanto en reunir los datos; habían sido soldados de poco rango como ellos los encargados de hacerlo.

-Esto es una lata, encima ni siquiera podemos mantener una conversación- se quejó Connie después de una hora esperando. Se apoyó contra la pared de piedra y se dejó caer lentamente hasta sentarse en el suelo seco. Eren lo miró dándole parte de la razón. A pesar de todo, ambos habían sido conscientes desde el principio que lo más probable es que ocurriera aquello. Por suerte, cuando acabara su ronda solo debían volver a comisaría para dar parte de la misión y después tendrían el día libre para descansar y dormir. –menos mal que después descansaremos. Voy a dormir como un condenado- soltó bostezando.

Eren se quedó pensativo. Llevaba razón en que aquello pudiera ser aburrido y en que ponía a prueba su paciencia pero lo prefería antes de tener que enzarzarse en algún tipo de pelea en la que pudieran salir mal parados.

Tras unos segundos Eren abrió el pequeño bolso que llevaba atado a la cintura en forma de riñonera y sacó dos piezas envueltas en tela. Le lanzó una de ellas a Connie y se sorprendió cuando aterrizó en su regazo. La cogió emocionado ofreciéndole a Eren una mirada totalmente agradecida.

-Cortesía de mi madre- le dijo. Cuando lo abrió pareció que los ojos se le saldrían. Era un gran trozo de bizcocho esponjoso que no tardó en probar. Eren sonrió y rió en bajo al verlo, era igual que un niño pequeño pero le gustaba la personalidad tan divertida que tenía. Aunque a veces fuera difícil creérselo, sabía que en ciertas cosas Connie y él eran bastante parecidos.

Connie casi se atragantó cuando ambos escucharon unos pasos cerca de aquella calle. Eren fue el primero en reaccionar y asomarse para observar como un hombre delgaducho caminaba rápidamente mirando hacia todos lados. Se detuvo ante la puerta del almacén e hizo varios movimientos rápidos hasta que se escuchó un crujido. Se había encargado de deshacerse de la cerradura de las puertas. Entonces, no esperó más para cerciorarse de que aquella persona debía ser uno de los responsables.

Sin darle tiempo a Connie a levantarse salió al lugar llamando la atención del sujeto. El hombre, asombrado, empezó a correr calle arriba en cuanto reconoció su uniforme de soldado. Eren corrió tras él sin asegurarse antes de que Connie lo seguía.

-¡Eren, espera! ¡Maldita sea!- se tropezó con sus propias piernas cuando trató de ponerse en pie con tantísima rapidez. Su compañero le sacaba un buen cacho de ventaja pero no tardaría en alcanzarlo, ya que era uno de los más rápidos de la promoción. Solo se trataba de un hombre pero nadie les aseguraba que no pudiera ir armado. Aunque Eren pudiera ocuparse de él sin problemas no debían actuar solos, así que se encaminó hacia donde ellos se fueron.

Connie aceleró el paso tanto como pudo hasta que logró ponerse a la par de Eren mientras jadeaba y trataba de mantener la respiración. Ponerse a hacer ejercicio así de repente cuando hacía unos segundos se estaba metiendo un cacho de bizcocho entre pecho y espalda no podía ser bueno.

-¿Por qué eres tan impulsivo? ¡Tenías que haberme esperado!- le echó la bronca pero él estaba tan absorto en la persona que tenían delante que no alcanzó a escuchar con claridad todas sus palabras. –estúpido cabeza hueca… algún día conseguirás que nos maten- se rió a carcajadas. Era muy propio de él actuar así.

-¡Connie!- le llamó la atención. –vete por el camino a tu izquierda y lo acorralaremos. Al final de esta calle solo hay un callejón sin salida, si conseguimos que entre ahí lo atraparemos- le contó cogiendo grandes bocanadas de aire. Llevaban unos minutos corriendo detrás de él y a pesar de no destacar físicamente tenía buen aguante y era rápido, pero lo alcanzarían. Y así, su primera misión acabaría con éxito.

Connie asintió y levantando el brazo a modo de señal siguiendo los pasos que le indicó. El hombre ante ellos repetía continuamente los mismos movimientos, únicamente concentrado en huir de ellos. Cuando unos cuantos metros más adelante Connie lo sorprendió por el camino a su izquierda no tuvo más remedio que optar por la única vía libre.

Eren sonrió victorioso cuando volvió a juntarse con su compañero. El hombre había dejado de correr al llegar al final del callejón y se dejó caer rendido al suelo. Ambos se tensaron, el momento más peligroso había llegado. No sabían si iba armado o si se resistiría a ser atrapado, ni siquiera si contaba con más compañeros.

Ésta última idea de más sujetos participando en el robo alarmó de sobremanera a Eren, era algo que no habían tenido en cuenta cuando actuaron. El hombre se dio la vuelta con la cabeza gacha y sin mostrarles su rostro. Entonces lanzó con una de sus manos el candado de la puerta, que cayó a pocos centímetros de sus pies y después, solo les dedicó una gran sonrisa.

Gesto suficiente para que algo dentro de Eren se removiera ante la idea que se le acababa de pasar por la cabeza. Habían sido unos verdaderos estúpidos al no darse cuenta de aquello. Soldados anteriores a ellos no habían logrado atraparlos precisamente por sus diversas tácticas y estrategias, por eso mismo, aquella misión no podía ser tan fácil como simulaba ser hacía unos minutos. Una vez más, sus impulsos le habían llevado por el camino erróneo descuidando el verdadero objetivo con el que debían cumplir.

Sus puños se cerraron con rabia y temblaron exageradamente antes de que su cuerpo reaccionara de inmediato y empezara a correr de vuelta al lugar. Escuchó a Connie gritar tras él con todas sus fuerzas pidiéndole que se detuviera pero no lo haría. Si no lograba llegar a tiempo todo aquello sería un fracaso con el que tendrían que cargar y todo a causa de su poca experiencia. Aún estaba a tiempo de arreglar las cosas o, al menos, eso creía. Pero si no lo intentaba tampoco podría saberlo.

Tras él, Connie se volvió loco pensando en lo que hacer. Esta vez no podía tomarse la libertad de salir tras su compañero, ya que aquel hombre también era uno de los involucrados y tendrían que llevárselo a comisaría para tratar de sacarle alguna información. Tardó un poco más en darse cuenta de lo que ocurría y hasta que Eren no reaccionó de nuevo le costó entender qué era lo que realmente pasaba. Todo había sido una especie de señuelo.

-Novatos estúpidos, habéis caído en nuestra trampa. Ha sido demasiado fácil.- Connie se acercó hasta él con paso firme y le propinó un puñetazo en la cara para hacerlo callar. No se sentía para nada contento con el rumbo que estaban tomando las cosas y le preocupaba dejar a Eren solo, sobre todo, teniendo en cuenta que podrían ser varias personas las que se encontraran allí y tenían órdenes de no involucrarse en peleas si eran demasiados. Más bien, solo debían ganar tiempo o alejarlos de allí pero estaba seguro de que Eren no admitiría algo como aquello. Se maldijo nuevamente por no saber cómo actuar hasta que se le ocurrió una idea que podría funcionar: Utilizaría su cinturón para atar a aquel desgraciado a una cañería impidiendo que huyera.


El paisaje se distorsionaba a causa de la velocidad que llevaba. La adrenalina había hecho efecto en su cuerpo y las ganas de detener todo aquello eran tan grandes que le daban la energía necesaria para continuar con su ritmo.

Eren llegó a la escena y se encontró a varias personas en pleno proceso. Tres hombres corpulentos cargaban cajas de madera y sacos llenos de trigo y otras cosas a una pequeña carreta. Se detuvo a unos cuantos metros de ellos recuperando el aliento y preparado para interponerse y detenerlos.

-¡Eh! ¡Dejad ahora mismo lo que estáis haciendo!- gritó furioso. Los dos hombres que estaban fuera cargando todo se sobresaltaron por un momento. No parecían estar preparados para encontrárselo tan pronto, pero no se dejaron acongojar por él. Se detuvieron en seco observándolo atentamente.

-Si solo es un crío- dijo uno de ellos. –como se nota que la Legión está perdiendo fuerza, cada vez mandan a soldados más incompetentes. ¿Es que quieren hacernos reír?- se burló de él provocando carcajadas también en su otro compañero.

Eren, sin embargo, no se dejó intimidar por sus comentarios, no tenía ningún miedo de enfrentarse a ellos a pesar de que sabía perfectamente las pocas posibilidades que tenía de salir victorioso. Pero para él, era aún peor acobardarse y darse por vencido sin haberlo intentado. Prefería que le dieran una paliza a huir de ellos.

Dio unos pocos pasos amenazantes acercándose a ellos y mostrándoles una mirada segura y sombría. No se echaría atrás. Uno de los dos hombres ante él le indicó a los otros dos que siguieran cargando cosas mientras él se encargaba de Eren.

Le mostró una sonrisa arrogante. Era alto y de compostura ancha. Se arremangó la manga y tensó su cuerpo para tratar de asustarlo pero no tuvo ningún efecto en él. Eren pasó a la acción tan rápido como tuvo oportunidad. Recordó cada paso que había aprendido durante sus años de preparación.

Primero simuló un golpe alto para, acto seguido, despistarlo y golpear con fuerza una de las rodillas de su contrincante con su pie. El hombre soltó un leve quejido de dolor y se llevó una de las manos a la zona dolorida. Pero no se dejó despistar por aquel golpe y trató de propinarle varios puñetazos a Eren hasta que únicamente el último de ellos lo alcanzó en el vientre. Se encogió de dolor escupiendo en el suelo y tratando de tranquilizarse para que aquello se aliviara un poco y pudiera continuar con la pelea. Su contrincante no le dio ni un segundo de respiro, aunque supiera que ganaba a Eren en fuerza y tamaño no quería abusar de su suerte. Se desharía de él lo más rápido posible para escapar de allí con todas las provisiones que habían saqueado.

Eren intentó erguirse cuando un nuevo puñetazo se estrelló en su cara provocando que perdiera el equilibrio y cayera hacia atrás soltando varios gemidos de dolor. Él hombre pareció darse por satisfecho cuando se dio la vuelta volviendo con los demás y susurrándoles algo que no alcanzó a escuchar. No podía permitirlo. Con la visión nuevamente borrosa y varias partes de su cuerpo palpitando del dolor consiguió levantarse y acercarse a él sin que se diera cuenta. Aprovechó su fanfarronería para propinarle un golpe seco en la nuca con el mango de su espada.

El hombre se quedó quieto totalmente, sus palabras se perdieron en el silencio de la noche ante las miradas atónitas de sus compañeros. Unos segundos más tarde, cuando su mirada se quedó en blanco, cayó al suelo con un golpe sordo. Eren había logrado dejarlo seco al darle en el punto indicado. Lo miró en el suelo, estaba completamente seguro de que no volvería a levantarse de momento, aunque aún debía enfrentarse a otros dos y dudaba que lograra algo con aquello, pero al menos quizás podría ganar un poco de tiempo. Ya debían haber pasado unas horas desde que la misión empezó y hasta él se había dado cuenta de que el cielo oscuro comenzaba a clarear a medida que el tiempo pasaba. Solo tenía que aguantar un poco más.

No vio venir el segundo golpe en su estómago, aunque únicamente se había permitido cinco segundos de descanso. La espada que tenía en su mano derecha cayó al suelo a unos metros de él y no tuvo ni la más mínima oportunidad de alcanzarla. Otro de los hombres, con cara desencajada, no había dudado en golpearlo con rabia. Parecía afectado tras haber observado con sus propios ojos como su compañero perdía la consciencia ante él y Eren lo notó por la fuerza que empleaba en sus puñetazos y patadas. Estaban cargados de ira.

Lo arrinconó en la pared del almacén. Estaba totalmente indefenso y ni si quiera era capaz defenderse en aquel estado. Únicamente sentía cada vez más y más punzadas de dolor en el cuerpo. Los golpes eran rápidos y precisos, no los veía venir. Le pareció oír la voz de otra persona bastante lejana.

-Oye, déjalo ya, acabarás matándolo- dijo el tercer hombre que estuvo cargando la mercancía en el carro. Ya había terminado con todo e incluso había conseguido subir el cuerpo del hombre inconsciente en el carro. Era momento de que se marcharan.

-¿Acaso crees que me importa? No sería la primera vez. ¡Voy a hacerle pagar lo que le ha hecho a Jim!- gritó con rabia.

A Eren a aquellas alturas le costaba mantener un pensamiento claro en mente. La única idea lo suficiente firme era la de morir. Con la paliza que le estaba propinando acabaría matándolo.

Entonces, ocurrió. Los golpes parecieron detenerse de inmediato con la puesta en escena de otra persona. Eren trató de abrir su ojo menos dañado para reconocerla. Connie debía haber llegado a tiempo para ayudarlo, estaba seguro de que había terminado corriendo tras él aunque no le dijo cuáles eran sus intenciones. Esperaba que hubiera llevado ayuda, sino, probablemente acabaría como él.

Los movimientos ante él eran tan rápidos que le costaba distinguirlos, empezaba a marearse, pero aún así, trató de sacar fuerzas para ponerse en pie ayudándose de la pared a su espalda. Por un momento sintió que lo estaban rociando con algo, ¿agua templada quizás? la oscuridad y su grave estado no le permitían identificar nada.

En pocos minutos todo movimiento cesó inmediatamente. Eren trató de acercarse a la persona de pie ante él. Había conseguido mantenerse sobre sus dos piernas unos cuantos segundos. Lo miró a los ojos tratando de reconocer a Connie.

-Me a-alegro… de verte… C-conn… ie- soltó antes de desplomarse y quedar inconsciente ante la figura. Su cuerpo no cayó al suelo porque la persona ante él lo sujetó con fuerza y lo cargó con cuidado sobre su espalda para alejarlo de la escena a su alrededor.

Lo único que Eren pudo detectar antes de perder completamente la consciencia y toda capacidad de pensar. Fueron aquellos ojos fríos y distantes que tan bien conocía. Una mirada que vio por primera vez hacía cuatro años y que jamás había olvidado.


Un nuevo capítulo donde la acción nuevamente asoma. No sé si he conseguido narrar todo tal cual me lo he imaginado yo a medida que escribía pero espero haber captado vuestro interés y sobre todo, espero que lo hayáis disfrutado.

Quizás penséis que la historia es algo lenta, pero como ya os he dicho, hay muchas cosas que contar e información que desvelar y requiere su tiempo. Además, así dedico un espacio a diferentes personajes, ya que me gustan todos mucho aunque tengo a mis preferidos jajaja.

Me gustaría aclarar que, aunque normalmente trato de hacer los capítulos más o menos con el mismo número de hojas, en este fic variará bastante. En esta ocasión me decanto por escribir únicamente lo que crea conveniente en cada capítulo. Es decir, tengo mis ideas bien ordenadas y se exactamente lo que debe ocurrir en cada capítulo (aunque puedan variar algunas cosas). Por eso, habrá algunos algo más cortos y otros bastante más largos, pero no os preocupéis porque siempre tendrán un mínimo decente para leer ;)

Al principio del capítulo se ha descubierto un nuevo suceso del pasado, de Armin y Mikasa. Concretamente la primera vez que se conocieron, por lo que este fragmento iría antes del que puse en el capítulo anterior. Bastante curioso, ¿verdad? Solo diré algo, una de las frases que más me gustan y que emplearía diversas veces, es que "las casualidades no existen". Así como no hay lugar a la rendición para Eren. Para conseguir algo que se quiere hay que intentarlo hasta el final. Siempre.

Con este pequeño cachito filosófico nos vemos en el próximo capítulo. Espero que os animéis a seguir leyendo esta historia y, por supuesto, a comentar.

Tximeletta.