Capítulo 6: Una noche casi romántica
El Viejo Todd entró en la tienda de Madame Mística esa tarde. Ella estaba terminando un espectáculo y la gente estaba saliendo de su tienda.
"¿Ya está hecho?" preguntó Madame Mística.
"Sí," dijo el Viejo Todd. "Hice que el perro salvaje plantara el pollito en el apartamento del zorro. Pero no lo entiendo. Creo que te estás pasando de la raya."
"Esos dos agentes de policía, los que estaban en Bunny Burrow y aquí... son Judy Hopps y su pareja," dijo Madame Mística. "Los mismos que resolvieron el famoso caso de los aulladores el año pasado."
"¿Qué caso era ese?" preguntó el Viejo Todd.
"Evidentemente no lees los periódicos," dijo Madame Mística. "Pero no importa. El punto es que son inteligentes y tarde o temprano encontrarán alguna pista, y eso resultará en una tragedia para nosotros. Ellos ya detuvieron a nuestro proveedor, esa repugnante comadreja odiosa. ¿Duke, era? Que nombre tan vulgar. Está en una celda en la comisaría, esperando su juicio."
"Pero lo que estás sugiriendo..."
"Es la única manera de hacerlo," dijo Mística. "Eliminaremos a la coneja y haremos que parezca un accidente, o mejor aún... un asesinato. Eso distraerá a la policía, y mientras estén ocupados, nos largamos de aquí con el dinero. Es así de simple."
"No lo sé, Madame M, esto es demasiado arriesgado," dijo Todd.
"Como has dicho tú, un atraco más y nos largamos," dijo Mística. "Sólo tenemos que esperar hasta que los policías estén ocupados, entonces nadie se dará cuenta si nos escabullimos en silencio."
"Espero que tengas razón," dijo Todd.
"La tengo," dijo Mística. "Ahora vuelve a tu puesto. Te avisaré cualquier cosa."
La jornada de trabajo terminó y Judy y Nick marcaron su salida. Bogo estaba en el hall de entrada.
"Wilde, Hopps," dijo Bogo. "Quiero que se mantengan alerta. Si surge algo, necesito que todos estén listos para responder de inmediato."
"Lo haremos, Jefe," dijo Nick.
"Todavía estamos rastreando la furgoneta," dijo Bogo. "Tan pronto como los resultados estén listos, podremos identificar al nuevo propietario y puede que nos conduzca a algo."
"Mantengamos los dedos cruzados," dijo Judy.
Mientras salían del edificio, Judy miró a Nick. Estaba cansado pero satisfecho. Habían trabajado largas horas y habían progresado bastante. Ella sentía que estaban cerca de resolver este caso.
Mientras caminaban lado a lado, ella sintió un enorme afecto hacia él. Lo abrazó alrededor de la cintura. Él la miró y sonrió cálidamente, envolviéndola en su brazo y acercándola más.
"Lo hiciste muy bien, Nick," dijo Judy.
"Sólo hago mi trabajo, Zanahorias," dijo Nick humildemente.
"¿Bromeas? Con tu astucia y tu conocimiento de la ciudad, tú solito pillaste esa furgoneta y ahora todos tienen una pista sólida que investigar," dijo Judy. "Nadie más podría haber hecho eso."
"Ah, bueno... son cosas que se aprenden cuando vives en la calle y sobrevives de tu ingenio," dijo Nick con una sonrisa sincera.
"Sabes, quiero hacer algo para ti," dijo Judy. "Algo especial. ¿Y si te preparo la cena esta noche? Puedo hacer la cazuela de zanahoria especial de mi madre. Ella me lo enseñó a mí y todas mis hermanas cuando éramos lo suficientemente grandes para cocinar."
"Hmm..." dijo Nick, pensándolo. "¿Y…que tal si yo te cocino algo sabroso para la cena en mi apartamento? Así tú y yo estaremos juntos y atentos en caso de que recibamos llamadas del precinto, y podremos cenar y charlar."
"Tú... ¿cocinas?" preguntó Judy, genuinamente sorprendida.
"¿Te sorprende?" dijo Nick. "Pues, te sorprenderá aún más el platillo que tengo planeado."
"¡Guau! ¡Estupendo! Bueno, yo compro los ingredientes, ¿sí?" dijo Judy. "Sólo envíame un mensaje de texto con la lista de lo que necesitas. Voy a pasar por mi apartamento y refrescarme un poco, y después nos encontramos en tu apartamento."
"Bueno. Así será," dijo Nick.
Se detuvieron en la esquina para esperar la luz de cruce.
"Hay una tienda en esta cuadra, justo allí," dijo Judy. "¿Por qué no voy a buscar los ingredientes y nos vemos más tarde en tu apartamento?"
"Me parece bien," dijo Nick. "Voy a dejar la puerta abierta."
"Estupendo. ¡Nos vemos a las ocho!"
La luz de peatones se puso verde. Judy saltó y le dio un beso en la mejilla a Nick. Luego fue corriendo alegremente a la tienda.
"Nos vemos más tarde, corazón," dijo ella.
Nick se despidió de ella mientras cruzaba la calle, esforzándose para pensar en los ingredientes que tenía que escribir en el mensaje de texto. Su mano tocó suavemente el lugar en su mejilla donde ella lo había besado.
Judy abrió la puerta del apartamento de Nick con su espalda. Llevaba una bolsa de supermercado en una mano y su bolso en la otra.
"Nick," dijo ella. "¡Ya llegué!"
No hubo respuesta. Ella cerró la puerta con el pie y se dirigió a la sala de estar.
"¿Nick?" llamó Judy, colocando sus cosas sobre la mesita de café delante del sofá. "¿Hola? ¿Hay alguien en casa?"
Entonces, de repente, una voz se escuchó no tan lejos de donde ella estaba. Sonaba bastante melodiosa.
…no me preguntes que pasa
es una emergencia de amor
un canto libre que me traspasa
hasta el fondo de mi corazón…
Judy reconoció la voz de Nick, cantando alegre en la ducha.
…mi pan, mi vino
una exigencia del destino
una tormenta que atraviesa mi piel
dulcemente... me parte el alma.
Yo te llevaré siempre en mi bolsillo donde esté
como una moneda, un amuleto
que yo con mis manos meceré.
Con una sonrisa en su rostro, Judy caminó de puntillas hasta la puerta del baño, que estaba entreabierta, y se puso contra la pared, escuchando a Nick mientras cantaba en la ducha.
…esta pasión por tenerte
es mi emergencia de amor
sentirte cerca para nunca olvidarte
conservar de tu boca el sabor.
Judy atajó una risilla detrás de su mano, escuchando a su querido zorro cantando cada nota con una precisión asombrosa. Ella escuchó la canción entera, tratando de no reírse en voz alta. Entonces oyó que Nick salía de la ducha y se secaba. Ella volvió rápidamente a la sala de estar y se sentó en el sofá, esperando por él.
Nick salió del baño con una toalla alrededor de su cintura, tocando guitarra de aire y tarareando para sí mismo.
"Conque Laura Miausini, ¿eh?" dijo Judy desde el sofá. "Tienes buen gusto, amor."
Nick saltó con sorpresa y su toalla casi se le cayó.
"¡Qué! Pero… ¡Cómo! ¡En qué momento…!"
"Justo ahora," dijo Judy.
"¡Vaya! Te estás volviendo cada vez mas furtiva, preciosa," dijo Nick, agarrando firmemente su toalla.
"Traje los ingredientes."
"Genial... solo deja que me ponga algo de ropa..."
"Oh, por mí no te molestes, cariño," dijo Judy con una sonrisa pícara.
"Pero, Oficial Hopps, ¿qué diría su madre si la oyera decir eso?" dijo Nick con igual picardía, fingiendo estar escandalizado.
"A menos que haya micrófonos escondidos en su apartamento, no tendremos que preocuparnos por eso, Señor Wilde," dijo Judy juguetona. "Y si sí hay micrófonos, bueno, en ese caso... ¡Hola mamá!"
Nick se rió mientras se dirigía a su habitación para ponerse algo de ropa. Volvió en breve, vestido con una camiseta cómoda y pantalones de chándal.
"Bueno," dijo Nick. "A la cocina y a preparar una rica cena para esta encantadora conejita."
"Vale. Si no te importa, voy a ponerme cómoda en tu humilde morada."
"Mi humilde morada es tu humilde morada," dijo Nick.
Nick levantó la bolsa de supermercado. Judy abrió su bolso y sacó algunas cosas, poniéndolas sobra la mesita de café: acondicionador de pelo, champú, un cepillo, una bata de baño color rosa...
"Hmm…al parecer viniste preparada para pasar la noche," dijo Nick. "¿O me equivoco?"
"A buen entendedor, pocas palabras," dijo Judy con un guiño seductor, dejándole ver por medio segundo antes de cerrar su bolso un par de sensuales braguitas que le había regalado Fru Fru. "Ahora cocinero, a tu cocina, que a cocinar se ha dicho."
"Tus deseos son órdenes," dijo Nick, sonriendo cálidamente mientras entraba en la cocina con la bolsa de supermercado.
Colocó la bolsa sobre la mesada de la cocina y vació el contenido. Puerros, aceitunas, champiñones, moras...
"Hmmm..."
Nick miró las moras y recordó el suero de aulladores. Las moras fueron un elemento fundamental en la captura de Dawn Bellwether y su rebaño de malvivientes. Moras cultivadas en la granja de la familia de Judy.
Y también recordó otra cosa. Guijarros.
"Me pregunto."
Nick tomó algunas moras y trató de hacer malabares con ellos sobre el fregadero. Cayeron con un fuerte sonido metálico. No logró atrapar ninguna.
"¿Todo bien por allí, Chef Wilde?" preguntó Judy desde la sala de estar.
"Eh... sí, todo está bien," dijo Nick. "¿Realmente hice malabarismo con esas piedritas?" se preguntó a sí mismo.
"Si no te importa, voy a entrar a la ducha un rato," dijo Judy. "Voy a refrescarme…y ponerme algo más cómodo."
"Siéntete como en tu casa," dijo Nick mientras ordenaba las verduras.
Mientras Nick alineaba sus ingredientes, la cara de Judy apareció en la puerta de la cocina. Ella lo miró con una expresión seductora.
"No me vayas a espiar, zorro travieso," dijo con una sonrisa llena de picardía.
"Tú sabes que nunca haría eso, señorita Hopps," dijo Nick con expresión juguetona.
Judy le sopló un beso y se fue al cuarto de baño. Nick se acercó a la pequeña pizarra que estaba en la pared junto a la nevera y anotó los ingredientes en orden con tiza.
"Bueno, ahora a preparar algo fabuloso," dijo, leyendo la lista una vez más.
Nick puso las moras de vuelta en su cesto y estaba a punto de pasar a la pileta, cuando se detuvo.
"Hmm... déjame intentarlo de nuevo," dijo, tomando dos moras y lanzándolos hacia arriba. "No puede ser tan difícil."
Era bastante fácil hacer malabarismo con dos... hasta que dejó caer una, que rodó por debajo de la mesa.
"Diantres," dijo, agachándose para recoger la mora. "Bueno, supongo que no puedo hacer malabarismo después de todo..."
Se detuvo en seco. En una de las sillas, como una señal espeluznante… estaba un pollito de peluche.
"¿Qué?" dijo Nick. "¿Cómo... cómo llegó esto aquí?"
Luego miró en dirección a la sala.
"Judy," se dijo. "Esa coneja bromista. Casi me mata de un susto. Ella me recuerda a mí mismo, a veces."
El pollito de peluche de repente comenzó a piar. Y fue entonces cuando Nick lo sintió de nuevo. Sus oídos comenzaron a zumbar.
"¿Qué?"
Y de repente el zumbido se convirtió en dolor. Dolor agudo e intenso.
"¡Arrrgg!"
Nick cayó al suelo, retorciéndose.
"¡No! ¡Sal de mi cabeza!"
Y entonces todo se oscureció.
Judy disfrutaba de su ducha. El agua estaba tibia y la bañera era tan amplia que se sentía como que quería cantar.
…soy tu prisionera
tú la evasión que crece en mí
mi razón primera
solamente junto a ti conoceré
el amor que te daré…
Esto es muy divertido, pensó ella para sí. Cantar en la ducha en realidad la hacía sentir muy bien. Mientras cantaba, bailaba sensualmente, recorriendo con sus manos su cuerpo, imaginando ser una estrella de música pop.
…llevo en mí el secreto del hechizo
que llena el vacío de mi ser
voy a seguirte a cada instante y te tendré…
La puerta del baño se abrió. Judy no se dio cuenta.
…siempre en mi bolsillo donde esté
como una moneda, una amuleto
que yo entre mis manos guardaré.
De repente, a través de la cortina de la ducha, Judy vio una silueta. Una figura conocida. Era Nick, y estaba sosteniendo algo en su mano. Algo largo y puntiagudo.
"¡Nick!" dijo Judy, sonriendo y con el ceño fruncido, sus manos en las caderas. "Esa broma era divertida en 1968. Bienvenido al futuro, abuelo."
Ella pensó que él estaba recreado la famosa escena de una película de terror, en donde el asesino se acercó sigilosamente a la víctima en la ducha con un cuchillo de cocina.
"¿O es que escuchaste mi canción y quedaste encantado por mi voz, amor?" dijo Judy con una risilla femenina. "Si quieres cantar en dúo…"
Ella abrió un poquito la cortina.
"…pues, entra, que hay lugar para dos."
Entonces sucedió lo inesperado.
Nick rugió con furia y arrancó las cortinas, y dio una estocada tremenda con un cuchillo de cocina donde la cara de Judy hubiera estado si ella no se hubiera esquivado a la derecha.
"¡Basta! ¡Esto ya no es divertido, Nick!" dijo Judy con rabia. "Se acabó, Señor Psicosis, te pasaste de la raya... ¿Nick?"
Nick se lanzó sobre ella otra vez, y Judy esquivó a la izquierda y saltó de la bañera, casi resbalando porque tenía los pies mojados.
"¡¿Nick?!" jadeó ella, mirándolo a los ojos, que estaban como zombi. "¡Nick! ¡¿Qué te pasa?!"
Nick se lanzó sobre ella otra vez. Judy salió disparada del cuarto de baño y corrió a la sala de estar.
"¡Nick, despiértate! ¡Soy yo, Judy! ¡Hopps! ¡Zanahorias!"
Nick salió del baño blandiendo el cuchillo y se lanzó de nuevo contra ella. Judy se metió detrás del sofá justo a tiempo. Rodó por debajo del sofá y pasó al otro lado, corriendo a la cocina.
"No, por favor, no, Nick," pensó Judy desesperadamente. "Por favor, no... Nick."
Se dio la vuelta y vio a Nick corriendo hacia ella. En su desesperación, su mano agarró el primer objeto a su alcance: El molinillo de pimienta. Lo golpeó en la cara con el molinillo y la pimienta en polvo voló por su hocico y sus ojos.
"¡Aahh!"
Nick dejó caer el cuchillo y cerró los ojos. Estornudó, tratando de sacarse la pimienta de la cara con las manos. No podía ver. Tambaleó hacia la derecha y echó una silla en la que había un pollito de peluche. El peluche se cayó y rodó por el suelo de la cocina, deteniéndose cerca de la puerta.
Judy retrocedió y trató de incorporarse, pero de repente sus manos se deslizaron sobre una superficie áspera y sus garras rascaron la pizarra de la cocina, donde Nick había escrito todos los ingredientes. El ruido agudo y chirriante que hizo era insoportable.
"¡Aahh! ¡Mis oídos!" gritó Nick, con los ojos llorosos, agarrándose las orejas de dolor.
Judy se dio cuenta de que el sonido le había hecho despertar de su trance. Ella apretó los dientes y rascó la pizarra una vez más, haciendo que Nick gritara de dolor. Luego, con un tremendo salto, le dio una patada doble en el vientre.
"¡UUF!"
Nick voló hacia atrás, saliendo disparado por el umbral de la cocina, y cayó al lado del sofá en la alfombra de la sala de estar, sin aliento. Judy miró a su izquierda y vio un mantel plegado sobre la mesada. Ella lo recogió y saltó sobre Nick.
"Lo siento, Nick," dijo Judy. "Pero tengo que hacerlo."
Envolvió a Nick en el mantel y ató un fuerte nudo alrededor de su abdomen, dejándolo incapaz de moverse, como una mosca en una telaraña.
Nick tosió un par de veces y se desmayó.
Nick abrió los ojos lentamente. A medida que su visión volvió, vio el techo de su apartamento, parte de su sofá, y a Judy. Ella tenía puesta su bata rosa…y nada más. Estaba de rodillas a su lado, con una toalla mojada en sus manos.
"¡Nick!" dijo Judy con una sonrisa de alivio. "Estás despierto."
"¿Despierto? Yo no me fui... a... ¿dormir?"
Trató de levantarse, pero se dio cuenta de que estaba atado en un mantel.
"Eh... ¿Zanahorias? ¿Me perdí de algo?"
"¿No te acuerdas de nada?"
"¿Nada de qué?"
"¿Lo que pasó hace tan sólo unos minutos?"
"Eh… ¿puedes ponerme al tanto?" dijo Nick.
Judy se lo contó todo. A Nick se le heló la sangre.
"No... no, dime que no lo hice."
"No eras tú, Nick," dijo Judy, frotándole las mejillas. "Había alguien dentro de tu mente, controlándote... no eras tú."
"En mi propia casa..." Nick se sentía como si alguien había violado algo sagrado dentro de él. "En mi propia casa, tratando de hacerme matar a mi propia novia..."
Judy no pudo evitar sentir un calorcito en el pecho cuando le oyó decir que la última palabra.
"Esto tiene que parar..." dijo Nick. "¡Tenemos que detener esto!"
De repente, escucharon algo proveniente de la cocina. Un chirrido agudo. Judy lo reconoció. Era el peluche de pollito, pero sonaba desafinado. Tal vez el mecanismo de piar había sido dañado cuando se cayó al suelo.
De repente, Nick comenzó a convulsionar y a retorcerse, luchando contra sus ataduras.
"¡Ahh! ¡Hazlo parar! ¡Hazlo parar!"
Y en ese preciso instante, ¡Judy comprendió todo!
"¡No! ¡No escucharé!" gritó Nick. "¡No! ¡Sal de mi cabeza!"
Judy corrió a la cocina y tomó el peluche del piso. Lo abrió con los dientes y encontró el mecanismo de piar. Lo abrió y le sacó la pila. El pollito se calló.
Nick dejó de retorcerse. Rápidamente, ella volvió a su lado para encontrarlo llorando.
"Noo... no... deja en paz a mi Judy... vete por favor…"
"Nick," dijo Judy en voz baja, sentándose sobre él a horcajadas y mirándolo a los ojos, acariciándole las mejillas suavemente. "Cariño, estoy aquí. Ahora estás a salvo. Nadie va a hacernos daño."
Ella lo desató y tiró el mantel a un lado. Nick la apretó fuerte contra su pecho con un abrazo desesperado, envolviéndola en sus brazos y piernas y cola, como un náufrago aferrado a una madera.
"Estás a salvo, mi vida," dijo Judy suavemente, abrazándolo con fuerza. "Estoy aquí. Nada nos podrá separar jamás."
Acercó su rostro al de él y lo besó. No dijeron nada durante mucho tiempo. Sólo se acurrucaron juntos en la alfombra, abrazados, ambos sintiendo la calidez del otro y deseando que pudieran quedarse así para siempre.
Judy colocó las piezas del polluelo de peluche sobre la mesita de café. Nick trajo dos tazas de té de manzanilla recién cebado para que pudieran calmar sus nervios.
"Esta es la pieza final del rompecabezas, Nick," dijo Judy, señalando el pequeño dispositivo de piar que había sacado del peluche. "Así es cómo lo hacen. Cada uno de los canes que cometió esos crímenes lo hizo sin saberlo, en contra de su voluntad. Y cada uno de ellos ganó un pollito de peluche del juego del Viejo Todd. Y así es como Madame Mística los controló a distancia. Con estos peluches."
"Así que esto es algo así como un dispositivo de control mental inalámbrico," dijo Nick, mirando el mecanismo de piar. "El Viejo Todd hizo ganar a los clientes, la Mística los colocó bajo su hechizo, y de alguna manera hizo que respondan al pío-pío en este pollito de peluche."
"Sí... pero hay algo que no entiendo."
Judy miró a Nick.
"¿Por qué no me afectó a mí?"
"No fuiste hipnotizada por la Mística."
"Tampoco Lobato. Pero él robo el banco junto con los otros tres."
Era cierto. No tenía sentido. Si Lobato nunca estuvo bajo el hechizo de Madame Mística, entonces ¿por qué se vio afectado?
"¿Y por qué todos los asaltantes son miembros de la familia canina?" preguntó Judy.
"Tal vez ella sólo puede hacer su abracadabra en perros y lobos," dijo Nick.
"Y coyotes, y… zorros," dijo Judy.
Se sentaron en silencio mirando el dispositivo. Judy se acercó a Nick y lo abrazó de la cintura. Nick se quedó mirando el vacío, deseando poder comprender el misterio.
De repente, un pensamiento se le ocurrió.
"Esto es material de alta tecnología," dijo Nick.
"Lo es," dijo Judy.
"Yo... conozco a alguien que podría ayudarnos," dijo Nick. "Un...viejo socio mío. Está totalmente metido en todo lo que sea tecnología."
Judy alzó los ojos, mirando a Nick.
"Apuesto a que si le llevamos este peluche y le mostramos todas las partes, él podría decirnos más," dijo Nick.
Judy asintió. Cualquier información que pudieran conseguir sería de gran ayuda.
De pronto, debajo de sus brazos, Judy sintió que la barriga de Nick gruñía.
"Oh... eh, perdón," dijo Nick.
Judy sonrió comprensivamente.
"Sabes... podríamos pedir una pizza."
El edificio frente a ellos era nuevo... en 1955.
"¿Estás seguro de esto, Nick?"
"Confía en mí, si alguien sabe de tecnología, es Garibaldi de Zar y Güeya. Es un mago con todo lo electrónico."
Entraron en el edificio. El hall de entrada conducía a un vestíbulo polvoriento. Judy siguió a Nick hasta el otro lado, donde una puerta al sótano estaba entreabierta.
"Que encantador," pensó mientras Nick abrió la puerta y descendió a lo largo de una escalera chirriante que terminaba en una puerta que tenía un cartel de 'radiactivo' pintado en él.
"Él es bastante excéntrico con su decoración," dijo Nick mientras abría la puerta.
"Y que lo digas."
La única manera de describir la habitación a la que entraron era como un depósito de chatarra universal. Viejas computadoras, mesas repletas de artilugios y artefactos, trozos de metal con palancas y medidores en ellos, herramientas de todo tipo... era el salón de juego de un científico loco.
"¡Oye Gari! Sé que estás ahí... en medio de todo esto," dijo Nick.
"¡Nick!" dijo una voz de en medio de toda la chatarra. "¡Cuánto tiempo sin verte, viejo amigo!"
Un enorme par de ojos de repente apareció detrás de una computadora vieja descomunal. Tomó unos segundos para que Judy se diera cuenta de que se trataba de un muchacho zarigüeya con gafas enormes, vestido con un overol grasiento y con varios cinturones de herramientas alrededor de su cuerpo.
"Espera ahí, voy junto a ti," dijo Gari, quitándose las gafas y saltando en el aire, enganchando su larga cola prensil en las tuberías que corrían por el techo y moviéndose peligrosamente por encima de los montones de metal.
Con un tremendo movimiento, la zarigüeya Gari dio un salto mortal y aterrizó justo en frente a ellos. Judy estaba sorprendida por su destreza.
"¡Nick! El único, el mejor, el maestro del siniestro, el zorro más chorro, el sastre del desastre, el corsario más temerario, más temido y más fornido, el alfa y el omega de la travesura y la aventura, el amo de los calabozos más ruin y rimbombante de la historia oral y escrita en los tiempos idos y por venir," dijo Gari y él y Nick hicieron una complicada serie de señas con las manos.
"¡Que onda, Gari!"
"¡Oye! ¡Trajiste a una dama! Eso no se ve todos los días. Hola, Oficial Hopps," dijo Gari, tomando la mano de Judy con galantería y besándola de la forma más cursi. "He leído todo sobre usted en el Zootopia Times, y también en el Periódico de Patolandia y la Gaceta del Cabo Suzette. Es usted toda una heroína."
"Ah, muchas gracias," dijo Judy, todavía poco acostumbrada a ser famosa.
"¿Mencioné que tengo su almohada de cuerpo?"
"Eh... ¿qué?"
"Uhh... vamos al grano, ¿de acuerdo?" dijo Nick rápidamente.
"Claro, Nick. ¿Qué hacemos hoy, eh?" dijo Gari, volviéndose a su computadora principal, camuflada entre todos los otros equipos y aparatos. "¿Algún registro público del cual quieres hacer desaparecer tu nombre? ¿O necesitas jugar un poco con la bolsa de valores? ¿Damos una hojeada por las Industrias McPato, tal vez?"
"Em... hoy no, Gari," dijo Nick, viendo a Judy con mirada culpable.
"Bueno, entonces, ¡fije el rumbo, Capitán Piberius!" dijo Gari, moviendo una palanca de impulsión warp imaginaria con su mano. "¡Velocidad Warp Siete, energizar!"
"Necesito que nos digas qué es esto," dijo Nick.
Le mostró el pollito de peluche y el mecanismo de piar.
"Bueno, ¡hola amiguito!" dijo Gari, tomando el pollito y el dispositivo.
Los examinó durante unos segundos.
"Hm... que interesante. Vamos a la mesa de operaciones y veamos lo que tiene este plumífero adentro," dijo Gari, moviéndose a una mesa en medio de los montones de chatarra. Estaba perfectamente ordenada con herramientas perfectamente alineadas.
Judy y Nick vieron como la zarigüeya tomó un destornillador pequeño y abrió el dispositivo de piar. A continuación, se puso las gafas de aumento y miró a cada pequeña pieza del dispositivo, desmontando todo y examinándolo a fondo.
Después de veinte minutos de silencio absoluto, Gari habló de repente, haciendo saltar a Judy y Nick de susto.
"Bueno, mis cuates, para poner fin a vuestro suspenso," dijo Gari, "esto es un transmisor de radio. Es casi igual a los de los teléfonos móviles. Pero nunca he visto nada como esto. Ha sido modificado y algunas de las piezas usadas provienen de los cochecitos de juguete Gatomóvil de la colección 1977. Sólo he visto una tienda de juguetes en Zootopia que las tiene, y es la tienda de Doña Felicia en Savanna Central. La porción del transmisor de radio es bastante común, pero hay algo muy extraño. Permitidme conectarlo a mi equipo y os mostraré."
Gari tomó el pequeño dispositivo. Lo conectó a su ordenador con unos cablecitos y abrió un programa que mostraba un gráfico de sonido.
"Bien, ahora prestad atención."
Nick se tapó las orejas. Judy comprendió su reacción.
"No te preocupes, Nick, que no oirás nada," dijo Gari. "He silenciado los altavoces."
Nick se tranquilizó. Gari tocó algunas teclas de su ordenador y el gráfico de sonido mostró algunas líneas verdes distorsionadas en lo que parecía ser una secuencia.
"Cuando lo enciendes, se transmite una señal," dijo Gari. "Se repite a intervalos de 2,5 segundos. Pero no entiendo por qué alguien transmitiría una señal que prácticamente nadie puede escuchar."
"¿Qué quieres decir?" preguntó Judy.
"La señal está transmitiendo a 60.000 Hertzios," dijo Gari. "Esa frecuencia es demasiado alta para la mayoría de la gente. Necesitaríais oídos de un murciélago o un lobo para oír algo como esto."
"O un coyote," dijo Judy.
"O un dingo," dijo Nick.
"¡Bingo!" dijo Gari. "La mayoría de los caninos podrían oírlo. ¿No dijisteis que los perpetradores eran todos caninos?"
"No dijimos eso," dijo Judy.
"Oh, debo haberlo leído en vuestros archivos, entonces," dijo Gari con toda naturalidad.
"Leído en... ¡Un segundo! ¿Cómo accediste...? "
"¡Ay, pero por favor! La base de datos del precinto lo puede infiltrar un niño de segundo grado."
"Eh, yendo al grano, Gari," dijo Nick rápidamente. "¿Qué dice el mensaje? ¿Se puede descifrar?"
"Permitidme bajar la frecuencia y ralentizarla, entonces podremos escucharlo sin que nuestros oídos sangren," dijo Gari y tocó algunas teclas en su ordenador. "Está bien, aquí está. Escuchad con atención."
Subió el volumen de los altavoces y se oyó una voz distorsionada.
"Mátala... Mátala… Mátala…"
A Nick y a Judy se les heló la sangre.
"Parece que alguien la quería muerta, Oficial Hopps," dijo Gari. "Y utilizaron a Nick para hacer el trabajo sucio. Probablemente os acercabais demasiado a descifrar el caso por lo que decidieron tratar de eliminaros. Usted estaría muerta, Nick sería acusado de homicidio e iría a la cárcel, y los malhechores correrían libres como liebres. Muy ingenioso."
"¿Cómo... descifraste todo eso?" preguntó Judy sorprendida.
"¿Alguna vez ha jugado los juegos de Sherlock Holmes en el ordenador?" preguntó Gari. "Es muy parecido, sólo que en lugar de una pantalla que dice '¡Has ganado!', ponemos a verdaderos criminales tras las rejas."
"Gari, ¿cómo es que nunca pensaste en entrar a la policía como investigador de crimen?" preguntó Judy.
"Bueno... nadie jamás lo sugirió."
Nick y Judy se miraron el uno al otro.
"Pero ahora que lo dice, suena genial. Oficial Garibaldi de Zar y Güeya, Departamento de Policía de Zootopia. Suena muy bien, ¿no os parece?"
"Espera," dijo Judy. "El dispositivo de piar... dijiste que utiliza partes de un coche de juguete, ¿verdad?"
"Sí, así es," dijo Gari. "Más específicamente, Gatomóvil de 1977, de los que tienen el muelle helicoidal de acero y las ventanas transparentes. Hechos para durar. Yo tengo una buena colección... eh... por allí…o era allá… o acullá… bueno, están en alguna parte."
"¡Coches de juguete!" dijo Judy. "¡Eso es! ¡Duke Roenzales estaba robando cochecitos de juguete!"
"¡Así que él es el proveedor!" dijo Nick. "Roedriguez estaba robando los cochecitos para vendérselos a los criminales, y ellos usaban las partes y arreglaban los dispositivos de piar de acuerdo a sus necesidades. Nadie sospecharía que los cochecitos de juguete pudieran usarse para cometer crímenes."
"¡Esa comadreja de pacotilla!" dijo Judy con rabia. "¡Ese sucio villano de mala muerte, ese despreciable infeliz…!"
"Ahh... hay algo tan atractivo en una chica con habilidad para maldecir como un marinero," dijo Gari con una sonrisa de oreja a oreja.
La cara de Judy se puso colorada y se quedó en silencio.
"Así que el modus operandi es el siguiente," dijo Nick.
"Guau, sacando las palabras elegantes, ¿no, Nick?" dijo Gari.
Nick se rió.
"El juego de dardos es para seleccionar quién será la próxima víctima," dijo Nick. "El Viejo Todd hace que los caninos ganan porque pueden oír por encima del rango de la mayoría de otra gente, entonces les da los peluches de polluelo. Madame Mística hipnotiza caninos solamente, así que de alguna manera está utilizando el dispositivo sónico para hacerlo. Sólo los animales que oyen en el rango de sesenta mil Hertzios pueden ser hipnotizados."
"¡Su reloj!" dijo Judy. "Ella debe tener uno de esos transmisores de radio dentro de su reloj."
"Exacto. Y eso explica por qué a ti no te afectó, Zanahorias," dijo Nick. "No tendría ningún efecto en animales que no puedan oír sonidos de extremadamente alta frecuencia. Y por eso sólo hacia su truco de hipnosis si había un canino en la tienda. Y por eso cada vez que yo pasaba por su tienda, me zumbaban los oídos. Eso resuelve el misterio de los zumbidos en mis oídos."
"¿Puedo casarme con tu cerebro?" dijo Gari.
Nick sonrió.
"Tendrás que ponerte en la fila, Romeo," dijo, señalando detrás de Judy.
Ella se rió.
"Los peluches de polluelo están transmitiendo órdenes," continuó Nick. "Estoy seguro de que tienen equipos de radio que pueden transmitir señales a los polluelos y hacer que sus víctimas cometan delitos en sueño por hipnosis."
"¡La furgoneta de la florería!" dijo Judy. "Es probable que tengan equipos de radio en la furgoneta. Así, pueden utilizarlo para transmitir y moverse por la ciudad sin levantar sospechas. Excepto que sí levantaron sospecha, porque tú te diste cuenta, Nick."
"Correcto. Las víctimas están en sueño profundo, por lo que no recuerdan nada," dijo Nick. "Los criminales se hacen pasar por miembros de una feria ambulante para que nadie sospeche nada. Hasta ahora. Tenemos suficiente evidencia aquí. El peluche de pollito y el equipo de radio son sin duda evidencia suficiente."
"Así que vais a desbaratar sus planes, ¿verdad?" dijo Gari.
"¡Sip! Van a pagar caro por sus crímenes," dijo Nick.
"En un videojuego, esa sería la pantalla de '¡Has Ganado!'" dijo Gari.
"Tenemos que mostrárselo a Bogo," dijo Judy. "Definitivamente tenemos suficiente para poner a esos dos tras las rejas."
"Hmm..." Gari examinó el pollito de peluche más cerca. "Nick, ¿te importa si me quedo con esto por un tiempo? Puedo aplicar un poco de ingeniería inversa con este dispositivo y averiguar de dónde están transmitiendo la señal."
"¡¿Podrías hacer eso, Gari?!" dijo Judy con entusiasmo. "¿De veras?"
"Desde luego, mi tierna conejita," dijo Gari, poniéndose las gafas y tomando sus herramientas.
Judy frunció el ceño, pero Nick puso su mano sobre el hombro de ella y le dio una mirada comprensiva. Gari era la definición misma de aislado de la sociedad, y evidentemente no estaba enterado de que decirle 'tierno' a un conejo era de mal gusto.
"Permitidme un par de horas," dijo Gari. "Voy a preparar algo y vamos a atrapar a estos ladrones."
"¡Genial!" dijo Nick. "Gari, te debo una, en serio."
"Te enviaré la factura," dijo Gari mientras trabajaba.
"Bueno, pasaremos más tarde, Gari. En nuestro coche patrulla. Entonces todos podemos ir a la comisaría a decirle al Jefe lo que hemos descubierto."
"Vale," dijo Gari, sin levantar la vista. "Oye, Nick, ¿cuándo es nuestra próxima sesión de Calabozos y Dragones?"
"Oh, eh... me envías un mensaje de texto, para recordarme."
"Cambiaste tu número como seis veces desde la última vez que hablamos," dijo Gari. "Y yo también, por cierto."
"Ah, sí... es cierto," dijo Nick. "Bueno, déjame dártelo."
Nick escribió su número en un papel y lo puso en el escritorio de Gari.
"Muy agradecido. Nos vemos más tarde."
"Hasta luego, amigo," dijo Nick.
"Nos vemos, Gari," dijo Judy. "No sabes cuánto te lo agradecemos."
"Cuando gustes, maja. Soy tu humilde servidor."
Judy y Nick se dieron vuelta y caminaron a través del laberinto de viejas computadoras y máquinas.
"Oye Nick. ¿Qué tiene un dromedario con dos jorobas?" preguntó Gari de la nada.
"Eh... no lo sé," dijo Nick.
"¡Embarazo! ¡Jajajaaa!" Garth rió de buena gana.
"Ahh…je je je."
"Espera, ¡esta es mejor! ¿Qué tiene un camello sin jorobas?"
"Eh… no sé," dijo Nick.
"¡Anorexia! Jajaaa!" Gari soltó una carcajada impresionante. "¡Cuéntaselo a Flash la próxima vez que lo veas!"
"Je je, lo haré," dijo Nick, esforzándose para reír con su amigo.
"Vaya, ahora sé de dónde sacas tus chistes," dijo Judy con una sonrisa de lado.
Mientras salían del edificio, Nick miró tímidamente a Judy y abrió la boca para decir algo. Pero Judy habló antes de que él pudiera pronunciar una palabra.
"No preguntaré," dijo simplemente.
La boca de Nick se cerró y sonrió.
Caminaron dos cuadras en silencio hasta que...
"Nick," dijo Judy, "¿qué es una almohada de cuerpo?"
"Ehh…búscalo en Zoogle bajo tu propio riesgo."
