Diezmo de Sangre
Capítulo 5
¿Aliada o enemiga?
Año 862, primavera.
Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María.
No era la primera vez que salía de misión especial. Aunque en esta ocasión era él quien estaría al mando. Incluso él mismo se sorprendía de haber alcanzado con tanta rapidez un puesto importante junto al comandante Erwin Smith.
-Capitán Levi, todo listo para pasar a la acción- lo informó uno de sus soldados.
Levi se pasó la mano por su pelo alborotándolo un poco. No hacía mucho que habían dejado sus caballos unas cuantas calles lejos de allí al cuidado de dos de sus soldados. Él se había dirigido con otros seis a la zona indicada.
Alrededor de las doce de la noche una llamada urgente de uno de los vecinos les había avisado de un posible ataque al oeste de Shiganshina. Por suerte o por desgracia, él era el único que aún no se había ido a casa, así que inmediatamente se hizo cargo de todo y tras darles indicaciones a algunos de los soldados que estaban de servicio, partieron hasta el lugar.
Los tenían a tiro. Un grupo de cinco personas, entre las que podía divisar a dos mujeres, campaba a sus anchas por la vacía calle. Habían roto los cristales de diferentes hostales para robarles el dinero y objetos de valor que encontraron. En ese momento, se disponían a entrar en una casa. Todos reían y se jactaban de sus hazañas sin ser conscientes de que los vigilaban de cerca.
Petra esperaba impaciente a que diera la señal para disparar. Tanta incertidumbre comenzaba a ponerla nerviosa aunque se repetía a si misma que no debía dejarse llevar por la impaciencia. Había participado con Levi en más de una misión peligrosa y nunca habían tenido ningún tipo de problema. Aunque esta vez era él quien estaba al mando. Sin embargo, con el tiempo aprendió a confiar plenamente en él. Era cierto lo que decían los demás, nadie podía prever lo que se le pasaba por la cabeza al capitán, aún así, no dudaban de él. Tendría sus razones para que aún no hubiera dado la señal de atraparlos cuando los tenían prácticamente en la palma de la mano.
-Capitán… -insistió otro de los hombres al observar como entraban en una de las casas y sacaban de la misma a dos miembros de una familia. La niña pequeña de tan solo seis años de edad lloraba a pleno pulmón, asustada. Esto alarmó a varios de los soldados que apuntaban y los tensó mucho. Aquellas personas estaban sufriendo y viviendo una situación innecesaria a causa de que ellos aún no hubieran actuado.
Levi, sin embargo, mantuvo su semblante serio y concentrado en cada movimiento que hacían. En ningún instante pareció perder la calma. Su confianza y extraña tranquilidad era lo único que lograba retener en sus puestos a sus compañeros de equipo.
Entonces, cuando las cinco personas que habían entrado en la casa se encontraban nuevamente en la calle, otras dos que hasta entonces habían estado escondidas en los alrededores se acercaron hasta ellos con armas en las manos.
-Parece que esos incompetentes ni siquiera se atreven a dar la cara- dijo una de las mujeres orgullosa de lo que habían conseguido aquella noche. Dos de sus compañeros tenían a la familia de rodillas en el suelo con la cabeza gacha.
Uno de los recién llegados se acercó hasta la mujer que acaba de hablar, la cogió de la cintura y la besó apasionadamente hasta dejarla sin respiración. La mujer sonrió ante aquello y tras acariciarle la mejilla se volteó para indicarles al resto que era hora de largarse de allí.
Petra y sus compañeros comprendieron al momento lo que Levi había estado esperando. Si hubieran actuado antes seguramente alguno de ellos habría salido herido a causa de aquellos dos hombres que también esperaban en las sombras. Seguramente, lo de la familia lo habían hecho a modo de provocación para lograr que salieran si estaban escondidos en los alrededores.
Se sintió orgullosa de haber seguido las instrucciones de su capitán y de haber confiado en él. Nuevamente se sentía llena de energía y seguridad para enfrentar la situación con calma.
-¿Por qué no nos divertimos un poco antes de irnos?- sugirió uno de los hombres agarrando con fuerza el pelo de la mujer situada entre su marido y su hija pequeña. Su marido trató de moverse para impedir que le hicieran daño pero otro de ellos le propinó una patada que lo lanzó hacia atrás.
Los soldados se pusieron tensos. ¿Si no había peligro por qué no actuaban todavía? Entendían que Levi los hubiera retenido para evitar daños innecesarios pero aquello había terminado y eran perfectamente capaces de hacerles frente.
-Capitán, deberíamos hacer algo ya…- comentó Auruo en voz baja. Levi alzó la mano sin dejar de observar atentamente la escena. Era una indicación clara de que debían esperar. ¿Esperar a qué? –pero, capitán, ellos…
-Espera. Aún no.- fue lo primero que dijo desde que estaban allí escondidos. Y a pesar de ser solo tres insignificantes palabras tenían el efecto de mantenerlos firmes y quietos en sus posiciones. Así debían seguir hasta nueva orden.
Tras unos cuantos segundos en los que parecía que le darían una paliza a aquel pueblerino, una sombra rápida y casi invisible para la mayoría de ellos, se desplazó ágilmente hasta situarse muy cerca del grupo de cinco hombres. Solo Levi parecía ser consciente de ella.
-Preparaos. A mi señal.- indicó nuevamente. Los que portaban rifles de asalto se mantendrían allí para cubrir a los que entrarían en combate cuerpo a cuerpo. Su intención era no causar ninguna muerte, por ello, sus disparos irían directos a partes del cuerpo que no fueran letales para los delincuentes. Y solo si era necesario.
La hoja de una pequeña navaja brilló en la oscuridad, en esta ocasión no fue solo el capitán quien se percató de ello, algunos de sus soldados también parecieron verla sin comprender nada, pero la señal de ataque los sacó de aquella distracción obligándolos a concentrarse únicamente en lo que tenían a tiro.
Cuatro de ellos, incluido el capitán, llegaron en pocos segundos hasta los delincuentes sorprendiéndolos. Noquearon rápidamente a los más cercanos y a aquellos que portaban armas. Al percatarse, los delincuentes más alejados trataron de acercarse a la familia del suelo y tomar a alguno de ellos como rehén para no ser atrapados, sin embargo, Petra y Auruo, desde la oscuridad del callejón, evitaron a toda costa que eso sucediera.
En seguida controlaron la situación y se encontraron reteniendo a los sujetos en el suelo mientras se quejaban continuamente. Cuando terminaron y miraron a todos lados no encontraron al capitán por ningún sitio.
Uno de los soldados recordó entonces que cuando Levi noqueó a los dos sujetos con armas le ordenó que se hiciera cargo de todo mientras él se ocupaba de algo. Con todo el ruido le había costado entenderlo.
-Vamos, los llevaremos a donde están los caballos y esperaremos allí al capitán- gritó el soldado con voz firme. Los demás comprendieron rápidamente que en ese momento era él quien había tomado el mando y que debían seguir sus instrucciones. Llevaron a la familia al interior de su hogar y tras tranquilizarlos y disculparse por todo lo sucedido los dejaron allí.
Levi corría tanto como le era posible, aunque le estaba costando horrores alcanzarla sabía que podía lograrlo. Al fin y al cabo, había demostrado sus perfectas habilidades en aquellos años de entrenamiento, había nacido para aquello. Aunque no le gustaba alardear de ello, simplemente trataba de analizar objetivamente su situación y calculaba a la perfección las habilidades de la persona que tenía ante él.
Era tremendamente rápida y ágil, su vestimenta oscura le permitía camuflarse en la oscuridad y perderse de vista durante segundos pero aquello no funcionaría con él. Se había entrenado también durante la noche para no pasar por alto aquel tipo de situaciones de cara a futuros delincuentes.
La figura parecía no cansarse, aunque estaba seguro de que aquella persecución tan agotadora comenzaba a afectarla de alguna manera. Cuando, unas calles más abajo, tomó la decisión de subirse a los tejados de las casas, le pareció ver que resbalaba con una de las tejas húmedas. Eso le dio tiempo suficiente para ganar unos cuantos metros y sentír que estaba a punto de pillarla.
Entonces, cuando volvió a bajar a tierra y dobló varias esquinas, Levi decidió que era el momento adecuado para darle caza. Llevó su mano derecha al cinturón y agarró uno de los ganchos que tenía amarrado al mismo cinturón. Esperó un poco más y cuando la tuvo a tiro ante él, de un movimiento rápido lanzó el gancho. Se enrolló en su tobillo inevitablemente y cuando tiró, logró hacerla caer al suelo sin lograr encaramarse a una pared de piedra.
Al acercarse con cuidado observó que la capa de la joven no era tan oscura, tenía un ligero color granate. Jadeaba sin poder evitarlo. Vio como llevaba su mano a la cintura para sujetar con fuerza su pequeño cuchillo, sin embargo, Levi no se intimidó. Sabía que no lo atacaría.
-Por fin tengo el placer de hablar contigo cara a cara- le dijo con tono respetuoso. La miró fijamente esperando a que ella levantara su rostro cubierto por una capucha. Levi pudo observar que tenía el pelo bastante largo, a pesar de que no se había dado cuenta de ello por su intenso color negro. Su piel era pálida como la porcelana y sus ojos… fríos como el hielo y vacíos como el abismo más profundo.
La muchacha finalmente lo miró directamente sin ofrecerle ninguna expresión. Solo se mantuvo quieta esperando a que él continuara hablando.
-Supongo que eres consciente de todo lo que has hecho hasta ahora, no eres alguien impulsiva que únicamente se guía por sus arrebatos. –le comentó manteniendo su seriedad pero ella no respondió. –me alegro de estar en lo cierto.
La joven se puso en pie aunque no parecía tener intenciones de salir corriendo. Levi se acercó a ella lentamente dirigiéndole una de sus miradas penetrantes y serias. Colocó con fuerza su mano en la pared junto a la cara de la muchacha que no le sacaba más de cinco centímetros de altura. A pesar de que el gesto podía parecer algo violento ella no se inmutó y dejó que el capitán se acercara a su rostro lentamente hasta quedar a pocos centímetros de distancia.
-Eres tan sumamente precisa y certera que tu sola presencia resulta una amenaza para nuestra Legión. Es por eso que solo unas pocas personas saben de tu existencia. –la informó. Ella lo miró escuchando atentamente sus palabras. Eso sí, sin dejar de sujetar con fuerza la navaja en su mano derecha. –al menos, entre quienes seguimos con vida.
Ella continuó igual, sin mostrar ningún tipo de estremecimiento por sus palabras, aunque por dentro podría ser completamente diferente. Sin embargo, no se daba cuenta de la presión que empezaba a ejercer sobre su arma blanca, tanta que comenzaba a cortarse la palma de la mano.
Entonces, sin apartar la mirada de ella, Levi llevó su mano libre hasta la navaja, percatándose de lo que ocurría. Ella se agitó levemente por el contacto frío pero no aflojó la presión. –Puedes guardarla, no vas a usarla.- le dijo. La joven consintió que aflojara su mano y dejó caer el arma al suelo con un ruido seco. Levi le mostró una pequeña sonrisa casi imposible de percibir. No comprendía del todo sus intenciones pero la tensión que hacía unos momentos tenía parecía esfumarse poco a poco.
-Has causado muchos problemas a la Legión de Reconocimiento y lo sabes. Eres tan culpable como ellos, aunque quieras convencerte de lo contrario- la joven sintió su corazón palpitar con rapidez, no estaba dispuesta a seguir con aquella conversación pero, por primera vez, se veía incapaz de huir. Temió que aquel hombre pudiera percibir como se sentía. –pero también debo reconocer que eres diferente, ¿sabes? Te recuerdo a la perfección, Mikasa.- esas últimas palabras la alteraron tanto que sin querer abrió su boca y sus ojos mostraron sorpresa, tal y como aquel individuo pretendía. Entonces, logró recordar algo que hacía tiempo había enterrado. No era la primera vez que se encontraban.
Una de sus piernas tembló un poco y fue entonces cuando Levi decidió que era momento de continuar con su charla.
-Nos parecemos más de lo que crees, es por eso, que quiero darte la oportunidad que un día a mi me ofrecieron. –se acercó hasta su oído para susurrar sus próximas palabras. –la oportunidad de cambiar.
Sus manos también temblaron y un sudor frío la recorrió de golpe provocando que se agitara al instante. Pegó un pequeño salto alejándose inmediatamente de él. Levi supo que con aquello había llegado al límite, pero había logrado terminar lo que pretendía. Soltó el gancho de su pierna recogiéndolo rápidamente y viendo como la joven retomaba su rumbo dispuesta a saltar la pared del callejón sin salida. Entonces llamó su atención logrando que se girara hacia él una última vez.
-¡No olvides esto!- lanzó con fuerza y puntería la navaja que instantes antes había dejado caer al suelo y ella la atrapó en el aire con un movimiento rápido. Después, simplemente desapareció y Levi decidió que había terminado el asunto que tenía pendiente. Era momento de regresar con su escuadrón y llevar a todos los delincuentes a la comisaría. Les esperaba una larga noche de papeleo, sobre todo a él, ya que había estado al mando de la misión.
Año 865, primavera.
Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María.
Abrió sus ojos con cuidado al escuchar la puerta del cuarto cerrarse. Trató de mover su cuerpo pero desistió de ello cuando notó dolor por todas partes. Entonces, su mirada se centró en la persona que acababa de poner una manta sobre su madre, que tenía medio cuerpo echado sobre su cama y permanecía profundamente dormida.
Su mejor amigo se acercó a él por el otro lado para hablarle en bajo, no querían despertar a Carla.
-¡Por fin despiertas!- dijo contento Armin. Eren le dedicó una pequeña sonrisa agradecido por su preocupación mientras con su mano derecha acariciaba el rostro de su madre. Después, le dirigió una mirada llena de preguntas a su compañero, quien inmediatamente comprendió todo y comenzó a aclararle algunos de los sucesos.
-Ella está bien, no te preocupes. Cuando te trajeron al cuartel te llevaron inmediatamente a la sala de revisión donde curaron tus heridas y después te dejaron descansar aquí en la enfermería. Connie pidió a uno de los soldados que avisaran a tu madre de lo sucedido para que no se preocupara, ya que a él no le permitieron ir en persona. Y… bueno, creo que te imaginas lo que ocurrió después.- le sonrió nervioso. Eren conocía perfectamente a su madre y su forma de actuar.
-Exigió que le dejaran verme, ¿verdad?- Armin asintió con la cabeza.
-Es muy testaruda. Se negó a irse hasta que pudiera verte en persona. De nada le sirvió que le dijeran que estabas bien.
Eren sonrió contento, lamentaba que hubiera pasado una mala noche preocupada por él. Pero agradecía enormemente todo su apoyo, así como el de su compañero por querer avisarla. Si no lo hubiera hecho, posiblemente habría sido peor para Carla porque estaba convencido de que era capaz de esperarlo despierto hasta que regresara de la misión. Y se habría preocupado aún más si se retrasaba tanto y no tenía noticias de él.
-Armin, la misión… fue un fracaso, ¿no?- preguntó temiendo su respuesta. Recordaba vagamente lo ocurrido antes de perder la consciencia y lo sucedido antes de eso estaba demasiado borroso como para obtener una imagen precisa. Cuando levantó la mirada y vio sus ojos brillantes y alegres, supo que quizás todo había acabado bien.
-Para nada, Eren- le contestó de inmediato. Él se alegró enormemente, poco le importaba su estado si había logrado conseguir sus propósitos. –Connie no está herido y por suerte, tus heridas no son tan profundas ni graves como nos temíamos al principio. Sanarás rápido.- le contó contento.
Entonces, Eren suspiró aliviado. –oye, ¿y los delincuentes? ¿Han logrado sacarles algo de información acerca de la organización?- preguntó con curiosidad. A aquellas alturas los tendrían a todos bajo control. Pero la mueca extraña que se dibujó en la cara de su amigo le descolocó bastante. -¿qué sucede? ¿se niegan a hablar?- siguió con sus preguntas.
-No es eso, Eren. Ellos… bueno, los tres sujetos con los que te viste envuelto los encontraron muertos. Solo han conseguido capturar al que Connie trajo a comisaría.- le informó esperando algún tipo de reacción por su parte. Eren estaba estupefacto, ¿cómo era aquello posible? Recordaba haber noqueado a uno de ellos y después solo golpes incesantes que le propinaban. ¿Cómo habían acabado con la vida de ellos? ¿Quizás se resistieron cuando iban a ser capturados y al complicarse tanto las cosas no les quedó más remedio que matarlos? Armin pareció leerle la mente y cada una de las hipótesis que barajaba en su conflicto interno. Pero descartó todas ellas con un leve movimiento de cabeza.
-Has dicho que cuando estaba inconsciente me trajeron aquí. –él asintió. Pero también le había contado que Connie fue el encargado de llevar hasta allí al único delincuente que atraparon. A menos que hubiera hecho dos viajes dudaba que lo hubiera traído él. ¿Entonces, quien había sido? -si no fue Connie, ¿quién me trajo? ¿Algún soldado que estaba por los alrededores?
-Me temo que no. Y tampoco fue Connie quien dio la orden de que te buscaran, cuando llegó a tu posición ya no estabas allí. Eren, tú llegaste a comisaría antes que Connie.
Sus ojos se abrieron de par en par mostrando sorpresa. De repente las sábanas le daban demasiado calor y optó por levantarse de la cama con ayuda de Armin, quien insistió en que volviera a tumbarse. La imagen de la mirada oscura y penetrante se volvió a su cabeza. Se giró inmediatamente hasta Armin sujetando su brazo con fuerza pidiéndole que le contara quien había sido.
-Tranquilízate, Eren. Te lo contaré todo si es lo que quieres, pero cálmate un poco.- pareció entender y comprender sus palabras, así que decidió seguir lo que su amigo decía para que le aclarara lo sucedido. –fue ella, ya sabes… ¿recuerdas las preguntas de Connie en vuestra celebración de graduación?- Eren al instante recordó también la conversación que tuvo con Connie en el pasillo cuando siguió una silueta pensando que podía ser un fantasma escurridizo.
-Ella… ¿quién es ella? ¿Ella los mató?- sentía la necesidad de saber más para poder aclararse. Pero su conversación se vio interrumpida por un portazo que también despertó a Carla.
-¡Eren!- su madre se incorporó dándole un gran abrazo lleno de alegría al ver que había despertado. Él dejó inmediatamente el tema del que estaban hablando para concentrarse en su madre y en el recién llegado.
-¡Por fin despierta la bella durmiente!- gritó Connie desde la entrada del cuarto. Era una sala grande con más camas pero allí únicamente se encontraba él rodeado de gente.
-Bueno, yo tengo cosas que hacer. Luego nos vemos, Eren- le dijo Armin, aunque él prefería aclarar todos los asuntos que tenían pendientes pero comprendió que se lo contaría cuando llegara el momento.
Su madre se quedó un buen rato más con ellos hasta cerciorarse de que se encontraba bien. Sus heridas, principalmente, eran moretones y un montón de magulladuras. No tenía ninguna extremidad rota ni gravemente lesionada. Cuando Carla, a causa de la insistencia de Eren, regresó a casa para descansar, Connie tomó asiento junto a él.
-Menuda paliza te dieron ¿qué es lo que ocurrió?- preguntó él con curiosidad. Eren le contó brevemente todo lo que recordaba hasta quedar inconsciente. Incluso la persona a la que vio y confundió con su compañero. -¡claro que no era yo! ¿Bromeas? Me decepciona que no seas capaz de reconocerme- bufó tratando de sentirse dolido pero entonces le dio unas palmadas a su compañero en la espalda.
-Oye, Connie. ¿Es cierto que no fuiste tú quien me trajo aquí?- él bajó la cabeza algo triste, o quizás incómodo. Eren, en cambio, observaba expectante cada movimiento de su cuerpo esperando una respuesta. Entonces, Connie afirmó con la cabeza.
-Até al hombre que perseguimos para ir a ayudarte. Pero cuando llegué ya no estabas y bueno… me asusté un poco al ver tanta sangre. –se quedó en silencio unos segundos para continuar después. –Creí que uno de esos cuerpos podría ser el tuyo.- Eren le dio una palmada en el hombro a modo de apoyo. Apreciaba muchísimo su preocupación. –pero cuando me aseguré de que no eras tú corrí a por el hombre para avisar cuanto antes a la comisaría de lo ocurrido y entonces… me dijeron que estabas dentro y que te estaban curando las heridas.
-Connie, yo no…- trató de explicarse. No había caído en que podría salir perjudicado con todo aquello. ¿Y si creían que había sido él quien los había matado a todos?
-¿Estás loco? claro que no has sido tú, te conozco muy bien y sé que no harías algo así- lo tranquilizó. –No es la primera vez que ocurre esto ¿sabes? es información confidencial y son pocos quienes lo saben, pero nadie te culpará a ti, no te preocupes.
Connie se levantó con intención de marcharse y dejarlo allí para reposar.
-Al fin y al cabo, la misión fue un éxito- se giró para dedicarle una sonrisa lo más sincera que pudo. –Esta noche lo celebraremos donde siempre, ¡así que no llegues tarde!- Eren trató de excusarse pero en realidad su estado no le impedía moverse. Simplemente no debía sobre esforzarse. El médico pasó a hacerle una revisión por la tarde después de haber estado todo el día reposando y le dio permiso para irse si quería. Solo le indicó que debía seguir descansando y que lo hiciera en casa.
Aún no era demasiado tarde y necesitaba despejarse un poco, estar tanto tiempo reposando en una cama lo asfixiaba. Por eso, decidió pasarse por el bar de Hannes.
Cuando entró un olor muy familiar lo envolvió, la fragancia del alcohol era tan familiar como apetitosa para él. Se acercó al mostrador con intención de hablar con su viejo amigo pero éste, al verle entrar por la puerta, le hizo indicaciones para que tomara asiento. Preparó una de sus cervezas preferidas y se la llevó hasta la mesa.
-¿Cómo te encuentras, Eren? Ya estoy enterado de lo ocurrido.- le dijo preocupado y al mismo tiempo aliviado de verlo bien. Eren agradeció que la hinchazón de su cara hubiera bajado rápidamente.
-Estoy bien, gracias. No tardaré en curarme y así podré seguir con mis obligaciones- le informó pensando en cuál sería su próxima misión.
-Sigues igual que siempre. Creo que deberías tomarte un buen descanso hasta reponerte del todo- le dejó la cerveza en la mesa –pero antes puedes tomarte esta medicina tan refrescante- le comentó con una pequeña sonrisa antes de volver a su puesto. Eren sujetó la botella fría con la mano y la observó durante unos instantes hasta que sintió un golpe en la espalda y estuvo a punto de tirarla al suelo.
-¡Has venido!- gritó Connie tomando asiento. –Pensaba que te irías temprano a dormir como las abuelitas- bromeó. Junto a él, Armin también había ocupado el asiento libre que quedaba en la pequeña mesa.
-No te pases, Connie. Sabes que necesita seguir reposando para recuperarse- le reprochó.
Cuando ellos también estuvieron servidos Armin y Connie se dirigieron unas miradas algo tensas, como si intentaran obligar al otro a empezar a hablar pero ninguno parecía encontrar el momento adecuado para hacerlo. Estas continuas miradas no pasaron desapercibidas para Eren y tras soltar un suspiro decidió ayudarlos.
-A ver, ¿qué pasa?- Armin lo miró sobresaltado y acabó tomando la palabra.
-Se trata de lo que estábamos hablando antes cuando despertaste. No puedo deciros mucho. Sin embargo, si puedo contaros lo justo y necesario.– Connie se alegró un poco. –teniendo en cuenta que te has visto involucrado en una situación de estas es conveniente que tengas las cosas más claras. Eso sí –bajó aún más la voz provocando que se acercaran a él para escuchar mejor. –no podéis hablar de esto con absolutamente nadie. Confío en vosotros.
Ambos asintieron y esperaron a que nuevas palabras brotaran de su boca. Eren estaba nervioso, como si estuvieran a punto de darle una noticia realmente reveladora y que tendría graves consecuencias en él.
-La persona que te trajo fue quien… se deshizo de esos delincuentes- comenzó con decisión.
-Oh, vamos, Armin. Creo que llegados a este punto los dos hemos sacado esa conclusión solitos y también sabemos que te refieres a Mikasa- lo interrumpió Connie viéndose sorprendido por la mano del chico rubio que cubrió de inmediato su boca en cuanto nombró a la persona de la que hablaban.
-¡Connie!- le advirtió molesto indicándole que no volviera a llamarla por su nombre.- él suspiró y volvió a hablar.
–Eren la vio el otro día en uno de los pasillos del cuartel pero no conseguimos alcanzarla.
Armin se sorprendió al escuchar aquello y recordó a la perfección la charla que había tenido en su despacho.
-Aquel día fue a verte a ti, ¿verdad?- le presionó Connie. Armin suspiró y asintió con la cabeza.
-Yo le di la información sobre todas las próximas misiones. Es lo que suelo hacer cada cierto tiempo.- les contó. Eren se sorprendió muchísimo al enterarse de que filtraba información a gente externa al cuartel. ¿Y si aquello les perjudicaba?
-Pero… esa mujer, ¿coopera con la Legión de Reconocimiento?- preguntó. Al fin y al cabo les había ayudado, ¿no? y lo había llevado a él hasta el cuartel cuando podría haberlo dejado tirado en la calle.
-No- la respuesta le sorprendió bastante, más que a Connie, quien ya sospechaba que los rumores fueran ciertos. –ella no trabaja con ni para nosotros, Eren. Actúa por voluntad propia.
-¿¡Qué!? Entonces es posibilidad que la muerte de los delincuentes no fuera un simple accidente…
-Exactamente.
-Por supuesto que no lo fue- afirmó Connie con total seguridad. –no sé mucho sobre el tema y lo único que he escuchado son rumores pero tengo entendido que en todas las misiones en las que ha aparecido los delincuentes o personas involucradas en el asunto mueren. Tuviste suerte, Eren.
Armin apretó los puños al escuchar aquellas palabras pero no se atrevió a decir nada. Eren sospechaba que sabía más de lo que les contaba pero quizás aún no estuviera preparado para hacerlo.
-Entonces es tan peligrosa como ellos. ¿Por qué permiten que siga actuando así? La Legión de Reconocimiento es perfectamente capaz de hacerle frente a todo.- dijo él bajo la mirada asombrada de Armin.
-Seguramente tenga a alguien que la encubra a parte de Armin. Dudo que sea capaz de campar a sus anchas sin que nadie la detenga. Hay soldados realmente buenos que podrían atraparla si quisieran- continuó Connie. Armin no parecía dispuesto a continuar con la conversación.
-¡Vaya! ¡Mirad quien se deja caer por aquí!- gritó en voz alta un soldado cerca de la barra. Llevaba el pelo marrón claro demasiado peinado. Era alto, delgado y parecía bastante fuerte. Junto a él, bebían de sus vasos un joven más alto que él con el pelo negro y una chica bajita con nariz aguileña y el pelo rubio recogido en un moño.
Eren, Connie y Armin se giraron para observar qué era lo que pasaba, ya que sus voces llamaban la atención rompiendo por completo las conversaciones de quienes estaban a su alrededor. Entonces, en sus uniformes en vez de unas alas de libertad tenían bordado una especie de caballo de color verde con un cuerno. Tampoco llevaban la capa característica de la Legión.
-Son de la Policía Militar… ¿qué hacen aquí?- preguntó para sí mismo Connie. Entonces Eren frunció el ceño al reconocer a dos de esos soldados y después miró con cautela a los recién llegados. Concretamente el capitán Levi junto a dos soldados más. Sin embargo, por muy evidente que resultara que los comentarios que hacían iban dirigido a ellos, los ignoraron por completo.
-Lo que os decía, ni siquiera son capaces de cumplir con sus obligaciones. Les dejan el trabajo más sencillo y la cagan constantemente- el joven de pelo negro parecía ponerse nervioso con las palabras de su amigo que tomaba un nuevo buche de su vaso con whisky.
-Jean, deberías bajar un poco la voz.- le propuso amablemente y tratando de no alterarlo más de lo que estaba.
-¿¡Pero qué dices!? ¿Estás insinuando que no tengo razón?… ¿es que no lo entiendes? Por culpa de ellos muere mucha gente. Así es como hacen las cosas- escupió con maldad. Después miró a la rubia bajita llamada Annie sin esperar a que le devolviera la mirada. Mantuvo su rostro tan inexpresivo como solía hacerlo y se dedicó a pegar un buche a su bebida. Marco se dio la vuelta hacia la barra para ignorar sus palabras.
Jean, al ver como sus compañeros parecían desinteresados en sus comentarios comenzó a alterarse mucho más y apretó con fuerza sus puños. –ya veo… no queréis ver la verdad ¿eh? ¿Tanto miedo os dan? Pues yo no me acobardaré- dejó su vaso con intención de caminar hacia el capitán a unos cuantos pasos de él.
Los soldados a su alrededor no se apartaron aunque ya habían puesto sobre aviso a Levi. Eren observó furioso la escena. Aquél imbécil se estaba pasando de listo y ni siquiera se había molestado en pensar sus propias palabras. Para él, todo aquello sin argumento alguno carecía de sentido. A no ser, que las muertes de las que hablara fueran las de todos aquellos casos sobre los que ellos tres acababan de hablar. Las misiones en las que la mujer se había involucrado y el hecho de que la Legión no las hubiera impedido. ¿Entonces se referían a la misma persona?
Apretó sus puños enfadado pero Armin cuando se dio cuenta le pidió que observara con tranquilidad lo que ocurría.
-¡Eres un maldito embustero!. Tú y tus aires de superioridad… en realidad solo es una fachada para ocultar tu incompetencia como soldado- continuó hablando ante el capitán. Por un momento Connie se estremeció, jamás nadie se atrevería a decirle algo así a Levi. Aquel pobre insensato no debía conocerlo.
Levi esperó unos pocos segundos para dejarle gritar a gusto y después, pese a que el joven le sacaba más de treinta centímetros hizo un movimiento rápido provocando que quedara tumbado en el suelo bajo él. Levi se mantuvo agachado a su lado sujetándolo del cuello de la camisa. Jean, en cambio, estaba tan sorprendido que no atinaba a comprender lo que había sucedido.
-No pienso malgastar ni un segundo más con alguien como tú. –se acercó más a su rostro para que sus próximas palabras solo pudiera escucharlas él. -¿acaso te niegas a creer que sólo eres un maldito peón más? Eres despreciable.- soltó su camisa dejando que se diera un golpe en la cabeza. Levi dejó algunas monedas en la barra y salió de allí seguido por sus compañeros.
Todos los huéspedes del bar se mantuvieron absortos en la discusión, de alguna manera esperando que se produjera una pelea. Pero en cuanto el capitán dejó el establecimiento todos continuaron con sus asuntos. A excepción de unos pocos hombres mayores que soltaron varias carcajadas al ver a Jean tirado de aquella manera tan vergonzosa en el suelo.
El soldado de la Policía Militar se levantó con cuidado de no perder el equilibrio, su rostro estaba rojo y no era únicamente a causa de la cantidad de alcohol que había consumido. Carraspeó mirando a su alrededor con intención de seguir soltando bravuconerías pero Marco se le adelantó y lo arrastró hasta la calle seguido de Annie. Aquella noche ya habían tenido suficiente y aunque seguramente tardarían muchísimo tiempo en volver por Shiganshina, no significaba que no pudieran meterse en más líos.
Hasta aquí el quinto capítulo. Ha sido bastante larguito pero no podía parar de escribir xd. Creo que en este se han aclarado muchas cosas, o al menos he dejado bastante información sobre ciertos asuntos importantes. Aunque me temo que hay varias cosas que han quedado en el aire y que todavía no pueden saberse a ciencia cierta. Y para descubrir de qué se trata tendréis que seguir leyendo :P
Como habréis comprobado, esta vez el pasado se centra en Mikasa y Levi, un poco curioso ¿verdad? Quiero decir que por algún motivo he disfrutado mucho escribiendo esa parte. Me imaginaba la escena y me emocionaba un montón jajajaja. Son dos personajes que me encantan.
En general creo que es de los primeros fics en los que puedo escribir sin parar y no me aburro de lo que narro ni de los diálogos. Quizás se deba a que me estoy centrando en diferentes personajes y en etapas distintas. Quién sabe. Pero mientras funcione seguiré adelante para tener listos cuanto antes los siguientes capítulos.
Vuestro apoyo me resulta imprescindible para motivarme a seguir la historia, así que me gustaría que me dijerais qué opináis y qué cosas os gustan o crees que debería mejorar o cambiar. ¡Muchas gracias por leer!
