Capítulo 7: Atrapando a los malvivientes
El guarda escoltó a Duke Roedríguez a la sala de interrogatorios. Lo esposó a la mesa y se aseguró de que no podía zafarse. Duke le puso malacara mientras el guarda salía de la sala, preguntándose de qué se trataba todo esto.
La puerta se abrió de nuevo y entraron Judy y Nick, cada uno llevando un libro pesado.
"¡Vaya, vaya, miren quien está aquí! La Oficial Todo-Lo-Hace-Mal y su Zorro Arrepentido," dijo Duke con voz burlona.
Judy y Nick no dijeron nada. Cerraron la puerta con llave y colocaron los libros pesados en la parte superior de la mesa, uno encima del otro. Luego Judy puso su teléfono recostado por los libros con la pantalla mirando hacia Duke. Se pararon a cada lado de la mesa, con los brazos cruzados, sin decir palabra alguna.
"Si piensan que van a hacerme hablar, sigan soñando, polizontes," dijo Duke. "Nada de lo que hagan me obliga..raa...mamááá... ¡AAAH!"
"Buenos días, Duke," dijo una voz sedosa y fría. Provenía del teléfono de Judy.
Era Míster Big, el más temido jefe del crimen de Tundratown, y el padre de Fru Fru. Pequeño como era, su imagen dominó la pantalla del teléfono de Judy. Estaba sentado en su escritorio... o más bien, encima de su escritorio... y su rostro era severo como de costumbre. Varios osos polares gigantescos trajeados podían verse detrás de él.
"Un pajarito me contó que te has estado portando muy mal últimamente, y francamente no me sorprende."
Duke casi cayó de la silla. Míster Big era tan intimidante en una videollamada como lo era en persona.
"Robando juguetes de niños inocentes, ¿Duke? Y justo cuando se pensaba que no podías caer más bajo. Justo cuando se pensaba que habías llegado al fondo del barril, descubres que si levantas el barril y te metes en el fango inmundo que hay abajo, ahí estás tú."
Míster Big pausó, dejando que sus palabras surtieran efecto, y continuó.
"He oído que tienes información que puede ayudar a mucha gente, pero que no estás dispuesto a compartirla. Así que te voy a dar dos opciones: Uno, puedes negarte a decirle a la madrina de mi amada nieta y a su fiel compañero todo lo que necesitan saber, e ir tranquilamente de vuelta a tu celda por el resto de tu condena pensando en lo inteligente que eres. Pero en el momento en que salgas de la cárcel, mis muchachos irán a recogerte y vendrás a darme una pequeña visita, Duke. Y créeme... no será tan agradable como la última vez que estuviste aquí."
Duke se puso pálido.
"Te aconsejo que trates de crecer mucho pelo bien grueso mientras estés en la cárcel, porque vas a quedar bien heladito cuando termine contigo," dijo Míster Big con una sonrisa macabra. "Y luego está la opción número dos: le dices todo lo que necesitan saber la madrina de mi amada nieta y su fiel compañero, ellos cierran el caso, y tú pasas el resto de tu condena en la cárcel sabiendo que hiciste lo correcto, y así te evitas mucho, mucho sufrimiento."
Duke miró a Judy, luego a Nick. Ambos estaban con los rostros fríos y severos.
"Te estoy haciendo una oferta que no podrás rechazar," dijo Míster Big. "Que tengas buen día."
Y colgó.
"Está bien... está bien... soltaré la lengua," dijo Duke, temblando como gelatina.
Judy levantó la pluma de zanahoria para tomar la confesión.
"Desembucha, Roenzales," dijo ella, pulsando el botón de grabar.
"...y las vendí al Viejo Todd. Él me dio muchos billetes por ellos. No hice preguntas."
El Jefe Bogo escuchó la grabación con los ojos bien abiertos.
"No sé cómo lo haces, Hopps," dijo Bogo. "Pero este es nuestro boleto de oro."
De pronto alguien llamó a la puerta de su oficina.
"Adelante," dijo Bogo.
Judy, sentada en la silla frente al escritorio de Bogo, se dio la vuelta y vio a Garraza entrando a la oficina.
"Ya tenemos los resultados de la identificación de la furgoneta, Jefe," dijo Garraza. "Fue comprado por un tal Todd Jabalincio hace dos años, en una subasta. Miramos los antecedentes de Jabalincio. Su lista de delitos ocupa dos páginas. Cómplices conocidos: Pandaki Kumamoto, conocida por su nombre artístico Madame Mística, adivina y maga. Su lista de delitos es casi tan larga como la de Jabalincio."
"Estupendo, Garraza. Ya los tenemos," dijo Bogo. "Bien hecho, Hopps. Quiero a todos en la sala de reuniones de inmediato."
Y alguien más llamó la puerta.
"Adelante," dijo Bogo.
Era Nick, y alguien venía con él: Garibaldi de Zar y Güeya.
"¡Saludos cordiales, Jefe Bogo!" dijo Gari. "Tengo algo aquí que le gustaría ver."
Gari levantó el mecanismo de piar y una hoja de papel en sus manos. Era un esquema técnico detallado de las partes del aparato y sus funciones.
"Eh… ¿y con quién tengo el gusto?" preguntó Bogo.
"Garibaldi de Zar y Güeya, genio mecánico y operador de computadoras extraordinario, y recientemente Oficial Junior de la Policía de Zootopia," dijo Gari, mostrando su placa de pegatina en su camisa que Nick le había dado. "En esta hoja encontrareis todo lo que necesitáis saber acerca de los dispositivos que los malhechores utilizan para controlar a sus víctimas y obligarlas a cometer delitos."
Bogo tomó el papel y lo leyó. Nick, Judy, Garraza y Gari lo esperaron.
"Esto... es increíble," dijo Bogo. "Sala de reuniones. Todo el mundo. Ahora."
Bogo se situó en el podio en la sala de reuniones. Por una vez en la vida, todo el mundo estaba en silencio y con ganas de escuchar.
"¡Bien, atención todos! Tenemos a nuestros delincuentes. Apaga las luces, Higgins."
Higgins lo hizo, y Bogo encendió el proyector, mostrando las fotos de Todd y Mística, junto con su larga lista de crímenes.
"Quiero dos equipos," dijo Bogo, mostrándoles una vista aérea de la feria. "El equipo Alfa estará en la entrada de la feria, asegurándose de que no escapen. Equipo Bravo irá a arrestarlos. Habrá gente en el carnaval, no tenemos tiempo para despejar el área. Quiero que todos actúen con cautela y buen juicio. Todos los oficiales caninos deben usar algodones en los oídos; los criminales utilizan un dispositivo sónico que puede afectar a los oficiales con audición muy aguda. Sus posiciones... "
Todos escucharon, recibieron sus misiones y se precipitaron a sus coches patrulla. Bogo iría a arrestar a los malvivientes él mismo.
"¡Oiga, jefe!" dijo una voz en el fondo. Era Gari.
Bogo se sorprendió al verlo. No se había dado cuenta de que la zarigüeya había entrado en la sala de reuniones, pero no tuvo tiempo de decir nada.
"Tengo algo aquí que le puede ser de gran utilidad. Se trata de un dispositivo de que puede rastrear señales de radio," dijo Gari, dándole a Bogo un pequeño aparato con una pantalla y algunos botones. "Es capaz de detectar las señales de radio enviadas a los peluches de polluelo y localizar el punto exacto de donde están siendo transmitidas."
"Ya veo," dijo Bogo, sosteniendo el pequeño dispositivo en su enorme pezuña. "Tal vez alguien menos... eh... corpulento… pueda operar este dispositivo. Hopps... "
"Yo me encargo, Jefe," dijo Judy y saltó sobre un escritorio y tomó el dispositivo de rastreo.
"Bien. ¡Andando entonces! ¡Vamos a por ellos!"
Judy y Nick iban en su coche patrulla con Garraza en el asiento de atrás, en dirección a la salida de la ciudad.
"Toda esta tensión me está dando hambre," dijo Garraza.
"¿En serio?" dijo Nick, sonriendo y mirando de soslayo a Judy, quien luchaba para no reírse.
"Hopps. ¿Puedes parar un minuto en esa esquina?" dijo Garraza, señalando a una tienda de rosquillas.
"Garraza, estamos camino a una misión," dijo Judy.
"Sólo será un minuto," dijo Garraza.
"Grr... está bien. Pero que sea rápido," dijo Judy, deteniendo el coche patrulla delante de la tienda de rosquillas. "Si dejas caer migas en nuestro coche patrulla, espero que las limpies."
"Descuida, Hopps, puedo ser muy pulcro," dijo Garraza, abriendo la puerta.
"Sí, cuando no tienes rosquillas colgándote del cuello," dijo Judy en voz baja.
"Y hablando de cosas que se cuelgan…mira hacia allá," dijo Nick, apuntando a un lugar a la media cuadra.
Judy miró y vio que era el Oasis Manantial Místico, un club naturalista donde ella y Nick habían tenido que entrar diez meses atrás durante su investigación de los mamíferos desaparecidos.
"Ay, Nick," dijo Judy con gesto de aversión. "No me lo recuerdes..."
"¡Oh! El Oasis Místico," dijo Garraza sonriendo. "No he ido ahí en un par de semanas. Tengo que hacerme de tiempo."
Se bajó del coche y se dirigió a la tienda de rosquillas.
Judy y Nick se quedaron atónitos, procesando lo que acababan de oír, sus ojos muy abiertos.
"Mi mente acaba de mostrarme algo verdaderamente horripilante," dijo Judy.
"La mía también," dijo Nick. "Creo que voy a necesitar terapia."
Los asistentes a la feria se percataron de la presencia policial. Cuatro coches patrulla estaban estacionados en la entrada de la feria, y tres más estaban estacionados a poca distancia de la carretera de acceso.
Judy activó el dispositivo de rastreo que Gari había fabricado, y ella y Nick siguieron la señal, con Higgins y Osorio detrás de ellos. Entonces vieron la furgoneta.
"La tenemos," dijo Judy, apuntando a la furgoneta marrón de la 'Florería de mi Tía'.
Higgins trajo un inmovilizador y lo colocó en la rueda delantera. Entonces Osorio forzó la cerradura y abrió la parte posterior. Y…
"¡Santo cielo!" dijo Nick. "Es como algo salido de 'Viaje a las Estrellas' ahí dentro."
El interior estaba repleto de equipos electrónicos. Había una caja de polluelos de peluche en una esquina, y algunos coches de juguete en una bolsa, y varias herramientas y piezas de metal en una caja al lado.
"Parece que el carnaval ha terminado para esos dos," dijo Judy triunfalmente.
El Jefe Bogo marchó a través de la multitud, dirigiéndose directamente al juego del Viejo Todd. Vio al jabalí haciendo su negocio como de costumbre.
"¡Un paso al frente, amigos! Prueba tu suerte, un pesito y nada más. Dar en el blanco y ganar, es así de fácil... oh, ¡buen día, Oficial!"
"Buenos días," dijo el Jefe Bogo, colocándose en frente del puesto y apoyando su codo sobre el mostrador. "¿Cómo va negocio?"
"Tan bueno como se puede esperar," dijo el Viejo Todd. "Hay que ganarse la vida de alguna forma, patroncito."
"Sí, y por lo que veo, tú sacas muy buena ganancia para ser un trabajador de carnaval ambulante, Señor Jabalincio," dijo Bogo, estrechando los ojos peligrosamente.
"Eh... ¿Cómo dijo?"
"¿Le suena conocido el número ochenta mil seiscientos?" susurró Bogo.
La cara del Viejo Todd se puso pálida. Bogo sabía que lo tenía. Ochenta mil seiscientos era la cantidad exacta de dinero que se llevaron del Banco de los Hermanos Lemming.
"Ah... eh...qué…es decir... cómo... supo…" balbuceó el Viejo Todd.
"Oh, un pollito me lo contó," dijo triunfalmente Bogo.
El Viejo Todd dio un paso hacia atrás.
"Ah... eh... creo que...me llaman..."
"Todd Jabalincio, usted está bajo arresto..." comenzó Bogo, pero de repente, el jabalí salió disparado de la tienda por el costado y se echó a correr.
Bogo corrió tras él.
"¡TODAS LAS UNIDADES BRAVO!" dijo Bogo por su radio. "¡SE DIRIGE HACIA LOS AUTITOS CHOCADORES! ¡Acorrálenlo!"
Todd corrió hacia la tienda de Madame Mística. Irrumpió en la tienda y la vio interpretando su truco del ramo de flores.
"¡Ya nos descubrieron, Madame M! ¡Larguémonos de aquí!"
Madame Mística saltó del escenario y corrió hacia la entrada de la tienda, seguida por el Viejo Todd. El público quedo confundido, preguntándose qué estaba pasando.
"Los distraeré," dijo la Mística y sacó una bomba de humo de su capa.
Ella tiró la bomba de humo contra la multitud y explotó en una nube blanca. Hubo fuertes gritos y conmoción, causando pánico.
"¡La furgoneta!" dijo el Viejo Todd. "¡Está en el estacionamiento!"
Corrieron a través de la multitud, pero se detuvieron al ver los coches de policía bloqueando la entrada.
"¡Estamos atrapados!" dijo Todd.
"Por suerte para ti, preparé un plan de contingencia," dijo Mística. "A la casa de los horrores. De prisa."
Se dieron la vuelta y vieron a los Oficiales Delgato y McCuerno que venían hacia ellos.
"Del otro lado," dijo Todd y corrieron en dirección opuesta, echando un puesto de algodón de azúcar y esquivando por poco al Oficial Rhinowitz y al Jefe Bogo.
"¡Se dirigen a la casa de los horrores!" gritó Bogo. "¡Dos en cada entrada! ¡Que no escapen!"
Todd y Mística corrieron hacia la entrada de la casa de los horrores, empujando a todos en la fila.
"¡Los tenemos!" dijo Bogo. "¡Quédate aquí, Rhinowitz! ¡Delgato, McCuerno, cubran la salida!"
Pero de pronto, algo salió disparado de la casa de los horrores, casi echándola al suelo. ¡Una camioneta!
"¡Tienen un vehículo de fuga!", dijo McCuerno.
"¡TODAS LAS UNIDADES ALFA!" bramó Bogo por su radio. "¡Están intentando escapar en una camioneta negra! ¡Intercepten el vehículo!"
Judy oyó la voz de Bogo en su radio y estiró a Nick de la mano hacia el coche patrulla. Las orejas de Nick estaban llenas de algodón, por lo que no podía oír.
En el instante en que se metieron a su coche patrulla, una camioneta negra destrozó la valla de madera del perímetro de la feria a poca distancia de ellos, esquivando la barrera policial. Se pasó por encima del terreno irregular en dirección a la Carretera Prado.
"¡Son ellos! ¡Están escapando!" dijo Nick.
"¡No esta vez!" dijo Judy. "¡Vamos tras ellos!"
Puso en marcha el auto y pisó el pedal, y salieron a la ruta en persecución.
"¡Soy el Oficial Wilde! ¡Los criminales están huyendo hacia el oeste por la Carretera Prado!" dijo Nick en la radio del auto, sacándose los algodones de las orejas. "La Oficial Hopps y yo estamos en persecución. Cambio."
"Enterado, Wilde," dijo la voz de Colmillán del otro lado. "Estamos justo detrás de ustedes."
"Esta vez caerán, malandras," dijo Judy apretando los dientes, inclinada sobre el volante como una corredora de carreras.
Pasaron por un punto de referencia conocido. La cabina de teléfono de emergencia, donde la furgoneta marrón de la 'Florería de mi Tía' había estado estacionada la noche del robo del banco. Y justo entonces... luces parpadeantes y un bocina muy fuerte...
"¡Oh, tienes que estar bromeando!" gritó Judy cuando vio el parpadeo de la señal del puente levadizo.
"Se detendrán en el puente," dijo Nick.
"¡No! ¡Están acelerando!"
La camioneta negra aceleró más y cruzó el puente justo cuando comenzó a elevarse.
Judy aceleró al máximo, agarrando el volante con fuerza.
"¡Zanahorias!" dijo Nick. "¡Ya hemos pasado por esto!"
"¡Podemos logarlo!"
El auto patrulla corrió con velocidad vertiginosa al puente, que ya se estaba elevando.
"¡Esta vez sí podemos lograrlo!" dijo ella, con los ojos pegados en el puente.
"Espero que tengas razón…"
"¡Sujétate, Nick!"
Llegaron al final del puente levadizo, y...
"Dulces galletas con queso..." murmuró Nick cuando sintió que su estómago se bajaba a sus pies.
El coche patrulla voló por los aires apenas dos segundos... y luego cayó en la otra mitad del puente.
¡BAM! Rebotó dos veces y siguió camino, ¡justo detrás de la camioneta negra!
"¡Lo logramos!" dijo Judy.
"¡Y en una sola pieza!" dijo Nick.
"¡Chócale!"
Ambos rieron en voz alta y chocaron las palmas triunfantes.
La camioneta negra se dirigía vertiginosa por la carretera, a pocos metros por delante de ellos. Judy mantuvo derecho el volante. Los estaban alcanzando.
"Están tratando de llegar a la línea del condado," dijo Nick.
"Vamos a interceptarlos antes de que lleguen," dijo Judy. "Los otros están atascados en el puente levadizo."
"Sí, una vez que... ¡CUIDADO!"
La camioneta negra frenó de golpe y comenzó a balancearse de lado a lado. Judy la esquivó por un pelo y clavó los frenos. En cuanto se detuvieron, la camioneta negra volvió a acelerar y pasó como una bala a su lado.
"¡Truco sucio!" dijo Judy, acelerando una vez más.
"No se van a entregar tan fácilmente," dijo Nick.
Judy los persiguió a toda velocidad hasta que estaban solo a un metro de distancia de ellos. Entonces, ella abrió la ventana.
"¡Toma el volante, Nick!"
"¿¡Qué!? ¡¿Qué estás haciendo?!"
Luego se dio cuenta de lo que ella tenía planeado.
"¡Zanahorias! ¡Sé lo que estás pensando hacer, pero a menos que tengas un frasco de Jugo de Gommi-baya en tu bolsillo, ni… lo… intenteees!"
Judy saltó por la ventana antes de que Nick pudiera detenerla y voló hacia la camioneta…justo cuando se desviaba hacia la izquierda.
¡Apenas lo logró! Sus manos agarraron en el borde de carrocería. Su cuerpo colgaba peligrosamente en el aire.
Con un tremendo esfuerzo, Judy trepó sobre el borde y aterrizó en el suelo de la carrocería de la camioneta. Sacó su pistola eléctrica y gateó hasta la parte delantera.
Madame Mística y el Viejo Todd estaban dentro de la cabina, encerrados y fuera de su alcance. No había manera de que ella pudiera hacer que se detengan.
"Okey, tal vez salté sin pensar," dijo ella.
Luego sus ojos se volvieron hacia la derecha... y vio una caja entreabierta en el suelo de la carrocería. Y en el interior había...
"¡Dardos!"
Era una caja de dardos. Probablemente eran del Viejo Todd, para reemplazar los que se dañaban al tirarlos en el juego. Judy abrió la caja y sacó un puñado de dardos.
"Bueno..." dijo ella, moviéndose a la parte trasera de la carrocería. "O estoy a punto de hacer algo muy inteligente... o muy estúpido."
Ella tiró los dardos debajo de la llanta trasera.
¡Púm! ¡La llanta reventó!
Nick acercó el auto justo al lado de la camioneta, ahora desestabilizada y tambaleándose peligrosamente.
"¡TOMA MI MANO!" gritó Nick, extendiendo el brazo por la ventana.
Judy trató de saltar, pero cada vez que lo intentaba, la camioneta se tambaleaba y la hacía perder apoyo.
"¡SALTA! ¡TE ATRAPARÉ!"
"¡NICK!"
"¡JUDY!"
Y en ese instante, ¡la camioneta se volcó!
"¡AAHH!"
Judy saltó. Ella cerró los ojos, sin sentir nada debajo de ella, segura de que estos eran sus últimos segundos de vida... y de pronto fue agarrada firmemente por una mano tibia y estirada a través de la ventana del coche patrulla, aterrizando en un regazo cálido y envuelta con fuerza por un brazo conocido, sintiéndose segura en el abrazo varonil del zorro a quién ella amaba con todo su corazón.
Nick clavó los frenos mientras sostenía fuertemente a Judy, viendo como la camioneta negra rodaba fuera de control sobre el asfalto, hasta que paró por completo.
Judy y Nick se acercaron con cautela a la camioneta, caminando lado a lado. Yacía sobre el lado derecho, con las ruedas girando lentamente. Del parabrisas roto, arrastrándose mareados, salieron dos figuras: Madame Mística y el Viejo Todd.
"Aaay…mi pobre cabecita," murmuró Viejo Todd.
"Vencidos por una coneja palurda y un zorro bribón," dijo Mística con rabia.
Judy y Nick se miraron entre sí y asintieron. Nick se arrodilló y Judy saltó sobre sus hombros.
"Nadie lo vio..." dijo Judy, saltando de los hombros de Nick y volando por los aires, dándole una feroz patada voladora a Madame Mística y haciéndola caer al piso.
El Viejo Todd miró horrorizado, pero antes de que pudiera pronunciar una palabra, Nick le propició un tremendo puñetazo y lo tumbó al piso, noqueándolo.
"...no sucedió," Nick terminó la frase justo cuando Judy aterrizó de su salto a su lado, y se chocaron palmas, dándose un guiño de complicidad.
Y justo en ese momento, oyeron las sirenas del resto de sus compañeros policías llegando en sus coches patrulla.
Al principio, no quisieron cooperar. Pero, finalmente, se rindieron. Madame Mística y el Viejo Todd confesaron sus crímenes. Le dijeron a la policía en donde habían escondido el botín. El dinero fue encontrado y la policía confirmó que los números de serie de los billetes robados coincidían con los del banco de Bunny Burrow y los del Banco de los Hermanos Lemming en Zootopia.
Todo fue grabado y transmitido por ZNN para que toda la ciudad pudiera ver. El Juez Chánchez pronunció la sentencia, y caso cerrado.
El Alcalde Mousawitz otorgó la Medalla de Mérito Excepcional a Judy Hopps y a Nicholas Wilde en el salón de prensa de la Alcaldía, exaltando sus virtudes y haciendo hincapié en que ellos eran un ejemplo para la comunidad. Una coneja y un zorro, premiados con medallas de honor por su valiente cumplimento del deber, en una ceremonia televisada para que el mundo los pueda ver.
El Jefe Bogo tenía razón. El mundo estaba progresando.
El Alcalde Mousawitz también otorgó un Premio de Buen Ciudadano a Garibaldi de Zar y Güeya por su invaluable ayuda a la policía en la investigación del caso del carnaval criminal.
"Ay, caramba, tío, no fue nada. De verdad," dijo Gari en los micrófonos para la prensa. "Así que esto es lo que se siente en la vida real una pantalla de '¡Has Ganado!', ¿eh? Creo que podría acostumbrarme a esto."
Y fue recibido con tremendos aplausos.
Nick y Judy salieron del edificio de la corte después de ser testigos del juicio de Mística y Todd. De repente, entre la multitud, ¡un rostro conocido vino corriendo hacia ellos! Era la chica coyote universitaria, ahora liberada de todos los cargos. Llevaba dos ramos de flores en sus manos.
"¡Gracias, gracias, gracias!" dijo ella con lágrimas de alegría, abrazando a Judy y a Nick y dándoles las flores. "¡Nunca podré agradecerles lo suficiente por todo lo que hicieron por mí! Me llamo Ámbar. Estudio Ciencia Forense en la universidad, es mi último año. Tan pronto como obtenga a mi diploma, voy a ir directamente a la Policía de Zootopia y voy a entrar a trabajar con ustedes. ¡Los amo tanto! ¡Ustedes son mis héroes!"
Y con esas palabras, y sin previo aviso, besó la mejilla de Nick y se dio vuelta y corrió, sonrojándose como loca.
Judy sonrió y miró de reojo a Nick.
"Vaya, rompecorazones, parece que voy a tener competencia," dijo con una sonrisa fresca. "Deberías abrir una casilla de correos para las cartas de tus admiradoras."
"Ah, cállate," dijo Nick, sonriendo y riendo con ella.
Nana Bernardina fue absuelta de todos los cargos. El alguacil y sus ayudantes y la mitad del pueblo estaban presentes cuando el juez pronunció el veredicto. Nana Bernardina abrazó a Judy con lágrimas corriendo por sus ancianas mejillas. Ella no podía expresar su gratitud.
"Sabíamos que todo terminaría bien, Nana," dijo Judy, sosteniendo la mano de la vieja nana mientras la acompañaba afuera en medio de aplausos y felicitaciones.
"Ustedes dos son la pareja más maravillosa de detectives desde Watson y el Señor Holmes," dijo Nana Bernardina, mirando con cariño a Judy y Nick en los escalones de la entrada de la Corte del Bunny Burrow. "Tengo que hornearles un pastel o una tarta o algo así. No puedo agradecerles lo suficiente, mis queridos."
"Verla sonreír y ver a sus vecinos tan felices de tenerla de vuelta es más que suficiente para nosotros, querida señora," dijo Nick con galantería.
El Alguacil Pastor se ofreció a llevar a Nana al ayuntamiento, donde el personal de la policía y los vecinos organizaron una fiesta para ella. Sentada en el coche del alguacil, Nana miró a Judy, que estaba tomada del brazo de Nick y sonriendo feliz.
"Elegiste muy bien, cariño," dijo Nana, dándoles un guiño pícaro. "Solo avísenme la fecha, y haré el pastel yo misma."
Mientras el coche del alguacil doblaba la esquina, Judy sintió que se le ponían coloradas las mejillas.
Duke Roedríguez salió caminando de las puertas de la prisión. Su condena había terminado y era libre de nuevo para hacer de las suyas en las calles.
Ni bien llegó a la acera, sin embargo, un coche grande y negro se detuvo frente a él y las puertas se abrieron. Tres osos polares en trajes lo rodearon.
"¡NO!" gritó horrorizado Duke. "¡Hice lo que él quería!"
Los osos polares lo alzaron y lo metieron en el coche.
En breve, los osos polares trajeron a Duke a la sala de estudio en donde, encima de un gran escritorio de caoba, estaba sentado Míster Big.
"Duke Roedríguez," dijo Míster Big. "Tomaste la decisión correcta, muchacho."
Duke tembló, mirando a su alrededor.
"Ayudaste a la madrina de mi amada nieta y a su fiel compañero a cerrar el caso, y por ello, tienes mi agradecimiento."
"Ah... eh... no fue nada," dijo Duke con voz temblorosa.
"Sin embargo, hay un pequeño asunto que tratar," dijo Míster Big peligrosamente.
"Eh... ¿y cuál sería ese asuntito, Míster Big, señor?"
Míster Big sonrió macabramente. De pronto, Marcel, uno de sus matones, agarró a Duke por el pescuezo, sosteniéndolo por encima de la alfombra.
"¡NO! ¡NOO! ¡Hice lo que quería!"
Los otros dos osos polares quitaron la alfombra y levantaron la trampilla del suelo, dejando al descubierto el famoso pozo del hielo gélido y agua semi-congelada.
"Eres una manzana podrida, Duke," dijo Míster Big. "Y una manzana podrida echa a perder las otras."
"¡MISERICORDIA! ¡POR FAVOR!"
"Yo no seré ningún santo, pero yo sí sé hasta donde llegar. Sé donde trazar la línea, y eso es algo que tú no has aprendido."
"¡Voy a cambiar mi vida! ¡HARÉ LO QUE SEA! ¡CUALQUIER COSA!"
"Yo sé que sí lo harás, hijo," dijo Míster Big mientras observaba a su gusto a la comadreja colgando sobre la mortal fosa. "Porque a partir de este momento, trabajarás para mí. Voy a enderezarte y asegurarme de que aprendas a nunca, nunca cruzar ciertas líneas. Y aprenderás bien esa lección. Cada movimiento que hagas, cada estornudo, cada parpadeo, yo lo sabré antes de que tú siquiera lo pienses. Tengo ojos y oídos en toda la ciudad, Duke. Y si alguna vez te atreves a desobedecerme... "
Marcel lo soltó. Duke cayó gritando de pavor hasta que Marcel lo atrapó de nuevo por la pierna.
"¿Te quedó claro, muchacho? ¿O lo repito?" preguntó Míster Big con una sonrisa diabólica.
"¡SÍ! ¡CLARO COMO EL AGUA!"
"Me alegro."
Los osos polares cerraron la fosa y pusieron de nuevo la alfombra, haciendo desaparecer el horrible hoyo.
"Marcel, lleva a este pedazo de escoria inmunda y lánzalo para afuera," dijo Míster Big.
Marcel asintió, dio vuelta y caminó hacia la puerta, llevando consigo a Duke.
"Ah, y Marcel..." dijo Míster Big.
El oso se detuvo y dio la vuelta hacia su jefe. Duke tragó saliva.
"...asegúrate de que aterrice en algo tan asqueroso como lo es él."
Marcel asintió obedientemente, llevándose a Duke y cerrando la puerta detrás de él.
Y en ese instante, Fru Fru entró en el estudio con la Pequeña Judy en brazos, acercándose a su padre.
"¡Papito! Ya casi es hora de tu telenovela."
"¿Lo es, mi amor? Bueno, iré en seguida."
Luego miró a su nieta y sonrió. La Pequeña Judy le devolvió la sonrisa.
"Agüelito," balbuceo la bebé.
"¿Quién es mi pequeña angelita?" dijo Míster Big, tomando a su amada nieta y sentándola en su regazo. "¿Quién es la reina de la casa? Budincito de abuelito. Ah, somos una familia feliz…"
