Diezmo de Sangre
Capítulo 6
Eternamente agradecido
Año 865, primavera.
Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María.
Las dos siguientes semanas de recuperación habían sido realmente difíciles para Eren. No estaba acostumbrado a estar tanto tiempo sin hacer nada, reposar no era lo suyo. Al menos, su madre le había permitido salir de vez en cuando para hacer recados y le permitía encargarse de hacer las comidas cuando ella no estaba en casa.
Tras la noche en la que celebró con Armin y Connie el éxito de su primera misión, Carla se había enfadado bastante con él. Lo sermoneó durante casi una hora y después estuvo un par de días en los que apenas le dirigió la palabra. Entendía que estuviera preocupada por él pero si se hubiera encontrado realmente mal no habría accedido a salir un rato con sus compañeros. Después de aquello decidió portarse bien y estar más formal de lo normal para, poco a poco, ablandar a su madre y conseguir que el trato volviera a ser el mismo.
Ahora que el tiempo de reposo había finalizado no podía evitar volver a sentir nervios. El tiempo que sus superiores le habían dado para descansar y sanar sus heridas terminaba y al día siguiente ya podría regresar al cuartel para una nueva misión.
La energía recorrió todo su cuerpo con ganas. Había tratado de convencerlos para que le dejaran regresar antes, no soportaba tener que aguantar las batallitas de Connie. Aquellas pequeñas y poco peligrosas misiones en las que había trabajado mientras él estaba ausente. Quería volver a sentirse útil. Al fin y al cabo, hasta la herida más profunda se había sanado con rapidez debido a sus ganas de regresar. Y además había algo mejor aún. Connie no había vuelto a escuchar que la mujer apareciera en alguna de aquellas misiones, y eso le parecía una buena noticia porque no quería verse involucrado con ella de nuevo. Por muy posible que fuera ella quien los ayudara a su madre y a él en el pasado.
Si era verdad aquello que contaban, si realmente apreciaba tan poco las vidas como para matar a toda persona involucrada en sucesos extraños o peligrosos, entonces era tan culpable como los hombres y mujeres que ellos mismos trataban de detener. Si así era, lo vitaría a toda costa, el mismo la detendría.
Eren se introdujo con paso ligero en la comisaría. Había llegado media hora antes del toque de queda en la sala de reuniones. Aquella mañana les indicarían sus nuevos quehaceres. Sin embargo, había otra razón para que hubiera llegado tan pronto, más bien, se debía a su necesidad de evitar algo que lo inquietaba. Si sus cálculos eran correctos, ella podría estar allí para enterarse de las nuevas misiones.
Corrió por los pasillos arriesgándose a que le llamaran la atención pero las pocas personas con las que se encontró únicamente le dedicaron una mirada rápida y desorientada.
Entró al despacho de su mejor amigo creyendo que a lo mejor la encontraría ahí.
-¡Eren! Me has asustado… ¿qué haces aquí tan pronto?- preguntó un poco alarmado por su repentina aparición. Eren pasó y cerró la puerta tras de sí. Los soldados en la entrada no le habían puesto ninguna pega, quizás fuera por su uniforme. Tomó asiento y relajó su cuerpo mirando fijamente a Armin, quien esperaba que le aclarara su presencia.
-Armin, vengo a pedirte que no le pases más información a esa Mikasa. –dijo decidido. El joven rubio bajó la vista algo triste. Y negó despacio con la cabeza.
-Aunque me lo rogaras no dejaría de hacerlo, Eren.- contestó con voz baja. Su compañero fijo aún más sus ojos verdes en él mostrando cierta acidez ante la respuesta. Ambos sabían que aquello no estaba permitido.
-¿Lo dices en serio? ¿Sabes lo que te pasará si te pillan?- Armin asintió con la cabeza mostrando una pequeña sonrisa. Era totalmente consciente desde el primer instante en el que todo comenzó. –No lo entiendo. ¿Te está amenazando?- preguntó tratando de darle algún sentido. -¿o es que acaso apoyas su forma de actuar? Porque no soy capaz de entenderlo, Armin- entonces Armin alzó la vista sorprendido.
-En absoluto. Claro que no estoy a favor de sus actos. Es por eso que no acabo de comprender nada, ni tampoco creo que los rumores que se cuentan de ella sean ciertos- comentó, aunque ni él mismo creía del todo en sus propias palabras. –lo único de lo que estoy completamente seguro es de lo que debo hacer. No puedo negarle la información, Eren. Simplemente no puedo hacerlo- concluyó. –Si algún día se enteran estaré dispuesto a asumir toda la responsabilidad.
Eren lo miró sorprendido, ¿qué motivos podría tener para querer ayudarla? Aún sin saber nada de ella y arriesgando su propia puesto que tanto le había costado conseguir. No parecía querer compartir sus razones, sin embargo, Eren era incapaz de delatar a uno de sus amigos más preciados aunque se sintiera tremendamente frustrado y decepcionado por lo que hacía.
Tras esperar un rato formuló una última pregunta.
-¿Ya ha recogido la información sobre las nuevas misiones?- quiso saber. Quizás aquella vez tampoco aparecería como había ocurrido las semanas de su ausencia. Era todo un misterio tratar de adivinar sus intenciones o su manera de actuar. Averiguar qué era lo que la impulsaba a tomar cartas en el asunto o a dejarlo pasar.
-Hace unos minutos.- con aquella respuesta salió corriendo del despacho con rostro desencajado. En ningún momento se la había cruzado por el pasillo cuando fue al despacho y aunque supo que a aquellas alturas no la encontraría la buscó por todas partes. Era realmente buena pasando desapercibida.
Año 859, primavera.
Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María.
"En tus manos está la posibilidad de cambiar" Armin se había repetido aquellas palabras durante años esperando, algún día, volver a encontrar a su dueña.
En todo aquel tiempo no había pasado un solo día en el que no pensara en ella o en el poder que aquello le ofrecía. A pesar de eso, el cambio que tanto anhelaba se alejaba bastante de sus manos. Y apenas podía darle alcance. Sin embargo, era consciente de que muchas cosas de su entorno habían evolucionado. Y todas ellas para bien.
Aquella tarde se dirigía como de costumbre a casa después de haber estado durante varias horas en la biblioteca de su escuela. Se estaba esforzando mucho por aprender todo aquello de su interés y con la facilidad que la posición de su familia le ofrecía, no la desaprovecharía. Había aprendido a valorar más todo lo que disponía.
Cuando llegó a casa subió seguido a su cuarto después de cenar. Se sentó en su escritorio acompañado de una pluma, tinta, papel y la llama de una vela. Fuera, el frío empañaba los cristales y el aire agitaba con fuerza los árboles.
Cuando la lluvia intensa golpeó los cristales de su ventanas alzó el rostro sorprendido. Se había sumergido tanto en su mundo que no se había percatado de aquello. Decidió levantarse con cuidado para estirarse, y tras mirar la hora en un viejo reloj, permaneció en la ventana observando el tormentoso escenario.
Parecía más tarde de lo que realmente era pero se debía a las calles vacías por causa de la tormenta, en realidad, la mayoría de los establecimientos seguían abiertos aún.
Sus ojos, sin querer, se posaron sobre la única figura que corría por las calles desiertas e inundadas. Armin se sorprendió y su corazón dio un gran vuelco al creer que quizás sería la persona que tanto había esperado. Pasó la mano por el cristal para eliminar el vaho y obtener una visión más clara. Estaba casi seguro de que podría ser ella.
Cogió rápidamente su abrigo con capucha más grueso, su cartera y las llaves de la casa para salir a la calle. Por suerte, su familia acostumbraba a irse a dormir temprano para madrugar y dudaba que se dieran cuenta de su ausencia si no hacía ruido.
La lluvia lo caló en pocos minutos, correr en dirección de la figura no lo ayudaba en absoluto. Sabía que corría el alto riesgo de que no fuera ella. Era peligroso deambular por las calles a aquellas horas y hasta él mismo se sorprendió de lo irresponsable que estaba siendo. Pero por algún motivo aquella noche quería dejarse guiar por su instinto. Quería equivocarse.
Corrió tanto como su cuerpo le permitió, a aquellas alturas debía estar bastante lejos pero cabía la posibilidad de encontrarla o de cruzársela. Necesitaba verla de nuevo.
Pasó más de media hora deambulando por distintas calles mientras trataba de refugiarse de la lluvia bajo los balcones. Estaba a punto de darse por vencido cuando unas voces lo sorprendieron tras él. Sin embargo, para nada se parecían a la voz que él buscaba. Un impulsó lo obligó a correr de nuevo lejos de ellas, tenía un mal presentimiento.
-¡Por allí!- escuchó que gritaba uno de ellos tras él. Los ruidos se camuflaban por el sonido del agua pero era consciente de que lo estaban persiguiendo y de que no tenían buenas intenciones.
Se introdujo en varios callejones tratando de perderlos de vista pero era inútil, eran más veloces que él y en poco tiempo acabarían atrapándolo. Se sentía tremendamente estúpido por haber salido a aquellas horas. Más que lo que pudiera ocurrirle a él le preocupaba los problemas que con aquello pudiera ocasionar a su familia.
Un nuevo rayo cayó muy cerca de él alumbrándolo todo a su alrededor y cuando el ruido se hizo paso, ocultó el rápido movimiento que lo obligó a agacharse en el interior de un callejón. Observó con asombro como los sujetos pasaron ante sus ojos sin percatarse de su presencia. El agua seguía cayendo y la ropa mojada pegada a su cuerpo le dejó centrarse en que alguien se encontraba sobre su espalda ejerciendo presión para que se mantuviera tumbado en el suelo encharcado.
Unos segundos después le permitió levantar la cabeza y girarse. Sus ojos azules brillaron con entusiasmo al reconocer su rostro delgado de porcelana y aquellos ojos rasgados, fríos como el agua que se colaba en su cuerpo. De repente, toda la carrera y el posible resfriado que pillaría al día siguiente merecieron la pena.
-Eres tú… ¡por fin te encuentro!- le dijo ilusionado. La joven se levantó pegándose a la pared para evitar que el agua cayera sobre ella directamente. Su escondite no había sido más que unas cuantas cajas de madera vacías y mal colocadas. Pero eficaces para ocultar sus pequeños cuerpos.
La joven que era un poco más alta que él miró a ambos lados preparada para continuar con su camino. Sin embargo, Armin la detuvo antes de que volviera a desaparecer.
-Espera, por favor. ¿No me recuerdas? Soy yo, Armin.- la chica posó su mirada en él sin cambiar de expresión. Lo recordaba a la perfección, así como su conversación. Después de unos segundos asintió con la cabeza afirmando que lo reconocía.
Armin agarró su brazo con decisión y la condujo con cuidado hacia la calle contraria a la que habían escogido sus perseguidores.
-Te ruego que me acompañes.- le suplicó. –Esta vez aceptarás mi invitación, ¿de acuerdo?- ella no supo cómo actuar. Debía regresar antes de que aquellos hombres volvieran para encontrarla pero la extraña personalidad de aquel joven la desorientaba un poco. ¿Por qué se empeñaba en querer estar con ella? Por sus palabras daba la sensación de que la había estado buscando. Su decisión de aquel momento le llamó bastante la atención, así que sin entender del todo el por qué, se dejó guiar por él.
Mikasa se ató la capa que llevaba de modo que ocultara bien su cuerpo y se colocó la capucha para ocultar su rostro antes de entrar al bar que Armin le indicó. Se había decidido por uno muy alejado y prácticamente oculto de las calles principales.
El lugar era pequeño pero acogedor y había bastante gente resguardándose de la tormenta y divirtiéndose charlando. Escogió una mesa situada en el rincón más alejado. Ella seguía sin entender del todo cuáles eran sus intenciones hasta que Armin se acercó a la barra para pedir algo y unos cuantos minutos después el camarero puso dos grandes platos ante ella. Uno de ellos estaba repleto de patatas cocidas con ajo y perejil. El otro, en cambio, tenía dos grandes bocadillos de queso.
Ella levantó ligera y cautelosamente la mirada hasta encontrarse con la suya.
-Esto es para ti, es lo menos que puedo hacer. Aquel día me ayudaste muchísimo.- acercó con una mano los platos hasta ella y más tarde colocó también un enorme vaso de agua en la pequeña mesa. –Siento no poder hacer más, pero esta salida nocturna me pilló bastante desprevenido y no llevo más dinero encima.- se disculpó.
Ella tras dudar unos instantes optó por coger uno de los bocadillos y comenzar a devorarlo con ganas. No ocultó que realmente tenía hambre y aunque no entendía del todo la gratitud que demostraba hacia ella no iba a dejar pasar aquella oportunidad de comer algo caliente. Sin embargo, se negó a comer más de la mitad de cada plato, así que Armin tuvo que terminar lo restante.
-Yo… me he tomado muy en serio aquello que me dijiste. Aún es pronto pero sigo esforzándome por conseguir ese cambio.- le explicó avergonzado tratando de no entusiasmarse más de lo debido.
Mikasa levantó la vista sorprendida sin mostrar ningún tipo de emoción. Le costaba creer que unas simples palabras hubieran ayudado tantísimo a alguien hasta el punto de querer seguirlas a rajatabla. Aunque, ella también creía en eso del cambio.
Cuando terminaron de comer y Armin le contó algunas cosas más, ella lo acompañó hasta la entrada de su casa para, acto seguido, salir corriendo casi sin despedirse. Vio a Armin sonreírle en la oscuridad antes de desaparecer para evitar la posibilidad de que aquellos hombres pudieran encontrarla allí.
-¡Si alguna vez necesitas ayuda estaré encantado de ayudarte!- dudó que hubiera escuchado sus últimas palabras pero por un momento le dio la sensación de que se había detenido para contemplarlo en la distancia.
Año 865, primavera.
Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María.
Eren desistió de seguir buscando cuando la hora se acercó y se cruzó con Connie. Lo arrastró hasta la sala de reuniones esperando a que los encargados llegaran cuanto antes.
Esta vez, las misiones parecían ser un poco más serias de lo habitual y también pudieron comprobarlo por el número de soldados que nombraban en ellas. Por desgracia, Connie no sería su acompañante aquella noche, en vez de destinarlo al equipo de Connie lo habían nombrado junto a otros tres soldados.
Según les habían explicado, nuevos focos de mercancía ilegal se concentraban por Shiganshina. El alcohol era preciado por todos y a pesar de no ser tan caro, su venta estaba exclusivamente a manos de establecimientos como bares o restaurantes. Sin embargo, tenían constancia de que traficaban con él libremente y que eran especialmente escurridizos. Por eso, esta vez serían ellos quienes vigilarían desde el atardecer hasta el amanecer uno de los focos. También había otro equipo formado por tres soldados que vigilarían no muy lejos de ellos. Aquello les dio a entender que realmente les interesaba detener el tráfico ilegal de alcohol cuanto antes.
Un joven bastante más alto que Eren, rubio y con las facciones muy marcadas pasó a buscarlo por su casa. Era musculoso y fuerte, quizás de los que habían obtenido mejores resultados en la lucha cuerpo a cuerpo y en resistencia. Su semblante serio parecía amenazador a pesar de que no fuera realmente así. Cuando salió de casa saludó a Eren amistosamente.
-¿Estás listo? Vamos a darles caña a esos delincuentes- anunció enérgico. Había escuchado verdaderas maravillas de Reiner, hasta el momento no había fallado en ninguna de sus misiones y su nombre destacaba fácilmente entre el resto.
-Si- respondió con ganas. Su madre no se había quedado tranquila cuando salió de casa pero no le quedaba más opción que esperar pacientemente que todo transcurriera debidamente.
Un rato después se juntaron con sus dos compañeras que Eren ya conocía de antes. Una chica rubita y mona de baja estatura que los miraba con dulzura y a su izquierda, una joven alta de pelo oscuro recogido en una coleta y que mostraba cierto afán de protección hacia su compañera.
-Buenas noches, Christa.- saludó Reiner con una sonrisa. Ymir le lanzó una mirada furiosa indicándole que no se acercara tanto a ella. Eren lanzó un suspiro al verse envuelto en aquel ambiente tenso. Sin embargo, en seguida pusieron rumbo al lugar destinado.
-Espero que tengamos la oportunidad de enfrentarnos a ellos. Tengo entendido que el equipo encargado de esto la semana pasada fracasó por culpa de un chivatazo erróneo- explicó Reiner cuando se situaron en medio de la calle. Después, decidieron subirse al tejado y esperar allí con el cuerpo tendido sobre las tejas.
-Entonces es probable que la información que nos dieron sea falsa, ¿no?- se aseguró Christa obteniendo un asentimiento de Reiner e Ymir.
-Tengo un mal presentimiento- habló Eren tras un buen rato en silencio. Las miradas de sus compañeros de equipo se posaron en él para después girar repentinamente la cabeza hacia una humareda a dos calles de donde se encontraban. Pronto, unos pocos gritos desgarradores se abrieron paso entre ellos.
Christa no esperó más y bajó inmediatamente de su posición para correr hacia el incendio que se había provocado. Ymir siguió sus mismos pasos tratando de detenerla sin éxito.
-¡Esperad! ¡No debemos separarnos! ¡Otros se ocuparán de eso!- gritó Reiner con todas sus fuerzas pero las dos chicas habían desaparecido en la oscuridad sin dejar rastro. –mierda…
-Reiner, espera aquí, iré a por ellas- sugirió Eren preparándose para saltar a tierra firme. Su compañero asintió con la cabeza y acto seguido él también se dirigió hacia el foco. Eren había sido perspicaz al sugerir que se quedara Reiner. Era mucho más fuerte que él y estaba seguro de que si se encontraba con algún contratiempo tendría bastantes más posibilidades y facilidades que él para controlarlo.
Rápidamente, cruzó las calles necesarias para llegar hasta el lugar hacia el que sus compañeras habían corrido. Sin embargo, se alegró de actuar con precaución y de asomarse cuidadosamente antes de entrar en acción sin pensarlo dos veces. A lo lejos, tanto Christa como Ymir se encontraban sentadas en el suelo con un arma apuntando a sus cabezas y varias personas rodeándolas.
Eren se tapó la boca nervioso tratando de reprimir sus ganas de actuar y temiendo que tal vez el más mínimo sonido atraería la atención de los sujetos. Observó la escena unos cuantos minutos más: el incendio no eran más que dos barriles situados en una esquina ardiendo con fuerza. Los gritos, en cambio, debían haber sido provocados por los atacantes. Ni siquiera sabía si se trataban de las personas que perseguían pero era evidente que su intención había sido atraerlos hasta allí para capturarlos. Esa nueva hipótesis le llevó a pensar que quizás Reiner pudiera estar también en peligro.
-Como le toques un pelo a Christa juro que te cortaré esa maldita mano- escuchó gritar a Ymir desde el suelo. Poco le importaba que la estuvieran apuntando. Lo que más le importaba parecía ser el estado de su compañera.
En contra de su voluntad Eren se vio obligado a dejarlas atrás para asegurarse de que Reiner también se encontraba a salvo y después, ambos pensarían en algo para comunicarse con el otro equipo que debía encontrarse cerca de ellos e irían a ayudarlas. No era propio de él ser cauteloso y no dejarse llevar por sus impulsos pero en aquella ocasión se encargaría de que todo saliera bien.
Eren tardó poco en regresar al lugar que había dejado atrás, pero prefirió no haber visto lo que se encontró allí. Nuevamente se asomó desde la esquina más cercana y ante él solo pudo distinguir varios cuerpos.
En el suelo, había un sujeto tumbado con un líquido carmesí a su alrededor. Junto a él le pareció distinguir a Reiner por su cuerpo musculoso. Permanecía atado en el suelo e inconsciente. Seguramente habría sido él el encargado de dejar a aquella otra persona inconsciente pero no había tenido demasiada suerte.
-Este cabrón es fuerte- comentó uno de los que quedaban en pie. –pero ha tenido la mala suerte de quedarse solo.- rió.
-Aún así mira qué avería le ha hecho a Jack- respondió otro de ellos.
-Bueno, ya basta de tonterías. Allí llegan nuestros hombres, haremos el intercambio y aquí no habrá pasado nada.- Eren se sintió totalmente impotente ante lo que veía, estaba acorralado entre la espada y la pared y eligiera a quien eligiera ayudar no tendría ninguna posibilidad. Enfrentarse nuevamente a ellos sería una locura, esta vez, quizás la idea de buscar ayuda fuera la más indicada.
Dio unos pasos atrás con intención de cambiar de calle para buscar a los otros tres soldados que fueron destinados allí. Si no estaba equivocado también debían haber visto el fuego y a lo mejor estarían sobre aviso.
Un ruido encasquillado provocó que se detuviera en seco dirigiendo su mirada hacia el tejado a su lado. En él vio a un hombre que lo apuntaba directamente con un arma y sonreía triunfante.
-Vaya, vaya… mira a quien he encontrado aquí. El jefe tenía razón cuando dijo que serían varios los soldados que vendrían hoy para tratar de detenernos. –comentó para sí mismo en voz alta. Después lo obligó a introducirse en la difícil escena que había contemplado minutos antes. Los hombres lo miraron asombrados y al mismo tiempo contentos por haberlo atrapado a tiempo antes de que pudiera haber dificultado sus planes.
Eren se acercó hasta Reiner para inspeccionarlo rápidamente con la mirada, no parecía gravemente herido pero la situación era totalmente desfavorable para ellos y no sabía qué podría suceder a partir de entonces.
-Sois como ratas que se esconden en la oscuridad de la noche esperando atraparnos ¿verdad?- dijo el hombre que había hablado anteriormente. –es una pena que ya nos sepamos todos vuestros trucos.
Eren observó como comenzaban a llenar unas cestas redondas de mimbre que podían colgarse en la espalda cual mochila. El vidrio de las botellas sonaba al chocar suavemente unas con otras. Y aquello fue lo último que vio antes de que el hombre que lo apuntaba con el cañón le diera un fuerte golpe con el mango de su arma y provocando que cayera al suelo estrepitosamente.
-Ya has visto más de la cuenta, ahora te quedarás quieto y calladito - dijo entre risas. Eren sintió como un hilillo de sangre recorría su mejilla y la zona del golpe le palpitaba desenfrenadamente. Entrecerró un poco los ojos para aparentar estar inconsciente como su compañero pero permaneció atento esperando oír información que les pudiera resultar valiosa si conseguían salir de aquella. Su visión era limitada pero justa para poder verlos moverse con soltura. Mientras tanto también pensaría en algún modo de escapar de aquella, si sus compañeros no llegaban pronto actuaría por su cuenta. No permitiría que les hicieran nada, ni tampoco abandonaría a las chicas a su suerte.
Se limitó a mantenerse quieto y totalmente absorto en lo que ocurría ante él. Entonces, un grito desgarrador le asombró tanto que abrió sus ojos de par en par. Uno de los hombres que había terminado de cargar la cesta al completo se desplomó cerca suyo soltando un montón de sangre.
Eren observó con rapidez tratando de identificar a la persona que había hecho aquello aunque en el fondo tenía la ligera sensación de saber quien había sido. Quería comprobarlo con sus propios ojos. Poco a poco y en un breve periodo de tiempo que no pasó de los siete minutos, todos y cada uno de los sujetos se encontraban tendidos en el suelo, a excepción del que lo apuntaba con el arma. Eren podía percibir su nerviosismo desde donde estaba.
-¡O-Oye, tú, seas quien seas será mejor que te vayas!- le amenazó a la sombra ante él. Pero no logró detener sus pasos firmes y decididos. -¡He dicho que te v-vayas!- gritó con desesperación.
La figura le propinó un fuerte golpe en la tripa logrando que el hombre dejara de hablar y se encogiera hasta quedar tirado en el suelo en posición de feto. Estaba aterrorizado y su mirada suplicaba piedad. La figura, que le daba la espalda a Eren sacó un pequeño cuchillo y lo agarró con fuerza. Tenía intención de matarlo al igual que al resto de ellos.
-¡No, por favor! ¡No quiero morir!- suplicó entre sollozos – ¡te juro que no volveré a hacerlo! Por favor.
La figura se mantuvo quieta observando su mirada de terror y súplica, aunque no parecía sentirse conmovida por ella. Eren tuvo el presentimiento de que sus ruegos no servirían de nada. Hizo un rápido movimiento para darle el golpe final pero entonces, Eren se levantó torpemente quedando de rodillas y sujetó con fuerza su brazo.
-¡Espera!, ¡No lo hagas!- le pidió temeroso pero con tono firme. Entonces, la joven giró su rostro para encontrarse con el de él. Aquellos ojos profundos y su cara inexpresiva le provocaron un enorme escalofrío. Pero se alegró de haber llamado su atención y quizás, de haber evitado una muerte.
¡Hoolaaaa!
Aquí un nuevo capítulo listo para continuar con la aventura. En esta ocasión el pasado vuelve a centrarse en Mikasa y Armin, es un fragmento que ocurre después del primer encuentro que tuvieron. Y creo que explica un poco mejor sus motivos para querer ayudarla.
El próximo capítulo está casi listo, ¿qué ocurrirá con Eren y Mikasa? ¿Tenéis alguna idea?
Agradezco muchísimo a aquellas personas que me comentan y que me dedican un ratito para hacerme saber si les gusta el fic porque creo que lo necesito para obligarme a continuarlo. La verdad es que me desmotiva mucho no tener casi comentarios pero tampoco me parecería justo exigir un mínimo de reviews para seguir con la historia porque estoy segura de que debe haber lectores/as a quienes les interese seguir leyendo. Así que supongo que solo tendrá que ver con la velocidad de actualizar. Si me equivoco y lo estoy haciendo mal también me gustaría saberlo, los comentarios no tienen por qué ser solo sobre cosas buenas, me gustaría saber opiniones o recibir críticas constructivas sobre el capítulo.
Por eso, gracias de corazón a quienes me apoyan, me emociona muchísimo leer los comentarios. Y creo que volveré a coger la costumbre de hace años en la que los contestaba en cada capítulo a forma de agradecimiento. Además, algunos/as no estáis registrados/as y no puedo contestaros jajajaja. Estas son las respuestas a los del último capítulo:
Guest: Gracias por tu apoyo, estoy teniendo cuidado con los signos de puntuación. Aunque me temo que a veces se me escapan algunos detalles jajaja. Me alegro de que disfrutes de este dinamismo y espero que como en los anteriores este capítulo cumpla con tus expectativas. Yo misma he vuelto a leer el capítulo anterior y he encontrado algunos fallitos que debería corregir. ¡Hasta pronto! Y esperaré tu próximo comentario ;)
RenKouen: ¡Holaaaa! Me hizo ilusión leer tu comentario porque me transmitiste tu entusiasmo con facilidad y debo darte las gracias por darme ese último empujoncito que me faltaba para revisar y subir este nuevo capítulo. Ya que te gusta tanto Armin, estoy segura de que habrás disfrutado con este fragmento. Levi aparecerá pronto y no falta mucho para que todos se vean envueltos en un suceso muy curioso y que creo que te emocionará. Romance hay, aunque me gusta mantener la tensión, creo que así es más intenso y excitante, ¿no crees? jajajaja Lo bueno siempre se hace esperar. Espero que este también lo hayas disfrutado, ¡Un saludo! :)
