Epílogo
La nieve cubría los campos de zanahoria. Fríos carámbanos colgaban de los árboles. Un viento gélido mecía las ramas desnudas, soplando ráfagas de nieve en todo el valle. Pero adentro, todo era alegre, cálido y festivo en el hogar de la familia Hopps. Los conejos vestidos en colores navideños estaban reunidos alrededor del árbol para ver a su hermana mayor poner la estrella en la punta, una tradición en la familia Hopps.
"¡Sonrían para la cámara!" dijo Bonnie Hopps y tomó una fotografía de la familia alrededor del árbol.
Destacándose entre todos los conejitos estaba Nick, que llevaba un suéter de punto verde que resaltaba el color de sus ojos. Estaba junto a Judy, vestida de suéter púrpura. Ella tenía la estrella en sus manos.
"Bien, ahora vamos a colocar la estrella, Judy-Dudy," dijo Stu Hopps mientras filmaba el momento con su cámara de vídeo.
"Sí, papá," dijo Judy. "Um... Pablo, ¿puedes alcanzarme la escalerita?"
"No nos hará falta," dijo Nick mientras se arrodilló y ofreció sus hombros. "Sube, mi amor."
Judy rió feliz y se subió sobre los hombros de Nick.
"Ascensor subiendo," dijo él.
Nick se incorporó, sosteniéndola de las piernas.
"Todo listo, Nick," dijo Judy. "Viajemos a las estrellas."
Él la levantó y ella puso la estrella en la punta del árbol. La encendió y la estrella brilló con una luz dorada que llenó la sala con su candor.
"¡Bravo!"
"¡Hurra!"
"¡Así se hace, Judy!"
"¡Tres hurras por el tío Nick!"
"¡Hip hip...!"
"¡Hurra!"
Todos aplaudieron al brillo de su hermoso árbol, admirando la luz de los adornos.
"¿Pediste un deseo, Judy?" preguntó su hermana pequeña, Isabela.
"Sí," dijo Judy mientras se sentaba cómodamente en los hombros de Nick, acariciándole las mejillas.
"Y está a punto de hacerse realidad," dijo Nick con una sonrisa.
Con un movimiento acrobático, Nick bajó a Judy de sus hombros y la tomó en sus brazos. Entonces, envolviendo su cálida cola alrededor de ella como una bufanda, la abrazó fuerte y la besó apasionadamente. Judy estaba tan sorprendida que apenas podía pensar, pero la sensación de los labios tibios de Nick besándola la hizo sentir como que se derretía. Ella cerró los ojos entregada totalmente, lo abrazó con fuerza, sus manos acariciando el rostro de su amado mientras se besaban con amor absoluto a la luz del árbol que brillaba detrás de ellos, emitiendo un efecto maravilloso.
Toda la familia aplaudió y muchos suspiros de ternura se escucharon.
Después de un beso inolvidable, Nick apartó los labios y acarició la nariz de Judy con la suya. Los ojos de Judy se abrieron y ella contempló el rostro de su querido zorro. Acariciando sus mejillas, ella trató de decirle lo mucho que lo adoraba y lo mucho que él significaba para ella, y que cada momento que pasaban juntos era una bendición. Pero las palabras no le salían.
"Nick…" dijo Judy, con voz entrecortada.
"Feliz Navidad, mi hermosa Judy," dijo Nick suavemente, besándola una vez más.
"Oh Nick..."
Le temblaban los labios y ella no pudo contenerse más. Grandes lágrimas de felicidad rodaron por sus mejillas y ella dejó que fluyeran libremente.
"Aaay, ven aquí, mi cielo," dijo Nick, abrazándola fuertemente contra su pecho mientras ella dejaba caer lágrimas felices. "Ay, tu especie... son tan sentimentales."
Sus hermanas sonrieron y rieron, algunas suspirando de ternura. Isabela habló.
"¿Te vas a casar con Judy, Tío Nick?"
"Pero, Isabelita..." dijo Bonnie Hopps, ruborizándose y riendo.
Nick dio la vuelta la cabeza y miró a Isabela, sonriendo y fingiendo que estaba pensando profundamente.
"Hmmm... esa es una buena pregunta, Isabela. ¿Crees tú que a tu hermana mayor le gustaría casarse conmigo?"
Sin pensarlo, como por un reflejo automático, Judy dejó escapar de sus labios la palabra mágica: "¡SÍ!"
"Bueno, supongo que eso responde a tu pregunta," dijo Nick, dándole un guiño a Isabela.
Hubo un silencio asombrado en la sala. Judy cayó en la cuenta de que Nick acababa de proponerle matrimonio de la forma más astuta imaginable, y ella había aceptado.
Zorro astuto, pensó ella, sintiendo que su corazón cantaba de alegría.
Era el turno de Stu de derramar lágrimas.
"Crecen tan rápido..." dijo y se limpió los ojos con su pañuelo mientras su esposa lo abrazaba.
Los pequeños conejitos gozaron al ver a su hermana tan feliz, acobijada en los brazos de su amado zorro. Rodeada de su familia y amada por su querido Nicholas P. Wilde, Judy Hopps sintió que era el momento más feliz de su vida, y que sería un recuerdo que atesoraría por resto de sus días.
"Ahora, ¿quién quiere cantar villancicos?" preguntó Nick con voz alta y alegre.
"¡YO!" exclamaron todos los conejitos.
Judy rió alegremente en los brazos de Nick, feliz de ver a su familia tan contenta a su alrededor.
"¿Nos acompañas, Zanahorias? Después de todo, es Navidad, tiempo de compartir el amor y la alegría," dijo Nick felizmente con su sonrisa pícara, y los hermanos y hermanas de Judy y sus padres se rieron y aplaudieron alegremente.
"Con todo gusto, mi amor," dijo ella con el corazón lleno de felicidad. "Con todo gusto."
FIN
