Diezmo de Sangre


Capítulo 8

La mujer del vestido negro


Año 857, verano.

Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María.

Aquel parecía ser un día de perros. Acababa de estrenarse en su primera misión y en menos de dos horas se había separado de su escuadrón. Aunque tampoco creía que todo fuera su culpa, ellos tampoco habían demostrado demasiado interés en no perderlo de vista, aún sabiendo que un principiante se les unía por primera vez.

Quizás fuera esa la razón, les costaba entender que alguien tan joven y con unas cualidades impecables en combate se pusiera en su mismo nivel en tan poco tiempo. Lo único que le faltaba para superarlos era experiencia. Al menos, aquello le daría la oportunidad de poder actuar por su cuenta y sin acatar órdenes.

Levi trató de seguir el camino que sus compañeros habían elegido. Ciertamente, un día tormentoso como aquel dificultaba bastante las cosas y aunque él era bueno concentrándose en lo que hacía, un pequeño despiste como el estruendo de un rayo y el bullicio de gente asustada fueron suficientes para que los perdiera de vista.

Aquella misión se caracterizaba por su dificultad de sumergirse entre delincuentes sin ser reconocidos. Parecía algo sencillo pero el mínimo error podría acarrear consigo la muerte. Se centró en los distintos puntos donde podrían concentrarse. Por suerte, era él quien llevaba consigo el mapa del escuadrón. Lo único que debía hacer era recopilar información para facilitar los datos de futuros atracos o tráficos ilegales.

Misiones especiales como aquella estaban reservadas únicamente para los soldados más aventajados. Por suerte, él no había tenido que pasar por todas aquellas obligaciones estúpidas como el resto de reclutas de su año. Sus cualidades eran tales que el mismísimo Erwin Smith lo había asignado al escuadrón en el que se encontraba en aquel momento. O al menos, en el que debía estar durante aquella salida.

Se alejó de la gente y de las calles repletas de actividad para dirigirse, así, a uno de los tres focos marcados con rojo en el mapa que tenía. Aunque no lograra encontrarse con sus compañeros había tomado la determinación de dirigirse a aquel lugar para cumplir con lo que debía hacer. Y una vez tomada la decisión no había vuelta atrás ni dejaría lugar para arrepentimientos.

La lluvia aún no había llegado cuando bajó una gran cuesta acercándose a la parte más alejada del Muro María, concretamente al sur del distrito. Observó con curiosidad los edificios viejos manteniendo en todo momento su mirada severa. Algunos de ellos parecían abandonados. Cuando caminó durante un rato más sin rumbo fijo alguien lo paró de inmediato. Lo que significaba que podría estar acercándose a terreno peligroso.

-¡Eh, tú! ¿Qué haces aquí?- preguntó un hombre desde las sombras. Se quedó quieto esperando a que diera la cara. Un joven regordete y alto se paró ante él, lo doblaba en tamaño pero eso no amedrentó a Levi en ningún momento. –No irás a decirme que te has perdido y que por casualidad has llegado hasta aquí- se mofó dándose fuertes rascones en la tripa y subiéndose el pantalón que le quedaba algo justo.

-No, sé muy bien donde estoy- el joven entonces pareció mostrar algo de interés en él, aunque eso no significaba que fuera a ponerle las cosas fáciles.

-¿Ah, si? Pues me temo que la entrada está restringida. No permitimos el paso a cualquiera. Y a ti no te había visto antes por aquí- respondió cambiando el tono de voz a uno más seco y prudente.

Levi se fijó en la valla gruesa de alambre situada a unos cuantos metros más adelante. Aquel hombre debía estar a cargo de dejar pasar a gente externa o de dejar salir a los de dentro. Así que supo que sin su consentimiento sería difícil introducirse sin llamar la atención. Era el momento de jugar sus cartas.

-Eso es porque, evidentemente, es la primera vez que vengo. Sin embargo, tengo asuntos pendientes con alguien de dentro.- le dijo con mirada fija e inamovible, seguro de sus palabras.

El joven rió en voz alta, aquel muchacho tan impertinente le hacía gracia y por algún extraño motivo que desconocía empezaba a caerle bastante bien.

-¿Y con quién dices que tienes asuntos? Me gustaría saberlo si no te importa- pidió. Si por algo se distinguían los delincuentes de Shiganshina era por su gran capacidad para cubrirse los unos a los otros a pesar de que no estuvieran involucrados en los mismos asuntos. En el cuartel les había costado muchísimo sacar algún que otro nombre de grandes jefes y aún así la mayoría de las veces no les había servido de nada.

Levi pensó con rapidez en alguno que recordara haber escuchado en los últimos días, entonces, uno se le vino a la cabeza y esperó no estar equivocado. –Sharon Leanway- dijo alto y claro.

El joven se quedó callado unos segundos mirándolo fijamente como si la hubiera fastidiado al nombrar a aquella persona. Levi notó el sudor en sus manos pero no perdió la compostura y permaneció quieto esperando a que hablara.

-Me parece que te has equivocado, muchacho.- le aclaró, sin embargo, no parecía que lo hubiera descubierto. –Sharon tenía algo que hacer hoy. –la había cagado, si la mujer por la que preguntaba no se encontraba allí, no podría excusarse para entrar. Tanteó rápidamente alguna otra posibilidad que pudiera servirle. –pero, si el asunto que te traes entre manos es importante, quizás hablar con su compañero te sirva de algo- le ofreció. Levi trató de mantenerse sereno, no quería alegrarse antes de tiempo.

Cuando se introdujo el joven lo guió hasta una de las casas de la parte trasera. Entró después de tocar dos veces la puerta y de que le dieran permiso para hacerlo. En su interior se encontró con un cuarto pequeño, desordenado y repleto de polvo, debían usarlo únicamente para reuniones. Levi notó como se ponía enfermo al ver tanta suciedad acumulada y tuvo que reprimir sus ganas de darles una gran paliza por mantener aquello en tan lamentable estado. El hombre ante él se impacientó cuando vio que se quedó en silencio después de entrar.

-Oye, tú ¿qué es lo que quieres?- preguntó con voz seca.

Levi se acercó hasta él asegurándose de que se encontraban los dos solos para huir si fuera necesario.

-Vengo a hablar con Sharon pero me acaban de decir que no se encuentra aquí- el hombre calvo y con ojos azules soltó varias carcajadas. No entendía del todo las intenciones que su compañera pudiera tener con semejante joven con aires de superioridad.

-¿Sharon? Esa maldita bruja está loca si pretende negociar con alguien como tú- sonrió llevándose un cigarro a los labios. Le ofreció uno a él pero se negó a aceptarlo. -¿qué clase de interés podría tener ella en hacer negocios contigo?

Levi metió la mano bajo su capa y notó que el hombre se tensaba al instante, quizás por la posibilidad de que pudiera sacar un arma de ahí, pero su rostro cambió de repente cuando vio lo que tenía en su mano. Lanzó con ganas el pequeño saco lleno de monedas de oro sobre la mesa y el hombre quedó boquiabierto.

-Ya veo… bueno, ¿qué es lo que quieres entonces?- era turno de Levi de recolectar información.

-Sharon me prometió un cuarenta por ciento de la mercancía que obtendría a cambio de este dinero, así que vengo en busca de mi parte.- le informó.

-Es extraño que no te avisara antes. Sharon no suele venir por aquí los viernes, ya sabes, son los días más señalados en los que los establecimientos recargan sus bodegas para hacer frente a los duros fines de semana- le dijo con confianza riendo y atragantándose con su propia saliva.

-Ya veo… - se dio media vuelta para marcharse de allí, no tenía mucho más que hacer pero al menos había descubierto que probablemente aquella noche mientras abastecían sus bodegas, los lugares más frecuentados por la gente podrían ser los objetivos de un grupo de criminales.

-Espera un momento- el hombre puso su mano sobre el hombro de Levi deteniéndolo. Por un momento pensó que quizás habría sospechado algo pero después confirmó que aunque aparentaba ser alguien espabilado solo era pura fachada. –si te acercas por el "Roses" o por "Messon Laus" a medianoche es posible que la encuentres, aunque no creo que le haga gracia que la interrumpan en medio de sus planes. De todas formas cuando vuelva le diré que la buscabas. ¿A nombre de quién le doy el recado?

Pensó durante unos segundos qué nombre utilizaría y después le habló mientras lo miraba de reojo sin girarse –A nombre de Levi.

Levi salió por la puerta rumbo a la entrada de la zona, a lo lejos podía ver al guardia que antes lo había bombardeado a preguntas, parecía charlar con alguien al otro lado. Por algún motivo, cuando se dio cuenta se había escondido tras una casa cercana para observar a los recién llegados.

Llevaban a alguien consigo, la arrastraban de los brazos y parecía un cuerpo sin vida. Agudizó la vista para acostumbrarse a la oscuridad de la noche y tratar de entender mejor la escena.

-¡Qué! ¿ya habéis hecho otra de las vuestras?- los paró algún conocido con tono divertido. Las dos figuras de poca estatura parecían molestas con el comentario aunque después supo que no era eso lo que los ponía de mal humor.

-Esta estúpida mocosa intentó robarnos mientras disfrutábamos de una buena partida de cartas.- dijo uno de ellos dándole una pequeña patada a su cuerpo.

-Nos ha costado un dineral, por su culpa hemos perdido un montón de pasta- continuó el otro cada vez más enfadado.

-Pero le hemos dado una buena lección antes de venir aquí y aún le espera otra gran sorpresa- dijo el primero de ellos. A Levi le pareció que sonreía por la forma en la que lo había dicho.

Entonces, en unos minutos se introdujeron en la cabaña. No supo exactamente qué era lo que debía hacer. Sin sus compañeros cerca corría el peligro de fracasar y además se encontraba en terreno enemigo. La información que tenía era realmente valiosa y debía hacerla llegar lo antes posible para que organizaran un nuevo equipo que detuviera el ataque. Sin embargo, sabía que la vida de aquella niña estaba en peligro y posiblemente dentro de poco tiempo muchos de los delincuentes que se encontraban allí desaparecerían para marcharse a otro lugar y no levantar sospechas en la Legión de Reconocimiento. Apretó con fuerza sus puños tomando una decisión. No podía dejarla allí, no después de conocer su situación. De alguna manera le recordaba demasiado a él.

Uno de los hombres tiró el cuerpo de la pequeña contra la pared de la cabaña aunque apenas logró sacar un quejido de ella. Estaba repleta de heridas por todas partes y en su ropa se abría paso fácilmente el color rojo.

-¿Crees que has tenido suficiente?- dijo amenazante. La pequeña ni siquiera levantó la vista. El hombre se acercó a ella con pasos pesados y se agachó agarrando con fuerza su barbilla para hacer que lo mirara a los ojos. –pues prepárate porque lo de antes no ha sido nada comparado con lo que te haré ahora, pequeño demonio- le hizo señas al otro hombre para que se fuera de la sala e inmediatamente se llevó las manos al cinturón para desatarse los pantalones y bajárselos hasta las rodillas.

La pequeña comenzó a temblar al pensar en lo que pasaría a continuación, pero no se permitiría volver a llorar, aguantaría todo el dolor que le produjeran de una forma u otra. Ya no volvería a ser débil nunca más y si para ello debía sufrir lo haría. Lo haría y se fortalecería.

El hombre se acercó de nuevo a ella agarrándola de los hombros y poniéndola en pie para tratar de quitarle la camiseta que llevaba puesta. Ella no hizo ningún esfuerzo por facilitarle nada y cansado de intentarlo optó por arrancársela y dejarle al descubierto la parte de arriba.

Después pasó a los pantalones que llevaba mientras se relamía los labios impaciente. Ella sintió repugnancia al verlo así y pensó en las ganas que tenía de borrarle aquella estúpida sonrisa de la boca. Sin embargo, el estado de su cuerpo no le permitía hacer demasiados esfuerzos y era evidente que la superaba en fuerza. Entonces, cuando todo parecía que seguiría su curso normal las luces de la cabaña se apagaron poniendo nerviosos a ambos hombres.

-Eh, Jason, ¿qué has hecho?- preguntó preocupado. Su compañero, sin embargo no respondió y empezó a perder los nervios. Arrojó a la joven de nuevo al suelo y tanteó con la mano para tratar de encontrar alguna vela y fuego para alumbrar la sala. Por mucho que buscó no logró dar con ninguno de los objetos. Y entonces, un rostro camuflado en la oscuridad lo sobresaltó tanto que dio un salto atrás. -¿q-quien anda ahí? ¡No te atrevas a moverte, capullo!. ¡Te romperé las piernas como te encuentre!.

Sus gritos nerviosos no lo ayudaron en absoluto, así que solo logró dar unas cuantas vueltas sobre sí mismo sin poder volver a dar con aquel rostro. Después la posibilidad de que hubiera sido producto de su imaginación lo tranquilizó, al menos hasta que sintió una punzada de dolor en la pierna.

-¡Ah! Maldita mocosa- se dio la vuelta en busca de la pequeña totalmente convencido de que había sido ella quien había aprovechado la situación para apuñalarlo. Se acercó hasta el rincón en el que la había dejado y cuando sintió su pelo fino en la palma de la mano lo sujetó con fuerza levantándola del suelo y provocando que gritara del dolor. –ya te tengo. Ahora te daré una pequeña lección que jamás olvidarás.

La lanzó con fuerza contra la pared y le propinó dos nuevas patadas en el estómago, después, apretó con fuerza sus muñecas contra la madera y acercó su rostro al de ella. La pequeña sintió el aliento a alcohol y puros sobre ella. Pensó que en aquella ocasión ni siquiera un apagón serviría para darle una pequeña oportunidad de huir, pero una nueva puñalada en la otra pierna del agresor le hizo caer de rodillas y soltarla de su amarre.

El hombre gimió en el suelo apretándose con fuerza ambas heridas y arrastrándose por el suelo buscando la salida de la cabaña.

La niña, entonces, sintió unas manos un poco más pequeñas agarrarla de la cintura e impulsarla hacia la parte exterior de la cabaña. Cuando estaban en los escalones la ayudó a acomodarse sobre su espalda para después salir corriendo de allí oculta bajo la capa de la persona que la llevaba.

-Siento haber tardado, el que estaba en la cocina se levantó del suelo de improvisto y tuve que volver a ocuparme de él.- la voz de aquella persona no muy alta, delgada y fuerte era realmente distinta de la de los hombres que la tenían atrapada. Le transmitía seguridad y esperanza. Se acomodó en su espalda notando como los pasos apresurados hacían que su cabeza se moviera exageradamente. A pesar de cargar con ella se movía rápido y había salido por la valla sin reproches del guardia.

Levi pensó en lo que haría con ella de camino al cuartel. Lo primero era salir de aquella zona tan peligrosa e introducirse entre el gentío para asegurarse de que no les ocurría nada. Posiblemente la mejor opción sería dejar a aquella niña a cargo de los superiores, ellos se encargarían de llevarla con sus padres o familiares.

Cuando sintió que se acomodaba en su espalda pudo observar más de cerca la pierna que agarraba con su mano derecha evitando que cayera al suelo. Tenía algunos golpes y sangre reseca, le habrían propinado una buena paliza y no quería ni recordar lo que aquél indeseable había estado a punto de hacerle.

Siguió su camino hasta que sintió que la pequeña se movía demasiado en su espalda, como si quisiera que parara. Se detuvo una vez entraron en el centro del Distrito y dejó que bajara. La pequeña lo miró atentamente sin mostrar ningún signo de asombro o alegría de estar lejos de aquel lugar. Aunque Levi reconocía que él tenía una mirada severa y seria que a más de uno le ponía la piel de gallina, aquella niña tenía los ojos más fríos y vacíos que jamás hubiera visto. Casi provocó que algo dentro de él se removiera, como si a través de ellos pudiera transmitirle cada experiencia atroz vivida.

-G-gracias… por ayudarme- dijo después de un rato en silencio. Levi se puso de rodillas para estar a su misma altura. Hasta aquel momento no recordó que estaba casi desnuda y a medida que la oscuridad se hacía más intensa el frío que la acompañaba era mayor. Se quitó su camisa blanca dejando al descubierto la camiseta interior que llevaba y se la puso a la niña. Ella no mostró ningún signo de felicidad aunque agradeciera el gesto. No le iba demasiado grande y bastaría para que aguantara el camino que les quedaba.

-Venga, vamos- le dijo con tono seco. –tengo algunos asuntos pendientes y debo apresurarme- le dijo a la joven metiéndole prisa. Sin embargo, por mucho que se agachara para que se encaramara de nuevo a su espalda ella no lo hizo. -¿qué te pasa? Sube.- insistió pero ella negó despacio con la cabeza. – ¿acaso no quieres volver a casa?

Ella negó con la cabeza algo inquieta mientras retrocedía despacio. Levi observó sorprendido su conducta, no esperaba que actuara así.

-Tengo que irme- dijo ella dándose la vuelta y esperando que aquel extraño que la había ayudado no la persiguiera. Sabía que era una buena persona y que por mucho que se hubiera preocupado por ella la dejaría ir. Sintió que lo conseguía cuando estuvo a punto de doblar la esquina de la calle. Sabía que el joven seguía allí quieto esperando a que su pequeña silueta desapareciera a lo lejos.

-Me gustaría… al menos saber tu nombre- exigió en el último momento. Se detuvo para decírselo, en el fondo no le importaba que lo supiera. Si pretendía usarlo para buscarla algún día tampoco le serviría de nada, ella ya había sido apartada y olvidada de aquel mundo cruel.

Esperó un rato hasta sentir las gotas frías en su rostro, las recibió encantada con los brazos abiertos. Después, observó al hombre de pelo negro y algo largo. Aunque sus miradas no pudieran cruzarse a aquella distancia sabía que todavía la observaba, esperando una respuesta.

-Mikasa…


Año 865, primavera.

Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María.

Tan pronto como consiguió saber hasta el mínimo detalle salió del cuartel esperando no cruzarse con nadie por allí y una vez que llegó a casa, cenó e informó a su madre antes de irse a dormir que en unos días se llevaría a cabo una misión en la que él participaría.

En realidad le parecían bastante curiosos los métodos que utilizarían, ya que en ningún momento parecían ponerse en peligro directamente. Debía ser la manera de actuar que tenían los de rango superior. Repasó con cuidado de cabeza cuales serían sus pasos, no podía permitirse el lujo de equivocarse en algo tan grande.

Primero, se acercarían al establecimiento en el que estarían sus delincuentes. Por lo que Armin había dicho se trataba de dos hermanos gemelos llamados Leo y Sam Alberts. Ambos frecuentaban habitualmente las zonas más lujosas de la ciudad interior Sina, sin embargo, en ocasiones especiales como la que ocurriría el sábado, se dejarían ver en Shiganshina. Parecía ser una reunión de negocios con varios socios que tenían en los alrededores y el hecho de que eligieran el distrito seguía siendo un absoluto misterio, por lo que, los soldados que obtuvieron la información la habían contrastado diversas veces para asegurarse de que era fiable.

Naturalmente, no irían solos y probablemente tendrían guardaespaldas por algún lado. Si lograban capturarlos podrían sonsacarles mucha información valiosa ya que ambos eran dos cabecillas muy buscados pero a los que la Legión no había podido echar el guante a causa de la Policía Militar. Aquella era una excelente oportunidad que se les presentaba y evidentemente, no querían desaprovecharla de ninguna manera.

La forma en la que procederían era extraña también. Por algún motivo dos de los soldados mejor preparados pasarían desapercibidos para controlar que la situación fuera sobre ruedas en el interior del establecimiento. El resto, esperaría fuera en posiciones estratégicas y cerca del carruaje de los delincuentes. También vigilarían con cuidado a los guardaespaldas si estos esperaban en el exterior.

Eren, aunque ya había tomado la decisión de asistir, temía involucrarse en todo aquello y fastidiar sus planes. Si algo así ocurría seguro que se arriesgaba a que lo expulsaran de la Legión pero sentía la necesidad de ir. Quería encontrarla y tener la oportunidad de hablar con ella al menos una vez más y por supuesto, le diría todo lo que pensaba sobre ella. Necesitaba hacerla entrar en razón y que entendiera que matar no era la solución. Quizás todo aquello lo hacía por resentimiento, por no comprender sus acciones a pesar de que trataba buscarles algún sentido. Eso sí, hasta que ella apareciera se mantendría al margen sin inmiscuirse en los planes de sus superiores.


Cuando el día indicado llegó Eren no fue capaz de controlar sus nervios. Hacía poco que se había dado cuenta de que lo que pretendía hacer era realmente difícil, burlar a los soldados más aventajados sería casi imposible.

Se colocó su capa verde con capucha y colocó en la riñonera de su cintura todas las cosas necesarias. Se despidió con un beso de su madre y puso rumbo al lugar por el que el equipo pasaría a media noche. Esperaba que no hubieran cambiado el punto de encuentro, pues no había vuelto a visitar a Armin a escondidas por si aquello llamaba demasiado la atención.

Llegó antes de tiempo y decidió esperar oculto en las sombras a que pasaran para comenzar a seguirlos a bastante distancia. Había escuchado hablar del bar conocido al que se dirigían pero nunca antes se había acercado a él. Esperaría a que los soldados encargados del exterior tomaran sus posiciones para después, elegir él su propio escondite.

Media hora más tarde en la que sintió que el frío se abría paso hasta los dedos de sus manos, escuchó un leve susurro que pasó casi desapercibido. Eren se asomó con cuidado de no ser visto y en la oscuridad de la calle pudo identificar algunas personas que se dirigían a paso ligero hasta su destino. Era aquellos a quienes había estado esperando. Al frente podía identificar algunas caras conocidas como la de Petra Ral, una mujer menuda y con el pelo rojizo corto que era tremendamente hábil con las armas. También la acompañaban Gunter Shutz y Erd Gin dos de los soldados más conocidos por sus hazañas, aunque ninguno de ellos aún había logrado alcanzar el nivel de Levi Rivaille, el capitán encargado de guiar a aquella escuadra y quien iba en primera posición.

Esperó a que ellos y el resto de soldados que no serían más de ocho pasaran rápidamente. Según Eren, de entre los cuatro que había visto en primer lugar seguramente dos de ellos serían los que entrarían al establecimiento mientras que los otros dos estarían en cabeza de ordenar al resto de soldados sus próximos movimientos cuando tuvieran que pasar a la acción.


Al llegar hasta el bar observó con cuidado las posiciones que adoptaron los soldados restantes. Estaban escondidos en diversos rincones de los tejados alrededor, y unos pocos en los callejones más angostos. Los dos del interior parecían haberse introducido, a aquellas alturas, la misión habría comenzado. Eren se tomó un respiro y se mantuvo algo apartado de ellos, decidió que permanecería allí para no correr peligro de ser descubierto. Sin embargo, cuando se dispuso a respirar con tranquilidad una mano fría le tapó la boca desde su espalda. Al estar agachado en aquel momento perdió el equilibrio y cayó hacia atrás a causa de la sorpresa.

Agudizó su vista tratando de identificar a quien lo había sorprendido, su corazón latía con fuerza ante el hecho de no saber si aquella persona era un aliado o un enemigo, aunque si hubiera querido hacerle daño ya se lo habría hecho aprovechando su despiste ¿no?.

Lo siguiente que sintió fue su mirada penetrante de pocos amigos y su cara a pocos centímetros de la suya. Se sorprendió enormemente al ver quién era y temió que lo peor estuviera a punto de sucederle, así que no le quedó más opción que escuchar lo que tuviera que decirle.

-Estúpido mocoso, ¿de verdad creías que no me daría cuenta de que nos seguías?- aquella voz era tal y como la recordaba. Levi parecía algo decepcionado y Eren se sorprendió al ver que no era uno de los que se habían introducido en el interior del bar. –además, deberías tener más cuidado al deambular a deshoras por el cuartel. Te vi cuando salías del despacho de Armin.

Sus manos hacían presión en su boca cada vez con más fuerza y sus piernas se habían situado sobre sus pies para retenerlo sentado en el suelo. Se quedó observándolo durante unos segundos y después volvió a hablar. –Sabes cuales serán nuestros movimientos, ¿verdad?- Eren asintió inmediatamente con la cabeza. Por un momento dejó de pensar en lo que le ocurriría a él y le vino Armin a la cabeza, esperaba que no tomaran ningún tipo de reprimenda contra él. Si así fuera diría que él mismo lo obligó a que le contara todo lo que sabía.

De pronto Levi dio un paso atrás dejándolo libre y Eren se puso en pie torpemente. Tal y como se había imaginado anteriormente era varios centímetros más alto que el capitán pero aquello no evitaba que sintiera temor por lo que fuera a suceder a continuación.

-Ya que has decidido por tu cuenta venir aquí, ahora también formas parte de nuestra misión así que pasarás a ser uno de los participantes. Llegados a este punto no tienes ninguna alternativa, acarrearás con las consecuencias de tu decisión y no podrás echarte atrás en ningún momento- le explicó manteniendo la vista fija en él. Eren asintió con cuidado. Entonces, cuando se iban a poner en marcha, Levi hizo un movimiento rápido provocando que cayera de culo al suelo. –esto por saltarte mis indicaciones.

Salió de su callejón acercándose al grupo formado por Petra, Gunter y Erd que esperaban en el callejón de al lado nuevas órdenes. Los tres se asombraron al verlo acompañado de Eren. Sin embargo, no se atrevieron a formular ninguna pregunta al respecto.

-Petra, tu dirigirás a los dos soldados del ala este del bar y os quedaréis en la retaguardia cubriendo al resto con vuestras armas.- ella asintió con ganas. Después el capitán se dirigió a otro de ellos, concretamente al que llevaba el pelo negro en forma de cresta acabada en pico. –Gunter, los que están en el tejado a la derecha de donde se encontrará Petra son tuyos.- este también asintió comprendiendo todo a la perfección. Debían llevar todo bien memorizado para comprender el momento exacto en el que debían actuar. –Erd, el resto para ti.

Eren se pasó a comprender sus últimas palabras, entonces, ¿qué pintaba él en todo aquello? Cuando el capitán Levi le dio una nueva orden comprendió cual sería su quehacer aquella noche. –Eren, deshazte de toda prenda que pueda identificarte como soldado.

El capitán empezó a quitarse la capa para posteriormente deshacerse con tan solo un movimiento de su camisa. Petra pareció sentirse incómoda ante aquello porque giró de golpe la cara hacia otro lado y posteriormente se dio la vuelta avergonzada. Gunter sujetaba un saco del que sacó ropa algo más elegante. Levi, en pocos segundos, había sustituido su uniforme de la Legión por un traje negro con una pequeña pajarita sobre una camisa blanca. Se pasó la mano por el pelo para peinarlo un poco de manera adecuada sin cambiar su semblante serio. Entonces, miró a Eren que aún trataba de encontrar el agujero de su pierna izquierda en el pantalón que le acababan de dar.

Sorprendentemente aquella ropa era de su talla, por lo que supo que cabía la posibilidad de que Levi tuviera intenciones previas de hacerlo participar en todo aquello. Escuchó su suspiro mientras le metía prisa para que acabara. Eren terminó de prepararse cuando se colocó una chaqueta negra y se la dejo desabrochada, en cambio, Levi llevaba un abrigo largo igual de elegante.

-Bien, en cuanto de la señal todos a sus puestos. –cogió con cuidado la pequeña navaja que ocultaría en su bota negra alta y se dispuso a salir al callejón seguido por Eren. El capitán alzó una mano al aire con rapidez y todos los que habían estado con ellos en aquel momento desaparecieron del callejón sin ser vistos y se colocaron en sus respectivos puestos.

Antes de estar lo suficientemente cerca del lugar le dirigió unas últimas palabras a Eren. –No olvides cual es nuestro propósito. Solo vigilar.- se aseguró de que entendiera sus palabras. Los de fuera serían quienes se encargarían de la acción y el capitán parecía creer ciegamente en ellos y sus habilidades en combate.

No pudo evitar sentir nervios, llegar sin problemas hasta la entrada le hizo creer que en el interior les esperaría algún tipo de trampa. Pero después pensó en la seguridad que le trasmitía el capitán, sabía que si estaba con él no tendría problemas pasara lo que pasara. A pesar de que algo no saliera como lo habían planeado, Levi sabría hacerle frente, al fin y al cabo, a parte de su mal humor y su extrema seriedad no había escuchado ninguna otra queja de él.

En el interior tanto lujo lo embriagó, se acercaron hasta un mostrador frente a la entrada donde un señor muy parecido a un mayordomo les hizo un gesto respetuoso y después tomó sus chaquetas para guardarlas en algún ropero. Eren anduvo algo torpe para quitársela pero no pareció llamar la atención en especial. Levi se acercó hasta el mostrador indicándole al hombre que tenían una reserva hecha para aquella noche. Éste asintió y les dio paso al salón. A pesar de no ser un restaurante, un lugar tan exclusivo como aquel requería pedir una cita con antelación para que todos los clientes pudieran disfrutar de un buen servicio y una mesa en la que tener una agradable velada.

Levi eligió una mesa apartada del resto que se encontraba cerca de las ventanas. Tomó asiento en uno de los lados provocando que Eren tuviera que sentarse frente a él. -¿ves a aquellos que están montando tanto alboroto dos mesas detrás de mí?- le preguntó realmente bajo, Eren asintió de inmediato mirándolos con disimulo. –bien, céntrate en ellos, ahí se encuentran las personas que buscamos. Serás tú quien vigile atentamente sus movimientos, al fin y al cabo, tengo más posibilidades de que me descubran.

Eren entendió entonces el hecho de que se sentara en aquel lugar, comenzaba a percatarse de que todo lo que el capitán hacía tenía siempre algún sentido por muy oculto que fuera. Calculaba a la perfección todos sus movimientos.

Decidió identificar a los gemelos desde la distancia. En la mesa que Levi le había indicado un grupo de hombres reían, bebían y fumaban armando bastante alboroto mientras jugaban a una partida de cartas. Por lo visto, ningún cliente, ni siquiera los encargados del lugar se habían atrevido a mandarlos callar. Algunos de ellos estaban de espalda pero en una esquina de perfil pudo ver a uno de los que buscaban y de espaldas el que sería su hermano. Ambos llevaban el pelo rojizo repeinado hacia atrás y vestían unos atuendos algo anticuados que se ajustaban bien a sus cuerpos rechonchos.

-¿Y el otro caballero qué tomará?- había estado tan absorto en sus pensamientos que no alcanzó a escuchar al camarero que los estaba atendiendo y que ya había anotado lo que tomaría Levi. El capitán le dio una patada por debajo de la mesa para que reaccionara.

-Un poco de Whisky, si es tan amable- pidió, tras asentir con la cabeza el hombre se dirigió hasta la barra para preparar sus bebidas.

-Eren, céntrate- le pidió Levi pasándose nuevamente la mano por el pelo alborotándolo y peinándolo un poco. Entonces, Eren volvió a dirigir su mirada a aquellos hombres para seguir sus movimientos mientras fingía mantener una conversación con Levi. El camarero ya les había llevado sus bebidas y se había marchado a atender otras mesas. Entonces, por un momento, Eren se extrañó de que todos los hombres se hubieran parado en seco mirando hacia otro lado. -¿qué ocurre?- preguntó Levi advirtiendo la sorpresa en su cara.

Eren giró lentamente la cabeza hacia la entrada del salón y no pudo evitar quedarse boquiabierto con lo que vio. Levi, al cerciorarse de que lo que su compañero observaba también entraba dentro de su campo de visión, siguió sus mismos pasos girando el rostro. Al parecer, el resto de clientes; hombres y mujeres, hicieron el mismo gesto para quedarse perplejos.

En el mostrador en el que ellos habían estado anteriormente una joven dama tendía su largo y fino abrigo al metre y pasaba hasta el salón en el que todos estaban, acompañada del señor del mostrador que tampoco era capaz de apartar su mirada de ella. La joven le dio las gracias sin intercambiar más palabras con él dedicándole una fugaz mirada.

Después, la joven paseó por media sala con su largo vestido negro ajustado a cada curva de su cuerpo que era algo revelador en la parte superior. En los pies llevaba unos zapatos de tacón recatados y el pelo suelto que caía liso por su espalda. Caminó con decisión hasta la barra y decidió sentarse en uno de los taburetes con motivos dorados. El camarero de inmediato la atendió y le preparó lo que pidió.

Lo único que Eren había podido reconocer de ella habían sido aquellos ojos intensos y vacíos con los que se había encontrado diversas veces. Parecía no poder escapar de ellos allá a donde fuera.


Creo que este capítulo ha sido verdaderamente revelador, ¿no creéis? Así, hemos descubierto por fin qué es lo que ocurrió en el pasado y la primera vez que se vieron Mikasa y Levi.

Por otra parte, lo más importante está por empezar en el próximo capítulo (que también tengo casi a punto jajaja) ¿qué ocurrirá entre nuestros protagonistas? ¿Saldrá todo como está previsto o se encontrarán con algunos inconvenientes? Todo y más muy pronto ^^

A quienes les gusta el ErenXMikasa creo que les interesará bastante jajajaja

RenKouen: ¡Hola! Estoy encantada de que te pases a comentar en cada capítulo, la verdad es que eres un gran apoyo jajaja. Aunque en esta ocasión no veremos a Armin, seguro que has tenido una buena dosis de Levi y Eren. Me alegro de que te guste el sistema que he utilizado para este fic, aunque puede resultar algo lioso creo que así es mucho más dinámico y entretenido. Espero que la espera no se te haya hecho eterna. ¡Hasta pronto!