Diezmo de Sangre
Capítulo 9
Un recuerdo demasiado cercano
Año 865, primavera.
Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María.
Por alguna extraña razón, ni siquiera el capitán fue capaz de despegar la mirada de ella. Y si en aquel momento le dijera que ya estaba al tanto de que aquello sucedería, sabría con total certeza que mentía. Ni siquiera él era capaz de ocultar tal sorpresa.
Aquella joven parecía tan… distinta. Nadie en aquel salón adivinaría que bajo su elegante apariencia podía ser una de las personas más sanguinarias con la que jamás se habrían encontrado. Mucho menos podrían hacerse a la idea de la sangre fría con la que arrebataba la vida de sus víctimas.
Poco a poco todos a su alrededor volvieron a la realidad dejando un poco de lado a la recién llegada aunque, como no, hubo varias excepciones.
El capitán ahora tenía la vista posada en la mesa como si estuviera dibujando sobre la madera barnizada sus próximos movimientos. Eren tenía la sensación de que la repentina visita había sido precipitada y que en aquellos momentos se trataba de una nueva pieza a incluir en el tablero en el que todos ellos jugaban. Y eran conscientes de que aquella nueva jugadora acarreaba consigo un papel realmente importante en todo lo que sucedería a continuación. Cuando el capitán terminó de reflexionar varias cosas volvió a posar la mirada en Eren captando su atención.
-Eren, seguiremos como hasta ahora. Nos limitaremos a observar qué es lo que sucede.- continuó seguro de lo que decía, sin embargo él quiso reprochar sus órdenes.
-Pero ella…- Levi lo obligó a callarse cortándolo en seco.
-¿Es que no me has oído? Continuaremos como hasta ahora. –le dio un trago a su vaso de Ron levantando la mano para pedir que le trajeran otro. –tenerla aquí nos ayudará a acercarnos al enemigo.
-Y si ella lo…- volvió a detenerlo con una patada bajo la mesa.
-No actuará ante tantas personas. Estoy seguro de que tiene algún tipo de plan. Tampoco tenemos motivos para preocuparnos por ella. Lo mejor será que cada uno siga con su camino- le explicó convencido. Aquella aclaración le dio qué pensar a Eren. Parecía como si el capitán tuviera algún tipo de relación estrecha con la chica que permanecía oculta a los ojos del resto. Debía conocerla de alguna manera para saber sus intenciones y su forma de actuar. Sin embargo, por mucha curiosidad que tuviera no se atrevía a preguntarle nada más. Desde que ella había ocupado su lugar en la barra, aislada de todos, el carácter del capitán Levi parecía haberse transformado en uno más hostil.
Pasó un buen rato desde que a la joven le habían servido su bebida en una copa frágil y fina. A pesar de encontrarse sola no parecía disgustada. Eren sintió las terribles ganas de acercarse y obligarla a charlar con él como tenía pensado hacerlo antes de involucrarse en la misión. En aquellas circunstancias, rodeados de gente, no podría negarse ¿verdad? Pero la presencia de Levi le intimidaba lo suficiente como para mantener el culo pegado a la silla.
-No se te ocurra hacer ninguna estupidez. Si intentas levantarte de la silla me obligarás a romperte las piernas- lo amenazó con tono bajo y tranquilo, lo que le produjo un gran escalofrío por la pasividad que demostró. ¿Cómo era capaz de saber lo que pasaba por su mente?
Volvió a centrarse en lo que sabía que debía hacer. El grupo de hombres había decidido continuar con sus partidas, aunque notaba cierta diferencia en sus risas y comentarios, más que transmitir una diversión envidiosa parecía una pelea por llamar la atención de la bella dama que se mantenía de espaldas a ellos. Todos los allí presentes se habían percatado de ello: Risas exageradas, alardeos de sus riquezas y todo su poderío… Al de un rato varias mujeres algo cortas de ropa se acercaron a ellos para acompañarlos en sus partidas. A pesar de ser todas ellas grandes bellezas, los gemelos parecían demasiado inquietos con sus actitudes tan cercanas y no se cortaban en apartarlas de manera algo brusca si se aproximaban en exceso a ellos.
Eren los vio mantener una charla amistosa en la que se daban varios golpecillos en el brazo, como si estuvieran decidiendo algo a suertes y finalmente uno de ellos pareció ceder provocando que el ganador se levantara de golpe de la mesa en la que todos estaban. El hermano que se quedó sentado le deseó suerte y sonrió contento y al mismo tiempo desilusionado mientras el otro se dirigía con paso firme a la barra en la que Mikasa estaba. Eren trató de seguir sus pasos disimuladamente y cuando estuvo lo suficiente cerca de ella Levi también decidió observar con sus propios ojos el espectáculo que les daría.
-Disculpe, señorita- se presentó caballerosamente. Cogió una de sus manos libres y la besó con suavidad obteniendo toda su atención. Ambos observaron el rostro de ella desde su mesa, la misma mirada fría e intensa que no cambió en absoluto, seguía sin expresar ningún tipo de emoción. Aunque para la mayoría de los hombres aquello resultaba realmente embelesador, así como todo el conjunto que llevaba puesto aquella noche. Revelador pero recatado y elegante al mismo tiempo, propio de una verdadera dama. Por sí sola era capaz de llenar toda la sala con su simple presencia, incluso Eren lo había admitido. Le costaba apartar la mirada de su nuca al descubierto, ya que ella misma acababa de echarse la melena a un lado. Aunque, por suerte, el extraño resentimiento que sentía era lo que le permitía seguir teniendo los pies en la tierra. –al igual que muchos caballeros de esta sala, me he quedado totalmente sin palabras por su belleza, señorita. ¿Es usted de por aquí?- preguntó cortés.
Ella vaciló unos instantes antes de responderle. –Sí, aunque no suelo frecuentar demasiado esta zona- contestó. Prefería no dar respuestas largas. Se limitaría a hablar de cosas que conociera con certeza, lo último que quería era verse envuelta en un bucle de mentiras que no fuera capaz de controlar.
El hombre, viendo que ella había demostrado cierto interés en mantener una conversación con él, sintió que le dio permiso para que permaneciera junto a ella, así que se decantó por tomar asiento en el taburete contiguo. Después pidió dos copas de una bebida algo extraña que Eren no pudo identificar y la colocó ante Mikasa para invitarla.
-Mi nombre es Leo Alberts, señorita. No sé si habrá escuchado hablar de mi- alardeó con sutileza esperando que la chica cayera rendida a sus pies por su nombre y apellido. Mikasa no pudo evitar mostrar una leve sonrisa seguramente de satisfacción por cerciorarse de que se encontraba con el hombre que buscaba. Aunque aquel sujeto por nada del mundo se imaginaría cuales podrían ser sus verdaderas intenciones. Después asintió con la cabeza.
-Por supuesto que lo conozco, señor Alberts.- respondió.
-¡Oh, por favor! Llámeme Leo. Después de todo siento que usted y yo ya hemos intercambiado unas pocas palabras como para charlar con un algo más de confianza- le pidió, ella asintió y dejó que diera varios rodeos hasta preguntarle lo que le interesaba. -¿y usted? ¿cómo debo llamarla?- dijo acercando su taburete al de ella para sentirla más cerca.
-Puede llamarme Alice- dijo ella sorprendiendo gratamente al hombre regordete. Eren suspiró ante aquella escena. Aunque el alboroto a su alrededor continuaba, estaba tan absorto en aquella conversación que cuando el jaleo de los demás clientes no le permitía escuchar con claridad sus palabras, le bastaba con leer los labios carnosos y de color carmín de Mikasa. Por el contrario, el dichoso Leo fanfarroneaba tan alto que era casi imposible evitar escuchar todas sus palabrerías. ¿Así era como ligaban los grandes magnates del mercado negro que estaban asquerosamente podridos de dinero? Le parecía bastante evidente y penoso. Se notaba a leguas que tenía un gran interés en ella. Aunque para ser justos, la mayoría de hombres en aquel lugar parecían tenerlo por la cara que habían puesto al verle acercarse el primero.
-Eren, vigila tras de mí, ya me ocupo yo de esos dos- le pidió el capitán. El asintió y cambió su objetivo centrándose en la interminable partida de cartas. Tal y como le había dicho antes Levi, no debían preocuparse de ella ni centrarse en sus movimientos, pero el hecho de que uno de sus objetivos decidiera acercarse a ella cambiaba un poco las cosas. A pesar de eso, su mente se encontraba en otra parte, se había quedado allí entre esos dos sujetos en la barra. Por eso mismo, no necesitaba mirarlos directamente para poder seguir escuchando la estúpida conversación que mantenían.
-Un nombre precioso para una damisela tan bella- volvió a besar su mano. -¿me permites que te invite a algo?- a ella no le quedó más remedio que aceptar cuando el camarero ya les había puesto en dos vasos anchos un líquido verdoso que no había visto antes. –A esto de aquí lo llaman "flor del rocío"- le contó orgulloso. –es una bebida realmente fresca.
La joven Alice sujetó el vaso con la mano con intención de pegarle un pequeño trago pero el hombre la detuvo unos instantes provocando que volviera a dejarla sobre la mesa. –Oh, querida. Permíteme un momento. –ella observó impasible como llevaba la mano a un bolsillo interior en su traje y sacaba algo de él.
Aquel silencio de unos pocos segundos incitó a Eren a dejar llevarse por la intensa mirada que el capitán les estaba dedicando. Le pareció curioso verlo así de interesado en aquello, por lo que no pudo evitar volver a observar el espectáculo asombrado. Aquel hombre había sacado un minúsculo botecillo de cristal con unos polvos azules en su interior.
-Esto de aquí es un manjar del que solo unos pocos privilegiados podemos disfrutar- aclaró abriendo el bote y vertiendo unos pocos en su bebida. Ella no hizo nada para evitarlo, dejó que hiciera lo que sea que quisiera hacer. –y esta noche, querida Alice, me gustaría compartirlo con usted. Estoy seguro de que le encantará. –ella asintió sin mostrar duda o miedo a pesar de que la sonrisa que Leo le dedicaba era más que sospechosa. Él también se echó unos cuantos polvos en su propia bebida. Por supuesto, todo aquello sin que el camarero estuviera presente, lo que demostraba que semejante substancia quedaba lejos de ser legal.
-Justo lo que pensábamos- dijo Levi casi en un susurro. Eren lo miró para preguntarle por aquello.
-¿Qué quieres decir? ¿Es peligroso lo que acaban de tomar?- quiso saber. El capitán lo observó fingiendo sonreír y charlar sobre temas ajenos a lo que sucedía allí dentro para no llamar la atención
-Eso no lo sé. Pero nos acaba de dejar claro que está totalmente involucrado en el tráfico ilegal de substancias como esa. Ahora no cabe ninguna duda de que todo era cierto.- Eren asintió comprendiendo todo lo que decía.
Año 855, primavera.
Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María
Tan solo habían pasado unas pocas semanas desde que se vio obligada a vivir de aquella manera. ¿Hasta cuándo duraría todo aquello? Le daba la extraña sensación de que esa pesadilla en la que se veía envuelta solo era el principio.
Repasó de cabeza los movimientos rápidos que aquellos niños tan astutos le habían enseñado, a aquellas alturas era tan miserable como ellos ¿no?. No estaba del todo mal que aprendiera algunas tácticas de ellos.
Mikasa se acercó silenciosamente a una mujer que miraba embelesada un puesto repleto de joyas y grandes pedruscos que ella jamás tendría la posibilidad de tener, no al menos de manera legal. Tampoco lograba entender como aquellas personas tan asquerosamente ricas solo se interesaban por piedras y minerales brillantes que no servían para cubrir las necesidades básicas. Aún así, eran tan imbéciles y materialistas como para dejarse una gran fortuna en ello, y era su oportunidad para aprovecharse.
Primero simuló chocar con ella y, en un despiste de la pobre mujer, alcanzó a guardarse en el bolsillo su cartera repleta de encajes y algunos de los minerales que tras el golpe se habían desparramado por el suelo. Con aquella recompensa sacaría el dinero suficiente como para darse un festín toda la semana.
Aquella era su forma de ver la vida. Vivir el día a día y cubrir sus necesidades básicas tantas veces como le fuera posible.
Tras el pequeño lapsus de Mikasa que preocupó un poco a Leo, los próximos veinte minutos la pareja se había dedicado a charlar de temas triviales, mayormente relacionados con él y sus diversas fortunas. Mikasa parecía mantenerse serena ante todo aquello y con su objetivo claro en mente, pues en ningún momento la notaron titubear o dudar. Aunque claro, aquello era difícil de detectar teniendo en cuenta que nunca antes la habían visto cambiar de expresión. Tomaron un par de copas más cada uno y después, ella se dejó guiar hasta la mesa en la que los demás hombres y el hermano de Leo se encontraban.
En un principio pensaron que quizás se sentarían allí para disfrutar de la compañía del resto pero pronto se dieron cuenta de que no fue así. Se percataron exactamente en el momento en el que los vieron salir por la puerta y Mikasa estuvo a punto de caerse estrepitosamente tras haber tropezado con la moqueta del suelo. Sin embargo, arregló su pequeño tropiezo con la sonrisa tímida vacía que le dedicó a Leo a modo de disculpa ¿estaba ebria? Quizás se debía a los polvos azules que le había dado él.
Levi frunció el ceño al verlos salir de aquella forma y Eren, cuando se percató de la tensión a la que estaba sometiendo a su propio cuerpo, intentó relajar sus músculos y dejar de clavarse las uñas en la palma de las manos. Sentía nuevamente esa necesidad de salir tras ellos y alcanzarlos. Le inquietaba pensar que podría volver a salirse con la suya, aunque en el estado en el que estaba quizás se retractara de hacerlo.
Comenzó a sentirse incómodo en su asiento y se planteó seriamente la opción de pedirle a Levi abandonar el interior del salón.
-Eren, espera un momento- entonces, el grupo de hombres del fondo se levantó envueltos en risas despidiéndose unos de otros. Ellos también estaban a punto de marcharse. –en cuanto salgan por la puerta nosotros también nos iremos.
Él asintió y esperó pacientemente su señal. Cuando todos abandonaron el lugar, Eren se adelantó para dejar los vasos vacíos que habían utilizado en la barra y después de recuperar sus abrigos salieron a la calle introduciéndose en el mismo callejón en el que se habían preparado anteriormente.
Allí, Levi encontró un zapato tirado en el suelo. Lo recogió y se lo enseñó a Eren. –Esta es la señal que necesitábamos. Significa que ya han pasado al ataque y se encuentran a unas calles más abajo.- después de darle esas aclaraciones comenzó a correr con Eren siguiéndole el paso. El capitán era realmente rápido y le costaba seguir su ritmo pero no tardaron en encontrarse con el pequeño grupo a cargo de Petra.
Los tres apuntaban sus armas hacia el grupo de hombres que caminaban por las desiertas calles. Estaban rodeados de unos sujetos musculosos, posiblemente los guardaespaldas que cumplían con su deber de escoltarlos. A pesar del frío y de todo el tiempo que estuvieron fuera esperando a que se marcharan a ninguno de ellos les temblaban los dedos en el gatillo. Algo realmente admirable.
-Petra, infórmame de la situación- ella se dio la vuelta relajándose un momento, parecía contenta de contar de nuevo con las indicaciones de Levi pero rápidamente borró su cara de alivio para mostrar un rostro duro y capaz, en aquel instante comenzaba la parte más importante de la misión y por nada del mundo podían fallar.
-Sí, capitán. Gunter y Erd se encuentran en los tejados más próximos esperando el momento adecuado para actuar. En cuanto den la señal pasaremos al ataque.- Levi asintió aprobando aquello, todo parecía ir sobre ruedas sin tener en cuenta al otro de los hermanos.
Después, abandonó a Petra y se dirigió con Eren hasta los otros dos miembros encargados de la operación. Mientras Levi se ponía un poco al día con lo ocurrido hasta entonces, Eren aprovechó para acercarse a uno de los soldados en posición estratégica.
-¿Ya habéis vuelto?- comenzó a hablar la chica en cuclillas oculta entre las chimeneas del tejado. Eren tuvo bastante suerte de dar con alguien amistosa que parecía querer entablar una breve conversación hasta que dieran la señal.
-Oye, vosotros permanecisteis en vuestros puestos hasta que los objetivos salieran del establecimiento, ¿verdad?- la chica con el pelo recogido en una coleta asintió extrañada por su pregunta. Esperando aquella respuesta, Eren prosiguió. -¿Viste a donde se dirigía la pareja que salió antes que ellos?- ni el mismo se creía que estuviera a punto de hacerlo pero algo le impulsaba a actuar así. Se saldría con la suya en aquella ocasión.
-Sí, si mal no recuerdo era una joven acompañada del otro sujeto al que perseguimos pero Gunter nos dio la orden de dejarlos marchar- aclaró sin dificultad. Eren entonces asintió con firmeza.
-¿Hacia dónde se dirigieron?- preguntó finalmente esperando que no fuera una pregunta demasiado evidente. Esta vez la chica se quedó callada sin entender sus motivos, entonces tuvo que pensar en otra forma de sonsacárselo. –el capitán Levi me ha pedido que lo informe para poder seguirle la pista después. No podemos permitir que huya.- aquello pareció ser suficiente razón de peso para que ella le señalara con el brazo hacia el fondo de la calle. Aunque cuando Eren salió corriendo oculto en las sombras en aquella dirección, la chica no pudo evitar pensar que había cometido un grave error que ya no podía remediar. Y no fue hasta que el capitán comenzó a preguntar por Eren que sintió como si un balde enorme de agua fría le caía sobre la cabeza.
-Estúpido mocoso… ¿por qué se empeñará en actuar solo?- dijo en voz baja para sí mismo. Ahora no le quedaba otra que ir tras él para asegurarse de que no lo mataban.
-Capitán Levi, tenemos un problema- lo reclamó Erd acariciándose con nerviosismo la perilla. –han aparecido algunos sujetos más por uno de los callejones. Parece que tendremos que enfrentarnos a más de los que esperábamos. –Levi se dio la vuelta mostrándole una mirada enfadada y amenazante, era evidente que estaba de mal humor, pero lo siguió en silencio sin decir nada.
-Mikasa, aunque tus facultades hayan disminuido considerablemente, estoy seguro de que serás capaz de arreglártelas tu sola. Y Eren… espero que no cometas ninguna insensatez- dijo en voz baja antes de aproximarse con rapidez al resto de soldados escondidos. Terminarían con aquello lo antes posible y después, irían a por el otro sujeto a manos de Mikasa.
Se tiraron un buen rato caminando por las oscuras calles. Mikasa dejó que la guiara hasta algún lugar discreto y libre de gente, al fin y al cabo, podía imaginarse a la perfección qué intenciones tenía con ella. Le repugnaba sentir su brazo rechoncho en torno a su cintura y ver como la acercaba con descaro a él, pero en parte agradeció el apoyo de poder caminar correctamente. Aquella mierda que se había visto obligada a beber comenzaba a provocarle algunas sensaciones extrañas como calor sofocante y un leve mareo. Sin embargo, aunque desde un principio supo que algo así podría suceder y teniendo en cuenta que no estaba acostumbrada a beber alcohol, lo hizo conscientemente para que el hombre confiara plenamente en ella y creyera que era una chica accesible que había caído rendida ante sus encantos. Solo así se aseguraba de que todo fuera a salir bien.
No le importaba en absoluto su estado, efectos leves como aquellos no evitarían que cumpliera su objetivo.
-¡Qué noche más espléndida!- soltó él cuando se encontraban en la entrada de una gran casa que parecía totalmente vacía. Cuando pasaron al interior, solo pudo ver el pasillo principal y la sala en la que él le pidió que se acomodara. En su interior había un gran sofá mullido cerca de grandes ventanales que daban la oportunidad de contemplar el cielo con toda su belleza. También tenía algunos muebles viejos y aparentemente caros llenos de polvo.
Tras unos minutos el hombre regresó con otras dos copas en la mano y se había quitado la chaqueta excusándose de que tenía demasiado calor. Justo como ella.
-¿Estás cómoda? ¿No prefieres quitarte el abrigo?- le insistió agarrando su prenda negra por los hombros y ayudándola a deshacerse de ella. Ambos se sentaron en el gran sofá y entonces, Leo puso en su mano la otra copa para incitarla a que bebiera un poco más. Mikasa advirtió que estaba demasiado cerca como para poder hacer un movimiento rápido que lo noqueara al momento. A aquella distancia había altas probabilidades de que pudiera detenerla, hizo lo consideró más apropiado y esperó un poco más. Estaba convencida de que su oportunidad no tardaría en llegar. Aquel hombre la había llevado hasta allí para que ambos estuvieran a solas durante toda la noche y con los soldados ocupándose del resto de delincuentes tenía vía libre para librarse al menos de uno de ellos.
-Estoy bien, gracias- respondió ella pegando un pequeño sorbo que Leo acompañó con unas pocas carcajadas y un leve acercamiento que consistió en posar su mano derecha en el muslo descubierto de Mikasa, justo donde terminaba su vestido.
Ella se sobresaltó un poco ante el contacto al no esperar aquel movimiento tan precipitado. Tampoco fue capaz de ocultar su sorpresa, lo que a ojos de él fue adorable.
-Oh, no te asustes, querida. No voy a hacerte nada malo, estoy seguro de que te gustará mucho- continuó relamiéndose con la lengua el labio inferior. Ella lo miró asqueada tratando de no expresarlo abiertamente. Notó como la mano pecosa y áspera comenzaba a subir lentamente introduciéndose bajo su vestido. Sintió escalofríos al imaginárselo, debía pensar en alguna excusa para alejarlo un poco de ella.
-Leo- lo llamó tajante y obteniendo toda su atención. –¿Puedes esperar un momento? Necesito ir al baño- utilizó una excusa bastante conocida, lo había visto hacer un montón de veces a diferentes jovencitas en el distrito. Primero se disculpaban con el viejo pesado que no las dejaba tranquilas y cuando entraban al baño no volvían a aparecer por allí.
Mikasa se levantó del sillón dirigiéndose hacia la puerta del salón pero en seguida fue sorprendida por unos brazos fuertes. Leo giró su cuerpo y la empujó contra la pared con fuerza evitando que escapara de él. -¿es que tienes miedo? no me digas que una joven tan bella como tú aún no ha mantenido relaciones de este tipo- susurró en su oído estremeciéndola y poniéndole los pelos de punta. Aquel indeseable baboso le estaba complicando las cosas más de lo que se había imaginado. -¿entonces estoy en lo cierto? Eso me pone más- admitió pasando la punta de la lengua por su rostro.
Aquello fue la gota que colmó el vaso. Mikasa no estaba dispuesta a alargar más aquello. Con la pierna que tenía libre le dio un fuerte rodillazo en la entrepierna logrando con facilidad que Leo la soltara y cayera de rodillas al suelo quejándose del escozor.
-¡Maldita zorra!- la insultó cabreado. Mikasa se acercó hasta el posa brazos del sofá para hacerse con la navaja que había escondido ahí, de modo que la tuviera más a mano cuando debiera pasar a la acción. Sin embargo, tropezó con sus propias piernas y se tambaleó un poco antes de caer al suelo.
Se frotó con la mano la pierna dolorida y rápidamente se puso en pie de nuevo acercándose a su preciada arma. Maldijo encontrarse aún bajo los efectos de la substancia pero lograría matar a aquella sabandija.
-¿Qué es lo que intentas?- dijo él tras ella sorprendiéndola de nuevo. Utilizó el peso de su cuerpo para caer sobre ella y retenerla encima del sofá. No parecía haberse dado cuenta de que tenía el cuchillo en sus manos pero estando de espaldas a él y con más de ochenta y cinco kilos sobre ella no conseguía sacar sus brazos de debajo de su propio cuerpo.
Mikasa se agitó como pudo sin éxito. Apretó con fuerza la mandíbula, mataría a aquel cabrón con una sonrisa triunfante en la cara, de eso estaba completamente segura.
-Ahora te daré tu merecido- le dijo otra vez cerca de la oreja mientras seguía dejando caer todo su peso y al mismo tiempo se bajaba los pantalones. Después, pasó a levantar su vestido con rapidez y con cuidado de que ella no escapara.
Mikasa no quería perder los nervios pero por si no fuera suficiente el hecho de que se encontrara en una situación algo complicada, los efectos de todo lo que había tomado emborronaban un poco su visión y la alteraban. Sin muchas otras opciones que se le ocurrieran, esperó unos pocos segundos más hasta cerciorarse de que el hombre estaba lo suficientemente quieto para mover rápidamente su cabeza hacia atrás y golpearlo en la frente.
El despiste fue suficiente para que en menos de tres segundos Mikasa agarrara con fuerza el cuchillo con sus manos y lo introdujera directamente en su corazón. El cuerpo del hombre cayó sobre ella y lo apartó de inmediato dejando que se desparramara sobre el suelo. Después se tumbó en el sofá pegando una gran bocanada de aire. ¿Por qué estaba tan ansiosa? aquella cosa estaba consiguiendo que perdiera los nervios con facilidad cuando habitualmente acostumbraba a actuar de manera fría y calculadora.
Gunter y Erd hacía rato que habían dado la señal a sus soldados para que atacaran. Petra y sus dos compañeros se habían deshecho fácilmente de los guardaespaldas que cubrían a los distintos sujetos, con un disparo en la pierna fue suficiente para que no volvieran a levantarse. Aunque en un principio únicamente les interesara capturar a Sam, todos los que estaban con él debían estar involucrados en asuntos similares así que también se los llevarían al cuartel para interrogarlos.
Entonces, cuando su misión parecía estar a punto de terminar, más sujetos aparecieron dificultándoles las cosas. Los seis soldados a cargo de Gunter y Erd inmovilizaron y arrestaron a los diferentes miembros del grupo que trataban de escapar desesperadamente. En cambio, el capitán, acompañado de sus dos soldados más capaces retenía a los nuevos sujetos que acababan de involucrarse en la pelea, ya que eran los únicos que requerían algo de atención al saber luchar y defenderse bastante bien. Además tenían armas que no habían dudado en utilizar contra ellos continuamente.
Petra esperó desde su posición, con tanto movimiento no quería disparar a sabiendas de que podría herir a alguno de sus compañeros. Por mucho que creyera firmemente en sus habilidades prefería esperar hasta tener vía libre para disparar.
Cuando todo terminó se juntaron en medio de la calle. Todos los miembros permanecían atados con cuerdas y mantenían una mirada abatida temiendo lo que les podría suceder a partir de entonces.
Levi no quiso precipitarse a darles la enhorabuena hasta asegurarse de que todo había procedido correctamente. Repasó uno a uno a todos los delincuentes que habían capturado y entonces se percató de que faltaba aquel que tanto les interesaba y por quien habían organizado la misión. Le daba rabia pensar que podría haber aprovechado cualquier mínimo despiste para huir. Más aún que ninguno de ellos se hubiera enterado de aquello hasta entonces.
Sin siquiera dar explicaciones salió corriendo siguiendo la dirección que Eren había tomado unos cuantos minutos antes. Estaba convencido de que el gemelo trataría de reunirse con su hermano para avisarle de lo ocurrido y escapar de allí. Le preocupaba que Eren pudiera cometer alguna estupidez al tratar de evitar la muerte de ambos sujetos, aunque él también quisiera atraparlos con vida. Sabía que Mikasa no dañaría a Eren sin motivos, al menos no hasta el punto de matarlo, pero aquella pequeña confrontación que ambos tenían podía ser beneficiosa para los delincuentes. Así que las cosas podrían torcerse con facilidad para desventaja de ambos. Por si aquello fuera poco, el cielo nocturno no aguantó más y dejó caer sus primeras gotas de agua.
No supo cuanto tiempo pasó hasta que inevitablemente se vio de nuevo envuelta en todos aquellos recuerdos que jamás había podido dejar atrás. Estaba segura de poder recordar cada muerte y cada persona que había eliminado en el interior de aquellos muros.
Un golpe fuerte y pasos apresurados provocaron que se exaltara y se sentara de golpe en el sofá. Hasta que la persona que acababa de entrar no se situó ante ella no se percató de quien era. Tanteó con la mano en busca de su cuchillo, aquello parecía una horrible pesadilla; o los polvos que había consumido le hacían ver doble o ante ella se encontraba el hermano gemelo de su reciente víctima, quien tenía cara de pocos amigos.
Mikasa se apresuró para hacerse con su arma pero el impulso de la otra persona fue mucho más rápido y preciso. El haber observado la escena provocó una rabia inmensa en él y la impotencia de no haber podido evitar la muerte de su hermano despertaron en él instintos agresivos de querer eliminar a aquella mujer a toda costa.
Se abalanzó sobre el delgado cuello de Mikasa amarrándolo con ambas manos y ejerciendo presión con todas sus fuerzas. Ambos cayeron por la parte de atrás del sofá sin respaldo pero la caída no ayudó a Mikasa, pues permanecía en la misma posición: atrapada bajo el cuerpo de Sam Alberts. Él sintió como la joven se retorcía bajo él tratando de zafarse.
A pesar de que estaba muy concentrado en arrebatarle la vida a la asesina de su hermano, no pudo evitar fijarse en el cuchillo sobre el sofá; el arma que ella habría utilizado para matarlo. Entonces, la brillante idea de hacerla sufrir antes de mandarla a la tumba le iluminó el rostro sacándole una amplia sonrisa. Soltó una de sus manos sin aflojar su amarre y se hizo con el arma.
Lo acercó amenazante a su rostro de porcelana apoyando la hoja punzante y aún llena de sangre. –Qué me dices, ¿quieres que juguemos un poco?- le ofreció sin poder mantener la mirada fija en un sitio. Mikasa confirmó entonces que aquel hombre había perdido todos los estribos e inevitablemente en aquel momento volvió a sentir la impotencia que hacía tanto tiempo había querido dejar atrás. Por aquel entonces era tan débil que en más de una ocasión la situación se había vuelto contra ella y todo parecía volver a repetirse.
El hombre paseó la hoja del cuchillo continuamente por su rostro para bajar después hasta su cuello y tras pensarlo unos segundos le tapó la boca mientras lo introducía lentamente en su hombro derecho. Mikasa revivió el dolor punzante de ser herida por alguien, la hoja estaba fría en contraste con su sangre caliente y dolía tanto que las lágrimas se abrían camino hasta sus ojos con facilidad. Sin embargo, le pareció innecesario que le tapara la boca para evitar que gritara porque no pensaba hacerlo, con el tiempo había aprendido a aguantar el dolor provocado por puñaladas y grandes palizas. Podría decir que estaba acostumbrada a aquel dolor amargo, aunque no negaba que tratara de evitarlo a toda costa.
Volvió a retorcerse tratando de deshacerse del hombre pero no lo lograba y él solo reía sin parar. –duele ¿verdad? ¿Quieres más?- preguntó sin dejarle responder. Retiró el cuchillo para introducir sus dedos en la herida abierta haciendo que Mikasa abriera los ojos de par en par dolorida. Acto seguido, se dispuso a introducir el cuchillo en su otro hombro para repetir sus movimientos pero la sombra que ella alcanzó a ver tras el hombre le propinó una patada en la mano lanzando el cuchillo a varios metros de ellos.
-¿¡Qu…!?- trató de hablar sin éxito por la nueva patada que esta vez se dirigió de lleno a su rostro haciéndolo caer de costado.
Mikasa trató de rodar hacia el lado contrario para arrastrarse lejos de allí pero el hombre insistió en perseguirla y agarrarla de la pierna a pesar de que era consciente de que su atacante seguía junto a él.
-¡Suéltala, maldito cabrón!- gritó una voz masculina fuera de sus cabales. Mikasa se soltó del amarre desparramándose en el suelo agotada y viendo el enfrentamiento ante ella sin lograr distinguir de quién se trataba. Su voz le resultaba familiar pero ni siquiera lograba obtener una imagen clara de la escena.
Los vio forcejear durante un buen rato hasta que uno de los dos dejó de moverse. Esperando a ver qué sucedería con ella observó atentamente el rostro de la figura que se le acercó tratande de controlar su respiración agitada. La ayudó a ponerse en pie sujetándola de la cintura. Alzó la vista curiosa tratando de reconocerlo hasta que dio con los ojos verdes que observó cuando había entrado en el salón del bar, los mismos que había visto en otras ocasiones. También recordó vagamente que era un joven perspicaz y con una gran fuerza de voluntad para conseguir sus propósitos. Le recordaba mucho a Armin, aunque él era algo distinto, quizás fuera por su impulsividad y la poca capacidad que tenía de pensar dos veces las cosas antes de actuar.
-Eres… tú- habló entrecortadamente manteniéndose de pie y llevándose la mano al hombro y soltando un pequeño gemido. Se tambaleó para acercarse a observar qué era lo que había sucedido con el delincuente. El joven la ayudó hasta allí y cuando lo vio tendido en el suelo justo al otro lado de donde estaba el cuerpo de su hermano gemelo se sorprendió mucho. Entonces, recordó la insistencia de aquel muchacho en que no matara a sus víctimas. Se giró rápidamente hacia él, quien comprendió su cara de preocupación y prosiguió a darle una explicación.
-Bueno, yo… fue un accidente.- Eren bajó la mirada arrepentido. No podía creer que tras tanto insistir en retener a aquella joven para que no matara por satisfacción él mismo hubiera acabado con la vida de aquel hombre. Se sentía realmente mal, como si tuviera las manos sucias y como si aquello lo fuera a marcar para siempre. Pero en cierta forma no podía ocultar el hecho de que cuando, entró a la casa y vio la escena se alarmó de inmediato. Había entrado sigilosamente manteniéndose al margen para interpretar con sus propios ojos qué ocurría y aunque se imaginaba que ella había acabado con la vida del otro cuerpo, al verla con aquel aspecto terrible e indefensa sintió unas ganas terribles de despedazar a su atacante. El instante en el que el delincuente se jactó de la puñalada que le había propinado a Mikasa fue suficiente para que reaccionara de aquella forma. Después, solo se dejó llevar por la ira y se concentró en eliminarlo.
Aquel era un sentimiento horrible que no quería volver a experimentar jamás. Aunque de alguna manera se sintió un poco aliviado de haber dejado de lado la incapacidad de ayudar a alguien, al contrario del día en el que su madre fue atacada. Actualmente, estaba preparado para poder defenderse y pelear.
Mientras él recordaba la sensación que tuvo, la chica se había colocado el abrigo haciéndose presión en la herida y había guardado su preciado cuchillo. Después le dio la espalda con intención de largarse de allí.
-¿Te vas?- preguntó atónito. Acababa de ayudarla y estaba gravemente herida pero tenía intención de desaparecer como siempre ocurría cuando terminaba su trabajo en algunas de las misiones peligrosas de la Legión.
Ella se detuvo para dedicarle otra mirada, una de las que provocaban escalofríos, aunque le pareció ligeramente diferente, quizás se debiera a todo el alcohol que había ingerido. Su estado posiblemente también fuera más grave a causa de todo lo que había consumido, por lo que era más fácil para Eren identificar sus emociones reflejadas en su cara.
-Si… me marcho- contestó tratando de parecer serena. Sin embargo, un nuevo paso le evitó mantener la estabilidad de todo su cuerpo y perdió el equilibrio desplomándose hacia delante. Eren corrió hasta ella en un impulso y aunque estuvo a punto de caerse junto a su cuerpo, logró agarrarla antes de que se golpeara la cabeza con el mueble de la entrada.
La zarandeó un poco pero ella no abría los ojos, parecía estar inconsciente y la verdad, no le extrañaba para nada. Estaba llena de heridas que sangraban sin parar y a parte de la pérdida de sangre el alcohol debía estar recorriendo su delgado cuerpo. Si no paraba la hemorragia cuanto antes entraría en un estado mucho peor. Además de eso, Eren observó que su cara estaba manchada de sangre reseca que no pertenecía a ninguna herida en su rostro, llevaba el pelo revuelto y el vestido roto por la parte inferior. Tenía la ligera sensación de que matar al otro hombre le había resultado algo difícil aunque había terminado haciéndolo y el otro seguramente debió sorprenderla y cogerla de improvisto.
Con un largo suspiro y aguantando como pudo el peso muerto de la joven, la alzó en brazos y cargó con ella hasta fuera perdiéndose en los oscuros callejones.
El capitán alcanzó el lugar en el que creía que podrían esconderse un buen rato después de recorrer varias calles. Por suerte, uno de sus soldados había conseguido informarse de cuáles podrían ser las casas que aquellos hermanos alquilaban cuando volvían a Shiganshina.
Encontrarse la puerta abierta de par en par no le dio buenas sensaciones, así que después de ver lo que ocurrió en el interior decidió seguir el ligero rastro de sangre que se diluía con la lluvia. La silueta ante él se desplazaba bastante despacio y cargaba con otra persona en brazos. Al ver aquello en la distancia tuvo la ligera idea de lo que había ocurrido y suspiró un poco más tranquilo.
Se dio media vuelta y ordenó a todos sus soldados que regresaran al cuartel cuanto antes para finalizar todo el papeleo que debían rellenar y dar por finalizada con éxito aquella misión.
Definitivamente estos últimos capítulos me estoy pasando bastante y como veréis me están quedando un poco largos. Aunque si os gusta seguro que preferís que sea así jajajajaja.
En esta ocasión he decidido que el fragmento dedicado al pasado sea realmente breve. En capítulos anteriores ha llegado a ocupar casi la mitad de un solo capítulo o incluso más y esta vez, me parecía mucho más importante la historia principal así que me he centrado en ella.
¿Qué os ha parecido? ¿Os ha convencido la escena del salón del bar y la escena en la que Mikasa debe matar al delincuente? Me gustaría saber vuestras opiniones
Muchas gracias a quienes seguís cada capítulo que publico. Me gustaría agradecer especialmente a aquellos/as que han decidido dejarme un review. Así como a quienes agregan la historia a favoritos o la siguen.
Shulii: Gracias por animarte a comentar, estoy encantada de saber que ya tengo a una nueva lectora interesada en leer el fic. Espero que este capítulo te haya gustado, y siento no haberte mencionado la vez anterior, tuve un problemilla con el correo. ¡Nos vemos pronto!
fanatla: ¡Mi queridísima fanatla! Ya te echaba de menos por aquí. Mi lectora fiel jajajaja. Es un placer recibir uno de tus comentarios y no te preocupes que ahora que tengo algo de tiempo y me estoy dejando caer por fanfiction para leer me pasaré por tus historias y te dejaré un comentario. Espero verte por aquí cuando tengas algo de tiempo. ¡Hasta prontoooo :D!
RenKouen: ¡Buenaaaas! Te noto tan intensa como estas últimas veces. Puedo sentir tu entusiasmo a través de tus comentarios y me alegra un montón. Me alegro de que te guste mi fic en general y espero que no te disguste en ningún momento pero aunque así sea, si hay algo que no te agrade me gustaría saberlo. Esperaré tu comentario nuevamente con ganas. ¡Saludoooos!
Guest: ¡Tú por aquí otra vez! Si que sabes analizarme al completo, tus consejos siempre me ayudan un montón así que espero poder seguir contando contigo. ¡Hasta pronto!
Mariib: ¡Buenas! qué alegría, una nueva persona que se une jajajaja espero seguir contando contigo. ¡Hasta la próxima!
Bueno, y eso es todo.
¡Nos vemos dentro de una semana! ;)
