CAPÍTULO 43: DESPEDIDAS
-PARTE I-
POV PEETA
Los Agentes de Paz nos guían hasta los ascensores cuando las entrevistas acaban, por suerte. Nosotros terminamos subiendo solos a nuestra planta. Una vez allí, nos abrazamos y nos damos un corto beso.
-¿Estás bien? –Le pregunto.
Ella ha estado nerviosa durante toda la entrevista. No dejó de apretar mi mano y creo que casi me corto la circulación. Por suerte, de a poco se fue soltando y pareciendo más simpática, consiguiendo que el público la amara.
-No lo sé. ¿Por qué nos entrevistaron tanto tiempo? Nos correspondían seis minutos.
-Es extraño. Nunca han roto las reglas.
Ninguno de los dos tiene las respuestas. Decidimos esperar a nuestro equipo y preguntarles.
Cuando aparecen Katniss y yo estamos sentados en el sofá. Effie, Haymitch, Cinna y Portia vuelven con nosotros.
-¡Fue un éxito! –Grita Effie emocionada.
-Estuvieron fantásticos, chicos. –Agrega Portia sonriéndonos.
Haymitch nos sonríe.
-Se lucieron, chicos. Como nadie lo ha hecho en estos setenta y cuatro años. Son una mina, van a tener a los patrocinadores haciendo cola para ayudarlos.
-Será muy fácil mover contactos para que los patrocinen, ya tienen a la mayoría comiendo de sus manos con su historia de amor, su valentía y sacrificio. –Aclara Cinna.
-¿Cuánto duró la entrevista?
-Quince minutos aproximadamente.
-¿Por qué tanto? Va contra lo estipulado. –Pregunta Peeta.
-Pan y circo, chicos. –Dice Haymitch, tirándose en un sofá frente a nosotros. – ¿No entienden? Los distritos le otorgan al Capitolio todo lo que este necesita para vivir, y los tributos que escogen cada año le aportan al Capitolio el entretenimiento. No sabíamos que harían esto, en caso contrario les hubiéramos avisado para prevenirlos. Aunque al pasar más de seis minutos no nos sorprendió que alargaran la entrevista. Querían saber todos los detalles de su relación, por ser algo "inédito".
-¡¿Y ahora qué?!
-Todos los tributos nos odiarán y se asegurarán de que acabemos muertos en esa arena. Por haberles robado reconocimiento.
-No todos, preciosa. Créeme que el Distrito Once y Cuatro están de su lado para defenderlos.
-Hasta que se acabe la alianza querrás decir… –Agrego yo molesto.
-Tal vez si, tal vez no. ¿Quién sabe?
Nuestro mentor parece tan relajado, respecto al asunto que nos enfurece. Hasta que me doy cuenta que ha bebido por primera vez en días.
-Bebiste. –Lo acuso.
-Sólo un poco. Esa gente me enferma, necesitaba relajarme.
-¡Haymitch! –Le recrimina Effie.
-¿Qué pasa, cariño? ¿Te molesta que sea sincero? Tú también me irritas la mayor parte del tiempo… perdón… todo el tiempo. –Le dedica una sonrisa socarrona y Effie sigue fulminándolo con la mirada. -¡Haymitch esto! ¡Haymitch aquello! ¡¿Dónde quedaron los modales?! ¡Deja de decir groserías! ¡Eso no se dice! –Imita en el acento capitolino de ella. –Tal vez si no fueras tan insoportable y estricta hasta me agradarías.
Si las miradas mataran, ambos ya hubieran acabado con sus vidas mutuamente. Parece una tarea imposible que se lleven bien. Por extraño que parezca son los únicos que pelean del gran grupo, los demás no tenemos esa relación con Effie, incluso es más simpática con el resto de nosotros. Pero con nuestro mentor echan chispas.
Me río en silencio al recordar lo que dijo Johanna en el ascensor sobre ellos. Para que no lo noten, escondo mi mandíbula y mi boca en el hombro de Katniss.
Katniss me mira de reojo, aunque no dice nada para detenerme, simplemente sonríe. Debe estar pensando lo mismo que yo.
-Ya, basta. –Los reprende Cinna. –Mañana tendrán tiempo para seguir peleando todo lo que se les dé la gana. Pero al menos intenten llevarse civilizadamente por esta noche… por ellos. –Les dice enfocándolos nuevamente en el objetivo.
POV KATNISS
En el silencio que sigue nos llegan los deliciosos olores de la cena, que ya está en el comedor.
-Vamos a comer –dice Haymitch, y todos lo seguimos hasta la mesa y nos colocamos en nuestros puestos.
Me detengo antes de sentarme cuando recuerdo lo molesto que resulta el vestido y le pido a Cinna que me ayude a quitármelo. Me acompaña a mi antigua habitación, antes del Tueste. En cuanto me libero del pesado vestido, me siento aliviada.
-Lamento que sea tan pesado, queríamos que destacaras. –Dice Cinna con voz tranquila.
-El vestido es perfecto, Cinna. Y tal vez no me hubiera molestado tanto usarlo si no fuera por toda la actividad física que hice estos días. El entrenamiento nos deja agotados a todos.
Me dejo el conjunto de ropa interior y coloco un pantalón de jean y una blusa suelta y cómoda.
Los ojos verdes de Cinna me observan comprensivos.
-Creo que tengo una solución.
Busca en maletín negro y pasa una caja blanca con letras escritas donde se puede leer la droga y la marca del medicamento.
-¿Para qué es?
-Esta es una muestra médica con diez pastillas. Tómense dos esta noche durante la cena y mañana se sentirán como nuevos. Si quieren pueden tomarse dos más por la mañana para soportar la jornada en la arena. Les prometo que no sentirán dolor muscular o cualquier otro físico por un par de días, el efecto es casi inmediato y de larga duración.
-Muchas gracias, Cinna.
-De nada.
-Te echaré de menos. Fuiste un buen amigo. –Le digo.
-Lo mismo digo. –Ambos nos sentamos en la cama. –Me dijiste que querías ver una foto de mi hijo y mi esposa ¿no?
-Sí.
-Bien.
Busca un álbum y me lo pasa.
Hay diez fotos en total. En todas aparece él con su pequeña familia. Su esposa es como él, viste normal y se maquilla con lo básico, no de forma extravagante como Effie. Tiene cabello castaño con reflejos claros, en otras fotos tiene cabello rubio y sus ojos son azules y rasgos delicados, debe tener la misma edad de Cinna, veinticinco años. Debí sospecharlo, él no buscaría una mujer tan diferente a sus ideales e intereses. Su esposa tiene la piel muy clara. Lo sé porque en algunas fotos dentro de la casa o en el patio aparece a cara lavada, y no hay mucha diferencia entre la mujer maquillada y la real. Me doy cuenta como el look exagerado de la gente del Capitolio los hace ver tan grotescos y desagradables a la vista, cuando sin todo ese disfraz deben ser personas hermosas físicamente al menos.
Su hijo tiene cabello rubio, piel en un tono intermedio más tirando a claro y sus ojos son idénticos a los de Cinna.
-Tu esposa es hermosa ¿tiene cabello rubio?
-Sí, aunque en los últimos años se ha estado tiñendo.
-El hijo que tienen es muy hermoso. Se parece mucho a ambos. ¿Cuatro años me dijiste que cumplió?
-Hace un mes fue su cumpleaños número cuatro. Es muy dulce. Mi esposa y yo lo educamos de una forma distinta al común de los niños, aunque es sociable, abierto y muy curioso sobre todo con el trabajo de sus padres. Dice que de grande quiere ser como nosotros siempre nos observa mientras trabajamos y nos pasa cosas si las necesitamos. Se pone a dibujar con los dos.
Se nota que siente mucho orgullo por su familia y que los ama con su vida.
Él nos dijo hace unos días que su esposa es diseñadora grafica y trabaja para la editorial de una revista. Se conocieron cuando eran niños, fueron amigos pero siempre estuvieron enamorados y como Peeta y yo, se pusieron de novios en la adolescencia y se casaron cuando tenían diecinueve años. Siempre supieron que eran el uno para el otro. Nunca tuvieron otras parejas. Saber que puede existir un amor así y personas tan buenas en medio de tantas frivolidades, es algo nuevo y esperanzador. Desde fuera se ve tan diferente todo.
Mi mirada se detiene en una fotografía de ellos tras juntos.
-Se ven muy felices.
-Lo somos y nuestro hijo duplica nuestra felicidad para bien. Es una lástima que tú y Peeta… Lamento que tengan pasar por esto. Podrían haber tenido el mismo futuro. Casarse oficialmente, tener su propia casa, e hijos.
-Yo también lamento eso. Pero, al menos no nos separaremos y eso es lo único que nos importa ahora mismo. ¿Nos pueden hacer un favor? –Pregunto.
-Lo que quieran.
-Peeta y yo les escribimos cartas a nuestras familias y amigos. Queremos que se las entreguen cuando vayan al distrito, también grabamos mensajes en la filmadora que nos entregaron ustedes, hay fotos de nosotros dos y también las grabaciones de nuestra boda. Queremos que todo eso llegué a ellos. Y díganles que los dos tratamos de ser felices hasta el último instante, que lamentamos el dolor que les provocaremos, pero que no podemos vivir el uno sin el otro.
-Dile a mi padre y mis hermanos que soy feliz de morir al lado de la mujer que elegí para mi futuro desde el día que la conocí. –Interrumpe otra voz y ambos miramos hacia la puerta. –Ya se los dije, pero repíteles lo mismo. No quiero que lo olviden.
¿Desde cuándo está Peeta escuchando en el marco de la puerta?
Camina hasta nosotros y se sienta a mi lado tomando mi mano entre la suya. Se cambió de ropa, ahora viste con un jean azul y camiseta verde, mi color favorito.
-Y que lamentamos romper la promesa que le hicimos a Prim, porque la queremos, pero las reglas son claras y no pueden romperse lamentablemente. –Dice con tristeza.
-Les diremos y mostraremos todo a sus familias, no lo duden ni por un instante.
-Gracias. –Decimos al mismo tiempo.
-Lamento haber entrado, es sólo que los escuché casualmente hablando sobre esto al pasar y yo también tenía cosas para decir.
-Me estaba mostrando las fotos de su familia. –Explico.
-¿En serio?
-Sí. –Le doy el álbum y pasamos un rato conversando mientras mi esposo mira las fotografías. Peeta insiste en la hermosa familia que formó y la suerte que tienen de tenerlo.
Los tres nos dirigimos comedor, Peeta y yo estamos más calmados. Confiamos en que nuestro equipo les hará llegar las cartas y videos a nuestros seres queridos. Incluso le dijimos que las pertenencias que llevaremos en la arena serán a devueltas a Madge, o se las dejaremos mi madre y Prim. Mi anillo de compromiso no estaría en buenas manos si se lo quedara la familia de Peeta. La madre va a deshacerse de él apenas lo descubra, debido a que siempre odió mi relación con su hijo. Mi familia lo guardaría como el bien más preciado.
Después de la cena vemos la repetición de las entrevistas en el salón. La entrevista duró al menos trece minutos si se incluye la presentación que nos dio Caesar.
La estrategia de los Trágicos Amantes fue buena, nadie ha visto a la gente compenetrada con un tributo tan rápidamente en años. Hemos sido los protagonistas de la velada o mejor dicho desde que nos presentamos voluntarios. Dejo que los brazos de Peeta me protejan de mis propios pensamientos.
Los demás tributos no lo dejarán así, nos deben estar detestando. Nos correspondían seis minutos como pareja y nos proporcionaron más del cien por ciento de tiempo extra.
Ambos lucimos enamorados y cariñosos, pero cuando Peeta está lejos de mí aunque sea por centímetros me veo temerosa e insegura. Todos pueden notar que Peeta es mi brújula, mi guía y que estoy casi perdida sin él. Y no me gusta que lo vean… aunque sea verdad. Los demás dicen que me veo adorable, mientras yo me veo débil, retomo fuerzas cuando Peeta vuelve manifestar que me apoya, lo que hizo prácticamente todo el tiempo.
El que sí es encantador es Peeta, y después resulta irresistible en su papel de chico enamorado hablando cosas de nosotros y como empezó nuestro amor. Y ahí salgo yo, ruborizada a más no poder, bella gracias a las manos de Cinna, deseable gracias a las confesiones de Peeta, que me hace ver aún mejor de lo que demuestro por mí misma en la entrevista. Le sigo la corriente a mi esposo y al conductor.
La gente ve nuestra relación como un amor trágico por las circunstancias y, lo mires por donde lo mires, imposible de olvidar.
Dudo de mis habilidades para causar ese impacto actuando en solitario. Nunca fui simpática, divertida y sociable como él.
Cuando termina el himno y la pantalla se oscurece, la habitación guarda silencio.
-Bien. Ahora si pueden hablar. –Dice Haymitch.
Él nos dijo que discutiríamos el asunto después de ver las repeticiones.
-Tenemos a todos comiendo de nuestras manos. –Dice Peeta pensando bien que decir. –Están en lo correcto, el impacto que causamos no se puede ignorar. Nos lloverán patrocinadores, aunque estemos decididos a morir.
Él mira a todos y después a mí. Se recuesta un poco en el sofá y apoya su cabeza en mi hombro. Rodeo su espalda con mi brazo y jugueteo con sus mechones de cabello como de costumbre.
-Tenemos al menos veinte tributos deseándonos cortar la cabeza. –Digo sabiendo que el Distrito Once no está en ese grupo.
Aún no me fío del Distrito Cuatro, que pertenezcan a un distrito profesional no me inspira mucha confianza, por lo que sé podrían matarnos mientras dormimos a pesar de mostrarse simpáticos y comprensivos con nosotros.
-Sienten envidian y nos querrán destruir. –Coincide mi esposo conmigo.
-Les informo que los tienen desde que se presentaron voluntarios. Sin embargo, aumentaron durante el Desfile de Tributos, los entrenamientos, los rumores de romance, la fijación de los habitantes del Capitolio en ustedes que se vio claramente en la televisión, sus puntajes altos y ahora la entrevista especial. No fueron invisibles en ninguna etapa de los Juegos del Hambre. Prepárense para lo que se avecina. –Nos explica nuestro mentor.
-¿Cómo qué? –Pregunto.
-Cuídense las espaldas, anden con cuatro ojos y no se alejen de sus aliados mientras les convenga. No pueden estar solos ¿entienden? Es la clave para sobrevivir. No podrán luchar los dos contra los profesionales, al menos no mientras la mayoría sigan vivos. Por suerte, tienen al Distrito Cuatro de su lado. Es una ventaja, esos chicos están preparados para luchar y defenderlos mientras mantengan la alianza. Eithan como primo de Finnick Odair tendrá varios patrocinadores. Es mejor tenerlos como amigos, que como enemigos.
A/N: Hola. Los juegos se acercan, solamente falta una pequeña parte de este capítulo y estarán en la arena. Tengo planes para el Distrito Cuatro. Serán importantes para la historia. Tendré en cuenta las perspectivas que propusieron. :)
Saludos,
Lucy.
