Diezmo de Sangre


Capítulo 11

Un problema mayor de lo aparente


Año 858, invierno.

Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María.

Carla, después de unos meses recuperándose, pensó que ya era hora de salir a la calle y pasarse por el restaurante de Sasha a echar un vistazo. Se aseguró de dejar preparado el desayuno de Eren y la comida de aquel día. Su hijo la había estado cuidando mucho desde el ataque en el que se vio envuelta.

Se empeñó en hacerse cargo él solo de todo lo relacionado con la casa. Apenas se separaba de ella si no era para trabajar o realizar los quehaceres del hogar. Estaba tremendamente orgullosa de él, de lo fuerte y responsable que se había vuelto.

Pero una vez en plena forma era el momento de continuar con su trabajo y atender sus responsabilidades.

Eren se despertó un buen rato después de que su madre se hubiera ido y se sorprendió bastante de no encontrarla por allí. Le había avisado de sus intenciones la noche anterior pero no creía que realmente lo fuera a hacer, aunque le asombraba aún más el hecho de que no se hubiera dado cuenta cuando se había levantado si ambos dormían en la misma habitación. Debía estar realmente cansado.

Se preparó rápidamente y puso rumbo a los campos situados en la otra punta del distrito, en pocos días terminarían los preparativos para poder hacerle frente al invierno que se avecinaba y entonces no tendría trabajo en un tiempo. Quizás debía empezar a buscar algo que pudiera hacer durante ese periodo helado.

Cuando llegó al campo cogió un martillo del almacén y varios palos gruesos de madera para comenzar a clavarlos en el suelo uno seguido de otro formando una hilera y después, uniéndolos con cuerdas.

-Oh, vaya. Qué madrugador eres, Eren- le habló un chico de su edad, era alto y con el pelo oscuro, su cara tenía un montón de pecas. Le mostró la amable sonrisa que siempre tenía en el trabajo. –buenos días.

-Buenos días, Marco- respondió él sin dejar de clavar palos de madera, tenían que tener todo listo para aquella tarde y el trabajo no avanzaba con rapidez. –échame un cable con esto- le pidió logrando que de inmediato él también se pusiera manos a la obra.

Marco y él en seguida establecieron una relación cordial cuando se conocieron el primer día. Aunque no tuvieran muchas cosas en común, Eren se había dado cuenta de su noble corazón, su fuerza de voluntad cuando tenía que ayudar a los demás y por supuesto, la amabilidad que desprendía tanto con conocidos como con personas que acababa de conocer.

Sin embargo, su otro compañero de trabajo dejaba mucho que desear y su sola presencia le provocaba ganas de darle una paliza. -¿qué creéis que estáis haciendo?- escuchó su voz a sus espaldas. Ambos jóvenes se giraron mirando a Jean Kirschtein con una pose estirada y voz socarrona. –no me digáis que ni siquiera sabéis clavar unos simples palos de madera. –se rió de ellos.

-Ah, ¿sí? ¿y por qué no vienes tú y lo haces en vez de quejarte siempre por todo?- contestó Eren malhumorado. Era temprano y no tenía ganas de aguantar las tonterías del señorito egoísta. Nunca estaba contento con nada de lo que ellos hacían y siempre alardeaba con ser el mejor de los tres.

-Pues claro que si, os enseñaré como hacerlo- repitió enarcando las cejas. –Eren le pasó el martillo con fuerza pero Jean ignoró el gesto.

-Venga, chicos, tengamos paz. Lo importante es terminar esto a tiempo- les recordó Marco a los dos devolviéndolos a la realidad y sacándolos de toda clase de competición absurda. –cuando llegue el invierno tendremos que despedirnos de este trabajo- comentó ilusionado y sus dos compañeros comprendían el por qué.

-¿Sigues pensando en unirte al cuerpo de la Policía Militar?- preguntó Jean curioso. Él conocía a Marco desde que eran pequeños y sabía de aquel tema porque en más de una ocasión se lo había contado pero en aquella última temporada andaba más pesado con el tema que de costumbre.

-Sí, el año que viene tendré la edad necesaria para alistarme. Es mi sueño poder servir al pueblo- dijo ilusionado y creyendo firmemente en las palabras que soltaba. A diferencia de Eren que trabajaba en el campo por necesidad, Marco tomó la iniciativa de apuntarse a aquel trabajo para echar una mano a los dueños. No dudaba en mostrar a los demás su carácter servicial y altruista.

-¿Y no piensas que es mejor la Legión de Reconocimiento?- preguntó Eren atrayendo ambas miradas a él. –ya sabes lo que se rumorea de la Policía Militar… serías de más ayuda aquí- le aconsejó. Jean le dirigió una mirada llena de rabia. Él también tenía intención de entrar en la Policía Militar para poder llevar una vida más cómoda en la ciudad interior y lo admitía. Por eso mismo, debía estar al tanto de los rumores que contaban sobre ellos y seguro que no le gustaban demasiado. Marco, en cambio, no cambió de expresión.

-Es posible que tengas razón, Eren. Además yo también he escuchado barbaridades de ellos, sin embargo, no puedo saber si son ciertas o no. Por eso mismo, cumpliré mi sueño de salir de Shiganshina e irme a la ciudad interior para ayudar a la gente de allí. –sus ojos parecían brillar a medida que hablaba. –y si es cierto lo que dices, me encargaré de que las cosas cambien a mejor.

Jean lo miró aguantando las ganas de reírse de él. Marco podía llegar a ser demasiado soñador y se alejaba mucho de la realidad con aquel tipo de cosas, pero tanta buena voluntad sacaba lo mejor de él.

Eren asintió ante su respuesta aprobando sus palabras. Le pareció admirable que tuviera tanta determinación por conseguir sus sueños.

-¿Y tú, Eren? ¿Qué piensas hacer cuando dejes esto?- quiso saber. Jean también lo miró curioso, aunque fingió que no le interesaba en especial.

-Yo también tengo muy claros mis objetivos, Marco.- le afirmó con total certeza a medida que juntaba con cuerdas más y más palos clavados en el suelo. –Me uniré a la Legión de Reconocimiento y me haré fuerte.- ambos lo observaron. Marco asintió contento de su decisión y Jean ni siquiera sintió ganas de meterse con él, algo en su mirada decidida e imparable le inquietaba mucho. –Tengo una promesa que cumplir.


Año 865, verano.

Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María.

Armin ordenó todos los documentos nuevos que le habían pasado el día anterior. Se había quedado toda la noche en vela para poder echarles un vistazo y tenerlos preparados cuanto antes.

Por algún extraño motivo que no alcanzaba a deducir, el ambiente dentro del cuartel estaba tenso, más de lo usual. Pero nadie de por allí parecía notarlo a parte de él. Desde el último incidente en el que la Policía Militar apareció por el cuartel todo había estado mucho más pacífico y no había sucedido nada grave o fuera de lugar en las últimas semanas. Ni siquiera Mikasa se había acercado para ir a visitarlo, por eso toda aquella tranquilidad le inquietaba demasiado.

Tenía la ligera sensación de que había algo más detrás de todo aquello, algo que seguramente solo los soldados de confianza de Erwin Smith sabrían. Esta vez, él también había quedado al margen y en cierto modo, a pesar de que le gustaba participar en organizar una buena estrategia, agradecía no tener nada que ver.

Por otro lado, también le preocupaba Eren. Le extrañó cuando le exigió información sobre la misión secreta anterior, no entendía sus razones y tampoco había vuelto a visitarlo para contarle nada al respecto. Sin embargo, tenía el presentimiento de que él también se olía lo que estaba a punto de ocurrir.

Exactamente en ese instante la puerta se cerró ante él. La manera de entrar con prisa y montando bastante alboroto como si de una estampida se tratase era característica suya, sin duda. Y ahí se encontrada de nuevo ante él con una mirada culpable en el rostro y una sonrisa nerviosa. Armin se sentó en su silla y le dio paso para que comenzara a hablar.

-Armin, tengo algo que pedirte- comenzó, nuevamente siendo tan directo como solía serlo. Él le frenó con la mano.

-Se a lo que vienes, pero antes me gustaría que respondieras a algunas preguntas. Creo que después de ayudarte con lo del otro día me lo merezco, ¿no?- Eren le dio vueltas a su petición unos segundos asintiendo con la cabeza. No se sentía cómodo apareciendo de nuevo ante él para reclamar su ayuda sabiendo que desde la vez anterior ni siquiera se había acercado a agradecérselo como era debido. Y lo mínimo que le estaba pidiendo eran explicaciones.

Se levantó a cerrar el pestillo de la puerta para que nadie pudiera molestarlos o interrumpirlos y comenzó a hablar. Le explicó cómo el capitán se dio cuenta de que los seguía y su participación en la misión. Después también le contó la aparición de Mikasa en la que mostró una imagen completamente diferente a la usual y su táctica de quedarse a solas con el delincuente. Armin abrió los ojos sorprendido por aquello, no se lo esperaba.

-¿Y consiguió engañarlo? No es que lo ponga en duda…- admitió. Eren asintió con la cabeza.

-Y también logró asesinarlo- concluyó no muy cómodo.

-Eren, dime, ¿Cuáles fueron tus propósitos para querer inmiscuirte? No acabo de entender tus razones pero, claramente, están relacionadas con ella.

Se sobresaltó un poco al ver que había dado en el clavo. Ni siquiera él mismo comprendía del todo cuáles eran sus impulsos a la hora de actuar así. Lo único que sabía con certeza era que guardaba una sensación muy parecida a la del resentimiento, y a causa de eso, se sentía en la necesidad de detener sus asesinatos innecesarios.

-No lo sé, Armin. Sólo sé que debo hacerlo. Es como si algo dentro de mí me dijera que debo detenerla y evitar que siga matando por placer. Y al mismo tiempo siento que estoy a punto de descubrir algo importante relacionado con la muerte de mi padre- le explicó lenta y pausadamente. Su amigo lo escuchó asintiendo con la cabeza, estaba convencido de que todo lo que le estaba contando lo hacía con sinceridad. –pero aún así, no logré evitar que volviera a hacerlo… y… además… me cargué al otro con mis propias manos- terminó de contar produciendo un largo silencio.

Armin lo observó perplejo, jamás pensaría que Eren llegaría a algo como aquello. Ya estaba al corriente de que ambos hermanos murieron aquella noche pero no sabía que una de esas muertes fuera a manos de su amigo. Era evidente que habían camuflado aquella información o que nadie había sido testigo directo de lo sucedido, pero Eren si, había estado en la escena del crimen y había tomado parte en él.

-Me sorprende de ti, la verdad. No te estoy culpando, estoy convencido de que tuviste tus motivos para hacerlo. ¿Podrías compartirlos conmigo?- pidió amablemente indicándole que lo que dijera no saldría de aquellas cuatro paredes. Eren asintió.

-Me separé del capitán y los otros para seguir a Mikasa. Cuando llegué uno ya estaba muerto pero el otro trataba de matarla. –se detuvo unos segundos. –esperé un poco para analizar cual era la situación y decidir cómo actuar, pero entonces comenzó a apuñalarla. Su intención fue torturarla antes de matarla y bueno… cuando me di cuenta me lo había cargado.- explicó. Armin parecía preocupado. Sabía que Eren no tenía ninguna herida pero acababa de enterarse de que Mikasa no había tenido la misma suerte. A pesar de que fuera extraño imaginársela en la situación de sus propias víctimas, le ponía realmente nervioso.

-¿Ella está bien?- se atrevió a preguntar.

-No lo sé- Armin no esperó esa respuesta. Las posibilidades de que no hubiera pasado por allí durante tanto tiempo podía deberse perfectamente al estado en el que se encontrara. –tenía una puñalada profunda en el hombro y bastantes heridas pero la llevé hasta casa y le curé las heridas más graves. Desde entonces no he vuelto a saber nada y además me amenazó con matarme si volvía a acercarme- le contó con risa nerviosa.

-Es una chica fuerte, estoy seguro de que se recuperará pronto- trató de sonar convincente pero ni él mismo se creyó sus propias palabras. Eren al verlo tan preocupado no pudo dejar de sentir curiosidad por la relación que tendría con ella. ¿Tan importante era aquella chica para Armin? –bueno, creo que es suficiente. Ya puedes plantearme tu petición aunque me temo que esta vez no podré echarte un cable- se lamentó.

-Bueno, aún así quizás puedas ayudarme.- quiso ser optimista, las habilidades de su compañero eran buenas y no dudaba de ellas ni de lo buen consejero que era. –tú también te has dado cuenta del ambiente que hay en el cuartel ¿verdad?- Armin asintió sorprendido de que Eren también lo supiera. –Entonces estoy en lo cierto si digo que se cuece algo mucho más gordo que la otra vez. El capitán Levi me dijo claramente que me mantuviera al margen.

-¿Y no crees que deberías hacerle caso? Debe ser algo realmente peligroso, la otra vez tuviste suerte de que no te expulsaran. –Eren asintió dándole la razón.

-Lo sé, pero si es algo peligroso debe ser importante, y no es solo por la información que pueda sacar de ello, me gustaría participar de alguna manera.- le contó motivado. –Además, estoy seguro de que ella también aparecerá- Armin abrió los ojos de par en par.

-Creo que estás obsesionado con Mikasa, amigo- se rió Armin a carcajadas y Eren lo acompañó después. –en esta ocasión me temo que a mí también me han excluido de toda la operación así que no puedo darte ningún detalle. –Eren bajó la mirada decepcionado. –me da la sensación de que esta información la han obtenido de los delincuentes que apresaron pero no estoy seguro. También he estado investigando un poco y me parece que se llevará a cabo cerca del Muro María, si no es en la puerta que atraviesa el muro. Pero como ya te he dicho, son solo suposiciones- le advirtió. Aún así para Eren pareció ser más que suficiente, ya tenía por dónde empezar.

-Gracias por todo, Armin. Seguro que tus suposiciones dan en el clavo, como siempre- le sonrió contento. –Ahora que lo pienso, si ni siquiera tú estás dentro de la operación, entonces Mikasa esta vez se verá obligada a mantenerse al margen- dedujo. Sin embargo, Armin negó ligeramente con la cabeza.

-Ahí estás equivocado. En ningún momento te he dicho que dependa plenamente de la información que yo le paso. Es más, la mayoría de las veces es ella quien desmantela a los delincuentes sin ayuda de nadie. Además…- se detuvo planteándose si debía seguir hablando o no.

-¿Además qué?- lo presionó Eren.

-De todas formas a estas alturas ya no creo que importe pero si alguien te pregunta algo tú niégalo- le pidió nervioso. –a parte de mí, es el capitán quien tiene mayor contacto con Mikasa. Ni siquiera me sorprendería que fuera ella quien les hubiera dado la información para esto que están preparando…

-¿¡Qué!?- se levantó de la silla enfadado. -¡No lo puedo creer! ¿Me estás diciendo que lo que van contando esos estúpidos de la Policía Militar es cierto?- Armin asintió con la cabeza.

-En parte sí.

-No entiendo nada. ¿Por qué apoyan esas muertes? Me negaba a creer que tú lo hicieras, y estaba seguro de que tendrías tus razones para hacerle el favor pero la Legión… se han vuelto completamente locos- bajó el tono decepcionado totalmente. Armin no supo qué decirle después de aquello. Parecía haberle afectado más de lo que creía. Que la Legión fuera partidaria de que una persona ajena a ellos participara por su cuenta en las intervenciones con delincuentes y que aparte de hacer la vista gorda la apoyaran incrementando las posibilidades de que siguieran muriendo personas, debía parecerle algo monstruoso a Eren. Podía notar como su rostro se desencajaba al darle vueltas a aquella nueva información.

-Eren…

-No, ya lo he decidido. Encontraré la manera de participar y terminar con esto. No voy a permitir que sigan haciendo lo que quieran y que jueguen con nosotros de esa forma. El capitán tendrá que darme muchas explicaciones.- dejó a Armin con la palabra en la boca y se fue dando un portazo. En ese instante, se arrepintió de habérselo contado. Eren siempre había sido una persona firme en sus convicciones y seguramente creía que siempre actuaba a favor de lo que era justo, y con aquello pensaría que estaban jugando con él.


Desde la última conversación que tuvo con Armin habían pasado unas pocas semanas y ni siquiera había querido relacionarse con sus otros compañeros, se sentía un poco dolido. En el fondo debía haber otra razón por la que hicieran aquello y lo sabía pero no lograba dejar a un lado la sensación de que estuvieran utilizándolo. Lo que más le molestaba era haber sacado la cara por La Legión ante los soldados de La Policía Militar.

Se dedicó exclusivamente a reunir toda la información que pudo, incluso trató de escuchar a escondidas varias conversaciones de soldados aventajados pero poco pudo conseguir de todo aquello. Lo único que pudo averiguar fue una cifra que podría ser una fecha o una hora concreta.

Las únicas posibilidades que tanteaba era prepararse para cuando ese día llegara, no dudaba de que la operación se llevaría a cabo por la noche. Siempre lo hacían así para minimizar bajas y heridos. En cuanto al lugar, tenía una idea en mente que quizás funcionaría.


El día dieciséis, Eren se despidió de su madre con un gran abrazo y salió de casa con paso ligero. La noche era más clara de lo normal y no hacía nada de frío pero aún así el prefirió llevar puesta una pequeña capa con capucha por si debía ocultar su rostro.

Estaba demasiado nervioso y cada vez que pensaba en lo que tenía que hacer se inquietaba aún más. Estar tan desinformado y lleno de dudas no le ayudaba y ni siquiera era capaz de pensar con claridad todos los pasos que seguiría, pues su plan podía fallar en cualquier momento. La posibilidad que tenía de poder participar podía esfumarse en segundos si fallaba la única idea segura que había logrado llevar a cabo pero eso lo comprobaría en breves.

Caminó rápido oculto entre las sombras de la calle, era consciente de que debía atravesar casi medio distrito para alcanzar su destino y el tiempo apremiaba. Al no saber la hora exacta en la que todo se llevaría a cabo se lo jugaba todo a una carta y esa carta tenía un nombre: la famosa Mikasa.

Totalmente convencido de que ella debía estar al tanto de todos los movimientos de la Legión o al menos de sus intenciones, estaba completamente seguro de que ella también particparía voluntariamente. De una forma u otra. Por eso, debía seguirla una vez que saliera de su casa. Según su experiencia ella pasaba a la acción en los momentos más críticos pero aquello no le aseguraba que no estuviera observando todo con bastante anterioridad. De todas formas, era su única posibilidad de acercarse al foco de la acción y si no lo intentaba, entonces podía dar por seguro que no lo conseguiría.

Cuando llegó al viejo y desolado barrio esperó fuera. No notaba ningún movimiento en el interior de la casa. Comenzando a impacientarse tras esperar un rato y decidió arriesgarse a mirar por una de las diversas aperturas entre las tablas de madera de la pared. Cerró uno de los ojos y acercó el otro para mirar en el interior. Echó un vistazo rápido para asegurarse de que no había nadie dentro. Lo primero que pensó fue que había llegado tarde o que se había equivocado de día.

Sin embargo, no se dio por vencido e hizo caso a su instinto por lo que se ocultó bajo el balcón de un callejón tremendamente estrecho y sin nada que perder, esperó un poco más.

Al levantar sin querer la vista hacia la cabaña advirtió una sombra rápida que salió de ella veloz. Eren se levantó de golpe con la urgencia de seguirla. Estaba convencido de que era ella y por algún motivo había sido tan precavida que ni siquiera la vio en el interior de la casa. Un escalofrío recorrió su cuerpo al creer que lo podía haber descubierto cuando se había acercado a mirar en el interior.

Camuflado en la oscuridad comenzó a correr tras ella evitando las partes de la calle más iluminadas. Por suerte o por desgracia, era tan rápida que no tuvo que preocuparse en dejar distancia entre ambos, pero le costaba bastante seguirle el ritmo. Después se le pasó por la cabeza que a aquellas alturas debía estar completamente recuperada por la agilidad con la que se movía.


Hange se colocó correctamente las gafas en el puente de la nariz y prosiguió a apretarse más la coleta en su cabeza. Después echó un vistazo rápido a su compañera de equipo.

Petra siempre forzaba la vista cuando debían concentrarse en sus misiones y le parecía bastante curioso. Ella, en cambio, no contaba con el privilegio de sentir esos nervios antes de actuar, podía mantenerse realmente tranquila cuando se trataba de pillar a delincuentes, sin embargo, no podía decir lo mismo de diseccionar cadáveres o investigar escenarios de crímenes. Su afán por poder saber más sobre la mente de aquellas perversas personas le provocaba una subida de adrenalina.

Volvió a fijar la vista en el carruaje que tenían bajo ellas, en una esquina de la calle y trató de olvidar aquellas macabras ideas que tanta ilusión le hacían.

-¿No te parece que tardan mucho?- le susurró a Petra quien se alteró un poco al escuchar su voz.

-Puede ser- contestó. Puso un mechón de pelo tras su oreja repasando de nuevo todas las calles con la mirada. –pero ya sabes que la información nunca da en el clavo al cien por cien.

-Por lo menos nosotras tenemos unas buenas vistas- sonrió sin saber muy bien por qué. –los demás estarán cansados de esperar abajo.

Petra asintió con un gesto de cabeza. Eran pocos los que participaban en la misión, concretamente seis soldados entre los que el capitán estaba incluido. Demasiado importante para dejar pasar una oportunidad como aquella. Hange y ella cumplían con la orden de vigilar el primero de los carruajes desde el tejado, unas calles más atrás, el capitán Levi se encargaba del segundo vehículo. El resto de soldados, en cambio, esperaban pacientes en la entrada del Muro María, ya que ambos carros se dirigirían hacia allí. De alguna forma los encargados de secuestrar a mujeres jóvenes y niñas que después vendían en el mercado negro de los muros interiores, se las apañaban estupendamente para burlar los controles de las murallas. Pero aquella noche les darían una grata sorpresa.

-Aun me cuesta creer que Shiganshina sea una de las fuentes principales de la que sacan esclavos- dijo Petra con tristeza en la voz. –me siento inútil por no haber hecho algo antes.

Hange se acercó a ella posando su brazo en el hombro de su compañera y dedicándole una gran sonrisa reconfortante. –tú no tienes la culpa, ya sabes que estás cosas son difíciles de parar pero ahora tenemos la oportunidad de hacerlo. Así que da lo mejor de ti misma.- la animó consiguiendo sacarle una pequeña sonrisa aliviada. –después les daremos su merecido cortándoles uno o dos dedos del pie- se dejó llevar por su fanatismo de hacer pruebas con sujetos. Petra sintió un escalofrío al escucharla decir eso, aunque ya conocía a Hange de sobra y lo mucho que le emocionaba investigar comportamientos criminales. Aún así nunca dejaban de fascinarle sus alocadas y sádicas ideas de querer comprobar hasta qué punto un ser humano es capaz de aguantar el sufrimiento.


Sus piernas comenzaban a cansarse y hacía rato que había dejado de respirar únicamente por la nariz para aumentar su resistencia. Estaba en buena forma, quizás habría infravalorado sus capacidades y eso que ya la había visto pelear con agilidad. Esperó que no quedara demasiado para llegar al lugar, diez minutos más corriendo a aquel ritmo y acabaría desmayándose en medio de la calle.

La zona a la que se acercaban le sonaba mucho a pesar de no haber tomado antes aquel camino. Entonces, recordó cuando Armin le dijo que podía estar todo planeado para llevarse a cabo cerca de la entrada al interior del Muro María y allí es a donde se dirigía ella. Estaba convencido.

Eren aceleró el paso contento de haber deducido algo tan importante, aunque la perdiera de vista podría encontrarlos sin problemas. Por desgracia, el repentino cambio de dirección que ella hizo rompió todos sus esquemas. Mikasa había girado repentinamente hacia la izquierda en dirección al muro cuando aún faltaban varias calles en dirección contraria para alcanzar la entrada. Quizás quisiera seguir avanzando siguiendo el Muro de cerca.

Pero se equivocaba. Mikasa escaló como un gato las casas a su lado y se quedó quieta escondida en el tejado. Él decidió esperar a la entrada de la calle antes de acercarse innecesariamente al escenario, además, debía tener en mente que también se arriesgaba a que algún soldado de la misión lo viera porque debían estar por allí escondidos.

La puerta de una de las casas se abrió unos minutos después soltando un gran crujido que resonó por la zona y del interior salieron varias figuras que arrastraban consigo lo que parecían ser cuerpos pequeños. Eren se sorprendió al verlo, jamás imaginó que aún siguiera activo el tráfico de esclavos en Shiganshina. Todo aquello le recordó a lo sucedido años atrás cuando trataron de llevarse a su madre y ella los detuvo justo a tiempo.

Volvió a dirigir la mirada hacia donde ella estaba, mantuvo sus ojos firmes en todo lo que sucedía como si esperara algún tipo de señal. Eren trató de encontrar los escondites de los soldados pero no logró verlos desde donde estaba.

Al final de la calle tenían un carro de madera con barrotes y dos caballos esperando. Abrieron la puerta introduciendo en él a los cuerpos que llevaban consigo. Estaban vivos porque se agitaban todo lo que podían tratando de escaparse. A Eren le estaba costando mantener la paciencia al ver en persona todo aquello pero debía ser prudente si quería ayudar a aquellas personas sin que nadie saliera herido.

Al menos, consiguió controlar sus ganas de intervenir hasta que reconoció la voz de la última persona que estaban arrastrando hasta el carro, de alguna forma había conseguido quitarse el trapo que le tapaba la boca y les estaba montando bastante alboroto.

-¡Suéltame, cabrón!- gritaba la joven agitándose todo lo que podía tratando de que el hombre que la llevaba a cuestas perdiera el equilibrio y la soltara. Eren supo de inmediato que se trataba de la compañera de trabajo de su madre; Sasha.

El hombre parecía estar poniéndose de los nervios a causa de ella y al final le dio una fuerte bofetada provocando que se callara al instante. –tienes suerte de que no pueda hacerte ningún rasguño- la arrojó dentro del carro junto a las demás mujeres como si de un saco se tratara. –sacaría menos beneficios si os pongo la mano encima, mis clientes son demasiado exigentes en eso.

Su compañero en seguida lo alcanzó y después de intercambiar unas cuantas palabras que Eren no logró escuchar desde allí decidió que era el momento adecuado para intervenir antes de que se marcharan de allí, se había hartado de esperar a que el capitán pasara a la acción y prefería arriesgarse que correr el peligro de no volver a ver a aquellas víctimas.

Pero entonces, cuando dio el primer paso adentrándose en la calle, el cuerpo de Mikasa bajó a tierra justo al lado del carro, en la otra punta. Algo raro estaba sucediendo, ni siquiera Levi había intentado intervenir aún sabiendo que había personas inocentes involucradas.


El mismísimo capitán, por primera vez en mucho tiempo, estaba empezando a impacientarse tras haber estado cerca de tres horas sobre un tejado observando un carro vacío al que ni las ratas de las cloacas se acercaban.

Su escuadrón había organizado todo de manera que pudiera haber algún tipo de trampa y el hecho de que hubiera dos carros vacíos en calles diferentes probaba aquello. Pero tampoco sus compañeras habían pasado a la acción y el tiempo seguía adelante.

Por algo esos delitos eran siempre los más difíciles de detectar y detener. Eran capaces de pasar desapercibidos aún estando ellos al cargo y odiaba que cosas de gran importancia se le escaparan de las manos. Por eso, aquella noche detendrían a los responsables y quizás les daría una pequeña paliza que pasaría desapercibida.

Los minutos siguieron avanzando hasta que Levi repasó mentalmente todos los puntos a tratar de la misión, así como la conversación tan fuera de lo común que tuvo. Había creído firmemente en sus palabras sin tan siquiera ponerla en duda y no acababa de comprenderlo. Recordó esos ojos penetrantes y entonces su mano tembló nerviosa. De inmediato se apresuró a llegar hasta donde Hange y Petra estaban. Ambas se asustaron un poco al verlo alterado.

-Petra, avisa al resto. Diles que se dirijan al sur de la muralla. Hange, tú me acompañas- ordenó con voz seria y enfadada. Petra trató de pedir explicaciones antes de que se marcharan pero no le hizo falta preguntar. –nos han tendido una trampa.


Mikasa esta vez únicamente pateó a ambos hombres tratando de distraerlos para que las mujeres que estaban en el interior del carro escaparan de allí. Todas corrieron hacia donde Eren estaban y gritaban asustadas.

-Vamos, seguid todo recto y no paréis de correr hasta que lleguéis al cuartel de la Legión o hasta que encontréis a los soldados- les dijo con voz firme logrando que siguieran sus indicaciones.

-¡Eren!- lo llamó Sasha a su lado dándole un abrazo, parecía aliviada de verlo allí. -¿has venido a ayudarnos? Menos mal que hemos conseguido escapar pero aquella chica…- comenzó a hablar aceleradamente sin darle a él la posibilidad de decirle nada. Hasta que la cogió por los hombros y fijó su mirada en ella.

-Sasha, escúchame. Lleva a todas estas personas hasta el cuartel, confío en ti- le ordenó. La muchacha afirmó con semblante serio y decidido y tras despedirse de él dio alcance al resto para guiarlas en la dirección correcta.

En cambio, Eren decidió acercarse al escenario, en el que ya solo quedaban tres personas, para evitar que Mikasa volviera a ejecutar a los delincuentes. La información que podrían obtener de ellos les ayudaría enormemente a prevenir más secuestros como aquellos y quería hacérselo entender aunque fuera solo por una vez. Sin embargo, sus piernas se paralizaron al visualizar todo lo que ocurría lentamente.

La joven mostró gran destreza golpeando a ambos hombres sin que pudieran tocarle un pelo. Llevaba su característica capa granate puesta y no tenía ningún problema para escabullirse con facilidad entre ellos. Pero entonces, uno de ellos la alcanzó provocando que cayera al suelo y rápidamente ambos se echaron sobre ella para retenerla en el suelo. Le ataron las manos y piernas y la metieron dentro del carro que había quedado vacío.

Eren no terminaba de asimilar que la hubieran atrapado con tanta facilidad o con tan poca resistencia por parte de ella, después de lo bien que se estaba defendiendo. Salió tras el carro corriendo con todas sus fuerzas y temiendo que en algún momento el corazón se le saliera por la boca de toda la tensión que estaba reteniendo en aquel instante. Sin embargo, los caballos trotaron con fuerza dejándolo atrás mientras, la silueta de Mikasa dentro de la jaula de madera se desvanecía en la lejanía.


Bueno, con este capítulo empezamos ya con la cuenta atrás. Creo que habrá bastantes sorpresas y espero que sean de vuestro agrado. De nuevo, muchas gracias a quienes leéis y le dedicáis un ratito de vuestro tiempo a mi historia. Gracias sobre todo a RenKouen y a ese maravilloso Guest que me aconseja en las sombras jajajaja ;)

¡Un saludo!