Diezmo de Sangre


Nota de autora: Aquí el penúltimo capítulo. La verdad es que estoy deseando terminar de una vez con este fic para zanjarlo y poder pensar en otros fics de Shingeki que tengo en mente. Creo que mi desmotivación se debe principalmente a que esta historia no ha levantado, quizás, tanto interés como esperaba. A pesar de que ha habido personas que me han apoyado mucho. De todas formas me seguiré esforzando para mejorar y escribir mejor para tratar de captar el interés del lector.

A quienes aún continúan leyendo, espero que disfruten de este capítulo. Y dejo en vuestras manos la opción de pedirme un capítulo extra tras acabar el fic. Aunque todo dependerá de vuestro interés por leer más de lo que ocurre con los personajes, o si preferís que la historia se quede zanjada en el próximo capítulo y no haya continuación. ¡Gracias por todo!


Capítulo 13

La cruda realidad


Año 855, invierno.

Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María.

¿Que si se arrepentía de haber dicho la verdad por muy dura que fuera? En absoluto. Ciertamente su madre y sus pocos amigos siempre le repetían que era un insolente, aunque la gente adulta a la que realmente conseguía hacer enfadar se dedicaba a llamarlo "malcriado" o "niño del demonio". Pero no le importaba.

Sin embargo, que unos críos de catorce años, cuatro años mayores que él, le siguieran calle abajo no le gustaba nada. Porque se sentía en desventaja por muchas veces que se hubiera encontrado en aquella misma situación. Para nada ayudaba que sus perseguidores fueran altos y fuertes, aunque por suerte, él era más rápido y escurridizo que ellos. Eso era lo que le había permitido seguir huyendo de ellos hasta el momento.

Corrió como si su vida dependiera de ello hasta llegar a la plaza. Ante él vio una pequeña silueta que poco a poco se acercaba hasta donde él estaba: era una niña que parecía tener su misma edad y que asombrosamente, como si del destino se tratase, también huía de alguien. Pero ¿qué demonios habría hecho aquella niña? Tras ella tenía a nada más y nada menos que dos hombres grandes y rechonchos que parecían bastante enfadados.

La cara de la niña se mantuvo seria en la distancia. Cuando se cruzaron en medio de la plaza, ambos se miraron por una milésima de segundo y entonces, solo entonces, le pareció ver una pequeña chispa de alegría y diversión en su rostro. Ambos se encontraban en una situación similar y de cierta forma resultaba bastante gracioso que se hubieran juntado.

Eren sonrió sin poder ocultarlo, eso sí, en ningún momento aflojando el paso que llevaba. Correría varias manzanas abajo y después les daría esquinazo. Y quien sabe, quizás a la vuelta, de regreso a casa, se encontraría de nuevo con aquella niña tan veloz y podrían hacerse amigos.

Sintió que ella tenía las cualidades idóneas para poder seguirle el ritmo allá adonde fuera y que encajarían a la perfección si se conocieran.


Año 865, verano.

Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María.

Aún sin abrir los ojos sintió que alguien entraba al cuarto y se situaba junto a él para revisarlo de arriba abajo. Le levantó brazos y piernas durante largos segundos e incluso sintió su aliento en la cara cuando revisó las heridas de su cara. Cuando advirtió que ya habían terminado con su chequeo rutinario decidió hablarle a la mujer sobresaltándola.

-¿Cuál es el diagnóstico?-preguntó con voz ronca.

Abrió uno de sus ojos observando su cara de sorpresa. Hange estaba igual que siempre y al verlo despierto le ofreció una gran sonrisa entusiasmada.

-¡Eren! ¡Estás despierto!- se abalanzó sobre él dándole un breve abrazo contenta pero se apartó de inmediato cuando escuchó sus quejidos. –Oh, vaya. Perdona. Es que llevas varios días descansando y ya pensábamos que no despertarías- le dijo con total tranquilidad.

-¿Varios días?- se asustó. No podía creer que hubiera perdido tantísimo tiempo estando inconsciente. Hizo ademán de levantarse de la cama pero ella la detuvo obligándolo a tumbarse de nuevo.

-¿A dónde crees que vas?- preguntó desilusionada. –Aún no puedes irte de aquí, tengo que hacerte más revisiones. Miraré tu pulso, los niveles de azúcar, también quiero asegurarme de que tu recuperación es favorable y… -se perdió ella sola en su propio mundo como solía pasar durante las clases con los nuevos reclutas.

-Hange… no puedo quedarme- le dijo serio aún sentado en la cama tapado con la sábana blanca. Ella salió de su trance y lo miró entristecida. Dejó los documentos que tenía en las manos a un lado para volver a hablarle con franqueza.

-Tus heridas han sanado bastante rápido, más de lo que estimábamos, pero aún no estás en condiciones de hacer ningún esfuerzo- le informó al fin. –espera aquí, te traeré algo de comer que te dará fuerzas- le pidió mientras corría hacia el pasillo dando pequeños saltitos.

Eren se dejó caer en la cama rendido. A pesar de haber estado unos días inconsciente como le habían dicho no sentía que hubiera descansado nada. Notaba varias partes de su cuerpo entumecidas y doloridas, ni siquiera quería imaginarse el aspecto que debía tener en aquel momento. Después, se llevó la mano a la cabeza cuando recordó lo sucedido. La paliza que le dieron y como se llevaron a Mikasa sin que pudiera hacer nada para evitarlo. Había fracasado y no tenía ni idea de dónde podía estar o qué habían hecho con ella. Por suerte, antes de tratar de ayudarla había logrado escuchar algunas de las conversaciones de los hombres y parecían realmente interesados en ella como para evitar hacerle daño. No le habían hecho ningún rasguño, así que posiblemente sería demasiado importante en la ciudad interior. Aquello lejos de aliviarlo le preocupaba, ya que no alcanzaba a entender el por qué. Lo único que se le ocurría era la posibilidad de que alguien importante pudiera estar buscándola desde hacía tiempo por alguna venganza personal.

-¡Hijo!- Carla entró por la puerta corriendo hasta él aliviada. –me tenías muy preocupada. Además no me dejaron quedarme contigo porque dijeron que tardarías un tiempo en despertar.- explicó triste. Debía haber estado muy tensa y asustada aquellos días al enterarse de que nuevamente había sufrido una brutal paliza que podía haber acabado con su vida. Pero no lograba entender como había llegado hasta allí si se encontraba a más de media hora a caballo de Shiganshina, perdido en alguna llanura del interior del Muro María.

-Estoy bien mamá, siento haberte preocupado- se disculpó con ella pero Carla solo lo miró a los ojos y lo abrazó con fuerza.

-Me alegro de que estés mejor, Eren. Ahora debo irme a trabajar, volveré esta noche para hacerte una visita- quiso decirle que no haría falta pero supo que no serviría de nada porque su madre lo haría igualmente.

Tras un rato, Connie y Armin entraron con un plato lleno de pasta y un vaso de zumo.

-¿Alguien ha pedido el menú del día?- preguntó divertido dejando el plato sobre sus piernas y tomando asiento a su lado. Armin decidió quedarse de pie. –Por fin ha despertado la bella durmiente, ya temíamos el tener que darte un beso de amor verdadero.- comenzó a reír en voz alta sacándole una sonrisa.

-Estaba a falta de sueño- trató de seguirle el juego.

-Esta vez te has arriesgado demasiado, Eren. Por poco no lo cuentas- dijo Armin con la mirada gacha. Sus dos compañeros dejaron de sonreír para atenderle. -¿Supongo que te preguntarás quien te trajo?- él asintió con la cabeza.

-Pues nada más ni nada menos que el mismísimo capitán Levi- continuó Connie. –rondaban por la zona.

-A estas alturas en el cuartel no es ningún secreto lo que ocurrió. El escuadrón especial encabezado por el capitán se encontraba muy cerca del lugar en el que liberasteis a las mujeres. Cuando llegaron aquí insistieron continuamente en que mandáramos ayuda a la zona pero para entonces el capitán ya se había percatado de que les habían tendido una trampa y actuó rápido. No te imaginas la suerte que tuviste de que te encontraran Hange y él. –narró lenta y pausadamente Armin. Eren suspiró temiéndose haberla cagado demasiado como para poder retractar sus acciones. No tenía ganas de imaginarse la charla que tendría con sus superiores por actuar sin consultárselo a nadie. No solo se había saltado nuevamente las órdenes directas del capitán, sino que había perseguido por su cuenta a varios delincuentes peligrosos e incluso se había enfrentado a ellos para tratar de liberar a Mikasa. Con aquello se llevaba la palma. Al menos habían evitado que se llevaran a las mujeres.

-Menuda noche más movidita- respondió volviendo a tumbarse después de acabarse el plato de macarrones a toda prisa. Seguía sintiéndose cansado y en un rato caería rendido.

-Deberíamos dejarte descansar, hablaremos en otra ocasión, primero recupérate.- le aconsejó Connie preparándose junto a Armin para salir por la puerta. Eren le dedicó una última sonrisa de agradecimiento por haberlo ido a visitar y después dejó que sus párpados se cerraran de nuevo.


Aquella noche tan solo recibió una visita más.

Su madre regresó cuando empezaba a oscurecer y trajo consigo un ramo de flores y una gran tortilla de patatas recién hecha.

-Toma, esto es de parte de Sasha, en agradecimiento por tu ayuda. Dice que cuando vuelvas a casa irá a hacerte una visita. –su madre sonrió y él aceptó encantado la tortilla. –me ha contado un poco lo que pasó, has sido muy valiente pero no me gusta que te expongas a esos peligros…- le confesó llevándose una mano al cuello. Eren alcanzó su mano libre y la agarró con fuerza dedicándole una mirada decidida.

-Estaré bien. Además, si no me esfuerzo al máximo por conseguir mis propósitos estaré desperdiciando un montón de oportunidades y dejaría de ser fiel a mi mismo- aclaró. Su madre, muy a su pesar, pareció entender sus motivaciones y no quiso darle más vueltas al asunto.

-Esto me pasa por tener un hijo aventurero al que le encanta meterse en líos desde pequeño- sonrió tratando de aparentar decepcionada pero, como siempre, consiguió sacarle una sonrisa.

-Mamá, deberías volver ya a casa.- ella quiso hacerse la tonta, no le apetecía despegarse de su hijo. Su ausencia y el terrible pensamiento de perderlo y verse sola le preocupaba. Y aunque ya supiera que estaba bien necesitaba estar más cerca de él mientras pudiera. Eren se hacía mayor y ese era un hecho que no quería afrontar por el miedo a que un día acabara alejándose de ella. Pero era consciente de que también debía dejarlo volar y experimentar un montón de cosas por su cuenta –sé que me has escuchado- repitió su hijo sacándole un suspiro. –le he pedido a Connie que te acompañe hasta casa para que no vayas sola. Está esperándote en la entrada del cuartel- le explicó. Finalmente su madre se levantó de la cama y le dio un largo abrazo. Después, besó su frente con suavidad y se marchó deseándole dulces sueños y una rápida recuperación.


Hasta él mismo se sorprendió de cómo en cuestión de dos días se encontraba en una situación completamente diferente. Estaba sentado en un sillón mullido, y a su alrededor cada pequeña cosa estaba en su lugar colocado minuciosamente, al igual que las otras veces en las que había estado allí. Y ante él, la mirada atenta, penetrante y un tanto curiosa del capitán Levi lo observaba casi sin pestañear.

No tardó en mandarlo a llamar en cuanto estuvo al tanto de que podía deambular a sus anchas por el cuartel. En realidad él también hacía tiempo que esperaba poder tener una conversación con él para aclarar ciertas cosas que no atinaba a comprender. Concretamente, desde que Armin le había desvelado varios detalles inquietantes que ponían en duda todo en lo que él creía.

Pero aún así, lo primero era lo primero: agradecer que lo salvara la otra noche. –esto… capitán… me gustaría agradecerle lo que hizo por mi.- comenzó a hablar sin saber muy bien cómo abordar el tema sin que pareciera demasiado precipitado o brusco. Levi permaneció en la misma posición sin moverse hasta que pasó un rato.

-Ahórrate las molestias.- respondió seco. –te advertí, Jaeger. –su tono amenazante le ponía los pelos de punta pero no pudo hacer otra cosa que asentir. –aunque admito que me sorprende que hicieras todo aquello tú solo y más aún que lograras liberar a aquellas mujeres- dijo girando un poco la cabeza sin querer mirarlo directamente a los ojos. –está claro que tienes agallas.

-No fui yo quien hizo eso… señor- confesó con voz baja.

-Lo sé. –Eren levantó la cabeza asombrado, ¿cómo era posible que supiera tantas cosas de lo ocurrido sin haber estado con él en ese momento? Esperó la explicación que tardó un poco en llegar. –Fue ella, ¿no?- casi afirmó.

-Sí. Yo solo la seguí.

El capitán se acomodó en su silla soltando un pequeño suspiro dispuesto a contarle algo que posiblemente pocos sabían.

-Entre estas murallas que nos rodean hay pocas personas que son capaces de ver más allá del exterior, Eren. –empezó, pero él se sintió algo perdido sin saber a qué se refería. –Aunque no conozco tus motivos es evidente que tienes algún tipo de interés en ella, sea cual sea.- se asombró y se puso algo nervioso sin querer admitirlo. –Quizás aún no te hayas dado cuenta, pero para mí, su rostro inexpresivo y su mirada vacía no son más que un reflejo de todo lo que ha debido sufrir en el pasado- le contó.

-¿Y crees que eso es motivo para matar a otros, capitán?- respondió sin pensarlo y con brusquedad. Ya que el tema había salido por sí solo aprovecharía para aclarar las cosas que tanto le inquietaban y que hacía tiempo que quería saber.

-Por supuesto que no. En ningún momento he dicho lo contrario, solo pienso que ella no es un monstruo insensible, Jaeger.- Eren lo pensó detenidamente durante unos momentos. Por mucho que el capitán dijera eso, y aunque en el fondo él también creyera que ella no podía ser insensible ante los crímenes que cometía, no podía comprobarlo sin saber cuáles eran sus motivos reales. Puesto que con sus muertes también ocasionaba problemas a la hora de encontrar a los futuros delincuentes. La información moría junto a ellos.

-¿Es verdad… es verdad que usted y la Legión ocultan sus asesinatos? La Policía Militar lo repite continuamente y nadie habla del tema en el cuartel. No tiene ningún sentido, ¿si no es cierto por qué no hacéis algo por acallar esos comentarios? ¿Por qué no le paráis los pies a Mikasa cuando tenéis oportunidad de hacerlo?- Levi le dio una patada por debajo de la mesa en cuanto nombró a la otra fuerza armada que tanto detestaba.

-Eres libre de creer a quien quieras. Es cierto que Mikasa obtiene cierta información del cuartel. También admito que he tratado de convencerla en repetidas ocasiones de que se una a nuestro cuerpo. Sus habilidades innatas serían un punto fuerte a nuestro favor. –le informó al tiempo que sus ojos se abrían prestándole toda la atención que podía, temiendo perderse algún dato. –así como te dijo Armin, es cierto que la información de estos hombres me la dio ella en persona. Sin embargo, fue una trampa.

Se crujió los nudillos nervioso y se acordó de que debía pestañear cuando sus ojos empezaron a secarse y a dolerle un poco.

-¿Una trampa dice?- pidió que le explicara.

-Así es. En parte lo fue. Los hombres a los que seguiste tienden a preparar varios carros en distintas calles para dar esquinazo a nuestros soldados y nosotros lo sabíamos. Pero ella nos aseguró que uno de los dos que vigilábamos sería el verdadero. Una oportunidad perfecta para poder alejarnos del sitio en el que ella quería actuar y que así no pudiéramos tomar cartas en el asunto. Ella sabía que planeábamos un ataque a estas personas y que tratábamos de trazar un plan para ello, así que accedió voluntariamente a proporcionarnos información sobre ellos- aclaró aún sin poder creer por qué había creído tan firmemente en sus palabras. Aunque no podía arrepentirse de la decisión tomada.

-¿Insinúa que su intención desde el principio fue la de dejarse atrapar?- Levi asintió con la cabeza.

-Exactamente. Y liberar a aquellas mujeres, por supuesto.- sacó unos papeles de su cajón para ponerlos encima de la mesa. –nuestras investigaciones indican que estos secuestradores disponían de otra sede en el interior del Muro María donde reunían a más mujeres antes de llevarlas a la ciudad de Sina en el interior del tercer muro. A mi parecer, la intención de Mikasa fue dejarse atrapar para llegar hasta estas mujeres y ayudarlas, pero algo debió salir mal y acabó siendo su presa junto a las demás víctimas.

-¡La jaula!- exclamó Eren levantándose de golpe. –La jaula estaba reforzada, no fui capaz de ayudarla a escapar, capitán.- declaró sentándose de nuevo. –aquellos hombres parecían conocerla y se alegraban de haberla atrapado. No tenían intención de hacerle ningún tipo de daño. Estoy seguro de ello.

Levi frunció el ceño pensando en las palabras que él acababa de soltar. Por algún motivo su expresión le preocupaba y le ponía nervioso.

-Escúchame atentamente, Eren. –se acercó a él para hablar más bajo. –esta tarde comenzarán los preparativos para llevar a cabo una misión especial de rescate. Estoy convencido de que la Policía Militar tiene algo que ver con todo lo ocurrido y tengo la intención y la autorización del comandante Erwin Smith para desmantelarlos y al mismo tiempo rescatar a Mikasa.- se paró en seco para continuar después. –Es la oportunidad idónea que llevamos tiempo buscando para sacar a la luz todas sus injusticias, por eso nos viene al pelo. Gracias a la captura de Mikasa tenemos algo por lo que empezar. Como ya les he dicho también a mis camaradas, gran parte de esta misión podría tomarse como algo personal entre ambas fuerzas militares y por eso mismo no obligaré a nadie a dejar sus vidas en mis manos. Toda persona capacitada que decida participar podrá hacerlo, pero será por voluntad propia. Al fin y al cabo, aunque las acciones de la Policía Militar nos afecten a todos, no creo que involucrar a todos los soldados a la fuerza sea justo para ellos. Asimismo, el rescate de Mikasa queda fuera de todo eso y no tiene relación con nadie del cuartel a excepción de personas contadas.

Eren se mantuvo en silencio recapacitando y asimilando cada una de sus palabras.

-Te ofrezco unirte a la misión, pero solo aceptarás si estás decidido. Una vez aceptado, no podrás echarte atrás- le dirigió una última mirada severa guardando de nuevo los papeles en el cajón y dejándole algo de tiempo para pensar. –Así que dejo en tu mano la elección.

-Lo haré. Además, tengo una idea. –Levi sonrió un poco a causa de la determinación de aquel chaval. Desde un principio tuvo la sensación de que aceptaría sin pensárselo dos veces.

-Soy todo oídos.


De acuerdo con la idea fugaz que había tenido, si lograba llevarla a cabo la misión tendría altas posibilidades de éxito. Al fin y al cabo no podía negar que necesitaban ayuda y sabía a quién podía pedírsela, otra cosa muy distinta era que esas personas que tenía en mente aceptaran su petición.

Por suerte, sabía muy bien donde poder encontrarlos.

Eren caminó bajo la lluvia en un día nublado y repleto de grandes rayos que iluminaban el cielo. Los domingos, muchos de los soldados de la Policía Militar regresaban a sus hogares desentendiéndose de toda tarea para poder pasar el día con sus familiares. A excepción de aquellos a los que les tocaba pringar. Y por supuesto, Marco no iba a ser menos. Sobre todo, teniendo en cuenta su personalidad amable y agradable, así como el respeto y cariño que sentía hacia su familia.

Su casa se situaba cerca de la entrada al Muro María, en el Distrito de Shiganshina. Aunque generalmente los soldados de la Policía Militar no solían pasar mucho por allí, Eren sabía que Marco cada vez que podía se acercaba a visitar a sus familiares. Por eso, se paró ante la puerta de su casa reuniendo todas las fuerzas que pudo y pensando bien en lo que diría.

Tocó la puerta un par de veces hasta que una mujer mayor abrió con una sonrisa en la cara. Inmediatamente después de saludarla preguntó por el chico alto y moreno y esta volvió a introducirse en el interior para llamarlo.

-¡Eren!- lo saludó sorprendido, no esperaba para nada que lo visitara. –me alegro de verte, ¿qué te traer por aquí? ¿va todo bien?- preguntó dubitativo.

-Algo así. Me gustaría hablar contigo un momento, tengo algo importante que contarte. –Marco pareció ponerse un poco nervioso ante su reclamo de hablar pero después de mirar a ambos lados de la calle lo invitó a entrar y los dos fueron directamente a su habitación donde tendrían más privacidad.

-Bien, ¿qué es lo que querías decirme?- preguntó apresurado mientras tomaba asiento en su cama y le hacía señas para que él también se sentara.

-Verás, es un poco largo de contar pero esperaba que tú pudieras ayudarme- comenzó. Tenía toda la atención del joven. -¿tú sabías que el tráfico de mujeres y esclavos seguía activo?- empezó guardando sus palabras y teniendo mucho cuidado, debía utilizar los distintas argumentos que tenía a su favor. Si lo hacía bien, lograría convencerlo.

Lo miró fijamente notando que sus manos comenzaban a sudar, estaba claro que sabía algo del tema. Después bajó la cabeza entristecido y asintió.

-Lo siento, pero estaba al tanto.- se disculpó. –sé que soy despreciable por no hacer nada al respecto, créeme, Eren, nada me gustaría más que detener estas barbaridades pero yo…- se calló en seco como si no pudiera contarle nada más.

-No tienes la autoridad suficiente para detenerlas, ¿es eso?- lo miró asombrado al sentir que comprendía cómo se sentía y asintió con la cabeza. –entonces, tal y como creía, la Policía Militar está encubriendo cosas como estas.- en esta aclaración no recibió respuesta alguna por parte de su acompañante.

-Quizás me lleve más tiempo pero lograré detenerlo.

-Marco, el otro día, una… compañera de nuestra Legión fue secuestrada por esos vendedores y a estas alturas se encontrará ya en Sina a manos de algún comprador conocido.- le explicó brevemente resumiendo mucha información. Lo miró asombrado, casi asustado. –tenemos intención de ir a rescatarla pero no conocemos demasiado bien el terreno y todo estará vigilado por soldados de la Policía Militar, es por eso que necesito tu ayuda. Sin ti no podremos hacerlo.

Marco se levantó de golpe de la cama y se puso a andar de un lado a otro planteándose la cuestión. Sabía cuál era la decisión correcta, lo que él consideraba justo, pero sus obligaciones y todos los juramentos que hizo al ingresar al cuerpo le impedían llevar a cabo acciones en contra de ellos. Si lo hiciera estaría traicionándolos.

-Eren… yo no…

-¡Ni hablar!- la puerta de la habitación se abrió de golpe dando paso a Jean, quien parecía haber escuchado desde fuera todo lo que habían hablado. El enfado era evidente en su cara y se acercó amenazante hasta donde Eren estaba. Marco cerró la puerta para no preocupar a sus padres y trató de tranquilizar a su amigo.

-Jean, no estoy hablando contigo, la decisión es suya- dijo Eren con un tono tranquilo. No le asustaban los arrebatos de ira que tenía, estaba más que acostumbrado a ellos.

Jean se acercó aún más sujetando el cuello de su camisa blanca obligándolo a levantarse de la cama.

-¡Me importa una mierda que tu amiguita tuviera un estúpido descuido y se la llevaran esos gilipollas!. No es nuestro problema.- trató de bajar el tono al sentir como Marco comenzaba a perder los nervios.

-¿Aunque esa chica sea Mikasa?- automáticamente soltó a Eren dejándolo caer en la cama. Tuvo que hacer esfuerzos por no reírse ante el jeto que se le había quedado, parecía congelado de pies a cabeza. –Así es, Jean. Mikasa cometió un error y fue capturada. Nadie sabe nada de ella pero queremos ayudarla.- aclaró.

Jean no volvió a decir ni una palabra en los minutos siguientes y al final Marco tuvo que acompañar a Eren a la puerta.

-Parece que le ha sentado realmente mal- le dijo Eren algo preocupado, no esperaba que pudiera afectarle tanto, ¿habría algún motivo que él no supiera? Si que le habría pegado fuerte por la chica… aunque tampoco sabía nada de su pasado.

-Sí, pero seguro que en un rato volverá a ser el mismo gruñón de siempre- Eren hizo un gesto con la cabeza despidiéndole hasta que las palabras de Marco lo detuvieron –Eren, yo… intentaré convencer a Jean para que nos ayude también- le comunicó. Esa era su decisión entonces.

Eren le dedicó una amplia sonrisa en la que le mostró todos sus blancos dientes, había conseguido la ayuda que esperaba y eso les daba muchísima ventaja en el plan. Ya solo faltaba reunir información y comenzar con los preparativos lo antes posible. No tenían tiempo que perder.


Año 865, verano.

Interior del Muro Sina

Los días eran eternos y parecían no pasar desde que había entrado en aquel enorme palacio situado cerca del centro de la ciudad.

Cada día, cuando se despertaba arropada entre aquellas lujosas sábanas, antes de que recuperara todas sus facultades, una de las doncellas entraba a la habitación para suministrarle la substancia que adormecía su cuerpo.

Después de eso, la situaban en una silla con ruedas para bajarla al salón y le daban de desayunar.

-Buenos días, querida. ¿Has dormido bien?- ante ella, una mujer de alta estatura y cuerpo ancho le mostraba, como cada día, una de sus falsas sonrisas. Mikasa no entendía cómo era capaz de entrar en el vestido que llevaba puesto, pues parecía a punto de explotar. –me alegro mucho- contestó ella sin darle la oportunidad de hablar, aunque era evidente que tampoco le dejaban hacerlo.

Aquella mierda que le suministraban era la manera más segura de evitar que se pusiera violenta o que evitara huir. Hasta aquel día no habían tratado de hacerle nada, ni un golpe, ni maltratos, nada en absoluto. Lo que la hacía sospechar aún más de ella. También, le llamaba la atención la copa de vino que en cada comida la acompañaba sin falta, incluso en los desayunos. ¿Sería alguna costumbre de la clase alta? Sea lo que fuera los odiaba a todos, a causa de sus lujos y servicios sofisticados la gente de los distritos sufría muchísimo. Si encontraba la oportunidad, la mataría sin dudarlo.

-Creo que hoy será el día perfecto para empezar con el nuevo tratamiento, ¿qué te parece? ¿verdad que es una buena idea?- empezó a reírse ella sola en voz alta al tiempo que Mikasa deseaba que se atragantara con la comida y las sirvientas seguían con sus quehaceres como si estuvieran acostumbradas a aquellos arrebatos repentinos de risa. –Elisa, cuando acabe de desayunar llévala a la sala del sótano.- ordenó. A Mikasa le pareció que la sirvienta que le estaba dando de comer se estremeció al escuchar aquello pero no hizo más que asentir e irse por la puerta.

-Será divertido, te lo prometo- le sonrió de nuevo guiñándole un ojo desde la otra punta de la larga mesa. Aquel día también sería realmente largo, estaba segura de eso.