Diezmo de Sangre


Capítulo 14 (Final)

El infierno de una vida pasada


Año 865, verano.

Interior del Muro Sina.

Hasta hace poco ella misma se tenía por un monstruo sanguinario, no lo negaba ni trataba de escapar de esa realidad. Acabar con la vida de esas personas que al mismo tiempo habían provocado y hecho sufrir a un montón de inocentes la satisfacía. La hacía sentir tranquila y aliviada al pensar que eliminándolos nadie más podría volver a salir herido. Eso no significaba que no lo aceptara sin remordimientos. Cualquier vida dentro de los muros era valiosa y lo sabía. Pero de aquella forma salvaba muchas otras y merecía la pena hacerlo. Por eso, simplemente se había acostumbrado a matarlos. Sin vacilar.

Sin embargo, la palabra "monstruo" o "demonio" se quedaba lejos para clasificar a aquella mujer regordeta que la miraba con un brillo especial a través de los barrotes.

Desde hacía unos días se le había ocurrido la genial idea de trasladar su cuarto al sótano, tras unos barrotes gruesos. Pero el espacio pequeño y angosto no le preocupaba, es más, estaba extrañamente limpio y desentonaba en especial con el resto del escenario.

Como siempre, no tenía más remedio que quedarse quieta pero, lo que veía le repugnaba hasta tal punto que si pudiera mover tan solo un dedo, trataría de sacarse los ojos sin dudarlo. Así, jamás tendría que volver a ver algo tan horrendo como aquello. No entendía ni tampoco quería saber las razones que pudiera tener para hacer aquello, lo único que quería era poder mover su cuerpo para estrangularla y eliminarla de la faz de la tierra.

El olor fuerte no la sorprendía, pues tras tantos años se había acostumbrado a ver abundante aquello se pasaba con creces de lo que estaba acostumbrada a ver.

Ante ella, podía ver los cuerpos de mujeres jóvenes y guapas de piel perfecta. Algunas de ellas vestidas con ropa de doncella y otras, seguramente, serían esclavas obtenidas del mercado negro. Ni siquiera era capaz de adivinar si seguían con vida o permanecían inconscientes.

Tres de ellas estaban colgadas de una gran biga en el techo, estaban atadas por cuerdas que rodeaban sus cuellos y cinturas. De sus muñecas, cuellos y tobillos caían constantes hilillos de sangre que se juntaban en un gran balde de mármol blanco que estaba casi lleno. Pegada a una de las paredes otras dos jóvenes permanecían atadas con cadenas y sentadas en el suelo con rostros lúgubres y oscuros. Temerosas al ver lo que les esperaba a ellas también. Aunque no fuera aquel día.

Cada dos o tres días, la mujer de dimensiones grandes bajaba con la cabeza alta y se desvestía con la ayuda de algunas doncellas. Éstas se llevaban de allí su ropa y la dejaban sola para que se zambullera en la gran bañera hasta dejar únicamente su cabezaen el exterior. Se tiraba horas allí metida hasta que salía más arrugada que una pasa.

Antes de que bajara para su rutina en un baño larguísimo de sangre, las doncellas retiraban los cuerpos, ya vacíos de sangre, y limpiaban de arriba abajo el lugar dejándolo como una patena. Justo como en aquel momento en el que acababan de entrar dos de las chicas, que solían suministrarle el medicamento, para retirar los cuerpos y limpiar la sangre que podía haber caído fuera. Las jóvenes limpiaban y llevaban a cabo su trabajo sin levantar la cabeza del suelo, ignorando a las que aún seguían vivas atadas con aquellas cadenas. Tras acabar, se marchaban y no volvían a bajar más hasta que la mujer se hubiera dado su baño.

Aquel día, le sorprendió que algunos hombres llegaran allí con más mujeres jóvenes y asustadas que no sabían donde se encontraban ni qué pasaría con ellas. Ver el balde de sangre tampoco ayudaba porque una vez encadenadas no paraban de gritar y pedir ayuda en vano. Después trataban de hablar con las que llevaban allí varios días tumbadas, sin éxito. Y le hacían preguntas a Mikasa, de alguna manera, envidiosas de que ella estuviera en aquella pequeña sala cómoda. Pero por mucho que quisiera no podía hablar y acababan cansándose de intentarlo.

También comprendía entonces el por qué del vaso de "vino" que la mujer tomaba en cada comida como costumbre. Para nada era un líquido formado a partir de racimos de uva, más bien, era el mismo líquido carmesí en el que se bañaba. Debía ser una especie de ritual en el que estuviera atrapada. Uno en el que involucraba continuamente a mujeres jóvenes y sanas para desangrarlas hasta la muerte y utilizar su sangre de diversas formas: Una verdadera barbaridad que estaba condenada a observar. Posiblemente, hasta que se cansara de ella y decidiera hacerle lo mismo.


Año 865, otoño.

Distrito de Shiganshina, al Sur del Muro María.

-¡Eren, espera!- gritó alguien a su espalda logrando que se volteara para ver al dueño de aquella voz. Armin corría hacia él como si la vida le fuera en ello y parecía bastante cansado.

-Vaya, que raro que seas tú quien me busca a mi cuando soy yo quien siempre irrumpe en tu despacho para pedirte algo- le dijo bromeando y con un sonrisa. Su logro de conseguir la ayuda de Marco y Jean hacía unos días le había animado bastante y el capitán, aunque no se fiara del todo de ellos, confiaba en su palabra y seguiría con su plan.

-Lo sé, pero… ¡me han destinado a planificar vuestro escuadrón!- dijo entusiasmado de poder ayudarles. A aquellas alturas el cuartel entero sabía que llevarían a cabo una misión fuera del Distrito y también eran conocidas las pocas personas que participarían.

-¿En serio? ¡Qué bien! Me alegro un montón de que seas tú- le dio un breve abrazo y después agarró su brazo para llevarlo hasta la sala a la que se dirigía minutos antes.

Ambos entraron bajo la mirada de las otras tres personas que estaban allí, se mantenían en silencio sin intención de interactuar entre ellos. Eren notó de inmediato que algo había ocurrido al ver el nerviosismo evidente en el rostro de Marco. Le indicó a Armin que tomara asiento al frente de la mesa y Eren se sentó a su lado dejando a Connie a su derecha. Frente a él se encontraban Marco y Jean en silencio.

-Bien, es hora de planear nuestra entrada en la mansión.- comenzó él.

-Está bien… veamos… según lo que pone aquí- Armin señaló varios papeles en sus manos. –es un lugar bastante vigilado pero sin graves complicaciones. Además, nuestro pequeño grupo especial participará por su cuenta con la única misión de sacar de allí a Mikasa. El escuadrón dirigido por el capitán Levi asegurará y cubrirá los alrededores mientras vigilan a la Policía Militar y evitan que se acerquen.

-Parece fácil- soltó Connie restándole importancia. Pero fue sorprendido por los puños de Jean golpeando la mesa en la que estaban.

-Te equivocas si piensas así. –apretó con fuerza la mandíbula como si estuviera reprimiendo sus palabras.

-Jean, ¿hay algo que sepas y que no quieras decir por algún motivo?- se dirigió a él Eren. Podía notarlo en su rostro, justo como el otro día en casa de Marco. –el otro día también parecía que quisieras contarnos algo.

Jean suspiró y posó su mirada en él culpándolo de que le hubiera hecho la encerrona y no le dejara más remedio que hablar.

-Sí, hay algo que debemos tener en cuenta.- Marco lo miró sin entender a lo que se refería, ¿qué era aquello que Jean conocía y él no? –la condesa Bathory no es alguien que debamos tomar a la ligera.

Armin abrió los ojos sorprendido al escuchar aquel nombre, conocía a la familia Bathory por su gran poder en la ciudad interior.

-Esas familias de la gran nobleza hacen cosas realmente escalofriantes. No os lo podéis ni imaginar.- les dijo bajando la cabeza e imaginando algunas de sus atrocidades. –Hace un tiempo entré en la sala a la que ninguno de nosotros tenemos autorización para buscar información sobre los casos en los que la Policía Militar ha metido la mano- explicó.

Eren le ofreció una mirada más comprensiva al entender que las intenciones de Jean no se alejaban mucho de las de Marco, a pesar de que la mayoría de las veces se comportara como un fanfarrón engreído.

-Encontré un documento marcado como "especial" en el que se hablaba de la familia Bathory y ya de primeras, al ver que eran capaces de hacer lo que sea por mantener sus riquezas, me dieron mala espina.

-¿Qué tipo de cosas? ¿Matar a otros? Eso no es algo nuevo, los estúpidos nobles solo piensan en sí mismos- habló Connie, Jean negó con la cabeza.

-Casarse entre ellos y tener hijos con miembros de su misma familia. De esa forma se aseguran que todo el dinero y los bienes se mantengan en su descendencia.- explicó. –pero hay más. Se rumorea que tiene especial interés en las mujeres jóvenes y de buena salud. Cuando leí esto me pareció raro así que miré en los archivos de tráfico ilegal y contrasté la información.- lo observaron expectantes a que les diera la respuesta final. –Lleva comprando esclavas desde hace años.

-¿Para qué las querrá?- dijo Eren nervioso. Marco se había ocupado de averiguar la persona a la que habían vendido a Mikasa y estaban seguros de que la condesa había pagado una gran suma de dinero por ella. Su interés en la joven era evidente, sin embargo, sus intenciones con ella no quedaban nada claras.

-Quizás esté relacionado con las denuncias de algunas familias en otros distritos. El tráfico de mujeres debe ser bastante frecuente desde que se dedica a comprarlas. Pero estoy seguro de que nadie ha vuelto a ver a aquellas mujeres nunca más- explicó Armin haciendo uso de documentos que había leído con curiosidad durante aquellos años. Por desgracia, la Legión se había visto imposibilitada a hacer algo al respecto ya que los grandes nobles eran competencia de la Policía Militar.

-Entonces, es posible que no nos quede mucho tiempo- concluyó Eren diciendo lo que todos estaban pensando. Además, si era algo tan importante y tenía tal poder para seguir ocultando lo que hacía con aquellas mujeres, también estaría dispuesta a hacer lo posible para evitar que se llevaran a Mikasa. Si es que aún seguía con viva. Tampoco le supondría un problema el deshacerse de ellos si descubría sus intenciones.

-A estas alturas es posible que esté muerta o algo parecido- añadió Connie logrando sacar varios asentimientos de cabeza.

-Aún así, lo haremos. Y no olvidéis que Mikasa es importante para persona, por muy poderosa que sea, no creo que invierta tanto dinero en alguien para deshacerse de ella rápidamente.- intentó animarlos Marco. Entonces, fue momento de trazar con precisión y precaución el plan y los movimientos que llevarían a cabo.


Año 865, otoño.

Interior del Muro Sina.

Cinco, cinco intensos días en los que los escenarios macabros se repetían sin parar y los gritos inundaban su cabeza hasta en las pocas horas en las que lograba dormir.

La condesa, después de que trajeran a las nuevas víctimas, se decidió por empezar con Mikasa pero de una forma ligeramente sutil a la de las demás. Primero, durante las noches la amarraban con distintas cadenas por todas partes de modo que su cuerpo quedara enteramente amarrado a la pared de piedra. No le suministraban aquella sustancia para que no dejara rastros en su sangre, y entonces, le hacían un pequeño corte en la muñeca hasta que llenara un pequeño recipiente. Después, le curaban la herida y le daban algo ligero para comer y recuperar fuerzas.

Poco a poco, ya no fue necesario que le suministraran la dosis de tranquilizante. Cada vez, le daban menos comida y se sentía más y más exhausta hasta que finalmente sus piernas se debilitaron tanto que no pudo levantarse por sí sola de su colchón.

Las jóvenes que días atrás habían llegado se habían muerto al cabo de unas cuantas horas, y por aquel entonces, ya sólo quedaba ella. En parte, le aliviaba saber que ya no tendrían que torturarla también con los gritos incesables de dolor. Y en parte, el su capacidad para asimilar que todo lo que le estaba ocurriendo era un castigo por sus asesinatos, la aliviaba un poco. A aquellas alturas, ni siquiera era capaz de sentir rabia u odio hacia Bathory y por suerte o por desgracia, parecía que pronto todo terminaría. Por fin aquel mundo cruel le permitiría tomarse un largo descanso.

-¡Querida! ¿Cómo te encuentras?- escuchó a su lado. No se dio cuenta de que estaba allí hasta que le habló con su usual tono inocente y envenenado. Hacía mucho que no se dirigía a ella directamente. –¡Estoy emocionadísima!, esta noche tengo una velada muy importante. Asistiré a la fiesta prematrimonial, ya que mañana me casaré. –gritó emocionada.

Se acercó más a ella para que la escuchara bien.

-Necesitaré tu ayuda, querida. Mañana ya, me darás lo que con tanto esmero y dedicación he estado cuidando ¿verdad?- sonrió. –Así me gusta, eres una buena chica Mikasa, eres especial- se asombró al oír aquello. –eres diferente a las otras porque no queda nadie como tú de rasgos orientales. Eres toda una leyenda entre la gente más destacada, ¿sabes?. Por eso mismo, tu sangre será una gran ayuda para conservar mi juventud durante unos cuantos años.- nuevamente soltó risillas emocionadas. –No te preocupes, le daré un buen uso, te lo prometo- le guiñó un ojo que a duras penas alcanzó a ver y la adrenalina acumulada le permitió levantar un brazo para tratar de agarrarla. Quería degollarla y clavar su asquerosa cabeza en el punto más alto de Sina para que la gente pudiera abuchearla.

Lo que más le molestaba era la facilidad con la que hablaba de aquello, lo acostumbrada que estaba a dañar a gente inocente. Y el trato que les daba como si ellas no importaran. En cierta forma le recordaba a ella misma, ¿tan fría y aterradora aparentaba a ojos de los demás? Casi podía entender los esfuerzos de aquel joven soldado por detenerla.

Bathory se dio cuenta de sus intentos e inmediatamente se volvió a acercar a ella con una gran sonrisa tumbándola en la cama y colocándole una cinta gruesa en la cintura, manos y piernas. –no seas impaciente, solo tienes que esperar hasta mañana temprano. –tras aquello, salió del sótano y no volvió a tener ninguna visita más. Ni víctimas, ni hombres con mercancía, ni siquiera la desagradable condesa.


Año 865, otoño.

Interior del Muro Rose.

Los caballos estaban preparados para cabalgar durante varias horas con todas sus fuerzas, en cuanto el capitán dio la señal correcta, las siete personas que lo acompañaron comenzaron a trotar para ir cogiendo poco a poco más velocidad. Tras ellos, Eren y Connie los seguían muy de cerca sin perderles el rastro.

Ambos estaban nerviosos y temían que algo pudiera fallar y echara todo por la borda pero sus posibilidades de conseguir una victoria limpia eran muy altas y solo por eso merecía la pena intentar superar sus miedos.

En poco rato alcanzaron la muralla de Sina, la cual vigilaban dos soldados de la Policía Militar. No los vieron llegar en la distancia, pues se aproximaron por las sombras para poder infiltrarse sin que ninguno de ellos se diera cuenta. Una vez estuvieron suficientemente cerca el capitán dio la orden de esperar ocultos.

Debían permanecer así un rato, el necesario para darles tiempo a Marco y Jean de deshacerse de ellos sin levantar sospechas, si no lo conseguían, entonces sería el capitán quien entraría en acción dejándolos fuera de combate en pocos segundos y permitiéndoles el paso. Cuando el plazo de tiempo transcurrió, Levi le dirigió una mirada a Eren indicándole que comenzaría con el plan B en aquel momento. Parecía que sus compañeros habrían tenido algún tipo de inconveniente, o al menos, eso pensaron hasta que vieron asomar sus cabezas en lo alto de la muralla y segundos después las grandes puertas de madera se abrieron lo suficiente para que se pudieran introducir.

-A partir de aquí estáis solos- dijo el capitán antes de sumergirse en las calles oscuras con el resto de compañeros- no desaproveches la oportunidad que te damos.- él asintió con firmeza y repasó uno a uno los nombres de los acompañantes de Levi, aquellos que sin importar la razón lo habían seguido en la misión por voluntad propia: Petra Ral, Hange Zoe, Auruo Brossard, Gunter Shulz, Erd Gin, Mike Zacharius y su compañero Reiner. Agradeció la colaboración y en cuanto Marco y Jean montaron con él y Connie en sus caballos cambiaron de dirección siguiendo sus instrucciones.

-Entraremos por las cloacas, es la forma más segura de llegar hasta la mansión sin que nos detengan- explicó Marco.

-¿A que no sabéis a quienes les tocaba vigilar hoy las alcantarillas?- preguntó de forma sarcástica Jean dándoles al mismo tiempo una respuesta. Connie rió ante él apiadándose de que tuvieran que hacer cosas tan desagradables. –Es peor de lo que crees, lo comprobarás tú mismo en cuanto lleguemos.

Unos cuantos minutos después alcanzaron la boca de una alcantarilla alejada y libre de peligros o vigilantes. Tal y como Jean les había contado, casualmente era a ellos a quienes habían ordenado la vigilancia del lugar aquella noche, así que nadie los molestaría.

Bajaron por el estrecho agujero hasta que tocaron suelo firme a unos cuantos metros. El olor intenso y repulsivo los llevó a taparse de inmediato la nariz.

-¡Qué asco!- se quejó Connie en alto.

-Mientras más te quejes más mierda te entrará en la boca- se rió Eren comenzando a andar en dirección a donde Marco señalaba. Había estudiado con cuidado cada pasadizo para poder llegar sin problemas hasta la salida más próxima en la mansión. La mayoría de aperturas que daban a las cloacas se situaban por las diversas calles del pueblo pero algunas de ellas, algo más privadas, terminaban dentro de las propiedades de personas asquerosamente ricas. Y la condesa Bathory no iba a ser menos. Saldrían por la alcantarilla que daba a su jardín interior.

-¿Por qué huele tan mal? Es insoportable, creo que con el rato que llevamos aquí abajo viviré cinco años menos- comentó Connie intentando causar risa en sus compañeros pero ninguno le rió las gracias y el principal motivo fue el de evitar pegar una gran bocanada de ese aire contaminado.

Todos los residuos se tiraban a las cloacas y estas los transportaban lentamente hasta algún lugar en el que se juntaban y después los trituraban desinfectando el agua.

-¿Es mi imaginación o por esta zona huele aún peor?- preguntó Eren obteniendo un asentimiento de cabeza de sus compañeros. Les quedaban unos cuantos metros para llegar a su destino y la peste parecía más fuerte y podrida que la que habían respirado hasta entonces.

-¡Ah! ¿¡Qué es esta mierda!?- Jean parecía haberse tropezado con algo y por el sobresalto había resbalado cayendo al agua sucia y oscura junto al camino que habían estado siguiendo. En cuanto notó un montón de cosas tocándolo por todas partes se levantó de golpe subiendo de nuevo a tierra firme. –En esta maldita agua hay algo raro.- dijo al notar las miradas sorprendidas de todos mirándolo.

Marco y Eren se acercaron con cuidado moviendo un poco las aguas con el pie, tratando de encontrar el causante de que Jean se impacientara tanto. En cuanto el pie de Eren golpeó algo se apartó de inmediato, Marco metió la mano agarrando lo que había dentro y arrastró hasta el exterior una pierna casi consumida y pálida. Connie se llevó las manos a la boca girando de golpe la cabeza para dejar de ver la escena y aguantar las terribles ganas de vomitar.

Marco la arrojó con rapidez al agua y se limpió la mano en el pantalón seco, Eren retrocedió hasta donde estaban sus compañeros para decirles que debían continuar.

-Me parece que hemos encontrado a las mujeres desaparecidas- dijo llevándose la mano a la cabeza e instantes después, logrando que todos se pusieran en marcha para llegar lo antes posible al lugar.


Año 865, otoño.

Castillo de la Policía Militar, Interior del Muro Sina.

Levi los guió hasta la zona más frecuentada de la Policía Militar. Mandó a Mike y Reiner quedarse en la zona de su comisaría para vigilar. También Erd y Gunter se quedaron por el camino muy cerca de la mansión de la condesa. Finalmente, él, junto a Hange, Petra y Auruo se quedaron por la zona en la que se celebraría la gran fiesta de la noche. Y harían lo posible por retener allí el mayor tiempo posible a la Policía Militar.

El castillo al fondo, repleto de gente y carros guiados de caballos, se acercaba a medida que llegaban a él. Y en cuanto tuvieron que dejar a sus caballos por el camino escondidos, se dividieron en equipos de dos personas para hacer un rastreo rápido de las zonas y detectar los puntos donde se concentraban más soldados.

Sabía que aquella celebración estaba relacionada con la condesa pero la posibilidad de celebrarla en el gran castillo de Sina les daría la oportunidad de buscar aquellos documentos que tanto les podrían valer para evitar que la Policía Militar volviera a meter las narices en sus asuntos. Jean le había informado de que los documentos los habían trasladado al castillo para mantenerlos más seguros y él tenía intención de encontrarlos.


Año 865, otoño

Mansión de la Condesa Bathory, Interior del Muro Sina.

Connie fue el primero en salir de la alcantarilla y darles la señal al resto para que subieran sin preocuparse. Las luces de la mansión permanecían a oscuras y aunque eran conscientes de que no la habrían dejado sin vigilancia no parecía haber nadie al acecho. Al colocar de nuevo la tapa en su lugar los cuatro se juntaron en el interior de unos arbustos para trazar su trayectoria. No sabían si Mikasa seguía en el interior de la casa, y si así era, tampoco tenían ni idea de cómo encontrarla.

-Deberíamos dividirnos en dos equipos- propuso Eren. Los demás se miraron entre si y asintieron ante su idea. Podrían hacer una búsqueda más rápida y efectiva de aquella manera. No fue complicado dividirse; Eren y Connie se ocuparían del primer piso, mientras que Jean y Marco buscarían en el segundo.

Una vez listos, sedesplazaron hasta uno de los laterales de la casa y todos ellos emplearon una cuerda elástica que llevaban en el cinturón y que contenía un gancho de hierro en la punta. Cuando tuvieron suficiente cuerda en la mano la lanzaron hasta la ventana y una vez tensa la cuerda escalaron hasta arriba. Primero dejaron a Jean y Marco subir, ya que eran quienes necesitarían más tiempo para ir hasta el segundo piso su destino. Eren fue el último en subir y se alarmó un poco al notar unos pocos ruidos en el jardín.

Se adentraron y dejó de lado los pasos que escuchó fuera para concentrarse en la búsqueda del interior. Todo permanecía en penumbras y ni siquiera las doncellas o los guardias deambulaban por los pasillos. Ambos abrieron y cerraron cuidadosamente distintas habitaciones sin encontrar nada, a excepción de alguna que otra persona durmiendo en el interior y que, por suerte, no se despertaron.

Esperando que sus dos compañeros hubieran tenido más suerte que ellos, decidieron bajar a la planta baja, la única que ninguno de ellos se había asignado y también la más peligrosa o la que más posibilidades tenía de estar altamente vigilada por ser la principal.

Eren entró el primero en la gran cocina sin ver nada en el interior, unos pasos apresurados lo obligaron a agacharse de inmediato tras una encimera junto a Connie que copió sus movimientos. Esperaron un rato sin que ninguna luz se encendiera, sin embargo, ambos parecían sentir que alguien más estaba allí con ellos. Eren se acercó a tientas hasta la oreja de su amigo para susurrarle algo.

-Connie, voy a asomarme, si me pasa algo sal de aquí y sigue buscando. Me las arreglaré solo.- él le dio un fuerte apretón de manos sin estar muy convencido de que su idea fuera la más acertada.

De cuclillas anduvo unos cuantos pasos hasta que chocó con algo o alguien. Automáticamente se tiró sobre ese cuerpo después de haberle pegado un puñetazo en alguna parte. Lo retuvo en el suelo tanto como pudo hasta que le pareció escuchar algo en forma de susurro.

-¡Soy yo, idiota!- se esforzó en hablar la persona bajo él. Parecía la voz de Jean. Se apartó y este se acercó a él para hablarle. –Pensábamos que erais soldados, así que nos escondimos.- Eren y los otros dos compañeros suspiraron aliviados al escuchar la conversación entre los dos. Después se pusieron de pie e intercambiaron información rápida.

-No está en el primer piso. Por eso hemos bajado aquí.

-Nosotros tampoco la hemos encontrado arriba… ya solo nos queda buscar por aquí. Si no la encontramos…- habló Marco, pero nadie quiso acabar su comentario y decidieron terminar su trabajo de búsqueda.

-Oye, Jean. ¿Cómo sabías que era yo? estábamos a oscuras.- preguntó Eren con curiosidad.

-Es muy fácil, no sabes pegar un buen puñetazo y pesas demasiado poco- alardeó provocando que Eren frunciera el ceño.


Año 865, otoño.

Castillo de la Policía Militar, interior del Muro Sina.

Hange y Auruo permanecieron fuera de la torre en la que Levi y Petra se habían introducido con facilidad hacia unos minutos. Si veían a demasiado soldados entrar en el castillo debían avisar a Petra inmediatamente utilizando el cacho de espejo que llevaban encima. En aquellas situaciones empleaban señales de luz que creaban con una linterna y varios espejos pequeños. Era un método silencioso y eficaz.

Petra se encontraba en el pasillo, oculta entre algunas macetas en frente de la habitación en la que había entrado el capitán. Levi había decidido que fuera ella su acompañante porque ambos eran de estatura baja y podrían colarse entre la gente y esconderse con mucha más facilidad, además de que eran veloces. El único quehacer de Petra era captar las señales que Hange y Auruo pudieran hacerles y asegurarse de que nadie entraba en la sala mientras el capitán se encontraba dentro.

La espera podía parecer eterna cuando la tensión y el ambiente extraño se sentían por todas partes. Miró hacia abajo observando lo desgastada que estaba su capa verde y después centró unos segundos la atención en sus rodillas que empezaban a temblar por mantenerse tanto rato en cuclillas.

-¿Cansada de esperar?- cuando miró hacia arriba sobresaltada una mano le tapó la boca para que no gritara. Echó un vistazo rápido a la ventana esperando que alguno de sus compañeros hubiera visto lo ocurrido. Por suerte, Hange parecía haber presenciado la escena hasta que la arrastraron al interior de la sala en la que estaba Levi.

El capitán se giró de inmediato con unos papeles en la mano y su expresión se tornó seria cuando vio a Petra, quien lo miraba con cara de culpable, retenida por un hombre. Conocía muy bien a aquella persona que lo contemplaba con una amplia sonrisa de ganador mientras apuntaba a Petra con el cañón de una pistola.

-Vaya, vaya, ¡el mismísimo capitán Levi ha decidido hacernos una visita!- sonrió caminando lentamente hacia uno de los lados con Petra siguiéndole. -¿Por qué no me has avisado de que vendrías? Te habría dado la bienvenida que te mereces.- dijo con tono triste.

Levi solo frunció el ceño sin responder a nada de lo que decía. Sabía que estaba intentando jugar con él y también que a la mínima posibilidad trataría de sacarle ventaja a la situación, así era como funcionaban las cosas para Nile Dawk, el comandante de la Policía Militar.

El hombre se dio el placer de repasar con lentitud su fino bigote oscuro y su perilla mientras pensaba en sus próximos movimientos.

-Quiero que me entregues ahora mismo esos documentos- dijo con tono serio y amenazante. Levi esperó un poco hasta arrojarlos al suelo ante él. No estaba dispuesto a arriesgar la vida de ninguno de sus compañeros por unos estúpidos papeles, ya le daría el escarmiento que se merecía en su momento. Pero las cosas no iban a ser tan fáciles y sabía que escapar de allí le costaría algo. –En realidad, no entiendo los motivos por los que Sanes se empeña en guardar estas cosas, no nos benefician en absoluto.- le informó al tiempo que alargaba una de sus piernas para pisar los papeles y arrastrarlos hasta él.

-Bueno, ¿qué hago ahora con vosotros dos? ¿Os parece si jugamos a algún juego?- propuso contento. – ¡Ya se! ¿Qué tal una ruleta rusa? Es muy emocionante.- obligó a Petra a sentarse en una de las sillas de la sala y después le ordenó a Levi que hiciera lo mismo. –si os libráis los dos, entonces os dejaré marcharos de rositas.- prometió con poca credibilidad.

Levi apretó con fuerza sus puños al ver como Nile sacaba dos balas de la recámara de su arma, la cual tenía espacio para seis. Las posibilidades de que ambos salieran vivos si jugaban a aquel juego eran demasiado bajas, casi improbables. Esperó sentado hasta que estuvo preparado para empezar el juego y decidió que sería Petra quien probaría suerte primero.

-Empezaré con tu novia, veamos si la suerte está de su parte.- sonrió al ver como Petra temblaba ante lo que estaba a punto de suceder. Levi bajó la mirada, jugaría todo a una sola carta.

En unos segundos se encontraba corriendo hacia él a toda velocidad volcando la silla de Petra para arrojarla al suelo y protegerla de la bala que se disparó de improvisto por la sorpresa que se llevó Nile. La bala no salió. Ambos forcejearon y se golpearon durante un rato sin resultados claros, ninguno de los dos parecía llevarle ventaja al otro.

Levi le lanzó una mirada rápida a Petra indicándole que saliera cuanto antes del cuarto y cuando vio que ella hizo lo dicho se giró de nuevo hacia su oponente que había conseguido apuntarlo con su arma a la cintura. Con una sonrisa victoriosa Nile apretó el gatillo. Esta vez la bala salió disparada atravesándolo y provocando que cayera hacia atrás. Levi no se dejó atrapar por aquello y agarró rápidamente la silla del suelo para golpear con todas sus fuerzas a Nile, después, salió de inmediato por la puerta donde Petra lo agarró asustada.

Los dos salieron por la ventana ya abierta y Auruo y Hange los ayudaron a descender por las cuerdas que tenían amarradas. Levi soltó un pequeño quejido sin darse cuenta, la ropa que llevaba puesta comenzaba a empaparse de un líquido carmesí que pronto empezaría a gotear. Petra lo observó horrorizada, aquel disparo que había escuchado en el interior no habían sido imaginaciones suyas.

Les pidió a sus dos compañeros detenerse un poco mientras trataba brevemente la herida del capitán antes de ponerse en marcha para salir del castillo. Habían conseguido bastante tiempo para el quipo de Eren pero ahora que el comandante sabía que estaban allí mandaría seguirlos en cuanto contactara con sus soldados y los tendrían pisándoles los talones hasta que salieran de Sina y Rose.

Incorporó al capitán contra la pared de piedra pidiéndole que se sujetara un instante la camiseta para que pudiera sacar la bala y limpiar la herida. Notaba su sudor por toda la frente y por mucho que tratara de disimularlo le dolía. Petra intentó no ponerse nerviosa al sentir la cercanía en la que estaban y ver los músculos bien marcados en su abdomen. Levi era un hombre menudo, poco más alto que ella y aunque a simple vista tampoco parecía musculosamente fuerte tenía muchísima fuerza y era veloz. Limpió la herida después de retirar la bala por su espalda y tapó ambos lados haciendo presión.

En las misiones peligrosas como aquella siempre le gustaba llevar un pequeño botiquín de emergencias por si ocurría algo. Y gracias a aquello logró parar la hemorragia.

-Lev… digo… capitán… muchas gracias por arriesgar su vida por mí. Y siento mucho haberle fallado- le dijo con los ojos cerrados mientras sentía como la miraba algo sorprendido por sus repentinas disculpas.

-No te preocupes.- posó su mano sobre su cabeza y la acarició lentamente como muestra de cariño. Entonces, Hange los interrumpió.

-Chicos, se nos acaba el tiempo- avisó urgente. Auruo se acercó hasta ellos con sus caballos y todos ellos montaron. Petra creyó que era prudente que el capitán fuera con alguien, así que dejó su caballo a manos de Hange para montarse en el de Levi. Ninguno rechistó ante aquello y una vez listos pusieron rumbo al cuartel de la Policía Militar.


Año 865, otoño.

Mansión de la condesa Bathory, interior del Muro Sina.

Fue gracias a Connie y su manía de querer mirar hasta el más mínimo detalle lo que les permitió advertir una puerta casi invisible a simple vista. Tenía el mismo color y decoración que la pared en la que se encontraba y se situaba tras las escaleras principales de la mansión.

Jean y Marco se quedaron fuera mientras Connie y Eren bajaban el largo pasillo oscuro hasta llegar a una sala con un fuerte olor a lejía. Dentro solo encontraron una bañera de mármol blanca con cierto tono rojizo en el interior, y a excepción de las cadenas en la pared ante ellos, estaba todo impecable.

Inmediatamente ambos echaron un vistazo rápido hasta que sus ojos se detuvieron en la pequeña sala a la derecha donde una persona delgada se encontraba tumbada sobre una cama mullida. Eren la reconoció al instante y sintió que el corazón le daba un vuelco, a aquellas alturas pensaba que ya no darían con ella. Pero su actitud tan tranquila y relajada le daba mala espina, quizás estuviera muerta.

No reaccionaba a sus llamadas y aquello lo impacientó mucho. Mantuvo la esperanza de que en algún momento abriera los ojos, ya que si estuviera muerta no se habrían molestado en encerrarla tras los barrotes por temor a que escapara.

Connie se acercó con rapidez a la cerradura introduciendo un pequeño gancho grueso de dos puntas y se tiró un buen rato probando diferente posiciones hasta que se escuchó un fuerte "click" y cedió. Eren entró situándose junto a ella enseguida y cuando la sentó en la cama y la volvió a llamar consiguió que respondiera a su voz abriendo los ojos sorprendida.

-Mikasa, ¿estás bien?- ella se quedó fija en sus ojos verdes sin entender del todo lo que decía. Cuando intentaba mirar a la otra persona tras él su visión se emborronaba y le entraban mareos. Debía ser por la escasez de comida, a aquellas alturas ni siquiera tenía fuerzas para mover los miembros de su cuerpo. Pero consiguió asentir despacio con la cabeza provocando un suspiro de alegría en el joven.

Pareció darse cuenta de inmediato que algo le ocurría al verla tan débil y floja porque frunció el ceño mientras revisaba con cuidado las heridas en sus muñecas. Le habló a la otra persona que estaba con él en un tono brusco, quizás adivinando lo que le habían estado haciendo y maldiciendo a aquella bruja. Después, la cogió en brazos aguantando todo el peso muerto y dispuestos a sacarla de allí. Mikasa ni siquiera tenía fuerzas para sentir alegría o alivio al verlos, ni tampoco miedo o terror cuando de un momento a otro unas voces de fuera los avisaron apresuradas y Connie y él salieron corriendo como alma que lleva el diablo.

Eren agarró con fuerza el cuerpo de la joven estrechándolo tanto como pudo contra su pecho para que en ningún momento corriera el peligro de caerse. Jean y Marco les habían dado la señal de que alguien se acercaba por la entrada, habían encendido las luces del interior y estaban a punto de entrar.

Eren y Mikasa, acompañados de Connie subieron al primer piso introduciéndose por el pasillo que habían revisado y con intención de salir por la ventana que utilizaron para colarse. Miró atrás esperando que Jean y Marco los siguieran pero no vieron aparecer a ninguno de los dos. Entonces, un disparo lo sobresaltó obligándolo a voltearse. El disparo estuvo acompañado de algunos gritos profundos que no supo identificar, sin embargo, supo que si se detenía en aquel instante y alguno de sus dos compañeros había sido herido, entonces todo aquello no habría servido de nada.

Así que con decisión le dio la señal a Connie para continuar y le pidió que sujetara a Mikasa mientras él se deslizaba por la cuerda. Connie se puso un poco nervioso al cargar con el cuerpo de la chica, quizás porque nunca antes había podido verla en persona y se sentía embriagado por su extraña pero atrayente belleza. Eren lo llamó desde abajo para que tirara a Mikasa desde arriba. Dudó, la joven estaba muy débil y si caía mal podrían perderla de inmediato. Sin embargo, la mirada decidida de su compañero le indicó que debía hacerlo y cuando sacó con cuidado su cuerpo por la ventana la soltó.

Mikasa sintió la brisa recorrerla y algo de vértigo al notar que caía en un agujero sin fin, hasta que al final de aquel agujero frío y oscuro unos brazos firmes y fuertes la atraparon y la rodearon aportándole calidez. Nuevamente los ojos verdes del joven estaban envueltos en aquel brillo extraño, el cual, le transmitía que no quería apartarse de ella.

Eren corrió hasta la alcantarilla seguido de Connie y repitieron la misma jugada con más cuidado, en esa ocasión el agujero era tan estrecho que tuvieron que deslizarla poco a poco para que no se golpeara con las paredes. Todo pareció marchar bien y casi podían oler desde allí el aire limpio de la ciudad cuando unos pasos tras ellos les ganaban terreno.

-Sácala de aquí, yo los entretengo y ahora os alcanzo- Eren se negó rotundamente, no se le ocurría ninguna manera en la que su compañero pudiera hacer algo para despistarlos. No al menos hasta que sacó del bolsillo unos explosivos que llevaba encima y unas pocas cerillas. -Los encontré en la despensa de la mansión- sonrió culpable. Asintió y llevó a Mikasa hasta la salida colocándola en su espalda y, apretados, logró subirla hasta la superficie.

En el exterior, el escuadrón de Levi los esperabainquietos. El capitán parecía herido y montaba con Petra a su espalda, quien lo sujetaba por ambos costados cogiendo las riendas del caballo.

-Vamos, Eren. La Policía Militar nos sigue la pista- dijo Auruo nervioso. Ayudó a Mikasa a incorporarse ante el cuerpo de Eren y a partir de ahí él se encargó de sujetarla tal y como Petra estaba haciendo.

-A nosotros también nos siguen. Jean y Marco… no sé qué les ha pasado.- dijo triste. Los demás estaban preparados para partir. – ¡Esperad un momento! Falta Connie…- miró atrás a la boca de la alcantarilla pero no emergía de ella. Empezó a desesperarse al pensar que lo habían capturado y la presión de los demás que querían salir cuanto antes de allí no ayudaba. –Vendrá, estoy convencido. Solo un poco más.

Reiner se colocó a su lado y echó un vistazo al interior. Se bajó del caballo e introdujo el brazo en la boca de la alcantarilla para agarrar el brazo de Connie y sacarlo de un impulso. Lo subió al caballo y montó con él comenzando a cabalgar junto a los demás.

-¡Puaj! Hueles a perro muerto- se quejó Reiner casi arrepintiéndose de haberlo ayudado. Connie le dedicó una sonrisa agradecida que lo delataba.

-Lo siento, pero he tenido que nadar un poco entre la mierda- los compañeros de alrededor se sumieron en carcajadas al observar lo sucio que estaba y los intentos de Reiner por no acercarse mucho a él.


Año 865, otoño.

Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María.

Dos días después de que regresaran al cuartel sanos y salvo, Eren se dedicó todo ese tiempo a intentar contactar con Jean y Marco sin éxito. Se sentó en el despacho de Armin abatido, a sabiendas de que cualquier cosa que su amigo rubio le dijera no lograría levantarle la moral.

-Menuda cara tienes, ¿no has dormido nada estos días?- el negó con la cabeza. Todos eran conscientes de lo preocupado que estaba por sus dos compañeros porque no dejaba de preguntar por ellos a todo el que tuviera relaciones con la ciudad Sina. –Pues tengo una buena noticia para ti, así que alégrate un poco.- consiguió que Eren fijara sus ojos en él curioso.

-¿De qué se trata?

-Bueno… digamos que gracias a mis contactos he conseguido averiguar que tanto Marco como Jean se encuentran sanos y salvos.- explicó notando que el humor de su amigo mejoraba al instante. –bueno, más o menos, Jean recibió un disparo a causa de uno de los soldados que se asustó al verlo, pero no es grave. Los dos fueron listos y en cuanto los encontraron fingieron acabar de llegar por sus sospechas de que alguien había entrado en la mansión.

Aquello fue suficiente para él, ya se encargaría de comunicarse con ellos cuando las cosas entre las dos fuerzas armadas se tranquilizaran un poco. Se levantó y se dirigió al despacho del capitán Levi, con quien había quedado en reunirse aquel día.

-Pasa, Eren- le pidió al otro lado.

-Capitán, ¿cómo está su herida?- cuando llegaron le contaron con pelos y señales todo lo ocurrido y su intento de conseguir los documentos que culparan a la Policía Militar. Lamentablemente, también había escuchado que no había salido según lo previsto y que el capitán había sido herido.

-Bien. Lo más importante es que hoy llegarán los documentos a manos del ministro encargado de mantener el orden en los tres muros, La Policía Militar tendrá que pasar por algunos aprietos.- Eren se sorprendió con sus palabras y se alegró muchísimo, pero ¿cómo era posible? Petra en persona le aseguró que el capitán no logró obtener los documentos.

-Pensaba que…

-Me guardé algunos de los documentos más importantes antes de que irrumpiera en la sala, y son suficientes para acusarlos.- afirmó. –Además, encontré esto.- le tendió un par de hojas bastante viejas y se sorprendió enormemente cuando vio el nombre de su padre escrito en la parte de arriba.

Tal y como temía, no fue una coincidencia que lo mataran unos años atrás y aquello lo demostraba. Se levantó de golpe observándolo con atención y sintiendo rabia en su interior, quería que pagaran por lo que habían hecho. Por destruir su familia.

-No debes preocuparte, pagarán por ello. Además, podrás asistir al juicio que se llevará a cabo- Eren asintió al de un rato. Totalmente absorto en sus pensamientos dejó atrás al capitán dándole las gracias por su esfuerzo.

Una vez en el pasillo, releyendo una y otra vez todos los datos de los papeles que le acababa de entregar, alguien lo interrumpió sacándolo de sus pensamientos.

-¡Eren! ¿Estás sordo o qué? Me voy a quedar afónico de tanto llamarte- le reprochó Connie acercándose a él corriendo.

-¿Qué pasa?

-Acaba de despertarse- le informó intrigado por saber la cara que pondría en cuanto le diera la noticia. –Aún estás a tiempo de ser el primero en verla- le guiñó un ojo para picarle y sacarle un sonrojo más que evidente.

-¡Cállate ya!- trató de pegarle un puño amistoso pero se zafó de él mientras desaparecía por el pasillo canturreando. Él, dejó el tema de lado y se apresuró a llegar a la enfermería. Mikasa había estado dos días enteros dormida y le habían introducido alimentos por vena para que se recuperara. Cuando la llevaron hasta allí estaba demasiado débil y desnutrida, y temieron que no sobreviviera pero él sabía que Mikasa era una joven fuerte y que había pasado por cosas horribles en diversas ocasiones.

Abrió la puerta con cuidado y sin querer molestar pero no logró evitar que sonara un largo crujido en el proceso. En una esquina, Mikasa se había recompuesto y estaba sentada en medio de la cama observando sus manos atentamente. Eren advirtió de inmediato que aunque la joven de por sí ya era bastante pálida, tenía mejor color y sus ojos parecían más llenos de vida.

-¿Cómo estás?- preguntó sobresaltándola y viendo como daba un pequeño saltito. Lo miró sorprendida esperando a que se acercara hasta ella y tomara asiento en la silla junto a su cama.

-Aburrida- dijo con sinceridad. Efectivamente, tal y como Eren pensaba no era de las personas que se quedaban sentadas a esperar a que sus heridas se sanaran, justo como él.

-Pues por mucho que te aburras tendrás que recuperarte antes de volver a casa- al mencionar su hogar recordó el lugar angosto en el que vivía. Quizás recuperarse en un sitio así fuera más difícil. Observó su cuerpo sin darse cuenta, deteniéndose en la cicatriz que la puñalada de aquel hombre le dejó en el hombro. Había sanado quedando casi completamente oculta pero él aún era capaz de ver la herida recién hecha en su piel.

-Se curó rápido- lo sacó de su trance al darse cuenta de que se había detenido a mirar su hombro. –por… tus cuidados y eso.- especificó. ¿Era su imaginación o estaba intentando agradecérselo de una forma un tanto extraña?

-¿Con eso quieres decir que me das las gracias?- intentó sonsacarle divertido. Quería que se las diera aunque ya le hubiera transmitido como se sentía por su ayuda. Lo miró avergonzada con un leve tono rojizo en sus mejillas blancas. –Sí, ya sabes, es lo que alguien dice cuando agradece que le hayan ayudado y yo te ayudé aquella noche y también hace dos días a escapar de la mansión. –ella le dirigió una mirada llena de reproche y culpabilidad.

Finalmente, cogió aire y giró el rostro hacia el lado contrario en el que estaba Eren, de modo que no pudiera ver su cara, seguramente más roja que antes. Su pelo negro como el azabache se levantó lentamente con aquel giro para después caer como una cascada lisa sobre sus hombros, espalda y pecho. Aquella acción tan tímida y poco habitual aunque al mismo tiempo propia de ella le llegó a parecer bastante dulce y mona.

-G-gracias… por todo, Eren- terminó diciendo al final.

-La verdad es que en parte yo también tengo un montón de cosas que agradecerte. A pesar de que no me gusta tu forma de actuar, eso no quita que me hayas salvado la vida en varias ocasiones. Y no solo a mí, sino a mis compañeros y… a mi madre.- aprovechando que ella no lo miraba directamente decidió que era el momento idóneo para sincerarse él también.

Ella se sintió extrañamente bien cuando lo escuchó. No recordaba que alguien le hubiera dado las gracias antes por algo que hubiera hecho. Siempre había sido consciente de las aberraciones que cometía y que algún día sería castigada por ello, pero jamás se arrepintió de hacerlas.

-Oye, Mikasa, ¿cómo sabes mi nombre?- ella volvió a mirarlo más tranquila.

-Siempre lo he sabido. Después de todo, nos hemos cruzado un montón de veces y acostumbro a memorizar los nombres de las personas a las que mato y aquellas que son sus víctimas- aclaró despacio para el asombro de él. Bajó la cabeza aún sin poder entender sus impulsos por acabar con la vida de alguien. Pero entonces ella volvió a hablar -¿Sigues empeñado en que no mate más?- preguntó inocentemente con voz firme.

-No logro entenderte, ¿no crees que actúas como aquellos a los que eliminas?- ella negó inmediatamente con la cabeza.

-Para nada. Esas personas a las que persigo han cometido delitos muchas veces, han matado, violado, herido y torturado a gente. Ellos buscan el dolor de sus víctimas, un dolor que nunca se detiene. Yo, en cambio, busco liberar a esas víctimas y matándolos me aseguro de que nunca vuelvan a hacerlo. Las personas a las que mato no suelen ser simples delincuentes –se quedaron en silencio unos cuantos instantes. Quizás aquello lo hiciera sonar más suave, como si por algún motivo esa justicia propia que empleara no estuviera demasiado lejos de lo correcto. Pero seguía sin apoyarlo y en la medida de lo posible trataría de evitar que lo hiciera. La miró de nuevo pillándole desprevenida observando sus muñecas con pequeñas rajas que comenzaban a cicatrizar. Llegaron en el momento oportuno para evitar que acabara como aquellas otras mujeres, y de nuevo, seguía sin comprender por qué le inquietaba imaginarse que la podían haber perdido durante aquellos días mientras preparaban todo.

Pasó rápidamente su mirada hasta llegar a sus ojos oscuros, vacíos, fríos que parecían más tranquilos y amigables. Y entonces, recordó lo que Levi le había dicho sobre ella. Que solo unos pocos eran capaces de darse cuenta de que muchas cosas tormentosas le habían sucedido y que aún así seguía adelante cargando con todas ellas tratando de ayudar a su manera. Quizás no fuera la forma más adecuada pero a lo mejor era así como ella intentaba salvar a otros de sus destinos atroces.

Eren cogió su mano notando que se estremecía ante su contacto. Tenía las manos frías y muy suaves. La miró directamente a los ojos obteniendo toda su atención.

-Mikasa, por favor, cuéntame tu historia. Me gustaría escucharla- le pidió. Ella no supo cómo interpretar aquellas palabras hasta que consiguió leerlo en su mirada penetrante. Dudó que fuera lo correcto, nunca antes había hablado del tema con nadie, aunque nunca antes le habían preguntado por ello directamente. Después de todo, aunque le costara admitirlo en voz alta, en el fondo sabía que le debía mucho a aquel chico y a su perseverancia. Así como a otras personas que también la habían estado ayudando; Armin y Levi.

Entonces, tras pensarlo, le ofreció una pequeña y casi invisible sonrisa que sorprendió a Eren y asintió despacio con la cabeza mientras comenzaba a hablar.


Año 851, otoño.

Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María.

Mikasa jugaba, como muchas otras veces, en el jardín de su casa. Sabía que su madre se encontraba dentro, seguramente cosiendo o cocinando algo rico. En general, aunque era bastante pequeña y a sus seis años no fuera consciente de todo lo que le rodeaba, no tenía ninguna queja.

Bueno, ninguna a excepción de que odiara con toda su alma las noches. Si, para ella las noches no traían consigo cuentos, un beso de dulces sueños antes de dormir o permanecer abrazada a su peluche preferido hasta la mañana siguiente. Para ella, las noches eran sinónimo de golpes, voces y peleas.

Hacía meses que por algún motivo que no alcanzaba a comprender, su padre volvía tarde y muy enfadado. Tanto que a la mínima discutía con su madre y muchas otras veces la golpeaba. Hasta que se convirtió en una rutina de la que no podían escapar. Incluso ella se había visto envuelta en varias palizas en alguna ocasión. Ese era el motivo por el que odiaba tanto las noches.

Sin embargo, aquel día habría algo que odiaría mucho más que las noches.

Entró a la pequeña sala en busca de su madre para que la ayudara a coser un pequeño agujero que se había hecho en el vestido azul que llevaba puesto. Cuando abrió la puerta con cuidado, la escena vio la perturbó tanto que se quedó quieta; de piedra.

Su padre, que no debía haber llegado tan temprano a casa, estrangulaba con fuerza a su madre alzándola a pocos centímetros del suelo. Ella forcejeaba, intentaba gritar para pedir ayuda sin lograrlo. Sus uñas arañaban desesperadamente los brazos al descubierto del hombre pero este no aflojaba ni un poco su amarre.

Entonces, ambos repararon en ella. Sus rostros sorprendidos la asustaron. Su madre intentó hablar para decirle algo sin conseguir que el sonido saliera de su garganta.

-M-mikasa… huye- logró decir antes de perder el conocimiento.

Esas palabras parecieron suficientes para que reaccionara y tratara de salir de allí a pesar de que no le gustara dejar a su madre atrás, pero con el pensamiento de que buscaría ayuda para salvarla también a ella, corrió con todas sus fuerzas.

Al menos, lo intentó hasta que su padre la sujetó de un tirón de la muñeca y la apuñaló tan rápido como una bala atravesaba un cuerpo. El filo de la navaja estaba frío y afilado. Ella también cayó al suelo, sin poder gritar, pedir ayuda o moverse. Sin poder quitar de su única visión el cuerpo de su madre tendido en el suelo.

Los minutos pasaron para ambas, los pasos de su padre se alejaron y ella se debatió entre dejarse llevar al lado tranquilo y lúcido o luchar en un mundo oscuro lleno de peligros. ¿Elegiría el camino fácil obteniendo un final feliz con seguridad o se arriesgaría a seguir sufriendo sin obtener nada bueno a cambio?

Una niña de tan corta edad no era capaz de evaluar aquellas dos grandes opciones pero eran tantísimas las imágenes que se le estaban pasando por la cabeza que ni ella misma entendía lo que sucedía. Todas y cada una de las veces en las que su padre les había hecho daño. Los gritos ahogados de su madre tratando de protegerla a ella.

Aquel día, su padre se convirtió en la cosa que más odiaba en el mundo.

Con ese pensamiento en mente volvió a sentir todo su cuerpo desde los dedos del pie hasta la cabeza. Trató de levantarse a pesar de la dolorosa herida en su costado y se acercó al cuerpo de su madre. Esperó a que ella reaccionara a sus llamadas pero nunca consiguió que volviera a abrir sus ojos. Así que pensó que quizás estaría dormida.

Con lágrimas en los ojos trató de sacarla a rastras de la casa antes de que su padre regresara. Ambas se vieron envueltas en un olor ahogante a humo y en la otra parte de la casa el calor comenzaba a extenderse poco a poco para alcanzarlas. Mikasa supo que había un incendio..

Un golpe la lanzó varios metros a un lado. El rostro desencajado de su padre la aterrorizaba. Estaba completamente fuera de sus cabales y había perdido todo juicio de la realidad. Las había herido de gravedad y trataba de quemarlas en el interior de la casa para hacerlas desaparecer. Pero ella no permitiría que en aquella ocasión se saliera con la suya de nuevo.

Sin dirigirle ninguna palabra lo miró con odio, con toda la rabia acumulada durante aquellos interminables meses de maltrato y arremetió contra él. Lo empujó con tal fuerza que ni siquiera sintió la nueva puñalada que le había asestado en el brazo. Su padre aterrizó sobre las escaleras que empezaban a quemarse y se dio un mal golpe en la cabeza que le impidió volver a levantarse. Pero no le importaba.

Mikasa sacó el cuerpo de su madre con las fuerzas que le quedaban y las dos se mojaron con la lluvia del exterior. Se quedó junto a su cuerpo durante horas hasta que las encontraron y se las llevaron. Las autoridades se encargaron de investigar las muertes y de curar las heridas de la pequeña. Agradeció cuando nombraron culpable de todo aquello a su fallecido padre, pero después, le tocó volver a la realidad. A un mundo solitario en el que nadie que tuviera relación ficleyes de la calle y en el que tendría que volverse fuerte para sobrevivir. Pero siempre firme ante la idea de poder hacer algo por aquel mundo sombrío y lleno de sufrimiento.

Fue entonces, cuando un año después, decidió que se encargaría personalmente de crear un nuevo mundo libre de sufrimiento y de víctimas. Un lugar en el que jamás habría sitio para personas dañinas como su padre. Porque al fin y al cabo el mundo en el que vivía, era un mundo cruel, pero ella se encargaría personalmente de que fuera un poco más agradable.

FIN


¡Hasta aquí!

Bueno, creo que con esto de momento le damos fin a este fic, aunque os recuerdo que si queréis estoy dispuesta a añadir algún capítulo extra en el que mostraré qué es lo que ocurre con los personajes después de lo ocurrido (ya que a mi parecer el tema romance ha flojeado bastante, ¡ni siquiera un mísero beso!). Lo dejo a vuestra elección :)

No sé qué impresión os habrá dejado, me da la sensación de que se me ha quedado algún detalle sin explicar por ahí, si pensáis así me gustaría que me lo dijerais para tenerlo en cuenta en la posible continuación.

Muchas gracias por vuestro apoyo y por haber seguido este fic hasta el final. Agradezco mucho los favoritos y los follows, así como todos los comentarios hasta ahora. Gracias a Renkouen y Shulii por sus últimos comentarios, ¡habéis sido un gran apoyo para mí!

(Por cierto, si os interesa entre hoy y mañana subiré el primer capítulo de un fic de tres capítulos con la pareja MikasaxLevi. :P)

¡Hasta la próxima! :D