Capitulo 3.-

"La realidad es dura"

Por Amelia Badguy.

907 palabras según Word

Sus ojos miraban incrédulos a aquel doctor que los había atendido. Había llevado a Baker Street a John, después de que el rubio fuese atacado por Moriarty, después de que parecía que no lo recordaba de nada y aquello realmente lo había preocupado.

Pero grande había sido su sorpresa cuando el médico, aquel que les había llevado Mycroft, uno de los médicos que según el mismo político había atendido al ex militar cuando había sufrido su accidente, les explicaba que aquello que tenía John.

— ¿Aún tiene su libreta, señor Watson? — Le preguntó, siendo que los ojos grisáceos de Sherlock se fijaron en la libreta que John sacaba de su bolsillo, aquella libreta que siempre le había llamado la atención, pero que nunca le había tomado mayor asunto, realmente, pero que ahora resultaba ser casi lo más valioso del mundo.

— Sí... — Dijo con suavidad el médico, mientras le mostraba la libreta. Había leído lo necesario en ella. Lo necesario para saber que de alguna forma había terminado como pareja del único detective consultor del mundo, Sherlock Holmes, pero aun así, siendo pareja de este, nunca le había contado aquel mal que sufría, donde no podía recordar ningún día vivido después de accidente, donde su mundo era simplemente una hoja en blanco, una hoja que nunca podría rellenarse finalmente.

— Supongo que nunca habrá manera de que su memoria pueda comenzar a funcionar nuevamente — Comentó Mycroft, sabía aquello, sabía bien que aquel accidente bloqueaba para siempre la producción de memoria de corto plazo a largo plazo, eso le hacía notar por qué siempre que veía al médico notaba como observaba asombrado de cierta forma, algo que realmente comprendía del todo ahora, aunque antes nunca lo hubiera siquiera imaginado, es decir, aquella no era una condición normal después de todo, siendo que únicamente suspiró, su hermano tendría demasiado duro aquello, pensó.

— Ninguna, señor Holmes, ya lo había hablado antes con John, él no se recuperara de eso, aunque puede hacer su vida normal, escribiendo en el diario lo que paso en el día cada noche, si se duerme o queda inconsciente como ahora, esto ocurrirá — Les explico el médico que le sonreía quedo a John, después de todo aquello era difícil para las familias, para los pacientes, para todos en realidad, pero únicamente termino su trabajo ahí y tanto él como el político se retiraron dejando a la pareja sola.

Sherlock miraba con atención a John que ojeaba aquella libreta, aquel cuaderno donde estaban anotados día a día que habían estado juntos, desde que se habían conocido realmente, las fechas, todos, hasta el hecho que no lo dejaba dormir por los casos -hecho que era una preocupación para John después de todo-, hasta como había sido su primer beso, la primera vez que Sherlock Holmes sintió algo, la primera vez que ellos habían estado juntos, todo estaba ahí después de todo.

Ahora el moreno comprendía perfectamente por qué aquella necesidad de John de escribir todo en su blog, para no olvidar nada, ningún detalle importante realmente.

— Entonces no debería mantenerte despierto tanto tiempo durante los casos, sino te caerás dormido y no recordaras nada, ¿verdad? — Le dijo con una pequeña sonrisa Sherlock. No sabía cómo llevar eso, no sabía dominarlo después de todo. Una cosa era que él se deshiciera de la información que no era importante en su cerebro, pero otra es que John no pudiera recordar nada por tener aquel problema, pensó suspirando.

Aquello cambiaba todo realmente, pensó, cambiaba el hecho de cómo debía tratar a John durante los casos, que no podía forzarlo más de la cuenta a estar despierto o siempre estar atento a escribiera en su diario, que nadie fuera a noquearlo o algo así.

Todo aquello lo hacía encender alertas en su cabeza, era como una baliza de policía, que comenzaba a sonar anunciando un gran peligro, uno inminente, porque no quería dejar a John, pero tampoco quería tratarlo de una manera diferente a la que siempre lo había tratado desde que lo conoció.

Seguramente por eso mismo John nunca le había querido decir nada de su condición, porque las alertas sonarían en su palacio mental, de posibles soluciones, de hechos que debía hacer, de cosas que debía tratar aun de mejor forma.

— No debes tratarme de una manera distinta únicamente por esto, Sherlock — Suspiró cansado John, la verdad es que en su mente no tenía ningún recuerdo del pelinegro que parecía perdido en su mente, pero lo sentía tan familiar, como si muchas veces aquella escena se hubiera repetido, aunque había descubierto que Sherlock recién venía a enterarse de su condición después de todo.

— Sí, pero no debo dejar que te duermas en medio de algo importante, John... te desesperarías al despertar y no tendría como hacer que notaras las cosas... — Le explicó porque en aquello era lo que pensaba. Él no tenía el tacto para explicarle las cosas a John, sólo las lanzaría y seguiría hablando, esperando resolver el caso, pero no debía ser así, pensó.

Todo sería un problema de ahora en adelante, un problema con el que Sherlock tendría que aprender a vivir, si quería seguir junto con John, porque la verdad era que no se quería separar de él, no quería volver a estar sólo, quería estar con el médico, resolver casos con él, hacer su vida con él, pensó, mientras lo observaba viendo como todo se haría más duro para él, sólo porque no sabía lidiar con sus emociones.