A/N: Amo a Cruz (Sorry, not sorry).
Feliz Cumpleaños: Parte I.
Cruz podría jurar que nunca había estado tan feliz.
Ni ganar las 500 de Nascar la había puesto tan feliz, feliz como estaba en éste mismo momento.
―Hace tanto que no sentía esto―dijo para sí misma, ubicando el último plato en el centro de la mesa. Todo era perfecto: desde la música hasta los pequeños autitos de color amarillo que servían de aperitivos ―cortesía de Flo, por supuesto― hasta el enorme pastel de chocolate y vainilla que decoraba el centro del salón principal del Wheel Well inn. Todos habían puesto su mayor esfuerzo por ella, por su cumpleaños.
Su primer cumpleaños con su familia nueva. Y, su cumpleaños número veintiuno también.
Hacía tanto que no iba a ninguna fiesta y en especial hacía tanto que no celebraba su cumpleaños. Entre tantos estudios, prácticas para aquellos sueños que finalmente se cumplieron y trabajo; las fiestas de cumpleaños habían pasado a segundo plano para ella.
Tomando su celular, la pelicastaña se dispuso a tomar fotografías de todo: la decoración era hermosa, como una de esas que aparecían en aquellas revistas de XV que de pequeña ella y su hermana coleccionaban a escondidas de su mamá. Sally ciertamente se había esforzado tanto para que esta fuese aquella fiesta que nunca logró tener de pequeña. Un par de fotos más al pastel y con una sonrisa las subió a su nueva cuenta de Instagram.
― Ahí estás Cruz―de golpe Cruz soltó su celular, rápidamente escondiéndolo en el bolsillo de sus jeans gastados y ofreciéndole una de esas pícaras sonrisas a su mentor ―Sally te estaba buscando― prosiguió el formal corredor, mirando a su protegée de pies a cabeza ―te piensas bañar para tu fiesta, Verdad? ― bromeó.
Cruz rodó los ojos ―Ya estaba yendo hacia adentro, Sr. McQueen―replicó, dirigiéndose de nuevo hacia la oficina del hotel. Había prometido a Sally y a Flo que no se movería de aquella oficina y no ayudaría en nada, pero luego de diez minutos, la imperativa joven salió de la misma y se dirigió a la cocina para ver en qué podía ayudar.
Al llegar a la oficina de nuevo, Sally la recibió con una sonrisa enorme ―Yyyy, te gusta Cruz?! Se suponía que tenía que ser una sorpresa, pero alguien te trajo hasta aquí―dijo la rubia, dándole una de esas miradas que hacía sentir a su novio como si hubiese roto toda la calle de nuevo.
―No me dijiste eso. A parte me mandaste a traer algo.
―Tu tenías que mantenerla ocupada―replicó la rubia, cruzando los brazos y arqueando una ceja.
―Pues no podía hacer mucho, ya le hice dar cincuenta vueltas allá afuera…y hace mucho calor, no puedo hacer que se desmaye en su cumpleaños.
― ¡Me encantó Sally! ―interrumpió Cruz, abrazando a la formal abogada antes que la misma pudiese replicar ―En serio, muchísimas gracias a los dos. Sally devolvió el abrazo aún más fuerte.
―Pues, aún tengo otra sorpresa para ti―dijo, alejándose de Cruz y dirigiéndose al pequeño sofá de la oficina. Sacando detrás del mismo una caja de color blanca adornada con un moño de color dorado gigante. Cruz simplemente se quedó boquiabierta y sin saber que decir. Esto era demasiado. Dando un paso adelante, se acercó a Sally tomando de manera cuidadosa la caja, poniéndola sobre el escritorio. Deshaciendo el moño de la manera más meticulosa y delicada posible, logró abrirla y dentro de ésta se encontraba un vestido de color amarillo claro ―su color preferido―adornada con estampas de pequeñas flores, y de repente Cruz simplemente no supo que hacer o decir.
Nunca se había sentido tan apreciada, hacía tanto que no tenía una familia de verdad.
Su madre la había dejado hace unos años atrás, tiempo después de haber renunciado a la idea de ser una corredora de verdad; lo que llevó a su hermana menor tomar la decisión de mudarse a España a estudiar. Hacía tanto que no sentía aquella cálida sensación de que no importaba todo lo que hiciese, sabía que había personas detrás de ella para apoyarla, y para amarla.
Hacía tanto que no se sentía tan querida. Y, Sally y McQueen estaban haciendo hasta lo imposible para que se sintiese de ésta manera.
Secando las pocas lágrimas que ya se encontraban en su mejilla, Cruz se abalanzó a ambos para darles el abrazo más fuerte. Y sin darse cuenta empezó a llorar.
Ambas figuras paternales fueron rápidos en atender lo que ocurría a la joven. Sally se mordió rápidamente los labios mirando a su prometido en búsqueda de alguna respuesta, después de todo no había persona quien conociese más a Cruz como él. Este simplemente se encogió en hombros, rápidamente acariciando el cabello de su aprendiz de forma afectuosa.
Ni Sally ni McQueen sabían cuándo habían inconscientemente tomado la decisión de apañar a Cruz bajo sus cuidados. Los habitantes de Radiator Springs llamaban de manera juguetona a Cruz como "su hija adoptiva". Tal vez fue tiempo después que la joven se había mudado al pueblo, lista para entrenar. Cruz no había durado ni una semana en el cono #1, un día al volver del café se había encontrado con la sorpresa de que la dueña del motel había decidido que lo mejor sería que la joven se quedara en el cuarto libre de su amplia casa, no es que a Cruz le haya molestado la situación; después de todo estar en un ambiente familiar no sería tan malo. Algunos meses después, involuntariamente ambos ya habían tomado el sobreprotector rol paternal sobre ella.
― Estoy feliz, lo siento― finalmente manifestó Cruz, secándose las lágrimas y abrazando el regalo.
Sally sonrió de nuevo, tomando el brazo de Cruz y acariciándolo de manera reafirmante y simplemente asintiendo la cabeza. De manera rápida observó al formal corredor, y con una rápida mirada el mismo reaccionó.
―Okay Cruz― dijo el mismo ―ve a prepararte para tu fiesta―.
Cruz asintió y de manera apresurada se dirigió a cambiarse en el cuarto de al lado.
― ¿Cuándo fue que nos convertimos en padres?- prosiguió McQueen, mirando a Sally de forma divertida. La rubia simplemente se encogió los hombros, mordiéndose los labios para luego afirmar: no sé, pero podría acostumbrarme a esto.
