N/A: Gracias a todas por leer todos mis fics. Y gracias a Moonlightgirl por su hermoso review. Ahora, les deseo lo mejor para el año venidero y que consigan tanto como quieran. :)
Capítulo 2: Las Rudas Montañas.
En lo alto de las cumbres, donde sobreviven los hombres más recios y fuertes y pocas son las mujeres que se atreven a acompañarles, las águilas construyeron su fortaleza, tanto por dentro como por fuera, conviviendo con los sylphs, dueños del viento, y los gnomes, trabajadores de las entrañas de las montañas, donde nunca asoma el sol ni llegan las tempestades; calentados por sus fuegos y antorchas.
Su rey hace tiempo había optado por la soledad, después de ser abandonado por su prometida, Lady Elisa. Nadie culpó a la mujer en cambiar de opinión, ninguna dama deseaba vivir en un lugar tan inclemente y sombrío, ni tener por suerte a un esposo con iguales características.
Kaden era un temible guerrero al que todos trataban de evitar. Tenerlo como aliado era tener asegurada la victoria y no era raro que algún reino se atreviera a pedirle ayuda para acabar con el feudo vecino. ¿Pero, qué podían ofrecerle a un hombre que poseía las riquezas que brindaba la tierra y que resistía aquellos salvajes vientos como si fueran mera brisa? ¿Mujeres? ¿Por qué pensaban que él se rebajaría a ayudar a seres tan macabros capaces de ofrecer a sus hijas; hermanas y esposas como si él fuera un desesperado y ellas una baratija?
—Siento rechazar su oferta, rey Gillian, pero, lo que usted me ofrece no es de mi interés —aclaró con inexpresividad. Al lado de su trono, un hombre de su misma talla miró a quien era ofrecida en sacrificio.
—¡Pero, su sobrino me aseguró que…! —La sola mención de ello pareció enfurecer al recio monarca de las águilas que dejando su trono se puso de pie. Afuera estalló un rayo, iluminando la estancia y haciéndolo ver más magnánimo y tenebroso de lo que ya parecía. Su negro cabello resplandeció a la luz del mismo.
—¡Marlon no es quién para decidir mis acciones! ¡Apenas es un muchacho cabeza hueca que ni siquiera se atreve a ver a la cara de quien le habla! ¡No me interesa qué o quién le haya dicho que yo sería tan inescrupuloso como para aceptar a una mujer que ni siquiera se digna a mirarme! —Señaló a la amedrentada jovencita que trataba de pasar lo más desapercibida posible y estaba muerta de miedo y de frío, ya que sus padres decidieron vestirla indebidamente para esos climas y apropiadamente para tentar al monarca que ahora se aproximó a ella—. ¿Qué es lo que pretende haciéndola lucir así? ¿Acaso le da lo mismo un guerrero que otro? ¡Mis hombres gustosamente abusarían de ella!—continuaba reclamándole a su par. La joven apenas tendría dieciséis años y sus labios comenzaron a temblar y a perder el color—. ¿O tal vez, la ama tan poco que no le importa que enferme y muera? —Se quitó la capa y la arrojó a la muchacha, a la cual observó de pies a cabeza—. ¡Y tú, cúbrete! ¡No entiendo cómo te prestaste a este patético juego! —Tras el sobresalto, la mujer sujetó la abrigada prenda y se cubrió con ella.
—¡Pero, necesito deshacerme de ese bastardo…! —protestaba Gillian. La casi dorada mirada del poderoso hombre de las High Mountains se posó impía sobre su par en título. El extranjero sintió cómo sus rodillas se debilitaron tan sólo con ese bárbaro gesto.
—Entonces, hágalo usted mismo —sentenció regresando a su sitial. El joven seguía firme en su puesto junto a este, su expresión tan adusta como la de su señor— Tome a su desventurada hija y márchese de mi reino —Ocupó su asiento con señorío—. Y en lo posible, evite volver o yo mismo me encargaré de estrangularlo con mis manos —advirtió sin quitar su fiera vista de su persona.
Gillian en una situación normal se sentiría indignado, pero, aquí, junto a este rey, tan sólo se sentía agradecido de salir con vida. Aferró el brazo de la princesa y la llevó con rudeza para dejar el reino de Sylphs y los Gnomes.
—Tío, concuerdo que el sujeto no merecía misericordia alguna, pero, ¿la chica? ¿No crees que has sido algo duro con ella? —El monarca suspiró.
—¿Querido Gontran, crees que de haber sido… 'compasivo' con la muchacha su padre hubiera cambiado en algo? El destino de esa joven está sellado al menos que ella resuelva rebelarse o fugarse; su padre la venderá a quien crea conveniente para su propio propósito.
—Lo sé —reconoció el hombre de unos veintidós años—. Me da pena saber que además de haber sido humillada por su propio padre será culpada de su fracaso.
—Gontran, tú eres un buen hombre, puedo verlo; exactamente como lo fue mi hermano. Pero, sobrino, en este mundo no puedes mostrarte tal cual eres. No si deseas sobrevivir —Sus ojos parecieron perderse en el tiempo y, de inmediato, regresaron a la gélida expresión.
—Tienes razón —convino—. Es por eso que las montañas se nos parecen, ¿verdad?
—Exacto —le sonrió afable—. Excepto que esta guarda unas cuantas serpientes dentro —comentó pensando en Marlon; el hijo de su hermana, y en varios parientes y allegados.
—¿Oíste los rumores? —comentó un fey de delicados modos al viperino Marlon.
—¿Cuál de todos? —sonrió con cinismo.
—De que Kaden nombrará a Gontran como su sucesor, en caso de seguir sin hijo que herede el trono —Las facciones de Marlon se endurecieron. Odiaba a su tío que lo tenía todo y no hacía nada, por que él teniendo esa fuerza, teniendo ese ejército habría exterminado a todos y a cada uno de esa familia de engreídos búhos; y odiaba a Gontran por ser el favorito del mismo. ¡Él era el mayor de los sobrinos e hijo de la hermana mayor del rey! ¡A él le correspondía heredar y, de hecho, Kaden sólo era un bueno para nada! ¡Sólo gustaba de acomodar su rústico trasero en su trono! Dio un grito de frustración que asustó a su compañero—. ¡Por los cielos, Marlon! ¡Harás que muera de susto!
—¡Ese mal nacido…! ¡Debí haberlo matado cuando niño! —Pues, al menos le llevaba unos quince años, incluso, era cinco años mayor que el mismo rey. Maldecía a su abuelo por no haber muerto antes de que Kaden tuviera edad para heredar, de haber sido así, la historia hubiera sido diferente y, hoy, él estaría ocupando su sitial, porque él no iba a conformarse con ser regente y luego regalar su trono a un niño consentido como lo fue su tío.
—¡Ay, Marlon, debieras tomar algo para los nervios! —aconsejó el otro—. ¿Por qué no vienes a mis aposentos y te… preparo alguna infusión? —Le sonrió seductoramente. El hombre lo observó con recelo.
—Liroye, no gastes tus encantos conmigo.
—No puedes culparme por intentarlo –Sonrió desfachatado—. Aquí todos son tan masculinos… —Exhaló un suspiro, en parte, por el hecho que eso le jugara en contra y, por otro lado, porque le gustaba que lo fueran—. Son muy pocos los que se atreven a dirigirme la palabra y ni hablar de nuestro rey o Gontran.
—No he visto que te traten con desdén —refutó el otro descreído.
—¿Y quién te dijo que quiero sus desprecios? Daría lo que fuera por su mero cariño. ¡Son tan sexys! ¡Con gusto me arrojaría sobre sus…!
—¡Por favor, Liroye; no hagas que me enferme! Te tolero porque eres bueno para enterarte de todo cuanto sucede en ambos castillos, pero, no quiero saber sobre tus… singulares preferencias.
—Tú te lo pierdes —aseguró absolutamente convencido—. Bueno, seguiré intentando con tu hermanito, entonces.
—¡Haz lo que quieras, Liroye; pero, no me estés contando tus asuntos, por todos los cielos! —se retiró ofuscado.
Él no tenía la fuerza física de su tío o de su primo, pero, era un hábil estratega y más de una vez quedaba disconforme con la forma de ataque de su soberano. "Pura fuerza bruta;" pensaba despectivo; "y nada de cerebro." Además, él tenía conexiones que deseaban lo mismo que él; destronar al inútil de Jareth y al bruto de Kaden; sin ellos dos en el Underground, el camino al trono del Alto Rey estaría libre de obstáculos. Aquella mujer le había ofrecido un trato y él lo había aceptado. También le había ofrecido algo más que eso; rió al recordar cuánto parecía disfrutar de él en la cama. Cuando ya no le sirviera también se desharía de ella. Claro que Lady Lilith ahora vivía en el destierro y no era tan sencillo ubicarla como cuando en su juventud se había convertido en la amante de Kaden.
En algún lugar oscuro, una inocente muchacha dormía plácidamente en su hermosa alcoba… Una sonrisa en su rostro dejaba ver sus más bellos sueños. Y una mano sobre su cabeza, depositaba algo sobre sus encantadores cabellos…
El bandido se retiró en silencio, caminando en puntillas de pie; afuera, un par de goblins le aguardaban con unos frascos vacíos en las manos y caminaron a hurtadillas al lado de los pies descalzos. Otra puerta se abrió; cuyo interior, a oscuras, recibió al desconocido con sus pequeños y horripilantes secuaces.
Un grito espeluznante sacudió los cimientos del castillo goblin; pronto, las luces se encendieron y aparecieron guardias por doquier en busca de lo que fuera que lo hubiere provocado. Hasta el Rey Goblin y el Príncipe Erwin salieron de sus respectivos cuartos, espadas en mano.
—¡Es Alin! —clamó su preocupado padre, por lo que Jareth desapareció y reapareció en la habitación de la joven.
Alin no podía controlar sus histéricos gritos y saltos sobre su lecho, así como tampoco podía remediar que esos diminutos y repugnantes seres babosos anduviesen por su cabeza. ¿Por qué no intentaba quitárselos? Pues, la última vez que lo intentó, en su desesperación aplastó a uno en su cabello, y a nadie le gustaría tener un molusco gasterópodo reventado en su persona, ¿verdad? Por lo cual ella sólo atinaba a sacudir sus manos con frenesí delante suyo como queriendo espantarlos. Ignoró el "¡POP!" que sonó cerca de ella, así como también la risa del monarca.
Jareth había esperado algo terrible. Y si bien el adjetivo no era aplicable al suceso, sí lo era el autor del mismo. Erwin abrió la puerta y se halló con el caótico estado de su niña. Jareth hizo un giro con su muñeca y los pobres caracoles y babosas fueron transportados a las húmedas paredes del laberinto. La muchacha tampoco llegó a percatarse de ello, tan ocupada como estaba en seguir gritando su asco. Jareth se acercó lentamente a ella y la abrazó amorosamente intentando apaciguarla.
—Alin; Alin. Ya pasó, se fueron —Sin embargo, no podía evitar reír por lo bajo—. Ya toda tu alcoba está libre de caracoles y babosas.
—¡Fue él! ¡Estoy segura que fue él! ¡Siempre es él! —acusaba enfadada y llorosa a su ausente hermano.
—Bueno, bueno —El Rey Goblin continuaba con su serena voz—. Yo mismo iré a ver si está en su cuarto durmiendo o está fugado en algún sitio, ¿de acuerdo?
—¡No quiero que te vayas! ¡Quédate conmigo o él enviará más de esos bichos! —lo aferró fuertemente del brazo. Jareth observó a Erwin.
—No hay problema, yo iré a ver al… sospechoso —aclaró el padre de la muchacha—. ¿Jareth, serías tan amable de hacer que la vea el médico? Después de todo, ha sido un gran susto el que se ha llevado.
—No te preocupes, tío. Yo me haré cargo de mi primita —sonrió viendo cómo todavía caían lagrimones por las mejillas y se aferraba a su pecho como si él fuera la salvación del mundo—. Veremos al doctor y haremos que te higienice el cabello, ¿bien? —Toda la respuesta que tuvo fue un afirmativo movimiento de cabeza y un infantil 'mh-uh' que brotó una sonrisa tanto en el padre como en el primo que la elevó en brazos cual niña pequeña, en tanto, Sir Erwin se dirigía junto a un agotado suspiro hacia la habitación de su hijo.
—¿Todo está en orden, Su Majestad? —indagó Scary, el mejor de los guardias goblins que le acompañaba a donde fuere.
—Sí, sólo caracoles en la cabeza —aclaró risueñó.
—Oh. Como la última vez.
—Exacto.
—No es gracioso… —gimoteaba ella sobre el pecho del monarca.
—Lo sé; lo sé, mi bebé —Ocultó su sonrisa—. Ese hermano tuyo se ha metido en problemas esta vez.
—¡No te burles! —continuaba protestando y él no pudo evitar reír.
—De acuerdo; de acuerdo. No volveré a hablar de ello —prometió entrando al estudio del doctor.
