N/A: ¡Hola! Espero que les esté gustando esta historia, es que no veo mucho movimiento en esta. ¡Y conste que la pidieron, eh! XD

Bueno, dejemos de llorar un poco y a los agradecimientos: Krissel, gracias por regresar y por haber elegida a esta como una de tus favoritas. (¿Ya? ¡Wow!) Y al resto que la lee en silencio. ¡Sh…! · . · Pero, me gustaría saber sus comentarios, es la forma que tengo de saber si lo estoy haciendo bien o no. ¡Gracias!

Capítulo 3: El Amor, Según Mi Hermano Mayor.

La habitación de Conrad estaba a oscuras y hasta hacía unos segundos se podía oír murmullos de risas. Seguidamente se hizo un silencio absoluto cuando los gritos cesaron.

—¿Conrad? —Erwin golpeó suavemente la puerta. Nada. Volvió a intentarlo una vez más con igual resultado—. ¿Conrad, estás despierto? —Mutismo. Entonces, el príncipe ingresó con cautela y con un giro de su mano encendió una lámpara cercana al lecho de su primogénito.

Conrad parecía dormir apaciblemente, una angelical sonrisa se pintaba en sus labios y sus largas pestañas parecían querer acariciar sus mejillas. Su padre no pudo evitar esbozar una sonrisa. Su muchacho, escandaloso y travieso como pocos, pero, sabía que su corazón era bueno y generoso. Además, no había sido sencillo seguir adelante sin su madre, Matrika… Aquel nombre le entristecía y le daba fuerzas al mismo tiempo. Se recuperó y volvió a sonreír. Claro que, no por todo ello iba a permitirle fastidiar a la pequeña Alin.

—¿Hijo, en verdad estás dormido? —indagó ya junto a él. El chico pareció quejarse en sueños y cambió la posición de su cabeza. Sir Erwin ya estaba dándose por rendido y alejándose de la cama, cuando su pie, que había sido observado por los dos menudos goblins, chocó con uno de los frascos que estaban escondidos bajo esta.

—Oh-oh… —murmuró muy por lo bajo uno de ellos.

—¿No bueno? —indagó el otro en el mismo tono viéndolo con preocupación.

—Fritos —aseguró el primero sacudiendo su cabeza con gravedad.

—¿Qué…? —El príncipe miró hacia el suelo por donde el transparente recipiente rodó e inmediatamente lo tomó e investigó pasando un dedo por dentro del mismo. Babaza. Se asomó sagaz por debajo del mueble y si bien no pudo con certeza descubrir de quiénes se trataban puesto que nadie más rápido que un goblin para huir, sí pudo distinguir qué eran. Con prontitud, se incorporó en el momento exacto en que el apacible joven entre las mantas se preparaba para escabullirse—. ¡No esta vez, jovencito! —Erwin lo capturó de una oreja justo cuando uno de sus pies casi alcanzaba el piso al otro lado de la cama.

—¡Oh, no…! —chilló el muchacho en pijamas.

—¡Oh, sí! —Su padre elevó el recipiente de vidrio como para enfatizar que estaba en problemas—. ¿Por qué tienes que fastidiar a tu hermana de esta manera? —lo reprendió. Conrad lo observó algo incómodo, él amaba a su hermanita y sería capaz de todo por ella, pero…, bueno, a veces volvía a asomarse un dejo de resentimiento como cuando nació y… No; no era eso, él podía ver por qué lo hacía.

—Bueno…, es que… —carraspeó con embarazo; a él no le gustaba tener que reconocerlo, de hecho, jamás lo haría delante de ella— la amo —Erwin parpadeó incrédulo ante el adolescente fey a quien le liberó el pabellón de la oreja. ¿Había escuchado correctamente? ¿Le estaba diciendo que su manera de mostrar afecto era haciendo bromas?

—Déjame entender esto —dijo tratando de acomodar la información recién recibida—, ¿tú molestas y haces irritar a tu hermana para manifestarle tu cariño?

—S-sí… Algo así —continuaba perturbado. ¿Por qué debía profundizar el tema? ¡Ya le había hecho confesar su secreto! Su padre lo miró con intensidad.

—¿Algo así, ah? ¿Y por qué no mejor decírselo o expresárselo con un abrazo, un beso o… no sé, con bonitos regalos, un paseo, un momento de sana diversión o…?

—Padre, es que… ese no sería yo —aclaró seriamente—. Lo que ella espera de mí no es un hermano mayor que se desvive por su hermana pequeña; si no, todo lo contrario. Si yo me comportara como un hermano responsable y demás, ella… no me creería sincero. ¿Entiendes? Así que no debo empeñarse en ser… el hermano perfecto —Agachó la cabeza avergonzado, temeroso de que su padre lo tomara por loco o infantil. Erwin lo estudió y finalmente una mueca se posó en sus labios, que seguidamente se convirtió en franca risa. Conrad le vio sin comprender y se vio atrapado en un abrazo.

—Mi disparatado muchacho, sin embargo, lo haces y lo eres. Tontito, claro que la amas pese a lo mucho que te has quejado desde que supiste que tendrías que compartirnos con ella —Lo acercó más a él—. Y yo los amo a ambos, con todo mi corazón —La mirada de padre e hijo se cruzaron y se sonrieron—. Pero…

—Ya sabía yo que vendría un 'pero' —protestó débilmente junto a un suspiro de resignación. Erwin trató de controlar su risa y siguió valientemente hablando con calma.

—…nada de caracoles ni babosas, ¿bien? Ella realmente les tiene aversión y a ti no se te ha ocurrido nada mejor que ponérselas encima. ¿De acuerdo? Pequeñas bromas, sí; grandes bromas, no. Limites.

—De acuerdo… —consintió desganado—. Pero, eso no suena a gran diversión.

—¡Oh, vamos! Ahora no te pongas dramático que aún no te he dicho tu castigo.

—¿Castigo? —se desconcertó y comenzó a refutar—. ¿Por qué? ¿Después de esta… confesión? ¿Después de esta… charla padre a hijo; hombre a hombre…? —Erwin le irrumpió con una mano en alto en señal de silencio.

—Hijo, sabes que a mí no me convences con eso. Me enorgullece que seas bueno con las palabras como búho que eres, pero, nunca con un búho más viejo, mi muchacho —Elevó una ceja y dejó ver una media sonrisa, muy similar a la de su sobrino—. Al menos, no con tu padre.

—¡No es justo!

—Sí lo es. Ahora, ve a disculparte con tu hermana y a la cama. Mañana deberás pagar por este embrollo en el que te has metido. Seré tan justo como sea posible, ¿bien? —Conrad volvió a exhalar vencido.

—Está bien… —Se dirigió hacia la salida y, de repente, giró para ver a su padre—. Pero, no le digas lo que te conté.

—No le diré. Pero, estoy seguro de que ella sabe que la amas. Y sería lindo que se lo dijeses alguna vez.

—Bueno…; no sé… No esta noche. Además, no me querrá oír esta noche —Retomó su camino. Sir Erwin sacudió su cabeza, ambos retoños eran imposibles; tanto como él y su bella Matrika.

Cuando Conrad llegó al consultorio del doctor, Alin ya había sido aseada y levemente sedada para que no tuviera problemas para conciliar el sueño. En ese momento, Conrad se sintió el peor hermano del mundo. Él nunca había pensado que le afectara tanto un par de bichos en la cabeza. A él siempre le habían parecido bastante simpáticos, a su modo. Como había prometido, nada de grandes bromas, ahora veía que podía resultar demasiado malo. Pero, sí buenas bromas. Se alegró pensando en su futuro modo de enojarla. ¿No parecía muy enamorada de Jareth? ¡Hasta parecían una parejita de tortolitos! Él tratando de serenarla y ser condescendiente y ella tan agarroteada a él, pensó con burla. Sí, eso la irritaría; ¿Jareth? Bueno, él no se enojaría, mas, sería probable que saliera a la defensa de Alin. ¡Bah, como si él fuera un santo! ¡Muchas cosas las había aprendido de él, pues!

—¿Alin? —la nombró seguro de que le sacaría corriendo—. ¿Estás bien? —La muchachita dio vuelta el rostro indignada—. Por favor, Alin, no estés enfadada…

—¡Eres un tonto! ¡Ya no te quiero! —Le mostró la lengua incluso torciendo sus ojos.

—¡Oh, vamos, Alin! —Jareth intervino—. No seas tan dura con él. Se nota que está arrepentido. ¿Por qué no le das una oportunidad?

—¡Porque es…! —Hizo silencio al ver la compunción en la mirada de su hermano—. ¡Mejor que nunca vuelvas a hacerlo! —sentenció dando vuelta el rostro y cruzándose de brazos con tozudez.

—¡Te lo prometo! —Conrad afirmó—. ¡Nunca más! ¿Me perdonas, Alin? —Su tono era honesto. Desde su aventajado puesto, sentada en la camilla, ella le vio de reojo con cierta pedantería para otra vez evitar verle.

—¡De acuerdo! Te perdono. ¡Pero, sólo por esta vez!

—¡Gracias, hermanita! —Su alegría era fidedigna y la abrazó de improviso—. Eres la hermanita más engorrosa que hay, pero, te aprecio.

—¡Quítate, tonto! —Alin lo empujó ante la risa de su primo.

Nadie advirtió que a través de las ventanas, un águila observaba atenta con sus despiadados ojos… Sólo necesitaban un punto débil del Rey Goblin, ahora, ya lo tenían. Miró a la muchachita una vez más. Presa fácil. Y retomó vuelo hacia las altas montañas, allende de Labyrinth y aún mucho más allá, donde su señor le aguardaba.