Capítulo 4: Nido De Águilas.

N/A: En vista de que hoy estoy un año más vieja, les deseo... sabiduría. (les dije que estaba más vieja)

El viento azotaba ferozmente al ave rapaz que intentaba vencer los obstáculos en el cielo, en tanto, una tardía nevada atacaba las espigadas cumbres. Finalmente, alcanzó la azotea del castillo y, allí, su cuerpo se modificó en un hombre, tan aguerrido como cualquiera de los montañeses. Sus botas tomaron camino por diferentes pasillos y escaleras hasta al fin alcanzar la alcoba de su amo.

Marlon sintió el golpe de los nudillos en la puerta y dio la orden de ingreso; no necesitaba saber de quién se trataba, pues, sólo uno de los suyos podía reproducir ese ritmo.

Graham se hizo presente e hizo una inclinación al noble frente a sí. Había tenido un largo viaje y no se había detenido desde que había partido del centro de Labyrinth.

—¿Qué novedades tienes, Graham? —inquirió con pedantería.

—Mi señor, usted me pidió el talón de Aquiles del Rey Goblin y yo se lo he traído, amo —Se arrodilló con sumisión. Marlon le estudió con ansias.

—¿Qué es, dime? —le apresuró.

—Una muchacha.

—¿Acaso ese bueno para nada está cortejando a una muchacha? —se mofó.

—No, mi señor; es mejor aún que eso. Esta lleva su sangre, amo. Es su prima, la cual profesa adorarlo y él a ella. Usted tiene tres opciones, su tío; su primo o su prima. Si acepta mi consejo, por lo que yo he visto cualquiera que escoja podría hacerle provocar una guerra contra nuestro rey, pero, parece tener especial cariño hacia la chica. Además, ella es muy joven —afirmó con maldad—. Eso es otro motivo por lo cual el rey enceguecerá más.

—Tienes razón… Qué irónico que siendo quien debe cuidar a los más pequeños no pueda proteger a los suyos —Se echó a reír sólo como un demonio haría—. Muy buen trabajo, Graham. Me encargaré de recompensarte cuando llegue el momento. Una vez que ella esté a nuestra merced, puedes tenerla si es de tu agrado.

—Gracias, mi señor —Correspondió la sonrisa—. Ella es bonita e… ingenua. Perfecta para mancillar.

—No lo dudo —replicó el otro de igual talante—. Ahora, ve a buscar a mi hermano menor y a Liroye, necesito encargarles algunas tareas. Luego puedes ir a descansar unas horas. Hay mucho por hacer… —Permaneció viendo a la nada con perversidad.

—Hola, bonito —canturreó Liroye a espaldas de un agraciado muchacho de apenas unos veinte años, el cual parecía estudiar la lontananza desde una ventana. Sus ojos verde oliva parecían despedir destellos de oro silvestre que daban más luz a su castaño cabello crespo. Cuando vio al otro se echó a reír. Liroye era alto en comparación a cualquier forastero, pero, no tenía la estatura de un guerrero, siendo hijo de una sylph y uno de su familia. Su oscura melena caía graciosamente sobre sus hombros en adorables rizos y rostro podía llegar a ser casi angelical, no así su pícara y azul pizarra mirada que hacía a más de una querer corregir sus aficiones sexuales.

—Liroye, si tu intento fue asustarme o sorprenderme, déjame decirte que no funciona, amigo mío. Eres… muy original tanto en tu tono de voz como en tus modos.

—¡Vaya manera delicada de decirme afeminado! Si sigues así terminarán creyendo que eres como yo —Volvió a hacerle divertir.

—¿Y piensas que ya no lo hacen? Soy uno de los pocos con los que te hablas.

—¡Ay, sí! ¡Mi hermoso y joven amigo, seducido por este… 'paria remilgado'! —Se mofó de sí mismo ante el resto de los hombres guerreros.

—Tú no eres un paria, Liroye —aseguró el otro con seriedad.

—¡Gracias! Amigos como tú no se encuentran a menudo —Lo atisbó con mofa. Devis le correspondió.

—Bueno, según tengo entendido soy el único que tienes.

—Mejor malo conocido que bueno por conocer —fue su excusa y Devis sólo pudo dejar brotar su risa una vez más.

—Mi hermano en verdad piensa que quieres algo conmigo y que yo estoy al borde de caer a tu seducción.

—¿Y qué hay de malo con ello? ¿Acaso has visto a alguien tan refinado y bien parecido como yo? No, ¿verdad? Entonces, no hay de qué quejarse. Él no tiene mucha clase que digamos.

—Él ni siquiera sabe de qué se trata la palabra 'clase…' —Quedó lánguidamente suspendido en el tiempo—. Ni honor —murmuró sin pensar.

—Ni sacrificio —Liroye agregó viendo a su único amigo de toda su vida. Devis le correspondió con una triste sonrisa.

—Ni sacrificio.

—Pero, estaremos juntos, al menos —habló con resignación.

—Como siempre —rió una vez más por lo bajo. Liroye era un hombre inteligente y engatusador, pero, no con él. De hecho, podía confiar más en Liroye que en cualquier otro pariente, a excepción del rey. Pero, siendo hermano de Marlon, ¿qué posibilidad tenía de que su tío le creyera? Entonces, su amigo y él decidieron tomar cartas en el asunto, sólo debían actuar con prudencia; credibilidad y rezar—. Y estaremos bien —pasó un amistoso brazo sobre los hombros más bajos que los propios. En eso, un grupo de guerreros pasaron y escondieron sus sonrisas. Liroye se incomodó y alcanzó oír el risueño murmullo de los hombres alejándose. Devis no había siquiera movido un dedo de encima de él.

—Devis, en verdad un día de estos te meterás en problemas por mi culpa…

—Liroye, de verdad un día de estos tú te meterás en problemas por ser tan tonto. Soy tu amigo y te acompañaré a donde vayas. Aquel juramento cuando niños no ha perdido valor para mí, Liroye.

—¡Estúpido…! —dijo emocionado llevándose un puño a los labios para cubrírselos—. ¡Ya me has hecho llorar! —Sacó un fino pañuelo con bordados de su manga y se limpió las lágrimas que asomaban en sus ojos.

—Tú siempre lloras por cualquier tontería —aclaró el otro con cordialidad—. Eso tampoco ha perdido valor. Y si tengo que ir a golpear a esos idiotas como cuando niños, lo haré.

—¡Oh, Devis, te amo! —Lo abrazó en un impulso y este volvió a divertirse con desenfado. Liroye lo liberó para verle—. Es una pena que vayas por el camino de las faldas —Devis lo atisbó con sorpresa.

—¡Oh, siempre pensé que ese eras tú!

—Bueno, debes admitir que existe una diferencia, a mí me gustaría estar dentro de ellas, en tanto, tú prefieres perseguirlas —Hizo una pausa y tras un segundo de pensarlo, aclaró—. A las faldas me refiero, no a quienes las usan.

—Mal pensado —se burló el otro y se fueron riendo y conversando, después de todo, Liroye sólo había ido en busca de él para presentarse ante Marlon.

—Su Majestad —Marlon se inclinó al ver pasar a su tío. Devis y Liroye, algo más apartados, veían la situación.

—Marlon —El hombre lo nombró secamente—. Dime, sobrino, ¿con qué derecho tú dices a nuestros vecinos que pueden recurrir a mí haciéndoles creer que yo voy a hacer su trabajo sucio?

—¡Oh, no, Su Majestad! ¡No es así como usted lo expone! —Eso fue todo lo que pudo decir, pues, Kaden lo hizo caer de un solo revés de su poderosa mano.

—¡No te atrevas a refutar lo que he visto y he oído, Marlon! ¡Tú juegas mucho con mi paciencia, pero, un día ni siquiera nuestro parentesco te salvará de mi furia!

—Lo siento, mi señor —volvió a inclinarse con sumisión ocultando el odio de su mirada. El rey se acercó a él tanto como le fue posible para mantenerse digno de su posición.

—Espero que así sea, Marlon —Su tono denotaba peligro—. Y también espero que no olvides que en verdad soy tu señor —Se irguió en su totalidad con imponencia—. No me agradas, sobrino, y no lo oculto. Esa es la gran diferencia entre nosotros —Le dejó carcomiendo su rabia.

Al pasar junto a los otros dos, estos inmediatamente le saludaron con el merecido respeto.

—Liroye —Sonrió el soberano—. Necesito de tu sentido del buen gusto, muchacho; debo hacer un obsequio a una dama a cuya celebración no asistiré.

—A su servicio, Su Majestad —Volvió a arquearse.

—¿Devin, estás preparando a los nuevos hombres como te pedí?

—Al pie de la letra. Cuando guste, Su Majestad, puede presenciar el entrenamiento. Sería un honor para mí y los muchachos.

—Lo haré. Otro día, ahora debo ir a ejercitarme un poco —Se oyó venir a alguien tras su espalda, por lo que el rey giró. Gontran sonrió a su tío, espada enfundada en mano—. ¿Ya estás listo, sobrino?

—Siempre. No todos los días tengo la oportunidad de tan digno oponente —Kaden rió por lo bajo.

—Vamos, entonces. Necesito de un poco de ejercicio —Espió con disimulo a su otro sobrino que atisbaba hacia ellos con cierta inquina. Cuidadosos, Liroye y Devin se hicieron a un lado. Kaden no debía sospechar de ellos, así como tampoco Marlon.

Los dos guerreros se midieron, pesadas espadas en mano; desnudos torsos brillando por el sudor que se perdía en las estrechas caderas de sus ajustados pantalones; músculos que se tensaban y se relajaban ante golpes y esquives; largos cabellos negros que escaparon del agarre de sus cintas y se pegaban a la húmeda piel. Dos colosos. La misma sangre; el mismo cariño y el mismo orgullo. El amo de las montañas triunfó tras un descuido del más joven que se vio sorprendido con el filo del arma en su cuello. Lejos de amedrentarse el vencido o de vanagloriarse el vencedor, dejaron brotar sus carcajadas. Kaden palmeó la espalda de su sobrino sin miramiento y este hizo igual.

—¡Eres bueno, Gontran! ¡Muy bueno!

—No tanto como tú —Se dirigieron hacia unos criados que les acercaron unas toallas para secarse, las cuales frotaron vigorosamente sobre sus cuerpos. En las alturas de las gélidas montañas, quedarse con la humedad a cuestas podía ser arriesgado.

—Los años, sobrino: los años te forman. Y… como decía mi padre, te enseñan o te matan —Ahora, elevó una copa que su sirviente le acercó y seguidamente le alcanzó otra a Gontran.

—Eso suena a sabio consejo.

—Lo es. Nunca dejes que nadie te pise, pero, cuando lo hagan, aprende y vuelve a elevarte, aún más alto que antes. No tendrás muchos amigos, pero, estarás seguro de quién eres y hacia dónde vas.

—Tú eres tan sabio como el abuelo. Brindo por eso.

—Y tú también lo serás —Lo observó profundamente—, algún día —Gontran hubiera preferido no sacar el tema. Él podía ver a su tío, poderoso y fuerte como pocos, pero, también podía ver lo solo que estaba. Especialmente después de haber puesto todas sus esperanzas en Lady Elicia y verlas hacerse trizas, había decidido firmemente no entregar el reino a ninguna mujer codiciosa o traicionera, era de la firme idea de que si debía elegir compañera, al menos, debía ser honesta. Ya no pedía que lo amasen, pero, sí fidelidad hacia su reino y su gente. Mas, hasta el momento, ninguna había llamado la atención a su tío y, sin un heredero en puerta, este tenía pensado nombrarle como tal.

—Tío, yo no sé si estoy a tu altura —Kaden le miró con cierta extrañeza.

—¿A mi altura? ¿Desde cuándo te mides conmigo?

—¡Vamos, tío! No hay niño, muchacho u hombre que no quiera ser como tú. Tú eres un todo héroe.

—Y ustedes unos tontos —dijo sin ningún reparo entregándole la copa al criado—. Prepárame el baño —El delgado y andrógino sylph asentó con la cabeza y se retiró para obedecer—. Un hombre no tiene que querer ser como otro, si no quien debe ser. Si intentas ser como alguien más, Gontran, fracasarás.

—¿Entonces, por qué seguir tus consejos? —Al joven guerrero se le iluminaron los pardos ojos con diablura. El soberano rió.

—De acuerdo; ahora la disputa será a nivel filosófico, al menos podremos definirla hasta que esté listo mi baño. —Gontran rió por lo bajo, tan masculinamente como el otro. En realidad, tenían mucho en común y compartían la misma idea de justicia, eso era lo que había creado la posibilidad de que alguna vez llegase a heredar el trono.