Esta historia no me pertenece, es de Alessandra Neymar.

Los personajes de Naruto no me pertenecen, le pertenecen a Kishimoto

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Advertencias de esta historia:

-Hinata RTN

-Lenguaje vulgar

-Violencia

-Muerte de personajes

Parejas:

-Sasuke/Hinata; Naruto/Shion; Kiba/Ino… entre otros.

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Resumen completo:Hinata Hyuga, una joven adolescente de la alta nobleza japonesa, regresa a Tokio tras muchos años de internado sin entender muy bien por qué su familia la quiere de vuelta. Allí se reencuentra con Sasuke Uchiha, un conocido de la familia con quien nunca ha tenido muy buena relación. Sasuke es terriblemente atractivo, impulsivo, y no parece tener más preocupaciones que las peleas con otras bandas y coquetear con chicas de piernas largas. Al empezar el curso, Hinata y Sasuke verán que no sólo comparten la misma clase sino también el mismo grupo de amigos. Lo que empezará con odio irá desembocando a una tensión cada vez más fuerte, con provocaciones cada vez más descaradas y situaciones límite… Y cuando finalmente ambos se atrevan a aceptar sus verdaderos sentimientos, deberán sortear obstáculos que nunca hubiera ni imaginado….


CAPÍTULO 2

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Pov. Hinata

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—A Konoha Distrit, lo más rápido posible, por favor —dije sabiendo que llegaría con retraso. Solo faltaban diez minutos para las doce.

Coger un taxi me llevó cerca de quince minutos. Y cuando lo logré, me topé con un vehículo que parecía rodar de puro milagro. Al tomar asiento, me clavé las bolitas de color teja de la funda del asiento. La voz de una cantante con problemas de garganta surgía de la radio. —Me llevó unos segundos reconocer que se trataba de música árabe—. Un olor a kebab rancio cubría todo el interior.

—Dios, tendré que volver a ducharme en cuanto llegué —mascullé al descubrir que había grasa por todos lados—. Dígame, ¿ha pensado en lavar este trasto?

El hombre sonrío y aceleró de golpe provocando que me estampara contra el asiento delantero. Lo hizo a propósito, pero no me molestó. Es más, sonreí.

—Señorita, se hace lo que se puede.

—Si usted lo dice.

Para ser casi medianoche, el tráfico era insufrible. Tan solo tres calles nos había llevado los diez minutos que tenía de límite. Y ahora nos encontrábamos en otro atasco.

—¿Está usted seguro de que este era el camino más corto?

—En Tokio no hay atajos, señorita. Debería saberlo.

—Ya, claro. Usted está buscando propina —resoplé mientras el hombre sonreía.

—Por supuesto. Tengo que alimentar a mis tres esposas.

Le miré con los ojos abiertos de par en par.

—¿No lo dirá en serio?

Mi comentario le hizo aún más gracia.

—Solo bromeaba. —Negó con una mano.

—En fin, si acepta tarjeta, podemos llegar a un acuerdo. Siempre y cuando no lleguemos más tarde de las doce y cuarto. De lo contrario, se encontraría con un cadáver —le dije tan dramáticamente como pude.

—¿Dónde vive exactamente?

—En la mansión Hyuga.

El taxista abrió la boca ligeramente. Después me observó por el retrovisor. Sin duda, no esperaba que viviera allí.

—¿Y qué hace cogiendo un taxi? —preguntó avanzando unos metros y volviéndose a detener.

Por suerte, ya estábamos en la Plaza que quedaba cerca.

—Quiero independencia…

De repente, su puerta se abrió y un chico arrancó al taxista del asiento de un tirón. Solté un chillido al verle rodar por el suelo mientras se quejaba y maldecía. El chico se subió al coche, cerró la puerta y comenzó a maniobrar de una forma tan experta como brusca. No me dio tiempo a verle la cara, porque caí entre los asientos cuando dio un giro violento, pero sí pude escuchar cómo chocábamos con varios vehículos.

Me incorporé sin dejar de gritar.

«Que no sea un secuestro. Que no sea un secuestro», me iba diciendo a mí misma para tranquilizarme.

Volvió a virar rápido para entrar en la Plaza sin el menor temor a atropellar a algún peatón. Dios, iba a morir, seguro.

Le miré. Era joven, de mi edad más o menos.

—¡Me cago en la puta! ¡¿Cómo coño se apaga este trasto?! —gritó sofocado, intentando apagar la radio.

Será gilipollas.

Soltó el volante y se puso a darle golpes con el puño y con la pierna como si se le fuera la vida en ello. ¡Estaba loco!

La chica con problemas de garganta dejó de sonar enseguida, pero la música fue sustituida por las sirenas de la policía. Venían detrás de nosotros.

—Maldita mierda de coche. ¿Por qué coño no he cogido el Fiat? —gritó, a la vez que se percataba por fin de que tenía compañía tras él—. ¡Joder!

Aproveché para atacar y me lancé sobre él dándole patadas.

—¡No me secuestres, capullo! ¡Déjame bajar! —chillé con fuerza mientras él esquivaba mis golpes.

—¡¿Quieres estarte quieta?! ¡Estás delirando!

El coche se desvió de repente y chocamos contra un muro. Salí despedida hacia delante y me golpeé la cabeza y los hombros contra el salpicadero. Los cristales cayeron sobre mí, pero enseguida percibí cómo el chico me cubría. De milagro, no sufrí ningún corte.

Lo empujé y me arrastré hasta la puerta con el cuerpo dolorido. Me lancé al suelo y caí en un charco justo antes de que otro chaval se tropezara con mis piernas. ¿De dónde había salido este?

—¿Vienes a por más? Pain —dijo mi presunto secuestrador.

—Me subestimas.

El tal Pain se lanzó a por el otro chico y comenzaron a pegarse prácticamente sobre mí. Intenté escapar, pero cayeron al suelo y Pain me dio un puñetazo en el hombro.

—Quita de aquí, joder —me espetó.

Le di una patada justo cuando un policía me sujetaba por la espalda y me arrastraba fuera de allí. El acero caliente del capó fue lo que sentí en mi cara mientras unas esposas me inmovilizaban las muñecas.

Estaba detenida.

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Pov. Sasuke

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Pain logró escapar mientras detenían a la chica. Quise ir tras él, pero ya me habían cazado. Me empujaron contra la pared y me pusieron las esposas.

—Sasuke, ¿cuándo aprenderás? —se mofó uno de los guardias.

—Tú no podrás ver ese día porque estarás de guardia de seguridad en un centro comercial.

Me encargaría de ello en cuanto pudiera.

—Qué gracioso. —Hizo una mueca antes de empujarme hacia el coche—. Vamos, esta noche dormirás en el calabozo.

La chica no dejaba de gritar y se resistía a entrar en el vehículo. Estaba toda desaliñada, pero aun así exhibía un cuerpo increíble… y bastante ágil. Colocó una pierna en la puerta y empujó hacia atrás provocando que dos policías tuvieran que reducirla. Finalmente entró y comenzó a dar patadas a los asientos. Sonreí.

—Señorita, cálmese o tendrá problemas.

—¡Ya los tengo! ¡Le juro que se arrepentirán de esto! —les gritaba, y yo opinaba lo mismo—. Yo solo iba hacia mi casa cuando este gilipollas —dijo señalándome con la cabeza. Alcé una ceja, incrédulo— sacó al taxista del coche y comenzó a conducir como un loco.

—Todo eso podrá contarlo en comisaría.

—¡¿Qué?! ¡Oh, Dios mío! —Dejó de hablar y se desplomó en el asiento.

Por fin pude observarla con tranquilidad. Era increíblemente guapa; piel pálida y tersa, labios carnosos, nariz perfecta y unos ojos grises perlados muy claros y deslumbrantes. Casi iluminaban la penumbra del vehículo. Tenía el cabello muy largo y liso, de un color negro azulado. Del cuerpo no pude ver mucho, pero apuntaba maneras.

—¿Qué coño estás mirando, imbécil? —me preguntó clavando aquellos ojazos en los míos.

Jamás había visto una belleza igual.

—¡Eh, tranquila! Deberías relajar el labio… mira, se hace así. —Comencé a mover la boca lentamente.

—Serás… —Se lanzó a por mí.

Poco podía hacer con las manos detrás de la espalda, pero un mordisco podía hacer daño.

—Hayate, esta chica intenta matarme —le dije a uno de los policías en tono jocoso.

—Si lo consigue, le estaré eternamente agradecido.

—¡Ja! qué gracioso. —La empujé con un hombro—. ¿A qué comisaría vamos?

Hayate me miró con cara de pocos amigos mientras la chica me enviaba miradas asesinas.

—Ya lo sabes.

—No, no lo recuerdo —ahora me tocaba mofarme a mí. Sabía exactamente donde nos dirigíamos.

—A la militar de Konoha, y ahora cállate —le gruñó el policía.

Konoha, perfecto. En una hora estaría en la calle.

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Pov. Hinata

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Mi compañera de celda se sentó justo a mi lado y me observó con… ¿avidez? Rezaba para que Kakashi llegara cuanto antes. Ya le había llamado y me había dicho que no tardaría. La verdad es que parecía bastante tranquilo, como si ya supiera lo que había ocurrido. Al niñato chulo se lo habían llevado a otra celda, así que no sabía si había hecho su llamada ni si le dejarían salir pronto. Esperaba que no, y que se pudriera allí dentro.


Tiempo Actual

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Aquella mujer tan desagradable comenzó a invadir mi espacio vital abalanzándose sobre mí lentamente.

—¿No sería mejor que habláramos un rato? Tu y yo podríamos ser amigas.

No, no seríamos amigas nunca.

Su boca dibujó algo parecido a una sonrisa. De repente, estampó su nariz en mi mejilla e inhaló mi aroma ruidosamente. Me quedé quieta, con los ojos como platos y sin saber qué hacer.

—Hinata Hyuga —llamó justo en ese momento el policía que respondía al nombre de Hayate.

Me levanté ipso facto y me lancé a los barrotes entre los que ya veía la tranquilizadora figura de Kakashi.

—¡Gracias al cielo! —exclamé antes de que la puerta se abriera—. Quita de en medio. —Empujé al policía que me franqueaba la puerta y me tiré al cuello de Kakashi.

Sus brazos me rodearon suavemente, apretándome contra su cuerpo. Su calor me calmó… pero solo unos segundos. Cuando volví en mí, me aparté de él y comencé a despotricar.

—Mi primera noche en Tokio y acabo aquí por culpa de un capullo que está loco. Créeme Kakashi, temí por mi vida. Deberían encerrarlo en un manicomio. Comenzó a pegarse con otro tío y me aplastaron. Y minutos antes nos estrellamos contra un muro. ¡Mira mi ropa!.

Extrañamente, Kakashi parecía divertido. Me cogió de los hombros y me obligó a mirarle.

—Cálmate, Hina, mi amor. No hay de qué preocuparse.

—¿Que no hay de qué preocuparse? ¡Mi padre me matará!

—Hiashi cree que duermes en casa de Sakura. Ya está todo listo, ella te espera en su casa.

Volví a abrazarle.

—Eres mi ángel.

En ese momento, la reclusa estiró el brazo, cogió un mechón de mi cabello y comenzó a olisquearlo entre los barrotes. Hayate la alejó y a Enrico se le dibujó una sonrisa al ver mi cara de terror.

—Quieta, Fuuka —dijo el policía.

—Sácame de aquí ahora mismo —murmuré con voz ahogada.

—Tengo que quedarme, fuera te espera un coche que te llevará a casa de los Haruno.

Me besó en la frente y me alejé de él a toda prisa sintiendo cómo su mano se separaba de la mía cuando nuestros brazos ya no podían estirarse más.

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Pov. Sasuke

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Usher sonaba con la canción Trading Places mientras me acomodaba en el Bentley de Kakashi. Ya sabía que Naruto y los demás estaban a salvo en mi casa, y que mi padre esperaba a que llegara. Me aguardaba una buena bronca y, en realidad, con motivos. Era la cuarta vez que visitaba los calabozos de la comisaría de Konoha en lo que iba de año. Y tan solo habían pasado unos días desde Nochevieja.

—¿Sabes a quién has arrastrado contigo a la comisaría? —me preguntó Kakashi aparentando seriedad, pero conteniendo una sonrisa.

Él sabía el motivo de mi detención y opinaba que debía haber sido más duro con Pain.

—A una tía que estaba buenísima —recordé sus largas piernas—. En serio, Kakashi, si la hubieses visto, hasta tú te hubieses quedado aluciando.

Soltó una carcajada.

—Ya veo. En realidad, sí, era muy guapa.

—¿Pudiste verla? —pregunté extrañado.

—La saqué del calabozo, Sasuke.

—¿Cómo? —Ahora estaba todavía más perdido.

Detuvo el coche frente al garaje del edificio Uchiha. Cogió un pequeño mando, lo sacó por la ventanilla y pulsó el botón. La puerta comenzó a elevarse y Kakashi aprovechó para mirarme.

—Esa «tía» que estaba buenísima era Hinata Hyuga.

Si esperaba sorprenderme, lo consiguió. Le miré boquiabierto y con los ojos desencajados. Joder, si Hiashi se enterase de que su hija pequeña había estado en el calabozo por mi culpa, me mataría.

«Con la de coches que había en la vía y tuve que coger el taxi que llevaba a Hinata», pensé.

—¿Lo sabe Hiashi? —pregunté temeroso.

—No, pero lo sabe Fugaku.

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—¡Es increíble, Sasuke! Sabes que no puedes ir por ahí pegándote con el grupito de Pain. No dejas de estar en boca de todos y eso nos traerá problemas —dijo mi padre, alterado pero intentando no gritar para no despertar a mi madre y a mí hermano mayor—. Encima, has metido a Hinata Hyuga de por medio. ¿Sabes que hará la prensa si se entera? ¡Dios!

Sentado en un sillón, observaba cómo mi padre caminaba de un lado a otro fumando sin parar.

—Lo siento, tío Fugaku. No volverá a ocurrir —dijo Naruto poniendo cara de no haber roto un plato en su vida.

—Tú a callar, ya te hemos calado —dijo mi tío Kagami—. Y vosotros… —Miró a los demás chicos— ¿Le disteis duro? —Les guiñó un ojo.

Todos nos miramos algo confundidos, pero terminamos riendo.

Estuvimos cerca de una hora comentando la pelea. Incluso Kiba y Lee la representaron en el centro del salón. Lo que comenzó como una reprimenda, terminó como una reunión de colegas que se explican unos a otros sus batallitas.

Sin embargo, durante todo ese tiempo mi mente no estaba en aquel salón, sino en una chica de deslumbrantes ojos grises perlados.

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Pov. Hinata

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El lunes a primera hora me reuní con Sakura, Ino y Tenten en la entrada del Senju Institute. En ese colegio iba a cursar el último curso de enseñanza media antes de ir a la universidad. Me sorprendió que el edificio fuera tan grande. Incluso tenía aparcamiento.

Como bien planeó Kakashi, mi padre no se había enterado de nada de lo que ocurrió el sábado, así que pude pasar el resto del fin de semana con Sakura y sus amigas dando largos paseos por la ciudad y gastando dinero con la tarjeta. Por supuesto, fuimos caminando a todas partes. No podía arriesgarme a tener otro tropiezo. Estaba segura de que pasaría un tiempo hasta que volviera a coger un taxi.

Cuando se lo expliqué a mis amigas, se partieron de risa. No entendí por qué les hizo tanta gracia, la verdad.

Entré en la secretaría. Por su decoración, parecía que estabas en la consulta de un médico de pago: sillones oscuros flanqueando una mesa de cristal con un bonito jarrón con flores rojas. No me extrañaría que esos colores estuvieran pensados para que combinaran con nuestros uniformes. La pared estaba llena de cuadros de alumnos ya graduados y artículos de periódico.

El Senju Institute era la mejor institución educativa de Tokio y sus becas eran muy sonadas. Había una lista de espera de casi dos años para poder entrar. Algunos, como mi padre, se la saltaban utilizando las influencias.

Contemplé mi imagen ataviada con el uniforme en un espejo que colgaba en la pared del fondo. La falda de pliegues roja con los típicos cuadrados en amarillo y negro dejaba al descubierto mis rodillas, algo que en mi antiguo uniforme era impensable. De hecho, aquel conjunto era totalmente diferente al del internado. Era atrevido, incluso sexy, y muy rojo. La camisa blanca se ceñía a la cintura, lo que ayudaba a marcar la figura. El polo rojo era algo más holgado y clásico, con el nombre y el escudo del instituto bordado en hilo dorado, como una imagen típica de la realeza. Aquel jersey era optativo llevarlo, pero a mi madre no le parecía bien que prescindiera de él (me lo quité en cuanto salí de casa). Lo más discreto, por así decirlo, era la corbata y las medias que ocultaban parte de mis rodillas y casi se unían a la falda. Y después estaban los zapatos, que llevaban algo de tacón siguiendo las normas imperantes. Por supuesto, yo me puse unos más altos.

Me acerqué al mostrador, donde una secretaria mordisqueaba un bolígrafo entre sorbo y sorbo de su café.

—Buenos días, soy Hinata Hyuga.

La secretaria se levantó sonriente y se puso a rebuscar mi matrícula en los archivos ordenados alfabéticamente que había tras ella. Extrajo mi carpeta, la abrió y cogió un folio que no tardó en sellar y firmar.

—Bien, estás en Ciencias, ¿verdad? —dijo, mientras se quitaba el bolígrafo de su boca.

—Así es.

—Tu clase es cuarto D. Aquí tienes el horario. ¿Quieres que te acompañe?

—No, no se preocupe. Tengo amigas que van a la misma clase. —Desvié la mirada hacia la puerta. Me saludaron de forma escandalosa desde fuera.

—Genial. Una chica sociable, me alegro —añadió, entregándome el horario—. Bueno, pues que tengas un buen día de clase, Hinata-chan.

—Muchas gracias.

—Si necesitas algo, aquí estaré. Por cierto, me llamo Shizune.

—Estupendo, Shizune. Buenos días. —Salí de la secretaría mirándome el horario.

Compartiría clase con Ino.

—Bueno, ¿cuál es tu clase? —preguntó Ino, expectante, en cuanto abrí la puerta de cristal.

—Cuarto D.

Sakura resopló algo decepcionada.

—En fin, nos veremos a la hora del recreo. Mi clase está en el otro extremo del pasillo. La comparto con tu querida prima.

—¡Y conmigo! Que no se te olvide —añadió Tenten.

—¿Quién es tu prima? —preguntó, curiosa, Ino.

—Shion.

—¡Joder!

En ese momento, Sakura miró por encima de mi hombro. Su cara reflejaba entre fascinación y aturdimiento. Jamás la había visto así.

Un chico rubio con ojos azul cielo se acercó y la saludó fríamente. Era muy guapo, aunque tenía unas extrañas marcas en las mejillas en forma de bigotes. Extrañamente me recordaba a alguien.

—Hola Naruto. No me has llamado en todo el fin de semana —dijo Sakura dándole un suave beso en los labios.

Sin duda, aquel debía de ser el chico del que tanto me había hablado. No terminaban de ser novios, pero ella tenía interés. Más del que él sugería; parecía aburrido.

El tal Naruto me miró y sonrió, pasando de responder a mi amiga.

—Hola, Hinata-chan —dijo arrastrando mi nombre. Sonó sexy.

—¿Y tú eres? —pregunté incrédula.

¿De qué me conocía?

Sakura le lanzó una mirada asesina. Estaba molesta, lo sabía.

Naruto se acercó hasta mí y me dio dos besos.

—Naruto Namikaze, adoptado de Uchiha. Si haces memoria, te acordarás de mí ttebayo—Sonrió mientras se rascaba la cabeza—. Yo y el Teme solíamos enterrarte en la arena cuando veraneábamos en la playa.

Qué tiempos…

Por supuesto que me acordaba. Una vez estuve escupiendo arena durante todo el día. Suerte que Kakashi y Madara Uchiha me protegían.

Había cambiado muchísimo, pero seguía siendo muy guapo. Debía de ser el gen Namikaze, recordaba vagamente haber visto una fotografía del padre de Naruto y era muy guapo; o de los Uchiha que se le hubiera pegado algo (aunque no lo tuviera directamente, pero lo habían criado desde que era un niño): absolutamente todos los miembros de la familia Uchiha eran apuestos. Aunque en ocasiones la naturaleza se excedía más con unos que con otros. Recordé a Sasuke Uchiha. La última vez que lo vi tenía ocho años, pero ya era el más guapo de todos… Y también el más travieso.

—¡Vaya, cuánto tiempo! Casi no me acordaba, lo siento —exclamé sonriente antes de darle un abrazo. La verdad es que me alegraba mucho de verle.

—Estás perdonada. ¿Cuándo has vuelto ttebayo?

—El sábado.

—Lo tuyo es suerte, Hinata. Al final conocerás a todo el instituto en menos de una hora —dijo sonriente Tenten—. ¿Qué pasa, Naruto? ¿A mí no me saludas?

Él fue a por ella a la vez que Ino le daba un codazo simulando estar cabreada.

—Para ti también hay, gatita.

—No me llames así baka. —Ino fingió molestarse para después sonreír y besarlo en la mejilla.

El timbre interrumpió nuestra conversación, lo que hizo que también me fijara en que Sakura se había quedado un poco apartada y nos miraba con los brazos cruzados sobre el pecho. Ahora sí que estaba enfadadísima. Me pregunté si me echaría a mí la culpa.

Se despidió de mí con un gruñido nada más llegar al segundo piso, y se alejó caminando aprisa mientras Tenten le seguía de lejos.

Miré a Ino, desconcertada.

—Es por Naruto. Él no le hace mucho caso —explicó antes de cogerme del brazo y comenzar a caminar—. Pero no te preocupes. Venga, que te pondré al día.

Comenzó a señalar a diversas personas con las que nos íbamos cruzando por el pasillo; me decía sus nombres y cómo eran. En ese momento mi prima pasó justo a nuestro lado.

—Dios las cría y ellas se juntan —dijo escondiéndose detrás de mi hombro.

Ino quiso hablar, pero la interrumpí.

—¿Es por eso por lo que somos primas, Shion? —dije dándome la vuelta y cruzando los brazos.

Me miró de arriba abajo y salió disparada.

—Creo que he encontrado mi alma gemela. Con la diferencia de que tú eres sexy de natural y yo tengo que luchar por serlo. —Ino meneó la cabeza de un lado a otro. Tonta. Sabía que lo decía de broma, ella era muy consciente de su belleza.

—No desesperes. — le seguí el juego.

—Lo intentaré. —Reímos antes de que prosiguiera con sus fugaces y agudos retratos—. Esa es Tayuya, y la otra pelirroja larguirucha es Karin Uzumaki. Son las secuaces de tu primita. Igual de zorras, créeme.

—No creía que nadie pudiera igualarla —dije.

Ino soltó una carcajada.

Tayuya era una pelirroja bajita y peripuesta, pero la llamativa (si se le puede llamar así) era Karin, otra pelirroja estirada que enseguida me recordó a una llama.

—Y esa que está apoyada en la pared es Matsuri. —Ino se acercó a mí para susurrarme—: No te fíes de ella, es una chismosa. También es la encargada del periódico de la escuela.

Era una chica castaña y bastante atractiva. De lejos se podía confundir con una Barbie en edición limitada… no por prestigiosa, sino por lo pronto que se hartarían de ella.

Con el dedo índice se enroscaba un mechón de su cabello mientras coqueteaba con un chico de cuerpo perfecto. Me recreé en mirarle. Nadie llevaba el uniforme como él: desenfadado, pero elegante. Era desgarbado y alto, de espalda ancha y marcada. Solo la visión de sus hombros ya incitaba a fantasear. De cintura para abajo…, aparté la mirada. Se me estaba yendo la olla. Me imaginaba qué haría si estuviese en la posición de Matsuri; para empezar, no entrar en clase.

El chico tenía un brazo apoyado en el marco de la puerta de mi clase y susurraba algo a la castaña con sensualidad mientras deslizaba sus labios por la mejilla de la chica.

Ino solo me había ido informando sobre las chicas, así que decidí preguntarle por el sector masculino del colegio. Pero cuando iba a hacerlo, ya en la entrada de la clase, me topé con su rostro.

El chico que coqueteaba con Matsuri ¡era el mismísimo loco del taxi! Me sobresalté tanto que choqué con el marco de la puerta. Él me miró por encima de su brazo y me sonrió de una forma tan sensual que por un momento me quedé embobada mirando su boca.

Reaccioné enseguida poniendo cara de asco para disimular. Él sonrió más.

—¡Tú! —susurré impactada.

—Hola, Hyuga. —me recorrió con la mirada—. Debo decir que el uniforme te queda de escándalo.

—Cállate —interrumpió Ino tapándole la boca. Sonrió mientras lo hacía.

Entré con ella en clase y caminé hacia el pupitre del final casi sin darme cuenta.

—¿Estás bien? —preguntó Ino.

—¡Ese de ahí es el capullo que robó el taxi! —dije exaltada, señalándole.

Venía hacia mí mientras yo tomaba asiento.

—¿Sasuke Uchiha? ¡Lo sabía! —Ino chasqueó los dedos.

—¡¿ Sasuke Uchiha?!

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Pov. Sasuke

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—¿Me llamabas? —Tomé asiento a su lado con la vista fija en un botón de su camisa que andaba suelto. Pude ver el inicio de su pecho.

Matsuri apareció detrás del cristal que daba al pasillo y me hizo un corte de mangas antes de entrar en su clase.

Sayonara, bella, pensé acercándome más a Hinata.

—Vete de aquí —masculló con aquellos labios carnosos.

—Es mi clase.

—Vete del pupitre.

—Es mi sitio.

Hinata miró a Ino con ojos interrogantes. El Dobe de Naruto apareció en ese momento.

—Es cierto, es su sitio —dijo Ino, encogiéndose de hombros.

—Dobe, ¿te importa sentarte con Ino? —Ni siquiera le miré, solo tenía ojos para intimidar a cierta Hyuga.

Estaba comenzando a divertirme.

—¡No! Me sentaré yo con ella. —Se acercó demasiado.

Quiso levantarse, pero se lo impedí coincidiendo con la llegada de la señora Koharu, la profesora de biología. Miré a Hinata directamente y le guiñe un ojo; esperaba que resoplara o que hiciera cualquier gesto de desesperación, pero no hizo nada. Solo me observó fijamente mientras apretaba la mandíbula. Me estaba retando, así que le concedí el placer aceptando el reto con una sonrisa.

—Soy Sasuke Uchiha. —Me acerqué a ella—. Me alegro de verte.

—Hinata Hyuga —dijo mirándome a los ojos—. Yo no puedo decir lo mismo.

—Señora Koharu, me alegra informarle —dije con sorna recostándome en el asiento— que tenemos una nueva alumna.

Hinata frunció los labios antes de enviarle una sonrisa a la profesora.

—¡Oh, sí! —Sonrió Koharu mirando su ficha—. Es cierto.

—Propongo que se presente, ¿qué le parece? —Miré a mi nueva compañera de asiento de forma chulesca y comprendí por su gesto que ya me odiaba. ¡Perfecto! Un nuevo récord.

—¡Por supuesto! —ratificó la profesora.

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Pov. Hinata

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Tomé asiento en la cafetería con un café entre las manos. Me había reunido con mis amigas y esperaba que los treinta minutos de recreo me sirvieran para calmarme. Sasuke había estado jodiéndome las tres primeras horas y mucho me temía que insistiría en las tres próximas.

Saqué mis apuntes de química y comencé a realizar unas fórmulas.

—Me parece increíble. Sasuke nunca se sienta con nadie que no sea Naruto —dijo Tenten risueña.

Al parecer, sus otros amigotes iban a otra clase. Intenté no distraerme con la conversación… pero no lo logré.

—Bueno, Hinata-chan, ¿qué pensaste cuando reconociste que era el «loco» del taxi? —añadió Ino provocando las risas de las chicas.

Resoplé poniendo los ojos en blanco, pero de inmediato me quedé petrificada. Por encima del hombro de Sakura vi cómo Sasuke y sus amigos se acercaban con decisión. Pensé que pasarían de largo, pero el muy capullo cogió una silla de una mesa cercana y la colocó justo a mi lado. Tomó asiento de la manera más condenadamente sexy que había visto en mi vida. Apoyó sus codos sobre las rodillas entreabiertas y me contempló con el gesto torcido. Todo en él me provocaba; y fui consciente de que si me quedaba mirándole demasiado tiempo, corría el riesgo de perder la cabeza.

Saludó a las demás dedicándoles su mejor sonrisa, que terminó cuando me miró a mí. Su amigo, Naruto, prácticamente se vio obligado a sentarse al lado de Sakura-chan, pero ella fingió no prestarle atención; se estaba haciendo la ofendida. Un chico alto con peinado en forma de piña acarició el cuello de Ino haciendo que esta se estremeciera y cerrara los ojos. Cuando el chico tomó asiento, se observaron: se estaban diciendo millones de cosas sin que nadie pudiera escucharles. Se percibía que allí había algo más que amistad.

El chico que parecía rapero y delgado con unos tatuajes en las mejillas con forma de colmillos fue el que mejor me cayó a simple vista. Parecía alegre y no pude evitar pensar cómo podía ser amigo de Sasuke alguien así. Se acercó hasta mí.

—¡Hina-chan! —exclamó, dándome un fuerte beso en la mejilla.

Me dejó descolocada.

—Soy Kiba. ¿No te acuerdas? Una vez te hice un dibujo de mariposa —añadió provocando la sonrisa de Sasuke.

Aparté un momento la vista de Kiba para fulminar a Sasuke con la mirada. Él alzó las manos negando con la cabeza; como si me tuviera miedo y se protegiera. Seguía burlándose de mí.

Volví a Kiba. Me acordé de aquel muchacho. Era el menor de los Inuzuka, una familia que también veraneaba con nosotros. Él y yo siempre estábamos dibujando… cuando Naruto y el puñetero Sasuke no nos molestaban.

—Hola, Kiba-kun —dije dándole un pequeño abrazo.

También reconocí al joven de peinado en forma de piña. Era de los Nara y se llamaba Shikamaru. Este alargó su mano y me cogió suavemente de la mejilla.

—Yo soy Shikamaru. —Me besó—. Me alegro de que estés de vuelta.

—Gracias. Es agradable recibir algo de cortesía después del día que llevó —dije mirando con el rabillo del ojo a Sasuke. También estaban otros chicos que presentaron como Shino Aburame , uno gordito comiendo de una bolsa de papas fritas de nombre Choji Akimichi y otro alto con un corte raro de hongo que no paraba de hablar de "la llama de la juventud", se presento como Rock Lee.

Sasuke suspiró y su rodilla topó con la mía. Intenté que no se notara mi sobresalto.

—Tampoco seas tan dramática —dijo apoyándose en la mesa—. ¿Sabéis que aquí, nuestra nueva compañera, tiene matrículas de honor y todo sobresaliente? ¡No sabe lo que es un notable! —Puso cara de fingido asombro.

Casi todos me observaron curiosos. Sakura lo sabía de sobra y Ino y Naruto lo habían descubierto del mismo modo que Sasuke: en clase. La profesora Koharu, aprovechando mi obligada presentación, había ido mencionando lo buena estudiante que era, acompañándose de vez en cuando de algún «a ver si aprendéis».

—¿En serio? Vaya, chica, podrías haberlo dicho —dijo Tenten.

Miré a Sasuke. Por un instante, no vi ni oí nada más. Como si solo estuviéramos él y yo en aquella cafetería. Él deslizó su mirada de mis ojos a mis labios y entrecerró los ojos mientras apretaba la mandíbula. No podía hacerme una idea de qué se le pasaba por la cabeza. Yo solía descifrar a las personas enseguida, pero él se me escapaba. Me contemplaba de una forma tan intensa que hasta me costaba respirar.

Me repuse e intenté hacer lo mismo. Observé su cuerpo con parsimonia, como él había estado haciendo todo el día conmigo.

Su físico incitaba a todo menos a pensar con cordura, y su rostro… su rostro era el que cualquier mujer vería en sus sueños. Era asombrosamente guapo. Efectivamente, como cuando éramos pequeños, seguía siendo el más apuesto de los Uchiha.

Su cabello era azabache y algunos mechones le caían sobre sus ojos, lo que lejos de ocultarlos, todavía los hacía más penetrantes. Su mirada oscura, inmensamente misteriosa, te embrujaba de tal forma que olvidabas todo lo demás. Lo que daba más rabia era que sabía utilizarla. Como sabía utilizar sus labios, que reposaban sobre una piel pálida, sin ninguna imperfección. Me quedé fascinada por su belleza y por un instante (solo un instante) se disipó el odio que me había despertado.

Humedeció sus labios con pausa y volvió a hablar. Aquel momento mágico se esfumó.

—Es toda una empollona. —Tocaba mis apuntes. No dejé de mirarlo—. Quién lo diría. —Se acercó a mí con la intención de intimidarme. Lo consiguió, pero no lo mostré—. En realidad, pareces una de esas modelos frías y vanidosas que se creen insuperables físicamente, pero que tienen el cerebro de un pez.

Quería ofenderme y dejarme en ridículo. Yo no entendía por qué. ¿Por qué me odiaba de aquella forma? Yo tenía motivos: el sábado casi me mata en aquel maldito taxi y estuve en el calabozo cerca de dos horas, pero él… ¿cuáles eran sus razones?

Estaba irritada.

—La belleza no está reñida con la inteligencia. Y yo tengo la suerte de tener ambas —le dije casi pegada a su cara. Me mordí el labio sabiendo que él miraba mi boca. Por fin le noté algún sentimiento: impotencia y deseo. Sonreí apartándome un poco—. Pero hablemos de ti. En tu caso la belleza te ha sido concedida… —Me levanté de la mesa con mis apuntes y el café, y añadí—: pero la inteligencia brilla por su ausencia.

Sonó el timbre. Sasuke se levantó con brusquedad y me tiró el café encima. Mi camisa quedó empapada.

—¡¿En qué estás pensando?! ¡Tenías espacio suficiente para esquivarme, imbécil! —le grité.

Con furia, tiré al suelo el vaso de cartón. El poco líquido que quedaba terminó en nuestros zapatos. Él echó a caminar como si nada. Ni siquiera hizo el intento de disculparse.

Avancé dando zancadas y le cogí del hombro obligándole a darse la vuelta. Se giró con pose arrogante, solo que esta vez frunció el ceño y los labios. Estaba molesto. Con un gesto déspota, se retiró dejando mi mano en el aire. Por primera vez en mi vida me vencía la sensación de inferioridad. Media cafetería observaba expectante.

—¿Es que ni siquiera piensas pedir perdón? —pregunté, inventándome una seguridad que no existía. Él suspiró y comenzó a negar con la cabeza, lentamente.

—Dudo que lo merezcas —contestó con una voz grave.

Pestañeé varias veces mientras digería lo que acababa de escuchar. Aquel tío dejaba de ser un imbécil para convertirse en el capullo más grande que había conocido.

—No solo te falta inteligencia sino también vergüenza —espeté, sabiendo que eso terminaría de crisparle los nervios.

Apretó la mandíbula y acortó la poca distancia que nos mantenía separados con un decidido paso.

—Si no te hubieras interpuesto en mi camino, ahora no estarías aquí esperando una disculpa —susurró pegado a mi mejilla y totalmente irritado—. Créeme, no voy a dártela.—Su nariz rozó mi mandíbula.

—¿Crees que me acobardas con esa fachada de tipo duro, chulo y descarado? Pues te equivocas —le dije con voz contenida.

—Lo único que sé es que eres una jodida jaqueca.

¿Acababa de llamarme jaqueca? Será capullo. Me cago en…

—¿Cómo dices? —Casi me sale un tartamudeo.

—Te lo diré de otra forma. Estás comenzando a provocarme dolor de cabeza —me habló como si fuera una niña de tres años.

—No lo tendrías si no hubieras metido tus narices en esta mesa —casi grité.

Ino me cogió del brazo y me arrastró condescendiente.

—Para ya, Sasuke-kun —le dijo.

Este suspiró, le sonrió y le guiñó un ojo. No comprendía cómo demonios Ino lograba llevarse así de bien con él.

Volví a clase.

Cuando escuché el último timbre del día, recogí mis cosas aprisa y salí del aula. No quería hablar más con Sasuke, así que mejor evitar la ocasión. Ino me siguió arrastrando su cartera a medio cerrar.

—¡Espera! —exclamó alcanzándome—. Hina-chan nena, ¡qué prisas!

—No quiero tener que volver a cruzarme con Uchiha.

—Vamos, tranquila, Sasuke-kun no es tan capullo como crees.

Puse los ojos en blanco.

—Será contigo. Cada vez que me ve intenta fastidiarme y eso me incomoda, ¿sabes? Es muy difícil estar cerca de él. Ya ni te cuento si se sienta a tu lado.

Ino se quedó pensativa mientras bajábamos las escaleras. No vi a Sakura pero nos encontramos con Tenten y tuvimos que contarle todo el rollo; Sakura seguramente ya estaría abajo.

—Lo extraño de todo esto es que nunca se había comportado así con una chica —comentó Tenten, como si siguiera una conversación con ella misma—. Él no se anda con rodeos. Si le gusta alguien, se lo dice y después… bueno después…

—Después se la lleva a la cama, ¿no es así? —terminé por ella—. Supongo que ni siquiera hay primera cita.

—Con Sasuke-kun las cosas no funcionan así. Él es diferente. No se compromete. Nunca ha tenido novia y tampoco quiere tenerla. Eso lo saben todas las chicas del instituto. —dijo Ino.

La miré incrédula. En realidad, no terminaba de comprenderla.

—Vale, y ¿qué me quieres decir con eso?

—Pues que es raro que Sasuke-kun te esté molestando. Él pasa de esas cosas. —Ino frunció el ceño.

¿Qué pretendía decirme? ¿Qué excepción estaba haciendo Sasuke conmigo?

—¿Creen que trama algo? —pregunté.

—Es capaz de cualquier cosa, así que no me extrañaría. —Tenten entrecerró los ojos—. Está claro que tú eres diferente, Hinata.

—¿Diferente? —Arqueé una ceja antes de que Ino se acercara a mí con una sonrisa pícara.

—Sí… —Me miró pensativa y tomó aire antes de hablar—. Mira, Hinata, conozco a Sasuke-kun mejor que a Choji y Shikamaru que son casi como mis hermano. Sé de sus rollos, de sus peleas, de sus problemas… Lo sé todo de él y de sus amigos porque también son los míos desde hace mucho tiempo. Son mis mejores amigos, él es mi mejor amigo después de Choji y Shikamaru, pero no tengo ni la menor idea de por qué se está comportando así contigo.

Desvié la mirada, indecisa hacia Tenten que también tenía una mueca de confusión en el rostro mientras nos miraba. No conocía a Ino, pero me daba la sensación de que se estaba enfadando conmigo y eso era lo último que quería. Yo solo necesitaba saber por qué ese condenado Uchiha actuaba de este modo.

—Lo siento, Ino. No quería importunarte.

—Pero ¿qué dices? No estoy enfadada. Dios, perdóname si te he dado esa sensación, no era mi intención. —Me agarró del brazo antes de darme un beso—. Solo intentaba decirte que no se me ocurre ningún motivo para que Sasuke-kun se comporte así.

—Me dejas más tranquila.

—A menos que… —dijo Tenten.

—¿Qué?

La sonrisita juguetona de Ino y Tenten me desquició. Me daba a entender muchas cosas, pero ninguna de ellas me concretaba nada.

—Te diré una cosa y espero que no te moleste. —siguio Tenten, humedeció sus labios—. Eres exactamente igual que él, pero en versión femenina y algo menos chula.

«¿Iguales? Joder, lo que me faltaba, parecerme a ese capullo», pensé.

—¡Joder, Que mierda! —le dije.

Ellas soltaron una carcajada. Ni siquiera me había dado cuenta de que habíamos llegado a la entrada del colegio. Bajé las escaleras y salí al patio exterior donde me despedí de mis amigas. Sakura continuaba seria, pero prefería esperar a llamarla para hablar con tranquilidad. Le guiñé un ojo antes de ver a Gaara apoyado en su impecable Aston Martin plateado. Iba vestido con unos vaqueros y un polo blanco que marcaba cada músculo de su cuerpo.

Pestañeé sorprendida cuando mi prima pasó por mi lado.

—¡Que tierno! Gaara-kun ha venido a recogerte —dijo poniendo aquella estúpida voz de niñata—. Es una pena que no sepas complacerle.

La miré y forcé una sonrisa.

—¡Qué lástima! Me prefiere a mí en vez de a ti. Así que algo tendré que le complazca, ¿no crees?

Me marché caminando con paso firme. Shion vivía enamorada de Gaara desde hacía unos años, pero, por lo que sabía, no había logrado nada con él. Así que mi comentario le tenía que haber hecho daño. «Te aguantas», pensé.

Mientras me acercaba a Gaara vi a Sasuke al final del jardín. Hablaba con Naruto, Choji y Lee (Shikamaru se había ido con Ino en la moto y Kiba se había ido con Shino momentos antes). De repente, miró hacia mí sin dejar de hablar. Estaba lejos, pero no tanto como para no ver su mirada intensa y acusadora. Suspiró y se quitó la chaqueta del uniforme con cierta furia. Para él, un ademán típico, para mí, un gesto de lo más excitante. La cintura del pantalón se le ceñía a la cadera y marcaba sus piernas.

¿Por qué demonios estaba tan bueno?

Llegué al Aston Martin, donde Gaara me esperaba con una encantadora sonrisa.

—¡Hola! ¿Como tú por aquí? —dije mientras él me cogía de la cintura y me daba un abrazo más típico entre las parejas de enamorados que entre amigos.

Además, nosotros solo éramos conocidos. Apenas habíamos tenido trato y Gaara ya se tomaba ciertas confianzas.

Pude ver de soslayo cómo Sasuke fruncía el ceño. Ahora le tenía más cerca y algo me dijo que no le sentaba demasiado bien que estuviera en brazos de Gaara, así que decidí alargar el momento.

Solté la cartera en el suelo y estiré lentamente mis brazos hasta rodear el cuello de Gaara. Cerré los ojos cuando me besó en el cuello. Le sonreí cuando los abrí.

—Quería darte una sorpresa. ¿Te apetece que comamos juntos? —me propuso, resistiéndose a soltarme.

Sasuke había desaparecido de mi campo de visión.

Ya era demasiado tarde para volver atrás, así que no me quedó más remedio que aceptar la invitación. No quería intimar con Gaara, pero después de haberle utilizado me sentí en el compromiso de acceder.

Me monté en el coche y bajé la ventanilla. Gaara arrancó el motor. La música de su reproductor saltó donde la había dejado antes de detener el vehículo. Sonaba una de las canciones del nuevo disco de Shakira: Rabiosa.

Alcé las cejas, incrédula.

—¿Te gusta Shakira? —pregunté.

—No más que tú.

Perfecto. Tuve que girar la cara para que no percibiera lo poco que me había gustado el comentario.

Antes de dejar la calle, escuché el rugido de un motor inconfundible: Bugatti Veyron. No sé cómo lo supe, pero estaba segura de que al volante de esa maravilla se hallaba Sasuke.

Así fue. Se colocó justo a mi lado haciendo gala una vez más de aquella mirada, tan bonita como inescrutable. Tenía una mano sobre el volante y la otra en la ventanilla. Un cigarrillo colgaba de sus labios.

—¡Rabiosa! —exclamó mientras echaba la cabeza hacia atrás y empezaba a mover los hombros de un lado al otro. Ni siquiera el cachondeo restaba sensualidad a sus movimientos, perfectamente acompasados con la melodía—. Dime, Hyuga, ¿me morderías la boca?

Un extraño resquemor a medio camino entre el odio y la excitación me recorrió el cuerpo.

Le miré encolerizada.

—Tendrás que descubrirlo tú mismo.

¡Dios! Si le odiaba, ¿por qué no podía evitar imaginar esa situación? Sí que le mordería la boca, sí…, entre otras muchas cosas.

«Estás loca. Esto no puede ser. Mándalo a la mierda. Es un imbécil», me decía a mí misma tratando de hacer entrar en razón a mis pensamientos.

Naruto comenzó a aullar y levantó su puño con el pulgar hacia arriba. Iba sentado al lado de Sasuke y mostraba la misma chulería que su amigo.

—Sabaku, deberías acostumbrarte a saludar, ¿no crees? —dijo Sasuke.

Gaara se echó para adelante y le lanzó una mirada iracunda. Sasuke siguió mofándose. Ya había oído que los dos se odiaban, pero no me imaginé que uno de sus piques me pillaría a mí en medio.

—Lo que creo es que va siendo hora de que te acostumbres, Uchiha.

Sasuke apretó el acelerador retando a Gaara a una carrera. Al menos eso parecía.

Gaara le imitó. Le miré con los ojos abiertos de par en par. La risa de Naruto llegaba clara. Al parecer, él sabía quién iba a ganar: confiaba en su mejor amigo y en aquel pedazo de coche.

—Ni se te ocurra, Gaara —dije algo temerosa. Eran coches muy potentes y una calle muy estrecha.

—Haznos un favor a los dos y ¡cállate! —gritó acelerando.

No me dio tiempo a enfadarme por el comentario. Me estampé contra el asiento antes de ver cómo Sasuke nos adelantaba magistralmente y salía disparado.

Gaara tuvo que frenar y comenzó a maldecir una y otra vez mientras el Bugatti negro se perdía rugiendo como solo él podía hacerlo.

Sonreí en mi fuero interno. Sin saber muy bien por qué, me alegraba de que Sasuke ganara aquella extraña competición.

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Continuara…

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Y? Que les parece como va la historia? Dejen sus reviews, un beso nos leeremos pronto…

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Agradecimientos a:

Guest

Amy23

Alejamoya06

Home kity

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Gracias chicas por sus reviews, disfruten el capi...

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Pd: perdón si tiene errores ortográficos…

Besos, hasta la próxima…

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Hinata Uchiha21 ¡fuera!