Esta historia no me pertenece, es de Alessandra Neymar.
Los personajes de Naruto no me pertenecen, le pertenecen a Kishimoto
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Advertencias de esta historia:
-Hinata RTN
-Lenguaje vulgar
-Violencia
-Muerte de personajes
Parejas:
-Sasuke/Hinata; Naruto/Shion; Kiba/Ino… entre otros.
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Resumen completo:Hinata Hyuga, una joven adolescente de la alta nobleza japonesa, regresa a Tokio tras muchos años de internado sin entender muy bien por qué su familia la quiere de vuelta. Allí se reencuentra con Sasuke Uchiha, un conocido de la familia con quien nunca ha tenido muy buena relación. Sasuke es terriblemente atractivo, impulsivo, y no parece tener más preocupaciones que las peleas con otras bandas y coquetear con chicas de piernas largas. Al empezar el curso, Hinata y Sasuke verán que no sólo comparten la misma clase sino también el mismo grupo de amigos. Lo que empezará con odio irá desembocando a una tensión cada vez más fuerte, con provocaciones cada vez más descaradas y situaciones límite… Y cuando finalmente ambos se atrevan a aceptar sus verdaderos sentimientos, deberán sortear obstáculos que nunca hubiera ni imaginado….
CAPÍTULO 3
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Pov. Sasuke
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Había decidido pasar de la Hyuga, y de hecho lo logré durante un par de días. Pero cuando el jueves aparecí en el pasillo del instituto y la vi apoyada contra la pared hablando con Toneri, me entraron ganas de…
Me acerqué hasta ellos caminando lentamente mientras me fijaba en sus piernas. Esa vez, las medias le ocultaban las rodillas y hacían más espectacular el inicio de sus muslos. Lástima que aquella puñetera falda tapara lo más interesante.
Suspiré. Aquella niñata se había propuesto amargarme la vida llevando el uniforme de aquel modo. Se atusó la coleta alta que llevaba y me miró fijamente.
Me apoyé justo a su lado, hombro con hombro.
—Dice mucho de ti que la primera semana de clase ya estés coqueteando —sonreí, desviando la mirada hacia su pecho.
Me humedecí los labios, expectante por la contestación. Si algo sabía hacer Hinata —aparte de ponerme muy, pero que muy cachondo— era ser ingeniosa a la hora de hablar.
—¿Qué intentas decirme? —preguntó entre dientes girándose hasta que su frente topó casi con la mía.
Dios, estábamos muy cerca. Sonreí. Dijera lo que dijera, ya había logrado captar su atención y apartar a Toneri de ella.
—Que te pueden confundir con una chica… fácil. Pero, vaya, si lo eres, no tienes por qué preocuparte.
—¡Serás capullo! —exclamó antes de lanzarse sobre mí para agarrarme del cuello.
La esquivé cogiendo sus brazos y girándola. Su espalda topó con fuerza contra mi pecho y los dos nos estampamos contra la pared.
—¡Suéltame! —gritó mientras los otros alumnos se iban agolpando a nuestro alrededor.
—Eres un poco histérica —le susurré al oído. La solté en cuanto vi a Aoba el profesor de matemáticas.
—¿Qué es lo que está ocurriendo aquí? —preguntó el profesor.
—Este niñato me ha insultado delante de todo el mundo. ¡Me ha llamado chica fácil! —dijo sin poder contener su desconcierto.
No era momento de explicarle por qué lo había hecho. Quizá algún día tuviera ocasión de hacerlo, pero Toneri ya no se volvería a acercar a ella.
—Los dos al despacho, ahora.
—¡Pero yo no he hecho nada! —protestó.
—¡He dicho ahora, señorita Hyuga! —repitió el profesor Aoba—. Y en silencio. Los demás, a clase.
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Pov. Hinata.
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Iba caminando aprisa y enfurecida por el pasillo, hacia el despacho de la directora. Sabía que Sasuke me seguía, pero si se me ponía a tiro, acabaría matándole.
¿Por qué hacía esas cosas? Ino y Tenten me habían dicho que era extraño que se comportara así con las chicas. ¿Qué tenía yo de especial? Si no me soportaba no tenía más que esquivarme como yo intentaba hacer con él. Además, es lo que había estado haciendo los días anteriores. Sí, nos sentábamos juntos en el recreo (mis amigos eran del mismo grupo que los suyos), pero solo nos mirábamos. Había vuelto a sentarse con Naruto (aunque lo tenía justo detrás de mí), pero apenas hablábamos. Nada. Cero. Habían sido unos días tranquilos.
Me alcanzó y se colocó a mi lado. Tenía las manos en los bolsillos y me observaba de reojo; por suerte, sin sonreír. Ya lo había hecho demasiado en lo que llevaba de día.
Intenté controlarme apretando los puños, pero ni por esas. Salté sobre él antes de que termináramos de bajar las escaleras. Lo empujé, pero aguantó la embestida. Se volvió serio hacia a mí. Me observó durante unos segundos y me tomó de las muñecas empujándome contra la pared. Su nariz rozó la mía. Lo más extraño de todo era su respiración. Surgía entrecortada de sus labios e impactaba en los míos. Fue una sensación cercana al beso.
Noté cómo mi cuerpo perdía las fuerzas cuando dejó sus manos caer por mis brazos. Sus dedos rozaron mi cintura. Podía retirarme, escapar, pero me quedé allí. Sentí una electricidad envolvente. Quise que me acariciara, que me besara.
Sin embargo, reaccioné rápido y lo aparté de un empujón. Retomé el camino al despacho de la directora notando su mirada penetrante tras de mí.
La directora solo nos dio dos alternativas.
La primera: expulsión.
La segunda: una semana sin recreo haciendo un trabajo de cincuenta folios para la clase de física.
Resultado final: la segunda opción. Estaría castigada hasta el siguiente jueves.
A Sasuke no parecía importarle optar por la primera alternativa —seguramente por lo acostumbrado que estaba a que le expulsaran—, pero terminó aceptando el trabajo de física.
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Pov. Sasuke.
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—¿Piensas contarme de una puta vez qué te ronda por la cabeza, Teme? —preguntó Naruto al coger el café que le tendía la camarera.
Estábamos en la cafetería del colegio y Hinata no dejaba de mirarme como si estuviera esperando explicaciones por el castigo. No pensaba dárselas.
Durante las clases había hecho lo mismo. Motivo suficiente para que no quisiera verla, pero, también, para que deseara ir allí, plantarme frente a su bonita cara y decirle que dejara de mirarme como si quisiera matarme porque no iba a conseguir nada. Estaba harto de que creyera que podía enfrentarse a mí. ¿Por qué coño me miraba de aquella forma? ¿No se daba cuenta de que me incomodaba? Seguramente, sí. Por eso lo hacía.
—No me pasa nada Dobe. Tengo que irme a la biblioteca para hacer el jodido trabajo de física —expliqué, intentando esquivar más preguntas.
La biblioteca. El trabajo. Los dos solos. Eso era más de lo que podía soportar.
—Te importa una mierda ese trabajo ttebayo. —Naruto se interpuso en mi camino anteponiendo su café. Hinata seguía cada uno de mis movimientos. La miré frunciendo los labios y supe que fue un error en cuanto Naruto siguió la dirección de mi mirada—. ¿Qué ocurre con ella? ¿Qué te está pasando, Teme?
Si alguien sabía soltar la verdad en la cara (aunque jodiera) ese era Naruto.
—No lo sé.
Fui sincero. No sabía qué me estaba ocurriendo. Aquella niña me estaba volviendo loco. No hacía falta que hablara, ni siquiera que me mirara, para que me sintiera atraído como si fuera un imán. Me absorbía y me dominaba, y no me gustaba nada sentir esa sensación.
—Te pone… y mucho ttebayo —añadió con sorna.
—Lo que tú digas —dije haciendo una mueca.
En el fondo sabía que llevaba razón. Había estado con un montón de chicas. Morenas, rubias, altas, bajas, delgadas, no tan delgadas… todo tipo de mujeres habían pasado por mi cama, pero ninguna me había descontrolado tanto como lo hacía Hinata (y menos sin tocarme). Ninguna era como ella. Su forma de caminar, la manera que tenía de pasarse la lengua por los labios antes de hablar, cómo se retiraba el cabello, la mirada de aquellos ojos plateados, el estilo como llevaba el uniforme… Le habría hecho el amor un millón de veces, de un millón de formas, en cualquier lugar. Pero, aun así, sabía que no tendría suficiente, que necesitaría más de ella. Mucho más. Odiaba necesitarla de aquella manera tan urgente.
¿Qué me estaba sucediendo?
«Maldita niña. Podría haberse quedado en el internado de Kumo», me dije.
—Tengo que irme. —Di un sorbo a mi café; aunque mejor me hubiera sentado un trago de vodka o de ron.
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Pov. Hinata.
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Sasuke salió de la cafetería sin quitarme los ojos de encima. Solo de pensar que pasaría con él media hora, se me hacía un nudo en la garganta.
El profesor Aoba me miró y me hizo señas de que fuera a la biblioteca. Suspiré.
—Bueno, chicos, tengo que irme —dije antes de darle el último sorbo al café.
—Qué fastidio —se quejó Ino.
«Dímelo a mí», pensé.
—Lo sé. La culpa la tiene ese insensible al que adoráis —les dije refiriéndome al Uchiha.
Era cierto, mis amigos lo adoraban. Me extrañaba que un chico como Sasuke protegiera y tratara de una forma tan sensible a las chicas. Cuando los veía juntos suponía que (muy en el fondo) debía de tener algo de corazón, aunque conmigo no lo utilizara.
Ino y Tenten comenzaron a reírse al escuchar el tono de voz que había empleado. Era la cuarta vez, en solo cinco minutos, que mencionaba a Sasuke. Aquello comenzaba a ser preocupante.
—Espera, te daré algo que te ayudará —me dijo Ino, sin dejar de chuperretear el caramelo que tenía en la boca.
Abrió su cartera y rebuscó entre los libros. Cogió una libreta fucsia donde había una foto de todos ellos pegada en la portada. Estaban todos abrazados y tirados sobre la hierba de algún parque. Sakura besaba a Naruto en la mejilla; Ino estaba sentada sobre el regazo de Sasuke y apoyaba una mano en el hombro de Choji, que sonreía a la cámara con una bolsa de papas fritas en la mano, y la otra la tenia apoyada en el brazo de Shikamaru, que estaba al otro extremo mirando la cámara con cara de aburrimiento; Kiba y Shino parados detrás, el de marcas en las mejillas con un gran perro blanco a un costado, mientras el otro parecía que miraba la cámara serio (no podía saber donde miraba, pues siempre llevaba gafas oscuras) y a un lado del de anteojos un emocionado Lee abrazaba a una sonriente Tenten. Parecían felices.
Me quedé pasmada mirando aquella foto.
—Fue en el cumpleaños de Sasuke-kun, el año pasado —dijo Sakura. —Ahora faltas tú, así que tendré que llevarme la cámara un día de estos y obligarte a ponerte cerca de él.
Me pareció que estaba fingiendo.
—Y lo más difícil de todo, tendrás que sonreír —añadió Tenten.
—No creo que lo consigáis —dije sonriente.
—Bueno, el cumpleaños de Sasuke-kun es el 23 de julio. Aún quedan unos meses para que cambies de opinión sobre él —sentenció Ino, soltando el día de su cumpleaños como si nada—. Bien, aquí están todos los apuntes de física que necesitas.
—Muchas gracias, Ino. —Le di un beso antes de guardar la libreta en la cartera.
Me despedí de todos y me dirigí hacia la biblioteca.
Al entrar allí solo me encontré con la bibliotecaria, que ni siquiera me saludó. Me indicó que tomara asiento con la mirada.
Solté los libros y el café sobre la mesa y me acerqué hasta ella. No había señal de Uchiha, pero sabía que no tardaría en llegar.
—¿Dónde están los libros de física? —susurré, aunque no había nadie a quien pudiera molestar.
—Final del pasillo, a la derecha —contestó de una forma bastante estúpida.
—Muy amable —dije con ironía antes de que ella me enseñara los dientes.
Llegué al final del pasillo, y me adentré entre las estanterías. Comencé a mirar sin saber muy bien qué buscaba. En realidad, solo quería estar sola un rato, poder despejarme. Habían sido unos días muy duros para mí, todavía tenía que adaptarme y reponerme del viaje. Era una vida muy diferente a la que llevaba en el internado; si no hubiese sido por mis amigos y por Kakashi, habría deseado volver a Kumo. Aunque Sasuke… No se me iba de la cabeza. Ya podía luchar por evitarlo, que era imposible sacarlo de mi mente.
Estaba tan absorta en mis pensamientos que ni siquiera oí el sonido de la puerta. Segundos después, sentí un escalofrío en mi espalda. No quise volverme. Me quedé allí esperando a ver qué ocurría. Desando que fuera… él.
Sentí una mano rozar suavemente mi cintura. Mi respiración se paralizó y cuando volvió lo hizo de forma entrecortada y agitada. Sasuke retiró mi cabello acariciando mi cuello y se acercó aún más.
—Eres tú la culpable de que me comporte de este modo —dijo, dejando que el susurro de su voz vagara por mi cuello.
Decidí girarme y me topé con su pecho. Sus ojos me observaban fijamente, con gran intensidad. Permanecía serio, más de lo que había visto en anteriores ocasiones. Más de lo que me esperaba.
—¿Por qué? —pregunté en el mismo tono de voz.
Se acercó hasta mi mejilla, vacilante. Era extraño verle así, tan seguro de sí mismo como siempre estaba.
Terminó acariciando mi piel con sus labios. Solo durante unos segundos. Sasuke sentía lo mismo que yo.
—Ni yo mismo lo sé —dijo.
Se marchó dejándome con el deseo ardiendo en mi pecho.
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Pov. Sasuke.
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Recorrí el aparcamiento con la voz de Kiba tras de mí explicando algo sobre una chica de primero. No le gustaba demasiado, pero sí lo suficiente como para tener algo con ella más allá de… los besos. A Ino, sin embargo, no le hizo gracia que Kiba estuviera tan entusiasmado. Un entusiasmo, por cierto, algo exagerado para ser real. A mí no me la daban, todos ya sabíamos que Kiba también sentía algo por Ino.
Shikamaru con su siempre "Que problemático" le dio algunos consejos sobre cómo lanzarse a por todas, y le animó a que quedara con ella. Llegué a mi moto y lancé el bolso sobre el sillín. Estaba lloviznando y pronto caería una buena tormenta. Pensé que hubiera sido mejor traer el Bugatti Veyron.
Al girarme, vi que el Dobe se acercaba; iba discutiendo con Sakura. Tras ellos, Tenten tarareaba una canción. Lee, que estaba a mi lado escuchando lo que decía Shikamaru, se puso tenso en cuanto esta le miró. Llevaban más de un año reprimiéndose y todos esperábamos el día en que se lanzarían a por todas. Pero parecía no llegar nunca. Suspiré y sonreí antes de darme cuenta de que Hinata no estaba con ellos.
Ahora era yo quien se ponía tenso, pero nadie lo percibió. Me apoyé en la moto y me crucé de brazos.
—Creo que os habéis olvidado a la Jaqueca —bromeé mientras Ino se colocaba a mi lado.
Sentí la urgencia de saber dónde estaba.
—No la llames así —Ino me dio un pequeño palmetazo en el brazo.
Era increíble lo bien que habían encajado Ino, Tenten y Hinata. Sakura llevaba casi un año en el grupo y no habían terminado de intimar con ella. Pero con Hinata era todo lo contrario.
—Se ha ido con Gaara —dijo Tenten, que enseguida se dio cuenta de que no me había gustado el comentario.
Quería indagar más. Así que la cogí de la mano y la arrastré hacia un lado; ella soltó un pequeño grito.
—¿Cuándo se ha ido? —le pregunté sin soltarle la mano.
Nadie parecía darse cuenta.
—Hace unos minutos. —Me miró con el ceño fruncido—. Esta tarde vendrá a estudiar a la biblioteca. Sobre las seis o las siete. Sé bueno. —Se apartó de mí unos centímetros, pero no se soltó—. ¿Qué te ocurre con ella?
—Cuando lo averigüe te lo digo.
Ino se acercó a nosotros.
—¿Qué cotorreáis?
—Nada. Le decía a Sasuke-kun que debería aprender de Hinata. —Su mirada se dirigió a Ino, pero enseguida volvió hacia mí para añadir—: Tú también estás castigado.
—Lo sé, pero ¿cuándo me ha importado? —pregunté mientras me acercaba a la moto y me montaba en ella—. Me voy, nos vemos luego —me despedí de mis amigos mientras arrancaba.
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Eran casi las ocho y aún estaba decidiendo si ir o no al colegio. En realidad, no tenía motivos para aparecer por allí, pero me moría de ganas de hacerlo.
Me lancé escaleras abajo.
Cogí mi moto y salí, sintiendo la lluvia y su nombre palpitar en mi pecho. ¿Por qué demonios ocupaba todos mis pensamientos?
Ni siquiera me di cuenta de que ya entraba por la calle del colegio.
Me detuve. Las ruedas chirriaron sobre el asfalto. Me bajé de la moto decidiendo que lo mejor sería entrar por la parte de atrás. Ya no quedaba casi nadie en el colegio, pero no quería que me viera nadie. No podía ser visto yendo en busca de una chica cuando nunca antes lo había hecho. Sin embargo, necesitaba… verla. Joder, estaba peor de lo que imaginaba.
Salté la verja, con un salto rápido y ágil, y recorrí la pista de fútbol. Atravesé el patio y entré en el gimnasio. Las luces estaban apagadas y fuera ya era de noche, así que me costó cruzar aquel enorme lugar. De fondo, escuchaba el agua de la piscina cubierta.
Al salir, atravesé el pasillo y subí deprisa las escaleras antes de que pudiera encontrarme con alguna mujer de la limpieza. No era la primera vez que me colaba y tampoco la primera que me descubrían. La última vez fue cuando me expulsaron una semana por hurgar en los archivos del despacho de al directora. Por ese motivo, repetí segundo y conmigo, todos los chicos. Hay que hacer constar que ellos tuvieron la idea.
Llegué al primer piso. No había nadie, pero sí percibí el sonido de unos folios al moverse. Venía de la biblioteca. Me acerqué sigiloso y asomé la cabeza por la puerta. La vi allí sentada. Estaba concentrada en la libreta y escribía con rapidez. Su cabello se extendía por la espalda y algunos mechones reposaban sobre la mesa. Se humedeció los labios.
Procuré no hacer ruido al entrar. Me acerqué lentamente hasta apoyarme en la mesa que ella tenía delante. Crucé las piernas e hice lo mismo con los brazos apoyándolos sobre mi pecho. Fue entonces cuando Hinata se dio cuenta de mi presencia.
Frunció el ceño y me miró de arriba abajo. Su mirada me recorrió suave y lentamente. Demasiado despacio. Me gustó. Aquel era el tipo de mirada que yo empleaba y, hasta ese momento, no había visto a nadie hacerlo del mismo modo.
Apreté los labios y ella torció el gesto; volvió a examinarme. Le gustaba mi cuerpo.
—¿Disfrutas? —pregunté, aunque sabía que así era.
Volvió a humedecerse los labios. Cualquier movimiento que hiciera me resultaba provocador, demasiado para alguien como yo. Me fue muy difícil apartar de mi imaginación escenas más subidas de tono.
—¿Te gustaría que así fuera?
«Genial», pensé.
Si pensaba que era una descarada, estaba en lo cierto. Aquel comentario me recordó demasiado a mí.
—¿Qué haces aquí?
—Daba un paseo —contesté, observando su cuerpo.
Ella dio un pequeño golpe en la mesa con el bolígrafo. No le sentó bien que la mirara de esa forma, pero tampoco podía quejarse, ella había empezado.
—Sería de gran ayuda que te largaras.
—No me apetece ayudarte. Quiero decir, no pienso irme.
—Te he entendido —alzó un poco la voz—, pero me da igual lo que te apetezca o no. Lárgate.
—También es mi colegio.
Cerró los ojos y suspiró. Se estaba controlando y eso era exactamente lo que no quería que hiciera. Comenzaba a extrañarme que no utilizara su prepotencia.
—¿Quién viene a recogerte? —volví a preguntar.
—¿A ti qué te importa? —Por su tono de voz supe que comenzaba a ofuscarse.
Mi presencia la incomodaba tanto como a mí la suya.
—No me importa, es solo que te vas a mojar —dije.
Sí me importaba, si era el Sabaku quien iba a ir a buscarla. Pero lo que más me molestaba era que me mortificara que Hinata tuviera vida sentimental.
Miró la ventana y maldijo algo que solo ella comprendió. Seguramente mascullaba en alemán, pero no alcancé a apreciarlo. Suspiró y se volvió hacia mí.
—No sabía que el agua comiera. —Entrecerró los ojos y se le escapó una sonrisa insinuante. Joder. ¿Por qué tuvo que decir eso? Hinata no sabía lo que la palabra «comer» podía llegar a significar en aquel momento. Me mordí el labio—. Además, puedo coger un taxi.
—¡Genial! Que te vaya bien con la física. —Comencé a caminar hacia la salida.
—Uchiha, te recuerdo que este trabajo es un castigo y que tú también lo tienes.
Me encogí de hombros y decidí irme justo en el momento en que se oyó el sonido de la puerta al cerrarse desde fuera. Una de las señoras de la limpieza nos había encerrado en la biblioteca. Tal vez llevara los auriculares puestos, o quizá fuera un poco corta, pero el caso es que no se había dado cuenta de que había gente dentro.
Hinata levantó la mirada y me observó, expectante.
—Espero que no sea lo que creo que es —dijo, con un hilo de preocupación en su voz mientras se levantaba de la mesa y caminaba hacia mí.
—Me temo que sí.
—¿Qué? ¡No! —Empezó a dar golpes.
La cogí de la cintura y la retiré de la puerta.
—Tranquila. No te oyen.
—¿Cómo lo sabes? —me preguntó, nerviosa.
—Ya te abrían contestado.
Hinata resopló y se retiró el cabello de la cara.
—Mierda, tengo que estar en casa a las nueve, sin falta.
Yo también tenía que estar en su casa, a las diez. Hiashi nos había invitado a cenar para ultimar la fiesta de Rasa Sabaku y hablar de… negocios. Pero al parecer, Hinata no lo sabía.
Se detuvo para mirarme. Parecía frustrada.
—¿Por qué siempre que estás cerca me meto en un lío?
—¡Eh, que yo ahora no he tenido la culpa!
Miró a su alrededor algo desesperada. Yo sabía qué ocurriría si llegaba tarde a su casa. Conocía al Hyuga tan bien como a mi padre y sabía cómo se las gastaba.
Además, siempre había tenido la sensación de que a Hinata no le tenía la misma estima que a Hanabi. A su otra hija la adoraba, pero a Hinata… Era extraño, apenas solía hablar de ella, y si lo hacía no era con mucho afecto.
—Tengo que salir de aquí como sea. —Volvió a tocarse el pelo.
Mi entrepierna dio un tirón mientras contemplaba su figura, pero no era el mejor momento para detenerse a pensar en lo buenísima que estaba. Me acerqué a la mesa y comencé a recoger sus libros.
Hinata me observó extrañada.
Cerré la cartera y la escondí en una estantería.
—¿Qué haces? —preguntó, apartándome e intentando coger sus cosas.
Retiré sus manos.
—Quieres salir de aquí, ¿no? Pues no podemos dejar huellas si no quieres que te expulsen.
—Ellos saben que estoy aquí.
—Al parecer no es así. —Miré hacia la ventana. Llovía con fuerza.
—¿Qué plan tienes, genio?
—Saltar por la ventana.
Me dirigí a la ventana y la abrí de par en par. Solo había unos metros, así que no nos costaría bajar ayudándonos del alféizar que había más abajo.
—¡¿Qué?! ¡Estás loco!
Me acerqué a ella y la cogí del brazo. La arrastré hacia la ventana.
—Escúchame, me apoyaré en ese saliente de ahí. —Le señalé el alféizar que solo estaba a metro y medio—. Después sales tú, te ayudaré. Vamos.
—Ni de coña. Llevo falda ¿sabes?
Me reí y me giré para observar su falda.
—Ya he visto antes unas braguitas —dije con sorna—, no voy a asustarme.
—Pero nunca has visto las mías.
«Qué más quisiera yo».
Me descolgué sin problemas mientras Hinata observaba. Levanté la vista hacia ella y le extendí la mano.
—Te prometo que no miraré.
—Mentiroso. —Tragó saliva.
—Confía en mí, Hinata —le dije. Mi voz sonó relajada.
Ella me miró dudosa, pero terminó cogiendo mi mano para ayudarse a llegar hasta mí. La sostuve contra mi pecho en cuanto lo logró.
—Bien, ahora saltaré y después te lanzarás a mis brazos. Yo te sujetaré —dije.
En ese momento, descubrí que las limpiadoras ya estaban saliendo del colegio, lo que significaba que pronto se activaría la alarma. Concretamente, en cuanto el encargado cerrara la verja principal.
—No tenemos tiempo, la alarma saltará en cualquier momento.
Así fue. La alarma empezó a aullar por culpa del portazo de la ventana. Nos desequilibramos y Hinata resbaló. Pude coger su brazo y sujetarme a la ventana.
Comenzó a chillar y a moverse.
—¡No me sueltes, Sasuke! —gritó.
—¡No lo haré, pero si te mueves de esa forma no podré sujetarte! —dije nervioso porque se podía resbalar.
Nuestras manos estaban empapadas y se iban escurriendo lentamente.
Debía actuar deprisa. Y antes de que pudiera darse cuenta, alcé su cuerpo a pulso y la lancé contra mis brazos. Ella se sujetó con fuerza a mi chaqueta, jadeante.
—Tenemos que salir de aquí —dije.
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Pov. Hinata.
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Bajé lentamente sabiendo que Sasuke podía observar mis piernas a la perfección. Aunque en aquellos momentos no me importaba. La alarma no dejaba de sonar y si no nos dábamos prisa, nos veríamos en un gran problema. Sasukeme cogió de la cintura y salté al suelo. Comenzamos a correr atravesando la pista de futbol. De nuevo había que trepar, pero esta vez no dudé. Vale, tampoco había tres metros de altura. Salté con decisión creyendo que lo había hecho rápido, pero no me había dado cuenta de que él ya arrancaba su moto.
—¡Vamos!
Tomé asiento segundos antes de que saliéramos a toda velocidad.
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Después de que Sasuke me dejará en casa, subí enseguida a mi habitación y me di una ducha. Necesitaba relajarme y olvidarme por un instante de Sasuke. Aunque sería difícil, ya que al cruzarme con Kakashi en el vestíbulo este me había dicho que los Uchiha vendrían a cenar.
Respiré y dejé que el agua ardiente cayera por mi cuerpo. No podía quitarme de la cabeza las manos de Sasuke rodeando mi cintura y apretándome contra su cuerpo después de salvarme. No hablamos durante el trayecto ni al llegar a casa. Ni siquiera me miró. Esperó a que me bajara de la moto y se perdió cabizbajo entre la lluvia y la oscuridad. ¿Qué esperaba que hiciera? ¿Qué me abrazara? ¿Qué me… besara?
Cerré el grifo y salí de la ducha. No me había ayudado en nada.
Qué bueno era tener el cuarto de baño en la habitación. Podía entrar y salir desnuda mientras decidía qué ponerme. Opté por unos pantalones negros y una camiseta roja de tirantes. Me maquillé un poco y ahuequé mi cabello.
Bajé al salón por las escaleras de atrás, pero cuando llegué a la galería de ventanales que daba al jardín, descubrí una silueta.
Me acerqué con sigilo.
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Continuara…
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Hummmm! Nuevo capi, como les parece que va la historia? Dejen sus reviews, un beso nos leeremos pronto…
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Agradecimientos a:
Holis
hime23
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rcr
Clarity-chan
Gracias chicas por sus reviews, una abrazo grande para ustedes…
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Pd: perdón si tiene errores ortográficos…
Besos, hasta la próxima…
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Hinata Uchiha21 ¡fuera!
