Capítulo 7: Cumplir Con Los Roles.
La noche se cernía sobre los inalcanzables picos, un imponente hombre yacía recostado sobre un elegante y masculino diván en compañía de una frágil y delicada sylph. Las copas esmeradamente labradas fueron generosamente escanciadas de cálido vino rojo por ella.
La dorada mirada de Kaden sobre la muchacha era digna de un ave de presa. Pero, allí no había amor, ella era joven y preciosa, lo suficiente como para despertar el deseo en cualquiera, mas, su soberano no veía más allá de los momentos pasados juntos en el lecho, único sitio que compartían de tanto en tanto. Nadine era de contextura delgada y femenina, su cabello hasta las caderas era tan rubio como el de cualquier sylph, sólo que parecía tener cierto tinte del color del cielo, queriendo imitar el color de sus ojos. ¿Si podría ser su reina? Podría serlo, sí. Mas, había algo en él que le obligaba a rechazar la idea, ella cumplía con su labor, tanto como él. La diferencia residía en que ambos podían sobrellevar esta… 'relación' como señor y siervo, pero, no como esposos. Era irónico y aún más irónico que ambos lo supiesen. O no, después de todo, ella siempre escuchaba todos sus problemas con respeto y nunca le daba consejo, salvo el repetirle que se tomara su tiempo para pensar sus decisiones y brindarle ánimos para que siguiera adelante con lo que él pensaba correcto. Estas condiciones parecían ser perfectas para una esposa, pero, ¡oh, cuán fríos serían ambos!
Para ella era un trabajo, algunas le preparaban los platillos; otras se encargaban de sus vestimentas; otras de mantener el orden y la higiene a su alrededor; ella era la encargada de distraerle y distenderle de su arduo día y sus muchos problemas. Esta era la forma de ayudar a su respetado señor. Él sólo era eso, su señor, su soberano, a quien ahora le correspondió la mirada con una seductora sonrisa. No era falsa, Kaden era un hombre al cual se podía apreciar con facilidad. Más de una quisiera estar en su lugar, delante de este sensual hombre, ahora recostado lánguidamente sobre el asiento, la negra camisa entreabierta hasta su ombligo dejando ver el trabajo físico de toda una vida para enfrentar cualquier enemigo, cualquier adversidad; las negras y largas pestañas pretendiendo esconder la picardía de sus ojos y sus labios con una media sonrisa. Era fácil olvidarse de todo con un hombre así, pero, luego, el corazón siempre le recordaba que su cariño estaba depositado en alguien más.
—Hoy luce algo animado, mi señor —comentó acercándole la copa. Él rió por lo bajo.
—Pues, difícil no estarlo contigo frente a mí, Nadine —Sujetó la copa y con su mano libre tomó la de la joven para guiarla para que se sentara sobre su pierna—. Aunque no soy más que un egoísta; es gracioso cuán injusto soy contigo, cuando eres la que más generosa es conmigo —reflexionó con cierto pesar.
—Mi señor, ya hemos hablado de esto cientos de veces. Usted es un gran soberano y para mí es un honor atender el más mínimo de sus mandatos —Kaden la observó a los ojos.
—Eres una mujer deliciosa, Nadine —Su voz no dejaba de estar teñida de pasión y oscuridad—. Quisiera poder recompensarte de alguna manera. Yo robé tu inocencia y aún hoy robo tu juventud; no soy tan buen soberano como crees si traigo desdicha a uno de mis más fieles súbditos. Te ofrecería compartir mi corona si supiera que eso te haría feliz —La mujer sonrió con cierta tristeza.
—Mi señor —enfrentó su rostro acariciándolo con su mano con aprecio—, usted no robó nada, yo acepté lo que me ofrecía en aquel entonces y, aún hoy, volvería a hacerlo. Yo daría mi vida si así lo pidiera.
—Aún no tienes veinte años y darías tu vida por este monstruo que de alguna manera te mantiene prisionera… —Acarició su brazo con gentileza. Suspiró—. Dime, Nadine, ¿todavía no se ha percatado de tus sentimientos? —La muchacha descendió su cabeza con languidez.
—No —musitó—. Él… parece ni siquiera saber de mi existencia…
—Entonces, no te merece —La obligó a verle y besó sus labios con ternura. Ella sonrió ante ese gesto, ella sabía bien cuán amable podía ser el "ogro de las montañas" al que todos temían y hacían bien en hacer así—. Si deseas, yo puedo hablar con él, tantear terreno…
—Mi señor —Lo estudió con complacencia. Ojala sus afectos fueran más profundos hacia este hombre con quien dentro de poco compartiría el lecho—, usted no debe hacer eso. Aún si no fuera un rey, él debe darse cuenta por sí solo y decidir —Kaden dejó su copa a un lado y lo mismo hizo con la de ella. Se apoderó de sus labios suavemente y se elevó con ella en brazos hacia la majestuosa cama que les aguardaba. Ambos ahogarían sus penas, al menos por unas cuantas horas.
Gontran se preparaba para ir la fiesta a la cual su tío, el monarca no asistiría. Ya que lo tenía en vista como su sucesor y pretendía sellar definitivamente la paz con el reino Goblin, él mismo le propuso ir en su lugar y este pequeño hecho pareció mejorar los ánimos de Kaden.
El carruaje estaba listo, al igual que su impecable apariencia. Su blanca camisa estaba inmaculada, la chaqueta marrón oscuro le asentaba de maravillas contrastando con su negro pantalón, su negro cabello, largo hasta los omóplatos, ahora atado en una prolija cola de caballo con un lazo haciendo juego con su atuendo superior. Bueno, se dijo, quizás no era el más hermoso de todos, de hecho, él consideraba que el más afortunado de toda su familia era su primo Devis, mas, si había algo que los caracterizaba era la masculinidad y la sensualidad en sus gallardos semblantes, por lo que hasta el menos afortunado podía resultar atractivo. ¿El punto fuerte? Bueno, la sonrisa, los ojos. Al menos, eso decían. Sonrió con diversión y salió de su habitación rumbo a la habitación de su tío. Este le había dicho que pasase a verle antes de partir.
—¿Quién es? —inquirió el pensativo monarca sentado en su diván. En la cama, Nadine yacía dormida después de complacerle tan fervientemente como siempre.
—Gontran, Su Majestad.
—Pasa —dijo luego de correr el cortinado de su lecho señorial para darle intimidad a la durmiente. Aguardó a que el joven ingresara para acomodarse nuevamente en su anterior ubicación—. ¿Cuántas veces sobrino debo decirte que sabiéndome a solas no tienes porqué usar el protocolo?
—Lo siento, tío. Mas, tenía entendido… —calló al oír el quejido entre sueños de la muchacha. Kaden sonrió con picardía.
—Tenías entendido bien. Pero, Nadine es de mi entera confianza —Gontran correspondió la sonrisa.
—No lo pongo en duda, tío. ¿Para qué deseabas verme?
—Bueno… —pareció inspeccionarlo—, luces muy apuesto.
—¿Qué sucede? —rió el joven por lo bajo—. ¿Además de un trono me quieres hacer de una esposa?
—¿Por qué no? No sería mala idea, incluso no sería mala idea si fuera alguien del reino que visitarás —Esto pareció causar gracia al sobrino.
—¡Tío Kaden, por favor! Yo no tengo nada en contra de ellos, pero, ¿qué puedo tener yo en común con una mujer que sólo sabe hacer trucos de magia y se siente una reina por ello? Sus egos preceden a sus poderes.
—Sí, lo sé. Son… insoportables y jactanciosos. Tanto como nosotros. Hay más en común de lo que piensas, sobrino. Mucho más. El rey Jareth de alguna manera está tan mal visto como yo y, sin embargo, el reino Goblin nunca ha estado mejor. ¡Pero, oh, claro! Aún somos jóvenes y asumimos la corona demasiado jóvenes, lo cual parece que nos hace estúpidos. Eso es lo que piensan los viejos buitres que pretenden tomar nuestro lugar y ya que no pueden hacerlo, sólo dejan fluir su envidia.
—De todas maneras, tío, no podría. De hecho, no creo interesarme por el casamiento…, no aún. Bueno… —semejó hacer una introspección—, no encontré a nadie como para planteármelo —Kaden sonrió con diablura.
—Aprovecha esta noche, entonces. Es una fiesta bastante importante y no sólo acudirán los familiares de la muchacha, también irán de otros reinos. Claro que no todos, por lo que sé, la propia familia le ha hecho la vida imposible al príncipe Erwin —Arrugó su frente en señal de meditar—. Él también hubiera sido un buen rey. No me explico cómo pudieron poner de suplente al inútil de Lord Hubert durante la infancia del rey Jareth. Sólo porque sea el tío abuelo del joven rey no es mérito suficiente para que te dejen sentar en el trono. De hecho, hubiere sido más lógico que Sir Erwin tomase el puesto.
—Bueno, quizás él lo rechazó.
—Es posible. Pero, bueno, no te quitaré más tiempo —Sonrió con bonanza—. Liroye te espera junto al carruaje con el presente que le encargué.
—Gracias, tío. Supongo que nos veremos dentro de dos días. Al regresar pasaré por la casa de Donovan. Hace tiempo que no le veo y en vista de que estaré de paso…
—Es una pena que ese joven haya decidido abandonar la milicia. Un gran talento. Pero, bueno, prefirió cuidar de su familia ante la muerte del padre y eso es tan honorable como cualquier batalla. Ya vete o me pondré a añorar épocas como los viejos y aún tengo muchos años por delante, o eso espero —bromeó.
—¡Sir Gontran! —exclamó Liroye anonadado—. ¡Cuánta belleza escondía usted tras ese escudo y todas esas protecciones!
—Eh… Gracias, Liroye —respondió algo incómodo. Él no tenía inconveniente en hablar y tratarle siempre y cuando no lo tuviera como enamorado. ¡Los poderes no lo permitieran, por favor!—. Viniendo de ti lo tomaré como un rotundo éxito entre las damas —La expresión de Liroye pareció apagarse—. ¿Qué sucede? —Gontran inquirió con jocosidad en tanto subía al carruaje—. ¿No irás a deprimirte, verdad?
—No, milord —contestó, mas, su voz había perdido la acostumbrada algarabía. En sus manos mantenía sujeto un paquete—. Casi lo olvidaba, Sir Gontran, este es el presente para la dama. Será el primer baile de la chica en cuestión así que Su Majestad deseaba algo especial. Es un alhajero hecho por los gnomes del castillo del interior; puedo asegurarle que ella quedaría encantada con ello —Suspiró entregándoselo.
—Quedará —lo corrigió.
—¿Qué? —pareció despertar de su letargo.
—Dijiste 'quedaría' y lo correcto es 'quedará.' Qué raro que tú te equivoques, Liroye.
—¡Oh, bueno…! —Rió nerviosamente—. Es que… me he puesto nervioso al ver a Devis —acusó a este que venía a caballo con el grupo que lo escoltaría hasta el reino Goblin.
—¿Devis te pone nervioso? Pensé que eran amigos.
—Bueno, sí. ¡Pero…, es que se ve tan sexy con su uniforme! —excusó. Gontran asomó su cabeza para ver al susodicho y, luego, a Liroye.
—¿Pese a su escudo y todas esas protecciones? ¿O acaso es porque a él le has visto más que a mí? —dijo con jocosidad. Liroye pareció ruborizarse como una adolescente
—¡Lord Gontran! —se escandalizó—. ¿Cómo usted piensa semejante…? —Por respuesta sólo tuvo una cálida risotada.
—¡Tranquilo, Liroye! No diré nada.
—Usted me ofende, milord —pareció indignarse.
—¡Oh, vamos, Liroye! Primero me dices lo bien que me veo y ahora te comportas como una casta doncella.
—Bueno, quizás lo soy —continuaba en su ofendido papel—. Después de todo, nadie viene a comprobarlo —insinuó con maldad. Gontran sólo rió más.
—Eres peligroso, Liroye, aún más que cualquier mujer —dijo antes de que Devis se apostara entre el coche y el joven.
—¿Otra vez Liroye está tratando de seducirte, primo? —Devis indagó con una lánguida sonrisa.
—Este muchacho tiene más sutileza que cualquier dama que haya conocido y más tretas de las que una pueda llegar a conocer —comentó risueño secando una lágrima de su ojo.
—Eso lo creo.
—¡Fantástico! —protestó el aludido—. ¡Ahora, júntense ambos para criticarme! ¡Qué buen amigo resultas, Devis! —Logró que ambos hombres estuvieran hilarantes—. ¡Búrlense nomás, par de brutos!
—Cuida la boca, Liroye —se oyó la voz de Marlon viniendo por detrás del carruaje—. Estás hablando del futuro rey —Su tono era claramente maligno y envidioso y, a la vez, rebelaba cierta satisfacción. El distendido ambiente se desarmó tan rápido como había surgido, dejando una estela de escalofríos. Gontran observó a su primo mayor. No le gustaba, nunca le gustó y no culpaba a su tío por tampoco hacerlo.
—No es necesario que me defiendas, Marlon. Puedo hacerlo por mí mismo.
—Sólo quería dejar en claro cuál será tu… puesto —Sonrió con cinismo. Otra vez esa horrible tensión pareció aprehenderlos aún más que antes. Allí había algo, pensó Gontran, mas, lo asoció únicamente con la eterna codicia de poder de Marlon.
—Mi puesto, Marlon, es servir a Su Majestad, al igual que el tuyo.
—Marlon, nos estás retrasando —irrumpió su hermano menor—. No es correcto llegar fuera de horario —remarcó las tres últimas palabras—, hermano. Especialmente cuando se trata del reino Goblin, sería un desaire.
—Tienes razón, es mejor que avancen. Y… que te diviertas, 'primo,' dicen que donde vas es un sitio del que pocos regresan —Se hizo a un lado para retornar al interior del castillo. Gontran se lo quedó viendo con suspicacia. Algo tramaba esa arpía. Pero, ignoraba qué. Sólo esperaba que su tío fuera lo suficientemente cuidadoso.
—Pongámonos en marcha, Devis —propuso finalmente.
—Seguro —Abandonó la vista de la imagen de su hermano para ver a los hombres que habían sido seleccionados por este para que formaran la comitiva. Sólo dos o tres eran fieles a él, el resto al cruel Marlon que les prometía lo que fuera con tal de tenerlos entre sus manos—. ¡Ya oyeron, hombres! ¡En formación! —ordenó ubicándose delante del carruaje. Al pasar junto a Liroye sus miradas se encontraron furtivamente con seriedad. La de Liroye con algo de preocupación por su amigo. Si todo resultaba según el plan de Marlon, pronto se verían otra vez y ellos deberían aguardar para dar comienzo a su propio plan. Pero, primero, deberían cumplir el que el traidor a la corona había ordenado.
