N/A: ¡Hola, holita y hola! ¿Cómo les va? Estuve mucho tiempo sin publicar, lo sé. Pero, bueno, a veces pasan cosas que uno no puede solucionar tan pronto como quisiera y ni siquiera como uno quisiera.
La cuestión es que aquí está el siguiente capi que espero que les guste. En verdad quisiera saber sus opiniones, chicas y chicos.
Agradezco enormemente a mi amiga Moonlighgirl por sus comentarios y le pido perdón porque creo que con todo el embrollo en que ando no le he agradecido debidamente en los capis que ya tenía publicado. Si no lo hice, gracias nuevamente, Moon. Un gran abrazo.
Capítulo 9: En Toda Familia Hay Un Judas.
Alin no podía creer que su padre se llevase mal con este hombre. Era un sujeto educado y agradable; ¿por qué no se llevarían bien?
—¿Lord Hubert, puedo hacerle una pregunta?
—Por supuesto, querida; todas las que quieras.
—¿Usted conoció a mi madre? —El hombre suspiró con congoja.
—Una excelente mujer, Lady Alin. Más de un hombre envidió la suerte de su padre cuando consiguió su mano —Alin sonrió con dulzura al pensar en ello. Hubert estudió la situación, Jareth estaba embobado con Lilith, tal cual ella había prometido; a Erwin se lo veía hablando confortablemente con Lord Achille y Lord Pierce; dos simplones como él; y Conrad… ¿Por qué demonios esa estúpida muchacha amante suya no estaba bailando o lo que fuera con él? Pero, por suerte, Conrad estaba examinando sus enguantadas manos. Ese era el momento perfecto de hacerlo. Se llevó una mano a la frente e inclinó su cabeza—. ¡Oh, perdón, querida mía!
—¿Se siente usted bien, tío?
—Siento mucho importunarla, querida; pero, a mi edad... —aspiró como si le faltase el aire— demasiado tiempo encerrado en medio de gente y bullicio... —Volvió a repetir la treta—. ¿Me haría el favor de acompañarme a tomar un poco de aire?
—¿Por qué no vamos por el doctor? Seguramente él…
—¡Oh, no, por favor! Tan sólo necesito un poco de aire fresco y me reestableceré, se lo prometo —Alin consintió preocupada por la salud del hombre; después de todo, era su tío-abuelo y no era mucho lo que le pedía, ¿no? ¿Qué clase de persona sería de negarse a tomar un poco de aire con un anciano que sólo deseaba recomponerse?
—De acuerdo.
—Gracias, Lady Alin —La condujo hacia la puerta más cercana, no sin antes observar hacia los tres personajes de quienes debía cuidarse ser visto.
Gontran cerró los ojos reclinándose sobre el asiento. El viaje era algo largo, mas, esta vez, el camino parecía haberse extendido más de la cuenta. Él volvió a abrirlos cuando el carruaje se detuvo.
—¿Qué sucede, Devis? —asomó su cabeza para hablarle, mas, todo lo que pudo ver fue la empuñadura de la espada de Graham sobre la misma cayendo pesadamente sobre él. El golpe llevó a Gontran a sujetar la portezuela y su propio peso le hizo descender del vehículo, mas, aún no se hallaba inconsciente, por lo que Graham iba a darle de nuevo con saña, a no ser por la intervención de Devis.
—¡Basta, imbécil! ¿Acaso quieres matarlo? —le empujó sin miramiento poniéndose entre su primo y este.
—¿Y a quién le importaría? Después de todo, ese será su destino —dijo con menosprecio.
—¡Idiota! —clamó a punto de golpearle a no ser por sus hombres que le detuvieron.
—¿Qué sucede, Devis; ahora te preocupa tu primo? —habló con maldad. Devis se liberó de sus hombres.
—Se nota que eres sólo un bruto, Graham —espetó conteniendo su cólera—. O quizás no te importe desafiar a mi hermano, arruinar sus planes y enfrentar su ira —Lo observó a los ojos que continuaban desafiantes—. Este hombre debe ser entregado con vida y es lo que se hará —decretó—. ¿Entendido, Sargento Graham? —El otro tardó en responderle con la respiración alterada—. ¡¿Entendido, Sargento?!
—Sí, Capitán —Su tono seguía siendo casi tan áspero como al principio.
—Ahora, levántenlo y amarren sus manos y pies —indicó a sus hombres sin quitar la vista del otro.
Gontran luchaba por elevarse y mantener la consciencia pese al dolor en su cabeza. ¿Qué rayos era esto? ¿Acaso, este era el fin? ¿Y su tío; estaría bien? ¿Qué hubiera sucedido de venir él en el carruaje? Trató una vez más de incorporarse, mas, fue sujeto por dos de los tipos pese a su lucha y adormecido por un humo que Devis extrajo de una botella y obligó a que inhalase.
—De… ¿Devis…, tú… por qué…? —Fue todo lo que pudo gesticular antes de que el hechizo brindado por Lord Hubert hiciere efecto. El joven capitán aspiró con fuerza.
—Métanlo al carruaje. Debemos ir al punto de intercambio —trató de camuflar su apesadumbrada voz.
Conrad arregló sus guantes con sus poderes. Sí, así nadie se daría cuenta de ello; sonrió al verlos nuevamente impecables. Ahora, a fijarse en la atolondradita de su hermana. Comenzó a buscarla con su mirada por el salón; a pocos pasos, su padre manteniendo una seria charla con sus colegas en negocios; más allá, Jareth pululado por varias tontuelas y experimentadas, de hecho, había una que parecía estar acaparando demasiado su atención. Próximo a una de las puertas que dirigían al parque, el atrevido de Normand estaba con esa muchacha loca que interrumpió su gran obsequio al engreído sujeto y ¿dónde estaba su hermana? ¡¿Sólo dos segundos y ya desapareció?! La última persona con quien él la había visto había sido con Sir Hubert, debería ubicarlo a él y preguntarle. Comenzó a desplazarse entre las gentes.
—¿Disculpe, ha visto a mi hermana? —indagó a una bella joven de diecisiete años.
—No. No la he visto desde hace buen rato, Sir Conrad.
—Gracias —continuó con su búsqueda.
—¿Qué haces, Luna? ¡No debes hablar con esa gentuza!
—Lo siento, Lady Anca. No lo sabía —dijo casi sin expresión.
—Toda su familia es inescrupulosa y… —La vetusta anciana continuaba con su diatriba.
—Padre, disculpa —indicó con educación al interrumpir la conversación de sus mayores—, pero, ¿has visto a Alin? La he estado buscando y no puedo hallarla.
—Hace un momento estaba bailando con Lord Hubert —comentó intentando ubicarlos—. ¡Qué extraño…! Dispénsenos, caballeros.
—¡Por supuesto, Sus Altezas! —Ambos hombres inclinaron sus cabezas en respeto.
—¿Cuánto hace que no la ves?
—Sólo unos minutos —aclaró él sin entender, pero, temiendo que ella estuviera en problemas.
—Preguntémosle a Jareth, él quizás pueda ubicarla con ayuda de sus goblins.
—Yo iré a inspeccionar el jardín, padre. Sólo por si acaso.
—De acuerdo. Sé cuidadoso.
—Sí. Llevaré conmigo a algún goblin apenas me cruce con uno.
—Bien.
Conrad dejó el salón internándose en los distintos senderos del jardín. Oyó unos gemidos tras unos arbustos y se acercó con sigilo. Grande fue su sorpresa cuando se halló con Lord Normand y la misma chica con quien había visto, ambos a medio vestir y en plena actividad amatoria.
—¡Oh…! Disculpen, pensé que… era alguien más.
—No hay problema, muchacho. Sólo… no digas nada a nadie, ¿bien? —El hombre parecía dar por terminada la charla para continuar con lo suyo, mas, la firme voz del joven lo obligó a verle.
—¿Ha visto a mi hermana?
—¿Niño, no ves que estoy en medio de algo importante? Ve a buscarla a otro lado.
—Sí. Tiene razón, ella no podría estar muy cerca de donde ande usted. Apesta —fue todo lo que respondió antes de marcharse haciendo un despectivo gesto con su mano delante de su nariz—. Debería haberle hecho lo de los mocos —murmuró para sí—. ¡Alin! —comenzó a llamar—. ¿Me escuchas? ¿Dónde estás? ¡Alin, si no sales de tu escondite, volveré a llenarte la cabeza de caracoles y otros bichos aún más asquerosos!
Alin pudo oír la voz de su hermano, mas, la mano que tenía sobre sus labios no le permitía responderle. Sus ojos mostraban todo el terror del que era presa. Hubert había resultado un ser malévolo que se había hecho pasar por un viejecito amable y honorable y había resultado un desgraciado tramposo. Ni bien caminaron unos metros, tres hombres la tomaron y ella pudo escuchar cómo su tío-abuelo daba las órdenes de llevarla a cierto lugar pactado que no nombró. ¿Qué harían con ella? ¿La liberarían? ¿Por qué le estaban haciendo esto?
—Vayámonos ahora, antes de que el muchacho llegue aquí y nos pille —sugirió uno de los hombres.
—Es una pena que haya que entregarla en perfecto estado, ¿no creen? —Quien la sostenía de las piernas comentó a los otros dos.
—¡Ya déjate de tonterías, Martin, y vamos! ¡Pronto! —La elevaron entre los dos y se dirigieron al portal que Hubert les había preparado—. Si nos llegan a pescar, nos colgarán por traición, así que olvídate de tu maldita lujuria y camina! —Alin se debatía tanto como podía, mas, nada podía hacer contra la fuerza de estos horribles hombres. La corona de frescas flores cayó y fue pisada sin ser advertida por uno de los malhechores. Al sentir el pequeño montículo bajo su pie, el sujeto miró hacia el suelo distrayendo al resto, momento en el cual, la muchacha aprovechó para morder a quien la mantenía amordazada liberando así por unos segundos sus labios.
—¡Conrad…! —fue todo lo que atinó a decir antes de que el tercero le diera una bofetada tal que la dejó inconsciente.
—¡Son dos idiotas! ¡Andando! —acusó a ambos secuaces que la transportaban.
El joven creyó oír la voz de su hermana y sin duda alguna estaba en problemas.
—¡¿Alin?! —clamó corriendo cual rayo hacia el sitio por donde creía haberla oído—. ¿Alin, eres tú? ¡Alin, hermanita, contesta! —alcanzó el lugar exacto donde habían pronunciado su nombre, pero, no halló a nadie. Comenzó a girar tratando de distinguir algún sonido, alguna señal. Entonces, descubrió la corona pisoteada sobre las hierbas y la tomó con aprehensión llevándola hacia su pecho—. ¿Alin, qué te han hecho? —Cerró sus ojos con fuerza dejando escapar una lágrima. De inmediato, se obligó a recomponerse y formuló un cristal—. Padre, algo ha sucedido a Alin, no sé bien qué, pero, alguien la tiene.
Sólo en segundos, los goblins salieron por todos lados en busca de la muchacha. El castillo fue revisado de punta a punta al igual que el laberinto y las prolongaciones fuera de este. Nada, nadie.
—En verdad siento mucho todo esto, Su Alteza —se congració Sir Hubert—. Espero que pronto atrapen a los culpables y cualquier cosa que usted necesite, estaré a su disposición.
—Gracias, Lord Hubert. Lo tendré en cuenta —Sir Erwin parecía un autómata contestando a quienes se le acercaban a darle inútiles palabras de ánimo y consuelo. Conrad agachó la cabeza, un relámpago de recuerdos de cuando a su casa llegó la noticia de la muerte de su madre vino a su memoria. Y miró al hombre que puso una mano sobre su hombro y una extraña sensación de desagrado lo atacó.
—No te preocupes, muchacho. Pronto todo se resolverá, ya verás —Conrad enfrió su mirada, lo cual era poco común en su persona.
—Ella volverá —aseguró con un dejo de desafío y un brillo especial en su mirada que obligó a Hubert quitar su mano. Este muchacho no tenía idea del poder que tenía dentro de sí—. Ella volverá a casa —Le dio la espalda viendo hacia la ventana que daba al lugar donde había hallado el arreglo floral de Alin.
—No te preocupes, Conrad —habló el rey con la voz denotando cólera hacia quienes hubieren osado semejante sacrilegio. Hubert sonrió para sus adentros, sí, eso era lo que deseaban que se ofuscaran y creyeran al otro culpable. Una matanza que no tendría ganadores—, mis goblins no cesarán su búsqueda hasta dar con su rastro. Y pobre del que se haya atrevido a tocar un solo cabello de ella… —pronosticó con prometida tenebrosidad que por un segundo hizo temblar al impío Hubert.
En un apartado lugar, camino entre ambos reinos, dos carruajes se detuvieron en medio de la penumbra de la noche. Devis descendió del suyo con su primo apenas pudiendo mantenerse en pie, sostenido por sus dos hombres. Del otro, uno de los lacayos de Sir Hubert, con la muchacha aún inconsciente en brazos.
—Lord Devis, supongo.
—Birger, presumo; la mano que hace los trabajos sucios de Lord Hubert.
—Usted está tan bien informado como yo —Cabeceó en dirección al prisionero—. ¿Ese es el heredero?
—Ése podría llegar a serlo. Mi hermano es muy precavido al respecto. ¿Esta es la muchacha favorita del Rey Goblin?
—Ella es.
—Bien… —Se maldijo para sí. Sólo le quedaba rogar a los dioses que Liroye hubiere llegado al lugar tal cual habían planeado. Su amigo temía por él, pero, la parte más arriesgada la llevaba el suave Liroye, en las propias garras del enemigo—, intercambiemos, entonces —Extendió sus brazos donde depositaron a la jovencita, en tanto, Gontran era arrastrado hacia el otro carromato donde seguidamente lo depositarían sin miramiento alguno.
Al cruzarse con el hombre que sostenía a Alin, Gontran se forzó en abrir los ojos y enfocar su borrosa visión. ¿Qué llevaban en brazos? ¿Una niña? ¿Quién sería? ¿Y por qué? Sus cuestiones no fueron respondidas por el duro borde del asiento ni por el piso del carruaje. Y otra vez la somnolencia.
—Bueno, cada quien tiene lo suyo para divertirse a gusto —comentó Birger—. Que la disfruten —Sonrió con befa. Devis dio un rápido vistazo a la joven en sus brazos. Era notorio que había sido abofeteada fuertemente en la mejilla.
—Seguro —respondió inexpresivo.
—De eso puede estar seguro —rió Graham haciendo que Devis tensara sus músculos. Sería difícil. Tal vez, tanto Liroye como él se verían en igualdad de condiciones en cuanto al riesgo corrido y, con este pensamiento, acomodó a la muchacha en el interior del coche y ascendió junto a ella. Prontamente ambos vehículos comenzaron a apartarse uno del otro.
