N/A: Gracias a aquellas que siguen esta historia en clandestinidad XD. Deverdad, sino fuera por ello creo que no seguiría publicándola. Así que, gracias por seguir allí frente al monitor. : )

Capítulo 10: Cautiverio Y Agravio.

Jareth se sentía como el peor hombre del mundo. Él flirteando con esa mujer y su pequeña prima en manos de quién sabría qué desgraciado y con qué intenciones.

—Por favor, Poderes del Underground, no desamparen a esta niña. Por favor… —rogó con congoja arrodillado en la pequeña capilla para su exclusivo uso.

Aún no comprendía cómo no había podido localizarla con sus poderes. ¡Se había sentido tan inútil! Y a no ser por esa mujer, Lilith, que no se había despegado ni un segundo de su lado, hubiera empezado a golpear a todos y a cada uno de sus propios soldados. Ella lo había calmado aconsejándole reservar toda su ira contra el responsable del rapto.

—Pídanme lo que quieran a cambio, lo que sea por su seguridad. Mi vida incluso, mi felicidad, tomen de mí lo que gusten, mas, no permitan que mi pequeña prima sufra daño alguno… Se los imploro…

A pocos pasos, en la puerta, Scary le observaba en respetuoso silencio, pues, había insistido en entrar en vista del secuestro de la muchacha dentro del propio castillo y duplicado la seguridad en todos los puntos.

La quietud se vio afectada ante la llegada de un goblin, subordinado del guardia personal del rey, con quien nerviosamente cruzó palabra y entregó algo. Scary agrandó sus ojos en señal de asombro y ambos miraron hacia su señor.

—Su Majestad…, dispénseme… —llamó Scary y este volteó a verle. Al advertir al otro goblin se incorporó para tomar rumbo hacia ellos.

—¿La encontraron? —indagó con ansias—. ¿Saben dónde está?

—No, Su Majestad —lamentó su custodio—. Pero, tal vez sepamos quienes tienen que ver con esto, milord —Extendió su mano con la labrada insignia de plata de las águilas. Jareth la tomó para estudiarla y seguidamente apretarla en su puño con odio.

—¡Maldito sea! ¡¿Cómo pude confiar en él?! ¡Y yo que pensaba perdonarle su ofensa por su ausencia en la fiesta! —Estrelló el objeto contra la puerta y giró cual torbellino hacia Scary—. ¡Pronto; prepara al ejército! ¡Iremos hacia las High Mountains!

—¡Pero, Su Majestad…! —quiso hacerle entrar en razón, mas, no hubo caso. Él ya iba caminando hacia el castillo, ahora ya vestido con su oscura vestimenta de batalla. Scary suspiró—. Ya oíste, Horrendous, da aviso a todos. En diez minutos todos deben estar presentes y listos para batalla.

—Sí, señor.

—Buenos días, Su Majestad —La anciana sylph le despertó con una sonrisa.

—Buenos días, Adelaide —le correspondió el saludo advirtiendo que Nadine ya se había marchado—. ¿Ha vuelto mi sobrino?

—Todavía no, milord. Seguramente habrá tenido suerte con alguna muchacha.

—Probablemente… ¡Oh, pero, me había comentado algo sobre pasar por lo de un amigo suyo! Lo había olvidado.

—Entonces, debe encontrarse allí. Así que, como mucho esta tarde llegará.

—Así debe ser. ¿Cómo está tu nieto?

—¡Oh, él está enorme, Rey Kaden! Si lo viere no lo reconocería —rió con orgullo—. Es más, me temo que en cualquier momento termine en alguna fila entre sus hombres, Su Majestad.

—Entonces, debe ser un muchacho vigoroso y saludable —sonrió afable—. Me alegra oír eso.

—Igual que lo ha sido usted. Aún recuerdo cuando ayudaba a su madre a alimentarle y, de repente, convertido en todo un hombre —exhaló un suspiro de añoranza.

—Entonces, quizás se deba a ti que supiste cuidarme cuando ella no podía —Él le correspondió con una sonrisa.

—¡Tonterías! Usted lleva esa fuerza y ese vigor en su sangre, al igual que su padre y el padre de su padre. No importa cuánto digan los demás, pero, en su trono jamás se ha sentado una sabandija, siempre han sido reyes dignos de la corona que portaban. Lo decía mi madre y lo digo yo que ya he visto tres reinados.

—Gracias —Tomó su mano—. Por si nadie te lo ha dicho antes, gracias, Adelaide.

—De nada, Su Majestad —contestó emocionada.

—¡Jareth, por lo que más quieras, aguarda! ¡Es una locura iniciar una guerra así como así!

—¡Kaden se ha burlado de mi integridad, tío! ¡Y ha tocado lo que jamás debió siquiera osar en pensar tocar! —Se dirigía a la sala del trono hecho una furia con su tío y su primo detrás.

—¡¿Jareth, quién más que yo quisiera saber dónde está mi niña?! ¡Pero, no puedo permitirte cometer este error, hijo! ¡Un ataque no resolverá nada! ¡Y quizás, sean ustedes mismos quienes acaben con su vida enceguecidos por la furia! ¡Por favor, mi muchacho, mi rey, escucha a este viejo y adolorido padre! —suplicó sujetándolo de un brazo.

Jareth pudo ver toda la pena reflejada en el rostro de su tío y exhaló agotado. Toda la maldita noche esperando noticias, buscando él mismo un indicio de su amada prima.

—¿Qué se supone que debo hacer, tío? ¡Ella me necesita y yo no estoy! ¡Ella me necesitaba y le fallé!

—Jareth, tú no le fallaste. Y si fue así, entonces, no has sido el único —Conrad habló alicaído.

—Escúchenme los dos —habló Erwin—, mi hija está bien. Yo… sé que estará bien… Y todo cuanto podemos hacer es seguir investigando, preguntando, pero, no ocasionar una guerra sin estar seguros.

Jareth observó el reloj de la sala, pronto sería mediodía.

—Muy bien, tío —trató de recobrar su compostura. Él tenía razón, ir enfurecido, enceguecido por el arrebato sin todavía tener todas las pruebas suficientes, no era motivo para una masacre ni de su pueblo ni del otro—. Prepararé a los hombres y esta tarde, ya más calmos, partiremos para pedir explicaciones, mas, si Kaden confiesa su implicación o si algo lo delata y descubro que le ha hecho daño, entonces, tío, no me pidas compasión ni razonamiento.

—Si llega a ser así, yo mismo estaré en el frente de batalla, mi muchacho —reconoció con tanta oscuridad como su sobrino.

—Yo… Ella… regresará —Conrad aseguró como en un trance y, luego, miró a ambos—. Yo no sé cómo, pero, ella regresará.

—Por supuesto, hijo. Por supuesto —Erwin lo atrajo hacia él en un abrazo. Si había una batalla y Jareth y él perecían, ¿quién cuidaría de su muchacho? Quedaría totalmente abandonado y aún era sólo un chiquillo travieso que debería ocupar el lugar de su primo en el trono—. Quizás…, es mejor que regresaras a casa, por si acaso.

—Sí…, ella podría escapar e ir hacia allí —convino con cierto pensamiento en mente. Sí, eso podía suceder. Si él tuviera que escapar y si tuviera que escapar desde algún punto desde las montañas, iría hacia su casa porque sabía que el castillo sería más peligroso que su hogar y, además, su finca estaría más cerca, después de un agotado viaje no tendría deseos de seguir avanzando al menos sin detenerse en un lugar conocido y seguro—. Y si llega a casa te avisaré por medio de los cristales.

—Eso suena a un buen plan —Erwin sonrió con melancolía.

—Pero, ustedes dos deben prometerme que me mantendrán informado, que no me tratarán como a un niño. Si Kaden la tiene o si no, quiero estar al tanto; si le han hecho daño o no; es mi derecho saberlo.

—Te doy mi palabra, primo —Jareth afirmó y tras ver a su tío y ambos al muchacho, confirmándole sus promesas, Conrad asentó con su cabeza y se obligó a sonreírles.

—Entonces, partiré ya mismo —les dio la espalda con decisión—. No te preocupes, padre, me iré con unos cuantos goblins por si acaso.

—Él está creciendo y rápido —Jareth observó a Conrad desaparecer por los portones.

—Aunque no lo parezca —reconoció Sir Erwin. Jareth le observó concienzudamente.

—Tío…, he estado pensando en que… si algo saliera mal y yo... ¡Demonios! Sólo quédate aquí en mi lugar y… No dejes solo a Conrad. Él aún te necesita. No tiene sentido que ambos nos arriesguemos y él quede…

—Lo entiendo, Jareth. Cuando me ofrecí a ir contigo, por obvias razones, no lo pensé, pero, cuando él habló… ¡Es… tan frustante…!—Dejó salir su congoja— ¿Por qué a mi niña? ¡Ella nunca en su vida ha hecho daño alguno! Si era por vengarse, ¿por qué no a mí? —Llevó su enguantada mano a la altura de sus ojos.

—Tío… —Jareth apoyó sus manos sobre los hombros del otro fey—, ¿quién querría vengarse de ti si eres un hombre de bien? Si fue Kaden, no es contigo, es conmigo o con el reino en sí, pero, no contigo.

—¿Pero…, por qué a ella?

—No sé. Ignoro qué está sucediendo, porque normalmente yo sabría qué hacer, hacia dónde ir, pero…, simplemente no puedo ubicarla. Mi magia parece haber sufrido algún tipo de cambio con respecto a ella o a quienes la tienen. No puedo entenderlo… —confesó frustrado.

—Y yo poco puedo decirte, Jareth. Aunque fuera tan poderoso como tú, no podría servirte de mucho.

—No te preocupes, tío. Ya oíste a tu hijo, ella regresará y yo la encontraré de una forma u otra; ni siquiera la falla de mis habilidades podrá detenerme.

Erwin cabeceó tratando de restaurarse.

—Ya es de noche, Nadine. Gontran tendría que estar de regreso —habló con su brazo apoyado en el dintel superior de la ventana, viendo a la lontananza.

—Mi señor, quizás haya decidido quedarse en casa de su amigo.

—Si así fuere, ¿dónde están los demás? ¿Por qué ni siquiera uno de los que partieron regresaron? Donovan no vive tan lejos como para que él no envíe a uno de sus hombres con un mensaje. Y Donovan no tiene espacio como para albergarlos a todos. Doce hombres, Nadine; doce hombres que ya deberían estar tras estas puertas.

—Yo… sólo estoy tratando de calmarle, Su Majestad. Yo… —se quebró dándole la espalda— estoy tan preocupada como usted…

Kaden se maldijo por lo bajo. Había olvidado lo que esta muchacha sentía por su sobrino Devis. A veces, parecía ni siquiera interesarle que todos comentaran que Liroye y Devis eran amantes y que a ninguno de los dos le llamaba la atención las mujeres.

—Lo sé… —Dulcificó su voz y la abrazó por detrás—. Lo siento, mi amable Nadine… —Besó su cabello desde su aventajada altura—. Él también es parte de mi preocupación, aunque no lo creas…, después de todo, también es mi sobrino.

La muchacha comenzó a temblar; Kaden sabía que ella no buscaría su amparo al menos que él la obligase, y eso hizo haciéndole pegar la vuelta y estrechándola firmemente contra sí; Nadine dejó que las lágrimas fluyeran.

—Sh…, mi muchacha orgullosa… Sh… Démosles unas horas más; si no llegan a primera hora, organizaré un grupo de búsqueda.

En medio de las penumbras, Gontran abrió los ojos con dificultad. ¿Dónde estaba? No estaba seguro de dónde, pero, le dolía todo el cuerpo. Sentía como si tuviera rota alguna costilla, los músculos de su estómago totalmente magullados y casi podía apostar que su rostro estaba inflamado. Quejándose, intentó moverse y se halló atado de pies y manos en una especie de cama para torturas.

¡Diablos! Esto no se veía nada bien, nada bien. ¿Qué rayos querrían? ¿Por qué se tomaron tantas molestias para con él? Luchaba por asegurarse de estar lo más lúcido posible. ¡Él no iba a quedarse de brazos cruzados…! O atados, analizó. Y una vez más, dejó que su espalda cayese totalmente sobre el lecho de piedra. ¡Rayos! Dejó escapar un suspiro de impotencia. Quizás, él pudiera romper los grillos o las cadenas que lo sujetaban…, pero, ¿sería prudente hacerlo sin saber quienes eran los que estaban tras este secuestro? Trató de hacer memoria…

Devis indicó a la mitad de los hombres adelantarse y estos tardaron; no regresaron si no después de varias horas para volver a irse. Entonces, el viaje se le había hecho interminable y se habían detenido… ¡Graham!¡Esa maldita rata traicionera le había golpeado…! Y Devis… ¡Su primo lo había entregado y drogado con ese… humo o lo que hubiere sido! Pero…, también lo había defendido de Graham, al cual no parecía importarle matarlo allí mismo. ¿Sería porque justamente todavía lo querían vivo? Sus pensamientos volvieron a Devis y pudo recordar la expresión de sus ojos cuando abrió aquel recipiente con el hechizo… Parecía apenado… ¿Lo habrían obligado? ¿Por qué? De Marlon podría esperar cualquier cosa, pero, no de Devis.

¿Qué clase de cobardes eran sus secuestradores que lo habían golpeado estando inconsciente? Y… cuando lo cambiaron de carruaje, ¿había visto entregar una niña a los brazos de su primo o se lo había imaginado en una suerte de delirio por el golpe y el conjuro? ¿Quién sería? ¿Por qué una niña?

Alin se movió inquieta en su lecho. Le molestaba la mejilla, como si levemente la tuviera hinchada. Se sentía prisionera de un mal sueño del cual no podía salir, alguien, algo la perseguía y quería hacerle daño. Ella estaba sola, no había a quien pedir ayuda y, entonces, oía la voz de su hermano y ella gritaba desesperación y cuando creía alcanzarlo, ¡zas!; ese algo o alguien caía sobre ella con todas sus fuerzas asustándola aún más.

—¡No! —gritó y sintió que alguien abrió una puerta. Sólo entonces ella observó a su alrededor. Este no era su cuarto en su finca, ni en el castillo… Allí no había ventanas y todo lucía sucio y umbrío. ¿Dónde estaba?

—Al fin despertaste… —se oyó una voz.

Un hombre se acercó a ella, quien apretó más su espalda contra la pared del camastro con su corazón corriendo con salvaje prisa.

—Ya estaba preocupándome —acotó el extraño.

—¿Quién…? ¿Quién es usted? ¿Qué hago aquí?

El joven hombre descendió su mirada como meditando su respuesta.

—Puedes llamarme Devis. Yo estoy a cargo de tu bienestar aquí. ¿Te duele la mejilla?

Alin llevó su mano al lugar flagelado.

—Sí, un poco… —Miró al sujeto frente a sí que le ofrecía un paño envolviendo un trozo de hielo. Ella lo tomó con cierto recelo.

—Esto ayudará a que se desinflame. Corriste con suerte; esos hombres podrían haber hecho cosas peores—comentó viéndola llevarse lo ofrecido al rostro.

—¿Dónde están mi padre y mi hermano? Quiero verlos.

—Lady Alin, mucho me temo que no podrás verlos. Como habrás notado, esto no es el castillo más allá de ciudad Goblin. Debes entender, muchacha, que has sido secuestrada y que, por lo tanto, no debes confiar en nadie; que incluso yo seré cruel contigo.

—¿Po…? ¿Por qué? —Le vio estupefacta.

—Porque a veces hay que saber no mostrarnos tal cual somos. Sólo voy a darte este consejo; cuídate de Graham; yo estaré aquí casi todo el tiempo, lo mismo que mis hombres de confianza, pero, ayúdame a que no seas… dañada.

—¿Por qué? —Dejó escapar unas lagrimillas—. ¿Por qué mi tío-abuelo está haciendo esto?

—¿Por qué, niña? —inquirió con asombro—. ¡Cuán inocente eres! —Sonrió con pesar y la vio con gravedad—. Por lo que lo haríamos todos, por poder. El poder es la joya más codiciada en este u otro mundo; el poder es… la maldición de todas las razas… y la maldición para quien sabe administrarlo —opinó pensando en su propio monarca. Alin sólo quedó más llorosa y temerosa que antes. Devis aspiró con fuerza—. Te dejaré a solas para que te hagas a la idea de que tendrás que ser fuerte. Allí… hay una mesa con alimento y bebida. Toma tanto como quieras, no te faltará nada de ello mientras yo esté aquí —abandonó la estancia dejando a la lacrimosa chica en penumbras.