N/A: ¡Hola! Gracias por seguir leyendo, pero, insisto, necesito algún review para saber qué tal estoy haciéndolo T.T ¿Porfi?
Y por último... ¡Felices Pascuas! Besos.
Capítulo 13: Cuidarse Las Espaldas.
Las puertas de las imperiosas fortalezas de las montañas se abrieron, una desde lo alto, la otra desde las mismas entrañas de la montaña, un enorme e invencible ejército comenzaba a marchar encabezado por su rey. Los asuntos de estado quedaron bajo la custodia de un ministro sylph de la entera confianza de Kaden.
—¡Vamos, mis hombres! ¡A la victoria! —clamó el aguerrido y majestuoso rey, montado en su brioso corcel, con su brazo en alto y fue vitoreado a una sola voz por sus guerreros de las distintas razas. Los feys y los sylph se trasladaban caballo, en tanto, los gnomes preferían ir en veloces zorros.
—Y allí va… —Marlon murmuró para sí con maldad desde lo alto de una ventana—; tan irracional e impulsivo como siempre…
—¿Crees que funcione? —Un hombre de avanzada edad le cuestionó sentado cómodamente en un sofá, fumando su pipa.
—Por supuesto que sí, padre… Donde tú fallaste, yo triunfaré —Giró para verle con una perversa sonrisa.
El inacabable ejército comenzó su avance, después de que el más veloz de sus mensajeros regresó de la casa de Donovan, con la noticia de que la comitiva jamás había pasado por su hogar.
—¡General!
—¡Sí, Su Majestad! —El goblin apeó su caballo junto al del rubio soberano.
—Detengámonos para que todo mundo se recupere. Más adelante ya no podremos hacerlo y deberemos andar con más sigilo.
—Como diga, milord —Se apartó recorriendo la hilera de feys, goblins y fairies sobre cualquiera de ellos. ¿Por qué volar si se puede ahorrar energía?—. ¡Atención! ¡Tomaremos un receso! —Seguidamente se oyeron las exhalaciones de alivio de los cansados viajeros.
—¿Compartiremos la tienda? —Daisy cuestionó presumida todavía sobre el hombro del Rey Goblin. Jareth la miró divertido con una ceja en alto. No era la primera vez que flirteaba con él, de hecho, desde que tenía memoria lo había hecho.
—No habrá tiendas, my lady.
—¿A vista de todos? —rió e hizo una gran y falsa sonrisa que hizo sonreír al rey.
—Sí, a vista de todos si es que creces lo suficiente —Le siguió el juego y la alusión a su estatura pareció ofenderla porque, en seguida, le dio vuelta el rostro cruzándose de brazos.
—Si creces, si creces… Él podría hacerse de mi tamaño, ¿por qué debo ser yo quien crezca? —rezongó por lo bajo y él no pudo evitar reír.
—Lo siento, Daisy —Con cuidado la tomó en su mano y besó su mejilla. Daisy abrió sus ojos azorada y pestañeó cómicamente.
—¡No es problema, Su Majestad! ¡Realmente no hay ningún problema! —dijo muy encandilada.
—¿No crees que deberías buscar a alguien de tu tamaño? —Jareth sonrió con amabilidad.
—Me gustan los chicos altos y fornidos —Se abrazó a su pulgar.
—Eres una pequeña presumida. Pensé que yo no te agradaba.
—Bueno, el que no me agrades porque te juntes con esos goblins tan… —gruñó al ver al mismo par burlándose de ella y su actitud hacia su rey— ¡tontos! No significa que no me gustes.
—Ya veo. Bueno, quizás podamos capturar algún gnome de Kaden para ti, ¿eh? Son más grandes que tú, pero, tampoco imposibles.
—¡Ja! —ella exclamó despectiva—. ¿Por qué yo no te busco una… una..,? —No le venía nada a la cabeza, hasta que una de sus súbditas se aproximó volando hacia ella y le cuchicheó algo al oído—. ¡Oh, sí! ¡Una horrible humana!
—Las humanas son bonitas —Él la ubicó en la rama de un árbol cercano, descendiendo así de su caballo.
—¿Quién dijo? —ella peleó incrédula. Todo el mundo sabía que los humanos eran feos y destructivos.
—Yo y muchos otros. De hecho, no abundan, pero, hay uno o dos pares por el Underground —Daisy sacó su lengua en señal de asco hacia aquella raza.
—¡Qué repugnancia! Si algún día llego a ver un humano en las afueras del laberinto, le morderé!
—Si eso te hace sentir mejor… —dijo agotado—. Sólo ten cuidado que al hacerlo no te aplasten como a un mosquito —Esta vez su tono volvió a ser risueño.
—¡Eres tan crío como esos goblins! —se enfadó; él volteó a verle jocoso.
—Bueno, soy su rey —retomó su camino.
—¡Eso!
—¡Sí; eso! —Un par de sus goblins de pequeña estatura se encontraban junto a sus piernas y le apoyaron mostrándole la lengua a la reina y su prole para ir tras su monarca tratando de verse tan imponentes como él.
—¡Pues…, él se les parece! —ella espetó sacando su lengua a sus espaldas y volviendo a cruzarse de brazos.
Alin se despertó sobresaltada. Había sentido que la puerta había sido abierta y pudo distinguir la sombra de un hombre acercándose a ella. No sabía porqué, pero, este no era el único que conocía hasta ahora, el tal Devis.
—¿Está despierta, my lady? —La voz del sujeto parecía respetuosa.
—¿Quién es? —Inquirió temiendo que se tratase de, las tantas veces nombrado, Graham.
—Soy Mitch. Mi capitán me ha ordenado entregarle algo, pero, usted debe mantenerlo escondido, my lady.
—¿Su capitán?
—Lord Devis, my lady.
—¡Oh! ¿Él ya se ha marchado?
—Sí, my lady, pero, antes me dio una orden delante de los otros para no levantar sospechas de que desea ayudarle a salir con bien de este problema. No tengo mucho tiempo para hablar, my lady, así que escúcheme —Quitó de entre su capa una pequeña daga que ella bien podría llevar debajo de su falda.
Alin se inquietó cuando vio al hombre con el arma en mano y ahogó un grito de terror.
—¡No! ¡Por favor, my lady! No voy a lastimarla, esto es para usted —Se la cedió con la empuñadura hacia ella—. Me dijo que le avisara que él se sentiría más tranquilo si usted la conservaba oculta para su protección durante su ausencia.
—¿Por qué se marchó? —inquirió ella sujetando la filosa arma con aprehensión y notable falta de práctica.
—Eso no puedo decirle, my lady. Yo ya debo irme o Sir Graham me hará problema. Cuídese, my lady, y recuerde los consejos de Lord Devis —El hombre se retiró con inclinación incluida, dejando a la muchacha confusa con el arma en su poder.
¡Graham, Graham! ¡¿Qué demonios podía querer ese tipo de ella?! ¡¿Quién lo conocía?! Miró el arma en su poder y se mordió los labios. ¿Ese Devis pretendía que ella usara eso? Es decir, ¿esperaba que ella hiriera a alguien con eso? La soltó con repulsión sobre el lecho y la estudió desde allí. Ella no tenía el coraje de matar a nadie… ¿Pero, y si querían hacerle daño? ¿Quién iba a cuidar de ella allí? El tal Devis le había dicho que él intentaba ayudarla al igual que sus hombres, pero, él ahora no estaba y el único que se presentó parecía tener cierto cuidado con Graham. Se hizo nuevamente de la daga y la ocultó bajo la almohada.
—Gontran —murmuró Liroye y cuando el otro le contestó con un gemido volvió a hablar— ¿Estás despierto?
—Sí; hace rato —Abrió los ojos y giró su cabeza para verle—. ¿Qué sucede?
—Cuando ellos vengan a abrir, necesitamos hacer un pequeño espectáculo.
—¿De qué se trata? —Y no tuvo tiempo de hacérselo saber ya que se oyó que alguien puso la llave en la puerta—. Tú sólo sígueme la corriente y…, lo siento, pero, debo hacer esto —fue lo último que le murmuró antes de que le diera una bofetada. El hombre le miró perplejo—. Te dije, soy tu amante despechada —le recordó y le dio otra más.
—Yo diría que lo disfrutas… —susurró y soportó todas las que siguieron.
—Por supuesto —respondió en su mismo tono para seguidamente elevarlo—. ¡Bastardo! ¿Con que no soy lo suficientemente buena para ti, eh? ¡Ya verás, te arrancaré los ojos y se los daré a mi perro para que se haga un festín! ¡Usarme de esa manera… y jactarte de caballero delante de esas… perras!
—¡Lady Loyce! —Birger pareció inquietarse y le tomó las manos—. Tranquila, muñeca. Si necesita que lo golpeen, sólo dígame. No queremos arruinar esas manos, ¿no? —Las acarició con apreciación—. Tienes una piel preciosa… —ronroneó y ella liberó una de sus manos para llevársela dramáticamente a uno de sus ojos, simulando secar una lagrimilla producto de su uña levemente enterrada en el mismo.
—Lo siento… —Sorbió recomponiéndose—. Me dejé llevar… Anoche… él me dijo cosas terribles…
—Está bien; no hay problema —aseguró consentidor y observó al hombre maniatado en la mesa—. La señorita irá a prepararnos el desayuno, pero, antes, tú y yo haremos algo de ejercicio —advirtió. Liroye se preocupó.
—¿Tú… lo matarás?
—No…, aún.
—Ramera… —Gontran susurró y recibió un puñetazo en el ya adolorido abdomen. Liroye se sobresaltó y tragó para sus adentros. ¡Pobre Gontran!
—Espera tu turno, cerdo —amenazó Birger y dirigió a la dama a la planta superior de la cabaña.
—Birger… —ella habló girando para verle.
—¿Qué?
—Gracias —lo sorprendió besando sus labios con castidad y el sujeto quedó allí de pie viéndola contonear sus caderas hacia la cocina—. ¡Buenos días, muchachos! ¡Pronto estará listo el desayuno!
El hombre sonrió. ¡Vaya muchacha! Ese imbécil del sótano en verdad lo era si despreció a una mujer como esa… Bueno, él podría compensarla, se dijo.
El rey del Labyrinth dio la orden de seguir marchando hacia las montañas, donde, una gran armada recién terminaba de descenderlas. Calculando la cantidad de hombres a movilizar y demás, quizás, en cinco días se encontrarían cara a cara y tendrían que contener sus iras o dejarlas arrasar lo que fuera.
En lo alto, volando fuera del alcance de la vista de ambos, una joven águila circundaba los cielos prestando atención aquí y allí. Ambos reyes ya habían salido con sus ejércitos. Debían apresurarse o rogar a los Poderes que les diera a ambos soberanos la cordura suficiente para no desatar una masacre. Por ahora, él debería regresar para proteger a la chiquilla, así como su amigo estaría haciendo ahora con su primo.
—Tu almuerzo…, 'my lady' —Alin estudió con suspicacia al sujeto que ingresó con los platos y la botella. Este no era ni Devis ni Mitch. Algo en su voz le hizo poner la piel de gallina y el deseo de deslizar su mano bajo la almohada.
—Gracias —se dio coraje para responder, mientras, él seguía de espaldas a ella.
—No agradezcas, más tarde tendrás que… 'pagarlo' si es que deseas seguir comiendo —giró viéndola con perfidia.
Alin no supo qué contestar a eso abriendo sus ojos impresionada.
—Yo… sólo tengo las joyas que llevo puestas —consiguió razonar.
—Oh, no. Tienes mucho más que eso para ofrecer… —lentamente se aproximó a ella.
Alin atinó a incorporarse, pero, no se decidía a apartarse de la cama, todo lo que tenía para defenderse estaba debajo de su almohada y no se lo daría a conocer al menos que fuera necesario. Era como cuando Conrad quería algo que ella tenía sólo con verlo; si no lo veía no lo reclamaría, especialmente cuando se suponía que ella no poseía armas consigo.
Comenzó a temblar cuando el hombre estuvo frente a ella, le parecía enorme, obviamente no era tan joven como Devis, quien parecía no superar los veinte. Y el hecho de que fuera de otro reino parecía tener algo que ver, pues, hasta ahora, todos los que había visto tenían una estatura promedio de un metro noventa. Cuando el sujeto agachó su cabeza para verle a los ojos, ella se mordió los labios tratando de contener las lágrimas y su temblequeo.
—Nadie podrá ayudarte, chiquilla, en algún momento u otro tú quedarás a solas conmigo y…
—¡Graham! —Mitch ingresó a la habitación inesperadamente—. ¡Pronto, hay movimiento cerca!
—¿Qué? —clamó furioso por la interrupción y por la idea de que alguien les descubriera el escondite.
—¡Craig y James salieron a estirar las piernas y dicen haber visto algo allí afuera! —Graham se dirigió hacia él que aún estaba en la salida— ¡Si nos atrapan…!
—¡Quítate! —fue despectivo y brusco al retirarse—. Si tienes tanto miedo quédate vigilándola —Volteó para verla, ahora con la cabeza gacha, silenciosas lágrimas corriendo a través de sus mejillas—. Y más te vale que no escape —Les dejó a solas.
Mitch oyó a Graham llamar a sus tres hombres, pues, otros tres habían ido junto a Devis. Y miró a la muchacha.
—¿Está usted bien, my lady? —Alin sólo pudo cabecear afirmándole.
Rato más tarde, Mitch oyó entrar a alguien y, seguidamente, una risa de camaradería—. ¿Qué sucede que están tan divertidos?
—Tuvimos suerte, Mitch —continuaba el otro con contento.
—Bueno, aclárenme así yo también festejo —protestó el aludido.
—Pues, que el falso movimiento se convirtió en uno auténtico —le aseguró James con una amplia sonrisa.
—¿Alguien descubrió esta pocilga?
—¡No, qué va! Pero, después de decidir hacia dónde enviar a Graham y sus sanguijuelas, cuando llegamos advertimos que el ejército de Kaden se ha puesto en marcha, dejándonos como a unos reyes. Por eso estamos de regreso. Es que, Graham no confía en ti, te ve muy bajo el ala de Devis.
—Que no es más que un mocoso molesto al que hay que bajarle los humos —agregó el otro con maldad.
—Entiendo —Sonrió el sujeto de unos cuarenta años—. ¿Y los envió a ustedes dos? —Se vieron y se largaron a reír—. ¿Cuán seguros están?
—Pues, nos dimos vuelta y nos detuvimos para orinar tanto como se nos dio la gana. Hasta nos separamos y nos reencontramos por donde ya habíamos pasado.
—De acuerdo. No hay que confiarse demasiado; Graham es un idiota, pero, su maldad lo ayuda a pensar cuando uno menos lo espera. Sólo espero que el capitán se encuentre bien con esos otros tres tipos que se llevó.
—Pues, no tenía opción. Si iba solo podía resultar sospechoso, lo mismo si sólo iba con uno de nosotros.
—Lo sé, Craig, pero, este sujeto ya se acercó a la muchacha, demasiado a no ser por mi intervención y por su colaboración. Créanme, no será tan fácil mantenerlo lejos de ella sin Devis presente.
Devis descendió donde había dejado a los otros tres hombres con la excusa de que él era el más indicado para volar y no ser visto debido a su contextura más menuda por su juventud. Los sujetos se miraron entre sí de reojo.
—¿Descubrió algo, capitán?
—Tal parece que el plan de mi hermano está viento en popa. El Rey Goblin viene hacia aquí con todas sus fuerzas y lo mismo está haciendo nuestro rey. Era lo que él deseaba como primer objetivo.
—Entonces…, ya no es necesario… —El trío se incorporó y él se vio rodeado.
Devis entrecerró sus ojos con su mano sobre el puño de su espada. ¿Quién de todos lo había traicionado? ¿Su hermano o Graham? Algo le decía que era este último y que, quizás, con el consentimiento de Marlon.
—Este es un juego peligroso, caballeros —les sonrió con befa antes de trenzarse con ellos.
