N/A: Gracias a aquellas que siguen la historia en la oscuridad. :)
Disclaimer: Labyrinth no es mío, pero, si los personajes que no pertenecen a la peli y la idea de la historia de Alin y Gontran.
Capítulo 14: En Camino.
—¡Muchachos, el almuerzo está listo y, después, el postre —Lady Loyce insinuó con una gran sonrisa y los hombres disfrutaron de sus platos ya servidos y aún calientes aguardándoles.
—Muchacha, deberías casarte con nosotros —bromeó Raymond y ella dejó oír su risita.
—Eso es algo difícil, mis galantes bandidos, pues, siendo Lady, deberán pedir autorización no sólo a mi padre, si no al rey.
—Bueno, si Hubert será el rey, no creo que tenga inconvenientes —Birger le sonrió viéndola con profundidad.
—¡Cuidado, Lady Loyce, cuando Birger se pone serio con una mujer, pues…, se pone serio! —Carcajeó Martin con Raymond, golpeando el hombro de su colega.
Liroye descendió la mirada algo incómodo, el sujeto no era lindo, pero, tenía escondidas cualidades interesantes que harían feliz a cualquier mujer, lástima que él era un mal viviente y que… Lady Loyce sólo era una fantasía. Él era consciente que de saber la verdad, no le miraría con los mismos ojos ni le brindaría las mismas atenciones. Además, su misión era más importante.
—¡A callarse, atolondrados! —El hombre protestó pegándoles con su servilleta—. ¡Ustedes dos porque son unos guasos que les viene bien cualquier mujerzuela!
—Pues, otra cualidad que sumarle a las que ya tiene —contestó la muchacha con satisfacción—. Ahora, nada de rencillas en la mesa y a comer toda la comida antes de que se enfríe.
—Bien dicho —convino Raymond llenándose la boca.
—¿Les sirvo más vino? —cuestionó ella poniéndose de pie y todos ellos aceptaron; el que no estiró su brazo con la jarra en mano; se la señalaba al mismo tiempo que con la otra seguía llevándose bocado a la boca.
Los tres sujetos quedaron satisfechos y se amodorraron en las sillas. Birger comenzó a sentir sus párpados muy pesados y tal parecía no podía conseguir orientar su vista en los otros. Podía distinguir el atuendo marrón de Raymond al otro lado de la mesa como una nube borrosa y lo mismo con la blanca camisa de Martin. De repente, ella, se aproximó a su rostro y lo acarició con dulzura.
—Birger…, no deberías desperdiciar tu vida de esta manera… —El hombre parecía querer responderle, pero, no conseguía mover sus labios con libertad a causa de la droga—. No te preocupes, el efecto pasará dentro de unas horas —Besó sus labios y le miró con languidez—. Lo siento, cariño, pero, lo nuestro no puede ser… —Recordó los quejidos de Gontran durante la 'sesión' matutina de golpes y con más decisión hurgó en sus bolsillos y se hizo de unas llaves.
Gontran estaba adolorido, su camisa ya no estaba sólo sucia si no que manchada de sangre, seca de días anteriores y fresca de la última paliza antes del almuerzo. No quisiera ver un látigo por el resto de su vida. ¡Lo de ramera había quedado muy convincente!, meditó un poco en su padecimiento; quizás demasiado, suspiró. ¿Tendría su rostro aún en su lugar? ¿Podría volver a comer con lo que quedaba de su pobre estómago? Sus cavilaciones fueron arrolladas por el sonido de la puerta; pese a ser un hombre fuerte y acostumbrado a las batallas, rogaba que no fueran de nuevo esos desagradables sujetos. Pudo distinguir a Liroye aún en su papel de damisela descendiendo hacia él con prisa.
—¿Gontran, estás bien? —Apoyó una mano en su rostro y se sintió aliviado cuando le observó.
—¿Tú que crees?
—Creo que estás más para arrojarte como desperdicio que para amante —él se mofó metiendo las llaves en los cerrojos de los brazos que el hombre lentamente llevó hacia su pecho para frotárselos haciendo muecas de incomodidad—. Pero, el que estés maltrecho tiene sus conveniencias —Le sonrió con jocosidad soltando ahora sus piernas.
Gontran hizo ademán de elevarse y volvió a estar recostado junto a un grito de dolencia.
—¿Estás bien? —se inquietó Liroye—. Déjame ayudarte, por favor.
El joven se posicionó con prisa a su lado para facilitarle elevar su torso; aún así el malestar seguía estando como si los músculos estuvieran resentidos por el trabajo muscular de abdominales, sólo que triplicado por cien. Gontran pegó un grito de sufrimiento, mas, logró estar sentado; mientras, Liroye le facilitó el descender las piernas.
—No sé si me responderán para subir las escaleras, Liroye.
—¡Oh, sí! ¡Sí te responderán porque de no hacerlo ambos moriremos aquí, muchachote! Así que, déjame a mí el papel de remilgado; cálzate la piel de caballero errante y vamos a rescatar a la chica.
Gontran observó no sólo el camino hasta las escalinatas si no que las mismas en sí.
—¿Te molestaría…? —estiró su brazo y, seguidamente, bajo este, tuvo los hombros de Liroye sirviéndole de apoyo y una mano tras su cintura afirmándolo para que no perdiera el equilibrio.
—Por supuesto que no. Nunca le digo no a un hombre que me deja que le toque —Gontran se echó a reír y a quejar al mismo tiempo.
—Liroye, por favor… Me duele todo y cada músculo que puedas imaginar —reconoció sujetándose del pasamano de las escaleras—. ¿Qué le hiciste a esos tipos?
—Están durmiendo como angelitos.
—¿Lo suficiente como para que yo llegue hasta arriba? —ironizó viendo que todavía el cuerpo no le respondía como quisiera.
—Lo suficiente como para eso y más. Debemos tomar sus caballos y largarnos en dirección a nuestras tierras, allí está la muchacha prisionera.
Graham volvió molesto sólo con uno de los hombres, pues, los otros dos debían quedarse a vigilar al ejército por si a alguno se le ocurría adentrarse. ¡Todo por ese maldito de Kaden! ¡Para colmo de males, habían acampado cerca! La muchacha debería esperar, al menos si la quería tener a la fuerza… Aunque… había otras formas de obligarla sin usar totalmente la fuerza bruta e… igualmente dominante. Sí, sonrió viendo la pequeña celda bajo tierra. Eso la haría entrar en razón y él habría acabado lo mismo con su doncellez y ella tendría que vivir con su parte de la culpa por haber aceptado, rió para sus adentros. Sí, ella lloraría lo mismo, se lamentaría lo mismo y sufriría lo mismo o peor. No había por qué ser… violento en ese aspecto. Ella participaría de su propio abuso, no una si no varias veces. ¡Tan ingenua!
—¡A ver, inútiles! —se dirigió al resto de los hombres pertenecientes a Devis—. ¿Todavía no ha llegado el resto? —cuestionó con extrañeza.
—Pues, no. Todavía no hay noticias de ellos —afirmó Mitch.
—¿De ninguno? —insistió con merodeo.
—De ninguno —volvió a repetir el hombre viéndolo con suspicacia.
—Bien, tenemos trabajo que hacer. Afuera hay un agujero que quiero que acondicionen. A partir de ahora será la habitación de la señorita —sonrió.
—¿Qué? —Craig inquirió sin entender el por qué—. Ella es sólo una niña, no sobrevivirá allí.
—¿Y a ti qué te importa, dime? —Lo miró fijamente a los ojos.
—Vamos, muchachos. Tenemos mucho por hacer —intervino Mitch tratando de analizar las razones de esa decisión, de la cual, estaba seguro que Devis se opondría.
—De acuerdo —Los otros dos consintieron sabiendo que debían evitar problemas.
Ya en el exterior, frente al próximo destino de la joven cautiva, los tres hombres suspiraron deseando que su capitán regresara cuanto antes.
—¿Mitch, es seguro dejarle a solas con esos dos? —indagó James.
—Bueno…, lo es mientras… —rió furtivamente— yo tenga la única llave y…, allí, en la oscuridad de ese pozo, es fácil que se pierda —Los otros dos se vieron y le acompañaron en el festejo de su jugarreta.
Sí, quizás el Capitán Devis era muy joven, pero, era un hombre justo y sensato; y cuando les había preguntado si estaban dispuestos a arriesgar sus vidas; su honor y su integridad por su reino y su rey, sabía a quiénes se lo estaba proponiendo, pues, ellos no dudaron en responderle que sí. Fue entonces, cuando Devis les hizo jurar, so pena de muerte, que nada de lo que él dijera debería repetirse, aún cuando se retractaran y se negaran a seguir adelante con el plan de truncar el del mismo Marlon.
Un grito proveniente de la tienda alertó a los guardias del rey Kaden. Cuando alarmados ingresaron nombrándolo descubrieron al mismo sentado en su lecho, agitado y con sudor cayendo de su frente ante el llamado de auxilio de su sobrino.
Un sueño. Un mal sueño donde sus dos sobrinos perecían… Él no podía distinguir de quién se trataba, si de Gontran o de Devis, mas, como fey que era podía asegurar que uno o, quizás, ambos estaban al borde de la muerte. Él rogaba que ninguno, aunque Gontran tuviera un sitio privilegiado en su corazón.
—¿Su Majestad, está usted bien? —Sus guardias personales se inquietaron ante el grito del monarca y su abrupto elevarse del lecho.
—Sí… Sólo… un mal augurio… —Los tranquilizó pese a que su propio corazón latiera aprisa con la imagen de una sombra masculina cayendo de rodillas y finalmente al suelo, nombrándolo, deseándole hasta el final larga vida a él, su rey— que espero no se concrete.
—No pierda la fe, mi señor —Uno de los dos hombres le pidió—, Lord Gontran es tan fuerte como usted, mi rey.
—Sí… Lo sé… Sólo… avisa a los hombres que ya mismo retomaremos nuestra marcha.
—Sí, Su Majestad —Los soldados se retiraron devolviéndole su privacidad.
—Necesito resolver esta inquietud que anida en mi alma…
Devis abrió los ojos con pesadez, la noche ya estaba encima como él estaba tumbado sobre la sangre de los traidores y la propia. Estaba herido, quizás no sobreviviría, lo más probable era que no lo hiciere, pero, los otros ni siquiera podían llegar a tener el beneficio de la duda.
Sonrió pensando en la chica a la cual siempre le quedó pendiente decirle lo bella que era… y en cómo Liroye lo retaba constantemente por no hacerlo y dar más importancia a la milicia, por temor a que su hermano fuera implacable con alguien a quien él amase. Entonces, ella pareció cansarse de aguardar a que él se decidiera y se refugió en los brazos de un buen hombre.
Él no confiaba en Marlon y hacía bien en no hacerlo. Recordaba cuando su primera desilusión amorosa fue justamente a engañarlo con este; ella resultó una tonta que se dejó llevar por la lascivia y la experiencia de su hermano mayor, y Marlon lo que siempre fue, un traidor.
—Larga vida al Rey… —musitó somnoliento—. Y a ti, mi dulce Nadine…
—¡Vamos, Gontran! ¡Es una vergüenza que un hombre tan grande se queje por nimiedades! —Liroye le reprendió a varios pasos delante de él; pues, venía refunfuñando por sus dolores.
—¿Nimiedades? Pues, la última 'nimiedad' en mi estómago te la debo a ti. ¿Recuerdas, Lady Loyce? —Le observó con una ceja elevada.
—¡Ay; y además, eres un desagradecido! Piensa que me hubiere sucedido de haber sido descubierto.
—Cierto. Aunque…, el tal Birger parecía haberse encariñado contigo —acotó con maldad.
—No. No conmigo. Con Lady Loyce —Suspiró—. Pero, no es tema para ahora. ¡Vamos! ¡Démonos prisa!
Se lanzó a través del campo abierto al trote con Gontran pisándole los talones tras azuzar su caballo. Tras ellos un bosque y en cientos de kilómetros más allá se hallarían con otro.
Conquistaron terreno por horas a ese paso hasta que, inesperadamente, una ventisca se presentó y Liroye se detuvo junto con ella.
Gontran quedó delante cuando advirtió que su compañero se había rezagado y giró a su encuentro, pese a que él mismo presintiera que algo no estaba bien.
—¿Liroye? ¿Qué sucede?
—El viento… —murmuró sin siquiera verle—. Es… Devis… Está en problemas…
—¿Sabes por dónde?
—No con exactitud… Mas, donde sea nos queda de paso —Señaló el rumbo que tenían que seguir.
—¡Transformémonos, entonces! ¡Llegaremos más rápido!
—¡No! ¡En tu condición sería no sólo penoso, si no fatal! ¡Y por aire nos descubrirían más pronto que por tierra!
—Tienes razón —se lamentó Gontran y se tornó pensativo y observó a su compañero—. Pero, nadie te está buscando a ti, ¿no es cierto? A excepción de Marlon que apuesto a que no te cree capaz de algo valeroso —Enfrentó su rostro y puso una mano en su hombro—. Ve por él, Liroye, él te necesita más que yo.
—¡Pero…!
—Yo iré por la muchacha y te juro por mi vida que la rescataré —Liroye contuvo su emoción y le sonrió.
—Gracias —apenas pudo decir—. Sólo sigue camino hacia la frontera y, luego, sigue río arriba. Es una cabaña pobretona, pero, amplia. Afuera tiene una especie de oubliette.
—¿Es donde antiguamente los rebeldes torturaban a los prisioneros?
—Sí.
—Pero, mi abuelo había ordenado destruir todo eso.
—Pero, el padre de Marlon no pensó lo mismo.
—Ya veo… ¡Entonces, no aguardemos ni un segundo más! ¡Vuela por aire que yo haré lo mismo por tierra!
—¡Sí! —Liroye cerró los ojos y se transformó en una etérea águila cristalina como un suspiro.
Gontran le vio maravillado; los sylphs siempre tenían ese toque espiritual que el mestizo parecía haber heredado. Y sin perder un instante, apresuró su carrera. ¡Ese sitio no era para jovencita alguna! ¡De hecho, ni siquiera era saludable para un hombre!
—¡Resista, Lady Alin!
—¡¿Cómo que no tienes la llave?! —Graham bramó tras darle un puñetazo a James, ahora sostenido por Mitch y Craig que le evitaron la caída. Entre los tres había echado a la suerte quién sería el responsable por aquella trastada a Graham y había salido victorioso el más joven que había discutido que si había paliza de por medio, él era el indicado.
—¡Lo siento, Graham! ¡Allí abajo es imposible ver algo! —se dispensó—. ¡Ni siquiera oí cuando cayó de mi bolsillo!
—¡Son tres inútiles! ¡Tienen una hora para hallarla o derribaré esa maldita puerta con sus cabezas! ¡¿Entendido?!
—Sí, Graham —contestó Mitch con un oscuro tono y ambas miradas se cruzaron desafiantes antes de que los hombres de Devis abandonaran la estancia.
—Esos tres se creen muy importantes por ser los hombres de Devis.
—Esos tres son nada, como en este momento ya debe serlo el maldito Devis —Graham sentenció con gozo.
—¿Estás bien, James?
—¡Ja! ¿Crees que alguien como Graham puede hacerme daño? Soy el más joven de ustedes, pero, tengo más años que eso.
—Graham es un idiota —opinó Craig escupiendo en el piso.
—Por supuesto que no espera que Devis regrese... —comentó Mitch.
—¿Qué? —los otros dos inquirieron espantados con la idea.
—Devis se fue con esos tres; eran los más cercanos a Graham. Apuesto a que intentaron hacerle algo al capitán; sólo que él los llevó consigo.
—¿Por qué dices eso? —James lo reprendió—. ¡Él está bien!
—James —Mitch lo observó a los ojos con severidad—, Devis y esos tres malditos ya deberían haber vuelto. Y desde que se fueron, Graham se ha hecho dueño del liderazgo.
—¿Y… si es así…? ¿Qué haremos? —se inquietó el más joven de los tres veteranos.
—Si es así, seguiremos las órdenes del capitán —aseguró Mitch—. Preservar la integridad de la chica y colaborar con Lord Gontran aún a coste de nuestras vidas. ¿Están de acuerdo? —Los otros dos se vieron sonrientes y de vuelta a su líder y amigo.
—¡Por el rey! —musitó por lo bajo Craig ampliando las sonrisas de los otros.
—Por el rey —respondieron en común acuerdo.
