N/A: Una vez más agradesco a aquellos que leen este fic en el anonimato. Lamento de nuevo no saber qué piensan de él. Aquí va este nuevo capítulo q espero sea de su agrado.

Disclaimer: Labyrinth no me pertenece, pero, sí los personajes citados en este fic que no figuren en la película.

Capítulo 15: Aún En La Desesperación, Mantén Tu Dignidad.

Incansablemente la transparente águila surcó los cielos hasta donde le indicaba la brisa y finalmente halló a su objetivo tendido sobre sangre. El ave descendió sin dudar en picada con el corazón lleno de angustia. Una vez en tierra, volvió a su forma humana.

—¡Devis! —Corrió hacia este y se arrodilló sin importarle que su fino atuendo se manchase y lo sostuvo en su regazo—. ¡Devis, por favor! —Lloró sobre su pecho al verle tan pálido y casi frío. Inevitablemente estaba muriendo—. ¡Eres un estúpido! ¡Dejarme de esta manera! ¡¿Quién hablará conmigo ahora?! ¡¿Quién me defenderá de esos… rudos y…! —Se detuvo al oír un gemido.

No supo en qué momento de delirio, Devis abrió sus ojos y se sentó elevando su espada. ¿Lo estaba atacando? Su duda quedó resuelta cuando sintió el quejido tras suyo y vio la espada enterrarse en el pecho del moribundo hombre que venía con la propia en alto. El sujeto cayó muerto y Devis fue sostenido por el sorprendido Liroye.

—Liroye… —lo nombró débilmente—, deberás…

—No hables, Devis. No debes esforzarte más —aconsejó tratando de mantener las lágrimas valientemente bajo control.

—…defenderte solo…, amigo… —consiguió pronunciar cuando ya su respiración comenzaba a ser más dificultosa.

Liroye lo observó con inquietud; su mejor amigo; su hermano por elección, estaba muriendo en sus brazos. ¡No! ¡Él no podía únicamente sentarse a esperar y no hacer nada al respecto! ¡Devis nunca hubiera hecho algo semejante para con él! Devis siempre lo había ayudado y ahora era su turno de retribuirle. Se aproximó al rostro del casi inconsciente hombre, hasta que sus labios quedaron a centímetros de los propios.

—Liroye…, no… te atrevas… —pareció suplicar como si fuera su último deseo.

—Sh… —fue la calma respuesta de los hermosos labios y acortó más la distancia hasta que apenas quedara un espacio entre ambos y, tras aspirar por su nariz, suavemente exhaló el tibio aire sobre los labios de su amigo hasta que en su agraciado cabello comenzaron a asomarse unas tempranas canas.

Devis aspiró con fuerza como si aquello fuera el último tramo de su historia, luego, volvió a caer rendido en los brazos de su eterno aliado que ahora lo acomodó entre ellos para elevarlo con cierta dificultad y llevarlo a algún lugar donde la muerte no estuviera presente.

Alin se sobresaltó al sentir el estrépito derrumbe de la puerta y sintió su corazón encogerse cuando vio al responsable de ello: Graham. Por un momento, pensó que había sido apresada por algún hechizo que le impedía el movimiento y el habla, pero, no, era pánico, nada comparado con la repulsión que le ocasionaban los babosos moluscos con la cual solía molestarla su hermano.

El detestable sujeto la observaba con una fusión de codicia y malignidad y le sonreía como si estuviera muy seguro de sí. Ella no tenía modo de saber que en la habitación contigua, con mucho disimulo había tres hombres a la espera de rescatarla de cualquier atropello, pero, con órdenes de aguardar al límite para no descubrir su verdadera posición en el plan. Alin sólo veía al impiadoso rostro de Graham y el de su hombre, casi tan truhán como él, unos pasos más allá de la puerta.

Graham se acercó a la muchacha que semejaba indecisión en permanecer sentada en su silla o dirigirse insensatamente al falso refugio del lecho como una niña. Se había cansado que ese trío de ineptos hallaran la condenada llave durante toda la noche y no soportando ni un segundo más, decidió hacerlo a su modo, el cual siempre incluía violencia.

—Lady Alin… —habló con sarcasmo—, sea una buena chica y obedézcame o… absténgase a las consecuencias.

—¿Qué…? ¿Qué quiere? —inquirió con desconfianza y consiguiendo ponerse de pie al verle aproximarse.

—¿Qué quiero? —dijo con ironía y se sentó en el borde de la cama quedando frente a frente, en tanto, el único hombre que le quedaba resguardaba la entrada tanto como para que la chica no escapase como para que los hombres de Devis no intervinieran. Pero, el infeliz estaba muy atento a lo que pudiera suceder entre su jefe y la muchacha—. ¿Qué crees que puede querer un hombre como yo de una… tonta doncella como tú?

—Yo… Yo no lo sé. ¿Dinero? ¿Es por eso que me tienen aquí?

—¿Dinero? —carcajeó con maldad—. Si yo quisiera dinero, muchacha, simplemente tendría que matar a unos cuantos y hacerme de él. Es muy fácil, especialmente durante las guerras, saquear pueblos, matar hombres; niños; mujeres… —Hizo una pausa con toda intención a la vez que la observaba—. Forzarlas.

Los ojos de Alin valientemente trataron de no verter lágrimas de pavor, en tanto, boqueaba como si le faltara el aire.

—No…, por favor… —rogó, más sólo obtuvo una cruel carcajada en respuesta y la estúpida risa del segundo sujeto.

Afuera, Mitch hizo un gesto de negación con la cabeza a sus dos camaradas, debían mantener la calma e intervenir sólo de ser necesario. Por ahora, sólo era una amenaza de palabra, si bien la entrada había sido brusca.

—No me mires como si fuera un mal sujeto —Sonrió con befa—. Verás… —Se incorporó y comenzó a andar de un lado al otro con aire pensativo—, debo reconocer que desde que te vi flirteando con tu primo, el rey, he anhelado en violentarte y hacerte suplicar porque me detenga.

Alin le vio como si estuviera loco. ¿Ella? ¿Flirteando y nada menos que con Jareth? Ella no estaba cien por ciento segura a qué se refería este fey con 'forzar' y 'violentar,' mas, por cierto que ninguna de las dos expresiones le causaban consuelo alguno.

—…Pero, considerando que eres… una princesa y tan joven, te daré una opción menos… ¿Cómo decirlo? Menos…, traumática. ¿Quieres oírla? —Se detuvo frente a ella sin quitarle los ojos de encima—. Desnúdate frente a mí, haz lo que yo te diga y seré benévolo contigo —Elevó su mirada hacia el techo en una introspección—. Al menos no seré tan… brutal como podría ser.

La chica quedó patitiesa con la boca entreabierta de sorpresa y de espanto. Definitivamente este sujeto estaba loco. ¡Ella desde muy niña sabía que no debía desnudarse frente a un hombre al menos que este fuera su esposo!

—¿Y bien, qué dices, my lady?

—¡Usted no es mi esposo! ¡Y yo nunca me casaría con alguien como usted!

Fue silenciada por una bofetada que la arrojó al piso. Alin lloraba en silencio. En su vida había sido golpeada y menos de aquella forma. Su corazón sólo podía pensar en lo bien que era sentirse bajo el ala protectora de su padre; de alguna manera, podía sentir su cariño.

—¡Muchacha infeliz! ¡Jamás me casaría con una idiota como tú! —Se dirigió hacia ella que intentaba sentarse—. Pero, será un placer deshonrarte tanto como para que ni tu amado y tonto padre; el estúpido de tu hermano y hasta tu débil rey te miren otra vez con buenos ojos —Le sonrió con obscenidad—. Y eso será de una manera u otra, claro que, eso depende de ti —Acercó su mano con intención de sujetarla de la barbilla, mas, una fuerza desconocida lo repelió.

En la ciudad Goblin, exactamente en el castillo, el príncipe Erwin dejó caer su taza de té ante el asombro de los criados. Twig y Brisky se vieron incrédulos y, tras ver al hombre con los ojos cerrados, seguidamente le observaron preocupados.

—Alin, mi niña… —gesticuló como en un trance dejando que una lágrima cayera de su mejilla—, no importa donde estés, yo siempre estaré cuidando de ti. Siempre te amaré.

—¿Su… Alteza? —Brisky le nombró con temor a interrumpirle, mas, Erwin parecía no oírle.

—Tranquila, mi pequeña, papi está contigo…

En la campiña, Conrad se hallaba en la habitación de su hermana y podía sentir la energía de su padre protegiéndola de algo. También podía sentir que ella estaba viva aunque aterrada. ¡Si tan sólo pudiera ubicar el sitio! Pero, algo lo impedía, así como se lo había impedido a Jareth, de eso estaba seguro.

—Sé fuerte, Alin. Sé fuerte y regresarás. Tú regresarás.

—¿Qué fue eso? —Graham la vio con disgusto—. ¿Con que, tienes tus pequeños trucos bajo la manga, eh?

Trató una vez más de manosearla con lascivia, mas, la muchacha parecía poseer una barrera invisible que lo repelía sin más. Eso pareció enfurecerlo y la miró apretando los dientes.

—¡Maldita ramera! —Le dio otra bofetada y se la quedó viendo concienzudamente para luego echarse a reír—. Ya veo. Si pretendo poseerte te defiendes, pero, no puedes defenderte de los golpes, sólo de mi deseo. Supongo que será una especie de… 'cinturón de castidad'—se burló—. Pero, te prometo que haré que tú misma quiebres ese hechizo en menos de lo que piensas y te entregarás a mí por propia voluntad —observó cómo lloraba y se elevó sujetándola sin cuidado alguno de los cabellos, haciéndola levantar junto con él—. ¡Vamos! ¡Camina, perra!

Los tres hombres de Devis dirigieron sus miradas ante los gritos de la jovencita que era sostenida de la cabellera por Graham y sacada de la habitación para ser llevada al exterior y, aunque por dentro desearan despellejarlo vivo, tenían que ocultarlo y mostrarse tan desalmados como él.

—¡Graham! —James habló—. Espero que también nos dejes divertir con ella.

El susodicho sonrió con diversión olvidando mantener a raya su lujuria.

—Sólo cuando quede muy poco de ella. A esta pequeña zorra… —Recibió la ya conocida descarga que le obligó a soltarla.

James se mordió los labios por no reír y otro tanto sus compañeros. James siempre había sido un tipo artero metiéndose en las situaciones más insólitas que uno pudiera imaginar.

—¡Maldición! —Graham clamó al ver que la chica se echó a correr de manera desesperada—. ¿Qué diablos esperan? ¡Vayan por ella! ¡Que no escape o Marlon nos quitará la piel vivos! —Él mismo se lanzó a la carrera con su secuaz detrás.

El trío hizo lo mismo, pero, se retrasaron unos segundos para combinar sus acciones.

—No la culpo por intentarlo —sonrió James con maldad atisbando a Graham yendo a por ella.

—Debemos capturarla. Ella no sobreviviría sola en el bosque —advirtió Mitch.

—Y más vale que sea uno de nosotros quien la atrape —convino Craig y tras un consentimiento de James salieron a la carrera por distintos caminos.

Ellos conocían ese terreno como la palma de su mano pues, habían batallado contadas veces en él y eran tres, ellos dos y ella sólo una. En teoría, ellos tenían más oportunidad de capturarla y ponían su fe y sus fuerzas en ello. Kaden sólo creería en la palabra de su sobrino heredero y en el testimonio de esta chica, si a ella le sucedía algo allá afuera, entonces, la guerra entre ambos reinos sería inevitable.

Alin corrió alocadamente por entre los árboles sujetando graciosamente su falda. Todo le era desconocido, mas, lo único que tenía en mente era regresar con sus seres queridos y alejarse lo más posible y cuanto antes de esos sujetos y especialmente de ese tal Graham. ¿A dónde estaría aquel otro, aquel llamado Devis? Si en verdad pretendía ayudarla, ¿por qué no había regresado, dejándola sola con ese?

Su alguna vez hermoso vestido se estaba convirtiendo en el atuendo más patético que ella hubiere visto jamás, sucio por doquier, con jirones por todos lados; días atrás algo así la hubiere puesto furiosa, hoy, aunque irónico, hubiera preferido no tenerlo puesto si de ello dependía su avance. ¡Con razón las damas debían ser constantemente rescatadas por los caballeros! ¿Cómo iban a desenvolverse solas en situaciones como esta si las faldas sólo eran un estorbo y el corsé sólo dificultaba más su respiración ante su alocada carrera? Se detuvo un segundo para recuperar el aire. Creyó ver algo que descendió desde el cielo por detrás de ella y cuando iba a seguir con su carrera, una mano cubrió su boca y la sujetó con fuerza. ¡Atrapada! Irremediablemente perdida y su corazón parecía querer salir de su pecho.

—Lady Alin, por favor, niña, no haga esa tontería. El bosque está lleno de peligros. Sé que ese sujeto es desagradable, pero, usted no está tan sola como cree, my lady. Sólo debe resistir y ser fuerte.

La muchacha se atrevió a abrir sus ojos y espiar de soslayo al hombre que la sostenía. Parecía mayor que el tal Graham, pero, más joven que su padre, el príncipe Erwin.

—Debo regresarla, my lady, pero, jamás permitiría que la deshonre —hizo ademán de guiarla del brazo, más, ella se rehusó.

—¡Por favor, no! —Ella imploró con lágrimas en sus ojos—. ¡Le pagaré!

—Muchacha, si Graham te oye decir algo así, darás a entender que él tendrá lo que quiere más pronto de lo que suponías —James la vio severamente—. Apuesto a que tu padre te ha enseñado a jamás ofrecer nada ciegamente, especialmente a ningún hombre y especialmente a uno como él.

Con firmeza, la forzó a caminar.

—¡Bueno… —Graham habló al verles—, después de todo no eres tan inútil, James!

—Después de todo, parece que yo merezco más divertirme con ella que tú mismo, Graham —Hizo que se le borrara la estúpida sonrisa del rostro.

—Eso no es algo en discusión, James —Su voz fue severa y de un tirón aferró el otro brazo de la muchacha y la llevó con él.

Alin podía notar la ferocidad de su agarre a diferencia de la solidez del otro hombre. Ella sólo seguía lloriqueando y tratando de que no la llevara de regreso a ese oscuro cuarto sin ventanas.

—¡Camina! —Fue la dura orden junto a un rudo sacudón como si se tratase de una muñeca de trapo—. ¿Quién te crees que eres, ah? —volvió a repetir su acción ya a pocos pasos del futuro albergue de la joven y aproximó su rostro al de ella—. Cuando termine contigo serás la joven más repudiada de todo el Underground —Sonrió con ruindad bajo la aguileña mirada de Mitch.

—¡Nunca! —Alin juró con énfasis y enfado—. ¡Antes muerta, pero, nunca me desnudaré delante de usted!

Aquella declaración le valió otro golpe en el rostro. Craig cerró los ojos por un segundo, en tanto, James apretó los puños a los lados de su cadera; sólo Mitch se mantenía viendo la escena con la vista fija en Graham. Alin cayó una vez más al piso y una vez más fue sujeta de los cabellos y así arrastrada hasta la entrada del encierro.

—¡Eso lo veremos, perra!

Él hacía caso omiso de los gritos de la joven que trataba de amortiguar el tirón en su cabello y la arrojó sin cuidado alguno al negro hoyo que pronto se cerró.

La muchacha pudo sentir cómo iba rodando por aquel empinado lugar. ¿En qué pensaba? En que la muerte sería mejor que estar en las manos de ese sujeto. En lo mucho que extrañaba a los suyos. En todo lo que seguramente no conseguiría hacer porque, de seguro, este sería su final. Ella ya no creía que alguien viniera a por ella como ese Devis había asegurado.

Cuando alcanzó el fondo del agujero, quedó acostada de lado y haciéndose un ovillo ser largó a llorar desconsoladamente. Podía sentir la humedad de la tierra debajo de ella y a su alrededor; podía olerla, más, en ese momento nada le importaba, sólo deseaba expresar su dolor. Si ella había creído que su anterior celda era oscura, se había equivocado enormemente.

El sol había comenzado a descender. Jareth montado en su corcel y liderando su ejército, llevó su mano a su nariz por lo que Scary se aproximó inmediatamente a él.

—¿Su Majestad? ¿Se siente usted bien?

—Sí… Sí… —respondió tratando de recuperarse—. Sólo… fue un escalofrío que… no me ha gustado —comentó con gravedad por lo que el goblin no inquirió más.

Los dos pequeños goblins encargados de distender al rey con sus monerías, se vieron el uno al otro desde su puesto en un pony.

Más atrás, en la carreta, una pequeña fairy se sentó para recuperarse de su agotado viaje. Sintió un ruido y giró para ver sin distinguir qué lo había provocado, por lo que se incorporó y se adentró. Cuando vio qué había sido el causante del mismo, no pudo revelarlo ni dar el grito de alarma. La araña estaba sobre ella con sus peludas patas y sus colmillos clavados en su frágil cuello.

Lilith había estado días sin probar bocado y estaba hambrienta, pese a que iba en la carreta de las guarniciones no podía convertirse en fey para proveerse de ellas y alimentarse apropiadamente. En su condición de araña era lo único que tenía disponible, cuando vio a la ingenua criatura no lo pensó dos veces, tampoco sabía tan mal ni era la primera vez que lo hiciera. Una vez que la capturó la llevó hacia su escondite, en el fondo del carro, donde la luz nunca llegaría.