Capítulo 17. Mantenerse En Pie.
—Está lloviendo, Graham. ¿La muchacha no corre riesgo de ahogarse allí?
—¿Qué te sucede, Mitch, te estás volviendo sensible? —se burló el aludido.
—Por supuesto que no. sólo pensé que… si muere, tus planes se arruinarían.
—Pues, no se ahogará. En caso de verdadero diluvio, iremos a buscarle —aclaró satisfecho de hacerla pasar por aquella experiencia, seguro de que, al día siguiente, la tendría a sus pies.
Mitch y sus hombres se vieron en silencio. Ese sujeto era más que despreciable. Ellos rogaban que la chiquilla no flaqueara, por más atrocidades que pasara en aquel hoyo.
—Necesito hacerle competencia a la lluvia —James comentó incorporándose con fingida lentitud y sacudió su cabeza con su mano sobre su entrepierna—. No fue bueno aguantarme tanto, ¡diablos!
—Ya estás viejo, James —"bromeó" Craig.
Ellos no necesitaban de palabras, ya sabían que cuando uno de ellos salía afuera, era para ocuparse a escondidas de la muchacha.
—Ten cuidado, que está fresco y se te encogerá —agregó Graham—. Y sería un triste espectáculo que darías a la mocosa.
Su secuaz carcajeó y lo mismo se obligaron los hombres de Devis.
"Sonríe, James, sonríe al maldito idiota para que crea que eres tan cerdo como él."
—Pues, bueno, si eso sucede, que ella se encargue de reanimarlo. Apuesto a que no necesita de mucho para ello —festejó la broma para abandonar la protección que otorgaba la cabaña.
James se hizo el tonto y miró hacia la vivienda, estaba seguro de que Mitch y Craig no permitirían que los otros dos se asomaran, pero, tampoco podía asegurar que les resultara sencillo sin resultar sospechoso el impedírselos. Miró a su alrededor con nerviosismo. Debía alcanzar algo a la pobre niña para que no tuviera que verse bajo el agua, literalmente. Recordó haber visto una especie de tronco caído, pero, temía que con la lluvia y en la penumbra se resbalase y dañase a la joven. Frotó su rostro tratando de pensar en algo mejor, la imagen de una vieja banqueta vino a su mente y fue a por ella en el cobertizo. Nadie notaría su falta ya que estaba algo oculta en un abandonado rincón junto a otras cosas. Minutos después, regresó renovado y siguió con la broma sobre su persona con sus "bebidos" amigos y los no tan aliados.
Alin acomodó con desesperación el asiento en el centro del hoyo y ubicada en ello se hizo lo más pequeña que podía para que incluso le entraran los pies en el mismo y se cubrió con la manta que también le había proporcionado aquel sujeto que la había regresado a manos de Graham. Olió con desconfianza el cobertor, estaba segura de que apestaba a caballo. Pero, de momento, era alentador tenerlo y poder cubrirse con él de la cabeza a los pies; de esa manera, podía llegarse a imaginar que estaba en su casa, segura en el calor de su lecho, oyendo la lluvia caer minuciosamente. Y consiguió dormirse, agotada por el estrés de su situación y los malos momentos vividos.
No fue sino, al otro día, que despertó al oír las voces de los hombres arriba. Ella seguía sentada en esa pose casi fetal y, ahora sentía las consecuencias de ello, pero, estaba segura de que hubiere sido peor tener que soportar la lluvia directamente sobre el barro. Recordó la recomendación del último que la vio aconsejándole poner la banqueta junto a una pared para que nadie pudiera distinguirla durante el día o si se les daba por ver cómo estaba con alguna lámpara; entonces, descendió de la silla y su gesto fue de repulsión al sentir que sus pies levemente se hundían en el fango. ¡Suerte que, por lo menos, el limo no llegaba a tocar su piel! Superado el aborrecimiento, puso la banqueta a un lado y encima de ella la manta ya húmeda. Aquella prenda la había mantenido bastante seca y abrigada hasta cierto momento, ya más tarde, se había empapado y ella a su vez, mas, no podía decirse que no la había guarecido en comparación a no tenerla.
—Seguro está muerta —comentó el único hombre disponible de Graham.
—¡No seas idiota! —recibió un coscorrón del mismo—. ¿Qué no paras de hablar sandeces?
—Pues, si lo está, tú serás el responsable ante Marlon, Graham —Mitch le advirtió seriamente.
—¡Que no lo está! ¡No puede estarlo! —Mitch pareció tocar un nervio susceptible en el hombre.
James sonrió para sus adentros y como era de costumbre, echó más leña al fuego.
—¡Vaya! ¡Y si a Marlon se le daba por divertirse con ella, todos tendremos que padecer el castigo por no haber evitado su muerte!
—¡Ya cállense! —Graham bramó dando un empujón a James, que cambió una rápida y divertida mirada con Craig, quien empezó a silbar "distraídamente"—. ¡Si siguen haciendo bulla no me dejarán oír!
—¡Oh, lo siento, Graham! —se excusó con inocencia.
El nombrado se arrodilló junto a la suerte de oubliette y llamó a la muchacha.
—¡Oye! ¡¿Estás viva?! —Silencio.
—Te lo dije —volvió a insistir su secuaz.
—¡Cierra el pico, imbécil! —Giró su torso hecho una furia y regresó a atisbar el hueco—. ¡Maldita muchacha, si se le ha dado por morirse…! —masculló entre dientes.
—¿Qué? —James inquirió—. ¿La castigarás?
A esa altura, ninguno de ellos pudo evitar carcajear delante de Graham, incluyendo su propio hombre.
—¡¿Te sientes muy gracioso, James?! —Se puso de pie enfrentándolo—. ¡¿Quieres que te arroje por el pozo para que compruebes personalmente qué fue de ella?! —James, lejos de mostrarse temeroso se mordió los labios para no reír y responder.
—Bueno, si a ti no te molesta que yo la tome primero, encantado iré a cerciorarme. —Dio un paso hacia adelante.
—¡Ahí te quedas, maldito mal nacido! —le amenazó con su espada.
Mitch y Craig se tensaron, James no cambió su expresión. Ambos lo maldijeron en silencio, ¿por qué debía provocar este tipo de situaciones?
—Tranquilo, amigo, sólo pensé que era lo que querías. Estás muy nervioso, Graham.
—¡Tú me pones nervioso! ¡Tú y ese par de atolondrados que te festejan! —Regresó a su anterior tarea—. ¡¿Lady Alin, está bien o no?! —clamó sin paciencia alguna.
La muchacha sintió un escalofrío al distinguir de quién se trataba, pero, juntó el valor para responder. No fuera cosa que viera que había recibido ayuda y quisiera hacerle daño allí mismo.
—¡S-sí! ¡Estaba… durmiendo! Estoy… muy cansada —agregó para hacer todo más creíble aunque su corazón parecía bombear en una agitada competencia con el de algún ratón.
—¿Quieres que te saque de allí? —A Graham le brilló la mirada de una manera maliciosa y el tono de su voz fue suficiente para inquietarla—. Ambos podemos ser buenos con el otro, tú quieres la libertad y yo…
Mitch y los suyos apenas respiraron preocupados de que la voluntad de la niña ya hubiere sido quebrada.
—N-no… Gracias —dijo con firmeza—. Estoy bien aquí, lejos de todos ustedes.
Los puños de Graham golpearon la tierra haciendo que unos pequeños terruños cayeran sobre la chica que, de inmediato, se cubrió con los brazos y una pequeña exclamación.
—¡Al diablo contigo! ¡Esta noche no comerás, ramera! ¡Ya te enseñaré a tratarme como es debido! ¡¿Mitch, has oído mi orden?! ¡Nada de comida para la estúpida niñata!
—Como digas, Graham. Habrá más para nosotros —respondió sin sentimiento alguno en su faz.
Alin trató de controlar su respiración. Por momentos, sentía que se ahogaba, pero, sabía que sólo eran sus nervios, si bien la ventilación no era de lo mejor. Se reclinó sobre el banquillo junto a un suspiro de alivio cuando sintió que los hombres se habían marchado. ¿En verdad no le darían nada de comer? Ya lo que le brindaban era poco y nada nutritivo. ¿Cuánto más podría resistir en estas condiciones?
—No sé cómo… Pero, lo intentaré, papá. Volveré, Conrad —secó con su mano una lágrima—, y volveremos a disputarte, Jareth. Les prometo que lo haré. Sólo espero que… estos extraños hombres que me ayudan a escondidas, no me abandonen ahora… —Volvió a quebrar en llanto.
Lejos de allí, la última fila del numeroso ejército del rey águila, al fin abandonaba el sitio próximo a donde sus hombres mantenían cautiva a la hija del Príncipe Erwin, ignorando cuán cerca estaban de los traidores.
Los dos hombres que Graham había dejado vigilando se vieron con una sonrisa. Ahora podrían disponer del lugar con más libertad, al igual que de la jovencita. Cuando se aseguraron que ya no había ninguna posibilidad de que su monarca o alguno de sus guerreros regresaran, volvieron a la cabaña.
Graham los recibió con gran contento al enterarse de que Kaden había seguido su camino. "Idiota," pensaba burlón, "pese a llevar una corona en tu cabeza eres tan patético."
Mitch, no hizo gesto alguno, salvo un movimiento de cabeza, actitud que le asentaba porque para todos era el amargado del grupo. James de inmediato propuso un brindis, luego del cual, Craig se encargaría de proveer con comida a la cautiva.
Cuando el sol despuntó, Gontran ya estaba en pie dando un último vistazo a los animales. Ambos estaban más relajados una vez que la tormenta siguió su curso y con el estómago saciado de frescas hierbas y agua que proveyó la lluvia.
—Muy bien, niños, a por la chiquilla. —Rodeó con sus brazos a ambos caballos por el cuello y estos no mostraron recelo alguno—. Son lo único que tengo para obtener ventaja, así que no me fallen, ¿bien? Los tres deberemos andar, otra vez, buen trecho sin respiro alguno, así que, enfóquense en ello. —Los palmeó y subió a uno, iniciando su marcha, siempre por entre la arboleda; ignorando que por el sendero, a muchos kilómetros de él, el ejército del Rey Goblin iba al encuentro con su tío.
—Jareth, falta una de mis muchachas —advirtió Daisy—. Desde ayer que la buscamos y no está por ningún lado.
—¿Cómo que falta? ¿Estaba ella en misión de adelantarse para chequear terreno?
—No —aseguró Daisy. El Rey Goblin resopló.
—¿Acaso ustedes hacen lo que se les da la gana? ¿Creen que no tenemos nada mejor que hacer que andar buscando donde se meten unas maripositas chismosas que todo lo curiosean?
—¡No somos maripositas! —Daisy se enfadó y las otras protestaron junto a ella.
—¡Ni chismosas!
—¡Y no curioseamos!
—Bueno, quizás debí decir polillas —dijo con maldad y los dos goblins de la raza pequeña rieron con sus carrasposas vocecitas.
—Quizás, si Su Majestad se dignase a tratarnos con más respeto… —habló Pansy, la embajadora, que siempre había sido quien ponía los paños fríos entre ambos reyes.
—¡Y allí está la otra! —Jareth suspiró—. ¿A ver, qué proponen? ¿Que detengamos la marcha por alguien que desapareció cuando estamos a punto de librar una batalla? Entiendo su preocupación por Poppy y, de hecho, no me parece gracioso. Sólo que ¿por dónde comenzamos a buscar? ¿Desde cuándo y exactamente dónde se perdió? ¡Estamos en medio de todo un bosque!
Las fairies descendieron sus cabecitas tristemente. Él tenía razón, no había sitio dónde empezar y era casi imposible descubrir hacia dónde, desde cuándo… Pero, tampoco podían quedarse de brazos cruzados.
Jareth las vio comprendiendo perfectamente sus sentimientos. Él estaba también en busca de un ser amado.
—Hagamos lo siguiente, Reina Daisy —fingió desinterés—, ustedes pueden ir en su búsqueda, siempre y cuando tengan cuidado y se mantengan en grupos, y nosotros seguiremos hacia delante. Si la encuentran, entonces se unirán a nosotros. Sé que ustedes cubrirán más rápido el trecho volando que nosotros cabalgando. ¿Bien? Y sino estarán libres de regresar a casa, pero, no se pierda ninguna más, ¿entendido?
—¡Sí! ¡Sí! —clamaron todas felices con el acuerdo.
—¡Gracias, Jareth! —Daisy clamó con entusiasmo y volando hasta el rostro del monarca puso sus manitas a cada lado de sus labios para seguidamente posar los suyos, pequeñitos, sobre los de este.
Los soldados apretaron los labios o rieron socarrones tras ver los constantes intentos de conquista de la pequeña criatura y su resolución por conseguir su objetivo. Jareth se sorprendió y sonrió divertido. Los dos pequeños goblins le vieron asqueados y se cubrieron los ojos sin disimulo alguno agregando unos "¡agh!"
—¡Ya vete! —la echó con diversión en su mirada.
—¡Pero, volveré por más! —ella aseguró alejándose con las demás.
—No lo dudo, descocada —murmuró para sí riendo—. ¡Muy bien, señores! ¡Ahora que estamos solos, redoblen el paso, no vaya a ser que nos alcancen!
Hizo brotar francas risotadas de sus hombres que, de inmediato, se pusieron en marcha.
