Capítulo 19. Tras los pasos.

—¿Escuchaste eso? —Devis cuestionó deteniendo su paso.

—¿Qué…? —Liroye lo observó de reojo, mas, su mirada era respuesta de confirmación, aún en medio del anochecer.

—No estamos solos… No más… —sentenció con gravedad sin quitar los ojos de su amigo—. Y… no importa qué hagamos… ellos saben que sólo somos dos.

—¿Estás sugiriéndome que me haga hombre en este instante? —Zarandeó su falda con un gesto presumido y obvio, dando a comprender de lo absurda de su situación con ese atuendo todavía puesto.

—Estoy sugiriendo que hagas lo que creas necesario para salvar tu vida…

—¿Están muy cerca? —se preocupó.

—Lo suficiente, sí… Pero, sólo parecen estar vigilándonos… por ahora.

—¿Qué hacemos?

—Seguir caminando como si nada.

—"Como si nada" —repitió con zozobra.

Minutos más tarde, la noche había llegado a su cénit más oscuro sobre sus cabezas, junto con un golpe que los hizo caer desfallecientes al piso, uno al lado del otro.

Mucho más atrás, donde ya el ejército de Labyrinth había pasado, la reina Daisy y su séquito se detuvieron ante el grito de alarma de una de las suyas.

—¡Su Majestad! ¡Su Majestad! —la pequeña hada morena vino volando con prisa. Nunca en sus vidas habían visto un rostro con tanta angustia y terror al mismo tiempo—. ¡Su Majestad…!

—¡Con calma, Wallflower! Tranquilízate… —La aferró de los hombros y la pequeña se echó a llorar cubriendo su rostro con sus manos. A Daisy le dio un mal presentimiento—. Tranquila… ¿Qué sucedió?

—¡Es… Poppy, Su Majestad…! —Apenas podía gesticular palabra a causa de su pena. La reina la miraba consternada—. ¡Está muerta! —Dejó fluir su llanto con fuerza y los brazos de Daisy cayeron a los lados de su cuerpo, vencidos.

La soberana observó hacia atrás a sus diminutas guerreras y, tras un intercambio de miradas, fueron hacia el sitio por donde Wallflower había aparecido, en tanto, Pansy la consolaba.

Pronto, las demás se unieron a la aflicción de la exploradora al ver el cuerpo seco de Poppy, cuya marca de los colmillos arácnidos podían verse. Sin más, le rindieron honores y le brindaron sepultura al estilo de su pueblo, encapsulando el cuerpo en una flor que pronto se cerraría para no abrirse jamás. Una vez aislado el pequeño cuerpo entre los pétalos, se retiraron silenciosas y a vuelo lento.

Gontran hacía que los caballos fueran al galope ahora, alguien le había visto y dado el alto. No giró siquiera a ver de quién se trataba, tan solo avanzó tanto como pudo en medio de la oscuridad, esperaba los animales soportasen lo suficiente. ¡No podía darse el lujo de que lo atrapasen, ni siquiera que lo demorasen! Un segundo más o menos podía hacer la diferencia en la vida de aquella jovencita inocente y, ahora, dependía de él salvarla de las garras del malvado de su primo y sus truhanes.

—¡Alto ahí! —gritó uno de los hombres apostados—. ¡Alto ahí he dicho! ¡En nombre del re…! —calló ante el atropello del jinete que lo obligó a él y su par tirarse a los lados del camino y por más que siguió reclamando, su voz se perdió entre la espesura del bosque conforme el jinete y sus corceles se iban alejando.

—¡Intruso! —clamó el compañero del primero al ver que no se había detenido aquel sujeto a caballo—. ¡Intruso! —Y pronto otros hombres estuvieron junto a estos dos, con signos de haberse despertado de golpe ante la alarma.

—¿Dónde? —cuestionó uno de los capitanes.

—Vino de dirección oeste señor y se dirigía hacia el norte.

—¿Hacia el norte? —preguntó otro—. Nosotros venimos de allí. ¿Pudiste ver su rostro?

—Hacia el norte, Su Majestad. Y no pudimos identificarle, llevaba una especie de capucha que no le dejaba ver. ¿Quiere que lo sigamos? —Kaden se quedó meditando.

—No… No tiene sentido hacerlo. De haber sido un mensajero se hubiere detenido… Y… entre que preparemos caballos y demás… no lo alcanzaríamos. Sigamos adelante, hacia Labyrinth.

—Como guste, Su Majestad. Lamento no haber podido detenerle.

—No te preocupes. Sea quien sea, si tiene malas intenciones, será hallado y debidamente castigado. Redoblen la guardia por si acaso, que no queden solos los sylphs haciendo el trabajo —ordenó al superior con severa mirada—, que águilas y enanos cumplan dicha función también. Este reino debe unirse y no lo contrario.

—¡Por supuesto, Su Majestad! ¡Lo… lo siento mucho, Su Excelencia! —el fey se avergonzó de su error.

—Gaspard… —nombró a su sirviente, que lo había atendido desde sus más tiernos años.

—¿Sí, señorito Conrad? —el anciano le vio con compasión. Lo conocía ya desde la vientre de su madre, ni siquiera allí se estaba quieto y esta quietud de ahora, sólo significaba lo preocupado que se hallaba.

—Voy a estar en mi habitación… Necesito estar a solas por un largo tiempo… así que…

—¿No piensa comer siquiera, señorito? —se inquietó—. Eso no es bueno…

—Mi querido Gaspard, necesito que nadie me moleste para nada, hasta que yo salga del cuarto. ¿Crees poder hacerme ese gran favor?

—¡Por supuesto, mi niño! ¡Confíe en el buen y viejo Gaspard para lo que guste! —Sonrió con bondad y Conrad le correspondió a su vez antes de retirarse a su alcoba.

Una vez allí, se sentó en el centro de su cama como quien practica yoga y apoyo sus manos sobre las rodillas, cerrando los ojos, respirando y exhalando… Estaba decidido a ayudar a su hermana de una forma u otra… algo o alguien debía estar en la sintonía adecuada para su cometido, estaba seguro… Sólo debía hallar una luz… Y la encontró, alejándose cada vez más del reino, pero acercándose a otro. Sin elevar sus párpados, sonrió tras un exhaustivo examen de su objetivo. Sí… podía servir. Sería como una mente sagaz escogiendo un nuevo cuerpo que fuera más que nada fuerza bruta, unidos por los sentimientos de un buen corazón.

Gontran se detuvo un momento para darle respiro a los animales. Tal parecía nadie lo estaba siguiendo. Quizás, sólo era un par de tipos aquellos que le dieron el alto, pero, no iba a detenerse para preguntarles. Estudió a los corceles y los palmeó.

—Pobres bestias… corrieron con todas sus fuerzas… Me siento un egoísta pidiéndoles aún más… —Se quedó reflexivo unos segundos—. Les daré unos cuantos minutos de descanso, pequeños. Y esta vez, es tu turno de llevarme… Lamento ser tan grande y pesado para ustedes… —Buscó en su alforja unos trozos de fruta seca y se los ofreció—. Coman… Manzana. Se lo merecen…

Un ulular llamó su atención y le alarmó. Entre la arboleda, pudo notar un búho blanco, casi intangible como un fantasma. ¿Sería acaso la joven indicándole dónde estaba? Apresuró a los animales a acabar con el trozo y a seguir camino, hacia donde el fantasmal búho se había dirigido.

N/A: Muchas gracias a quienes me siguen... entre las sombras... (suena escabroso lo sé... :S) y a quienes lo hacen desde la luz, como bellanatura1979 :)