Capítulo 22. ¿Amistad o enemistad?

—¡Su Majestad, aquí están estos dos! —el guardia avisó empujando a los prisioneros hacia el rey—. ¡Arrodíllense! —les obligó a hacerlo golpeándoles tras sus rodillas con su alabarda.

—¡Bruto! —Liroye le vio indignado, lo que pareció molestar al fey que iba a golpearle.

—¡No! —Jareth ordenó—. No ha hecho nada malo... salvo comportarse como lo que es. Déjennos a solas.

—¡Pero... Su Majestad...!

—Yo puedo con estos jóvenes. Ustedes dos también —echó su rostro hacia atrás, donde sus guardias personales permanecían—, vayan afuera.

—Como guste, Su Majestad. —Los dos más cercanos acataron la orden sin chistar, por lo que el otro no tuvo más que seguirles.

Jareth estudió a Devis, cual águila había seguido cada movimiento de todos los hombres que acababan de partir, y Liroye, tan sólo se le veía nervioso y pendiente del otro, obviamente se trataba de un ser frágil, pero, seguro de sí. Entonces, Devis reparó en él.

—¿Qué necesitaba, Su Majestad?

—Bueno... sólo quería verles... —respondió con una sonrisa cínica—. No todos los días uno puede ver una historia de... amor como la de ustedes... —Liroye tragó saliva. Esperaba que al gobernante no se le cruzara nada raro por su cabeza.

—Eso es cierto. Tampoco todos los días se puede gozar de ser un prisionero de Su Majestad.

—¿Oh...? ¿Entonces, lo están disfrutando?

—Bueno... salvo por... el comienzo que no fue muy... halagador... sí. Al menos yo, lo estoy disfrutando a mi modo.

—¿Y tú... my lady? —Liroye abrió sus ojos con sorpresa. ¿Se refería a él? Seguro que no... Miró hacia atrás, pero no había nadie—. Sí, me refería a ti —aclaró cuando tuvo de nuevo sus grandes ojos sobre su persona—. Si usas una falda como esa y estás junto a un hombre como el que está a tu lado, pues... supongo que eres la joven.

—Yo... Yo... —Jareth se lo quedó viendo con interés, como cuando ese criado enano, Hoggle, le explicaba mediante alguna excusa qué había hecho con lo ordenado.

—En verdad podrías pasar por una chica... —comentó finalmente tras frotar su barbilla.

—Gracias... Su Majestad —correspondió con timidez, lo que pareció divertir al Rey Goblin.

—De nada. Ahora... ¿qué te parece mi hospitalidad?

—Bueno... pese a que ha atendido la herida de Devis... —Se detuvo un segundo al ver al monarca sonreír con villanía— no me parece muy hospitalario de parte de sus hombres ni de usted, Su Majestad. —Devis suspiró con los ojos cerrados.

—¡Oh...! ¡Qué descortés de mi parte! La próxima vez, si es que existe próxima vez... que los descubra merodeando, los invitaré a tomar el té.

—¿De verdad, Su Gracia? —cuestionó ingenuo.

—¡Liroye...! —Devis lo reprendió, en tanto, Jareth se destornillaba de risa.

—Bueno, quizás si me dices qué hacían en medio de la nada...

—Ya le hemos explicado, Su Majestad... —el sobrino de Kaden arguyó.

—No te he hablado a ti, así que cierra ese pico aguileño —fue despectivo—. Estoy hablando con la cara bonita. —Liroye no evitó sonrojarse. Obviamente que este hombre estaba acostumbrado a usar sus encantos... Ahora comprendía muchas cosas que había oído.

—Yo... sólo escapé junto a Devis.

—Obviamente. ¿Pero, por qué?

—Porque corríamos peligro...

—¿Por qué?

—Porque... nos amamos. ¿Por qué va a ser?

—¿Porque? ¿Quizás porque tengan algo que ver con cierto secuestro? —Aquello pareció golpear en alguna parte a los dos jóvenes—. ¿Dónde está?

—¿Dónde está quién, Su Majestad? —Devis volvió a irrumpir.

—Tú sabes bien quién. ¿Liroye, dónde está ella? —El joven se mordió los labios.

—No sé sobre quién me pregunta, Su Majestad...

—¿No? ¿Y... si le saco un ojo a tu amado Devis? ¿Crees que se te refrescará la memoria? —Liroye empalideció—. ¿Dónde la tiene Kaden y por qué lo hizo?

—Si... lo supiera... no le hubiere dicho... Hubiere ido yo mismo a ayudarla. Y... aun así, no sé de quién me habla. —Lo vio acercarse a él con la mirada entrecerrada.

—¿Quieres que tu amiguito viva, verdad...? —El joven tragó saliva, mas, juntó coraje.

—Yo deseo que todos vivan, Su Majestad. Soy un silph y no odio a nadie como para desearle la muerte... —Lo observó con compasión con su crisálida mirada—. Yo he sufrido casi tanto como usted a lo largo de mi vida... Pero, no me voy a poner a odiar tan sólo porque alguien más lo hace. —Aquello hizo que el monarca se alejara como si le hubieren dado en algún punto y regresó a su asiento.

—De acuerdo... Ahora... si son pareja como dicen ser... bésense. —Ambos hombres se observaron preocupados—. ¡Oh, vamos! No es gran diferencia, sólo me tendrán a mí por público. Además... algún día deberán darlo por sabido, ¿no? ¿No pretenderán pasarse la vida huyendo? Es más... yo podría darles asilo político en mi reino.

—No acostumbramos a hacer espectáculos —sentenció Devis—. Y no somos el hazmerreír de nadie.

—¿De veras? Yo pensé que ya lo eran y que por eso huyeron... ¡Vaya! Pero, bueno... bésense.

—¡Me niego a...! —Liroye iba a protestar.

—Es una orden. —Jareth les vio con cara seria y amenazante. Ellos seguían dudando en obedecer—. Y si no lo hacen... todo lo que le presentaré a tu tío será partes de ustedes, como si fueran fireys.

Devis dejó salir una exhalación de impaciencia, en tanto, Liroye no dejaba de ampliar sus asustados ojos. En eso, advirtió que su compañero, todavía arrodillado como él, se acomodó para enfrentarle.

—No podemos negarnos, Liroye. Lo siento... —se disculpó por lo bajo.

—¡Pero..! ¡Pero...!

—¡Ya deja de hacerte el tonto! ¡Ni que fueras virgen! —clamó el rey con maldad.

"Si tuvieras una idea de cuánto lo soy..." pensaba el joven en su infortunio amoroso.

—Sólo uno, ¿verdad? —cuestionó al monarca como los niños.

—Si vale la pena, sí, de otro modo, no me convencerán en lo más mínimo... y ya no seré tan paciente ni tan amable. —Hizo un gesto con su mano como para que prosiguieran, por lo que Liroye también enfrentó a su compañero.

—Devis... —le vio con mortificación.

—No te preocupes... sólo... cierra tus ojos... No pienses.

—¿Qué no piense? Eso quisiera... por lo menos, lo disfrutaría... —confesó en un murmullo cuando estuvo más cerca.

—¿Listo? —Le miró a los ojos ya a pocos centímetros de su rostro.

—¿Eso cre...? —Fue acallado por los masculinos labios que se posaron con ternura sobre los propios. Esto era como un incesto, pensaba para sus adentros. ¡De todos los hombres del Underground, obligaban a Devis a besarle!

Jareth no cesaba de analizarlos. Ciertamente no fue un beso pasional y el tal Liroye parecía medio mojigato, quizás por eso el otro había sido cuidadoso, pues, que había puesto ternura en la acción, pues, lo había hecho. Inseguro, los dejó estar cuando sus bocas se separaron.

—Muy bien... Imagino que... lo de ustedes no sólo es... carnal... Les creeré por el momento... Pero... si llego a descubrir que han mentido...

—Ya le he dicho que sólo hablaré en presencia de mi tío. Sólo entonces, sabrá todo lo que deba saber, si es que hay algo de su interés. —Jareth lo miró con presunción y aplaudió para que volvieran a aparecer sus subordinados.

—¿Sí, Su Majestad? —los dos más cercanos asistieron de inmediato.

—Por favor, haz que mis goblins nos traigan la cena. Ellos comerán junto a mí, aún con las manos atadas, claro está.

—Sí, mi señor. —Se retiró sólo uno de ellos a cumplir y el otro volvió a su puesto junto al soberano. Liroye y Devis se observaron con cierta ansiedad y alivio, al menos por el momento, estaban a salvo. Devis guiñó un ojo cómplice a Liroye, el cual tuvo que morderse los labios para no reír. En otra situación, ambos estarían estallando de risa de las circunstancias vividas.

Alin se sobresaltó al sentir aquella mano callosa ahogándole un grito y cubriéndole la boca, en tanto, el fornido brazo rodeaba su cuerpo. Casi se cae del banquillo a no ser porque el sujeto la tenía aferrada contra su pecho. Sus ojos se ampliaron como nunca antes en su vida. ¿Sería ese animal bruto de Graham que venía a hacerle daño a escondidas del resto? ¿O acaso alguno de los otros, quizás, de los mismos que hasta el momento supuestamente la habían estado ayudando?

—Haz silencio, pequeña, y no te sucederá nada —le advirtió la masculina y seductora voz. Alin supuso que sería uno de los otros villanos que no había visto ni oído tanto como al resto. Su mirada se llenó de lágrimas y terror —. Sé una buena niña. Te sacaré de aquí si te mantienes en silencio, si no lo haces, escúchame bien, si no lo haces, nos matarán a ambos, ¿comprendido? —Semejó aguardar a que ella consintiera—. ¿Comprendido? —exigió y ella sólo atinó a mover la cabeza asintiendo—. Muy bien... Ahora te soltaré, pero si gritas... me veré obligado a callarte...

Alin se estremeció al oír dicha declaración. ¿Estaba insinuando que la mataría allí mismo? Todavía no podía ver al hombre, pero, aparentemente estaba mirando hacia el orificio de salida, ella podía sentir que su cuello estaba en esa posición... Todavía no había liberado ni su cintura ni sus labios. Dio un pequeño respingo cuando él volvió a hablar.

—No será sencillo salir de aquí. Necesitaré que cooperes, ¿entendido? —Ella volvió a asentir con su cabeza—. Y recuerda, ambos nos estamos jugando la vida si nos descubren escapando... —Ella no entendía por qué él corría riesgo, pero, la mención del escapar no le parecía nada despreciable. Al fin él la soltó y se puso junto a ella, que no se atrevía ni a verle—. Bien, haremos lo siguiente... tú te tomarás de mi cuello con fuerza y yo escalaré, espero que la soga nos soporte a ambos... —Su voz sonó preocupada—. Yo necesitaré ambos brazos y piernas para poder sacarnos de aquí... —Él observó la figura que se le hacía tan pequeña que pensó que quizás no fuera tanto esfuerzo de su parte, pero, ¿podría ella soportar su propio peso? Pensaba que era mucho pedirle dicha tarea a una damita—. Mh... —Analizó y comenzó a quitarse un largo cinto que sólo alteró más a la chica que descendió del banco e intentó escapar hacia el otro lado del pozo—. ¿Qué diablos haces? ¡Debemos irnos, no pierdas tiempo! —protestó y tomándola de un brazo, que ella pensó que no llegaría desde donde estaba, la atrajo hacia sí—. Esto te servirá como de asiento—, puso el cinturón en sobre el banco y la hizo sentar a ella sobre el mismo— así, no tendrás que acarrear contigo misma tan sólo con tus brazos y yo me sentiré más seguro de que no caerás por el camino —aferró ambas puntas del mismo—, ¿de acuerdo? —Le dio la espalda y acercándose a ella, cerró la correa en su propia cintura. Alin no comprendía qué pretendía con todo eso—. Bien... —pareció satisfecho una vez que adaptó el sujetador— ahora, pasa tus brazos por mi cuello y no te sueltes por nada del mundo. No quiero que caigas ni que te maten.

La muchacha dudó unos segundos, pero, ¿qué tenía por perder? No mucho, suponía... Y este desconocido pretendía sacarla de ese sucio agujero... Ya vería luego qué hacer para correr, de ser necesario... ¿podría transformarse quizás? Seguro que no, se sentía muy débil... y no sólo eso, alguna especie de hechizo le impedía usar sus habilidades a pleno.

El ascenso fue la cosa más horrible y excitante que ella hubiere vivido nunca. Lo primero, porque cada vez que él daba un pequeño resbalón ella pensaba que moriría aplastada entre el fango mugroso y él enorme sujeto, porque ahora podía advertir que su tamaño era bastante considerable en comparación a sus familiares masculinos. Y lo segundo, porque el solo hecho de saber que dejaría esa inmundicia atrás, la llenaba de esperanzas y más temores, pues, no olvidaba la amenaza que aseguró el hombre con respecto a la vida de ambos, de ser descubiertos.

—¿Estás bien? —se interesó él en uno de esos traspiés en el cual ella estranguló un grito—. ¿Oye, niña, estás bien o acaso eres muda? —Se molestó por su inercia.

—Yo... —Apenas se le podía oír—. Yo... estoy... —él parecía esperar pacientemente a que ella terminara su frase—. Sólo... me asusté, lo siento.

—Entiendo. No te preocupes, por más que me resbale un poco, no caeremos, al menos que la soga se corte y espero que eso no suceda. Trata de no volver a gritar, a partir de ahora en más, podrían oírte.

—S-sí... —Y siguieron rumbo al exterior... Ella pudo advertir que estaban saliendo tan solo por el cambio del aire. Aspiró con fuerza y fue como un remanso para sus pulmones. ¿Cuánto hacía que no podía respirar el aire puro?

—Te bajaré. ¿Estás lista? —murmuró él y ella cabeceó antes de responder con palabras.

—S-sí... —Lo sintió agacharse para que ella pudiera poner sus pies en el suelo y soltar el cinto que acomodó sobre su hombro sin dejar de vigilar la cabaña que guarecía a los hombres. Su calzado había olvidado la sensación de pisar césped.

—Ven, debemos quitar las cuerdas... —La aferró de un brazo y casi la arrastró con él hasta el árbol donde había atado el otro extremo. Sacó una navaja que casi pone los pelos de punta a la jovencita y cortó el nudo de las sogas y sujetándolas las arrojó al mismo abismo de donde surgieron. Sin decir más, comenzó a andar. Ella quedó inmóvil en medio de la nada, viéndolo hacer, hasta que él regresó sobre sus pasos y tomándola de igual forma que antes, la obligó a seguirle el paso—. Por aquí, niña. ¿O te encariñaste con esos bandidos? —Ella lo observó confundida. ¿Se lo estaba cuestionando de verdad? Y por cierto... ¿quién era? Nunca lo había visto entre los otros ni en ningún otro sitio, si bien no podía advertir demasiado su rostro tras esa capucha, aquella altura que amedrentaba no era algo para olvidar fácilmente. ¿Estaría segura con este sujeto? Las piernas comenzaron a temblarle al igual que todo su cuerpo y cayó ni bien dieron unos cuantos pasos más—. ¡Diablos...! —musitó él viendo hacia el cielo. Y se acercó hacia la muchachita que por su cabizbaja cabeza y derrotada actitud, aparentaba estar deseosa de largarse a llorar—. Nada de eso ahora, niña. Cuando estemos lejos de esos asesinos, entonces, sí, podrás llorar cuanto gustes. —Con absoluta facilidad, pasó sus brazos tras sus rodillas y espalda y la elevó sin más para seguir su andar.