Capítulo 24. No importa qué, somos enemigos.

En unos quince minutos o más, avistaron a los dos caballos que, pastaban pacientemente uno junto al otro. Gontran dio vuelta su rostro junto a una sonrisa satisfecha para ver a la jovencita. Ella sonrió a su vez al pensar que ya no deberían caminar.

—Ahora, sí —él habló y ella pareció sobresaltarse pese a que seguía aferrada de su mano—. Quédate aquí. Si algo malo sucede, no grites, no te dejes ver, sólo huye hacia esa dirección sin salirte del bosque. Es más difícil para ellos verte y perseguirte de ese modo. ¿Comprendido?

—¿Algo malo...? —Se atemorizó.

—Algo malo, sí. Estamos huyendo, ¿recuerdas?

—Sí... pero... No quiero quedarm...

—Sh... —Acarició su cabeza como si fuera una mascota a la que no le gusta que le dejen atrás—. No te quedarás sola. Sólo lo digo por si acaso.

Alin analizó que, si bien le gustaba que la cuidaran y la consintieran, ciertamente no le agradaba que un extraño como este sujeto, que además era uno de sus enemigos, la tratara con tanta deferencia como si ella fuera una pequeña niñita perdida... Bueno... casi lo era, supuso. ¡Pero, de todos modos, no le agradaba tal... actitud de una de esas... águilas! ¿Orgullo? Toda su familia estaba compuesta de ello. Le vio apartarse en dirección a las bestias. ¡Vaya con el sujeto! ¿Qué se pensaba que ella era? ¿Una inútil buena para nada? ¿Acaso se pensaba que era mejor tan sólo por ser su enemigo? De pronto, abrió sus ojos pensando en qué podía estar sucediendo. ¿Y si se hacía pasar por su salvador tan solo engañarla y hacerle daño? ¿Y si en sus planes estaba usarla para hacerle daño a su primo? Después de todo, era príncipe de aquel reino, y si era príncipe, era pariente cercano al rey... ¿había dicho Kaden? Ella no recordaba mucho sobre esas cosas. Debió prestar más atención a la clase de historia. Suspiró. Como fuera, andaría con cuidado por mucho que pareciera que "la ayudaba." ¿Y si se iba con los caballos y la dejaba allí a merced de los otros para reírse? Aquella idea la motivó a seguirle a corta distancia.

Gontran descendió la pequeña loma hacia un pequeño claro donde había dejado los corceles y estudió los alrededores en tanto avanzaba. Los caballos parecían estar tranquilos, lo cual era una buena señal. Se acercó a ellos y los acarició agradecido de que no hubieren escapado y de que les hubiere sucedido nada. Entonces, se direccionó hacia donde había dejado a la muchacha.

—¿Niña, puedes bajar sola desde allí? —indagó a metros más debajo de ella.

—¡S-sí, seguro! —Afectada comenzó el declive, cabeza en alto, sólo como un búho puede mostrarse, aunque la mugre encima y la situación no le acompañasen. Gontran se la quedó viendo con una ceja levantada. ¿Y ahora qué le pasaba? ¿Se había ofendido por algo? Él no recordaba haberle dicho nada malo. ¿Sería porque no la trataba de "Su Alteza"? Pues, ella tampoco se dirigía a él de igual modo y eran pares en cuanto a títulos.

—Ten cuidado, por allí hay algunos troncos y pedruscos... —advirtió al verla tropezar un par de veces.

—Ya los vi, soy un búho —se jactó sin detenerse, cabeza erguida—, puedo ver en la oscuri... ¡Ah...! —El empellón la llevaba contra el tronco de un antiguo árbol.

—¡Cuidado! —Casi da de bruces a no ser por el cuerpo del hombre que la atajó, moviéndose rápido en su dirección. Alin, con los brazos frente a su pecho de manera protectora, abrió los ojos y se encontró con el pecho del hombre que evitó que ella se estrellara contra la rústica madera—. ¿Estás bien?

—S-sí... —comentó avergonzada. ¿Por qué justo debió caerse frente a él?

—La próxima vez que estés en un terreno que no conoces y a oscuras, pon la mirada donde pisas, no donde no te llega la cabeza. No estás en la corte, niña. —Su voz transmitió su molestia y su autosuficiencia.

—¡Lo siento! —Ella se apartó de golpe de él—. ¡No suelo andar en medio de la nada con salvajes! —Gontran quedó viéndola, aún con los brazos abiertos, sin comprender, en tanto, que ella fue hacia los corceles, las lágrimas rodando por sus mejillas. El príncipe se rascó la cabeza repasando qué había hecho mal.

—¿Por qué te enfadas? ¿Tienes hambre? —supuso él podía ser uno de los motivos a su malhumor.

—¡Sí! —espetó ella enfadada girando hacia él que se aproximó—. ¡Tengo hambre, frío y tristeza! ¡Y quiero asearme!

—Bueno... No precisas ni gritar ni llorar. —Hurgó en la alforja de una de las bestias y sacó un par de hongos de los que había recogido extendiéndoselos a la chica—. Toma. No es de lo mejor, pero, estos son bastante nutritivos.

—¿Qué es eso? —Los estudió con desconfianza.

—Hongos. ¿Nunca los has comido?

—No... —respondió con duda—. No así.

—Pues... hazte a la idea. Tómalos —él ordenó y ella lo hizo en un gesto autómata. De pronto, se vio elevada de la cintura como si tal cosa y puesta sobre la montura—. Espero sepas andar a caballo. Estos no soportarían el peso de ambos —indicó con las manos a cada lado de ella.

—¡Claro que sé! —volvió a indignarse.

—Sí, también dijiste algo así antes de casi caer rodando —él se burló yendo hacia la otra cabalgadura.

—¡Si quiere puede seguir su camino! —Ella espetó cual reina, mientras, él se trepó—. ¡Yo puedo arreglármelas desde aquí!

—Tú no irás a ningún lugar sin mí desde ahora, pequeña. Estás bajo mi custodia desde el mismo momento que te rescaté. Así que calla y obedece.

—¡¿Cómo... se atreve...?! —No agregó más puesto que él aferró las bridas del cuadrúpedo en el que estaba montada y comenzaron a andar, casi uno junto al otro.

—¡Escucha bien, polluela de búho consentida, si tú quieres que te maten, me avisas y te regreso al hoyo lleno de heces y orina donde estabas, ahora, si aprecias en algo tu vida y la del resto que te rodea, vendrás conmigo te guste o no! No te he rescatado por gusto, ¿bien? Así que, cierra el pico y andando en silencio. Deja de gritar, deja de quejarte y hazte a la idea que soy tu héroe. Y eso es todo. —Se adelantó un poco sin dejar las bridas de ella y se mantuvo en silencio y alerta.

Alin quedó congelada en cuanto a lo grosero que había sido. ¿Cómo podía ser así de rudo con ella? ¿Quién se pensaba que era? ¡Polluela, le había dicho! ¡Consentida! Y la sola mención de las deyecciones la enfadó y la avergonzó al mismo tiempo. ¡Ella no tenía la culpa que aquellos sujetos la pusieran en ese terrible sitio donde apenas podía moverse! Apretó los labios con fuerza y trató de controlar las lágrimas. ¡Odioso! ¡Ahora comprendía por qué sus reinos eran enemigos! ¿Cómo no serlo con gente tan parca y bruta? La noche seguía avanzando por sobres sus cabezas, la luna había comenzado a mostrarse tímida entre algunas nubes.

—¿Tienes frío? —Jareth indagó a Liroye, poniéndose junto a este con su corcel. El joven le miró desde su desventajada posición caminando tras el carromato.

—Tengo frío, sí, y muchas cosas más que obviamente no piensa satisfacer —espetó ofendido.

—¿Quieres que te dé calor? —cuestionó seductor aguardando a ver las reacciones de ambos.

—¡N-no, gracias! —Se sonrojó. Devis les espió de reojo. Ese búho... no era de confiar, constantemente los estaba poniendo a prueba a la espera de que cometieran el más leve error.

—¡Qué pena! —Rió con solaz—. ¿Prefieres ser el amante de un perdedor que el de un soberano?

—Eso no es de su incumbencia. —Le dio vuelta el rostro—. Devis y yo somos inseparables y nos amamos incondicionalmente.

—¿De veras? —A Devis no le gustó el tono en que el monarca puso en duda las palabras de su amigo—. ¿Y si... alguien se atreviera a... no sé... obligarte a ser infiel? ¿Aun así te seguiría amando? —Liroye pareció haber sido pillado por sorpresa o por la impresión de lo que le estaba insinuando. ¿Acaso pensaba violarlo o algo así para probar si el otro respondía o no?

—¿Por qué cree que ya no hemos pasado por eso en nuestras tierras? —Devis se entrometió —. ¿Cree que Liroye no ha sido dañado, no por estar conmigo, sino por ser lo que es?

—¿En serio? —Pareció estudiar a Liroye, el cual usó sus dotes artísticas para verse mortificado—. Bueno... ¿Hiciste... justicia? —Se dirigió a Devis esta vez.

—No inmediatamente. Pero, sí. Todavía no... éramos pareja. Pero... ya nos atraíamos.

—Interesante... —Jareth se frotó la barbilla—. Pensé que lo más probable en su reino, para un chico como él, es que lo matasen... con la posibilidad de disfrutar o no de él.

—No, estando yo para impedirlo —lo desafió con la mirada.

—¿Y... por qué hablas de él como si tú fueras diferente? —inquirió con maldad—. Después de todo, has sucumbido a sus encantos...

—Es... diferente. Yo... sigo siendo... —carraspeó porque le hacía hablar de algo así y, de algún modo, pretendiendo desvalorizar a Liroye. Maldito búho astuto— el hombre en la relación. Supongo que no debo aclarar de momento que —mostró una mirada digna de su estirpe—, hace nada más que unos instantes, usted mismo se le ha insinuado, ¿verdad? —Jareth dejó brotar su risotada. Obviamente, esta águila no era sólo músculos y ojos agudos.

—Seguro. No es que me apetezca realmente, pero, en pleno camino a una guerra y a falta de mujeres… él bien puede cumplir dicha tarea. Su cara es muy agraciada, ¿no lo crees? —Continuó pinchándoles, elevando el rostro de Liroye con su fusta, viéndole con malicia. Devis respiró profundamente.

—No es lo único agraciado que posee, pero, no es un esclavo ni un golfo. Y usted, no verá más de eso.

—Te equivocas, mi amigo. Tanto tú como él, son menos que todo eso. Y son míos… ambos —se regodeó— para cuanto me guste y desee. Y… aún si no fueren prisioneros, siguen siendo mis súbditos y han de hacer como yo comande. —Les sonrió con un leve movimiento de cabeza antes de adelantarse. La mirada de Devis mostraba cuánto le podía llegar a odiar. Liroye, en cambio, vio a uno y a otro con preocupación.

—¿Él… abusará de ambos? —se inquietó.

—Sobre mi cadáver —porfió sin quitar la vista de la rubia cabeza metros más adelante.

—¿Su Majestad? —cuestionó uno de sus guardias personales—. ¿Alguna orden?

—No, sólo me estaba divirtiendo un poco. —Los espió de soslayo con diversión haciendo sonreír al fey a su lado.

—¿El viejo truco?

—El viejo truco. —Carcajearon junto al tercero que se les sumó al otro lado del monarca.

Lejos de allí, los hombres sylphs de Kaden estaban descendiendo hacia un peñasco, cuyo, metros más abajo, se encontraba el coche que había partido. El rey águila estaba con el corazón saliéndose del pecho. ¿Habrían caído todos al barranco y perecido? Aunque desde esa distancia no podían verse otros restos como debería si algo así habría acontecido.

—¡Mi señor! —clamó uno desde el lugar del incidente y aguardó a que le viera—. ¡Está vacío y los caballos tampoco están, mi señor!

—¡De acuerdo! ¿Alguna pista? —El otro le respondió con gravedad y negativamente con un movimiento de cabeza—. ¡Regresen todos de inmediato entonces!

—¡A la orden, Su Majestad!

—¿Mi señor? —cuestionó a su lado uno de los capitanes de confianza.

—¿Qué opinas? —le preguntó con el presente de la cumpleañera en mano. El hombre miró el mismo y la ahora destruida carroza allá abajo.

—Alguien se hizo de todos ellos o...

—¿Traición? ¿Y los que no?

—No lo sé. Dudo que vivos...

—¿Y aun así, dónde? —El fey guerrero suspiró pesadamente.

—Lo ignoro, Su Majestad. Pero... sus dos sobrinos son hombres fuertes, lo mismo Graham y los otros. Mitch, Craig e incluso James son veteranos. ¿Quiénes podrían contra doce como ellos?

—Alguien que posea más fuerza física o... que posea otro tipo de fuerza... —Se quedó pensando en su oponente—. Pero... pronto se encontrará con alguien de su tamaño... —juró con intransigencia—. ¡Pongámonos en marcha!

Ya casi era de madrugada cuando Alin parecía desvanecerse, los ojos se le iban cerrando y apenas podía mantener la vista en la enorme espalda delante de sí. ¿Esas manchas en su camisa... eran sangre? Se horrorizó pensando de quién podría ser; pues él se parecía bastante a un ogro, incluso en los modos. En medio de esos pensamientos, le dio un estornudo que hizo que el hombre girara un poco la cabeza en su dirección.

—Será mejor que descansemos. Resiste un poco. Más adelante hay una cueva que podemos usar de refugio, al menos por un par de horas.

—Intentaré... Me siento débil...

—¿Te estás durmiendo?

—S-sí. —Se sintió algo avergonzada de su debilidad y él llevó su caballo junto al de ella.

—Supongo que no habrás estado muy alimentada en estos días.

—Pésimamente.

—Si cazo algo... no puedo cocerlo... No podemos encender una fogata... —Se quedó pensando en ello—. Al menos que usemos la cueva para ello, pero... nos arriesgaremos...

—¿Piensa que están tras nuestro?

—No todavía... Pero, pronto... En cuanto el carruaje que he visto llegue a destino y noten tu ausencia. —Miró hacia adelante analizando quizás el camino y los pasos a seguir—. Viajaremos de noche y de día, tanto como sea posible y dependiendo qué convenga. Yo puedo ver mejor durante el día, de noche, mi visión es como la de cualquier otro ser.

—No la mía —se jactó.

—¿De qué sirve si no sabes ni por dónde hay que ir? —él la azuzó por engreída.

—Soy una dama, no un vagabundo.

—Soy un príncipe y un guerrero, no un vagabundo. Y si es por apariencias, pues, más que por una dama... —se burló— pasarías por una porqueriza. —La mirada enorme de despecho y la expresión de indignación que escapó de los labios de la muchacha pareció serle de gran gracia y se adelantó.

—¡Lo que menos tiene es modales de príncipe! ¡Más bien de... de...! —No sabía que inventar, después de todo, ella no tenía mundo—. ¡De un goblin ordinario!

—Dudo que a tu primo le guste que me compares con uno de los suyos, ¿no crees? —siguió jocoso.

—¡Mph...! —exhaló molesta y estimuló al caballo para alcanzarle—. ¡No meta a mi primo en esto! ¡No se atreva!

—¿Por qué? —Seguía jaranero—. ¿Me castigarás? ¿Con qué? ¿Te pegarás a mí con tu ropa sucia?

—¡Deje de burlarse! —le ordenó.

—Cuando dejes de ser tan insufrible. —La ignoró por completo y sonrió al ver que ya estaban en el sitio que había visto de ida—. Aquí nos quedamos por un rato —indicó descendiendo. Ella se lo quedó viendo con enfado y él sonrió al notarlo. Alin no supo por qué aquel gesto la hizo sonrojar. Sólo era una barbilla y una estúpida sonrisa, seguro usaba esa capucha que no dejaba ver su rostro a pleno para ocultar lo horrible que era. Se acercó a ella y extendió sus manos para bajarla. Ella trató de repelerlo a causa de su mal humor, pero, la atajó en el aire antes de que cayese al suelo—. Si te doblas un tobillo o peor, no pienso cargarte de nuevo ni andar haciéndote de nana, ¿bien? Ya bastantes problemas tenemos como para que provoques uno más. —Sin poder resistirlo más, ella se deshizo de su agarre con un golpe de sus brazos y se apartó de él mirando hacia cualquier otro sitio. Gontran sacudió su cabeza sin dejar de cambiar su opinión sobre los búhos y se direccionó a inspeccionar la cueva. Cuando salió nuevamente al exterior, ella seguía en el mismo sitio, de espaldas y cruzada de brazos, estornudando cada tanto—. Su Alteza... —habló con mofa— su trono está listo, my lady. Si no es molestia, su humilde servidor irá a buscar algo para que Su Alteza pueda recuperar algo de fuerzas. —Se inclinó y ella sólo dio un pequeño grito de enfado y se fue hacia el interior de la cueva oyéndolo reír.

Cuando llegó al final de la misma pudo ver que había armado un lecho de paja y hojas secas y sobre el mismo había puesto una especie de manta o capa. Varios metros delante de ello, una pequeña hoguera que ella agradeció infinitamente. Ahora que se veía el vestido y las botas, sentía ascos. ¿Cómo no iba a burlarse ese engreído? Se quedó pensando cómo podía sacarse algo de esa inmundicia... No podía conseguir otro calzado, pero, quizás, podía sacarle una capa de tela a la falda del vestido, eso sería un alivio porque ni ella soportaba la hediondez de su atuendo. Volvió al exterior y buscó en las alforjas de los caballos algo con filo, halló una daga y comenzó a cortar la tela superior de su vestimenta, de todos modos, ya estaba arruinada. Con la misma intentó quitar la porquería pegada en su calzado, cuando de repente, una vistosa ave rapaz se posó sobre una roca, entre sus garras traía un conejo producto de su caza. Alin quedó impactada con la majestuosidad de la misma. Ni siquiera el búho más anciano o aguerrido tenía dicho tamaño... ahora, comprendía por qué eran enemigos de temer. El ave pareció inclinar su cabeza para verla con interrogación y desconcierto, antes de cerrar los ojos y volver a su atlética forma humana; la capucha ahora caída sobre los fuertes hombros dejando ver unos aguileños ojos pardos acompañados por espesas pestañas negras, al igual que su cabello algo crecido y ondeado. El semblante de la muchacha parecía expresar que era la primera vez que le veía; sobre la roca, el hombre se le hacía más gigante aún. Gontran descendió de un salto con la presa en mano, avanzó hacia ella y sonrió con diversión viendo lo que había hecho con su falda y lo que aún no había acabado con su calzado.

—¿Sabes usar eso? —Ella pareció estremecerse como si recién hubiere sido descubierta a su vez—. Ten cuidado, no te vayas a quitar un pie. —Continuó hacia el interior de la caverna desde donde nuevamente la oyó refunfuñar y, tras ello, estornudar. ¡Vaya con la arisca chiquilla! Mejor que se quitara toda la mugre que tenía encima antes de mostrarse tan altanera. Gozaba para sus adentros preparando la captura sobre la fogata.

...

N/A: Hola, gente linda. Pido disculpas por la demora, estoy sin internet y con dos trabajos temporales, lo cual me dificultó bastante la cosa, pero, aquí estoy. Y en compensación, subiré los capítulos hasta el último escrito. :) Que les aproveche!

Gracias RuzuChan Poly; Kath-2H.D; bellanatura1979 y Fuyuka713 por su apoyo 3