Capítulo 25. A veces, todo es tan confuso.
Sir Erwin despertó confundido. Había sentido que su niña estaba que moría de miedo, había soñado que alguien se había hecho de ella nuevamente y la sensación duró un poco más que media hora, luego, todo pareció calmarse y si bien no quería sacar conclusiones erradas, conjuró una esfera para comunicarse con su hijo, mas este no le respondía. Aquello le hizo preocupar. Conrad, podía ser revoltoso como pocos, pero, también poderoso y capaz de llevarse al límite de sus capacidades de creerlo necesario. En gran parte, por eso lo dejaba ser como era, pues, nadie sospecharía que su niño tenía tanto poder y nadie intentaría quitar a Jareth de su trono para que Conrad lo ocupase o que intentaran usarlo en contra de alguien más. El joven era consciente de todo esto y estaba plenamente de acuerdo, porque no le interesaba en lo absoluto la aburrida vida de la corte y menos que le estuvieran diciendo qué hacer o qué no. Sería poderoso como Rey Goblin, pero, un desastre en cuanto a responsabilidad y seriedad, lo cual, terminaría cayendo sobre su cabeza. Si Conrad no podía responderle o estaba tan dormido como para hacerlo, entonces, recurriría a su sirviente, aunque le diera pena, pues, Gaspard era un hombre mayor, pero, amaba al pícaro muchacho desde que este empezó a gatear para hacer de las suyas.
—¿Gaspard? Siento molestarte a estas horas, buen hombre. ¿Está Conrad despierto? —El hombre sonrió con bonanza a la esfera que también permanecía en su mano.
—No es problema, mi señor. No estaba durmiendo. Recién regreso de la habitación del joven, dormía como un ángel.
—¡Oh...! —pareció desilusionarse—. ¿Por... casualidad sabes si ha hecho... algún uso de su poder?
—Yo... no, mi señor... —Se mordió los labios nerviosamente.
—Gaspard... —advirtió—. Hace mucho que nos conocemos, ¿qué tipo de hechizo hizo? Sé que está preocupado por su hermana, pero, tampoco puede arriesgar su vida. ¿Qué haría yo sin ninguno de ellos?
—Lo... lo siento, milord... —El viejo fey agachó la cabeza avergonzado y volvió a ver su patrón medio de la orbe—. El señorito dijo haber visto a su hermana, haberla encontrado... No sé más que eso, le juro.
—Te creo, mi buen Gaspard. Sólo te pido que evites que haga locuras, ¿sí? Este niño es capaz de usar su poder para llegar a alguien más y usarlo para ver donde está ella, eso es más que peligroso, incluso para alguien de la talla de Jareth o de la mía. Espero no sea el caso y que haya usado tan sólo una esfera para dicha tarea.
—No sabría decirle, mi señor, pero, no se preocupe. Cuidaré bien de él, como siempre.
—No lo dudo, mi amigo. Por cierto... ¿llegó a decir algo?
—No, milord. Sólo estaba feliz de que había logrado verla. Así que, supongo que la señorita Alin se encuentra bien. De otro modo, hubiere sido difícil retenerlo, lo sabe.
—Sí —sonrió pensando en lo mucho que se amaban sus hijos y cuánto velaba Conrad por su hermana pese a las apariencias—, lo sé. Lo dejo a tu cuidado, Gaspard. Si llega a comentar algo, dile que se comunique conmigo y si no quiere hacerlo, por favor, lo que sepas que haya encontrado sobre Alin...
—Le informaré, mi señor. No se inquiete.
—Gracias —volvió a decir con la mirada cansada de tanta preocupación.
—¿Y ahora qué te pasa que andas tan quejoso? —Jareth le cuestionó a Liroye al verlo con cara de sufrimiento y pequeñas exclamaciones de dolor.
—Mis pies... creo que se han ampollado de tanto andar.
—¡Vaya delicadeza que resultas! ¡A ver, chicos...! —llamó a sus dos guardias—. Fíjense en qué condiciones están los pies de la dama. —Los dos guerreros se miraron de reojo y fueron jocosos hacia este.
—A ver... siéntate en el carro —sugirió uno de ellos, en tanto el otro vigilaba a Devis para que no intentara ninguna tontería. Liroye obedeció, si bien en el proceso le resultó más penoso al tener que pegar un salto para alcanzar la altura del vehículo—. Permiso —indicó el soldado tomándolo de una pierna para desatar el calzado y cuando lo hizo y quitó las medias se encontró con varias ampollas en ambos pies—. Eso sí que debe molestar... ¡Su Majestad, sus pies están... casi al rojo vivo, mi señor!
—¿Tanto así? —se aproximó con asombro y cuando los vio le dio estremecimiento—. ¡Cielos! No quisiera estar en tu lugar. ¡Doctor! —clamó y pronto estuvo el goblin junto a él—. Cura sus heridas.
—¡Sí, Su Majestad!
—Cuando él acabe de curarle, me avisan —volvió a ordenar a sus guardianes—. Aprovecharemos para descansar un poco mientras tanto. ¡Hombres, refrésquense un poco antes de seguir! A ese también —le indicó al otro guerrero con respecto a Devis que no le quitaba los ojos de encima sin amedrentarse un ápice—. Aún son de utilidad —declaró adrede.
—¡Como usted comande, mi señor!
Ni bien acabaron de medicinar las laceraciones al joven mestizo, el monarca fue notificado. Liroye aún permanecía sentado mientras terminaban de calzarle, cosa que parecía ser tortuosa.
—¿Eso no hará que se empeore sus ampollas? —Jareth inquirió viendo la expresión de molestia del otro que trataba de mostrarse estoico.
—Peor sería que ande descalzo, Su Majestad. Se le infectaría y sería más difícil de curar y más penoso de tolerar —explicó el médico.
—Entiendo…
—¿Le calzamos de todos modos? —cuestionó uno de sus guardias.
—No, que quede descalzo. De otra forma sólo nos retrasaría y no podemos darnos esos lujos.
—¿Y la infección? —El doctor goblin acomodó sus lentes en su arrugada y grisácea cara.
—No te preocupes. Él vendrá conmigo. Estoy aburrido. —Extendió su mano hacia Liroye quien se la quedó viendo cual damisela temerosa. Devis no dijo ni hizo nada, tan sólo curiosear de reojo, hasta que advirtió la mirada angustiosa y dudosa de su compañero, a lo que sólo cabeceó suavemente. Si así podía salvarse el pellejo, al menos él, que así fuera. De los dos, era quien más posibilidades tenía en este momento, no permitiría que las desperdiciara—. Vamos, my lady, no hagas que cambie de opinión. A mi caballo.
Liroye se paró en la carreta, ahora, preguntándose cómo diablos se suponía que él pasaría al caballo del Rey Goblin, y viendo este que parecía analizar cómo ubicarse tras él, rió con suavidad y le indicó darle la espalda y encorvarse un poco, "como si fueras a sentarte en un banco" y así lo hizo con desconfianza de que le hicieran caer sin miramientos. Más grande fue su sorpresa cuando el monarca pasó un brazo por delante de su cintura y así lo llevó hasta la montura, delante de él, sentado de costado cual doncella. El soberano rió nuevamente al notar el pequeño grito que ahogó el otro al sentirse halado hacia atrás.
—¿Pensaste que te dejaría estrellar en el suelo? ¿Con qué inversión, dime, después de haber atendido tu daño?
—Por diversión, quizá… —respondió sin dejar de estar inquieto, preguntándose qué querría de él y qué pretendía con esto. Observó a Devis quien se hacía el tonto, pero, estaba seguro que en el fondo estaba tan preocupado como él de su destino.
—Bueno… si fuera por diversión… directamente te hubiere puesto sal en las ampollas o… no sé, te habría dejado andar descalzo o calzado, el dolor hubiera sido intolerable de todos modos. Pero… prefiero otra clase de diversión, más placenteras… —siseó con maldad acomodando un cabello del muchacho tras su oreja, sabiendo que el otro estaba vigilándoles. La reacción del joven sylph lo hizo estallar de risa, en su vida había visto actuar ni a una dama así de contraída.
—Creo que… prefiero ir en el carromato… Su Majestad… Agradezco su… buena gracia para conmigo… —balbuceaba nervioso.
—¡Oh, no, mi querido! Jamás permitiría que una criatura tan delicada como tú sufriera más de lo que ya ha hecho. —Le vio con falsa tribulación—. Ahora bien… viajaremos juntos, así que sostente del asiento ya que no puedes tomarte de mi cintura y cualquier cosa que necesites… —sonrió con villanía llevándose una mano a su pecho junto a una leve inclinación— estoy a tu servicio. —Liroye le estudiaba con sus grandes ojos llenos de recelo y temor, debía pensar muy bien qué decir o hacer. En su reino era más sencillo, este tipo le ponía los pelos de punta y no de una manera agradable, por cierto.
—Yo… —carraspeó para aclarar su garganta—. Yo les estoy agradecido, Su Majestad. Es usted… muy amable en preocuparse por mí.
—De nada, mi frágil paloma. —Acarició suavemente la barbilla, en tanto comenzaron a andar—. Apuesto a que esos brutos nunca han sabido valorarte —siguió punzante y Liroye tragó saliva. Este sería un viaje muy largo e incómodo, pensó.
—No… no todos… Algunos, como Devis… me valoran mucho.
—¿No sólo Devis? —indagó entre inocente y ponzoñoso—. ¡Vaya! ¡Y yo que te hacía más virginal! —Aquello hizo que el joven casi saltara de tensión por lo que Jareth dejó brotar una franca risotada—. ¡Tranquilo! O tu amante pensará que te he pellizcado o algo…
Gontran la veía comer con una avidez lógica, después de pasar tantas penurias, pero, no podía dejar que se satisficiera del todo a riesgo de que le cayera mal, por lo que no tuvo miramientos para decírselo.
—Princesa Alin, será mejor que no se termine todo. Deje un poco para más adelante. No sabemos si tendremos la oportunidad de detenernos nuevamente y puede hacerle daño. —Alin se quedó viéndolo con el muslo de conejo a mitad de camino de su boca. Se quedó pensando que, por cierto, él no había tocado grandes bocados de aquello, si bien había comido un trozo. Se sintió avergonzada. ¿Acaso Conrad no tendría razón cuando la trataba de gordita o cosas así?
— Yo… lo siento… Es que…
—Lo sé. Tienes mucho apetito, pero, tu estómago debe haberse contraído estos días por la falta de alimento. Es mejor tomárselo con calma. A mí… me tuvieron sin comer varios días.
—¿Nada?
—Nada. No tenía quiénes me ayudaran, como tú.
—Lo siento… Igual… esos hombres no me daban mucho que digamos.
—Esos hombres daban sus vidas, cada vez que te llevaban algo, por más que no fuera demasiado, my lady. Deberías aprender a valorar un poco el sacrificio de los demás, ¿sabes?
—¡Yo no soy desagradecida! —se molestó.
—No dije eso.
—¡Pero… lo insinuó!
—¿Tienes ganas de discutir de nuevo? Porque si tienes dichas energías, mejor gastémoslas siguiendo camino y no llorando porque tienes que descansar y sientes hambre. —La miró indolente. Los ojos de la muchacha se llenaron de orgullosas lágrimas que no querían ceder. Al príncipe, no pareció sensibilizarlo en lo más mínimo. Obviamente los caprichos no iban con él.
—¡Usted... —se incorporó con gran molestia— es la cosa más abominable que haya conocido en mi vida! ¡Ojalá cualquier otro hubiera ido a salvarme! —Le dejó solo direccionándose hacia el exterior. Gontran resopló y se presionó con los dedos su entrecejo. Él tampoco había decidido por gusto rescatarla, ¿qué se pensaba? ¿Que a hombres como él les fascinaba la idea de ser muertos por salvar a alguien más? ¿Que no quería vivir con comodidad y pacíficamente como muchos otros hacían, gracias a hombres como él que hacían lo que debían dejando a un lado sus preferencias?
Afuera apenas había empezado a calentar el sol de la mañana, Alin se abrazó tratando de infundirse calor y se largó a llorar, pensando en cuán desdichada era. Primero, esos hombres que la apartaron de su familia y la tuvieron sin alimentos y sucia; ahora este... fenómeno de ogro montañés jactándose de cuán buena gente era y ella una malcriada sin reparo alguno. ¡Los odiaba a todos ellos! ¡Incluso a ese... Devis y sus... secuaces que supuestamente le ayudaron! ¡Ayudar era justamente defenderla de ese asco de tipo como Graham y tenerla cuidada como correspondía, con alimento, agua, un cuarto cálido y confortable y un sitio donde poder higienizarse! ¡Los odiaba desde lo más profundo de su corazón! De repente, se sobresaltó al sentir las cálidas manos sobre sus hombros que se apoyaron con suavidad.
—Oye... niña... Ve a descansar... No podemos permanecer mucho aquí —su voz fue suave.
—Estoy bien... podemos seguir camino así terminamos de una vez con esto y no tendré que volver a verle nunca más.
—Oh... Estoy de acuerdo con esa parte, pero... no quiero que te caigas en medio del camino desde el caballo y no pienso llevarte en andas como un bebé otra vez —aguijoneó—. Así que, por favor, ve a dormir. Esta vez te trataré como a una chiquilla malcriada, ¿te parece bien? Si a lo largo del viaje me muestras un poco más de sensatez, puede que entonces piense en ti como una adolescente... quizá. —Él también comenzó a molestarse. ¿Por qué le tocaba a él lidiar con esto, por todos los cielos? Ella le miró con enfado, él indicó con su brazo la cueva con un gesto de obviedad. Alin levantó sus faldas medio sucias y deterioradas, y pasó frente a él con la mayor dignidad posible.
—¡Ogro!
—¡Rompes mi corazón, polluelo de búho cochino y desplumado! Tan solo mira cómo mis lágrimas caen sin cesar... ¡Ah, no, esa eres tú! ¿Verdad? —Le dio la espalda fastidiado. Alin, sin poder tolerarlo más, tomó un guijarro que, sin pensarlo dos veces, se lo arrojó a la cabeza haciendo que el hombre chillara y se frotara viéndola de reojo ingresar con grandes aires. ¡Malvada muchacha! ¿Qué parte no entendía la desagradecida mocosa? ¡Y tenía puntería! Casi se largó a reír. Estaría más alerta frente a ella la próxima vez.
El carruaje se detuvo frente a la pobre cabaña, el cochero descendió y se apresuró a abrir la portezuela de su señor. El aguileño observó a su alrededor, seguro de que esos buenos para nada estarían durmiendo tras una borrachera. ¡Así como él había llegado podría haber arribado cualquiera y ellos descansando! Descendió del carruaje y fue enfurecido hacia la entrada de la misma. Jamás notó que, desde la ventana, unos ojos le habían estado espiando entreabriendo el lastimero cortinado. Abrió la puerta de madera con estrépito, justo instantes después de que Craig se volviere a acomodar y que Mitch y James cerrasen sus ojos, cubiertos en unas mantas.
—¡A ver, par de inútiles! ¿Quién es el que debería estar montando guardia? —Advirtió que Mitch y los otros dos parecían recién despertar, adormilados y con flojera se pusieron de pie o se sentaron.
—Creo que le tocaba a Graham, señor —James comentó con inocencia.
—¿Y dónde está él?
—¿Cómo saberlo? ¿Quizás esté disfrutando de la chica? Él manda aquí. —El rostro de Marlon mostró desconcierto.
—¿Y mi hermano?
—Lo ignoramos. Se fue con tres más y nunca regresaron —Craig apuntó. Los ojos de Marlon crecieron de furia. ¿Así era como Graham pensaba llevar a cabo lo encomendado? ¿Traicionando e incumpliendo órdenes precisas?
—¿Dónde está él?
—Ellos duermen allí... —Mitch señaló ya de pie a la habitación que otrora resguardaba a Alin. Y hacia allí fue Marlon con brío y comenzó a despertar a los ocupantes a patadas y garrotazos con algo que encontró por allí, los tres sujetos fuera se mordieron los labios para no dejar escapar sus risas, en tanto, se veían. Cuando Marlon salió nuevamente, sus caras pusieron las expresiones más toscas e inexpresivas que pudieron lograr.
—¡Muy bien, inútiles! ¿Dónde está la princesa? —increpó a los otros que salieron con moretones y alguna parte sangrante en sus rostros.
—¡Tranquilo, mi señor! Está afuera, en el hoyo. —Marlon se lo quedó viendo, tratando de comprender.
—¿Qué diablos hace ella en ese hoyo?
—Es... para ablandarla, mi lord. Ella... no obedece y... usa magia.
—¿Usa magia? Ella no puede usar magia, al igual que el idiota de su primo, ni de su padre, ni de su hermano. Lord Hubert se encargó de poner un hechizo para que nadie pueda localizarla ni que ella pueda emplear su magia.
—¡Pero... le juro, mi lord, ella tiene un hechizo! ¡Todos los han visto! —aseguró Graham señalando al resto de sus compañeros.
—Sí, es verdad —Craig le apoyó esta vez.
—¿Qué clase de hechizo? —quiso cerciorarse.
—Nadie puede tocarla con... intenciones sexuales, eso —Mitch fue al grano.
—Graham lo vivió en carne propia —siseó James.
—¿Es así?
—Sí, mi lord. Si usted se acerca con deseos de poseerla, algo lo expulsa con fuerza, como un escudo, pero... si usted quiere golpearla, no hay problema alguno.
—E imagino que eso también lo hiciste, ¿verdad?
—Sí. Nunca me dijo que no debiera hacerle daño, por el contrario, me dio libertad de acción.
—Es cierto... Ahora, espero que esa muchacha no muera enfermándose allí. ¿Cuánto tiempo hace que está en esas condiciones?
—¡Uh...! —James clamó con recargada expresión—. ¿Como más de una semana, no?
—Más o menos, me temo —Mitch afirmó.
—Ya mismo sácala de allí, Graham. Enferma o muerta... no servirá de mucho. Todavía debemos tenerla, aunque esté golpeada o mancillada. ¿Fui claro?
—¡S-sí! ¡Ustedes, vamos, vayan a por la chica! —indicó a sus dos hombres que, sin pensarlo más, fueron al exterior.
Ya fuera, el buscar algo que les facilitara a ayudar a la muchacha a salir de allí les fue engorroso, por lo que Graham y Marlon fueron a verles, detrás, el trío de los hombres fieles a Devis que apretaban los labios viendo toda la agitación.
Cuando al fin pudieron hacerse de un par de cuerdas que tuvo que prestar hasta el cochero, para que pudieren descender, se hallaron con la gran sorpresa de que en el pozo, no había nadie. El hombre que descendió tembló pensando en lo que sería de ellos al enterarse de esto tanto Graham, como Marlon. Tironeó de la cuerda para que lo volvieran a subir.
—¡La chica! —dijo ya arriba, pisando tierra firme.
—¿Qué sucede con ella? —Mitch indagó con signo de preocupación.
—¡No está! ¡Se fue! —No agregó más porque fue embestido por Graham quien tomó su lugar en las cuerdas.
—¡Si serás idiota! ¡Seguro está asustada, hecha un ovillo en un rincón y no la has visto! ¡Vamos! ¡Bájenme! —ordenó y los hombres de Devis se agregaron a ayudar, pues, este era más pesado que el otro.
—¿Necesitas luz, Graham? —cuestionó James con colaboración ya descendido el sujeto.
—¡Si tienes una lámpara a mano, no estaría mal! —convino ya poniéndose nervioso, en verdad parecía vacío, pero, ¡ella no podía huir de ahí como si nada! James descendió la lámpara con cuidado. Lo siguiente fue una serie de improperios desde lo profundo del agujero. Marlon apretó los puños.
—¿Qué pasó con la chica? —el hermano de Devis inquirió.
—¡No sé cómo diablos lo consiguió! ¡Sólo... no lo entiendo! —Pisó en un descuido las sogas que se habían utilizado para aquella hazaña, mas, como todo estaba enlodado, no pudo distinguir bien qué era—. ¡Rayos! ¡Súbanme! ¡No puede estar lejos!
James observó a Marlon con un gracioso gesto medio de cachorro de "estoy esperando tu orden, dime que lo deje ahí dentro, por favor"; Craig y Mitch también parecían aguardar sus órdenes. Marlon cerró los ojos un segundo, tal parecía todo estaba patas de cabeza y si bien tenía ganas de mandar al infierno a todos estos inservibles, no podía conseguir más hombres de la nada.
—Súbanlo. ¡Y ni bien esté arriba, comiencen a rastrearla! Yo me quedaré hasta el mediodía por su captura. Fuera de ese lapso, me iré y los dejaré a la deriva y, de no conseguir lo esperado, personalmente los acusaré de traición.
—Como diga, my lord... —Tres de ellos parecieron desilusionarse. Los otros tres, se mostraron temerosos de la represalia de no dar con la muchacha, al igual que su jefe, ahí abajo.
