Capítulo 28. En camino con mi "irresistible" guardián.
Alin comenzó a despertar, no supo si el motivo fue que sentía una cálida brisa en su sien o que algo le sujetaba con firmeza de su cintura. Abrió los ojos lentamente, le dolía todo el cuerpo de tanto andar y, si fuera por ella, seguiría durmiendo, pero, se sentía incómoda, extrañaba su cómoda cama en su hogar paterno. Entonces recordó qué o quién estaba cumpliendo dicha función de mueble. Eso la hizo sonrojar, pues recién ahora había tomado noción qué tan cerca estaba de aquel hombre y que, la brisa no era otra cosa que la respiración de él que, dormido, había dejado caer su cabeza y lo que la aprisionaba era su brazo, en tanto el otro, aún como ala, seguía cubriéndolos.
Con cuidado, intentó elevar el masculino rostro desde la barbilla, viéndolo de reojo ya que no podía moverse más que eso, eso no parecía tarea fácil. ¿Ni siquiera se mosqueaba y ella ya no podía hacer más fuerza? ¿Quizás si le quitaba el brazo? Con ambas manos fue a por él y era como pretender quitarse una columna sobre sí. ¿Acaso era que él mismo estaba hecho de roca o qué? Ella recordaba que con su hermano muchas veces se daban de a golpes e incluso se lo quitaba de encima cuando se ponía denso con sus bromas y jamás tuvo gran problema, no que fuera fácil, pero, tampoco imposible. Contó hasta diez e hizo un gran esfuerzo, con todo su ser. No supo cómo terminó casi debajo de él, abrazándola cual oso de peluche y hundiendo su rostro en la curvatura de su cuello. Ella quedó estática. Hasta que pegó un chillido.
—¡Señor Gontran! —El hombre levantó su cabeza alarmado y la vio con asombro.
—¡Hola! ¿Qué haces allí?
—¿Cómo qué hago aquí? ¡Usted me tiró aquí y con usted encima de mí!
—¿En verdad? —Se rascó la cabeza.
—¡Sí! —espetó ofendida y él solo esbozó un gran bostezo que pareció insultarla—. ¡Ya quítese! ¡Soy una dama!
—Ya... con calma... —Se incorporó desperezándose y haciendo sonar algunas de sus articulaciones; el suelo estaba duro y más con peso extra sobre sí, como había tenido, y ella se enfadaba pese a su esfuerzo—. Tampoco es que tengas tan buen cuerpo como para que yo me lance sobre ti, pequeña niña.
—¡Yo ya no soy una niña! —Parecía que salía humo por sus narices de tan indignada que se sentía. Gontran casi ríe de su actitud. ¿No era la mocosa más divertida que existiera en el Underground?
—Bueno... —Se paró frente a ella, manos en la cintura y observándola desde su aventajada estatura— eres un polluelo recién salido del cascarón y ¿ya quieres jactarte de tus plumas, cuando aún tienes que cambiar los plumones? Y debes, apestan —puntualizó adrede, moviendo su mano entre ambos en señal de desagrado. Ella gruñó, apretando los puños a los lados de sus caderas. ¿Cómo se atrevía este rufián a decir cosas tan horrendas de ella, como si ella hubiere escogido estar en esas condiciones y justo con él a su lado? ¡Ja!, se dijo para sus adentros. ¡Si él la hubiere visto en su fiesta, antes de que la secuestraran, seguro hubiera estado empujando en la fila pidiendo por favor que le condiera un baile! Le dio vuelta el rostro.
—¡Usted no está mucho mejor...! ¡Huele a... a... —trató de hacer memoria de las cosas que solía decirle su hermano— a chivo y... y... a estiércol de caballo y...! —Nunca se percató de cuán extenso vocabulario de cochinadas tenía su hermano mayor; ella no podía recordarlas todas—. ¡Y a toda cosa sucia que se le ocurra! —Gontran elevó una ceja con cierto desconcierto y con disimulo elevó un brazo para chequear si en verdad apestaba. Bueno... no olía a flores, pero, tampoco estaba al borde de ser repugnante... El día que él la rescató, ella apestaba, literalmente, pero eso no impidió que la ayudara y la llevara sobre sí para quitarla de ese pozo.
—Bueno... Ni bien encontremos un lago, podemos bañarnos y, luego, ver quién es que huele más bonito. —Se burló—. Pero, los héroes nunca huelen a flores, niñita. Y tampoco las pequeñas cochinas como tú.
—¿A quién llamas "niñita" y "cochina"? ¡Y tú no eres ningún héroe!
—¿No? ¿Dime quién te salvó? No un búho; no un goblin; no un hada; no un gnome o sylphs, y no cualquier águila, por cierto, sino yo. —Se señaló con gran gozo viendo cómo encendía la mirada de la muchacha dispuesta a saltarle en la yugular si pudiere.
—¡No eres más que un gigante tonto y...! —Lo vio venir encima y él le cubrió los labios con su mano y prestó atención al entorno. Algo en el exterior estaba fisgoneando, olfateando y rasqueteando. Alin pudo advertirlo y sentir la tensión del hombre junto a ella.
—Sh... —Pareció aguardar hasta que lo que fuere que se acercó desistiera de buscarles—. Eso era un lobo o algo como eso... Esperaremos un poco más para que evitar toparnos con él —advirtió y se quedaron en silencio, él atento al entorno, ella detrás de él, ambos en absoluto mutismo—. Una vez fuera, por las dudas esté cerca, no grites, no pelees y mantente cerca de mí, te protegeré. —Alin sintió que sus mejillas ardían. ¿Cómo podía él decir esas cosas, como que la protegería, después de que ella le había dicho todo eso? Bueno, él tampoco había sido amable, analizó—. Ahora, saldremos con mucho cuidado, toma mi mano, no quiero perderte... —Le sonrió y ella volvió a sentir su cara arder.
Ya en el exterior, él estaba más que vigilante ante cualquier cosa que surgiera tanto por arriba como por los lados. Observó unas enormes huellas en el piso de tierra húmeda y las marcas de unas enormes garras por fuera del tronco.
—Hemos corrido con suerte... —él susurró viéndola —. Una bestia como esta y ni yo hubiere podido contra ella. Alin vio los rastros con terror—. De todos modos, no te preocupes... —Le sonrió condescendiente—. Ya te dije que te protegeré. —Y otra vez, las mejillas de la muchacha enrojecieron, en tanto, él ya le había hecho seguir marcha llevándola de la mano para que le siga.
—¿Po-por qué? —ella cuestionó tras un buen rato en silencio. Él ni siquiera se molestó en girar para observarla.
—¿Por qué qué cosa? —refutó en cambio.
—¿Por qué... pese a que no nos conocemos... ni nos llevamos bien...?
—¿Tú crees eso? —La escrutó con curiosidad.
—¿Ni sintiendo ganas de defenderme... aun así...? —Se calló y se detuvo, de inmediato, al tener su rostro tan próximo al propio, estudiándola con una mano en la recia barbilla, como si ella fuera una cosa rara a examinar. Eso la intimidó bastante, pero, siguió adelante con su pregunta —. ¿Aun así... me protege?
—¿En verdad piensas que no nos llevamos bien?
— Sí, lo creo.
—Es raro... Yo creo que nos hemos conocido bastante en estos días y que nos llevamos bastante bien... Y... con respecto a que no tengo ganas de protegerte... ¿por qué piensas eso?
—Bueno... usted mismo dijo que lo hacía para evitar la guerra y...
—Bueno, sí. Pero, nada ni nadie me obliga a protegerte, ni siquiera a ir a tu rescate. Podría haber permitido la guerra y dejar que mi tío se adueñara de todo lo que alguna vez perteneció a nuestra casta...
—¡Mi primo no le dejaría vencerle! —clamó crispada.
—Tu primo solo sabe trucos de magia, dudo que pueda hacer mucho en un combate cuerpo a cuerpo... —Le dio unas palmaditas consentidoras que la hicieron enfurruñarse—. Pero... aun así, no le vemos el lado malo de que él sea el rey del Underground... Es poderoso a su modo... distinto a nuestros métodos. —Elevó su vista al cielo, cubriendo sus ojos para que no le afectara algún rayo de sol filtrado por las copas. Alin le miraba sin entenderlo del todo. Él la instó a continuar andando—. Y... por otro lado, te protejo porque tengo ganas de hacerlo y eres divertida.
—¿Divertida? —inquirió como si eso no le convenciera, él la miró por encima de su hombro.
—Lo eres... ¿Qué, te gustaría que hubiere dicho otra cosa?
—Bueno... —Sus mejillas tomaron color—. No es muy... amable que alguien sugiera que uno solo es "divertido" como si fuera un monito o algo así... —Gontran dejó escapar una risita sincera y profunda.
—No eres para nada como un monito... o algo así... Eres una muchachita muy simpática cuando quieres... y cuando no quieres, eres graciosa. —Sonrió recordando las distintas expresiones de ella en los momentos en que era "graciosa".
—Sigo sintiendo que me ve como un monito chistoso...
—Que no, que no lo eres, pero, si quieres ser eso, pues, no hay problema. Yo te seguiré viendo como una muchachita simpática y graciosa.
—Imagino que así debe tener muchas pretendientes. ¿Cómo le dicen, Gontran, el caballeroso? —Ella seguía mosqueada—. ¿No me equivoco, verdad? La diplomacia en persona... —Iba a adelantarse, pero, él se lo impidió con un brazo delante y una sonrisa atrevida.
—¿Qué es eso? ¿La pequeña cochinita se ha puesto celosa? —Carcajeó—. ¿No cualquiera tiene un guardaespaldas tan aguerrido, eh? Pues, estás de suerte, entonces.
—¿Qui-quién dice semejante tontería? ¡A nadie le importa qué hace! ¡Además, lo dije de manera irónica, porque dudo que alguna muchacha se fije en alguien tan grosero! —Lo señaló, en tanto, él secaba una lágrima producto de su risotada.
—Ya, ya... No te ofusques... Y sí, tengo muchas muchachas tras de mí, grosero o no. ¿Qué hay de ti, polluela? ¿Ya alguien te ha echado el ojo en algún momento de "pulcritud" y "simpatía"? —Le espió de soslayo con diversión, sin detener el rumbo.
—Yo... Aún soy joven —se escudó.
—Eso puedo verlo... ¿Pero... ni siquiera algún amigo de tu edad?
—Yo... —se incomodó—. No... No tengo amigos de mi edad... solo... a mi hermano mayor,
—Bueno... ¿Y qué hay de los amigos de tu hermano? Tengo entendido que tan solo te lleva unos años...
—Nosotros... no tenemos amigos... No... vivimos en el castillo...
—¿No? ¿Dónde viven entonces?
—En una finca... propiedad de nuestros padres. Mi padre... no gusta mucho de la corte.
—No lo culpo. A mi tío tampoco le gusta, pero, no le queda otra siendo quien es.
—Lo mismo pasa con mi primo.
—¿Has visto como sí podemos llevarnos bien, a veces, y hasta tener cosas en común? —le hizo ver cordial.
—No estoy segura... —Gontran volvió a mostrarse jocoso, en tanto la instaba a seguir andando, poniendo su mano sobre su hombro.
—¡Jareth! ¡Jareth! —La reina Daisy venía corriendo hacia él. Liroye iba sentado en la carreta con una capa que era del monarca, otro truco más para intentar fastidiar a la supuesta pareja, no solo prestársela, sino ponerle sobre los hombros de manera muy atrevida, alabando su belleza y hasta recibió un pellizco en el trasero que hizo que el mestizo se sonrojase y enfadase.
—Aquí estoy, Daisy. ¿Qué sucede? Te ves nerviosa.
—¡Pudimos verlos! ¡Pudimos verlos!
—¿A quién? —indagó con esperanzas de que se tratara de su prima.
—¡Los hombres de Kaden! ¡Están a pocos días de nosotros!
—¡Estaba lleno de sylphs! —se entrometió otra.
—¡Y gnomes! —dijo una tercera.
—Muy bien... Es lo que esperábamos. ¿Ya oyeron ustedes dos, tortolitos? Su adorado rey viene hacia aquí. Parece que decidió salir de la cueva para ser cazado como un ratón. —Sonrió con maldad.
En la carreta de los víveres, un ser con cuatro pares de patas, se deslizó con cuidado hacia el exterior. Si ya pronto iba a ver una batalla, ella debería ponerse a refugio, no fuera que a Kaden se le diera por incendiar la carreta y ella muriere en el proceso. Lo que tenía que hacer ya se había hecho, la muchacha estaba secuestrada, lo mismo que el joven galán del sobrino de Kaden. El Rey Goblin había caído ante sus encantos y eso le había permitido interferir en los poderes del mismo, eso y la ayuda del viejo Hubert, el cual tenía poderes interesantes por ser un anciano.
