Que Tal Mundo Fanfiction. La Verdad Que No Esperaba Volver, Y Mucho Menos Con Este Fic, Pero A Mi Parecer, Es Uno De Mis Mejores Trabajos, Aparte Que Casi No Le Hallaba A Esto...

Sin Mas... Espero Que Os Agrade...

Disclaimer: Inazuma Eleven Y Sus Personajes No Son De Mi Propiedad, Sino De Sus Respectivos Autores.


Inclinación By Madoka

Capítulo 2: De Una Situación No Muy Esperada

Debía ir, o no, debía ir, o no. Sería extraño toparse con el chico que el día anterior te robo un beso ¿no? Supongo que eso pensara él, '' ¿asistirá?'' era la pregunta que me hice toda la noche y parte de la mañana. Un ser perfecto nunca falta a sus labores, no deja decepcionados a quienes lo tienen en cuenta, entonces, la pregunta del millón era: ¿Debía ir yo?

Cuando estaba ya unos pasos frente de la entrada principal, me arrepentí a mares el haber ido. Suspire pesadamente y camine, topándome de lleno con Nozomi, y su cara falsa de buena gente.

-Buen día, Nozomi. ¿Va a llover o será que tu…?

-Al grano Ryuuji, ¿estás de paseo, o buscándote ya a otro pobre niño para engatusarlo?- no me dejo terminar mi cometario para ser presente ese ''insulto'' tan poco elegante (para ella), tan poco creativo, y lleno de su veneno de serpiente ponzoñosa. Soltó la carcajada, inundando cada espacio vacío de mis oídos.

-Con permiso- no soportaría más el comportamiento tan infantil de mi ex. A veces pienso '' ¿Cómo fue posible que yo le haya dicho que si? Una parte de mi pasado que quisiera borrar por siempre.

Al colegio es habitual llegar temprano, pero a la hora que mi madre me manda, tengo media hora libre para hacer lo que me plazca. Sentado en mi pupitre leo a Dante Alighieri, su famoso libro de La Divina Comedia, y me pongo a pensar ¿acaso me iré al infierno por gustar de Hiroto? O ¿será que nuestros destinos serán separados eternamente con el castigo de rondar en la tierra por toda la eternidad (Hiroto) y vivir y morir sin vernos, sin saber del otro, y seguir en un distinto pasado, presente, o futuro (yo)? Caso de Oscuros.

En fin, lo que pase luego de mi muerte, es cosa del destino, mejor conocido como Dios.

Mi concentración en la lectura se fue en el instante que mire a Hiroto entrar por la puerta, acercarse a mí, con exaltación, a lo visto, obvia.

-Tú, que… lo de ayer… fue, ¿qué?- balbuceaba solo, ni yo le entendí, lo que me causo ternura al verlo tan desesperado ¿Cuándo vez a un ángel de ese modo? Baje el libro y lo mire con mi rostro pasivo, mientras él seguía tartamudeando sin poder completar una frase -¿Qué fue… lo de ayer?

-Un beso- respondí simple y me devolví a mi lectura.

-No me refiero a eso- tomo un extremo del libro y lo bajo para que lo viera, cosa que hizo con tanta delicadeza, como cualquier otra cosa que hace.

-Entonces ¿a qué?- deje a un lado mi lectura y preste atención a esos fugases ojos verde, que con el rayo del sol, te deslumbran; ya lo he mirado en los entrenamientos de la tarde, con el sol de lleno.

-¿Por qué lo hiciste? Si es que se puede saber- me subí de hombros –Pero, ¿Qué tu no andas con Nozomi?- rodé los ojos fastidiado de que siempre me recordaran con ella.

-Y tú con Reinita ¿no? Es igual.

-No, no es igual, yo no fui el que te beso.

-Fue un beso nomas, para quitarme las ganas. Aparte, Nozomi y yo ya no andamos…

-¡¿Por mi culpa?- se señaló abrumado, sintiendo culpa de que había arruinado mi relación, ¡Ha!

-En parte, pero de todos modos, ya estaba quebrado eso, y no había arreglo; fue lo mejor.

-¿Cómo… como que lo mejor? No te entiendo…- respire hondo, este ángel quiere muchas explicaciones a corto plazo.

-Ok… no estoy seguro sobre mi inclinación sexual, es todo- di finiquito y me centre en mi libro, para ser de nueva cuenta cerrado.

-Pero…

-Quiere decir que tú me ''has movido el tapete'', para que entiendas mejor. Pero no sé si es amor- me levante, y vi de reojo como la puerta se abría, y entraba una azulada muy conocida –Mañosidad, simple capricho, o que se yo. Solo… no sé, nos veremos- me despedí con algo de indiferencia, dejándolo en la perdición total de la duda, sobre mi acción de ayer. Desaparecí por la puerta del lado contrario, y escuche como Reinita se le acercaba y le preguntaba cosas sobre nuestra conversación, y advirtiéndole que no se juntara con ''ese afeminado''. A lo que él contesto con que no era nada importante, que no se preocupara, pero lo dijo con un extraño sentimiento, inundándole toda el habla: ¿Cuándo escuchas a un ángel deprimido? ¿Será que me estoy ganando un lugar en su corazón, o es que realmente no es nada importante?

Ya hace semanas que Hiroto no está en el diario escolar, lo digo porque su columna de ''Trocitos De Fresa'' no ha seguido con su ritmo habitual: a veces sales, a veces no. Ya no ha editado nada, ni siquiera fotografías de él en primera plana han aparecido. Dejando con toda la gloria a Otonashi Haruna; su más fiel rival. Es una niñita de primer grado, que desde que supo sobre el taller, no lo ha abandonado. Y siempre haciendo la lucha por desbancar a Hiroto: lo cual este día, ha logrado.

Cuando mis tediosas cuatro horas de clases acabaron, y el tiempo vuela cuando lees a Sherlock y te imaginas en el laboratorio de Einstein. Salí, y justo pise fuera, las vistas de todos se centraron en mi persona, todos leyendo el periódico, con ojos de furia, de envidia, y de ¿alegría? ¿Qué yo había salido en el reportaje de la primera plana, o qué?

Sin dudarlo dos veces, me acerque al pequeño puesto de venta, saludando de mala gana al insensato de Segata, que me sonrió burlón. Y en efecto, yo aparecía en primera plana, y no solo: '' ¡Decepción! El León No Es Como Lo Pintan; Midorikawa Y Kiyama ¿Juntos?'' era el titulo sobre una foto donde salíamos los dos, justo ayer que lo había besado. Ahora comprendía las miradas '' Todo indica que la perfección no existe'' comenzaba ella con su reportaje ''Kiyama Hiroto, el chico más popular, bien visto, el alumno sobresaliente, el más deseado por todas, y al parecer, por todos. Ayer mismo, se le ha visto, como todo buen lunes, en sus prácticas de baloncesto, pero no solo. El joven conocido como Midorikawa Ryuuji, se ha interpuesto en el camino de muchas, y sobre todo de Reina, la actual novia del Ángel. En plena luz del sol, se les capto a ambos en pleno ósculo frente de la cancha de entrenamiento. La sorpresa ha caído como balde de agua fría. Todos pensaran que Midorikawa anda con Nozomi Kinki, pues ella misma nos ha comentado, que él la ha dejado, ahora sabemos por quién: ''Jamás pensé que por Hiroto me iba a dejar, pero tal parece, que ese ángel, hasta a los hombres ha de conquistar'' termino por decirnos la ex de, ahora, el enemigo de las chicas…'' y siguió con un choro de que estaba confundido con mi inclinación sexual, y Hiroto había sido quien me estaba demostrando hacia qué lado arrimarme.

Sus reportajes son un asco, ya veo porque siempre la han escogido de último sobre Hiroto. Y ahora comprendo mejor las palabras que Nozomi me dijo en la mañana.

¡Dios mío, cuando Reinita se entere!

Hablando de la Reina de Roma: a unos cuantos metros de mí, la mire, con el ceño fruncido de sorpresa, con el periódico entre sus manos. En eso, Hiroto volvía con unos cafés en la mano, la saludo y le entrego el suyo, a lo que ella respondió con un golpe en la mano, que causo que el café se derramara. Tenía los ojos húmedos, y le empezó a reclamar.

-¿Qué significa esto, Hiroto? ¿Me has cambiado? ¿Por… un chico?- le acerco el periódico, él confundido lo tomo, y su expresión se deformo en estupefacción.

-No… esto…

-Terminamos, Hiroto. Vete a consolar con tu nueva pareja- soltó entre lágrimas, marchándose en sollozos bien actuados.

Observe atento la escena, lleno de culpa; ¡arruine la relación de Hiroto! ¡Por una idiotez! Se quedó de pie, pasmado, con el diario aun en manos, bajo la cabeza, soltó lo que llevaba y se marchó tan veloz como la luz.

Cuando el teatro se hubo acabado, todas las miradas que estaban puestas en aquella situación se formaron en son de mí. Sentía como me penetraban, con la intensidad con que lo hacían, pareciera que quisieran ver atravez de mí. Sin más que decir o hacer, me marche en carrera.

No tenía donde esconderme, y lo mejor que se me pudo ocurrir, era entrar en los baños. Ese lugar por lo general, en receso nadie entra, todos esperan al toque para hacer sus necesidades. Suspire aliviado al entrar y no ver a nadie, pero mi tranquilidad se derrumbó, al escuchar un particular sonido, algo así como sollozos ahogados.

Me acerque más al lugar proveniente de esos sonidos, y para mi gran sorpresa, me topé con Hiroto, llorando a mares como magdalena. En esos instantes, la culpa sobrevino a mí de una manera abrumadora: ¿Cuándo vez a un ángel triste? O peor aún ¿Llorando?

-¡Aléjate de mí!- grito en cuanto noto mi presencia, se levantó del asiento y salió del cubículo, empujándome -¿No vez que ya has arruinado mi vida bastante? Y ahora ¿vienes a burlarte? O que ¿harás otra de tus jugadas, aprovechándote de mí estado?- cuando alguien está herido, no es capaz de ver lo que hace, de comprenderlo, y cuando Hiroto alardeo eso, sí que me llego, aunque no lo culpo, sí que yo arruine su reputación, su noviazgo; un ángel puede ser tan malo como un demonio, a mi alegría, este ángel se había desecho de uno, o mejor dicho, lo habían desechado.

-No quise…

-¡No! No digas nada…- se tumbó en el suelo, destrozado, sin controlarse. Cielos, cuando no me propongo a arruinar vidas, meto la pata hasta en fondo. Y cuando quiero arruinarlas, me sale el tiro por la culata –No digas nada… no… es tu culpa.

¿Qué? ¿Se estaba disculpando? ¿Con quién martirizo su existencia? Extraño.

-¿Qué… dices?- estaba confundido en definitiva.

-No importa… mejor me voy- se levantó dispuesto a marcharse. Yo ya nada podía hacer, lo más aceptable era alejarse, y no meterse más. Justo atravesó la puerta, se regresó de empujón, cayendo al suelo, con un marcado puñetazo en la mejilla izquierda.

-¡Hiroto!- me baje horrorizado, y observe quien atravesaba la puerta.

-Vaya, ¿tan pronto y ya te están consolando?- canturreo burlón, tomando por la camisa a Hiroto, levantando el puño, dispuesto a golpearlo de nuevo.

-¡Saginuma!- mierda, ¿qué cojones quiere este? De acuerdo, ese no es mi lenguaje habitual, pero cuando me enojo, no me se sobrellevar con los problemas. Saginuma Osamu, es un chico de último grado, que goza de fastidiar a los más pequeños, y constantemente me hace burlas sobre mi aspecto. Jamás me he llevado bien con él, pero lo que no me cabía, era porque quería golpear a Hiroto -¿Qué haces? Suéltalo- mi voz se agudizo, solo estar frente de él, me hacía temblar las piernas, y recordar las palizas que me propinaba en primer grado. Soltó poco a Hiroto, y me golpeo en la mejilla, haciéndome retroceder unos pasos.

-Bien, dejare a la parejita con su coito en paz- se burló en mi cara, y el resto se lo dirigió a Hiroto, en son de desprecio y amenaza –Haber sino te acercas de nuevo a Reina, ya con eso es suficiente- termino con su frase y le planto el segundo puñetazo, mientras se marchaba penetrándome con una mirada asesina, digna de un gánster.

-No, Hiroto, ¿estás bien?- me acerque a él, con mi rostro lleno de preocupación: ¿Cuándo vez a un ángel herido? Mis ojos no evitaron cristalizarse, pero me contuve, él se miraba fuerte, como si lo que acabara de pasar, no fuera nada.

-Descuida, no hay problema- cerro un ojo por el dolor que sentía. Su labio empezó a sangrar, y una ligerísima rasgadura se habría en su mejilla. Los ángeles tienen una piel muy sensible –Tú… ¿Te encuentras bien?

-No es nada…- conteste con pena, o sea, se preocupa más por mí que por él. ¡Dios mío! –Pero ¿A qué se refirió con que, no te le acercaras a Reina?- sus ojos se aguaron de nuevo, y suspiro, un suspiro derretidor.

-Sencillo: Osamu está enamorado desde primero de ella, y siempre me estuvo amenazando con que la dejara, o me iría mal. Nunca le hice caso, y veo que los perros que ladran, si muerden- esbozo una sonrisa diminuta, y aunque tenía el labio poco deformado, era tan bella como todas las demás –Es mejor que me marche, no quiero causar más problemas. Ni a ti.

-Hiro…- no pude terminar, pues se marchó.

¿Qué había sido eso? Quien sabe, pero jamás se me olvidara su última frase; ''No quiero causar más problemas. Ni a ti''. Ok, arruine su vida en tan solo un receso, y él no me insulto, no se enojó (aunque debo admitir que tiene grave síntoma de bipolaridad), al contrario, creo que le caigo mejor (es un avance; que le importe). Y es muy cierto: los ángeles siempre perdonan.

Me estoy ganando un lugar en su corazón.

-¡Que zorra, arrastrada!- insulte una y otra vez a Haruna en mi mente (y en voz alta) de camino a casa. Esa tipa había arruinado todo; la perfecta vida de Hiroto, y lo poco que quedaba de la mía.

En cuanto llegue a la casa, me tumbe en mi cama, dispuesto a dormir un par de horas, pero recordé: la casa está sola. Mamá salió de compras a la ciudad vecina, y tardaría varias horas. Papá esta en viaje de negocios (si, un exportador e importador reconocido nunca tiene tiempo de estar en casa (todos ya sabemos que se va con una gata) incluso mi madre ya sabe). Y debo aprovechar mi soledad, gozando del confortable silencio, y arruinarlo con un poco de la música que mamá detesta que escuche: el Rock Pesado. Dice que es música satánica, lava cerebros, nada aconsejable para un muchacho en desarrollo. Aunque no sé si tenga la misma impresión con mi confesión de días pasados.

Me levante algo fastidiado, pero a la vez lleno de alegría (mi día no podía empeorar), me desvestí, cambiándome con ropa casual y cómoda. Baje los escalones y planee prepararme el almuerzo.

Mi madre siempre ha dicho ''come cinco veces al día: tres comidas fuertes y entre medio, una fruta o verdura'', nunca deje de lado su dichoso dicho, pero, hoy no está, y como ando que me llevan, me hice un emparedado de mantequilla de maní con jalea de fresa.

Termine con mi ''nutritivo alimento'', me cepille los dientes, tarde como una hora. Y el resto de la tarde pensaba ver televisión, hasta que mamá volviera y me preparara la cena. Eso hice, y solo pasando dos horas de programas de concursos, me di por vencido. Apague el televisor y me dirigí a dormir, cuando escucho como tocan la puerta, con cierta (que decir cierta, mucha) desesperación.

Algo confuso, abrí, y no creí lo que miraba frente de mis aposentos.

-Midorikawa- se me lanzo al cuello, abrazándolo con fuerza, soltando en llanto, en efecto; era Hiroto.

Me quede sin habla, y el siguió con lo suyo. Destrozado, llorando sin consuelo, aferrado a mi cuello, escondiendo la cara en mi hombro. ¿Cómo un humano consolara a un ángel? Y menos si se trata de mí, ¡estoy petrificado!

-Hiroto… ¿Cómo sabes dónde vivo?- fue la primera estúpida pregunta que se me ocurrió para romper con mi quietud.

-Al lado está la casa de Yuu…- termino su frase con voz quebrada, y sollozando horriblemente para un ángel (para un humano, que va). Y era verdad, Isunou Yuu vive a mi lado derecho, las tardes de los viernes se juntan él y sus amigos para hacer fiesta. Recuerdo como miraba por la ventana, como se divertían, y como no me invitaban (pero las han cancelado, ¿por qué? Quien sabe).

-¿Qué te sucedió? ¿Qué tienes?- pregunte tratando de comprender que exactamente era lo que tenía a Hiroto así. Se me separo y limpio como pudo sus lágrimas, para contestarme que había ido a arreglar las cosas con Reinita, pero tal parecía, que ella ya había superado lo de hoy, pues se estaba besuqueando con Saginuma en la jardinera. Corrió lo más rápido que le fue posible, y que la vista nublada por las lágrimas le permitió. Hasta que se dio cuenta que llego a esta esquina, miro mi casa, y llego en busca de consuelo. Bueno, ''en busca de consuelo'', no lo dijo –Lo lamento mucho, Hiroto. Esto es mi culpa.

-No, claro que no. Tú me has ayudado a ver mejor. Reina, después de todo, nunca me amo de verdad- se secó por completo las lágrimas, y sus ojos denotaron depresión. Otra escena conmovedora, me pondría a decir cosas tiernas, como si de un gato se tratase, pero recordé que es un ángel (ya deje de decir que es un ser perfecto, para referirme mejor como Ángel), nunca los compares con un gato doméstico.

Solo ver su rostro tan pálido, con un curita en la mejilla. Sus fugaces ojos verdes, su cabello rojo como fuego. Esa expresión de cachorrito mojado. Esos labios carnosos, teñidos de un rosa muy, muy claro, que les dan vivacidad. Inconscientemente, tome su rostro y acerque el mío, a centímetros de sus labios me detuve, sintiendo su respiración chocar con la mía. Él cerró sus ojos, y note como se agitaba. Empecé a reflexionar, no estaba bien, sí que me sentía atraído a él, pero no podía besarlo así como así, menos en la situación que estábamos viviendo (por mi culpa, y por algo parecido). Mene mi cabeza, y antes de alejarme y soltarlo, lo escuche hablar.

-Hazlo. Si quieres, hazlo-me estaba diciendo que lo besara, me estaba diciendo que lo besara, ¡me estaba diciendo que lo besara! Era increíble, me daba el permiso, no titubee más, y junte mis labios con los suyos.

Sentir como se movían sus labios con maestría digna, fue inspirador, me hizo seguirle el ritmo. Ya era un beso profundo, no como el de ayer. El ritmo de mi corazón se aceleró. Me pidió permiso para entrar, y aloje a un invitado inesperado en mi cavidad bucal. Fue como ser uno mismo con ese beso. Bese a un ángel.

Justo cuando pensé que ya era suficiente (para él) me separe. Jadee un poco, por la falta de aire, y lo mire a los ojos. ¡Estaba sonrojado! Ese color le combinaba a su cabello, y lo hacía verse más adorable. Comprendí que eso lo había afectado, que no fue un beso simple. Baje la vista, y le solté el rostro.

-Perdóname, no…

-No hay nada que perdonar- lo mire con sorpresa, y vi como en su rostro, una sonrisa lo adornaba.

Vaya que sostener una conversación con un ángel es sorprendente. Luego de nuestro excitante y confuso beso, nos sentamos a platicar. Nuestro tema fue cualquier cosa. Me conto como era estar en todos los clubes, como llego al puesto que tiene en la sociedad estudiantil (que solo fue gracias a su sonrisa, y a que su hermana y padre tienen grandes influencias en el colegio), que se mata estudiando para llevar los sobresalientes, y también me conto (dolido) como conoció a Reinita y como se hicieron novios, y me confeso que es cierto lo que dicen de porque llega tarde. Él la visitaba todas las tardes después de realizar sus deberes, una cosa llegaba a la otra y terminaba teniendo sexo, ya que nunca hicieron el amor, pues ella nunca lo amo. Siempre llevaba su uniforme limpio, y se arreglaba en su casa.

Entonces mi duda surgió '' ¿Cómo es que no ha quedado embarazada, si dices que todas las noches lo hacían?'' y él me contesto que se dio al recibir la noticia del médico; con que ella era estéril, que jamás podría tener hijos. Eso la deprimió mucho, y al tratar de consolarla, ambos llegaron al punto de ebullición, y no hubo marcha atrás.

Conversar sobre trivialidades, y que me contara su vida fue de lo mejor, la tarde voló. Yo también le conté unas que otras cosas, y sobre porque lo consideraba un ser perfecto y lo llamaba Ángel.

-Sí que nos hemos divertido- amplio su sonrisa, y me contagie. Parecía colegiala enamorada, pero pues que se le va hacer –Supongo que ya me voy, ya oscureció- cierto, mi madre no tardara en aparecer, y no puede ver a Hiroto aquí, o pensara mal.

-De acuerdo- nos levantamos del sillón, y se detuvo observándome de frente, yo me le acerque, lo atraje del cuello de la chaqueta y le plante un beso fogoso, el cual no desprecio –Nos veremos mañana- le dije con una sonrisa idiota en la cara, ya que me había despegado de él, en cambio, soltó unas risillas encantadoras, y asintió.

-Sí, nos veremos mañana, Ryuuji- lo acompañe hasta la puerta, y mene la mana en son de despedida, el respondió por igual, cerré y me resbale como tonta enamorada por la puerta, suspirando por lo que había pasado.

Quién lo diría, al parecer, la zorrita de Haruna hizo algo malo que resulto bueno (hasta ahora), y he captado algo… ¡estoy enamorado de Hiroto!