Sin Mucho Que Decir... Solo Que Espero Y Les Gusthe ;) Aqui Hago Aparicion De La ''Bella'' Familia Que Tiene Midorikawa.

Disclaimer: Inazuma Eleven Y Sus Personajes No Me Perthenecen Sino A Sus Respecthivos Authores.


Inclinación By Madoka

Capítulo 5: De Una Visita Inesperada.

En estos últimos días de invierno, vez una cochinilla la noche anterior, y la siguiente la vez multiplicada por cinco. Ya estoy fastidiado de barrerlas fuera de casa, pues mamá es muy delicada para matarlas, incluso para barrerlas ella misma. Y ahora con nuestro huésped que llego justo esta noche, sin previo aviso, nomás se la pasa haciendo té y chachareando. Hace más de tres años que no sabemos nada del tío Yuko, y ahora se alojara en nuestra humilde morada, ya que la abuela y el abuelo se fueron a Múnich de vacaciones, y a él le desagrada la soledad. Y como bien dice el dicho: ''el muerto y el arrimado, a los tres días apesta''.

La verdad que no tengo nada contra de él, incluso mamá dice que somos iguales, ¡por favor! Que no me compare con él: el tío Yuko es un divorciado sin empleo que vive con su madre, que no mueve ni un dedo por bienestar de sí mismo. Que no me compare con él, le he dicho, que no me compare con él.

Ciertamente que yo planeo hacer algo más con mi vida que estar en casa de mi madre, soltero. Claro, me casare con Hiroto, el emprenderá su carrera como… no sé cómo qué, pero lo hará. Mientras que yo me dedicare a… tampoco se todavía. El punto: no terminar como el tío Yuko.

La abuela nada más tuvo dos hijos, gemelos, al parecer; ¡mamá y él son idénticos! Mismo corte, mismo tono de piel y ojos, si los vez de lejos, te parecerán dos puntos iguales. Y como mamá esta medio plana, pues te parecerán dos hombres. Comprendo su comportamiento al verlo, es el único con el que mantiene contacto de la familia, aparte de sus padres. Ni con primos ni con tíos. Y qué decir de la familia paterna, nada que ver.

El día amaneció, estaba soleado, con pronósticos de nublados parciales. No asistí a clase, porque las suspendieron, motivos del comité de padres de familia para organizar el festival de primavera, cosa que no requieren al comité de alumnos, ni a los alumnos. Me levante temprano, y me senté a desayunar, junto con mi tío, que leía el periódico, tomándose una taza de café. Los panqueques de mi santa madre son gloriosos, rellenitos de una mezcla de plátano y arándano, con crema, delicioso.

-Así que confesaste tu inclinación sexual, eh? Sobrino- irrumpió, haciendo que casi me atragante con mi bocado. Tome leche y aclare mi garganta, seguro esta mujer había hablado sobre el tema con él. Así que pensé en que primero le reclamaría a ella (no debe de andar alardeando asuntos que no le corresponden).

-¡Mamá! ¿Por qué tenías que decirle al tío Yuko?- forme un puchero, y me volteo a ver con una sonrisa angelical.

-Cariño, solo lo dije por hablar- ok, no era la respuesta que quería escuchar –Aparte se, que Yuko puede ayudarte con eso- lo palmeo en la espalda, haciendo que casi se le regresara el café.

-¿Qué?- que mi madre se explique, que con esas palabras, me dejo igual.

-Sabes sobrino- me volteo a ver –Yo también tuve dudas sobre mi inclinación sexual. Y tuve que besar muchos sapos para terminar reaccionando y casarme con tu… ex tía- ambos soltaron la carcajada, y yo me quede en blanco (de nuevo).

-¿Qué? ¿Tú, tío?- pregunte como no creyendo, entonces esto es de familia.

-Tu tío sí que anduvo con varios antes de casarse, o ¿no?- continúo mi madre, sentándose a mi lado.

-Que decir; perdí mi virginidad con uno…- esto último me lo dijo por lo bajo, para que mi madre no escuchara, pero no le resulto, y ella lo golpeo en el brazo, levantándose a continuar con su quehacer, mientras que el reía.

¿Qué clase de consejo me estaba dando mi tío? Pensaba que yo terminaría como él: que me daría cuenta de mi error, ya después de haberme colado con cuanto hombre me fue posible.

-Solo digo, que puede terminar como yo. Y que esto solo sea una etapa por superar.

-Sí, pero no quiero que le andes contando sobre tus aventuras- recalco mamá algo enfadada.

-Ok, ya no diré nada, solo si él quiere saber.

-No creo…- alcance a decir. Solo pensar que esto era una ''simple etapa por superar'' me revolvía el estómago, y el creer que acabaría como mi tío. No podía ser, ya he perdido mucho con esto, a mis amigos, a mi novia (de milagro), mi reputación. Claro que no era posible, ya hasta soñaba con una vida futura con Hiroto. Mene la cabeza para despejarla, y me tome de un sorbo toda la leche restante

–Bueno, gracias por el desayuno, mamá, gracias por tus anécdotas, tío. Si me disculpan, le prometí a Nagumo ir a verlo.

-Tienes razón, cariño. Ve y visítalo antes de que sea más tarde- asentí y me marche, dejando a los adultos con sus chácharas habituales.

Entre a mi habitación, y recién pise dentro, me fui de boca al suelo, tropezándome con una enorme caja, sí que esta mujer había guardado los adornos navideños, ¡pero en mi cuarto! Suspire, luego le reclamaría y se lo aventaría a su habitación, ahora debía cambiarme. Nagumo, como bien dije, está en casa con influenza estacionaria, anoche le hable, y le prometí ir a verlo en la mañana.

Busque en el abarrotado armario algo que ponerme. Otra cosa a mi agenda: limpiar mi cuarto, y sacar lo que ya no uso. Busque y busque, hasta que di armado mi conjunto; unos pantalones de mezclilla, una camisa manga larga, calcetines, tenis y un suéter. Cuando ya estuve listo, pensé; ¿me peino? Aunque estaba haciendo sol, el frio no se marchaba, así que me di una cepillada y me puse un gorro, dejándome el cabello suelto. Salí y tome una bufanda que encontré en el perchero del pasillo, despidiéndome y marchándome.

En todo el camino me puse a pensar en las palabras de mi tío en la mañana, ¿sí será un simple capricho esto que siento, y que con el tiempo se me pasara? Si mi tío tenía razón, seria decepcionante. Tome aire y seguí con mi caminar. Ahora que pienso, Hiroto es todo para mí, y esto está aumentando.

Desde la tarde del martes, siento que nuestra relación va prosperando, aunque ciertamente que nunca estuvo buena, pues hasta ahora que le dirijo palabra. En fin, es decisión de él, si es que lo nuestro puede darse, y que Reinita no se entrometa.

En cuanto llegue a la casa de la familia Nagumo, me dio el olor a enfermedad, rápido oculte mi nariz y boca con la bufanda. Salude amablemente a la madre de Nagumo, y me paso a su habitación, donde estaba acostado. Su cuarto era un desastre de gérmenes; el bote de basura estaba abarrotado con cientos de papeles moquientos, había recetas médicas y cajas de pastillas regadas en las mesas de noche, y te daba un tremendo olor a incienso de naranja (recomendado por la vitamina c).

Nagumo se miraba como si estuviera a punto de morirse, jamás en mi vida (que recuerde) lo mire tan mal. Pero a como es él, ni un barco que le pase por encima, junto con un grupo de tiburones hambrientos, y el joker, lo detendrán. No paraba de hablar de lo insoportable que es tener influenza, pasar todo el día en casa, y no poder ir con la novia a besuquearse por temor a contagiarla. En toda su plática, no evite estar ido, sí que lo de la mañana me pego duro, y no paraba de rondarme la cabeza (en serio, matare a mi tío).

-Y… ¿Qué tal te ha ido con lo de…Hiroto?

-¿Eh?- me llamo la atención en cuanto escuche el nombre de ''Hiroto'' en sus palabras enfermas

–Pues… ¿Cómo… es que me puede ir? Bien, nada del otro mundo- ni yo mismo me creía eso.

-En serio… no he estado para defenderte, aunque sé que… con las palabras… te defiendes solo.

-Si…bueno, no lo he visto desde el martes… ¡no es como que ando deprimido por su ausencia! ¡No! Solo… no sé, no me siento bien.

-Que va, no te vaya a pegar la influenza. Pásame el papel- me dio algo de pánico el oír sobre pegármela, así que sin más le pase el papel, me despedí y me marche.

Faltaban alrededor de cuatro horas para reunirme con Fubuki & Fubuki en el campo de la universidad; ¡y ya estaba enfadado! No había pedido permiso aun, o sea que debía volver a casa. No me agradaba esa idea, y toparme con el tío Yuko. Sé que debo regresar algún día, pero ya que me despeje.

Caminar en círculos por el parque te ayuda, de cierto modo, a olvidar. Ahí fui cuando termine con Nozomi, justo la noche del baile.

Todo era perfecto; el salón con sus adornos, la música ambientada, la gente tan elegante; recuerdo a Nozomi con un hermoso vestido gris, combinando con sus ojos, su cabello lo había peinado de una manera muy rara, pero se miraba excepcional. No cargaba tanto maquillaje, y le regué por toda la boca el brillo que llevaba, besándola a cada rato. Sé que las noches de los bailes son inolvidables (ya que llevas a la novia a su casa y ahí pasa lo que pasa), y era cierto, esa noche fue inolvidable para ambos.

En cuanto llegamos nos reunimos con nuestros amigos, Nagumo no se miraba tan mal, y su novia sí que lucía con un vestido pegadito, pegadito, guinda. Esa noche yo andaba ido (como bien lo hago este día), y no dejaba de pensar en cierta persona. No estaba bien sentir eso, y menos si tienes pareja, así que decidí acabar con todo. Pero sería luego de la fiesta, en un lugar más privado, sí que sabía cómo se pondría, y haría un escándalo si se lo decía en plena pista de baile. Seria nuestra última noche.

Qué decir de mí, yo era todo un galán esa noche; con un elegante traje negro (a lo clásico simple), que hacia juego con el broche que me sujetaba el cabello en forma de chongo. Una camisa combinando con el color de mi cabello, un chaleco y una corbata oscura con encajes verdes. Nos veíamos fabulosos. Cuando coronaron al rey y a la reina supremos del baile de navidad, fue un giro de 360 grados a lo que yo opinaba.

Toda la noche anduve buscando con la mirada, disimuladamente, a Hiroto, pero no se dejaba ver, solo encontraba a Reinita, bien discreta y elegante con un escotado vestido negro. El director fue quien nombro a los reyes; primero a la reina, que no fue más que Raimon Natsumi (más que obvio), con un porte de primera dama, denotando pura belleza con su atuendo rojo sangre, llamaba mucho la atención. Y por último, mencionaron al rey: Kiyama Hiroto. No evite aplaudir, aunque con mi habitual rostro pasivo. Se miraba de lo mejor, como si de la presencia de un ángel estuviéramos observando. Con su traje negro (obvio), camisa y chaleco del mismo tono, con encajes grises de unas grecas. Lo único que resaltaba en su atuendo, era su corbata guinda, con la clásica flor que te da la pareja, abrochándola al saco; blanca con rosa. Su cabello lo traía peinado en una coleta, atada con un lazo de la misma tela que la corbata. Con sus coronas, los reyes abrieron el último baile del año.

El baile de navidad fue extraordinario. Y cuando se hubo acabado, lleve a casa a Nozomi, que me informo que se encontraba sola, y que si quería pasar. Desde que nos bajamos del auto, nos fuimos besando con intensidad hasta la puerta (no diré que nuestra relación siempre tuvo pasión, pero como bien dije: esta era nuestra última noche), entramos y la tumbe en el sofá, colocándome sobre ella. Suspire y baje la mirada, no era lo correcto. Ella no pensaba lo mismo, y me quito el saco, para luego desatarse el vestido, justo en ese momento, la detuve.

Me miro extrañada, y le confesé que no estaba seguro sobre mi inclinación sexual. Note en su rostro, como formaba una mueca de horror y enojo, me abofeteo (a lo que yo no respondí, y me mantuve sereno), y me dijo que no quería estar con un leproso gay. No dije nada, me levante, tome el saco y las llaves del coche, y sin mirar atrás; me marche.

No pensé en volver a casa justo en ese momento, pues seguro mi madre pensaba que la noche la pasaría con ella. Así que para hacer tiempo, me fui al parque, donde camine sin rumbo, dando vueltas y vueltas, despejándome de todo, a lo cual, si funciono.

Diré que me siento igual que esa noche; pésimo, como que había decepcionado a alguien (a mí mismo), que nadie me comprendía, y que estaba solo en el gran universo. Suspire y suspire, cuando sin aviso una ráfaga de viento soplo fuertemente, golpeándome de lleno en la cara, haciendo que me tragara toda la bufanda. La saque de entro de mi boca, y la mire, hasta ahora que me doy cuenta que es de mi madre; rosada con un corazoncito en cada extremo rojo. ¡Es su bufanda favorita! No hay día que no la use, y ya me había advertido que no la tocase, me matara cuando no la vea, y me vea a mí con ella.

Mi mente se desvió al ver un rostro conocido a lo lejos; en una banca del parque, se encontraba Maki, dando de comer a las palomas. Pensé en acercarme y saludar, agradeciendo por lo de ayer, pero me detuve en cuanto vi que no estaba sola, y Segata era su acompañante. Bufe, y seguí caminando.

En verdad, Sumeragi Maki y yo nos conocemos de antes, ella asistía a la misma escuela primaria que yo, y hasta al preescolar. En esos tiempos, nos llevábamos estupendo, éramos dos amigos inseparables. Me defendía de los brabucones, y yo fastidiaba a las niñas que la hacían llorar. Nuestro color de cabello fue son de burlas, y ella disfrutaba mucho peinándome.

Mamá decía que éramos como hermanos, siempre juntos. Esa amistad llego a convertirse en algo más para mí, hasta que capte que era amor el que sentía por ella. Un año antes de mí, salió de la escuela, y fue un año de preparación mental para lo que haría en secundaria.

Mi plan era: entrar, encontrarla y confesarle mis sentimientos. Para mi sorpresa, ya todo había cambiado. Ya no era más la inocente y tierna niña de primaria, siquiera se detuvo a saludarme cuando pase a su lado. Se convirtió en una persona mucho más abierta, remilgosa, algo llamativa, y no se dejaba por nadie. Se empezó a juntar con Segata, Saginuma y sus amigos, nada que ver conmigo. Desde entonces que no le hablo, nunca se despega de Segata, pero ahora con esto, ya no sé qué creer.

¡Genial! Algo más que aqueja mi mente, ¡ya! Hasta ahí, me largo.

Llegue a casa, bote la bufanda al sofá, y sin mirar a nadie, me encerré en mi habitación, dormiría hasta la hora puesta por Fubuki & Fubuki. Eso sonaba fácil, sino me estuviesen observando. Mamá sí que se emocionó con mi regalo de navidad, regalándome un oso de felpa de metro por metro, que tengo en la cama, y no deja de verme con esos ojos saltones. Exhale molesto y de un puñetazo lo lance fuera de mi vista, así por fin, dormirme en paz.

Recién abrí los ojos, me topé con el reloj de mesa, que apuntaba la una cuarenta y cinco. Me levante de golpe, tenía quince minutos para llegar al campo de la universidad, y me quedaba como a veinte cuadras. Me puse tenis y salí corriendo escaleras abajo, donde mire a mi madre sentada en el sillón leyendo quien sabe qué.

-Voy a salir- dije apurado, abriendo la puerta, a lo que soltó.

-¿A dónde?- tuve que regresar dos pasos.

-A jugar PintBall.

-¿En dónde?- me regrese los dos pasos.

-En el campo de la universidad- ya estaba con un pie fuera.

-¿Con quién?- insistió, sin siquiera verme, igual de pasiva que siempre (de ahí que yo sea así).

-Con unos amigos- estaba a punto de estar afuera.

-¿Qué amigos?

-¡Ya!- estalle –Regresare más tarde- y de un portazo, salí corriendo con rumbo del dichoso campo.

Llegue justo dos minutos después de la hora indicada, y cuando divise a Fubuki & Fubuki, se estaban poniendo las caretas y preparando las armas.

-Llegaste- anuncio el mayor.

-Pensamos que nos quedarías mal- secundo el menor, lanzándome un casco y un arma.

Los Fubuki son muy bien adinerados, pues rentaron el campo para nosotros solos, solo los tres. Y qué decir, Fubuki & Fubuki son realmente malos, no disparaban más de cuatro balas, cuando yo ya les había plantado dos. Luego de jugar ocho rondas de ''quien tiñe primero gana'', jugamos hasta que se nos acabaran las balas (ya que se fastidiaron de perder); agarrándola contra mí. Siquiera necesite esconderme mucho, no me hallaban, y termine con mis municiones rápidamente. Increíble que a Fubuki & Fubuki les guste tanto este juego, ya que son malísimos, apenas se atinaban entre sí, estando a unos cuantos metros.

-Buen juego- menciono el mayor, acercándoseme y quitándose la careta.

-Si- no sería hipócrita, si me divertí, les gane mucho.

-¡Hagámoslo otra vez!- grito emocionado el menor, sin darse cuenta, el arma se le cayó, disparando sola. Y la bala perdida, fue a darme justo en la entrepierna.

Note que ambos se alteraron, y no evitaron llamar a urgencias. Llegaron sus padres, y me llevaron al hospital (insistí que no era necesario), donde el médico me dijo que no había pasado daño alguno en mi órgano reproductor, y que tenía unos fuertes nadadores. Luego se disculparon apenados por el incidente, y se ofrecieron a llevarme a casa. Ahí encontré a mamá súper angustiada por mi ausencia (pues ya eran como las ocho de la noche, y no me había reportado), empezándome a reclamar que no le contestaba el teléfono. Y su preocupación fue más, al verme caminar y con una bolsa de hielo en mis partes bajas.

Le comente sobre lo que había pasado, y soltó la carcajada (jamás se le puede contar nada serio a esta mujer porque se pone a reír y se lo cuenta a todo mundo). Pregunte por el tío Yuko, y me dijo que había salido con unos amigos, extraño; el tío Yuko no tiene amigos. Mejor para mí, no tendría que verle la cara para que me recordara lo de la mañana.

En fin, le dije buenas noches, y como pude, subí hasta mi cuarto. No pensaba ducharme en ese estado, lo hare en la mañana, ni siquiera pensé en cambiarme la ropa sucia, solo me tumbe en la cama, y dormí, claro, con la bolsa de hielo en mi pantalón.