Sin mucho que decir mis queridos lecthores, solo que disfruthen del capithulo ;)
Dethalles Extra: Aqui hago presencia de un chiquithin de Inazuma Eleven GO, a sus cuathro años.
Juntho con la de su madre; en si no se como se llama ni en que thrabaja la madre de Minamisawa, asi que thuve que inventharmelo, por requerimientho de dethalles en el capithulo, espero no ofender a nadie con estho ;P
Sin mas...
Disclaimer: Inazuma Eleven y sus personajes no son de mi perthenencia, sino de sus respecthivos authores; al igual que Minamisawa y su madre.
Inclinación By Madoka
Capítulo 6: De Una Compota De Manzana
Sacarte pedazos de hielo del pantalón en una fría mañana de enero, no es lo más recomendable para empezar el día. No evite irme todo el camino al colegio, dando ligeros saltos, maldiciendo por lo bajo.
No tengo idea de porqué asistí. Recién me levante, me invadió un tremendo dolor de cabeza, no paraba de estornudar y flemear. Me mire al espejo y note que estaba más pálido que de costumbre; ¡por favor! Pálido, ¿yo? Ni de broma, eso quiere decir que si me hallo mal.
Le insistí a mamá sobre mi malestar, y no opino nada, en cambio, me mando a la escuela todavía más temprano. Mi gran amigo Nagumo me había pegado la influenza.
En la clase de química, Fudou no evito dar a luz el comentario de mi aspecto, refiriéndose a que ''pareces compota de manzana recién vomitada''.
-Gracias…- y debo decir gracias, pues sin su ''comentario, nada insultivo'' el profesor jamás se habría dado cuenta, y no me habría mandado a la enfermería como bien lo hizo.
Y pasar todo el día en la enfermería, acostado en una camilla, y con una enfermera rechoncha que solo hace preguntas estúpidas, no es la mejor forma de alivio. Pues si la enfermera Amira, fuera un tanto, que decir, amable, a todos nos gustaría estar donde me encuentro yo. No solo es una gorda grasosa que se la pasa comiendo, sino que siempre porta una bien cargada suma de maquillaje, su uniforme lo trae impecable, eso sí, pero es diminuto, y es perturbante la imagen que te deja al caminar. Prepara galletas y se las come sola, con la compañía del señor Furukabu (me imagino que es al único que le cae bien), cuando alguien va por sentirse mal, solo te receta unas pastillas para el dolor, sin preguntar siquiera cuáles son tus síntomas. Luego te hace preguntas para el currículo, y lo archiva con el de todos los años, para cuando te gradúes, quemarlo.
Nada comparativo con la adorable y dulce doctora Minamisawa Mariko, que le importa tu salud, y nos da pláticas que todos embobados escuchamos su armoniosa voz. Tiene un hijo de cuatro años, ¡que es súper adorable! Nada de odioso sangrón, se deja agarrar, las chicas lo traen de allá para acá, juega con nosotros en las horas libres, ¡ama el futbol! Y se toma cientos de fotos con todos, luego las junta y se las da a su madre, y ella las coloca todas en un álbum. ¡Que ternura! Ok, ese no soy el yo de siempre, ¿de cuándo acá me causa ternura un niño de cuatro años? Desde que posteo Hiroto una foto de los dos juntos en la red social, ¡son un par de dulces!
Eso sí que es prueba evidente de que ando para la chingada. Matare a Nagumo cuando lo vea. Lástima que la Doc Minamisawa ande enferma por igual, con ganas de que ella me cuide.
Miro por la ventana, ido, no hay nada más que hacer en aquel lugar. Todo es tan, pero tan aburrido, y no me dejan salir a clase, que porque voy a contagiarlos, ¡entonces regrésenme a casa! Que llamen a mi madre. Ya lo hicieron, pero mamá salió con el tío Yuko a quien sabe dónde, que la casa está sola, y no me pueden dejar solo, ''el bienestar del alumno es responsabilidad del colegio'', joder, malditas idioteces.
-¿Midorikawa?- voltee al escuchar mi mención (y no propia de la enfermera Amira), no era más que Kino Aki, suplente de jefe de grupo, o sea que cuando Hiroto falta (que no es muy seguido, pero ya van dos días que no se presenta) ella es quien controla al grupo. Ciertamente el único que nos puede controlar es el ángel. Ella no me desagrada, al contrario, es la chica que mejor me cae del grupo. Es atenta, no llama la atención, siempre se preocupa por los demás y trata de ayudarnos en cualquier problema. No veo que este loquita por Hiroto, así que con ella no hay competencia (ni me hizo fea cara por la noticia poco decente de la niñata de Haruna), dicen que está enamorada del capitán del equipo de soccer, pero no es el tema ahora, el punto: Kino es buena persona -¿Qué haces aquí? ¿Te sucedió algo? No me digas que te peleaste con Suzuno otra vez.
-Para nada, eso ya está de lado. Nagumo me pego la influenza.
-Cielos, ¿Y por qué viniste? Te hubieras quedado en casa a descansar…- y me dijo por lo bajo –Amira no es muy buena en esos cuidados- carcajeo un poco, y yo solo forme una mueca, viendo entre sus manos, como llevaba un papel rosa pastel, ese color de hojas solo lo usa la secretaria del director, y si se trata de ella, debe de ser un justificante, ¡el justificante de Hiroto!
-Oye, ¿de quién es el justificante que traes?- le señale, y miro con duda, luego me lo tendió para que lo viera.
-Es de Hiroto. Es extraño que no venga- y en efecto, con una pulida e impecable manuscrita, con bolígrafo color uva, se hallaba escrita la falta de un ángel: ''A quien corresponda; el joven Kiyama Hiroto del segundo año A, no pudo presentarse los días cuatro y seis de enero por estar encargado de los cuidados de su padre, que le ha dado un infarto y se encuentra en el hospital. Volverá a presentarse el día nueve del presente mes. Sin ninguna otra cosa que agregar, queda a disposición de quien corresponda''. Debo decir que la narrativa de un justificante no lleva tal estructura, ni composición de palabras, agrego que son un asco sus justificantes.
Así que el ángel de Hiroto está en el hospital cuidando a su padre porque le dio un infarto. Pobre, debe sentirse muy mal, con ganas de ir a consolarlo. Si Fubuki & Fubuki son sus grandes amigos, ¿Por qué no me dijeron nada? Si dicen que somos novios, o tal vez no sabían ellos tampoco. Le regrese el papel, y luego de muecas de sonrisas, se despidió de mí, marchando rumbo del salón, no sin antes decirle que informara a los profesores de mi ausencia, y mi presencia en la enfermería.
Ya había pasado alrededor de media hora, y seguía ahí de enfadado. Nadie venía a visitarme, todavía eran horas de clase, faltan como dos para el receso. Suspire y suspire, viendo de reojo a la rechoncha de Amira, que comía un tazón de nueces frente del televisor, mirando los programas de chismes. Suspire y suspire más alto, para que escuchara y arruinarle el desayunito. Suspire y suspire.
-¡Guarda silencio!- me grito desde el otro extremo, y yo seguí con mis suspiros -¡Ya basta!- me volteo a ver, arrugando esa fea frente de anciana gorda, que brillaba con la luz de la ventana, por la grasa que le escurría. Esa escena me dio asco, y me gire para no verla -¿Qué quieres?
-Nada… estoy aburrido. Debo ir al baño- pensé que esa era una buena estrategia para salir y despejarme, pues ni a eso me dejaban irme de entre las cuatro paredes.
-¡Ahí está!- señalo con sus grasientos dedos de salchicha la puerta a su lado. En definitiva, el baño de la enfermería está más impecable que nada. Pero eso arruinaría mi plan.
-No gracias. Yo quiero ir al del corredor- la mire de reojo, como fruncía más el ceño, y su maquilla se corría con la grasa que su rostro desprendía.
-No puedes. Tengo estrictas reglas de no dejarte salir. Infectaras a los demás- se giró a seguir con su labor de ver televisión y comer.
-Pero si voy a este, puede que lo infecte también. Y no querrá sentarse donde ya un influenzoso estuvo- note como cambiaba de expresión. Me volteo a ver y me grito un '' ¡lárgate, pues!''. A lo que yo no alegue y a toda velocidad salí rumbo deseado.
La verdad que no tenía muchas ganas de ir al baño, quería despejarme e irme al chisme con alguien (ya no me sentía tan mal como en la mañana), pero como eran horas de clases aun, mejor decidí asistir a mi primer destino.
Los baños de la secundaria Raimon no son como los pintan otras. Este está muy limpio, para ser de hombres y de colegio. No hay grafiti ni tazas rotas. Los lava manos funcionan, hay espejo, incluso ese estuche que cuelga de la pared con jabón líquido. Cuando entre, se hallaba vacío.
No tarde mucho en mis necesidades, y justo me estaba lavando las manos, escuche unos particulares y extraños sonidos provenientes de un cubículo. Sonaban a gemidos ahogados, llenos de placer. Me estremecí de solo pensar en que un par estaba en pleno ''coito'' en el baño. Pero si bien sabia, seguro era alguno de los chicos masturbándose. Fudou ya me había invitado a las reuniones que tenían en casa de Kidou, donde miraban videos pornográficos de su padre, estimulándose y auto-complaciéndose. Ciertamente que les agradecí la invitación, pero no me llamaba mucho la atención estar con un grupo de babosos frente del televisor metiéndose la mano, más fácil; que se consigan una novia.
Como mi curiosidad es mucha, no evite acercarme para escuchar más detenidamente, y reconocer la voz del productor de esos gemidos. No era Kidou, no era Gouenji, Koujirou, y Nagumo está en casa (son los únicos que sé que asisten a dichas reuniones, ah, y Fudou, claro). Abrí la puerta con poca intención, y me topé con que era Fudou, parado frente de la taza, con los pantalones abajo y acariciando su miembro. Esa imagen me dio pavor, y me arrepentí el abrir (sí que me gusta meterme donde no me llaman). Al darse cuenta de mi presencia, dejo de lado su auto-placer, para verme con enojo.
-¡Midorikawa!- me grito molesto, y me abofeteo con su mano mojada, cerrando la puerta y aventándome fuera.
-¡Aaahhh!- grite del asco y horror, para luego limpiarme la cara como pude, para quitarme su asqueroso semen (por algo tenía las manos mojadas).
Cuando hube limpiadome (eso sonó muy poeta de la edad media), salí al corredor, y mire a todos lados, no había nadie, estaba desolado. Exhale inflando las mejillas, y decepcionado me dirigí a otro lugar.
-Hey, Midorikawa- voltee, y me encontré con Maki – ¿Cómo estas hombrecillo?- me golpeo el brazo, y yo sonreí nervioso. No entendía porque tiene esa maña de hablar en diminutivo, con terminaciones en las palabras de ita, ito, illa, e illo, es desesperante, pero hace mucho que no le hablo, así que aprovechare mi estancia afuera (antes de que Amira salga en mi búsqueda).
-Pues que decir de bien, pasándola en la enfermería.
-¿Por qué? ¿Andas malito?
-Un poco. Un amigo me pego la influenza, y…- me interrumpió, poniendo cara de comparecencia, como un cachorro (¡esa es cara de Hiroto!).
-¡Pobrecito de ti! ¿Entonces…?
-Maki- la interrumpí agitando las manos frente de su rostro, llamando la atención -¿Por qué no hablamos de otra cosa? ¿Y eso… que me diriges palabra?- no estaba muy seguro de preguntar eso, a lo mejor se ofendía, se sentía mal, y me dejaba con la palabra en boca, como bien lo hizo un año antes, y parte de este.
-Ah, si quieres ya no lo hago…
-¡No es eso! Solo que como no me hablabas en primero, imagine que ya no teníamos…
-¡Ryuujito, tú y yo siempre seremos amiguitos!- sonrió de oreja a oreja, y luego me golpeo el brazo, más duro que al principio, logrando que me quejara –Ya; debo irme a clasecillas, o me castigaran…- esta última frase no evito pasar su dedo índice por sus labios, en un tono dulce y lascivo, meneando el trasero, se fue por el corredor.
Está bien, no me esperaba ese comportamiento por parte de ella, ni lo que me dijo; ''tú y yo siempre seremos amiguitos''. No me dio más tiempo de pensar, pues unas manos grandes y grasientas, me tomaron del cuello de la chaqueta, gritándome que volviera a mi lugar, jalándome a mi destino.
Al toque del timbre para marcharnos a casa (pues siquiera me dejaron salir a receso). Me dijeron que esperarían a que todo el alumnado se fuera, y así me dejarían salir. '' ¡Están locos!'' les grite, y me di a la fuga rápidamente, tenía que hablar con Fubuki & Fubuki, y encontrarme con Maki, si se podía.
Tan rápido iba, que no me di cuenta, y en las escaleras del corredor, choque de lleno con alguien, yéndome yo al suelo, mientras el otro se recorría dos o tres escalones abajo. Me frote la cabeza, y escuche como me gritaban molesto; '' ¡fíjate por donde vas!''. Yo como muy amable que soy (ni en sueños), me disculpe, sin siquiera verlo a la cara. Finalmente me decidí a encarar al dueño de los reclamos, y no me encontré con nada más y nada menos que con Takanashi, la capitana del equipo de Banderines, una de las más agresivas y competidoras del colegio, ¡Santo Dios! Ella me da más miedo que Saginuma, no por algo la categorizaron como '' una chica mala''. Me encogí, cubriéndome por el miedo que me daba, solo ver esos ojos verde podrido, viéndote fijamente y con el ceño fruncido, era son de pesadillas. Escuche unos rumores de que anduvo con Fudou, y cuando él la termino, se puso a golpear todo lo que hallo, entro al taller de karate, y lo abandono diciendo que '' no hay la suficiente violencia que necesito'', y con los Banderines se ha conformado un poco.
Me empezó a ver como matona asesina a punto de terminar con su víctima, alejándose corredor a bajo. Suspire tranquilo, esta mujer me da pavor, la única chica que lo hace; hace semanas vi como acababa con tres grandulones, ¡y lo hizo sin sudar una gota! Culpa de Fudou que sea así.
Recordé que puede ser que Fubuki & Fubuki se marchen pronto, me levante y corrí (planeaba fijarme mejor ahora). Cuando llegue a la puerta principal, los divise caminando por la banqueta. Me apresure y los salude (tratando de disimular que había corrido para alcanzarlos).
-Midorikawa, ¿Cómo te hayas?- me pregunto el mayor, debía formar una conversación antes de ir con mi pregunta que ni al caso.
-Bien, ciertamente, los cuidados de Amira te hacen ya no volver…- ambos rieron, y pase saliva, no pensaba que fuera una buena pregunta la que les haría, tal vez lo captaban como reclamo –Oigan…- dude un poco, siendo más intimidado con aquellos ojos plateados sobre mí, llenos de curiosidad –U-ustedes, ¿conocían la razón por la cual Hiroto falto?
-Si- contestaron como si nada, y yo me fui de espaldas (figurativamente). Era increíble que supieran, ¡y no me hubieran dicho nada! Inconcebible.
-¡¿Por qué no me dijeron nada?- eso era para mis adentros, no pude evitar decírselos.
-¿No sabias? Creíamos que si- respondieron a unísono confusos, en cambio de mí, me estaba exasperando –Pensábamos que andaban.
-¡Pues pensaron mal!- mis palabras ya eran de legua de serpiente, y me di vuelta para marcharme.
-¡Espera!- me llamo el mayor, yo solo me detuve, y exhale fastidiado –Si quieres, puedes ir a verlo al hospital.
-Lo llamamos hace poco, dijo que estaría allí todo el día- secundo el menor, y mis sumos molestos bajaron. Relaje el rostro y suspire, encarándolos nuevamente, viendo dibujarse sus sonrisas de nuevo, ciertamente, a estos chicos no les afecta nada.
-¿Cómo creen que baya? Si le he causado problemas; está pasando por una situación difícil, no quiero meter la pata de nuevo- baje la vista, con mi voz deprimente, enserio que me sentía pésimo por lo que el martes le había ocurrido, y ahora tiene la carga de la enfermedad de su padre. Ya es suficiente con eso. Pero al contrario de Fubuki & Fubuki, se miraron con sonrisas algo cómplices, y luego me miraron a mí, gritando alegres; '' nosotros te acompañamos''.
¿Cómo saber cuántos puntos tiene el techo? Sencillo; todos llevan un patrón por cada tabla. Cuentas el de una, luego cuentas cuantas son las tablas, las multiplicas por el número de puntos y ¡bingo! Ya sabes cuantos puntos hay arriba de tu cabeza. Era en lo único que mi mente pensaba en esos instantes, viendo el techo. Les había dicho a Fubuki & Fubuki que pensaría su invitación al hospital. Me respondieron que estaba bien, que ellos me hablaban cuando fueran. No sabía que decidir, ¿sería prudente de mi parte presentarme en el hospital a ver a Hiroto? ¡No sé!
Que recuerde nunca estuve en un dilema como este, nunca tomo decisiones por mí mismo. Es tan difícil pensar cuando tu cabeza solo lo hace en puntos, y te observan un par de ojos saltones. Me acurruque en la cama, abrazando fuertemente al oso de metro por metro (no le he puesto nombre, no se me ha ocurrido alguno que le alcance las patas), tapándome los oídos, creyendo que eso me ayudaría a aclarar mi mente.
El sonido de las manecillas del reloj, avanzando, retumban en mis oídos, ¡¿Cómo puede ser tan difícil decidir ir a visitar a un… ¿amigo, novio, conocido? Ok, sí que tengo muchas ganas de verlo, pero no soy muy su conocido como para tomarme esos privilegios, es más, no conozco ni a su familia, siquiera se sus nombres.
Suspire varias veces, antes de botar al oso a una esquina de la habitación, sentándome a la orilla de la cama, con la vista baja. ¿Debo ir, o no? ¿Debo ir, o no? ¡Ya está! ¡Si voy, sí que si voy! (eso sonó extraño).
No tengo ni idea de a qué hora irán los Fubuki a verlo, y me hallo en fachas (si fachas se le puede decir al uniforme desarreglado y a medias). Pronto me puse a buscar en el armario algo que ponerme. Algo que sea elegante, no tanto, no quiero parecer un prepotente chico. Algo que me abrigue, está helando afuera.
¡Y mi conjunto esta echo!
Saque lo primero decente que halle (mucho pensar en algo muy bien visto), mejor algo que no resalte tanto. Una camiseta de tirantes (sé que esta frio como polo, pero es el estilo), unos pantalones de mezclilla oscura rectos, tenis cómodos, y algo altos. Justo me estaba poniendo el teni derecho, cuando el celular sonó. Me fui de espaldas y alcance a contestar.
-¿Bueno?
-Hey, Midorikawa, ya nos vamos al hospital, ¿iras?
-¡Sí!- me apresure a contestar, y luego de risas de parte de ellos, me dijeron que estarían en la esquina esperándome, asentí y colgué. Lo único que me falta es una chaqueta; me di una cepillada (claro, me deje el cabello suelto, debía verme bien para él, ¿no?), me puse el gorro de la chaqueta y me fui rumbo escaleras abajo.
Ahí me encontré a mi madre batiendo algo en la estufa, me le acerque y le dije mi propósito.
-Mamá, voy a salir. No tardare mucho…creo- ya estaba dispuesto a marcharme cuando hablo.
-De acuerdo, cariño. ¿A dónde vas?- siquiera se dignó a verme a la cara, y yo fastidiado de como terminaría esto (con cientos de preguntas y respuestas, y un portazo) me voltee a responderle.
-Ok; voy a ir con unos amigos al hospital a ver a otro amigo.
-Cielos, ya tienes muchos amigos, y antes solo tenías a Nagumo y los amigos de tu novia- se volteo y me miro sonriente, yo con mi cara de pocos amigos, suspire y asentí, dispuesto a marcharme ahora sí, cuando sin avisar me agarra de la cara y me plata un beso en la frente, dejándome marcado todo su labial, a lo que yo molesto le reclame.
-¡Mamá! No ese que no se quita- me empecé a tallar con la palma para retirarlo, sin ninguna mejoría.
-Ya; tienes prisa- se volteo a seguir con sus cosas –Cuando llegues; quiero hablarte- con eso dio finiquito a la charla, y antes de que articulara pregunta más, se marchó escaleras arriba, observando que lo que estaba preparando, era chocolate caliente.
Joder, esta mujer siempre con sus misterios, y haciendo cosas que me gustan, justo cuando voy de salida. No replicaría más, y me marcharía, no sin antes mirarme al espejo, y ver como ese beso no se me borraba; tuve que acomodarme el flequillo.
Cuando salí, me encontré a Fubuki & Fubuki doblando la esquina, a lo que tuve que correr para alcanzarlos. Ambos muy amables me saludaron, comentándome que creyeron no iría, aunque ya les había confirmado por celular (últimamente la gente piensa que les quedo mal, no sé porque).
Luego de la charla, comenzamos a caminar, fue cuando pensé ''seguro los esperan sus padres en la otra esquina con el auto listo'', para mi sorpresa, no había nada, y mi duda surgió al aire, y con sus simples respuestas.
-Caminaremos.
Fantástico, lo último que faltaba, caminar como quince cuadras al hospital general, ¿para qué? Estar como dos míseras horas de visita, pero lo vale; cualquier cosa vale si se está con un ángel. Sople mi copete, como odio traerlo así, pero a mi madre no le importó lo más mínimo, y no andaría por ahí presumiendo las afectuosas despedidas que me da.
Veinte minutos pasaron para cuando estuvimos frente de las grandes puertas, estaba súper agitado, no tengo condición para caminar tanto, y mucho menos cuando estoy influenzoso.
El Hospital General está conformado por dos grandes edificios; el primero es como una recepción, donde se hacen citas, avisan a familiares y atienden lesiones no muy graves. Para llegar al otro edificio, donde se halla el resto del departamento médico, obligatoriamente tienes que cruzar por el primero, pues es el único acceso, sin contar con la entrada de las ambulancias.
Recién entramos y cruzábamos la recepción, un tremendo ataque de estornudos me invadió, resonando toda la habitación. Muchos se me quedaron viendo con caras estupefactas de horror, al igual que los Fubuki, hasta que un colérico enfermo grito '' ¡influenzoso!'', a lo que un par de grandes enfermeros, llegaron por mi espalda, arrastrándome hasta un corredor, donde me encerraron con gente ''como yo''.
Se podría decir que estaba en cuarentena; había alrededor de dieciséis gentes, y todos con influenza estacionaria, sí que es muy contagiosa, pero no es para armar tal show. No sabía nada de Fubuki & Fubuki, y me estuve allí como cuatro horas, hasta que los médicos me dejaron ir, con una receta del doctor en turno, y una paletita. Estúpidos hospitales.
Llame a los Fubuki en cuanto salí, para que me dijeran que ya se habían marchado a su casa, y lamentaban el no haberme esperado, ah, y que Hiroto me mandaba saludos y gracias por ''visitarlo''. Este día sí que no podía empeorar; me tuvieron encerrado, y cuando salgo por algo bueno, me pasa lo mismo. Estúpidos hospitales, ¿quién los necesita?
