Volviendo con la continuación como a treinta y tantos días después (según lo que dice mi cuenta).

Muchísimas gracias por los comentarios, me hacen feliz, feliz; ¡Mil ThankYous!

Este capítulo es el más largo que he escrito, y todavía me quede con ansias de mas, así que el próximo será complemento (no esperen 10 hojas). En fin, muchas gracias de nuevo por aguantar tanta majadería y humor crudo más estupideces XD

Sin Mas…

Disclaimer: Inazuma Eleven no me pertenece.


Inclinación By Madoka

Capítulo 9: De Viejas Amistades

Los puntos, aunque no quieras verlos, siempre están ahí robando tu atención. Recuerdo cuando mirábamos mi madre y yo los muestrarios para la compra de nuestro nuevo hogar; la casa vieja de Osaka traía malos recuerdos: la primera infidelidad de papá.

Recorrimos cada rincón de esta, la inspeccionamos con cuidado, me fije muy detalladamente en la habitación que sería mía, y lo decidimos, que esta era adecuado para ambos.

Lamento no haberme fijado en los estúpidos puntos del techo, ¡no me dejan en paz! Y si quiero olvidarme de algo, ellos hacen que lo recuerde aún más, pues; ¿en qué otra cosa te concentras cuando te miran cientos de miles de puntos en el techo sobre tu cabeza?

Desde que presencie aquella espantosa escena, el resto del día escolar lo pase con cara de pocos amigos, incluso ignore una que otra vez a Hiroto. Llegue a mi casa, azote la puerta, y corrí hasta mi habitación, para que nadie me molestara, cerré con llave y me tumbe desecho. Ignore por igual a mamá, lo único que quería era olvidar, ¡pero no lo puedes hacer por los estúpidos puntos!

Suspire cansado, ya llevaba cinco horas encerrado, acostado, ni siquiera he comido, y el estómago suplica por alimento. Frote mi rostro para despejarlo del sueño (ni eso había podido hacer), me levante y con cuidado salí de mi cuarto, esperando que nadie me viera.

Baje con cautela (tipo misión imposible, pero ni tan exagerado), divise a mi madre y a YUKO (olvídese que lo ande llamando tío después de lo del fin de semana, y siquiera llamarlo de usted) sentados viendo el programa de "Sobreviví Un Reto Japonés", o algo así, por televisión de paga. Note que estaban tan concentrados en la competencia americana, que ni cuenta se dieron de mi presencia (lo cual agradecí, pues conociendo a mi madre, me bombardeara con un interrogatorio). Mire a todos lados, observando lo que mi santa madre había preparado para comer: repollo con pollo, asco, ni loco comeré eso, así que para nutrir mi desnutrido estómago, comeré unas galletas con mantequilla de maní (súper sano).

Abrí la alacena, lo que causo un chirriante sonido (oh no, me descubrirán).

-Yuko, se me antoja algo. Trae un postre- articulo mamá, en lo que volteaba intrigada por el sonido, observando mi cara de horror ante su mirada enfadada, esperando el grito -¡Ryuuji!

-¡Pecho tierra!- me lance contra el suelo tras la barra, esperando que no se atreviera a irme a buscar. Y cuando levante el rostro y abrí los ojos, me la encontré de frente con su semblante molesto, y cruzada de brazos.

-¡Ryuuji! ¿Qué es lo que pasa contigo hoy? ¿Por qué no bajaste a comer? ¿Por qué nos ignoras? ¿Llegaste de malas? ¿Por qué? Ryuuji, contéstame- y las granadas soltaban a diestra y siniestra por todo el campo de batalla, y para mi desgracia; yo estaba en el campo, rodeado de granadas, temblando y apunto de orinarme en los pantalones.

Me dio nauseas tanto reclamo, grito y pregunta a la vez. Atine a levantarme tambaleante, observando a mi costado, la burlona y floja cara de YUKO sentado en la silla frente de la barra, inquiriendo en mi persona con sus ojos ámbar.

-Si sobrino; contesta- dijo con su tono de voz tan irritante y lleno de veneno flojo. Me puse rojo de ira.

-¡Tú ni te atrevas a meterte en mis asuntos!- le grite señalándolo con mi dedo acusador.

-¡Ryuuji!- me grito mamá. Voltee asustado, pues verla así, es son de pesadillas; le temo a mi madre más que a nadie. No encontraba que decir, no planeaba comentarle mis problemas, enfrente de YUKO, o si le digo en privado para que me aconseje/consuele, seguro le saca la sopa este después. Entonces mi salvación llego como caída del cielo; se me ocurrió lo mejor del mundo.

-¡Mi móvil!- acto seguido, salí a toda prisa escaleras arriba, escuchando el estruendoso sonido detrás de mí, de que mamá, cuando se enoja y tenemos una riña (y hay tazas cerca), me lanza con todo el pudor del mundo la primer taza que encuentre, sin sentirse culpable después de que me golpeo y noqueo (ya lo ha hecho antes).

Llegue a mi habitación y cerré con llave (de nuevo), colocando la silla del escritorio de tranca en el pomo, asegurándome que no se atreviera a ir por la llave (y la taza a medias). Desvié mi vista, y me di cuenta, de que de verdad mi móvil sonaba (ya veo como se me ocurrió), con su tonillo de la música loca que me gusta, lo tome y divise un mensaje, de un número desconocido (admito, rogué mentalmente de que fuera Hiroto con una convincente explicación y una honesta disculpa por lo de este día).

"No asistas mañana al colegio. Ve al aeropuerto del centro a las nueve treinta. Es una sorpresa"

Ok, ¿piensa que le voy hacer caso a un mensaje de un desconocido?

"¿Quién eres?"

Fue lo más coherente que se me pudo ocurrir en estos instantes de tensión.

"Es una sorpresa. Ah, y no olvides un letrero con tu nombre para reconocerte (carita feliz)"

De acuerdo, no era lo más lógico del mundo, pero si conoce mi número, y quiere que vaya al aeropuerto, lo hare (ya tengo excusa para faltar mañana).

Me pase el resto de la noche (hasta que los mayores se durmieran) encerrado en mi habitación contando puntos, poniéndoles nombre, y coloreándolos mentalmente. Para cuando la última luz del pasillo se apagara, salí rumbo antes deseado; la cocina. Estando ahí, me prepare un emparedado, me comí unas galletas con mantequilla, y un pan dulce de los que hace mi madre con nueces, almendras y cacahuates (sí que me sobrepase, pero tenía hambre). Entre al cuarto, tome ropa limpia (no precisamente mi pijama), y me di un buen baño con agua caliente, para quitarme el estrés.

Me encerré de nuevo en mi cuarto, atrancando el pomo (otra vez). Me termine de arreglar, y me senté en la cama, en silencio, quietecito, casi, casi, ni respirando, cuando escuche que al fin salían del baño y se iban de nuevo a dormir (claro, la próstata inflamada de YUKO, lo levanta cada hora al baño). Respire hondo, y me levante.

Deslice con cuidadito la ventana, extendí las cortinas para que no se mirara, estire una pierna y la saque, recargándola en una de las cornisas de fuera, me agarre "bien", y saque la otra pierna, sin fijarme. Estaba volteándome con cuidado, en lo que mis pies se resbalaron de la coniza y me fui de boca a los arbustos del jardín (les rayaría la madre a las cornisas, pero no ando de ánimo para sacar a flote mi extenso vocabulario).

Levante la cabeza, inspeccione por todos lados si no me había visto nadie, voltee a la ventana, no se miraba adentro por las cortinas, perfecto. Salí del arbusto sacudiéndome y retirando de mi cabeza unas cuantas ramas. Mire a la casa contraria, la casa de la chismosa vecina amiga de mamá, notando que las luces estaban apagadas. Aproveche mi incógnita, cubriéndome con el gorro del suéter, emprendí mi marcha a toda prisa, para que la perra ''Monique'' de la vecina, no me alcanzara a morder.

Mi marcha termino en las aceras de la pequeña cuidad, todas resbalosas por la lluvia del fin de semana, lo cual hizo que me deslizara y azotara contra el suelo congelado más de una vez. Me encamine frotando y sacudiendo mi parte trasera hasta la esquina de la avenida, deteniéndome en la rustica y vidriosa puerta del local. Era grande, de dos pisos el edificio, con las paredes llenas de molduras que lo hacían verlo campirano y elegante a la vez, teñido de un oscuro color café que te hacía sentirte acogido, con ventanales de vidrio grueso y empañado, en pequeños cuadritos, donde solo se notaban las luces coloridas y cálidas de adentro. El letrero arriba, escrito con grandes letras azules y de un estilo vanguardista (por así decirlo), decorado con luces de la misma tonalidad y unos cuantos pulpos con brochetas, anunciaba su nombre: "Okonomiyakis Bar".

Entre, escuchando el peculiar sonido de la campanilla, observando mesas llenas, la música a lo que daba, las bailarinas con sus espectáculos de entretenimiento, los pequeños sillones frente de las ventanas donde uno se puede relajar, sentirse en casa y hasta leer (si es que logras concentrarte). Todo te daba una sensación cálida, acogedora (como ya lo dije), te sentías bien, como en "casa". Me acerque a la barra, sentándome en los bancos de cuero rojo, observando los vasos de vidrio sobre ella, y lo muy bien limpia que estaba.

-Buenas noches, Midori, mira que ya no te habíamos visto por aquí desde hace mucho. ¿Qué te atrajo de nuevo a mi humilde morada?

-Pues ya ve, señora Urabe; no puedo abandonar mi sitio preferido- el Okonomiyakis Bar es uno de mis favoritos, el único donde dejan entrar a menores de edad, el único que es exclusivo para ellos, en un ambiente sano; no sirven bebidas fuertes (cuando mucho, piñas coladas), preparan los mejores platillos, entre ellos, la especialidad que es el Okonomiyaki, solo se abre en las noches, para vagabundos como yo que buscan consuelo, o solo simplemente para rebeldes que desean pasarla bien.

El lugar es atendido por señoritas, y los espectáculos por igual, ellas son mejor conocidas como las "Triple C" ("Chick, Cutie, y Cool"), provenientes de la misma Osaka. La dueña es la señora Urabe, una de las más amables y divertidas señoras que conozco, todas me conocen, y me llevo de maravilla con ellas (pues antes estaban en Osaka, pero se cambiaron por problemas que les surgieron).

-Oh, vamos Midori, no me llames así; mejor…- se quedó pensando –No, mejor sigue diciéndome así- me provoco gracia (esta señora esta igual de loca que las demás) -¿Gustas algo?- me pregunto mientras limpiaba un vaso y lo dejaban en la barra frente de mí.

-Una bebida de chocolate… usted sabe, no me aprendo su nombre.

-De acuerdo, ¿No tan fuerte?

-No tan fuerte- me sonrió y se volteó a preparar mi pedido. Gire en mi banquillo, volteando al escenario, donde una actuación con canto, se llevaba a cabo, representada por la mismísima hija de la dueña, y una chica que no reconocí.

-No te debes preocupar, si todo te sale mal, viajemos a la ciudad. Tranquilízate, y relájate, en la ciudad, ¡hay juegos y arte! Es demasiada presión, y así tú reventaras, ven y decídete ya, como la ciudad, ¡no hay nada mejor! Desestrezate, es sencillo. Cuanto movimiento, muchos rascacielos, todo aquí divierte, ¡anímate amor! Juntos viajaremos, y nos re ayudemos, tú tienes la clave es tu decisión, viaja aquí… ¡vamos!- ambas cantaban acorde con la música y la actuada, traían unos vestidos llamativos de colores vivos y relucientes, saltaban de aquí allá, y terminando el número, se despidieron con una reverencia y entre aplausos del público.

-Aquí tienes, cariño- dejo el vaso frente de mí; aquella bebida es adictiva, no sé bien de que esta echa, pero tiene chocolate en trocitos, y un poco de licor de tal, es deliciosa. Tome el vaso y probé, estaba como siempre.

-Usted hace las mejores bebidas- la mire con ojos seductores, sonriéndole ampliamente.

-Vasta Midori, me harás sonrojar- ambos sonreímos de oreja a oreja, notándonos los dientes bien limpiecitos.

-Oiga, ¿quién es la chica que cantaba con Rika? No se me hace familiar- pregunte dando otro sorbo a mi vaso y cambiando el tema.

-Ah, Toko, Zaizen Toko, una amiga de instituto. Es nueva, le comento sobre el negocio, y le pareció divertido. Apenas lleva como una semana. Acá entre nos- se me acerco para comentarme al oído –Es hija de un político… o algo así- me hice para atrás, poniendo cara de muy interesante.

Entre bebidas de chocolate (que ya después de tres, te sientes atiborrado), improvisados bailes con las camareras, una que otra cara conocida y chácharas, me fui a mi casa alrededor de las dos cuarenta. Observe la ventana, como el aire nocturno entraba y sacudía las persianas. Pensé entonces "¿Cómo diantres me planeaba subir con lo pesado que me sentía?". Pensé que vomitaría en cuanto analice la problemática (con eso me sentiré más ligero ¿no? ¿Pero cómo voy hacer esas porquerías en el jardín? ¡Que sea en el de la vecina!). Dude, ¡eso era una grandiosa/estúpida idea! Y recordé; Monique (pinche perra coja). Todavía me debe de conservar miedo, creo (no por algo esta coja; le encantaba morder mi pantalón cuando llegaba del colegio, ¡me destrozo tres! Pero un día me harte, y le di santo pisotón en la pierna cuando estaba acostada y distraída. Desde entonces que cojea, y ni me voltea un ladrido).

Sacudí mi cabeza para despejarla; el licor de cacao con menta está haciendo efecto, y el sueño me derrumba. Me sujete de la cornisa (esperando que estas ingratas no me defrauden de nuevo), y trate de subirme con los pies en el muro (no soy el hombre araña), lo cual no funciono y caí al césped boca arriba, viendo el cielo estrellado; que bonito, esta antojáble para estar bien enpiernado con Hiroto, a no, seguro anda de lujurioso con Reinita (¿Quién invento el término "reconciliación"? es un idiota). Me di cuenta de que estaba más que pedo, y me dormía en el suelo.

Me levante tambaleante, y me dirigí hasta la puerta de atrás; mamá siempre guarda una llave en el felpudo tapete. Lo levante, y en efecto, ahí estaba la llave dorada y oxidada. La inserte a la cuarta vez que intente en la rendijilla del pomo, abriendo cuidadosamente (estaré más baboso que nada, pero aún me acordaba de que andaba de incognito). Cerré detrás mío, y escuche que apagaban las luces del baño, y se marchaban a dormir (la próstata inflamada de Yuko, como no). Subí a traspié los escalones, y recordé; mi puerta esta atrancada (¡puta madre que te pario! ¡Vete a la mierda pinche silla del demonio! ¡Y pomo imbécil! Aunque es mi culpa, claro, así que yo soy el estúpido; a mi santa madre no la ofendo (me va peor)).

Solloce en silencio como por dos minutos, hasta que me tranquilice de la crisis; el sueño me estaba matando, pegue mi rostro a la puerta y babeando a medio dormir, se deslizo (con todo y cuerpo) hasta el piso, donde me quede profundamente dormido con el culo arriba en pleno pasillo (ya en la mañana traeré un desarmador y la caja de herramientas de mamá para abrir, y hacer todo el ruido que quiera).

Como de costumbre, me desperté a las cinco cuarenta y cinco, limpiándome la enorme mancha de babas sobre mi mejilla, observando el pequeño rastro que había dejado en la puerta y piso.

-Ejem…- escuche detrás mío, y sentí como me meneaban la parte trasera. Voltee algo nervioso (claro que sabía quién era), y me di cuenta que no me había despertado precisamente por costumbre, sino que mi madre me había pateado el culo para que me levantara -¿Ya estás de humor?- me pregunto con sus brazos en forma de canastera (a las caderas), y un semblante molesto, que desentonaba con su pijama de "Betty Boop".

-¡Perdóname mamá!- me eche a llorar por su perdón, abrazando sus piernas (sí, soy un mandilón, ¿y qué?) –No fue mi intensión, te lo aseguro. Andaba de malas, no evito cagarla con los demás también- suspiro cansada. No dijo nada, y me acaricio la cabeza, dejándome botado frente de mi puerta cerrada; eso daba a entender que comprendía la situación, y que me perdonaba (conozco a la perfección su forma de ser (algo bueno de ser su hijo)).

Luego de mi drama súper bien fingido (real, queda destacar que fue real), me limpie el rostro y me dirigí al baño, que estaba ocupado (la próstata inflamada de Yuko, por supuesto). Ya que se hubo desocupado, me quede como media hora en él, me di un bañazo, para despertarme y quitarme la cruda.

Salí y baje las escaleras hasta la cocina, donde no encontré a nadie, y una nota con papel color rosa pastel, descansaba en la barra, con mi nombre en la parte superior.

"Ryuuji, tu tío Yuko y yo vamos fuera de la ciudad de compras, llegaremos más tardar a las seis. Te dejo el desayuno y un pequeño almuerzo para el colegio. Te amo cariño, y confió en que no harás nada estúpido… Tu mamá"

¿Cuándo salieron que ni cuenta me di? Seguro con la hora que me tarde en el baño, son rápidos. A mi madre le encanta ir (como yo lo denomino) "al otro lado" de compras, disque es más económico, pero no lo he corroborado con comparaciones de precios (que flojera), ni tampoco en persona (mamá dice que sacarme el pasaporte es una pérdida de dinero, que por ser como soy (valga la redundancia) no haría nada productivo con él, aparte que no me gusta acompañarla. Hacer filas como por dos horas, o irse en madrugada; no gracias).

Grite mentalmente un enorme ¡SI! Podría faltar al colegio sin que se diera cuenta. Pero ahora, concentrarme; debo eliminar toda evidencia de que pude haber faltado, o sea, terminarme el desayuno y el almuerzo (cuando uno cena grandes cantidades de alimento, se levanta con gran hambre, aparte de que estoy solamente rellenito de alcohol de cacao).

Me senté en la barra y comí; un típico omelet, claro está, acompañado por una porción de "frijoles" y tu tacita de chocolate. El almuerzo lo decidí guardar para más tarde; a la hora de comida. Recogí mi plato, como buen hijo que soy, lave mis… ¿Cómo les puedo decir para que no se escuche tan… así? Bueno, total, lave los utensilios de cocina que use para comer (ya). Observe el reloj, eran las seis y cuarto, mi cita con un desconocido en el aeropuerto no es sino hasta las nueve treinta, todavía tengo tiempo de acostarme y descansar.

Esa sensación de dormir cuando el sueño te mata, se desvanece con el insoportable sonido del despertador. Luego de que termine con la evidencia, tome de una alacena de abajo, la caja de herramientas de mamá, subí con decididos pasos, y comencé con mi trabajo de carpintero. ¿Qué debo hacer primero? Desatornillar el pomo. Abrí la caja y me encontré con cientos de muchos utensilios distintos, y un desarmador no aparecía. Tome el primero que halle, descubriendo que era plano y no con forma de asterisquito, o estrellita, lo que sea. Cuando lo hube encontrado, quite los tornillos, y saque el pomo (con lo que batalle bastante (es la primera vez que tomo en mis manos unas cosas de esas), por lo general, mi madre se encarga del trabajo duro en casa; o sea de todo). Avente la silla lo más lejos que se me permitió por a través del agujero del pomo. Entre y me tumbe en la cama, a dormir con gusto.

Para que luego, despertar a las nueve y quince, de lo apurado, me tropezara de lleno con la caja, regando todo su contenido por el pasillo. Me levante de prisa, y mire en ambas direcciones; ¿arreglar eso, y llegar tarde? ¿O llegar temprano, y arreglarlo después (o quizá no arreglarlo)? Opte por la segunda sugerencia, y haciendo una seña obscena con el brazo, salí corriendo, poniéndome los zapatos, de la casa.

Llegue a una papelería antes, y compre cartulina y plumón, para escribir con enormes letras mi nombre. Entre en el aeropuerto, un vuelo directo desde Inglaterra arribaba a la pista, y muchos pasajeros bajaban amontonándose y evitándome la vista de algún rostro conocido que pudiera ser ese anónimo de mi mensaje. Como bruto me puse el letrero en el pecho, viendo en todas direcciones, pero nada.

Masculle por lo bajo una que otra maldición, repitiéndome que sería la última vez que le haría caso a un mensaje de algún desconocido loco que quizá quiso jugarme una broma de mal gusto. Hasta que sentí como mis ojos se cubrían por unas suaves manos, diciendo melosa y afeminadamente un "¿Quién soy?"

-Seguro una especie de ser humano que se burla de un individuo por su falta de inteligencia, remotamente escondida bajo el antifaz de incredulidad ante una acción tan poco coherente de seguir ciegamente un mensaje de algún sujeto extraño, que quizá, seas tú

-Eh?- saque de encima de mí sus manos, notando lo blancas y suaves que estaban, levante la vista, y me tope de lleno con un rostro demasiado conocido, pero por cómo estaba arreglado, y por su voz, desconocí totalmente -¡Midorikawa! Cuanto tiempo- se me aventó al cuello, abrazándome con fuerza.

-Si… mucho Kazemaru…- era increíble que Kazemaru Ichirouta estuviera frente de mí. Ya hace como más de un año que no lo miraba, ni cruzaba mensajes con él. Me separe, y lo mire detenidamente de arriba hacia abajo; traía ropa decente, como todo un chico, solo que en unos muy vivos colores para mi gusto (anaranjado fluorescente, y azul celeste), pero volteando a su rostro, tu perspectiva de "chico decente", cambia rotundamente; su larga cabellera azul claro, la traía peinada algo así que rizos, ambos ojos a la vista, destacándose por una acentuada puesta de mascara oscura en las pestañas. Aparte usaba brillo labial, ¡brillo labial! ¿Cuándo vez a un chico así? ¡Nunca de los nunca! No dije nada, y solo sonreí nervioso, para que este empezara a hablar sin calla alguna, llevándome del brazo fuera del aeropuerto.

Kazemaru Ichirouta es uno de mis amigos de infancia, los tres éramos inseparables (junto con Maki (que en pez descanse)). Pero claro, entrando a la secundaria todo comenzó; Maki no nos hablaba, y Kazemaru tomo una actitud muy paranoica ante eso, que se esfumo cuando se hizo novio de Haruna (¡de Haruna!). Su relación no duro mucho. Me contaba que era muy posesiva, y le gustaba "mangonearlo" a cada instante. Caprichosa, berrinchuda, quería estar con el todo el tiempo, ¡lo asfixiaba! (según él), hasta que un día, me comento que no estaba seguro sobre "su inclinación sexual", tenía dudas sobre qué era lo que realmente deseaba, lo que le llamaba más la atención. Esa duda lo aquejo por un buen tiempo, haciendo que su humor cambiara drásticamente (se hizo bipolar, en pocas palabras), y ya harto; huyo. Si, así se le dice cuando alguien desaparece sin dejar rastro, huyo. No le dijo nada a Haruna (y cuando se enteró, se volvió loca de a tiro), él no tiene padres, así que yo fui al único que le comento poco del asunto (vivía aquí con su tía, y trabajaba en el Mostacho® (quien sabe cómo se costeó un viaje)). Y ahora, caminando por la acera, de vuelta a mi lindo hogar, cargando sus maletas, porque me las aventó prácticamente encima para que las cargara, me comenta como le fue.

Se marchó a Inglaterra, con la excusa de que ahí se podría tranquilizar, y encontraría la respuesta a su problema/duda sexual. Y en efecto, lo aclaro todo; conoció a un güey de la realeza, que le cumplía todos sus caprichos, el amor se dio, y ahora está comprometido con él, pero quiso regresar para dar la "buena nueva".

Ok, revisando la historia de Kazemaru; yo tengo el mismo problema, dudas sobre mi inclinación sexual, deje a mi novia, pero no hui del país. También me dijo que a su prometido, Edgar, le encanta su aspecto femenino, y por eso de su cambio. Revisando de nuevo; yo travesti no soy, admito que me atrae Hiroto, pero nada más, no soy homosexual. Pero este amigo mío, camina, actúa y se arregla como mujer, no sé si se vestirá también, pero que miedo. Kazemaru callo muy bajo con esto, aunque también dice su prometido, que no quiere que se cambie de sexo (en ese caso que se consiga una chica, y no un chico a medias (pero el amor todo lo puede, claro, el amor)).

-¡Señora Yuki!- grito a todo pulmón en cuanto abrí la puerta, alzando los brazos, seguramente, esperando ser abrazado. Por mi parte, bote las maletas al suelo, desecho, cerré la puerta, y con aires de arruinarle la felicidad, le dije que no estaba mamá -¿No está? ¿Y dónde fue?

-Al otro lado, de compras- conteste como si nada, y me dirigí a la cocina.

-Claro, la señora Yuki y yo compartimos el mismo sentido por la moda- su pose de "soy perfecto" se marchó en cuanto le avente a la cara el pedazo de pan que comía.

-¿No tienes hambre? Porque yo sí.

-Por supuesto que si- se limpió las migas, y se acercó en mi dirección. Kazemaru me está desesperando, parece una chica (y no se enoja (ni porque le lance algo a la cara)), y camina como la reina blanca de Alicia En El País De Las Maravillas; con los brazos alzados y moviéndose a cada lado delicadamente –Uno es lo que come, según el dicho.

-Si, según…- deje en la mesa los frascos de mantequilla de maní y jalea (el pan que le bote, fue el almuerzo que mi madre santa me dejo para el colegio (yo creo que me tiene en engorda)) junto con los panes integrales (claro, para cuidar la dieta).

-¡Pero qué haces!- me tomo de ambas muñecas, levantándolas, evitando cualquier untada en el dichoso pan.

-Ah… Pues yo creo que un emparedado ¿no?- de un tirón las solté.

-¿Sabes cuantas calorías tiene eso?- apunto con su dedo cuidadosamente, cuidado, hacia el producto productor de calorías (seguramente él diría eso (vuelva a valer la redundancia)).

-Es "light". Y el pan es integral, ni te quejes- tome ambas cosas con mis manos, y las mene en su cara, inquiriendo con una mueca de "no seas estúpido", para que entendiera mejor.

-No, no, no- quito todo de encima de la barra, y lo boto al contenedor de basura. Me quede petrificado, mi gloriosa mantequilla, mi milagrosa jalea, mi adorado pan; en la basura –Comeremos mejor…- busco en el refrigerador, y yo seguía sin moverme. Entonces empecé a temblar, y me aproxime a él, con las manos listas para estrangularlo, pero salió de repente con una bandeja de lechuga, y me la aventó a la cara para que la tomara – ¡Una ensalada!

Media hora después (luego de un dialogo nada pasivo), estábamos sentados en la mesa, comiendo una "deliciosa ensalada de lechuga con berenjena", y chachareando (tratando de hacerlo, pues mi cara de pocos amigos, se hizo presente).

-Dime, Ryuuji, ¿Qué ha sido de tu vida?

-Nada importante, lo mismo de siempre- conteste seco, para que captara la idea de que estaba molesto y no quería decirle nada.

-Oh, vamos, sé que en este año de mi ausencia, has cambiado mucho; te veo más alto…

-¿Pues qué quieres que te diga?- me levante colérico -¿Que crecí, que tengo catorce y voy en segundo de secundaria, que mis padres están separados y vivo con el desgraciado de Yuko, que un oso de metro por metro me espera en mi habitación desmoronada, ¡que veo puntos! Dime, ¿qué quieres que te diga?

-¿Algún amor? ¿O sigues con Nozomi?

-Jódete- tome el plato y lo deje en el lavabo. Subí por las escaleras a toda prisa, huyéndole, pues sabía que me insistiría hasta que le contara. Estaba a punto de entrar a mi habitación, cuando me voy de boca por culpa de las herramientas en el suelo, me levante, le eche una mirada de odio a las cosas, y no evite sacar gritos de coraje, y maldecir a diestra y siniestra (que seguro, hasta la vecina escucho).

No fue sino a los dieciséis segundos después, que me pude calmar, y un insoportable ataque de estornudos me invadió (cielos, pensé que el Vicks® de mamá me había curado de la influenza estacionaria, ya no tenía ningún síntoma (solo llego Kazemaru), pero a que si sirve. Cómprelo en farmacias o en autoservicios, guiño). Me tumbe en la cama, poniéndome encima al oso de metro por metro en la cara, pensando que al fin me podría relajar, no contando con la astucia de mi amigazo.

-Oh cielos Ryuuji, que desastre tienes aquí- miro de un lado a otro todo el reguero de herramientas, y yo le voltee la cara, aventándose a la cama, lo que causo que votara y saliera disparado al suelo –Ahora sí, cuéntame, ¿Quién es ese amor? ¿Una chica? O ¿un chico?

-Ya te dije que te jodieras, no te voy a decir nada.

-Aaahhh…- y empezó el ruego –Por favor, por favor, cuéntame, cuéntame. Yo soy tu amigo- ojitos convencedores.

-Sí, un amigo que no se comunica, y que de repente, llega… una amiga…- lo último lo dije por lo bajo, que no escuche sus verdades, seguro es de esa gente loca que niega sus problemas, ya seré yo uno de esos. Siguió insistiendo, rogando, tantas fueron sus palabras que no se en que momento tome la pluma del mueble de noche y la tenía lista para clavar en mi oído, y no seguir escuchando su voz tan aguda que te calaba hasta donde no entra el sol, o sea; en el armario.

Di un bufido fuerte, y le grite un "¡ya!", lo que causo que ahora sus ruegos, se convirtieran en gritos de alegría, lo que te cala todavía más.

-¡Amazing!- grito emocionado.

-No me salgas con tu ingles bien mamon, ¿sí? Ya de por sí que a mí no se me da, y con el Teacher que nos fue a tocar, olvídate de que aprenda algo; no salgo del ing.

-Ay, con tus palabrotas. Ese vocabulario no es digno de alguien tan inocente y bien parecido- sí, mi extenso vocabulario no es digno para alguien tan remilgoso, por no decir otra cosa. Me levante del suelo y lo vi correr hasta la silla del escritorio, viéndome atento, con cara de psicólogo recién graduado, con su primer paciente. Me recosté en la cama (le llevare la corriente un rato).

-Todo comenzó un lunes de invierno. Estaba nublado, con pronósticos de tormentas de nieve, en alguna montaña cercana, claro. El aire te pegaba de lleno en la cara, se te congelaban hasta los huesos, se te antojaba estar bien enpiernado con alguien. Los adornos navideños se retiraban con el tiempo, las épocas de festividad, ese aroma tan delicioso del chocolate recién…

-Ryuuji, como que esto no tiene nada que ver, ¿o sí?- me interrumpió (tan inspirado que estaba).

-No- le conteste con simplicidad –Pero pues tu dijiste que te contara, no especificaste que.

-¡Te dije que de tu amor!

-Yo no tengo amor- froto su frente, como exasperado, me encanta fastidiarlo.

-Bueno, cuéntame de tu vida amorosa… ¿y Nozomi?

-¿Qué Nozomi?

-Tu novia.

-¿Tengo novia?

-No lo sé, ¿aun andas con ella?

-¿Andar? ¿Con quién?

-Con Nozomi- suspiro fastidiado (¡sí!).

-¿Qué Nozomi?- volví a preguntar.

-¡Tu novia!

-¿Tengo novia?

-¡No lo sé! ¿Todavía andas con ella? ¿O ya terminaron?- grito desesperado.

-¿Con quién?

-¡Con Nozomi!

-¿Qué Nozomi? ¿De qué hablas, Willy? Estás loco.

-¡Aaahhh!- se levantó de la silla y camino en círculos, dando a entender que logre mi cometido -¿Andas con alguien, o no?- pregunto de nuevo tratando de ver si quedaba esperanza.

-¡¿Cuál conejo?

-¡Maldito lépero!- y se me fue encima. Qué bien se siente fastidiar a alguien más que no es tu mamá, y más si no habías visto a esa persona en mucho tiempo; más ganas te dan de exasperarlo.

Luego de nuestra riña de "lépero mugroso, no me toques" y griterío de niña, ambos terminamos recostados en la cama viendo puntos. Kazemaru sí que se encariño con ellos, les puso nombre y me los presento (el que más me agrado fue Miyasaka, según le puso así por un viejo amigo que tenía (y como el punto está todo amarillento, recordó su cabellera rubia)). Suspire y desvíe la vista, lo que no pasó inadvertido por este.

-¿Ya me vas a contar?- me pregunto. Hice mueca de que estaba pensando, y luego de suspirar de nuevo, termine rendido a contarle (que bajo caigo).

-Bueno, te contare todo mi drama… Primeramente; termine con Nozomi, ya hace como tres semanas, o más.

-¿De verdad? ¿Por qué? Si yo cuando los miraba, se veían felices- pensó un poco –Feliz ella, tú siempre tan ácido.

-Gracias. La verdad es que dejo de gustarme, y todos decían que no hacíamos buena pareja.

-¿Te gustó alguien más?- suspire de nuevo, extraño a Hiroto, en definitiva, me dolió mucho lo del lunes, yo estaba tan feliz de volver a verlo, que ahora estoy echo mierda con él en la boca de otra.

-…Si, si me gusta alguien más- se le iluminaron los ojos –Y pues… no estaba seguro sobre mi inclinación sexual.

-¿Cómo yo?

-Parecido- no diré que como él, ni estando demente –Me llamó la atención un chico, no uno cualquiera, él es diferente y especial. Aparte, yo no soy homosexual, solo me gusta él, y ni creas que mañoso- le advertí.

-Qué lindo… ¿y él lo sabe?- entonces le conté todo lo que había sido de mi vida amorosa/fracasada en los últimos días; admito, me sentí como una chica contándole a su mejor amiga sus pesares amorosos.

Después de una hora de contarle mi drama de una semana (que pude habérselo contado en veinte minutos, sino se la hubiera pasado interrumpiéndome), se aplasto en la computadora, directamente en la red social, con el pretexto de que debía agregarme, e informarle a su prometido que había llegado con bien. Por mi parte me quede en la cama, viendo al punto amarillento de Miyasaka, abrazando al oso de metro por metro, pensando en todo lo que le había contado, y reflexionando.

-Qué lindo te ves con el oso. ¿Cuál es su nombre?

-Oso de metro por metro- me miro con una cara como diciendo "no seas…", pero como su vocabulario es tan acá, más que el mío, no lo dijo –No le he puesto nombre, ya.

-Pues deberías; es muy lindo- dijo regresando la vista al monitor.

-Recomiéndame uno- (lo dije por decir, no necesitaba, a mi parecer, nombre el oso) puso el índice en su boca y miro hacia arriba, pensando (no se le vaya a incendiar el cerebro por tanto esfuerzo). Pienso; ¿Cómo no me di cuenta de que dé él se trataba? Es el único bobo que escribe "carita feliz" en sus mensajes en lugar de dos puntos (:) y un paréntesis ()) o una D mayúscula, al igual que con "carita triste", "carita enojada", etcétera.

-Mi vino favorito es el Oporto, y el de tu mamá también, porque no le pones así, ya que ella te lo regalo.

-Mm… Lo pensare, ni te emociones (menudo nombre estúpido que me fue a recomendar)- termine por decir, viendo el reloj de la mesa, marcando las doce con quince, recordando que hoy a última hora nos toca con el doctor; debo pensar en una buena excusa por mi falta. Me perdí pensando en que choro le inventaría, cuando mi móvil sonó, con una particular canción.

Kazemaru no evito voltear a mirar con mueca de asqueado.

Fuck that, fuck that, fuck that.

-¿Qué clase de canción es esa?- me levante, tome el móvil y me le acerque al rostro para contestarle.

-Fuck That- y salí de la habitación.

Una llamada, que más. Revise de quien podría ser (volví a rogar mentalmente que se tratara de Hiroto); Fubuki & Fubuki (tengo el mismo número para los dos). Suspire pesado (desde que le conté mi historia a Kazemaru, el ánimo se me bajo de golpe, no traía ganas de nada), y conteste.

-Bueno…

-Midorikawa, ¿Por qué faltaste, te encuentras bien?

-Sí, sí, estoy bien- me empecé a ver las uñas, no prestando mucha atención en lo que decían.

-Oye, te hablamos porque el doctor pedirá alguna explicación por tu inasistencia, y como no hiciste justificante, pensamos en hablarte para decirle nosotros mismos, y que no te ponga falta- ah, que detallistas, como adoro a mis tontarrones, pero claro, no debo abusar.

-No se preocupen, yo mañana le explico. Que me ponga falta… que madres…- lo último lo dije bajo, para que no alcanzaran a escuchar –Bueno, gracias por llamarme, nos vemos mañana sin falta, yo también los quiero…- estaba a punto de picar el botón rojo, cuando los escuche hablar.

-Hiroto te manda saludos- en cuanto escuche el nombre de "Hiroto", reaccione, tanta fue mi impresión que no evite que el móvil se me resbalara, y en tanto trataba de agarrarlo; bailando en mis manos húmedas, se me fue al suelo; pronto lo recogí.

-¿E-en s-s-serio?- no lo podía creer, Hiroto aun pensaba en mí, sabía que estaba vivo. Cielos, cielos, cielos. ¡Espera! Guarda la compostura, serénate moreno, serénate, que no piense que te andas muriendo por lo de ayer, que no te vea flaquear, tu eres, un hombre, hecho y derecho; finge demencia si te pregunta, no, mejor, hazte el enojado, el sentido, si, a lo mejor con eso se siente mal y viene a rogarme, si, que buena estrategia.

-Sí, aquí esta, te lo pasamos- mi corazón se aceleró, me agite por completo, empecé a sudar del rostro, como si hubiera acabado un maratón. Pase mi mano derecha por toda mi cara, para tranquilizarme y limpiar el sudor. ¿De cuándo acá me pongo así? ¡No lo sé! -¡Ryuuji!... ¿Cómo estás?... ¿Te encuentras?

-¡No me vuelvas a llamar por mi nombre! ¿Qué te crees? Que puedes hablarme como si nada después de lo de ayer, ¿o qué? ¿Qué estoy pintado de colores para ti, que no tengo sentimientos, ¡soy un vil muñeco de trapo con el que puedes jugar cuando quieras! Pues fíjate que no, y después de todo, yo soy un hombre con derechos, así que ni me vengas con demencias, o pinches mamadas (lo pensé dos veces antes de decirlo, pero estaba enojado). No me vuelvas a hablar si no es para una explicación sensata a tu estupidez de ayer. Adiós- colgué.

Respire hondo, y tras ver por unos segundos mi celular; solté en llanto. Solloce en silencio, y me tire de rodillas al suelo, lamentándome mentalmente el haberle gritado, y dejado con la palabra en la boca; "perdóname Hiroto, perdóname, perdóname". ¡Le reclame cono novia celosa! Y no somos nada. Siempre tengo que echar mierda, ¿Por qué seré así? Yo mismo me provoco la soledad, que tristeza. Pero a como soy hombre, hecho y derecho, me levante, decidido de rendirle disculpas, pero eso será mañana, ahora solo me concentro a seguir sollozando en silencio.

-Alumnos, quiero presentarles a su nuevo compañero, su nombre es Kazemaru Ichirouta. Llévense de maravilla con él.

¡Dios! ¿Por qué me castigas así?


Y así acaba, pero no acaba…

Ahora que estoy haciendo publicidad, les pido que visiten mi perfil y lean los proyectos que tengo. Admito que este está para más de unos 15 capítulos, y posiblemente haga secuela, porque la disparatada historia de Midorikawa no puede acabar así nada más. Así que les pido el favor, y me digan que les gustaría leer.

Nos Leemos…