Hola de nuevo mundo, actualizando despues de mucho tiempo; solo quiero disculparme por la tardanza, y agradecerle a todos aquellos que me animaron a seguirla con sus comentarios positivos: gracias,! Por ende, este capitulo se los dedico a ustedes con mucho cariño :)

El siguiente capitulo, tratare de subirlo pronto, no sera muy largo, a comparacion de este :P

Espero lo disfruten y de nueva cuenta perdon y gracias.

Disclaimer: Inazuma Eleven no me pertenece.


Inclinación By Madoka

Capítulo 12: De Rosas y Chocolates.

Ya sé lo que hare este catorce de febrero: asesinare a mi ex novia, después me iré al cine con mi pareja, a ver la película de El Hobbit, posteriormente, nos marcharemos a pasar la noche en un club nudista, y finalmente, nos sentaremos frente de la torre de la ciudad a contemplar el amanecer del quince, sí, eso hare; ¡súper romántico! Pero espera: yo no tengo pareja, ¡rayos! Sera para el próximo año.

Que cosas pasan en el mundo, según la televisión y su programa "Atrapadas", donde una mujer desquiciada mata a su ex esposo y a la novia de este, quemándolos en el portaequipaje de un auto, el mismo catorce de febrero, para así, después, marcharse a realizar todas las payasadas románticas que mencione anteriormente.

La gente está muy loca, Johnny, el mundo se acabara un día de estos. Febrero, eres el causante.

Decidí, pues, que este nuevo mes, comenzaría con el pie derecho. Había arruinado rotundamente mis últimos dos meses atrás (o mejor dicho, me los habían arruinado), y planeaba darle la vuelta al tablero y seguir con mi vida como si nada, olvidándome del tiempo pasado. ¿Pero cómo lograría este cometido, si cada mañana me topaba con los enormes ojos del más grande de mis problemas y estupideces, cuando decidí hacerle caso a un mensaje de un desconocido (a mi parecer)?

Kazemaru, Afuro y Sakuma, se han convertido en mis amigos (por desgracia, ya somos un cuarteto de locos) y estos amigos míos, no me dejaban nunca fuera de sus planes, conversaciones, e incursiones ajenas a mi persona, pero excusándose con que son cosas de amigos (esto último siempre me deja a mi como el causante, puesto que las "nenas" siempre encuentran razones, motivos e incluso mentiras, para zafarse de los enganchos problemáticos).

Esta vez, la travesía que planeaban para "nosotros", era el festejo de las tradiciones más antiguas, mentiras blancas, marketing y engordadera: San Valentín (realmente no tenía organizado nada para este desastroso catorce de febrero, sería uno de hace muchos que no pasaba solo (solo refiriéndome a sin pareja, puesto que el verbo "solo", ya no entra en mi vocabulario ni persona como me gustaría que estuviera)).

No había postre. Cada que terminamos la comida de la tarde, Kazemaru pide postre, y mi dulce hogar no es muy acogedor para cosas llenas de azúcar tapa arterias, puesto que no llegan a durar más de dos días.

Esta tarde en particular, mamá y Yuko habían ido a una junta (una charla mensual que sostiene con el hombre que me procreo, para analizar problemáticas de gastos), y mi buen amigo y yo, preferimos quedarnos en casa (hace mucho que no tengo contacto con papá, y la verdad no me apetece reavivarlo (como dije, quiero empezar bien este mes, para que vaya mejor el resto del año (eso debiera incluir la sana convivencia con la familia (pero el hombre que me procreo es distinto a la familia (no digo que no sea parte de ella, solo que es distinto))))), por ende, la comida la tuve que preparar yo.

No soy muy bueno cocinando, además de que la casa esta semivacía, pues no han ido de compras (si hubiese sido por mí, abría comido un nutritivo emparedado de mantequilla de maní y jalea de fresa (por desgracia, no hay pan)), así que lo primero, más rápido y fácil que se me ocurrió, fue un arroz Takimechi (obviamente saque el recetario de mamá (no tengo tanta creatividad (Kazemaru no tolera mis emparedados))). De principio a mi acomedido amigo le pareció buena la idea, y se aplasto frente del televisor (este día no tuvimos clases (los padres se juntan mucho para organizar adecuadamente el festival de primavera (se lo están tomando muy enserio))), para posteriormente al término de la comida, anduviese lloriqueando que había sido muy poca, y que quería postre.

-Lamento informarte que postre no hay- le dije de una manera tranquila, recibiendo un puchero como respuesta.

Estos últimos días he estado calmado, algo deprimente, inquieren los chicos, pero relajado solamente. Ya tiene rato que Hiroto me pidió un tiempo (¿un tiempo para qué? ¿Éramos novios y no sabía? ¿Es que quiere divertirse con Reinita un par de noches más para luego venir a mis brazos como el obsequio de consolación que soy para él? ¿solo es un pretexto para alejarse de mí? (sí, me encolerice mucho el día que me lo dijo (Ryuuji, quisiera pedirte… si me regalas un tiempo de tu parte, digo, no sé, me gustaría, que nos separáramos unos momentos), esas habían sido sus palabras (de principio no sabía que pensar, y me plantee las preguntas anteriores, pero después capacite en que tal vez estaba errado, y lo que quería, era pasar el suficiente tiempo con su padre (su salud no va muy bien, me comento, y deseaba pasar todo lo que pudiera con él, si fuera lo último que tenía), así que le brinde todo mi apoyo, y no rechiste), desde entonces no he sabido gran cosa de este (vamos en el mismo salón, sí, pero casi no hablamos, para lo único que esta, son trabajos, y una que otra vez lo veo al tanto de Reinita y sus amigos de último año, pero no me preocupo, su rostro se ve más compungido y desanimado, aunque sigue siendo angelical))), y lo he analizado con seriedad, y tranquilidad, y me percaté de que no es la gran cosa un tiempo, si es que realmente nos interesamos, no durara mucho, pero aquellos fenómenos de circo creen que estoy deprimido, por ello hacen todo lo posible por incluirme en su sin fin de asuntos (asuntos demasiado idiotas para mí, pero demasiado complejos para sus pequeñísimos cerebros (como por ejemplo, llevarme al Revolcón cada tarde para encontrarme con mi peor pesadilla: la charola del mesero estúpido que choco contra mí (él fue el imbécil que se atravesó, no yo) y bailar, bailar, bailar)).

-¡Vamos a la tienda!- sugirió con voz emocionada, me di la vuelta y le mire con desgano, negándole con la cabeza -¿Por qué no? Se antoja algo dulce- articulo reprochante.

-Es pura engordadera- le apunte con el dedo su estómago, para que alzara los brazos y se mirara con notoria sorpresa y confundido –Además- continúe, volviendo a la labor del lavado de artículos de cocina –Es mucho el gastar dinero a diario en chocolates, mañana mamá y Yuko irán de compras, o un día de estos, depende de que animo vuelva- torcí la boca, era verdad, no me había puesto a pensar en cómo volverá mamá; algunas veces llega con cara de querer irse a la chingada, agarradita de la mano de su hermano y su hijo (Yuko y yo), otras, anda rayándole la madre sin parar por el resto de la tarde (mi santa madre no es muy majadera, pero a veces se deschaveta y saca a luz su extenso vocabulario (por ende que sea yo así, aunque debo admitir que algún rasgo paterno he de tener (además de ser hombre, los ojos y el nombre))), y otras tantas veces, vuelve deprimida, decaída, absorta en la nada, y se encierra en su habitación, por alrededor de un día entero. No me gusta cuando la veo así, ¿a quién le toca el quehacer? Aparte de sentirte incomodo, cuando tú tienes muchas ganas de ser feliz, reír y hacer estupideces, y otros están muriéndose de tristeza. No soy muy empático, si es que se dice de esa forma, pero me duele verla de ese modo, es mi madre, y la quiero demasiado (a papá casi no (siendo sinceros)).

-Tienes razón- dice pensativo, tomándose el mentón entre los dedos, viendo hacia abajo – ¿Y si preparamos algo?

-¿Cómo qué?

-¿Unos panecitos? Como los de ayer – enarque una ceja.

-Es mucha harina, yo no quiero comer tanta azúcar, si tú quieres, pues prepáratelos- y recibo un nuevo puchero como respuesta, no soportaría su cara todo el rato, así que opte por una solución rápida –Sabes, mamá me comento, que antes no existía el pan, bueno, si existía, pero no era tan recurrente como ahora, así que cuando querían algo dulce, tomaban una tortilla de harina y la rellenaban con mermelada, algo como una crepa- me encogí de hombros, tratando de sonar simple.

-Mm…

Y ahí estaba él, sentado como un niño regañado, con un tenedor y un cuchillo en cada mano, viendo con desprecio la "crepa" que a fuercitas tuve que prepararle para que dejase de lloriquear.

-Se acabó la mermelada- mencione mientras veía el fondo del frasco, y le pasaba el dedo por el rededor para retirarle lo que le sobraba. Hice el enorme sacrificio de compartirle mi mantequilla de maní y jalea de fresa, puesto que si había, pero no pan, ni galletas, ni nada con que acompañarlas.

-Quiero más leche- soltó de pronto, viéndome con reprochante rostro (pero bien que se la está tragando el cabrón, verdad), dejando en la mesa, la taza vacía.

-Pues sírvete, güey- le conteste, ni crea que me ha tomado de gata, que le voy andar haciendo todos sus mandados, que madres, es mi amigo, pero no lo quiero tanto. Nos sostuvimos una mirada profunda, que demostraría quien se rendía primero. Levante las cejas, y deje el frasco de mermelada ya vacío por completo sobre el fregadero, lavándome las manos, y marchándome a la sala (yo gane, puesto que no me rebaje a hacerle caso y tome mi camino). Solo pude escuchar una sonora exhalación de su parte, y como se levantaba por más leche.

Eran alrededor de las tres cuarenta y seis, no tenía la más remota idea de a qué hora volverían mamá y Yuko; usualmente no tardan tanto, así que no me preocupo mucho, pero este día en particular, se han retrasado más de lo debido (¿Qué tanto se puede comentar, discutir, alegar en una charla, junta sobre gastos?). No lo entendía, mamá no trabaja, el dinero que aporta el hombre que me procreo es muy necesario, y con unos pocos pero suficientes ingresos que aporta Yuko, que de quien sabe dónde saca, nos mantenemos bastante bien (y el pequeño porcentaje que Kazemaru comparte; dinero que le manda su amado prometido Edgar desde Inglaterra para que se mantenga en su estilo de vida habitual (si se enterara que a mi buen amigazo ya le están echando los perros otros tantos (no es que sea chismoso (comunicativo), pero Endou Mamoru no es todo un machote heterosexual (si es que se sabe a lo que me refiero)))).

Todavía pensaba en que humor vendrá la señora Yuki, realmente espero (y casi ruego) que no venga deprimida, que venga rayándole madres, ese es mi humor preferido (así puedo hacer alusión de mi extenso vocabulario disimuladamente).

Me aplaste en el sofá, cambiando de canal insistivamente, esperando que por milagro, apareciese algo entretenido para ver, puesto que Duck Dynasty sale hasta las cuatro, y en algo debo entretenerme hasta las cuatro.

-Oyes, Ryuuji…

-Lava tu platito- le interrumpí de inmediato, apuntándole para atrás. Que haga su quehacer el chiquitito, que madres, yo lavo para que esté limpio, no para que se pueda ensuciar más. Escuche de su parte otra sonora exhalación (pero este sonó más como a bufido), y se marchó a lavar sus cosas: sonreí satisfecho (¿Cuándo vez a un princesito de cuento de hadas lavando trastes? Eso es épico).

Mire que volvía, con cara molesta, y se tumbaba en el sofá contiguo, viéndome con reproche.

-Ahora sí, ¿Qué querías decir?- inquirí con rostro altanero. Suspiro pesado.

-Que hoy en la noche cenáramos hamburguesas, hoy se ponen los Sakiyama a vender, ¿no? Sus hot dogs son grandiosos- y se soba el estómago, con la mirada perdida, saboreándoselos mentalmente.

-Pues como quieras, si tú los invitas y vas por ellos.

-¡Ah…!

-¿Qué?

-Yo los invito, si tú vas por ellos.

-No mames.

-Ándale, tan siquiera acompáñame.

-¿Y tú te bajas y los pides?

-¡Sí!

-Está bien en ese caso- sonrió ampliamente y aplaudió un poco, para después, articular un emocionado "me voy", y correr escaleras arriba, seguramente a postrarse frente del ordenador.

Suspire cansado, no me disgusta que Kazemaru se emocione por una hamburguesa (además de que esas hamburguesas, hot dogs, papas con queso y nachos, son los mejores de la ciudad (eso creo yo)), sino del hecho de quien son: Sakiyama, primos lejanos (pero cercanos geográficamente) de los Nozomi. Siempre, siempre que me veían ir, me preguntaban algo relacionado con Kinki, ambas familias son devotas religiosas, y asisten al templo localizado justo detrás de donde se pone su pequeño puesto de comida chatarra. Yo como buena persona que soy, contestaba amablemente, incluso tenia preferencia y les caía muy bien (son familias demasiado unidas), pero cuando se enteraron que ya no andaba con su lindísima primilla (y el porqué, sobre todo), la preferencia y la amabilidad se esfumaron, incluso el conocidos, ya solamente soy un cliente más (ese tipo de familias me cagan, son bien mamilonas, si te peleas con algún primo (porque la mamá de Syuji, es prima de la madre de Kinki (por ende que sean familiares)), sales de pleito con todos).

Por eso es que ya casi no me gusta ir, prefiero aguantarme las ganas de un antojo chatarra nocturno, o ir conduciendo más de treinta kilómetros por una hamburguesa tamaño cabeza, que soportar las caras de fuchi de esos tipos, y algunas veces hasta del mismo Syuji (ya es bastante el tener que verlo diariamente en el salón).

Total, Kazemaru dijo que él se bajaría, y yo quiero creerle.

A las cuatro treinta y tres, estaba acostado de lo más pacífico viendo mi cómico programa favorito, cuando la puerta se abrió bruscamente, y entraron mamá y Yuko.

-¡Volvimos!- grito prácticamente mi santa madre (se veía que estaba enojadísima, con su rostro expresivo y delicado, fulminado por una amarga mueca torcida y arrugada).

-Sí, volvimos…- dijo suavemente Yuko, como para amortiguar las palabras (gritos) de Yuki, que no se detenía, ni bajaba la voz, ni disimulaba, lo frustrada, encolerizada y cabreada que estaba, rayándole la madre a todo lo que daba al hombre que me procreo, con el que había tenido, una "amena" charla de gastos (si, ese es mi humor favorito).

Pero esto era distinto a otras veces, cada que mamá articulaba insulto en referencia a papá, sus ojos se humedecían y su tono de voz decaía, poniéndosele cada vez más ronca, secándosele la garganta. Además, Yuko tenía cara de compungido, y preocupado, y de vez en tanto, palmeaba la espalda de mamá con cuidado y delicadeza, como reconfortándola.

Me extrañe, ese humor era nuevo para mí, nunca se lo había visto, incluso el día que aquel hombre le anuncio el divorcio, y cometió uno de los más grandes actos estúpidos (a mi parecer) que se le pudieron haber ocurrido en esos instantes, estaba así, sino deprimida, triste, deshaciéndose en lágrimas amargas, pero sonriéndome para calmar cualquier rastro depresivo en mí.

-Es…- comenzó a decir, balbuceaba, y sus palabras se ahogaban entre tormentosos gemidos de dolor y angustiosas lagrimas atoradas en sus ojos y garganta. Me levante del sofá, viéndola con el rostro descompuesto en confusión, Yuko se miraba igual, y ambos no teníamos idea de que hacer -¡Un infeliz, desgraciado hijo de perra! ¡Aaahhhg!- termino soltando, seguido de un grito lleno de impotencia. El agua abandono sus ojos, y se deslizaron por sus mejillas, cubrió su cara entre las manos, y agacho la cabeza, moviéndose de un lado a otro, sin saber qué hacer, posteriormente, salió disparada a su habitación, donde escuchamos la puerta azotar y el seguro atrancarse.

Pase saliva, esto era peor que verla deprimida; encolerizada y triste, era desastroso, absurdo, doloroso para ella, para Yuko, para mí. Ambos nos sostuvimos la mirada unos momentos, y como si le hubiese preguntado qué había ocurrido, negó con la cabeza, alzando la mano y moviéndola de un lado a otro, como no queriendo decir nada. Después, dejo las llaves en la barra y su chaqueta en el perchero, dirigiéndose a la cocina en busca de algo que comer.

Me baje de hombros, pensativo, ¿Cómo era posible que después de cuatro (casi cinco) años de separación, mamá aun volviese de esa manera? ¿Ahora se entiende el que no me agrade mucho mi padre? Yo creo que sí. Tal vez mi madre aun sienta algo por él, sí, eso debe de ser un diagnostico viable sobre su humor (me imagino en un consultorio médico, con una tabla de registros, examinando la problemática de Yuki). Pero no debiera sentir ya nada por un ser tan despreciable como este (sé que es mi padre, pero lo que hizo, y hace, no es para nada aceptable), él ya tiene nueva esposa, vive lejos, trabaja distante, ¡e incluso hasta tiene una hija! ¿Cómo es que mamá se estancó en el amor que alguna vez los unió? Sentimientos, estúpido marketing de febrero, siempre arruinas vidas.

Cuando tenía diez, papá: Midorikawa Kyoto, le dijo, ya fastidiado, que quería el divorcio, separarse de mamá cuanto antes, justo en la mesa, mientras cenábamos, y conmigo de por medio. Yuki se horrorizo, y pregunto cuál había sido la razón para aquella decisión tan drástica, él inquirió con que no había buena comunicación entre ellos desde hace mucho tiempo, y no soportaba ya las discusiones.

Mamá se cabreo, ella por igual estaba harta, y lo detestaba demasiado, no entendía como se habían casado. Las peleas y gritos comenzaron cuando yo iba en segundo de primaria; casi todas las tardes, volvía de la escuela repleto en lágrimas, molido por comentarios absurdos que hacían, alusivos a mi cabellera verde. Todos en la primaria se burlaban de mi por el color de mi cabello, molestaban y hacían "bullying" (como se conoce popularmente al acoso escolar), yo, pequeño, no sabía qué hacer, y me limitaba a llorar, y acusarlos con mi madre cuando me consolaba en sus brazos.

Ella le comentaba a mi padre, y a él no parecía importarle del todo, puesto que al igual que mi abuelo (su padre), detestaban mi cabello verde, y articulaba, defendiéndose, que era la culpa de mamá, que el cabello verde lo había sacado de ella, y que si se hubiese dignado, y complacido sus deseos de que me lo cortara como un niño normal, nada de esto ocurriría (y ese fue el detonante para sacar pedo de otros tantos disgustos y diferencias que tenían).

Así siguieron los días de maltrato en la escuela, y las interminables discusiones de mis padres, con las consecuencias de que este terminara durmiendo en la habitación de huéspedes. La familia se desmoronaba, y el empleo de papá que lo mantenía lejos por tiempos indeterminados y largos, terminaron completando la desolada y quebrada familia Midorikawa.

Y no le basto con defenderse con las discusiones absurdas que tenían, no, siguió, e incluso ofendió a mamá más de una vez por su aspecto, ella comento que porque mierda se habían casado si no soportaba el color verde, que jamás se hubiesen topado si era tan remilgoso y de prejuicios estúpidos. Total, siguieron gritando, teniéndome a mí, sentado, entre ambos en la mesa.

Recuerdo que solo atinaba a bajar la cabeza, y apretar la boca para no llorar, sentía que todo había sido mi culpa, que yo era el responsable por la desgracia que les acontecía, que si nunca hubiese nacido, nada de esto habría sucedido. Me perdí por unos instantes, en depresivos pensamientos existenciales, cuando reaccione en el momento que mamá se marchaba llorando a su habitación.

Escuche a papá suspirar cansado, y me volteo a ver.

-Ryuuji…- comenzó diciendo, levante el rostro, con el ceño fruncido, viéndolo con desprecio, y le escupí en la cara.

-¡Idiota, te odio!- grite, y salí corriendo fuera de casa, con la vista nublada por las espesas lagrimas que emanaban con rapidez de mis orbes negras. Esa fue la primera vez que me destroce, por algo que sabía que había hecho mal, y que me desgarraba el alma. Mi carrera término al pie de la fuente, en la plaza del centro, ahí me senté, a llorar.

Cuando escuche que se acercaban a mí, era papá. Me descubrí la cara y lo encare, estaba compungido, arrepentido, dolido por su decisión, y por cómo habían acabado las cosas, se sentó frente de mí, y lo único que atine a hacer, fue gritarle un perdón, y abalanzarme a sus brazos. Ese momento fue emotivo, y sufriente, lloraba, me desahogaba de toda la desgracia en su pecho, estrechado por sus brazos, ese fue el último recuerdo emocional que tengo de Midorikawa Kyoto, mi padre.

Al cabo que todo nuestro drama término, me regreso a casa, y se marchó, y nunca más lo vi volver.

Entre y me aproxime al cuarto de mi madre, abriendo la puerta, topándome con restos de su cabello botados por todo el piso, y su pelo largo, trasquilado, cortado hasta donde su cabecita llega.

-Mamá- dije despacio, temiendo verla. Levanto la cara de entre sus manos, y note sus ojos rojos, nublados, repletos de agua. Me sonrió, una sonrisa que jamás olvidare, una sonrisa cálida, dolorosa, y reconfortante.

-Ryuuji…- se me acerco y me estrecho en sus brazos, otro momento emotivo, que marco una unión nueva, y fuerte entre ambos.

Desde aquel entonces, que papá y yo, no sostenemos una relación amena y tranquila, a veces, muy a veces, hablamos en fechas especiales, como navidad, y año nuevo, otras tantas, se de sus cosas por cartas que acompañan sus cheques semanales (cada mes son sus juntas), pero a fin de cuentas, ni le interesa a él, ni me interesa a mí, llevar algo más serio en nuestra relación padre e hijo (con eso de que le dije mi primer grosería, no me siento orgulloso).

Ahora se entienden los complejos problemas que cargan los Midorikawa.

Luego del alboroto, y el escandalo ocurrido momentos atrás, Kazemaru bajo por fin las escaleras, confuso, preguntando lo que había pasado. Rodé los ojos y me tumbe en el sofá, no planeaba contar nada, no tenía ganas de hablar, y al parecer, Yuko tampoco, pues nadie le contesto.

Ahí, votado en el sillón, frente del televisor, me puse a pensar, recordar, y reprocharme, porque seguía ahí, cuando podía estar con la mujer más grandiosa del mundo (si, aunque sonara cursi lo es). Pero necesitaba un pretexto, para que no se sintiera como que iba por responsabilidad del hijo (le jode que las personas sean así, que solo hagan algo por obligación y no porque les nace (me lo ha reprochado cientos de veces, así que siempre busco una situación factible de la cual aprovecharme), se siente como si diera lastima, y es otra cosa que la encoleriza).

Como el clima está bastante fresco, y que mejor para curar una garganta destrozada (porque la tiene destrozada de gritos y llantos), que un tecito de manzanilla; si, Ryuuji, excelente idea.

Con mi mente procesando en primer plano el increíble y coherente pretexto que había inventado para tener la excusa de ir a ver a mamá, me encamine firme a la cocina, con los brazos alzados, lleno de orgullo.

Hace poco que Yuko la había abandonado, y se había ido a tumbarse en el sofá contiguo, viendo (zorreando) a los hermanos que hacen la Casa de tus Sueños, en Discovery para mujer. Así que esto no podía ser más fácil, el destino me estaba dando las herramientas para convertirme en el hijo predilecto de los tiempos modernos.

Como decía la abuela cuando volvíamos del Invernadero de Yuko: "No puedes tener un hijo favorito, pero siempre me han gustado los tulipanes" (una frase súper bien disimulada, al tratarme de decir que su hijo favorito es Yuko y no Yuki (aunque en estos tiempos, creo que tiene una perspectiva distinta del favoritismo hacia el prójimo (aunque seguido me aventaba un choro diciéndome lo contrario (seguro cuando se enojaba con él, pues ¿Por qué otra cosa iba a tener que hablar mal?)))).

Perdón abuela, pero son mamadas, yo favorito estoy seguro que lo soy, porque da la casualidad, que soy el único (para mamá, ya en el caso del hombre que me procreo, me la pienso bastante (bueno, tampoco me daría el soponcio saber que no lo soy)).

En fin; avente mis pensamientos retrogradas sobre el amor al prójimo, y me aventure en la cocina; un sitio exuberante y mágico, donde se crea la cosa más significativa para el hombre, el deleite más peleado por las naciones, el goce de viajar al cielo y tocar el infierno como pecadores: la comida (estoy inspirado).

Primero lo primero; poner a calentar agua (obvio, ¿cómo se podría hacer un té sin agua caliente? (aunque mamá lo toma con un poco de leche, pero a fin de cuentas está caliente también)). Segundo; busca los sobrecitos de té (no soy muy fanático de la bebida caliente, bueno, de las bebidas calientes, aunque tampoco de las frías, por lo general yo bebo las cosas al tiempo (si clasificamos el tiempo, pues frio, pero yo me refiero a ni frio ni caliente); por ende que no tenga la más remota idea de donde pone la cajita de los sobrecitos mi santa madre).

Pase unos tres minutos buscando en las alacenas, cuando me entere, de que los sobrecitos, descansaban dentro de un recipiente de porcelana justo al lado de la estufa, frente de mis narices. Total, me estrelle la mano en la frente y saque la taza preferida de mamá: una en forma de manzana, que tiene varias grietas, y pedazos pegados con cinta adhesiva, de las veces que nos hemos peleado, y la taza está cerca (y aunque le he dicho que le compro otra, siempre recibo como respuesta un rotundo no, puesto que la taza tiene valor sentimental, y no ha visto ninguna igual en las tiendas).

Cerca de los siente minutos que dure parado al lado de la estufa, esperando que hirviese el agua, ya tenía listo el té, y lo sostenía con cuidado mientras me encaminaba escaleras arriba. Yuko miraba la televisión, con su habitual rostro cansado, pero a lo visto, pareciese que estaba más cansado de lo usual; Kazemaru se había desbalagado de los problemas (porque nadie le respondió con que es lo que había ocurrido), y se encerró de nueva cuenta.

En teoría; no había nadie quien me detuviera en mi afán de consolar a mamá, y eso me agradaba (por fin podría demostrar lo maravilloso que puedo ser como hijo (a veces)). Subí las escaleras con cuidado, temiendo por no tirar nada de líquido, y claro, para no quemarme tampoco (seguro me muero de hambre como mesero), cuando hube llegado por fin hasta su puerta, me detuve, pensando, ¿Qué será lo primero que le diga, como entro, como le digo si me deja pasar? ¿Y si no quiere abrirme? No me tomare el té yo, y seguramente los otros dos inquilinos, lo rechazaran, pensando que tiene algo malo dentro (ni que fuese un psicótico homicida (aunque a veces si dan ganas de darles duro en la cabeza con un martillo)).

Respire hondo, y exhale en silencio, hice mueca dudosa, y al minuto y medio que llevaba parado ahí, toque ligeramente con los nudillos. Del otro lado no escuchaba nada más que el sonido de la presentadora de las noticias vespertinas, que anunciaba a su compañera que daría el reporte climático. Espere unos segundo, y luego escuche que mamá tocia, y respondió con un "pasa" bastante forzado y grueso.

No tenía la más remota idea de que sería lo primero que hallara al cruzar el umbral, la última vez que entre en situaciones de este tipo, su cabello se esparcía por todo el piso de la habitación, y ella estaba rota en llanto; realmente no deseaba experimentar de nueva cuenta las emociones que me invadieron (a los diez años) en ese momento: algo así como miedo, mezclado con culpa, remordimiento, angustia y pena ajena.

Para mi fortuna, todo estaba intacto en la habitación, y no se encontraba nada extraño en los alrededores, que pudiera llamar mi atención de mala manera: mamá estaba acostada en su cama, con una cajita de pañuelos, viendo televisión. Giro los ojos para ver de quien se trataba su visita inoportuna, y a mi parecer, no esperaba que fuera yo, pues su rostro hizo una disimulada mueca de sorpresa (aunque seguro trato de no demostrarla, la note de inmediato (¿tan malo me creen?)).

Sonrió de medio lado, y se abrió espacio en la cama, para que me sentara a su lado. Mis manos temblaban con la taza, y se la tendí antes de subirme.

-Te traje un poco de té…- un incómodo silencio vino de pronto -… Por lo general cuando a las personas las aquejan los problemas, o se sienten mal; las bebidas calientes sirven como apoyo y amortiguador para una charla de desahogo…

-Está bien, cariño; gracias- me interrumpió, tomando la taza y dejándola en su mesita de noche (gracias al cielo y todos los santos que lo hizo (el silencio me carcomía y fue lo primero que se me ocurrió)).

-De nada- sonreí de medio lado y me senté, recargándome en la cabecera acolchonada.

Ninguno de los dos dijo nada por un rato, solo el sonido de las respiraciones atrofiadas de mamá, una que otra sonada de nariz, y la televisión, eran las que predominaban en las cuatro paredes (ciertamente no sabía qué hacer, no sabía si preguntarle, si solo escucharla, no sabía que era lo que pasaba por su mente (¡esto es tormentoso!)).

Cuando esto llega a ocurrir, que su estado de ánimo al volver de una junta es deprimente; solo nos apartamos de ella, entendemos que es lo mejor, que quiera estar sola, y después de unas horas (incluso ha llegado a un par de días) encerrada bajo llave en su habitación, es que sale de su transe deprimente y regresa como nueva, con una actitud positiva y sonriendo como el sol. Así que quiere decir que es la primera vez que vengo.

-Se porque estás aquí, me parece raro, sí, pero entiendo- dijo de pronto, y la voltee a ver –Lo siento hijo, sé que, quizá esto te duele a ti también, que no te estoy dando el mejor ejemplo, que no he logrado ser el padre y madre que mereces para tu buen desarrollo- la voz se le empezó a quebrar, y tomo un pañuelo nuevo, llevándoselo a la nariz –Seguro te debes estar preguntando qué es lo que pasa conmigo, porque me pongo de este modo al… ver a tu padre; si ya nos separamos desde hace muchísimo tiempo. Pero…- me volteo a ver –…Yo no soy muy fuerte, yo lucho cada día por ser mejor para ti, para Yuko, inclusive para Kazemaru…

-¿Y qué hay de ti?- solté de pronto, y me miro entrecerrando los ojos, tratando de que las lagrima no escaparan de nuevo -¿Qué hay de tu fortaleza? Yo no soy bueno con los sentimientos tampoco, y como dices, quizá no te logre entender, sé que… papá y tu vivieron cosas excepcionales juntos, pero no te puedes poner de esa forma. Él es un hijo de perra- dejo salir el llanto –Un desgraciado, si, en definitiva, te hizo mucho daño, y no te debiera decir esto, siquiera debiera pensarlo así. Tu eres la persona más fuerte que conozco, y si no puedes serlo frente de él; yo estaré ahí, para ser tu muralla, para ambos ser fuertes a los problemas… Mamá, te amo, y lo último que deseo es tu infelicidad. Demuéstrale que no te aterra la vida, que tienes muchos motivos para ser feliz, demuéstrale que perdió a la persona más extraordinaria de todas: ¡Yuki! Tu eres la mejor, tu eres el motivo por el que aguanto todos los líos que me salen con estos chiflados que tenemos como huéspedes- rio –Gracias a ti, mamá, sigo adelante- puse mi mano en el pecho, y mire como sonreía entre lágrimas: me abrazo, un abrazo repleto de sentimientos, que transmitía cada una de nuestras emociones –Seguiremos adelante; juntos- otro momento por el cual, vale la pena tener buena memoria, porque no planeo olvidarlo nunca.

Como todo en la vida, aquel momento emotivo, tuvo que terminar después de unos minutos. Ambos nos relajamos, mamá se sintió mucho mejor (dejo de llorar y se tomó el té (pensé que no lo haría (ya me estaba preocupando por mi esfuerzo en vano))), vimos la tele por un rato, y me dijo que me fuera, ya estaba todo solucionado, y que no le gustaría que perdiera mi tiempo aquí, cuando podría estar haciendo algo productivo (en pocas palabras, me corrió). Le respondí con que estaba bien; la bese en la mejilla, seguido de un rápido abrazo, y me marche.

Un choque energético recorrió mi cuerpo, me sentía formidable, de buen humor, había hecho algo realmente muy bueno, y me daba cuenta, de que mis problemas no eran tan problemáticos (valga la redundancia) después de todo.

Llegue a mi cuarto, donde divise a Kazemaru frente al ordenador, tecleando rápidamente, con una sonrisa boba en la cara. Rodé los ojos (que pronto se me llega a bajar el ánimo y buena vibra) y tome un libro de la mesa de noche, aplastándome en la cama.

-¿A qué hora iremos por la cena?- gire la vista hasta la fuente de la pregunta, bufe y le respondí que más tarde, volteándome al costado opuesto, abrazando al Oso de metro por metro –Hummm… I'am bored.

-¿Y que, comiendo te desaburres?

-No hay otra cosa que hacer.

-Cuando entre se te miraba muy entretenido en la red social, que pasa, ¿tu príncipe azul y tu sapo futbolero se desconectaron? ¿O es que te incomoda mi presencia para seguir con tus charlas conyugales? Discúlpeme, su majestad- me burle, haciendo una ligera reverencia.

Este frunció el ceño, musitando un ligero "bufón", se levantó y se fue. Caray, ¿la nena se encontrara en sus días? Era extraña esa actitud en él, pero seguramente una mala noticia debió haber recibido, así que como a mí no me gusta enterarme de nada, me dispuse a entrar a la red social, en busca de que había puesto de mal humor a mi amigazo.

No pasaron más de dos horas cuando me aburrí (y no halle nada interesante), y Kazemaru llego corriendo, gritando con que ya era hora de cenar. Suspire cansado, y me fui escaleras abajo con él.

Pregunte a mamá a través de la puerta si gustaba de algo, y solo dijo que un hot dog y unas papas, Yuko encargo dos hot dogs, y yo tome las llaves y nos fuimos rumbo deseado.

-¡Life in plastic, it's fantastic! - el trayecto hasta el pequeño puesto de comida chatarra no era largo, unos seis minutos de casa, a una velocidad constante, sin interrupciones del copiloto, que se la pasaba fregándome, cantando a un volumen considerablemente alto, y jaloneándome del brazo, diciéndome que había visto esto y el otro (la próxima vez lo mandare a pie).

Llegamos, y me estacione al otro lado de la calle, a unos metros frente del establecimiento. Divise a lo lejos al hermano de Sakiyama, ayudando a sus padres en la vendimia, a unos cuantos compradores, y por supuesto al mismísimo Sakiyama Syuji. Subí un poco me vidrio y me encogí en el asiento, no deseaba que me viera.

-No seas ridículo, todos los días lo vez en el salón- me dijo Kazemaru, abriendo la puerta para irse.

-Sí, pero eso no significa que me agrade verle la geta fuera del colegio- rodo los ojos y se fue. Suspire cansado, esto llevaría algo de tiempo.

Me alegre mucho de que Nozomi no estuviera ahí (usualmente se la pasa con la hermana de Sakiyama, en la iglesia que esta atrás de ellos, pero escuche (hace ya tiempo) que los servicios de jueves terminaron, así que no tengo la más remota idea de lo que haga).

Esculque el auto, en busca de algo entretenido, pero no había nada, Yuko lo limpio antier, y tal parece que lo hizo bien esta vez. Me recargue en el asiento y voltee hasta Kazemaru, donde lo vi coqueteando con el hermano mayor de Sakiyama (estúpido, le encanta meterse en broncas (ah no, es que su naturaleza así es)). Mis ojos se perdieron al no ver más a mi compañero de clases, preguntándome en donde se había escabullido. Cuando un golpe seco de unas manos azoto en el vidrio y sus ojos negros muy abiertos, me sacaron de orbita, dándome un pequeño ataque al corazón.

-¡Midorikawa!- grito, y su voz distante por el cubre bocas me hizo temblar.

-…Sakiyama… ¿de dónde mierda saliste? ¡Casi me matas del susto!- le reclame (como si su cara fuera tan bonita para que te aparezca de repente), este se separó y rio, tan siniestramente, que me pareció una mala parodia terrorífica.

-Oye, tranquilízate viejo, esa no era exactamente mi intensión- y siguió riendo, yo hice mueca de sonreír, y la deje salir de manera irónica, no me agradaba para nada su compañía –Me pareció raro que no te bajaras con tu amigo…-alzo las cejas –Me preocupe.

-Sí, claro, y yo soy Bilbo Bolsón ayudando a los enanos a recuperar sus tierras- lo encare de una manera severa, y nos sostuvimos la mirada –No me andes con payasadas, muy bien me has de caer.

-Pues el sentimiento es mutuo- en un rápido movimiento, se pegó al vidrio, y sus ojos denotaron una expresión loca –Pensé que ya no te volvería a ver por aquí, después de lo que le hiciste a la pequeña Kinki, a nadie le agrada tu presencia, y menos con semejantes adefesios sociales que traes contigo; vete a encerrar en tu cuevita bajo tierra, hobbit, que ya hay suficientes saqueadores cobardes en la superficie- hablo amenazante.

-Quisiera imaginar que tu insulto tiene algún sentido para mí, antes de pensar que no tenías nada bueno que decir, pero querías sacar pedo de tu prima otra vez, y te apegaste a mi primer ejemplo burlesco, creyendo que eso me llegaría a ofender… ¡Oh, uh, ohu! Patético que eres- frunció el ceño durísimo, y se arqueo, golpeando con el puño mí vidrio.

En eso, Kazemaru llego y se subió al coche, notando la presencia de Sakiyama, lo saludo moviendo la mano, y este le clavo la mirada, deformado la sonrisa estúpida de buena gente de mi amigo, arreglándola por una mueca confusa.

-Bueno, fue un gusto saludarte, nos veremos mañana- termine, mostrándole el dedo medio, y arranque, largándonos del lugar.

-¿Qué fue eso?- pregunto desconcertado Kazemaru.

-Mamaditas- fue lo único que dije, y el resto del trayecto me lo lleve en silencio; que madres, si cree que voy andar dejando que golpee el auto de mi madre, está loco. Me sigo sorprendiendo por descubrir lo pendejas que llegan a ser las personas cuando las conoces bien; tendré que recordar esto para la posteridad, y la próxima vez que quiera una hamburguesa.

A la mañana siguiente, me levante con un tremendo dolor estomacal (seguro fruto del karma (por haberle hecho una señal obscena a Sakiyama (o posiblemente le puso algo malo a la hamburguesa que comí))), por ende que salí corriendo de mi habitación, directo al baño. ¿Para qué? Estuviera ocupado por más ni menos que mi buen amigo.

Comencé a golpear la puerta desesperadamente, gritándole que se apurara, y me respondía que la belleza cuesta, que me esperara unos minutitos más. Harto por semejantes idioteces, tome las llaves del pomo que cuelgan al lado de la puerta, y la abrí, topándome con un Kazemaru en bata de baño, con el cabello envuelto en una toalla, y una mascarilla bien proporcionada en la cara.

-Te dije que esperaras.

-¡Que madres!- lo tome del brazo y lo empuje hasta afuera, cerrando tras de él con llave.

Así, un poco más tranquilo, me senté a atender mis necesidades fisiológicas. No fue mucha mi calma, cuando voltee hacia la regadera, y mire la cabeza de Yuko asomándose por la cortina, observándome inquisidoramente.

-¡Qué onda!- grite, y rebusque a mí alrededor, en busca de algo para cubrirme, tomando el rollo de papel (fue lo primero que halle).

-Ay, como si tuvieras algo que no haya visto ya- contesto como si nada, y regreso a su ducha.

-Maldita sea Yuko, ¿Por qué mierda te estas bañando, si Kazemaru estaba aquí hace unos momentos?

-¿Y qué? Yo estoy del otro lado, me pidió si podía entrar a tratarse el rostro, y le dije que sí, eso no tiene nada de malo.

-No pensé que fueran ya tan amigas…- murmure, y gracias a la sorpresa que me dio, toda mi inspiración se terminó yendo, me acomode, y largue de ahí.

El camino al colegio fue realmente insoportable, el dolor de estómago me regreso, y como Yuko había arruinado mi tranquila cita con el W.C., las ganas de atender mis necesidades fisiológicas volvieron; solo divise el primer edificio de Raimon, corrí lo más rápido que pude (y que me lo permitieron mis piernas y estomago), hasta llegar al baño más cercano.

Fue tan maravilloso, esa tranquilidad, ese desahogo (aunque sea algo asqueroso, es bueno para todos), nada (ahora sí) había arruinado mi momento de paz. Pero claro, Ryuuji nunca tiene momentos apacibles, y justo me levantaba y estaba a punto de bajarle la palanca, escuche como entraban más de una persona al baño, charlando de algo que me llamo mucho la atención: Hiroto.

-Güey, no mames, eres tan maricón que no duras ni una hora separado del espejo.

-Idiota, mira quien lo dice- me pegue a la puerta, tratando de escuchar de quienes se trataba –Oyes, ¿supiste qué onda con la buchona de Reina y el maricón de Hiroto?

-¿De cuándo acá te interesan esos dramáticos? Yo creo que saliste del closet como el afeminado de Fancy, y te preocupa que ya hayan regresado aquellos dos porque también te gusta.

-¿Regresaron ya? ¡No jodas! Pensé que el enojo le duraría poquito más a Reina, seguramente Saginuma no le dio duro contra el muro como le da el otro.

-Pinche viejo baboso, hasta crees que se la iba a tirar a la primera, muy zorra se ve, pero es más difícil de lo que crees.

-¿Neta, experiencia propia?

-Ya vez- baje la palanca del inodoro –Ya vámonos güey, ya chismeaste suficiente- escuche las pisadas de Mutou y Segata marcharse.

Eso me había pegado más duro que la hamburguesa contaminada: chales, que feo ser tan idiota.

Pase alrededor de quince minutos botado en el piso del cubículo del baño, recargado en una pared, con la cabeza en las rodillas, esperando que el nudo que sentía en el esófago desapareciera. Así que no quería tiempo para él, sino tiempo lejos de mí, ¿enserio? No Ryuuji, no pienses eso, los ángeles no mienten ni engañan, algo debió haber pasado, algo más, de algo te estás perdiendo (checa de quien lo escuchas, por favor (esos idiotas seguramente solo hablan por hablar)).

Suspire cansado (ya me empezaba a doler el coxis de estar sentado) y salí del cubículo, lavándome las manos y rostro en el lavamanos, deseando que los ojos irritados se me disimularan, y la nariz enrojecida pareciera solo una mala jugada de la conjuntivitis; pero no, mi cara era un claro ejemplo de cuando una persona pasa alrededor de quince minutos llorando, sin consuelo, y tratando en vano de calmarse.

-Mi…

-…dorikawa- conteste, completando la frase que seguro no conectaba en sus recuerdos de buscar mi nombre.

-¡Midorikawa! Hace mucho que no te veía tan tranquilo…- palmeo mi espalda, pero a los pocos segundos se dio cuenta de lo mal que estaba esa acción, y limpio el sitio con la manga de su chaqueta.

-Sí; al parecer mi vida ya no tiene momentos tranquilos, ¡soy todo un aventurero!

-¡Así se habla!- sonrió ampliamente y comenzó a lavarse las manos –No te escuche entrar.

-Ni yo a ti; ya es algo tarde como para estar fuera del salón, ¿no te parece?

-Lo mismo te digo.

-¡Cierto!- afirme guiñando el ojo y apuntándolo (con mi rostro súper bien fingido), este atino hacer lo mismo, y el resto del lavado fue en silencio (lo agradecí a mares, puesto que no toleraba esa actitud tan positiva (odio a la gente feliz (pero no a cualquier gente feliz, sino a esa que se la pasa hablado de lo maravillosa que es su vida, de los logros que ha hecho, de lo bien que le va, sin calla alguna, y sin preguntar cómo le ha ido a la otra persona (me caga, porque, ¿qué es lo que les puedes decir? Si, aja, muy bien, me alegro por ti; cuando en realidad se me antoja gritarles en el rostro: ¡no me interesa tu vida, a mí me va de mierda, calla tu puta boca!)))).

Cuando se hubo acabado de lavar las manos Tsunami (porque de él se trataba todo el tiempo (no recordé hasta horita su nombre)), salió sin decir nada, y yo suspire aliviado de que se hubiese ido, necesitaba un respiro de la gente con buena vibra, estaba deprimido, molesto, furioso, confundido, y lo que menos quería, era lidear con sonrientes descerebrados que a nadie le hacen mala cara, y quieren que en el mundo reine la paz y la felicidad (¡mamaditas!).

¡Basta de monologar sobre mi estado de ánimo! Salí del baño, y a mi izquierda, recargado en la pared con los brazos cruzados y el semblante serio, Tsunami me esperaba. No dije nada, mi rostro se tornó confuso pero solamente, me miro, y volcó su cara a la misma sonrisa idiota de siempre. Camine y este me siguió, diciendo que sería bueno que me acompañara, que de cualquier forma vamos prácticamente al mismo sitio (le mentí diciendo que iría a mi salón a las clases en las cuales, de seguro me habían puesto falta o retraso (la verdad es que es viernes, y sabía que la adorable profesora de química los llevaría al laboratorio a entretenerlos como monos curiosos con los utensilios plásticos)).

Llegamos a la puerta de mi salón (después de escuchar sin calla sus conversaciones odiosas sobre el mar), y antes de abrir, me voltee y le dije que gracias por la compañía, me despedí con un apretón de manos, y espere a que entrara a su salón (que se ubica a unos cuantos metros del mío), antes de suspirar nuevamente, cansado, y echarme a andar para el patio trasero; no tenía ganas de rendirle explicaciones a nadie por mi retraso, o en su defecto, ausencia (me sobraría los sermones de todos y me ausentaría de todas las clases que tengo antes del receso).

Llegue hasta el jardín trasero que se ubica al lado del club de soccer, donde me tire en el césped.

Las terribles cuatro horas de clases, se fueron volando, mientras yo descansaba, inútilmente, tratando de dormirme, en el zacate, soportando las charlas cursis sin sentido común que mis buenos amigos sostenían a un lado mío (solo sonó el timbre, se pusieron a buscarme como locos (eso es lo que me contaron), me encontraron, y se sentaron a almorzar, con migo de por medio, tirado en el suelo sin hacerles mucho caso).

Me preguntaron qué es lo que había pasado conmigo, no les quise responder, y basto para callarlos del tema, pero no pudo empeorar con la siguiente conversación que sacaron: San Valentín.

Su puta madre y febrero.

Los escuche chacharear sobre que regalarían, que harían, como la pasarían, que los de ultimo año tendrán una "quermes" organizada, de lo más linda. Y luego, me preguntaron.

-Y tu Ryuuji; ¿Qué harás este catorce?- abrí un ojo y mire a Afuro, que me observaba inquisidor, al igual que los otros dos.

-Nada; no tengo pareja como para tener un encuentro casual romántico sanvalentinesco, o dinero, ni mucho menos el sentimiento para regalar típicas teteritas de bebé que terminaran botadas en la basura.

-No seas negativo, además, no solo es el día de los enamorados, sino también de la amistad- afirmo Sakuma.

-Sí, ¿qué es lo que me regalaras?

-¡Y a mí!- gritaron Kazemaru y Afuro. Suspire, rodé los ojos y torcí la boca, me incorpore, y le arrebate el pequeño contenedor de la comida a Afuro, y les grite; "lo mismo que me dejaron de comida: ¡gordos retrogradas!".

Tras una semana, el tan esperado catorce de febrero llego con un viento fuerte y congelante, pero agradable, que al rato, termino por dejar un día caluroso y acogedor para los enamorados, que desde temprano, caminaban de la mano, con los brazos llenos de regalos y las sonrisas estúpidas de enamorados.

Me aislé totalmente en la semana, de Hiroto y esos temas desagradables (Reinita). Por ende, el día viernes, me levante con algo de humor negro, toxico y agrio, que se hizo notar en cuanto Kazemaru abrió su presente que era de mi parte: una tarjeta del supermercado con diez puntos para gastos menores.

Este día en particular, nos dejaron llevar pantalón de mezclilla, con la camiseta de Raimon; los de los clubes deportivos podían llevar esa, así que más o menos era un viernes casual. Total, gracias a la buena vibra de mi amigo (que no se le decayó ni tantito con mi obsequio), mi cabello estaba recogido en un chongo con un broche, muy detallado, y mis brazos sostenían las rosas que llevaba para presumir, de que su amado de Inglaterra se las había enviado por el catorce.

El día anterior, o sea, el jueves; los de ultimo año habían aprovechado nuestra ausencia del salón (el agradable profesor Hibiki se enfadó de tantas horas que tenía con nosotros, y nos decidió sacar al campo a un amistoso encuentro deportivo de beisbol (el cual mi equipo gano (soy un buenazo))), para dejar su enorme cartel de promoción a las actividades que realizarían este día, y propuestas indecorosas que muchas chicas le habían dejado a Hiroto para que se casara con ellas.

En cuanto Kazemaru y yo cruzamos la reja, nos quedamos impactados por lo que no vimos; nada, soledad, parecía un día cualquiera de clases. No había adornos, ni puestos de vendimias, mesas llenas de regalos, el registro civil tenía una cinta que cubría la entrada, la cárcel otro cartel donde se anunciaba su horario, muy a lo lejos, en las áreas verdes, unas cuantas parejitas descansaban con sus obsequios frívolos; prácticamente, era el peor San Valentín de Raimon.

Tuve que llevar hasta dentro del edificio a mi amigo casi a rastras, pues le pego un mini ataque al corazón, por ver la atrocidad de día que no se suponía debía ser este.

La primera hora paso de lo más normal; las clases aburridas de Suzume, que como ya había terminado el bimestre y esperaba recuperación de sus alumnos, solo nos dejaba hacer un estúpido trabajo y ya, el resto de la hora eran puras chácharas.

No paso desapercibido el día tan especial que era este en mi grupo; todos se regalaban cositas; el Mago del Futbol, como buena gente que es, le regalo a todos una paletita de corazoncito, súper tierno; Hiroto se había llenado de regalos por igual (uno era mío, pero no supo nada (a pesar de lo que paso la semana pasada, aun lo sigo queriendo, además, como me aislé, supere temporalmente la perdida y la bloquee para darle vueltas al círculo vicioso en el que me mete)).

Cada año escogen al más idiota de los inadaptados de Raimon para humillarlo sutilmente, con el pretexto de que difundirá alegría y amor a todas las personas amargadas que están deseosas por sentirse queridas por alguien más; para vestirlo de Cupido y mandarlo por todo el colegio repartiendo chocolates que anónimamente se depositan en un buzón (todo alumno de Raimon tiene derecho a mandar gratuitamente (proporcionados por el comité estudiantil) los chocolates que guste a quien quiera (especificando con una nota para quien van dirigidos)) para hacerla de presente amoroso.

Esta vez, le toco a ni más ni menos que al baboso de Endou, que no rechisto en andar con pañales por toda la escuela repartiendo amor (el lema con el que los convencen).

Por lo general, siempre habrá jerarquías en las escuelas, los populares, los nerds, los deportistas descerebrados, los perdedores, etc., por ende que se identifica y se sabe con anterioridad, quien recibirá este año, más chocolates que nadie (otra de las relevantes tradiciones de Raimon, es que quien reciba más chocolates en San Valentín, será compensado con un presente de los de último año, su fotografía estará en el periódico mural del primer edificio, y se postulara como Rey o Reina de Corazones por una semana entera, tendrá promociones en la cafetería, privilegios en la materia que desee, y dos días de faltas injustificadas (son bien mamones aquí en Raimon)); Kazemaru fue uno de los favoritos, contando con veintidós chocolates amargos y rellenos de cereza, Natsumi fue otra favorita, al igual que Kii y Afuro (claro que de esta tradición, vetaron de por vida a Hiroto, pues siempre ganaba (ya que esta tradición no solo es para San Valentín, como en Raimon son bien mamones (como ya dije) les encanta el pedo de andar haciendo mamaditas cada que tienen oportunidad (disque para impulsar el estudio y motivación en el alumnado))).

En fin, quitando todo lo malo (o mejor dicho, mis descripciones negativas de las festividades y actividades del colegio), este día estaba yendo de manera normal.

Me recargue en la mesa del pupitre a observar a todos los de mi grupo, como canturreaban alegres de la felicidad que les proporcionaba este día, otros tantos, insultaban disimuladamente, y hacían complots contra otros tantos; así es como se pasa El Día del Amor y de la Amistad en Raimon.

El sueño me empezó a llegar, los parpados me pesaron, bostece alrededor de unas siete veces, me desbalague de las conversaciones absurdas de mis amigos, y poco a poco terminaba yéndome a un dulce dormir que aliviaría (esperaba) mi compungida vida amorosa que estaba por los suelos (más bien; ni existía); cuando mis ojos a medio cerrar, se desviaron a cierto mesa banco unos pocos delante del mío: Hiroto.

Ya lo había notado antes (como si no lo viera seguido), volteaba cada cierto tiempo para mi dirección, con una expresión decayente y sombría, algo así como deprimente. Me pregunte mentalmente, ¿Qué le pasara? O ¿Qué pasara conmigo?

Las chicas estaban sobre él (figurativamente) y no lo dejaban hacer nada más que estar postrado en su silla, sonriendo forzosamente y soltando una que otra palabrilla insignificante. Poco rato paso, y estas fueron separándose, dejándolo solo. Se quedó unos instantes mirando la mesa, donde descansaban su montón de obsequios cursis, y después levanto la cabeza y me miró fijamente, con sonrisa compareciente; enarque una ceja (¡¿Qué pasaba, que iba hacer, que planeaba, que ocurriría?! ¡Me estaba carcomiendo la duda!).

Se levantó, caminando muy lentamente hacia mí, sin despegarme la vista, yo se la sostuve, pero en mis ojos se notaba mucho más miedo y nerviosismo que altanería y confianza, como había cambiado su mirada. El hámster dentro de mi cabeza, y el pequeño Ryuuji mental, se hiperventilaban, sudaban a mares, y corrían en círculos por el cuarto que representaba mi estado de ánimo en esos momentos; gritando como desquiciados, preguntándose qué hacer.

Llego hasta mí; me recargue en el respaldo, nuestras miradas seguían sin despegarse, una conexión fuerte, que parecía no tambalearse por nada; se recargo con las manos en la mesa, y mi respiración se cortó, mi rostro se estupefacto y parecía que el mundo entero había desaparecido, y que solo nosotros dos, dominábamos el momento, y éramos materia flotando en el espacio.

-Ryuuji…- pronuncio suavemente, con un hilo de voz, lo que me hizo estremecer, y un escalofrió recorrió mi espina. Sus labios se movieron, a punto de seguir hablando; en eso, entro la secretaria, diciendo que necesitaba alumnos que la pudieran acompañar a ella y a un maestro a la delegación, para formar parte de los presentes en la inauguración de la obra de la calle que arreglaran (porque están arreglando la calle que pasa por enfrente de Raimon (es un verdadero desmadre)), preguntando quien se ofrecía a ir.

-¡Yo!- no titubee, ni lo pensé por más de dos segundos, cuando ya estaba de pie junto a ella en la puerta, viendo como otros de mis compañeros se levantaban también para ir, entre los cuales no se encontraba Hiroto.

Cuando hubo recogido a los chicos, nos marchamos, pero antes de salir por completo del salón; mire por la puerta a Hiroto, con su rostro compungido, la mirada perdida y brillante, frente a mi mesa banco, con los hombros caídos y la dignidad destrozada; decepcionado.

No podía evitar divagar en cada conversación que "sostenía" con Mataro (realmente esta tan tonta (sin ofender, pero sus pláticas carecen de sentido común, coherencia, e inteligencia, inclusive peores que las de mis amigazos que quiero tanto, claro)), viendo por la ventana del pequeño auto del profesor Sushillo (el estúpido apodo con el que todo el mundo conoce a Saionji, maestro de artes y cocina en los clubes especializados (pero siempre anda metiendo sus narices en todo lo relevante de la escuela); le dicen así, porque su especialidad es el sushi, además de que diario, trae de almuerzo sushi bolas (y como es de esos maestros llevados, por ende que nadie recuerde su nombre y todos le llamemos por su sobrenombre)), que no es más que un pequeño Jetta plateado (iba apretadísimo, con Mataro a un lado, Tachimukai (del otro grupo), Ichinose, y sobre este, Kino, enfrente, venia Kabeyama (en el otro carro, con la secretaria, venían otros de mi salón, y el resto eran de ultimo grado que no quisieron nada que ver con los preparativos del día festivo)).

Llegamos en unos pocos minutos (¡gracias al Cielo y todos los Santos!), y nos dispersamos por el pequeño espacio que conformaba el estacionamiento y jardín de la Delegación (vi llegar un Camaro amarillo, con unos enamorados a punto de casarse (que babosada tan mas grande), como acomodaban sillas y carpas para la inauguración, y los presentadores venían de acá y haya preguntándole cosas a los presentes, anotando en su tablita de secretarios, y a la gente chismosa metiche de la comunidad que le encanta el pedo y entrometerse en todo).

Me senté en el suelo, y un perro se me acerco, sentándose a un lado mío (si alguno de mis amigos hubiese estado aquí, no dejaría pasar la oportunidad de sacar fotos y burlarse de mi), suspire, y me empezó a lamber, lo cual, no pasó desapercibido por Kino, que hizo justamente lo que mis amigos hubiesen hecho, junto con Ichinose.

No había otra cosa en mi cabeza que Hiroto y el extraño comportamiento que tuvo antes de que me fuera, no llegaba a entender porque había actuado así, y como es que yo hui cobardemente. Algo debía hacer, y pronto, no dejaría esto así nada más; pero por el momento, trataría de relajarme y disfrutar el maldito calor del sol sobre mí, y la saliva del perro en mi cara.

La ceremonia de inauguración no pudo ser más desastrosa y tardada. El calor no ayudaba en nada, y menos mis compañeros, que todos eran descerebrados y no compartía con ellos tal sentimiento menos que el de conocidos (bueno, Kino me agrada, pero Ichinose no, y se la pasa con él, ha Tachimukai nunca le he hablado, y la compañía que tenía en ese instante, no era muy de mi agrado (Henmi, he llegado a detestar a todos los conocidos "Pingüinitos Imperiales" (un club imaginario donde se reúnen en las tardes a planear como conquistar el mundo mediante comics en donde él es el villano y los demás sus secuaces (divague, realmente no sé qué hagan, pero así se conocen todos ellos)), que lidera Kidou (¡con lo bien que me cae!))).

A parte de que dijeron mal el nombre de Sushillo, nos burlamos de él, y en el regreso tuve que yo llevar a Kino en mis piernas (y no pesa dos kilos la señorita), al llegar al colegio; ya no había nada.

Todos los puestos, cerrados, la mayoría de los alumnos ya se habían ido, el patio se rebozaba de basura colorida, y ahí fue cuando vi llegar corriendo a mis tres amiguitos, con los brazos repletos de regalos y con sonrisas de imbéciles en la cara (sin ofender, así nos llevamos).

-¡Ryuuji, de lo que te perdiste!

-¡Fue un San Valentín maravilloso!

-¿A que no sabes con quien me case?

Comenzaron hablando (gritando) todos al mismo tiempo, mientras contaban cada quien de su lado la romántica historia que habían vivido hoy.

¿Esperaban realmente que les prestara atención? Sus voces chillonas y emocionadas me marearon más de lo usual, me sentí presionado, deseando mentalmente el haberme quedado en la calle y regresar a casa caminando, cuando sentí que me jalaban del brazo, y Afuro tendía un papelito rosa pastel doblado por la mitad, frente de mí.

-¿Qué es eso?- pregunte incrédulo, no esperaba alguna declaración de amor, numero o cita puntual a tal parte (seguro era una frase escrita de improviso para levantarme el ánimo (seguramente notaron mi faltosa alegría, cambiada por desgane y desagrado en general)).

-Tómalo, me dijeron que te lo diera- respondió con seriedad, apenas y me creí que se tratara del amigo rubio que tengo. Enarque una ceja, y solté una risa irónica. Se lo arrebate de las manos, con un efecto súper dramático, para darle toque a la situación extraña que estaba viviendo este día en particular, y ahora si mis queridísimos amigazos, ya habían calmado su parloteo y me miraban interrogantes.

Abrí el papel entre mis manos, y con una perfecta caligrafía roja leía: "Perdona por ser tan idiota y no ver lo que hay frente de mis ojos, cegarme por el recuerdo marcado y no prestar atención a las oportunidades futuras que me regala el destino; eres bueno, te quiero. Kyh.".