Hola, mundo Fanfiction, actualizando nuevamente. Gracias por todos sus comentarios positivos, me hacen feliz n.n
Regreso con capitulos cortos, espero no se molesten, este es complemento, disfrutenlo, el proximo si ya estara larguito :)
Disclaimer: Inazuma Eleven no me pertenece.
Inclinación By Madoka
Capítulo 16: Complemento del Capitulo Anterior
El Rose's Palace es el sitio idóneo para la sana convivencia, ingesta de azúcar desmesurada, alcohol sin cabida de escrúpulos y glamour al alcance de todos. Una simple y estética cafetería que se auto denomina "vanguardista" y aloja inquilinos de cierta categoría, reservándose el derecho de admisión, sin la necesidad de responder o aclarar dudas. Ahí fue a donde pare con mis amigos y el pobre de Arata, en su funesta propuesta de tener una cena conmigo (lo cual me ha tenido inquieto durante toda la tarde).
Tras la inesperada llegada de estos al teatro, me bajaron, tire a la basura el traje y nos marchamos rumbo de algún lugar bueno para comer (destaco que mis amigazos, traían consigo la vibra de la sidra con alcohol que sirvieron en el comedor posterior al Festival (y deseaban seguir divirtiéndose, con mi presencia (debía ser el conductor designado (aunque no anduviésemos en auto, yo sería el responsable del trabajo sucio: tener que llevármelo a rastras hasta la casa)(me niego rotundamente a beber altas cantidades de felicidad con ellos (además de que ya le había dicho a Arata que iría con él (le dije que si no quería pasar vergüenza con estos tipos, podíamos posponer nuestra salida para otro día, pero no quiso, y dijo que así estaba bien)))))).
Después de unos minutos caminando, Afuro grito que quería comer en este lugar, entramos y nos sentamos en una mesa junto a la pared. El establecimiento era bastante grande, en tonos claros, con grandes ventanales, pequeñas salas de recreación, mesas con sillones, pinturas abstractas de colores llamativos, una barra, y meseros de traje (ya no tengo dudas de porque les gusta tanto venir aquí).
Afuro y Kazemaru apretujaron en medio a Arata del lado izquierdo, y Sakuma se sentó conmigo del otro lado, en eso, el mesero llego con una sonrisa, arreglado y guapo.
-Buenas tardes, caballeros, ¿puedo servirles algo de tomar?- pregunto amablemente, sacando su libretita y bolígrafo para anotar.
-Un beso francés- dijo Sakuma.
-Sexo en la playa- continúo Afuro.
-Un orgasmo cosmopolita- termino Kazemaru, tirándole un beso, soltando la carcajada los tres; no me evite el estrellarme la mano en la frente (estos tipos estaban más que pasados de copas, ¡ya estaban ebrios! (comencé a sentir una terrible pena ajena por Arata)). El mesero hizo cara de pocos amigos.
-A mi tráeme una sangría de lata- dije de pronto sobre las risas de los otros, para ver si podía calmar un poco el penoso ánimo del chico.
-A mi igual- se apresuró a decir Arata.
-Enseguida- respondió y se marchó.
Era sumamente bochornoso estar al lado de ellos, y más cuando no estaban con sus facultades mentales debidamente (aunque nunca lo han estado, ciertamente). Después de la humillación al mesero, este trajo exactamente lo que habían pedido (increíble que existieran esos tragos), y las sangrías en un bonito high ball con mucho hielo.
Ordenamos platos ligeros; ensaladas rusas, panecillos integrales, unos pretsels, y como postre, bombones rellenos de rompope (para seguir rellenándolos de alcohol (ojala y mañana amanezcan con tremendas crudas)).
Nos habíamos relajado, la tarde trascurría con tranquilidad, Arata se veía contento, conversando trivialidades con los amantes de lo ilegal y yo comía sin prestarles mucha atención, cuando escuche como gritaban mi nombre desde la entrada, voltee enseguida, topándome con los enormes brazos extendidos de Hijikata, acercándose junto a Miura (a lo visto, este venia igual de alegre que mis buenos amigos (Miura traía su cara de flojera como siempre)).
-¡Que gusto de verlos aquí! ¿Puedo sentarme?- no espero respuesta, y empujo a Sakuma, apretándome contra la pared; estos saludaron de muy buena gana, y Miura fue un poco más decente, pidiendo un banco para sentarse -¿Bebiendo sin mí?
-No te preocupes, apenas estábamos calentando- guiño un ojo Afuro, moviendo la mano despreocupado.
-En ese caso, ¡Mesero, traiga una ronda doble de lo mismo!- y todos comenzaron a aplaudir y festejar (exceptuándome a mí, que desaprobaba la actitud que todos habían tomado (capte que arruine la salida de Arata, pues él no es de este tipo de personas, y conociéndome, sabe que yo tampoco, supongo que solo quería pasar un rato agradable y ameno, no alrededor de estos borrachos)). Suspire cansado.
-Debo ir al baño- dije, tratando de salir de aquel reducido espacio.
-Ay si, el Santo Católico y Apostólico Midorikawa no quiere quedarse a beber, no seas…- dijo Hijikata, levantándose y tomándome de la chaqueta, alzándome por sobre la mesa, dejándome a un lado; me soltó, me sacudí, y salí de ahí.
Agua fresca, baños limpios y reconfortantes, era lo que necesitaba para relajarme y sacar de mí, toda aquella disparatada situación en la que me había metido. Los baños, raramente, siempre han sido de mi preferencia, no cualquier baño, obviamente, los bien cuidados, impecables y detallados; es el lugar donde más tiempo paso (a veces), donde puedo pensar mejor (cliché), y a cualquier restaurante, casa, escuela, edificio, etcétera, que vaya, no puedo no entrar al sanitario, sino, no me siento tranquilo; es como una manía, o tradición, no sé, pero no podía dejar de lado visitar el de este local.
Salí después de un rato frente al espejo (porque yo cuando voy a un baño ajeno, usualmente solo es para lavarme las manos, el rostro, o verme, no para atender mis necesidades fisiológicas (es asqueroso e imposible)), observe de reojo la mesa donde se encontraban todos: cantaban, festejaban y brindaban, levantando sus copas, tomándoselas de un trago y pidiendo más.
Negué y me dirigí hasta el acuario rustico que tenían frente a una ventana, al lado de la barra; los peces se veían horribles, taciturnos, cetrinos, esperando solo la muerte, o la desdichada vida en prisión (aquí no hacen pescado), me dio congoja, y me puse a pensar, ¿Qué sentirá, o pensara Arata en estos momentos?
Él, entre nosotros, es el más joven, no bebe, es muy amable, casi, casi puedo decir sugestionable, aunque se defiende con que es muy inocente, tímido, algo asustadizo, no tiene alguna discapacidad mental, ni mucho menos, pero a veces no entiende bien de lo que los demás hablan, haciéndolo sentir menos, como un tonto, por ello busca incansable el agradar y poder ayudar en lo que pueda, no inquiere con facilidad en las jergas, tampoco tiene muchos amigos (va en primero B, y no todos son muy agradables), pero a fin de cuentas, es un chico excepcional.
Yo lo conocí en el club de rugbi, si, juega, entro a mediados de este año, cuando yo estaba a punto de salirme; durante el poco tiempo que pase con este, le enseñe todo lo mejor que pude, algunos de mis trucos, y nos hicimos buenos amigos (junto a Miura y Hijikata); comenzó a cambiar, logrando así, quitársele la timidez, aprendió nuevas maneras de expresarse, de entender mejor las cosas, en fin, el rugbi lo convirtió en una nueva y mejorada persona (argumenta que fue gracias a mí, pero yo no merezco llevarme ese crédito).
Se decepciono mucho al saber de mi partida, pero siguió entrenando, y ahora suple mi puesto (cuando me entere, declaro que jamás podría ser tan bueno como yo, pero que lo intentaría, que me estuviese tranquilo), nunca dejamos de lado la comunicación, aunque comenzó a distanciarse y hacerse menos (por eso me inquieto la invitación).
Estaba tan envuelto en mis pensamientos, que no me fije cuando Miura llego y se paró a mi lado, viéndome con su rostro flojo (igualito que Yuko, el vale madres de Hera, y algunas ocasiones yo).
-¿Por qué tan pensativo, muy interesante la vida monótona de un pez?
-Poco más llamativa y vivaz que la mía- rio, sonreí de medio lado.
Miura y yo entramos juntos al club, este va en segundo B, y nuestra comunicación no era muy buena en ese entonces. A los de nuevo ingreso, Hijikata (capitán y entrenador) los presionaba de maneras descomunales y abrumadoras, entre él y yo, nos apoyábamos mutuamente, éramos constantes en los entrenamientos, y pronto teníamos ritmo y condición esenciales para el equipo, por lo que nos convertimos en favoritos del capitán (y mejores amigos).
Cuando supo de mi partida, no dijo nada, y solo simplemente dejamos de hablar, sin más.
-A lo que iba, deja ya tus bromas de mal gusto- saco un papelito del bolsillo trasero del pantalón y me lo entrego. Lo desdoble, leyendo entre líneas una invitación a un juego de rugbi entre Raimon y una secundaria estatal –Jugaremos temprano el sábado de la siguiente semana, si gustas ir a apoyarnos- y me sonrió con su rostro cansado.
-Cielos, no sabía que los de rugbi se habían puesto tan mamones y monos para empezar a hacer invitaciones ¿es acaso que ya nadie va a aplaudir ni gritar en favor?
-Ja, ja, y tus chistecitos, Fancy, no han cambiado en nada. Desde que perdimos al jugador estrella, a nadie le interesa un deporte a matar.
-Que estúpido eres…- sonreí con melancolía, viendo el papel entre mis manos.
-Ve, idiota; ¡te estoy invitando yo!
-Sí, sí, seguro voy- nos sonreímos sin más, pasándome por la mente, un sinfín de recuerdos, de cuando mi vida tenía sentido.
El dinero, la comida, y los ánimos, se marcharon en cuanto la noche llego. Hijikata se ofreció a escoltar a sus respectivas casas a Afuro y Sakuma, siguiendo con las risas y bromas causadas por el alcohol, Arata se despidió de mí, agradeciéndome la "amena" tarde que pasamos (me llego a confundir mucho, pero no dije nada) y se fue con Miura y el otro trio; yo por supuesto, tuve que llevarme a Kazemaru conmigo.
La noche estaba fresca, la luna brillaba y el viento se vino. Kazemaru caminaba a mi lado, se veía bastante lucido, a pesar de haberse tomado tres Orgasmos Cosmopolita, cinco Martini de manzana, y siete Banderitas. Metí mis manos en los bolsillos de la chaqueta y seguimos caminando por la banqueta (que gran idea de comer en un local bastante retirado de casa, y regresarnos a tales horas, y que el desgraciado aire se soltase).
-Oye Ryuuji- dijo de pronto mi amigo, gire la vista –Creo que le gustas a Miura.
-¿Qué?- conteste sorprendido (me equivoque, sigue ebrio (pero sabe pasar desapercibido muy bien (no se tambalea y sus frases son coherente y concisas (pero lo delata la mirada turbia)))) –Estas muy alcoholizado para saber lo que dices, cállate y camina.
-No, no estoy mareado, ni confundido, tampoco soñoliento, algo aturdido, quizá, pero normal, normal…
-¿A lo que tú puedes llamar normal? Creo que si estas bastante para la chingada- le señale y este refunfuño.
-¡Ay con tus palabrotas! Por una vez en vida compórtate, y deja tus leperías para cuando hables con alguno de tus otros amigos, ¿sí?
-Sí, sí, pues si- le tire por su lado, y el silencio sobrevino (lo que agradecí), pero luego de unos minutos, continuo hablando incoherencias.
-No repitas las palabras tres veces seguidas, eso es cosa de Sakuma, ¡y mira que a él le salen mucho mejor que a ti!- rodé los ojos y deje que hablara todo lo que quisiera (tal vez el camino se pase un poco más rápido escuchando sus pláticas, contradicciones y oraciones mentales que hace en voz alta) –Lo que te estaba diciendo ¡no me distraigas! Tú le gustas a Miura…
-Y dale…
-¿No te das cuenta? Y el despistado según soy yo- bufo –En toda la noche, ¡toda!, no te despego la mirada de encima, y cuando se te acerco, porque los vi conversando, ¡no se evitó la cara de súper dúper alegría! Dime, ¿quién hace eso y te da una invitación para ir a ver un partido?
-Tal parece que estas demasiado rellenito de alcohol, puesto que no escuchas siquiera lo que estás diciendo.
-No, torpe, es… ¡argh!- se comenzó a rascar la cabeza con desesperación, me le separe un metro –Sabes a lo que me refiero.
-Quizá si, quizá no, y solo te esté dando por loco- arrugo la cara, y los ojos irritados con los que trataba inútilmente de intimidarme, me resultaron divertidos y cómicos –Mira, Miura, Arata y Hijikata son muy buenos amigos míos, nos conocemos desde hace tiempo, y se puede decir que soy como un mentor para los dos primeros, por ello que me tengan ese respeto y estimación, no por algo mas- me subí de hombros.
-Sí, un maestro de brutos.
-Oye- lo voltee a ver, con sus brazos cruzados, comenzando, ahora sí, a dar pasos erráticos -¿Por qué les dices brutos?
-¿De qué otra forma se les puede llamar a quienes practican ese violento juego? ¡Brutos!
-El rugbi no es deporte de brutos, es una mezcla de soccer, americano y lacross; es un deporte de machos- termine diciendo orgulloso, poniéndome el puño en el pecho (admito que soné ridículo (y seguro me mire también imbécil)).
-Aja…- y eso fue todo lo que me dijo hasta que terminamos la cuadra (pero nos faltaban cerca de cinco más para estar un poco menos lejos de casa) –Pero enserio, tú le gustas, se lo que te digo, créeme…- trastabillo, y lo atrape, cruce su brazo por mis hombros, y gracias al cielo, el resto del camino se lo llevo callado, con solo el sonido de su garganta congestionada intentando respirar y no atorándoseles los sonoros ronquidos.
Llegamos a casa justo al tiempo en que pasaban la revelación de los trabajos en la repetición nocturna de Face Off (alrededor de las ocho cuarenta (creí que era mucho más tarde)), deje botado a Kazemaru en el sofá (puesto que empezó a lloriquear que quería ver el programa), mamá estaba sentada al lado, pero no se dignó a saludar ni preguntar por nuestra ausencia, siquiera voltearme a ver (está enojada por el festival, obviamente (para mañana se le habrá pasado, seguro)), en la cocina, Yuko me saludo, diciéndome sarcástico que yo había sido el mejor de la obra (estúpido), le hice señal obscena y subí las escaleras.
Necesitaba un descanso, el día resulto sumamente pesado; con el desastroso equipo de la obra, las discusiones sin sentido con Nozomi, y ahora las insinuaciones de Kazemaru, esto no podía ponerse peor, hasta que escuche los pasos ligeros de mi buen amigo subiendo las escaleras, gritando mi nombre entre sollozos y balbuceos.
Me equivoque, este día (lo que quedaba), podía ponerse peor.
