¿Dónde está todo el mundo? Me empiezo a sentir sola u.u Tarde pero aquí está la continuación, espero la disfruten mucho (y no crean que me he olvidado de esto, eh? Espero ustedes tampoco se hayan olvidado de mi).
Esperemos no tardar tanto en el siguiente :D
Disclaimer: Inazuma Eleven no me pertenece.
Inclinación By Madoka
Capítulo 17: De Vacaciones de Semana Santa
Las vacaciones de semana Santa por fin habían llegado, con ello, los días de asueto en casa. Es en estas fechas religiosas y de convivencia familiar, cuando mamá recrea cada año su tradicional postre de Capirotada, donde usualmente picoteaba su trabajo en busca de algo delicioso, claro, teniendo ocho, diez años máximo, siendo pequeño, ahora tiene a otro niño "pequeño" que suple mi puesto de alcahuete en la cocina, irrumpiendo en la elaboración de dicho manjar (mientras yo como maní).
No tenía idea de la fascinación que mi madre había tomado por salir de la ciudad e irse de compras con Yuko, era la tercera vez en lo que llevaba de vacaciones, que se marchaban, dejando una nota en la barra. No le preste atención, hasta que Kazemaru pregunto horrorizado que era lo que comeríamos esa tarde (cada que se van, vuelven en la noche, y no dejan nada hecho ni dan sugerencias para nuestros pobres cerebros defectuosos y estómagos pequeños (que se están volviendo pequeños con esas huidas repentinas), recuerdo que la pasamos muy mal la última vez que se fueron (cada que se van, es un día que no se debe recordar (con crema de cacahuate y mermelada de fresa, estaré feliz, contento y conforme (pero mi buen amigo no y estará lloriqueando todo el rato hasta que me obligue hacer algo de comer que no tenga tantas calorías (así es como terminamos comiendo arroz, pan, y lechuga (¿y los talleres de cocina? Que chupen faros)))))).
Eran cerca de las doce treinta, hora en que Kazemaru baja en busca de algo que comer (cuando su organismo le indica que ya es suficiente y debe recargarse de alimento para continuar), llego a la cocina y miro en todas direcciones, con los brazos en sus caderas como azucarera. No le dije nada, y me limite a verlo curioso, en lo que seguía pelando maní de un enorme tazón y comiéndolo, sentado en la mesa (le habría ofrecido, pero seguro lo rechaza, argumentando que esto no es comida de la tarde (era increíble que la mayoría de nuestras discusiones o complejas situaciones fueran causadas por comida)).
-Tengo hambre- dijo y se puso a rebuscar en las alacenas inferiores, a los pocos momentos, grito emocionado levantando una botella negra – ¡Bailey's de café! Dios mío, ¿Por qué no sabía de su existencia? Es la cosa más deliciosa que puede haber- y se abrazó a ella, enarque una ceja -¿Tu sabias esto?
-¿Qué, que hay Bailey's?
-Sí.
-Sí, si sabía, es de mamá.
-¿Y por qué no me había dicho? Seguro lo quiere para ella sola- miro en ambas direcciones, dejo la botella en la barra y siguió buscando donde antes encontró el primer objeto valioso. No tardo en sacar otras dos botellas, y gritar emocionado -¿Brandy Alexander y Rompope, en serio?- me subí de hombros y seguí comiendo –Bueno, esto me servirá de entretenimiento, hasta que hayas hecho algo de comer.
-Si querida, si- guardo las dos botellas y saco un vaso de cristal de la alacena de arriba.
-El Bailey's es algo fuerte, y es temprano para beber, así que lo rebajare con leche, es la mejor forma de crear algo sublime y ameno para pasar el tiempo- asentí sonriendo, dándole por su lado. Cerro de nueva cuenta la botella, se aproximó a la nevera, sirvió leche en el vaso donde había servido antes la bebida, y lo mezclo bien, lo tomo con la mano derecha, y lo alzo, viendo en mi dirección –Esto, mi buen Ryuuji, es la gloria- dicho, dio un sorbo –Me voy.
-¿Seguirás en internet?
-Sí, veré películas- dio unos pasos hacia la escalera, cuando lo pensó dos veces, y se regresó por la botella, corriendo en su escape. Será todo un honor y placer, tener la dicha de decirle a mamá quien acabo borracho con su reserva especial de dulce depresión, si, ese seré yo.
Sacudí mis manos, suficiente de frutos secos por un día, tome el tazón y lo lleve al fregadero, viendo por la ventana, en frente, un camión de mudanzas bajaba muebles y un par de desconocidos, veían alrededor alegres. Sabía que la casa estaba en venta, mas no sabía que ya la habían comprado (tendré vecinos nuevos (que emoción (mis últimos vecinos me dejaron mucho que desear, y unas enormes expectativas para los siguientes desgraciados que tendrían que lidiar con mi presencia diaria))).
Me quede observando disimuladamente por un rato, y note que antes de que desempacaran las cajas y las dejaran dentro, el matrimonio (a lo que veía, más bien la pareja), se subían al auto y se marchaban (¿Qué, estaban dejando acaso su casa sola? ¿O esperaban que los empleados de la mudanza les decoraran el dulce hogar? No son los Hermanos a la Obra, debo destacar (esas barridas de cerveza me lo corroboran mejor que nada)). Eso me inquieto, y me pregunte si tenían cerebros en sus cabezas esos nuevos vecinos, o solo materia oscura sin conocimiento, cuando apareció, de la nada, una chica levantando cajas y llevándolas al interior (se miraba como de mi edad, tal vez un poco más grande (de la edad de Maki), el cabello largo y negro, vestida cómoda y algo indecente (para este tiempo, sí)).
Me puse a pensar, quizá no sean tan malos mis nuevos vecinos (tu no pensaste eso, Ryuuji, tu no pensaste eso (no me caería mal hacer nuevos amigos)), tome mi móvil y busque en mis contactos, marcándole a un buen amigo lascivo en particular, que seguro no me dirá que no a nada cerca de mi casa.
-¿No quieres venir a visitarme?
No fue una de mis más brillantes ideas, incluso me estaba arrepintiendo, y gritándome mentalmente que soy un idiota sin precedentes. Después de la noticia por teléfono que le di a Nagumo, no duro ni diez minutos en aparecerse frente a mis aposentos, trajimos del patio trasero dos sillas de playa y nos pusimos a ver la mudanza en el jardín delantero, descansando y tomando chocolate caliente (era absurdo, sí, pero no se me había ocurrido algo mejor que hacer (y no hay suficiente espacio en la ventana como para ver bien)).
La chica no está mal, dijo mi amigo, que no le despegaba de encima los ojos, y solo atinábamos a sonreír y alzar la cabeza en son de saludo, cada que cruzaba miradas con nosotros.
-¿Y Kazemaru?
-Arriba, encontró Bailey's y se encerró con la botella.
-Tus amigos sí que son unos ebrios- y se carcajeo, alce las cejas y lo mire extrañado, mientras bebía de la taza caliente –Ah, fue bueno que me hayas llamado, pero para la próxima vez, que sean agradables noticias cercanas a mi casa.
-De que hablas, tú tienes novia, así que cierra la boca, te pedí que vinieras porque… eres mi amigo, quería compartir esta novedad contigo.
-Ay si, ay si- en lo que dialogábamos, la chica paso por enfrente, cargada de una caja muy grande, que a lo visto, le costaba levantar, dio un mal paso, y justo estaba yéndose de boca, Nagumo corrió y atrapo la caja con todo y chica (me estaba arrepintiendo el haberle hablado (solo espero Kii no se entere (¡me asesinara!))) –Ten más cuidado- articulo con voz seductora (que sonó bastante mamona en él), ella rio, y le dio las gracias, guiándolo adentro para que dejara las cosas, negué y lo vi con cara como diciendo "eres un pendejo bien hecho", con lo que solo recibí un guiño.
Rodé los ojos y me quede viendo, como "voluntariamente" se ofreció a ayudarla con las cosas.
-Cada día cae más bajo…
-¡Ryuuji!- me grito –Ven- y me hizo ademan con la mano, solo pude hacerle muecas, negando, con mi mano en guillotina, pero fue tarde, cuando la muchacha me miro y me llamo. Aspire y exhale pesado, termine el chocolate de un sorbo, y me levante, llegando hasta ellos.
-Hola- lo único que pude decir, levantando mi mano y forzar una sonrisa convincente.
-Hola, mucho gusto, soy Morino Rumi- y nos estrechó las manos a ambos.
-Sí, Midorikawa Ryuuji, vecino de enfrente.
-Nagumo Haruya, vecino como a dos cuadras- y comenzó a reír ella (no sabía si tacharla de inocente, o amable, o estúpida, pero esas risas y sonrisas de caramelos no me las podía tragar así de fácil).
-Estoy encantada de conocerlos, espero que nos llevemos muy bien- no me evite mi cara de "ya la cagamos, ahora si no nos podremos librar", a lo que ambos, tuvimos que ayudarle con las cajas.
Jamás había entrado a la casa de enfrente, como dije, mis anteriores vecinos dejaron mucho que desear en el vecindario, por ello que no tuvieran amigos ni visitas, pero entrando al fin, era enorme, y muy hermosa, no me pude contener la sorpresa. Luego de un rato levantando y acomodando cajas y cosas, Morino nos invitó a quedarnos a comer, o mejor dicho, nos ofreció prepararnos unos pastelillos en agradecimiento (dijo que sus padres (los que se fueron en el auto) tardarían en volver, así que podíamos quedarnos unos momentos más).
Me senté en la barra, viendo como mezclaba ingredientes en un bowl, pregunto si nos gustaba el redvelvet, a lo que dije que sí, y Nagumo compartió una poco amena anécdota que tenía con el colorante rojo (un día comió muffins que su adorable novia preparo, redvelvet, pero tal parecía, que el colorante estaba muy fuerte, puesto que hizo rojo cuando fue al baño (me hubiera gustado no haber sabido eso nunca en mi vida (nota: recordarle que no me interesa saber sobre sus necesidades fisiológicas y su colorido organismo))).
Después de ese pésimo sabor de boca que me había dejado aquella charla, los pasteles se horneaban, decidí platicar seriamente con Morino. Primeramente, le pregunte que de donde venía, dijo que de Fukuoka, y se mudaba porque extrañaba la niñez aquí (casualmente pasaba las vacaciones con sus abuelos que viven por estos lares), me comento que tenía muchos amigos, y que aun a pesar del tiempo, mantenía contacto con ellos, también me dijo que estudian en Raimon, y tenía muchas ansias de que llegaran, pues les comunico que llego a la ciudad y donde era su casa.
Fue en ese momento, que comprendí todo, y me golpeo como un rayo, todo en un flash; debíamos marcharnos de ahí cuanto antes. Nagumo bajaba del baño, y yo me levante con rapidez del banco en el que estaba sentado, me aproxime hasta él, y lo tome del brazo.
-Oh, cielos, Morino, debes disculparnos, se me había olvidado que Nagumo y yo tenemos unos pendientes con unos compañeros, sí, eso, debemos irnos.
-No es cierto- y le pellizque la espalda –Ay… si, unos pendientes, importantísimos.
-¿En serio? Pero los pastelillos aún no están listos.
-No, lastima, será para otra ocasión- apresure a contestar, y salimos por la puerta a jalones.
-¿Qué te pasa? Actúas como película extranjera, una mala película estadounidense.
-Cierra la boca, luego te explico, ahora hay que…- no alcance a terminar mi frase, un auto se frenó bruscamente justo delante de mi (cuando íbamos a mitad de la calle), las piernas me temblaron del susto, y me desplome al asfalto.
Escuche como Maki y Kuri salían brincando del coche y se abrazaban a Morino (a nadie le importo que casi me arroyaban), que salió a recibir a sus amigos, seguido de Mutou, Saginuma y el conductor Segata, que me volteo a ver con su desagradable rostro mofado, mientras Nagumo me levantaba.
-Para que tengas cuidado la próxima vez, Fancy, o creo te quedas sin piernas- rio, y se marchó; la ira se me subió.
-Pues mejor ábrete camino en bicicleta, que ya tenemos suficientes descerebrados al volante, idiota…- Nagumo me llevo a rastras, sin poder dejar de mascullar cuanta frase insultante se me ocurría en contra de Segata y su mal conducción (bueno, en realidad no es mala su conducción, estuvo bien que se detuviera antes de pasarme por encima (pero como estaba cabreado, me valió madres, y adiós moral)).
A la mañana siguientes, Kazemaru se despertó con una tremenda cruda, que lo encerró en el baño por media hora, y dejándole el estómago revuelto cada que miraba algo cubierto de azúcar, yendo a parar a su anterior destino.
Por mi parte las piernas no me dejaban de temblar (aquel susto dejo sus secuelas) y me recorría la sensación de estar subiendo escaleras (por lo que opte por botarme en el sofá todo el día).
Los días pasaron, y no fue una mañana que me despertaron los chirriantes sonidos de unas voces muy conocidas (¡a las siete de la mañana!); Afuro y Sakuma brincoteaban en mi habitación (con un Kazemaru soñoliento pero animoso), gritándome un levántate (yo solo me limitaba a gritarles que se callasen y largaran de ahí).
Me sacaron de la cama a jalones, y me metieron en el closet, para que me vistiera. Cuando estuve listo, me tomaron de los brazos, y en contra de mi voluntad, me llevaron consigo al Centro (sin haber desayunado, cabe destacar).
Un boulevard, un puente para peatones, el parque, repleto de la aglomeración y contingencia de la gente que madrugaba.
-¿Por qué diantres me trajeron al Centro, a estas horas y sin desayunar?
-Para realizar actividades amistosas antes de morir- soltó Afuro con una sonrisa, y yo lo mire extrañado (eso sonó enfermizo), y saco una lista del bolsillo –El otro día- comenzó a relatar –Estaba de ocioso en internet (que novedad), y encontré una lista de acciones a llevar acabo, con el enorme título de: "¡Diez Cosas que Hacer, Antes de Morir!"- termino gritándolo, con una pose estelar.
-Estarás bromeando, ¿verdad?
-No, y mira qué casualidad que hables primero, pues lo inicial en la lista, ¡será para ti!
En aquella lista venían diez idioteces que la sociedad en moda, había llamado "Las Diez Cosas que Hacer Antes de Pudrirte Bajo Tierra", y para desdicha mía, mis buenos amigos habían planeado ponerlas en práctica estas vacaciones, nosotros cuatro, hoy justamente.
Número uno.
Para la tan esperada actividad número uno, tuvimos que ir a una tienda a comprar un bote de mayonesa y otro bote de yogurt natural (me alegre porque tendría algo que comer, pero después me sobrevino el asco y la molestia (puesto que tuve que poner mi dinero para pagar)). Nos acercamos a un contenedor de basura y le tiramos toda la mayonesa al bote, con una cuchara que sacaron de una mochila negra que llevaba en el hombro Afuro, posteriormente, llenaron el bote vacío con el yogurt.
Lo cerraron, metieron a la mochila, y me la lanzaron prácticamente en la cara.
-Tranquilo, no te excedas, ¿qué diablos hago con esto?
-Mira, vas y te sientas en aquella parada de autobús- y la señalo –Conversas con tranquilidad, muy mono tú, y luego dices que tienes hambre y sacas el bote de mayonesa, y lo comes frente a todos- termino mirándome con sonrisa siniestra (me asusto esa cara). Enarque una ceja (¡solo le sacaron la mayonesa, ni siquiera se dignaron a lavarlo bien, sabrá del asco el yogurt!). Me empujaron y tuve que llevarla a cabo sin más.
Me senté en la pequeña banca, a un lado de una muchacha, esta me sonrió al verme, y la saludé. El silencio era incomodísimo, y los escalofríos me recorrían el cuerpo (escalofríos antes de hacer una babosada).
-¿Falta mucho para que llegue el siguiente autobús?- dije para romper con el hielo, ella miro su reloj, y me dijo que pronto aparecería. Le di las gracias y nos callamos (esta estupidez es más difícil de lo que creí).
Mire a todos lados, nervioso, voltee y me encontré con las tres caras curiosas de mis buenos amigos, esperando ansiosos que lo hiciera (chingado, ¿Por qué yo tenía que ser el primero?). Suspire, no había de otra (entre más pronto, acabo con mi martirio).
-¿No tienes hambre?- solté.
-Un poco- me contesto simple -¿Y tú?
-Sí, yo también- pase saliva (era ahora o nunca), tome la mochila, la abrí, saque la cuchara y el bote de mayonesa (las manos me temblaban, y sentía que empezaba a sudar), lo destape, y metiendo la cuchara, tome yogurt y lo comí, justo cuando la chica me volteaba a ver -¿No gustas?- le ofrecí de lo más inocente (fingiendo). Esta, incomoda, negó, con cara de asco, y se me separo unos centímetros, mientras seguía con la labor (¡esa última cucharada me supo a mayonesa!).
-Ultima vez que me convencen para hacer tales pendejadas- regrese, tire el bote y escupí, (estos se hacían mierda de la risa (ojala y les toquen peores)).
Y así continuaron las tan esperadas y sensacionales actividades amistosas.
Numero dos: Entrar en un ascensor lleno de personas y decir: "Apuesto a que se preguntan por qué los reuní hoy aquí". Esta, le fue impartida a Sakuma, que muy nervioso por igual, subió en el elevador del edificio Nova (esto me sonó muy a película de acción, mezclada con misterio y sobrenatural).
Número tres: Entrar a un supermercado y preguntar qué año es. Cuando respondan, gritar "FUNCIONÓ" y correr gritando. Afuro el anfitrión fue el siguiente humillado por la lista (esta en lo personal, me pareció estúpida, pero interesante).
Número cuatro: Ir en un taxi y decirle al conductor: "en ese puente me suicide hace 5 años". El peor de los miedos de Kazemaru, como protagonista principal (todo lo pudimos escuchar gracias a los auriculares y woki toquis que Sakuma nos prestó (que ni crean que se saldrán con la suya de no hacer las cosas (me fregué yo, nos fregamos todos))).
Número cinco: Decirle a una mujer embarazada "tu hijo es el elegido" y luego salir corriendo. De nueva cuenta el martirizado tuve que ser yo (y llegar hasta una mujer embarazada, tocarle el vientre y decirle que su hijo es el elegido, para posteriormente salir huyendo, no es exactamente lo más coherente ni divertido que se me pudiera ocurrir para realizar en estas vacaciones (mi cometido solo era no morir de aburrimiento (no morir a causa de absurdeces))).
Número seis: Subir a un colectivo, empezar a toser, hacer como que te ahogas, escupir, sacar una grabadora y decir: "Día 9, el virus ha mutado. Necesito hallar el antídoto". Repitiendo el orden, Sakuma fue el científico loco y enfermo (pobres de las personas en el autobús).
Número siete: Subir a un taxi y decirle al conductor: "Siga a ese auto". El sueño de todo chico de acción, realizado ni más ni menos que por Afuro, y su melodiosa voz de "siga ese auto rojo, por favor".
Número ocho: Ver una pareja besándose y gritarle a la chica "sabía que tenías otro" fingir llorar y salir corriendo. Bueno, esta, en realidad, nos confundió mucho, en especial a la pareja, puesto que Kazemaru solo grito "sabía que tenías a alguien más" (no nos dejó en claro si le dijo a ella o él).
Número nueve: Entrar a una boda desconocida, gritar: ¡Me opongo! y salir corriendo. Casualmente, hoy se llevaba a cabo una boda cercana al centro, y el desafortunado volví a ser yo (corrí lo más rápido que pude, el novio parecía un psicótico).
Número diez: Marcar cualquier número por teléfono y decirle; ''Ya tengo el cuerpo, ¿qué hago con él?''.
De milagro que las diez idioteces antes de morir acabaron, con el cuarteto maravilla en mi casa, en mi habitación, con un Sakuma más que nervioso, y el móvil en mano.
-Creo que esta nos la deberíamos saltar; omitamos la parte terrorífica, ¿sí?- decía cada tantos minutos, mientras se pensaba como haría la llamada.
-No, ni empieces, ya nos jodimos todos con las demás tonterías, te toca- argumentaba, recibiendo afirmaciones de parte de los otros dos.
-Bueno, bueno, bueno, es que…
-Es que nada, solo marca y listo, no pasara nada- trataba de tranquilizar Afuro, pero se denotaba lo inquieto que estaba.
Finalmente paso saliva y tecleando un numero al azar; llamo.
-Ya tengo el cuerpo… ¿Qué hago con él?- dijo en cuanto descolgaron, y nosotros nos tratábamos de aguantar la risa. Hubo silencio por un momento, y Sakuma se despegó el teléfono, poniendo el altavoz.
-No creí que fuera tan eficiente- soltó de pronto una voz masculina, dejándonos a todos sorprendidos por lo que acabábamos de escuchar –Llévalo al lago…- Kazemaru se aproximó y pulso el botón rojo, colgando.
-Dios mío…- exclame, y fue suficiente para que la angustia y nerviosismo de Sakuma explotaran, noqueándolo, desmayado se desplomo en el piso.
De maravilla termino el día de convivencia amistosa, con esas "Diez Cosas que Hacer Antes de Terminar Nadando con los Peces en un Lago Cercano".
Las compras de mamá terminan por lo general con cientos de bolsas de plástico y papel, que guardan en su interior, innecesarios artículos para el hogar, ropa, zapatos, comida, y baratija y media que se encuentra en el camino.
Esta última vez que volvió de sus repetidas compras en el extranjero, trajo consigo algo muy peculiar para mí; dos pares de calzado Converse (la señora acaba de descubrir la tienda en el centro, y dándose cuenta de las especiales, no desaprovecho y me trajo unos cuantos).
Se lo hubiese agradecido de buena manera, lo hice, pero con cara de pocos amigos, al ver exactamente lo que contenían las cajas, y porque de ese precio tan reducido. Unos eran altos, de color gris, llenos de brillo, un horroroso brillo galáctico (estos se los agradecí de antemano y le dije que a ella se le mirarían muchísimo mejor (casualmente usamos la misma talla (cuando necesito tacones rojos, pues voy a su armario a buscar (hablando figurativamente, claro)))); los otros, por el contrario, eran de un color verde podrido, camuflageados, altos, para terminar de rematar (para mi gusto, eran espantosos, pero si necesitaba tenis nuevos, así que me hice güey y los acepte).
Una tarde, como muchas otras que pasaba de las vacaciones, estaba aburrido, aburrido de a tiro sin saber qué hacer. Mi madre aconsejo que saliera a despejarme, despabilarme; opte por ir al jardín trasero a leer un poco. Con mi libro en mano, salí, topándome de lleno a un Yuko relajado, botado en una silla de playa tomando el sol: solo atine a darme vuelta y volver a entrar (no me quedaría a soportar mamaditas de reprimidos y compungidos vacacionistas (con síndromes playeros de turistas extranjeros)).
En mi habitación (como de costumbre), estaba Kazemaru plantado frente al ordenador, en la red social, cargando películas, o viendo videos musicales. Mi única opción, por eliminación, fue terminar en el jardín delantero, sentado en el césped, leyendo.
Me puse el gorro del suéter y me acosté, leyendo entre líneas suicidas, concentrado, justo en el clímax de todo, cuando el chirrido de una motocicleta me saco de orbita, desconcentrándome y haciéndome perder toda la trama. Me levante intrigado, viendo a todos lados, y a Nagumo pasar frente de mi casa en una cuatrimoto, a toda velocidad.
Enarque una ceja. Sabía que el padre de Nagumo se compró una moto, y también sabía que no le daba permiso de tomarla, mucho menos de conducir a tales velocidades por el vecindario. A los pocos minutos, volvió a pasar, y al tanto tiempo, regreso, deteniéndose enfrente de mí.
-Qué onda- saludo, con una sonrisa altanera de superioridad, retirándose los lentes y guiñándome un ojo -¿Qué te parece?
-¿Qué me parece? Creí que tenías restringido acercarte a ella. Mamon- y lo golpee en el brazo con el libro.
-Calmado viejo, yo de buen amigo, vengo a invitarte a salir.
-¿Salir? No quiero recordarte la última vez que salimos contigo al volante (cabe destacar que Nagumo es pésimo conductor de autos (la última vez, nos estrellamos contra un poste de la luz, dejando sin electricidad a todo el vecindario (de ahí que no tengamos una muy buena reputación y que me tengan prohibido salir mucho con él (en auto, obviamente)))).
-Sí, güey, pero ahora es diferente: ¡y ya me dejan conducirla!- suspire, ¿Qué es mejor, salir en una aventura con un amigo en cuatro llantas, o acomodarse en el césped a leer tranquilamente? No lo pensé dos veces y tire el libro a un lado, subiéndome de hombros y asintiendo – ¿No quieres que te enseñe a conducirla?- soltó, apagando la moto y bajándose.
-Es estándar, ¿no?
-Sí, pero no es complicado, no es como los carros- torcí el gesto y me subí, percibiendo un penetrante olor a fruta exótica, puse mi dedo frente a la nariz.
-¿Y eso?
-¿Qué?- pregunto con cara de no saber nada, la cual no me creí.
-Ese olor, es tuyo- acerque mi cara a su chaqueta, olisqueándola toda, separándome con mi rostro asqueado –Apestas a crema de catálogo femenino- y sonrió como idiota.
-A melocotón, baboso, es perfume; me lo regalo mi novia- rodé los ojos (la viva imagen de la mandilonería).
Así las increíbles y maravillosas enseñanzas de Nagumo comenzaron.
-Muy bien, escúchame, entiéndeme y todo será más fácil- comenzó a decirme -Hay tres cosas que debes saber antes de aprender o más bien, solo hacen falta tres cosas para conducir una motocicleta de a cuatro. Numero uno: seguridad.
Me subí a la moto y tome posición, pero a cada movimiento que hacía, no se evitaba el inquirirme "¿Estás seguro que estas bien sentado así, estas seguro que ese es el freno, seguro que es el acelerador, seguro que sabes meter cambios?" solo podía estrellarme la mano en la frente resaltando mi molestia.
-Número dos: confianza.
Prendió la moto, me agarre fuerte de la empuñadura trasera, no preocupándome por los movimientos bruscos (pensaba que no iría rápido, porque me está ENSEÑANDO), metió un cambio, y acelero como si su vida dependiera de ello; tuve que abrazarme a su cintura con fuerza. En cada esquina, cuando íbamos a dar vuelta, me gritaba por sobre el hombro "hay que tener confianza en que no pasara nada al dar la vuelta con velocidad, demuestra que eres tu quien tiene las riendas", y nos terminábamos inclinando para que no se volteara.
-Y por último, número tres: emociones y dialogo.
Y en cada una de las cuadras, las pasaba con tremenda rapidez, que apenas miraba nuestras sombras, y gritaba con alegría cientos de sinónimos de emoción y felicidad, acompañados por una que otra majadería (de verdad, este buen amigo, es un sabio del melocotón, experto en enseñanzas de cuatrimotos (figurativamente hablando)).
Llegamos a casa de nuevo, y me baje de prisa, tirándome al césped, con las piernas hormigueándome.
-No seas mamila, ¡estuvo genial esa vuelta! Seguro ya sabes cómo conducirla- suspire pesado, y no dije nada (este amigo mío deseaba matarme) -¿Y si vamos a las Arenitas?
-¿A las Arenitas?
-Sí, ve, esta nublado, chispeando, perfecto para andar en moto- y sonrió como idiota.
Las Arenitas, para quien no las conozca, es un tramo desértico a las afueras de la ciudad, lleno de dunas, montículos de arena moldeada por los años, y pistas de aviones (donde se llevan a cabo carreras de autos clandestinas), además de caminos rocosos, y montañas pequeñas; un sitio para aventureros.
Me tentó la invitación; está haciendo un día muy bueno, y no quería pasarme toda la tarde tirado afuera de la casa, o viendo películas con Kazemaru, comiendo con mamá y soportando a Yuko.
Me levante cansado, y me subí a la moto, arrancamos en cuanto encendió, a toda marcha.
Durante el camino, las diminutas gotas de agua golpeaban mi rostro como agujas heladas, solo atinaba a cubrirme con la espalda de Nagumo, mientras este gritaba alegremente. No tardamos mucho en salir de la ciudad, y adentrarnos en la carretera desierta; luego de unos kilómetros, bajo la velocidad, y descendimos por una pequeña vereda hacia las pistas, atravesando caminos vacíos, con solo basura y chamizos.
Llegamos a una pista, donde se detuvo por unos instantes, aprovechándolo, me baje para estirar las piernas, sin darme cuenta, este se marchó, a darle la vuelta al camino, dejándome solo ahí (míralo, que buen amigo tengo).
Lo bueno, es que no había quien me molestara, pero tampoco nada en que entretenerme, siquiera traje algo para comer. Inspeccione el terreno, y me encontré una silla (conociendo a mi santa madre, seguro le habría gustado para ponerla de adorno vintage en el jardín); estaba muy sucia, pero en buenas condiciones. Camine un poco, escuchando a lo lejos el sonido de la moto alejándose cada vez más.
La basura en el camino no eran más que llantas, ropa e inodoros (raro, pero había uno, al igual que un lavamanos).
Estaba hecho mierda, aburrido, creí que sería divertido despejarse, ver un poco la naturaleza, pero no, ahí estoy plantado, sentado en una silla vieja y fea, esperando a mi amigo en medio de la nada (no me quedara de otra más que ponerme a jugar con mi móvil).
Al poco rato, escuche a la moto acercarse, pero con ligeros brincos de velocidad, dando a entender que se le estaba acabando el combustible. Y así fue, llego hasta mí, y se apagó, sin querer prender de nuevo.
-Se le acabo la gasolina…- dijo Nagumo, revisando el contenedor.
-¿Y que se supone que haremos ahora? Me traes en medio de la nada, para pasear tu culo por todos lados, y todavía se te acaba la gasolina, ¿Cómo chingados vamos a volver?- explote (me fastidio el estarlo esperando).
-Oye, tampoco me grites.
-¿Qué no te grite? ¡Te mereces mucho más que gritos!- y así nuestra pequeña riña de insultos amistosa inicio, terminando con un basta ya de parte de este, me cruce de brazos con un puchero bien formado.
-¿Quién tiene un auto cuatro por cuatro?- puso su dedo en el mentón, pensando.
-¿Para qué rayos quieres uno?
-Güey, pueden venir a traernos gasolina.
-Estúpido, ¿Quién querrá venir hasta acá para ayudarnos?
-No se… tu amado Hiroto tiene carro, ¿no?
-No sé- me subí de hombros. Ya tenía tiempo que no pensaba en Hiroto, ni sabía mucho de él, sigue cuidando a su padre en el hospital, es lo que tengo entendido, puesto que no me dijo que saldría de vacaciones ni nada.
-Llámale, dile que nos traiga gasolina, acá se la pago, y que pase por mi novia, ¡pero que no vengan solos!
-¿Acaso me viste cara de tu mandadero, o que rollo?- hice cara de vale madres.
-¿Quieres quedarte aquí, güey?
-Estúpido…- saque el teléfono de mala gana, y busque su número, cuando me entra de pronto la conciencia –No creo que sea muy de buena leche llamarle, ¿no crees?
-Tu márcale, márcale- me hizo ademan con la mano, y no tuve de otra más que llamar (no tenía idea de si estaría ocupado o no, o siquiera si tiene auto cuatro por cuatro, ¡o de molestarlo!). Unos momentos pasaron, para cuando escuche su dulce voz contestarme –Hiroto, bueno, hola… habla Ryuuji.
-Ryuuji, que gusto escucharte.
-Sí, verdad, ya tenía tiempo que no hablábamos- sonreí como idiota, me sentía idiota en esos momentos, y más con la cara de mala leche que Nagumo había puesto, me arrebato el móvil de un movimiento rápido.
-Hiroto, qué onda, soy Nagumo; chécate güey, vinimos a las Arenitas en moto, y se nos acabó la gasolina, pensamos que si tú puedes traernos más, acá te la pago, no hay bronca, ¿tienes cuatro por cuatro, no? Vente y aquí damos una vuelta. Te traes a Fumiko, ¡pero no vengan solos…!- tras escuchar tanta pendejada que le dijo, me dio pena ajena, y le quite el celular, tape la bocina, y le dije cuanta palabrota se me vino a la mente (¿Cómo se atreve a hablarle a un Ángel de esa manera? ¡Está loco!); me miro despreocupado y me puse el móvil en el oído.
-Hiroto, bueno, perdona en serio lo que te dijo el baboso de Nagumo, pero por desgracia es verdad, y te queríamos pedir, ¡por favor! (resalte esas últimas palabras para calcárselas a Nagumo (que no utilizo en ninguna parte de su conversación)), si es que no estas ocupado, y quieras ayudarnos…- estaba apenado, y no sabía que decir, por otra parte, mi buen amigo solo me hacía muecas.
-Ah, no te preocupes, de hecho estoy libre esta tarde, voy enseguida, solo dime exactamente donde están- le di la dirección, y me afirmo que en unos quince minutos llegaba, con Kii y con otros amigos para que no pensara mal el niño celostino; forcé a Nagumo a decirle por favor, y colgué.
-¿Y ahora, que haremos por quince minutos?- pregunte con cara como diciendo "vez lo que provocas, pendejo".
-¡Cha-chan!- respondió, sacando un mazo de cartas de su bolsillo -¡Juguemos cartas!
Así paso el rato, sentados en la moto jugando cartas (y ganando mucho dinero, porque cabe destacar que Nagumo es realmente malo en los juegos de azar).
No sé cómo le gustan tanto los juegos de azar, es como Fubuki & Fubuki, que adoran el PintBall y son demasiado malos (me consolaba el quitarle dinero por haberme involucrado en esta tremenda situación).
Luego de bastantes juegos perdidos, escuchamos el motor de un auto acercarse, volteamos, y nos topamos con un Raptor enorme, color azul con flamas flouresentes; toda una máquina de poder (Nagumo no se evitó la sorpresa, abriendo su boca enormemente sin creérselo), con dos cuatrimotos en la cajuela.
Dio vuelta y se detuvo frente a nosotros. Del lado del copiloto, se bajó Isunou, denotando superioridad con sus enormes brazos, de las puertas traseras, salieron Kii (que corrió hasta mi amigo para comérselo a besos, abrazos y palabrerías cursis), Komazawa, Aktsu y Reinita (¡era demasiado increíble e inconcebible que ese mujer estuviera aquí! Pero ahí estaba), y del conductor; Hiroto descendió colocándose el gorro del chaleco que traía, y unos lentes oscuros de aviador (lo primero que me vino a la mente es que eso no tenía sentido puesto que estaba nublado, pero se miraba realmente sexy (me derretí (figurativamente))).
-¡Vamos a correr!- grito Isunou, bajando las motos.
-¡Yo quiero una!- alcanzo a declarar Reinita, empujando a Komazawa en juego (estaba sorprendido, y no cabía en mí, esta situación se tornaba cada vez más rara, era muy extraño topármelos en un ambiente que no fuera escolar a este grupo de inadaptados (sin contar a Hiroto, claro)).
Nagumo y todos se saludaron muy acá, y Aktsu le paso la gasolina, para que llenara el tanque, mientras se preparaban para dar una vuelta. Hiroto se me acerco, y extendió su mano frente a mí, la estreche y sonreí.
Con su grito de victoria (alarido), rugieron los motores y arrancaron, señalando anteriormente a Hiroto (que él traía el Raptor), que iban a ir al Paso Serpentino más próximo al monte, para que no se extraviara ni preocupara al momento de seguir traes ellos.
Kii se fue con su amado, Aktsu con Isunou, y Komazawa se abrazaba fuerte a la cintura de Reinita para no caer, dejándonos a Hiroto y a mí, solos.
-Bueno, creo que te toco irte conmigo en el Raptor- sonrió dulcemente.
-Sí, no hay problema, no es muy mi fuerte ni osadía andar saltando dunas, mucho menos con esos conductores designados- bufe irónico y nos subimos.
El Pick-up era enorme por dentro, parecía un auto de cuatro puertas, hermoso, con olor a nuevo. El ángel se quitó las gafas y encendió, yendo tras el rastro de los intrépidos motociclistas.
El camino estaba horrible, y los chicos brincaban en sus motos como todos unos profesionales, al tanto que yo me sacudía en el interior del Raptor por exceso de brincos, curvas y baches.
-Lo lamento, primera vez que vienes conmigo en auto, y ve lo mal que conduzco, que pena- me dijo Hiroto, yo le reste importancia y le dije que no se preocupara, que estaba conduciendo bien (de hecho sí, yo no me imagino andando por estos sitios (a menos que fuera en la Samurái de Hijikata (esa cosa arrolla todo a su paso))). Por un momento los perdimos de vista, así que aproveche para romper con el hielo.
-Y que tal, ¿cómo te ha ido en las vacaciones?
-Bien, regular, ¿Qué te puedo decir? Me la paso los días enteros en el hospital cuidando a papá. Los médicos dicen que está mejorando, mas no sé qué pensar- me sentí terrible al escucharlo, y recapacite, ¡eres un idiota, Ryuuji! -¿Tu?
-Ah, bueno, hago lo mismo de siempre, exceptuando el hecho de no ir a la escuela- torcí la boca avergonzado, y este sonrió ligero sin despegar su vista del camino (sabía que podía llegar a echar mierda al palo en distintas situaciones que me comprometieran, mas no sabía que lo podía hacer apenas con una pregunta (¡es un desgraciado record!)). Tras un silencio incómodo y suspirar varias veces, continúe con mi rompe hielo –Espero no te ofenda mi pregunta, pero ¿Qué onda con tus amigos?
Su rostro contraído y confuso me indico que no había entendido exactamente mi cuestión, así que se lo plante de una mejor manera; "¿Cómo son tus amigos ellos, si son un año más grandes y amigos de Reinita?".
-Oh, ya, es larga la historia, comienza desde que conocí a Reina- alzo la vista al camino, para ver a los chicos, que seguían sin intensiones de esperar a nadie, y con el camino bastante maltrecho, decidió detenerse –No creo que les preocupe mucho que los esperemos aquí.
-Seguro que no- apago el motor y se sentó volteando hacia mí.
-¿No te he contado como conocí a Reina?
-No (solo me detallaste con delicado esmero y con nada de sutileza su extravagante relación sexual).
-Bueno, yo conocí a Reina una tarde al termino de las clases, iba en primer año, fui el último en abandonar el salón ese día, así que aproveche para buscar un libro en la biblioteca. Lo encontré y me acerque a recepción para registrarlo, donde me la tope como encargada. En esos momentos no tenía relevancia alguna el conocer de vista a una chica mayor, y parecía que la indiferencia de miradas era mutua. Hice el registro, firme, ella leyó mi nombre, y me sonrió, le devolví la sonrisa sin más. Posterior a eso, justo antes de marcharme, la escuche como me llamaba, no tuve de otra más que regresar, sosteniendo una amena conversación. Hablamos hasta la hora en que ella se desocupaba, y me pregunto que si la acompañaba a la salida, no me pude negar y así caminamos a la entrada, donde nos topamos a Isunou y los demás chicos; me los presento y me agradaron, a lo visto yo igual les agrade. Desde ese día, comenzamos a vernos y salir como amigos, Reina y yo nos hicimos novios, entramos a un equipo de motociclistas, llamado "Inadptados", íbamos a fiestas, nos reuníamos en casa de alguno, en fin, nos convertimos en un grupo de amigos muy buenos, e incluso cuando Reina y yo terminamos, me confesaron que yo les agradaba mucho más que ella, así que la comunicación y amistad nunca se perdió.
-Guau- increíble anécdota (aunque comprendo y no los culpo por escoger a Hiroto sobre Reinita (ella es un grano en el culo como Kui, y una ojete a mas no poder como Nozomi (sin ofender, claro))).
El sol comenzó a brillar, y ya sin nada más que hablar (más que de lo aburridas que estábamos pasando nuestras vacaciones), llamaron a Hiroto, Isunou se había quedado atascado en la arena por exceso de peso (tal parece que sus bíceps pesan mucho), y necesitaban la ayuda del Raptor para salir.
Continuamos por el camino maltrecho, y los encontramos en una extensión de terreno llena de honduras, todos alrededor tratando de jalar una cuerda en busca de sacar la cuatrimoto naranja. Fue suficiente, había llegado la salvación como caída del cielo (un ángel, pues), con un ligerísimo jalón del Raptor, salió, y todos optaron por regresarnos a casa ya, por la carretera.
Hiroto se ofreció a llevarnos, jalando la moto de Nagumo. Dijimos que sí, pero me arrepentí por la incómoda situación del regreso: mi buen amigo se fue atrás, con su novia sobre las piernas, para caber más "cómodamente", y a mí me mandaron enfrente, justo entre el conductor y el copiloto.
No diré que no me encanto ir al lado del ángel, pero cada tanto, tenía la sensación de que alguien me observaba, y no solo era una mirada cualquiera, sino una mirada asesina, penetrante, súper indiscreta, llena de odio, obviamente, la primera opción que se me vino a la mente fue Reinita, que no se contenía los celos de verme al lado de su ex amante. Un aire de superioridad me llego, pero así como venía repentinamente, se iba, dejando una mezcla de incomodidad y desagrado.
Luego de veinte extraños minutos, me dejaron en casa, a Nagumo lo dejarían en casa de su novia, les agradecí y se fueron. Voltee al césped, y me encontré mi libro tirado al lado de la maceta de la entrada, justamente donde lo había botado antes de irme con mi buen amigo de paseo.
Eso quería decir que nadie se preguntó por mí, nadie me llamo o vino afuera a buscarme, vaya, que consuelo con mi familia y amigo, les preocupa tanto mi bienestar y me necesitan. Entre, topándome a mamá sentada en el sofá viendo televisión, y comiendo no sé qué; al escucharme, giro la cabeza y me pregunto qué tal había estado mi lectura. Bufe fastidiado, rodé los ojos, y le dije que bien, retirándome a mi habitación (increíble que pensó que toda la tarde me la pase afuera leyendo en el jardín, ¡por eso amo a mi madre!).
El regreso a clases estaba próximo, y me culpaba mentalmente el no haber aprovechado mi tiempo con algo productivo que no fuera leyendo, comiendo y texteando con Nagumo cada que se fastidiaba de estar encerrado en casa, puesto que lo habían castigado con no salir por escaparse con la moto sin permiso y regresar a tales horas de la noche (de casa de su novia cerca de las once cuarenta (me resultaba extraño que de repente volvíamos a ser súper mejores amigos Nagumo y yo (se podría decir que estas vacaciones fue con quien más me la pase (me mantenía un poco alejado y guardaba espacio con Afuro, Sakuma y Kazemaru, que salían por su cuenta sin invitarme (creo que nos afectó un poco esas diez idioteces que hicimos))))).
Era jueves religioso, de la última semana de vacaciones, cuando, recostado en la cama viendo el techo, pensando en la mortalidad del cangrejo y en como Miyazaki de repente se volvió blanco como el resto de los puntos a su alrededor (seguramente Kazemaru lo habría pintado para que no se sintiera rezagado por los demás), me llego un mensaje.
Supuse que Nagumo se aburrió, o que Kazemaru me llamaba para invitarme a una de sus reuniones en la iglesia con los otros dos buenos amigos míos, pero no, al revisar mi móvil, me sorprendió ver que mi otro buen amigo Fudou se acordaba de mí, y me ofrecía acompañarlo con los frustrados de la pérdida de fuerza en la mano izquierda, que cada jueves se juntaban juntos (valga la redundancia) para beber entre anécdotas sexuales.
Me la pensé y se lo agradecí (no deseaba pasar mi último jueves en la noche con un montón de frustrados sexuales, escuchando sus eructos de alcohol y como se complacían a sí mismos). Pero me insistió, diciéndome que como Nagumo estaba castigado, no quería ir solo, que pasaría por mí y me devolvería a casa no muy tarde, y que si quería, no bebiera.
Ciertamente, no quería quedarle mal, mucho menos ahora que sé que me considera muy su amigo como para invitarme a este tipo de reuniones, pero tampoco me resultaba muy ameno estar rodeado de los que suponía estarían allí, Koujirou, Kidou, Gouenji, y nadie sabe quién más, insistiéndome en que les hablara de mis encuentros casuales con Nozomi (no digo que soy un mojigato, aunque tampoco me llama aún mucho la atención eso).
Suspire, y por fin le envié un mensaje diciéndole que estaba bien, que si iba.
Eran cerca de las siente treinta, convencí a mamá de que me diera permiso, y ahí estaba sentado en la banqueta de la entrada esperando a Fudou, preguntándome si es que vendría en auto, o me llevaría a pie hasta quien sabe dónde (puesto que no me dijo en la casa de quien se juntaban).
A los diez minutos apareció, caminando. Suspire cansado, y me levante (no tenia de otra, acepte su invitación para no hacerla de mala leche, así que no me queje).
Durante el trayecto, me comento que cada jueves se juntan en casa de Koujirou, compran vodka y jugo de naranja, unas cuantas botanas surtidas y se sientan en el patio trasero a beber, comer y platicar de su vida sexual, y ya entrados en calor y altos grados alcohólicos, comienzan debatiendo sobre el gobierno, los desastres naturales y quien tiene el mejor trasero de Raimon (para después comenzar a pelearse a modo de juego porque insultaron sutilmente el palo flaco que es Natsumi, y Gouenji se ofende).
Entendí por eso que se va caminando, no me lo imagino como no se pierde, y pregunte que si no les molestaba a los padres de Genda, me contesto que se reúnen los jueves porque esos días sus padres salen a la iglesia y no vuelven hasta más tarde (excelentemente pensado (me sorprende como organizan todo muy bien)).
Llegamos hasta la humilde morada, una casa decente y bien arreglada, al otro lado de donde yo vivo (casi me da un ataque por el largo trayecto (la motivación del vodka hace que Fudou no se canse (me supongo))). Entramos y Koujirou nos recibió amablemente, haciendo un raro gesto al notar mi presencia, Fudou se adelantó a decir que suplía el puesto de Nagumo por esta noche. Asintió y nos dirigió hasta el patio trasero, donde ya estaban Gouenji y Endou sentados formando un círculo en el lounch.
Su patio trasero era enorme, pegado a la casa, habían puesto un piso rustico de grandes pedazos de concreto, con una pérgola muy elegante, llena de enredaderas y platas, en la esquina izquierda, un sillón hecho de madera descansaba, adornado con almohadones y telas de colores brillantes y divertidos. En medio, una hoguera se encendía. El resto del terreno estaba rodeado de césped.
Me quede impactado, era muy bonito como para tener que acoger a borrachos cada jueves, pero disfrutaría la velada.
Salude alzando la mano y me senté en medio de ambos, mientras Fudou regresaba adentro a ayudar.
Me sobre vino el nerviosismo, no sabía que Endou ya se había incluido en el club de los rompe corazones estos, y faltaba Kidou.
De pronto Koujirou y Fudou salieron con las manos llenas de comida, bebida y botellas de Absolut. Todos festejaron, menos yo, que no sabía que decir o si debía hablarles, todo me resultaba desconcertante, raro, jamás había mantenido una conversación grata con estos tipos, y de repente les aparezco en su reunión, no sé qué estará cruzándoles por la cabeza (pero Fudou me invito, así que se jodieron).
-¿Nagumo no vendrá?- soltó Gouenji, tomando una salchicha y sirviéndose la mezcla del jugo y el alcohol.
-Está castigado el idiota, por eso creo que Midorikawa está aquí, ¿no?- termino diciendo Genda, al tanto que me miraba.
-Ah… si, vine por él, ¡espero no les moleste!- alcance a decir, resaltando lo último, sintiéndome aún más nervioso.
-Sin broncas, güey, aquí todos somos bienvenidos- y me sirvió jugo solo en el vaso de plástico, para después, verlos a todos asentir sonrientes, y comenzando a comer y beber.
Había pasado alrededor de una hora y sus charlas tan esperadas comenzaron (ya ingeridos de un alto nivel alcohólico y grasas Trans).
Hablaban de todo, como les gustaba el sexo, posiciones, que sentían, donde lo habían hecho, se reservaban nombres, y como les había ido la última vez. Dijeron que Kidou no había venido porque según el muy mamon los cambio por una convención de las tecnologías recientes que su padre le ofreció llevarlo, y que esta era una bienvenida para el nuevo integrante del club (rece mentalmente porque no creyeran que era yo (pero después dijeron su nombre)); Endou, que más inconsciente que en sus cinco sentidos, aplaudió dando las gracias.
-A mí me gustan los orales- soltó de pronto Koujirou.
-Nunca me han hecho uno a mí- continuo Endou, sosteniéndose del respaldo.
- Pendejo, ¿neta?- dijo Gouenji.
-Y tú que, ¿Natsumi la mama bien?- y se soltaron las risas, dejando a un Gouenji muy sonrojado y calladito.
-Saben una cosa- callo las risas y hablo Fudou –Takanashi un día me hizo uno en el salón de clases, mientras todos estaban en gimnasia.
-¡No es cierto!- se sorprendió Koujirou y empezaron a carcajearse los otros dos (yo solo los veía, tomándome mi jugo, haciendo muecas por las repentinas declaraciones que hacían).
-Sí, sí, hasta dejo que me viniera en su boca.
-¡Guácala!
-¡Por eso mire manchas blancas en el piso!
-¿Y a que sabía?- pregunto intrigado Endou, haciendo reír a los demás.
-No lo sé, no quise besarla, desde ese entonces no nos besamos y por eso rompimos.
-Uy si, la nena, uy si, le da asquito él mismo; pregúntale a Gouenji, él hasta se lo saborea- se burló Genda, haciendo que Gouenji se pusiera rojo de ira, y se le fuera encima, pero tal parecía que no afectaba mucho y solo era juego, porque no les paraban las risas –Ya estate quieto cabrón, ¡solo es broma, broma!- y lo dejo sentado a su lado en el piso.
-Que tal tu Midorikawa, no nos has contado nada de Nozomi, eh?- me dio codazos Endou, guiñándome el ojo para que hablara, con el coro a su favor.
-Ah…- diantres, no sabía que decir, realmente nunca hice tales cosas con Nozomi, solo uno que otro beso apasionado, me subí arriba de ella un par de veces y por error pase mis manos por sus pechos, pero nada más, incluso la noche del baile, no llegue a hacerle nada (más que verla), pero ellos con sus anécdotas me sacaban de orbita (lo más probable es que me llamaran mojigato, o maricón, tal vez recordaban lo de Hiroto y se burlaban diciendo que me gustaba más que me dieran por detrás (tranquilízate Ryuuji, y usa tu imaginación, no por algo los descerebrados te llaman Fancy, algo se te debe ocurrir, Nozomi siempre fue muy atrevida y le encantaban esas cosas, recuerda las indirectas que te tiraba y las películas pornográficas que mirabas en la noche cuando todos iban a dormir)) –Pues…
-Ay, no vas a decir que nunca hiciste nada porque eso es imposible de creer con la novia que te cargaste.
-Sí, sí.
-Ah… ¡esto se quedara entre nosotros, ¿verdad?!
-A huevo, nada sale de aquí- bien, ese era un punto a mi favor, ya podría inventarme cualquier cosa sucia sin el pendiente de que Nozomi se enterara y me desmintiera.
-Pues, ella y yo… si lo hicimos, una noche… fui a verla, me subí por el balcón y…- tartamudeaba, ¡cómo se me ocurría algo! –Lo hicimos toda la noche- termine por decir, recibiendo un "ay" muy meloso de parte de todos.
-Que romántico, un Romeo candente- dijo Genda, colocando su mano en el pecho. Asentí con mueca de "ni modo", y siguieron hablando sin calla de otras de sus aventuras (gracias al cielo ya no me preguntaron nada, pude seguir con mi jugo y los cacahuates tranquilo).
A las once treinta y dos nos fuimos, luego de que Fudou se agarrara a golpes con Gouenji y quedara noqueado como por media hora, despertó sobrio, yo por mi parte, jugué luchas grecorromanas con Endou y Koujirou, no salía del suelo con Genda, y Endou era demasiado fácil de tirar (estaba mucho más que ebrio). Nos despedimos y tomamos camino bajo la luna y la brisa helada.
-Todo lo que dijiste de Nozomi, lo inventaste, ¿verdad?
-¡Si, güey! ¡¿Cómo crees que reaccionarían si les decía que no hice nada?! Seguro comentaban que prefiero las penetraciones de Hiroto por detrás- negué rodando los ojos, este se soltó riendo a carcajadas.
-Que imbécil eres, no hubiera pasado nada, no somos tan cabrones.
-¡Y yo que sabía! Es humillante ser virgen cuando estoy con ustedes- me señale abrumado, escuchando aun sus risas. De improviso, sonó su celular, lo saco y se volteó a contestar. Me detuve a esperarlo, viendo en todas direcciones, como el viento movía ligeramente las ramas de los árboles, y me pregunte, si debí haber dormido de verdad con Nozomi, ella siempre me insistió, y yo le daba pretextos, o sacaba la vuelta a sus temas, incluso llegue a apartarla de mí en una ocasión que si se propaso (no es que no me gusten ese tipo de cosas, o que prefiera mi primera vez con un hombre, sino que me reservo para la persona indicada, le mantengo respeto a las mujeres, y prefiero que sea por amor mi primera vez, en una habitación de hotel cinco estrellas con unos buenos condones).
Estaba perdido imaginándome el sitio idóneo para mi primera vez, cuando mi móvil suena, me extrañe y lo saque del bolsillo, viendo que era Kazemaru (seguramente se pregunta dónde estoy). Descolgué y me lo puse en el oído.
-¿Qué paso?
-¡¿Ryuuji, donde estas, estas bien?!- lo escuche exaltado y algo acongojado, una rara mezcla para él.
-Tranquilo, sí, estoy bien, vine de visita con Fudou a la casa de un compañero, pero ya voy, ¿Por qué?
-Ryuuji…no sabes, ¿cierto?
-¿Qué cosa?- y fue como un golpe en el pecho, su voz, el tenso silencio que se concentró a través de la bocina, solo las hojas de los árboles que raspaban los tejados se oían. Fudou exclamo un sorprendido "que" en su conversación tras de mí, y pase saliva, mi garganta estaba tapada y seca, y las gotas de sudor frio resbalaron por mi espalda.
Me gire lentamente, encontrándome con el rostro deformado de confusión, angustia y sorpresa de mi amigo, que me observo inquietante, asustado por mi reacción. Contraje el rostro y abrí la boca, apenas logrando procesar lo que acababa de escuchar.
-El padre de Hiroto… falleció- dijo Kazemaru en un sollozo de pena ahogado.
