Gui: Lo he intentado setenta veces y ahora casi me saltan las lágrimas de los bonito que me ha quedado. Este fic participa en el minireto de Mayo del Torneo entre distritos del foro Hasta el Final de la Pradera. Hay 598 palabras exactamente. Y sé que no ocurre en el D4 pero es que el lugar no estaba especificado en las reglas ;) Espero que os guste.
Disclaimer: Me he otorgado la posibilidad de ponerle nombre a los personajes que Collins decidió dejar indefinidos.
La red
o Confía en la ayuda que puedes recibir para tejer tu propia vida
Volvió a mirarse las manos, puños cerrados y dedos encajados. Como el trigo. Como si tuviese dedos doblados en las palmas de la mano (no pienses en truculencias, Annie). Lo que tenía era algo que sirviese de hilo. Se acordaba de las manos de Finnick en la pantalla haciendo una red. También se acordaba de su cumpleaños especial, el primero con Finnick.
Volvió a mirarse las manos. Vamos, Annie.
-¿Mamá?
-Ya. Me tengo que acordar, Nick.
-Vale.
El pequeño Finnick en miniatura era adorable. Era sensato, tan mayor, tan listo, tan curioso, tan guapo, tan encantador… Se había sentado y esperaba. Pensando. En la cabeza de Annie no cabía la explicación de cómo había crecido tanto. No se acordaba de cuándo se había convertido en ese pequeño Finnick que cumplía catorce años.
Volvió a mirarse las manos. Cuando tuvo que hacer su red para los quince años estaba tan nerviosa que se deshacía por todas partes. Los juegos la interrumpieron. Intentó acabarla a escondidas, y el día de la fiesta se la enseñó a Finnick. Pero se rompió. Antes de que tuviese tiempo de echarse a llorar, Finnick la levantó en volandas y se fue a tirarla vestida al mar. La sal elimina la mala suerte, dijo, empapado, brillante de agua y sol, con la nariz casi pegada a la suya. No puedes hacer bien una red si no la haces conmigo. También bailó catorce veces con ella, olvidándose de la tradición. Le dejó el primer baile a su padre, claro, pero luego se quedó con ella. Y aquí, en el distrito 12, donde la había invitado Peeta, sin Finnick, un poco antes de la fiesta, ¿qué podía hacer?
-Mamá, nadie se va a enfadar si no hago la primera malla de mi red durante la fiesta. Estamos en el distrito doce.
Los ojos se escaparon de sus manos cuando Annie soltó los hilos y lloró dos lágrimas, una por cada ojo.
-Nick… -su voz sonaba suplicante, casi desesperada, llorosa.
-Mamá, bailaré con catorce parejas y cuando volvamos al distrito cuatro te prometo que empezaremos la red. Lo haremos juntos y con alguien que nos diga si está bien, ¿vale?
No puedes hacer bien una red si no la haces conmigo, Annie. La voz de Nick no era la de Finnick, pero a lo mejor Annie necesitaba a Nick para conseguirlo, igual que había necesitado a Finnick. Con Nick, todo lo malo se esfumaba. Con Nick podía nadar en el mar sin ver sangre. Con Nick podía reírse hasta que le doliese la tripa. Quedarse horas en la playa, al sol, pescando, recogiendo conchas... ¿Era posible que Nick pudiese ayudarla tanto? ¿Qué más podía hacer, mas que acceder a sus ruegos?
-Tejer una red es como tejer tu vida. En ella están tu pasado y tu presente y la posibilidad de agrandarla es tu futuro. Con ella pescas y comes, te diviertes, te defiendes, en ella puedes dormir. La red te acompaña como te acompañan los catorce bailes que vas a bailar. Te quiero Nick.
El beso de Annie en la frente del niño dio vida a la fiesta. Aquí acogían las costumbres, y viendo la fiesta, los colores azul y verde en honor a ellos, Annie casi podía oler el mar. Y Nick se le acercó y le pidió tres pelos. Añadió el trozo de tela azul que llevaba siempre encima y, delante de todos, se puso a tejer la red. Hizo dos mallas, tres mallas, y para seguir, le pidió a su madre que se la aguantase. Annie no podía parar de llorar, como una tonta.
Asumo que el título es mejorable. Pero bueno, cumpleaños feliz.
Gui
SdlN
