Hey, que tal mundo Fanfiction, vuelvo para actualizar luego de bastante tiempo, ¿no?
Confieso que estuve experimentando en otro fandom, pero me dije que debía terminar este fic,independientemente si es que alguien lo sigue leyendo o no, yo lo acabare.
Disclaimer: Inazuma Eleven no me pertenece.
Inclinación By Madoka
Capítulo 19: De Festividades de Cumpleaños.
El regreso a clases fue terrible, no solamente porque Hiroto no estaba (y cada mañana miraba vacío su pupitre), sino que todos los regresos a clases son terribles. Las típicas preguntas que los maestros te hacen, la retroalimentación, tener que madrugar y soportar a la misma gente, viendo las mismas getas (aunque tampoco debo exagerar, no fueron ni tantas las vacaciones de semana santa como para que este con estos dramas (es que el grupo se siente triste sin el ángel)).
Tras la extraña "charla" que tuve con Hiroto en el cementerio, dormí bien, pude levantarme con ánimos, incluso salude más de la cuenta a varios del salón, pero solamente de voltear al frente y toparme con su puesto vacío, era un duro golpe a la realidad.
Me había dicho que lo mandarían a "un sitio para tratar la situación", y escuche de tipos cercanos a él, que fue enviado a Oasis; un centro de rehabilitación para drogadictos. Nunca pensé que su problema con las drogas fuera serio, pero de igual forma me entere que el opio acabo con este; cambio de vicio, cada tarde fumaba con Isunou, a veces solo, los fines de semana bebía con desconocidos en bares clandestinos, y simplemente se convirtió en una mala experiencia para la familia.
Sí que supo disimular todo; admito que de vez en cuando lo llegue a ver ojeroso, no me preocupe, desvelos estudiando, cuidando a su padre, pensé, otros tantos argumentan que tiene un severo caso de falta de control de la ira, lo que ocasiono una pelea entre él y Saginuma (cosa que no creo, puesto que jamás había escuchado de eso hasta ahora (y aquí los chismes corren como fuego en jardín)).
Ya no sé qué pensar, muchos quienes lo tachaban de un ángel perfecto, hablan mal a sus espaldas, y otros festejan su desmadre.
Yo me decepcione, pero no por un error que cualquiera puede llegar a cometer dejare de quererlo, no, hoy, es cuando más necesita de esos amigos, y estaré ahí para él.
Total, ese será tema aparte.
El clima helado aun no cesaba, y para infortunio de todos, un frente frio arribo con aires fuertes y enfermedades de temporada. Cada noche debía aguantar las respiraciones congestionadas de Kazemaru, el contenedor de basura lleno de sus papelitos moquientos y los estornudos incesables. Pero se compensaba con verlo cada mañana con una pequeña bandita en la nariz, que le sirve para respirar bien, lo cual lo hace ver tan estúpido, que los días valen la pena.
Llegamos a Raimon temprano, mamá siempre ha considerado la puntualidad como un acto representativo de buena conducta y clase (lo que pasa es que a estas horas, el efecto de las pastillas para dormir se pasa y debe arruinarle el sueño a los demás para sentirse mejor consigo misma). Entramos al salón y no había nadie, nadie absolutamente.
Negué con la cabeza y me fui a mi puesto de atrás, Kazemaru por otra parte tiro su mochila y salió cubriendo su nariz.
Detestaba de sobre manera llegar primero que todos y no tener nada que hacer, solo me quedaba sentado viendo al frente, o a quienes llegaban. Esta vez, traje mi móvil y me puse a jugar en él, no tenía la clave del internet, así que me tendría que conformar con alinear dulces y bajar ingredientes, o podía cortar frutas y tocar el piano.
Trate de disimular con quienes llegaban mi falta de ánimos que de buenas a primeras se habían esfumado, pero no podía, mucho menos con Sakiyama, quien llego después de nosotros. No se evitó verme con odio, le fruncí el ceño y regrese a mi juego. Así fue con unos cuantos (como por ejemplo Suzuno, que llego saltando de la alegría (ni idea del porqué), con Kogure y Netsuha), y por supuesto, nadie se aguantaba el inquirir indirectamente comentarios alusivos a Hiroto y su situación poco banal.
Ya me estaba hartando escucharlos, tenía tantas ganas de levantarme y gritarles "hipócritas de mierda, cierren la puta boca", pero me contuve al recordar que no habrá de otra cosa por la cual vivir, que personas de este tipo; autoestima decadente (es mejor sentir pena ajena que odio colectivo).
Estuve a punto de irme cuando mi salvación cruzo la puerta, mi buen amigo Nagumo llegaba con sumos de grandeza.
-¿Disfrutaste de tus vacaciones en casa?
-¿Vacaciones en casa? No mames, estaba tan enfadado de mi cuarto, que hoy me levante con ganas de llegar temprano, enserio que sí.
-Me imagino. Que te sirva de lección para la próxima vez que quieras jugártela de aventurero motorizado con síndrome de montañista intrépido, contemporáneo y lascivo.
-Güey, me extrañaste, ¿verdad?
-¡Sí!- nos dimos un abrazo y las clases comenzaron.
En todos estos días no me había sentido tan tranquilo hasta que hable de nuevo con Nagumo, me di cuenta cuanta falta me hizo, tener amigos, un poco más normales. Y a decir verdad, no les tome importancia a Kazemaru y los demás, pues estaba fascinado con las charlas triviales que teníamos, como antes de que arruinara mi vida por la intromisión y descabellada falta de decencia de parte de Haruna al revelar tales fotos que martirizaron la existencia del ángel.
Las cosas volvían hacer como lo que eran antes, incluso Fudou se nos unió, volvíamos a ser un trio de amigos normales. Bueno, no quitare de lado lo raro que ha sonado y trascurrido esto, sin dejar de prestarle atención a la situación que está viviendo Hiroto. Aun me sentía culpable y compungido, se notaba la tensión en el grupo, su falta y los revuelos que ocasiono, con chismes y habladurías, pero yo respiraba tranquilo a fin de cuentas.
Durante el receso hablamos de la incómoda noche del jueves, cuando nos "juntamos juntos" en casa de Koujirou y conversamos de experiencias sexuales. Fudou me delato y no se evitaron las burlas a mi persona, también tuve un encuentro desafortunado con Segata en el puesto, y unas cálidas palabras de Maki. Charle con Kino en el corredor, almorcé con Nonomi, Jyuka y Yuki, durante una hora libre, fui a ver el entrenamiento de rugbi, entrando de relevo, peticiones de Hijikata, por mera diversión. Hice un poco de ejercicio con Arata y Miura, invitándome en la tarde a una carrera en apoyo al equipo infantil. En las clases del Teacher Kageyama pintamos árboles y cortamos el césped, con Suzume jugamos a Pájaros, Nidos y Parvada, y con el profesor tontito de literatura leímos cuentos para niños.
¡Jamás en la vida me la había pasado tan bien en un regreso a clases! Ni recordaba ser tan sociable como lo fui hoy. Aunque hubo por igual momentos un tanto extraños y molestos; me topé con Nozomi y Nanakaze frente al periódico mural, se limitaron a verme con desprecio, y Saginuma tampoco disimulo su enfado cuando nos cruzamos en la puerta de la biblioteca, pero fueron cosas sin importancia.
A la salida me quede esperando a Kazemaru, no había sabido nada de él desde la mañana, y me preocupe, recordando que no podía regresar solo a casa. No pasaron más de dos minutos cuando los divise acercarse, me saludaron con una simple sonrisa y siguieron sin detenerse. Enarque una ceja y los seguí.
El camino fue silencioso, no escuchaba más que las respiraciones atrofiadas de Kazemaru, las teclas del móvil de Afuro y las tronadoras que Sakuma saco de su mochila y llevaba usándolas por la mitad del recorrido. Yo los miraba desde atrás, sin entender que ocurría exactamente. Se detuvieron en la esquina.
-¿Sera bueno dar dulces?- pregunto Afuro señalando un local donde se vendían caramelos de todas clases.
-Quizá en tazones, no querrás repartir bolsitas de dulces, ¿o sí?- cuestiono Sakuma.
-No, mejor prepara algunos canapés, o bocadillos, contratas a un grupo de meseros y que los ofrezcan- termino soltando Kazemaru, y yo no comprendía nada de lo que hablaban.
-Tu sentido del humor me encanta, me encanta, me encanta, no pudiste sonar más ilógico.
-¿Qué? Será una fiesta, ¿no? Pon una mesa de postres.
-En eso estaba pensando, con fuente de chocolate.
-No, no, no, harás un desastre si haces eso, ¿acaso no conoces a quienes invitaras? Perdón, pero si haces eso, no te ayudare a limpiar.
-Mmmm…- se quedó pensativo Afuro, mientras que los otros dos miraban para otro lado. Fruncí el ceño, ¿de qué me estaba perdiendo? ¿Me habían dejado acaso fuera de sus planes amistosos? ¡Este día no se podía poner más raro!
-Perdonen mi intromisión, pero ¿de qué hablan?- dije, los tres me voltearon a ver, sin decir palabra alguna, continuaron caminando.
-No será una fiesta, fiesta clásica, solo es una fiesta tipo película, ¿sí?- siguió hablando Afuro.
-Ya lo sabemos, por ello, no contrataras meseros- dijo Sakuma volteando a ver a Kazemaru, este hizo un puchero y se cruzó de brazos –Mira, tu solo pon la casa, las bebidas, y si, tal vez una mesa con cochinadillas comestibles, y ya, pones en la invitación que si quieren lleven su vicio, así te libras de un problema.
-¡Oigan!- dije, alzando la voz, todos se detuvieron y se giraron en mi dirección –Ya díganme que traman, ¿Por qué tanto misterio? ¿Me han sacado de algún plan en sociedad?
-Tu dínoslo, eres quien se la pasa almorzando y como dices "chachareando" con todo, todo, todo el mundo, ¿y tus amigos? ¡Bien, gracias!- declaro Sakuma, asintieron y avanzaron sin esperar a mi reacción y cara de estupefacción.
-Ay, Dios, ¿enserio?
-Sí, enserio- apreté el rostro, no podía creer que salieran con esas cosas, si pensé que alguna vez pudieran sentirse mal o indignados por mi repentina amistad y relación con Nagumo, ¿pero para ponerse en estos planes? Debí planteármelo.
-¡Oigan, háganme el enorme favor y dejen sus tonterías!- corrí para alcanzarlos, de repente Sakuma se giró, apuntándome con el dedo, apenas pude detenerme para evitar que me picara un ojo.
-No te vamos andar haciendo ningún favor, porque aquí tu eres el que se ha apartado, no quieras volver como si nada a que te sigamos queriendo e incluyendo en tonterías, como tú dices, ¿Por qué que más hacemos si no eso?- detestaba pelearme a palabras con Sakuma, siempre tenía que decir, y por lo regular, me encaraba enserio, no titubeaba por ser yo, ni se sentía intimidado (Afuro y Kazemaru se limitan a rodarme los ojos cuando ya no tienen que decirme (pero él no (ha habido veces en que soy yo quien termina callado))). Fruncí el ceño, enojado.
-Discúlpame por diferir en gustos, y no compartir con sus mismas babosadas. Pues si tanto les molesta mi presencia, debieron habérmelo dicho desde un principio y ahorrarse las hipocresías, porque déjenme les digo que me fastidian ese tipo de gente.
-Te encanta hacerte la víctima, no eres nuestro centro del universo.
-Mira quien lo dice, el que cree que todos giran a su alrededor desde que…- se tapó los oídos y me grito.
-¡Cállate, cállate, cállate!
-¡Esto es absurdo! ¿No puedo pasármela con nadie más que con ustedes?
-¡No estoy diciendo eso! Pero al menos no tengas el descaro de ignorarnos y fingir que no nos conoces frente a los demás.
-¿Eso hago? ¡Están locos, yo soy el idiota que se la pasa defendiéndolos!
-Uy, uy, uy, ¡perdónanos héroe!
-¡Cierra la maldita boca!- lo último lo dije entre dientes, ya me estaba colmando esta discusión sin sentido, y pareciera que a Sakuma también, pues tras mi frase, se me lanzo encima, tomándome del cuello de la chaqueta. Di unos cuantos pasos atrás y tropecé, golpeando la acera. Sakuma se puso sobre mí y comenzó a zarandearme fuertemente, sentía mi cabeza rebotar. Puse mi mano izquierda en su rostro, empujándolo a un lado, rodamos hasta la carretera, ahora yo estaba arriba y trataba de sostenerlo de los brazos, pero no dejaba de moverse, evitando mi agarre, hubo un momento en que parecía que solo nos estábamos dando manotazos.
-¡Ya basta!- grite, y lo tome por ambas muñecas, apretándolas contra el pavimento. El sonido de un clacson me desconcentro, miramos al frente, encontrándonos un auto que se acercaba peligrosamente. Gritamos, y el carro dio una brusca vuelta, evitándonos.
Sakuma aprovechó el momento y me empujo, levantándose y sacudiéndose el polvo. Lo imite y nos miramos fulminantes por un momento, regresando con los otros dos, que miraban la escena con tranquilidad sin inmutarse.
-¿Podemos continuar?- pregunto Afuro, y todos asentimos.
Pelearme con Sakuma no es precisamente mi cosa favorita, es la tercera vez que tenemos un desacuerdo y terminamos rodando por el piso. Claro, las veces anteriores también han sido por tonterías parecidas, pero esto no tuvo sentido. El resto del trayecto lo llevamos en silencio los cuatro (conociéndolo, no me hablaría hasta que se necesitara enserio (y Afuro y Kazemaru no se ponen del lado de nadie, se mantiene parciales ignorándonos brutalmente (hasta que realmente se necesita (es así como una relación de conveniencia la que tenemos)))).
Nos detuvimos en la esquina, y en lugar de tomar hacia la derecha para ir a casa, tomaron en la dirección contraria. Enarque una ceja preguntándome que pasaba, esto se estaba saliendo de control y de mis cabales, pronto explotaría de intriga. No quise preguntar, sabía que no me harían caso, así que los seguí.
Nuestros pies se detuvieron frente a un local grande y colorido, elegante, en una zona de la ciudad bastante inusual para mí. Era una tienda de vestidos. Hasta aquí, me dije, ahí no entrare.
Pareciera que leyeron mi mente, pues los tres me tomaron de los brazos y me jalaron dentro.
El lugar era extenso, y se aglomeraba de vestidos de todos colores, formas y tamaños, puestos aquí y allá. Tome aire, un congestionado aire perfumado que me hizo toser más de la cuenta. No entendía que hacíamos ahí. Una mujer vestida de negro se nos acercó, preguntando que se nos ofrecía.
Afuro respondió que veníamos a una prueba de vestidos, los cuatro. Me quede en blanco.
-Wow, ahora sí, alguien debe responderme ¿qué está pasando?
-Muy sencillo: ¡Nos mediremos vestidos!- grito emocionado Kazemaru y corrió por todo el lugar.
Sentado en un pequeño sillón rojo aterciopelado, me preguntaba, ¿cuál será la diferencia entre el satín, la seda, el algodón, la licra, y demás texturas de vestidos? Porque Afuro no pudo entrar al probador sin uno de cada uno.
-¿Me dirás que está pasando?- hice mi último intento por obtener respuestas, porque nadie se dignaba a contestar. Sakuma se quedó conmigo en la sala de espera, suspiro y por fin hablo.
-El cumpleaños de Afuro se acerca, este fin de semana tendrá la casa sola, y está planeando hacer una fiesta por dicha fecha. ¿Ya?- a veces Sakuma con las palabras era realmente cruel.
-¿Y qué hacemos aquí?- volvió a suspirar cansado.
-¿No ves? Nos mediremos vestidos.
-¿Nos? Creí que aquí el acomplejado era Kazemaru con su gruesa capa de polvo y rímel, no tú, o yo, o incluso Afuro. Esto debe ser una broma.
-No- escuchamos decir a Kazemaru, que salió del probador con un vestido corto color azul turquesa, entallado al cuerpo, sin hombros ni espalda. Mi buen amigo siempre ha sido delgado, y si no te fijas bien, lo puedes tachar de una chica linda, pero ya prestándole atención, te encontraras con algo no muy deseable en la entrepierna -¿Les gusta?
-No- dije.
-Más o menos- dijo Sakuma. Kazemaru hizo un puchero y regreso al probador, para darle el turno a Afuro, que salió con un vestido largo color negro, sin espalda por igual, con detalles dorados. Negué con la cabeza, Sakuma afirmo.
Así se siguieron, uno por uno, presumiéndonos que vestido les quedaba mejor. Pasaron quince minutos, cuando gritaron que era nuestro turno, me empujaron hasta el probador, cerrando la puerta.
-¡Esto es ridículo! No me pondré un vestido- dije, pero pareció no importarles pues solo escuche que uno no me haría daño –Tal vez me guste Hiroto, pero estoy seguro de que soy hombre- sin respuesta –No es que tenga miedo y dude de mi sexualidad, pero estoy seguro que no es muy de hombres medirse vestidos, y que podemos ponernos otra cosa para vernos bien- cualquier excusa que daba parecía importarles un rábano, no me hacían caso, y atrancaron mi puerta por fuera, hasta que saliera con uno puesto.
En el perchero me habían dejado cinco vestidos totalmente diferentes entre sí; uno era negro, entallado, corto y con tirantes gruesos, otro era straples, con volados rosa, había uno azul tipo sirena, otro como una camiseta enorme color salmón, y un último de encaje rojo. Pase saliva, no sabía qué hacer para librarme de esto, pero sabía que ellos son demasiado obstinados, y que no me dejarían salir si no era con uno.
Termine rindiéndome, optando por la camiseta salmón.
Era horrible, me veía espantoso, como una pintura abstracta pero fea (yo no soy feo (me he llegado a considerar guapo), pero esto era cruzar limites). Mis piernas delgadas y un poco marcadas desfavorecían todo, al igual que mis brazos (cuerpo de atleta, obviamente), a mi pecho le hacía falta trabajo, a pesar de que se formaba ligeramente, resultaba desaliñado, parecía una mujer plana, fea y con cuerpo de cono (sin ofender a nadie, claro).
Me sentía con un vacío existencial enorme en el pecho, una vergüenza y humillación propia, viéndome en el espejo, no me podía imaginar la expresión de los chicos esperándome afuera, sería un golpe muchísimo más duro directo en mi orgullo. Trague saliva, sude frio, temblaron mis piernas, ¡era la cosa más espantosa que me había sucedido en lo que recordaba que llevaba de vida! De ninguna manera saldría de entre esas cuatro paredes, aunque trataran de persuadirme con lo que fuera, no saldría; prefiero quedarme aquí y morir de inanición.
Pero obviamente, mis amigos no compartieron mi ideal de suicidio repentino, aunque a estas alturas, lo más profundo que quedaba de mi hombría, había desaparecido como arena en el mar.
Escuche la cantora voz de Afuro llamándome para que me apresurara, y el desesperante sonido del tacón (que seguramente traía) de Sakuma golpear el piso una y otra vez con sus bufidos de exasperación.
"Tal vez solo será por un minuto, para complacerlos un efímero instante", me dije constantemente, para tomar valor, mientras mi Ryuuji interno se hacía un ovillo en el suelo, tratando de no llorar. Continuando con mi desgracia, note que mis buenos amigos habían dejado unos pares de lindos zapatos con plataforma en el suelo, justo al lado de la puerta, y casualmente, todos combinando a la perfección con cada vestido en el probador (si me iba a humillar y perder todo lo que se llamó Midorikawa Ryuuji HIJO de Midorikawa Kyoto y Midorikawa Yuki; lo haría bien). Tome los zapatos con tacón corrido color salmón y les dije que me abrieran, que ya estaba listo.
Tan solo di unos cuantos pasos fuera (con los ojos cerrados y aguantando la respiración), las voces halagadoras y empalagosas surgieron de cada rincón, inundando mi oído y haciéndolo chillar. En cuanto Afuro dijo que me veía "di-vi-no", regrese de un salto al probador, cerrando la puerta y arrancando de encima aquella experiencia traumatizante, que seguramente, no llegaría a superar en mucho tiempo (lo único que logre atinar hacer fue lo mismo que mi Ryuuji interno; un ovillo en el suelo evitando llorar).
Tras la puerta escuchaba el alegre intercambio de palabras entre Afuro, Sakuma y Kazemaru; los tres afirmaban que mi "look" les había gustado mucho, lo suficiente como para que el grupo se vistiera así el día de la fiesta.
En ese momento salí de mi estupor ¿escuche bien? Rápidamente me despabile alejando de mí la congoja que después podría adoptar en casa de pretexto para quedarme en cama el día entero. Abrí la puerta de golpe, saliendo prácticamente en calzoncillos, con mi rostro expresando estupefacción y decidido a acabar con estas pendejadas, proferí un airado ¡¿Qué?!
-Lo que escuchaste, Ryuuji…- comenzó diciendo Afuro con una sonrisa de oreja a oreja, acercándose, notando extrañado que no llevaba nada puesto más que la ropa interior. Torció la mueca y me señalo hacia abajo, mene la cabeza y entre para tomar mis pantalones, los coloque enfrente para que el señorito no viera nada inquietante. Más tranquilo continuo -…Tu conjunto nos ha encantado, y como anfitriones, ¡los cuatro usaremos un atuendo parecido!
-Y de nueva cuenta, ¿Qué? ¿A qué diablos se refieren con eso de anfitriones, y usando vestido? Jamás me hablaron de algo así, ¡no se atrevan a incluirme en ese tipo de planes sin comentármelo con anticipación!
-Vaya, vaya, vaya, mira que ahora nos reclamas por tenerte en cuenta- hablo arrogantemente Sakuma, cruzándose de brazos, no me evite verlo con disgusto evidente -¡Con nada estas contento!- abrí la boca para responder, pero las manos de Kazemaru se interpusieron entre ambos.
-Vamos, chicos, lo hablamos después, con calma y en un lugar privado… ¿sí?- hicimos un puchero y nos dimos media vuelta.
Era curioso, pero necesitaba una distracción de mi distracción. Accedí a acompañarlos a casa de Afuro para discutir los términos de la dichosa fiesta donde seriamos anfitriones y usaríamos vestidos; el camino entero me lo lleve refunfuñando y maldiciendo por lo bajo tras haberme hecho dejar mi firma en el apartado del asqueroso vestido salmón, llegamos a la casa y nos sirvió un platón de galletas de chocolate con una enorme jarra de leche alcoholizada de crema irlandesa. Me los lleve ambos al sofá, al lado del balcón en su habitación y me aplaste a ver televisión, hasta que se me pasara el coraje.
Deje a los otros tres chachareando cómodamente en la pequeña salita del balcón, sin galletas ni leche.
Finalmente salieron (o bueno, entraron) con sumos de grandeza plasmados en sus caras pulcras y aterciopeladas (las milagrosas cremas del catálogo femenino de belleza realmente funcionan), indicándome con solo la mirada, que ya tenían todo planeado para la tan esperada fiesta de cumpleaños de Afuro; que se llevaría a cabo el viernes por la noche, en su casa, a las ocho, para ser más exactos, teniéndonos a nosotros cuatro de anfitriones, vistiendo coloridos vestidos y tacones altos, peinados estrafalarios y pesadas plastas de maquillaje encima (era lunes, así que tenía un par de días para inventarme buenos pretextos, o enfermarme, o suicidarme, según dependiera de la situación (pero de que me libro del viernes, me libro del viernes)).
Sabía que aquel día debía ser una pesada broma de mal gusto; no todo me podía salir bien.
Durante el camino de regreso a casa me puse a pensar con calma respecto del acontecimiento próximo: Afuro planeaba hacer una fiesta celebrando su cumpleaños (que era el domingo, no el viernes) cuando en estos justos momentos Hiroto padecía uno de los peores tratos posibles encerrado en instalaciones blancas con gente que supuestamente le ayudara a superar sus problemas (por un momento me lo imagine con una camisa de fuerza, el cabello alborotado, retorciéndose y balbuceando sin sentido efecto de la abstinencia (cielos, lo debe estar pasando mal, o yo exagere demasiado, una de dos (Oasis es para gente acaudalada, seguro pagan por un trato Premium para él (quiero pensar)))).
¿Por qué la gallina cruzo el camino?
Es una metáfora, simboliza la vida y la muerte, el paso del ser humano por el mundo, dejando una huella que se ira borrando con el tiempo. No, realmente es un chiste malo que te hará quedar como estúpido por cualquier respuesta que des, ya sea demasiado sofisticada o compleja para entenderla seguirás quedando como idiota. Bueno, la verdad es que la gallina cruzo el camino para llegar al otro lado, así de simple, esquivando los autos y saltando por troncos, pero ah, no te olvides del águila gigante que te lleva lejos si te quedas mucho tiempo parado; querida gallinita sofocante hecha de legos, no, sacada de Minecraft.
Kazemaru me había descargado el peor juego para descerebrados posible en el móvil; Crossy Road, una combinación de Minecraft y Flapy Bird. Donde el objetivo era llevar tan lejos como te fuera posible a la maldita gallina que quiere cruzar el camino. Y aunque de principio lo rechace completamente por absurdo que sonaba (la imaginación se les acaba en el momento de hacer videojuegos, ahora sacan cualquier mamada de cualquier pendejada de la vida real), ahora me frustro porque no puedo avanzar más de ciento noventa y nueve pasos seguidos y los desgraciados de los programadores no me dan variedad de monitos, siempre los mismos, y cada seis horas recibiendo mi regalo que llegaban a ser entre cien, quinientas y cuarenta moneditas.
Pasaba mis tardes aplastado en el sofá con el móvil jugando, en la habitación cambiando de posición cada cierto tiempo por el dolor en mis brazos, en la cocina dándole por su lado a mi mamá durante las conversaciones en las que fingía prestarle atención mientras tecleaba la pantalla.
Ese juego estaba destrozando mi poca vida social a lo largo de la semana; en la escuela solo esperaba el momento de la salida para jugar, en los almuerzos le pedía el celular a Jyuka (que también lo tenía, ese condenado juego estaba de moda) para entretenerme en los almuerzos, incluso llegue a dejar la red social, todo por estar frente al estúpido móvil que consumía mi energía lentamente, hipnotizándome y transportándome a una realidad alterna donde soy una gallina que intenta cruzar la calle.
Y entonces llegó el viernes; sentado en el césped trasero de Raimon, enfrascado en el juego (como lo había estado haciendo toda la semana), recibí la visita de Kazemaru, Afuro y Sakuma, que sonrientes me miraron, exclamando con emoción que hoy sería una noche fabulosa, que ya tenían los preparativos y todo lo demás listo. Incluso mencionaron vestidos color salmón, entrándome sus palabras por un oído y saliendo por el otro. Me resultaron indiferentes, y solo les pude contestar con un "chido" desganado alzando el pulgar.
-Qué bueno que estés tan de buen humor, Ryuuji, sabes, creí que te retractarías, por un momento pensé que nos dejarías plantados como anfitriones- menciono Afuro con su melodiosa y empalagosa voz, y fue que la realidad me cayó como un balde de agua fría, abrumándome por completo.
Deje caer mis brazos y los observe con la boca abierta, mientras ellos sonreían enormemente.
-…- me quede sin palabras, ahora lo comprendía a la perfección; Kazemaru había descargado el juego en mi móvil para distraerme, dejarme de lado de los planes y mantenerme suficientemente ocupado para no prestarles atención y no poder buscar una salida (perro, que listo resulto) –Shit…-murmure, tratando de analizar la humillante noche que pasaría en unas cuantas horas (hijo de perra, lo voy a asesinar y entonces ya no le tendré que rendir explicaciones a mamá por su ausencia).
El vestido color salmón que me hicieron rentar mis buenos amigos (por una cantidad desorbitante que no mencionare), me hacía parecer una chica bastante fea al principio, después vino el maquíllate y el peinado, logrando cambiar mi imagen en unos trecientos sesenta grados; ahora parecía una modelo anoréxica que se le habían pasado las horas en la cama de bronceado.
Mi cabello estaba suelto y planchado, las sombras acentuaban mis ojos haciéndolos ver más grandes, el rubor y el labial eran el punto clave para complementar todo. No dejaba de verme en el espejo, no lo podía creer, no sabía si era yo realmente el que estaba reflejado, en serio es un cambio drástico, que lamentaba con cada gota de mi ser (pero desgraciadamente soy tan buen amigo que no les pude decir que no (malditos modales, maldita lealtad, maldita seas)).
-Espero que no hayan invitado a todo Raimon- salí del baño hasta la habitación de Afuro, donde se terminaban de arreglar. La casa estaba lista, tenía adornos tradicionales de serpentinas y anuncios para el cumpleañero, refrescos, cerveza, una mesa llena de bocadillos, lo típico. Pregunte si habían incluido drogas o algo parecido, a lo que me respondieron con un desaprobante "por supuesto que en definitivamente, claro que no" (los escuche mencionar que querían una fiesta de película, y la única película que se me vino a la mente fue Proyecto X (esa orgia de alcohol, drogas, estupideces, buena música y pendejadas explosivas (y me dije mentalmente que sería muy cabrón que fuera así (pero lo más probable es que pongan baladas románticas y hayan comprado cerveza sueca, esa que esta endulzada con Splenda)))).
Me senté en la orilla de la cama, bajándome el vestido que no me llegaba más allá de la mitad de los muslos, no sabía cómo diantres las mujeres usan eso sin que se les llegue a ver Londres e Italia, apenas podía cubrir el bulto que se me formaba en la entrepierna, aun a pesar de la apretada ropa interior que me insistieron en usar para no perder el glamour ni la estética.
Los observe arreglarse con maestría (Sakuma me había convertido en la belleza que era (si fuera mujer no me sentiría tan mal)); Kazemaru lucía un corto vestido sin mangas de cuello alto color rosa viejo, su cabello lo plancho (todos nos lo planchamos) y peino a un lado, cubriéndose el ojo izquierdo con el copete. Sakuma se puso uno color naranja con maga tres cuartos, casi rojo, quitándose su habitual parche y cubriendo su ojo con el cabello suelto. Finalmente el cumpleañero traía un vestido rosa de manga larga y suelto, con enormes arracadas y una bien cargada proporción de maquillaje (no sabía cómo se podían sentir tan cómodos (la costumbre, seguramente, la costumbre)).
Ya no me interesaba nada, mi hombría y orgullo (junto con la poca dignidad que aún mantenía sana y salva) habían desaparecido cuando me calce los tacones y descubrí lo fácil y cómodos que era caminar con ellos (mi Ryuuji interno lloro, lloro y lloro), pero mis buenos amigazos me recomendaron que no me anduviera luciendo, y que guardara mis energías para la noche, porque según cansan mucho; así que opte por tirarme en la cama hasta que comenzara la grandiosa y genialosa fiesta de la que éramos anfitriones.
-Claro que invitamos a todo Raimon; Afuro dejo invitaciones en la biblioteca, en los baños, en los vestidores, en la cancha de baloncesto, tenis, en el dojo, en el Aula de Medios…
-¡¿Qué?!- fue lo único que pude decir antes de quedar en estado de shock con un rostro estupefacto que Kazemaru me recrimino porque arruinaría mi look. Le di un par de manotazos cuando se me acerco con una brocha de rubor -¿Están hablando en serio? ¿Invitaron a todos los malditos descerebrados de Raimon? ¡Hubieran hecho un espectacular en el boulevard, así se habrían ahorrado el gasto de papel y toda la comunidad se enteraría!
-No te preocupes, hicimos un evento en la red social y agregamos a todos nuestros contactos- y otro duro golpe a mi Ryuuji interno que luchaba ensangrentado, alzando una bandera blanca en son de paz –Como no estuviste conectado, no te enteraste- finalizo Sakuma subiéndose de hombros, restándole importancia mientras se terminaba de poner rímel.
Negué con la cabeza y me dije mentalmente que era suficiente para mí, que me largaría, saltaría por la ventana, trataría de que me llevara el inodoro, yo que sé, solo saldría de allí. Pero mi huida quedo de lado al momento que entre a la cocina y me serví un gran trago de tequila barato que compraron en oferta al mayoreo, tomándolo de una vez, sintiendo mi garganta quemarse, cayendo pesadamente en el estómago y provocándome una disparada de ánimos que ni yo sabía que podía tener en ese noche en particular (¡y adiós moral!).
Las horas pasaron y los invitados fueron apareciendo por la puerta, saludándonos muy amablemente, con sus enormes hieleras repletas de latas de cerveza, estéreos portátiles y vestimentas estrafalarias que me hacían dudar cada vez más sobre la esperanza en la humanidad, acompañados de comentarios positivos alusivos a nuestra imagen (creí que seriamos la burla más grande (la verdad es que a nadie parecía importarle en lo absoluto nuestros atuendos, todos estaban concentrados en rellenarse de alcohol y bailar (tal vez incluso tirarse a unos cuantos))).
Cada que miraba cruzar a un conocido por la puerta, me giraba disimuladamente y bebía de mi vaso lleno de tequila (estaba nervioso, muy nervioso, y eso me llegaba a tranquilizar); Afuro insistió en que nos paráramos la primera hora frente a las escaleras de la entrada para saludar a los invitados, lo cual me pareció sumamente innecesario, pero allí estaba yo de pie luciendo mis atléticas piernas depiladas.
Mi Ryuuji interno comenzó un dialogo entrecortado y sollozante, rogando por atención. Tuve que sentarme en las escaleras para analizarlo mejor. Me decía que si seguía así, dejaría de ser Fancy el pequeño demente que vive en un mundo de fantasía, para ser Fancy el travesti, o incluso el transexual Fancy dudoso de su inclinación sexual, prostituyéndose, dejándose convencer por cualquiera para seguirlo en busca de un consuelo lujurioso para la soledad y congoja que estaba viviendo separado de Hiroto (eso no era bueno (y aquí vino la culpa, la terrible culpa de estar en una fiesta cuando Hiroto duerme temprano y come sándwiches sin corteza)).
No soportaría mas eso, saldría de allí.
Le di otro trago a mi vaso y me escabullí por un lado para que no me vieran, huyendo hasta la sala de estar, donde decenas de adolecentes llenos de hormonas a punto de estallar disfrutaban la velada (y decir que me imagine una fiesta con dos tres gentes jugando cartas y tomando café en la mesa frente a la chimenea (esto se podía catalogar fácilmente como una verdadera fiesta de película (el ambiente, la música, las bebidas, los alcohólicos (solo debía esperar las sorpresas y las desgracias, no pueden faltar)))).
Parecía un becerro recién nacido, doblándoseme las piernas a cada paso. Tuve que sostenerme de una pared para no caer (el mareo del alcohol estaba surtiendo efecto). Me erguí y a pasos lentos me dirigí a la cocina, donde en el camino me tope de lleno a Miura, parándose frente a mí, haciéndome detener bruscamente, trastabillando, casi cayendo.
-¡Hey, hola!- me saludo eufórico, levantando la mano. Me tambalee un poco y las rodillas se me doblaron de nuevo, Miura fue rápido y me atrapo -¿Estas bien?- parpadee para verlo mejor (no sabía que podía llegar a intoxicarme tan deprisa y atontarme de esa forma (el estrés, seguramente)); vestía casual con una chaqueta negra y unos pantalones marrones, adornando su estilo con la habitual cara de vale madres y sonrisa perezosa que lo caracteriza.
Sacudí la cabeza para despejarme.
-Sí, estoy bien- le respondí sosteniéndome la cabeza.
-¿Seguro? Pareces un ciervo desorientado por las luces de un auto, y déjame criticar esa piernas- lo último lo acentuó, con un ligero tono entre burlesco y lascivo que me hizo pasar saliva. De un rápido movimiento me le separe, empujándolo por los hombros.
-Vete a la chingada- le dije, frunciendo el ceño.
-¡No aguantas nada!- se rio en mi cara y me marche a mi primer destino, escuchando un desesperado, espérame de su parte, posteriormente me siguió el resto de la noche.
La fiesta transcurría con un ritmo alucinante. Las luces y la buena música estaban presentes, las personas bailaban y bromeaban, bebían y comían, despreocupados, olvidándose de los problemas y disfrutando la noche. La piscina en la casa de Afuro estaba repleta, a pesar del condenado frio, ahí estaban todos en ropa interior, algunos hasta se deshicieron por completo de sus prendas.
Salude a muchas personas conocidas, amigos, que en lugar de burlarse por mi apariencia, llegaron a felicitarme por el valor de haber tomado mis propias decisiones sin prejuicios ni tabúes (esto está acabando lentamente con mi reputación (llegue a recibir propuestas indecorosas de desconocidos que me confundieron con una chica (habría sido divertido verles las jetas cuando me desvistieran y encontraran algo que no va ahí precisamente))).
Escuche rumores de que Hiroto había salido de Oasis el fin de semana, y que lo habían invitado y me estaba buscando, lo cual me puso aún más nervioso, haciéndome servir cada vez más mi vaso tequilero.
Me encontré a Afuro cumpliendo su sueño; tragándose a besos con Hera en la estancia. Kazemaru charlaba muy íntimamente con Endou, acortando su distancia a cada palabra, poniéndolos en una situación muy comprometedora que nadie acusaba (porque todos estábamos (si, estábamos) atontados y no nos preocupaba nada más que seguir y seguir bailando). Sakuma se metió a un juego de ruleta con castigos y tragos sorpresa; lo vi besarse con Genda y Fudou (con Fudou, escucharon bien, Fudou estaba ahí regodeándose estúpidamente con los labios de Sakuma), y beber de un vaso lleno de líquido verde brillante que lo puso como loco, bailando sobre la mesa.
Por mi parte estaba que me llevaba la chingada, cada vez más desorientado, el tequila barato no dejaba de circular por mi sistema, bebía y bebía, cada que me encontraba algo totalmente fuera de lugar mientras el nerviosismo crecía dentro de mí, preguntándome dónde diablos estaba Hiroto, si es que estaba allí.
No disfrutaba la fiesta, solo podía pensar en lo que sería de mi si me llegara a ver vestido así y alcoholizado, muy alcoholizado. También me encontré a Reinita, Segata, Saginuma, Suzuno, muchos de mis archienemigos estaban ahí, pero como dije antes, a nadie le interesaba nada más que ellos mismos y pasarla bien, muy bien.
Encontraba a todo mundo menos a Hiroto; Jyuka me pidió la receta para tener las piernas así de firmes, y Domon me chiflo cuando pase frente de él. Arata y Hijikata igualmente se encontraban en la fiesta, pero parecían no estar tan perdidos como los demás. No quise acercarme a saludar. Torcí la mueca y me seguí de largo.
El ponche se acababa, y la botella de tequila había desaparecido, encolerizándome. Tuve que ir a la mesa donde jugaban ruleta para quitárselas y darle un largo trago que me celebraron.
Di unos pasos para alejarme y el mareo me sobrevino, acompañado de una punzada de dolor en la cabeza y otra en el estómago. Se me formo un nudo en la garganta, me tambalee apenas sosteniéndome de la pared nuevamente. Tenía nauseas, unas enormes nauseas que me provocaron ganas de vomitar.
No espere nada más y salí corriendo directamente al baño en el segundo piso. Sin molestarme en tocar abrí de golpe la puerta, encontrándome a Suzuno manoseando a Fuyuka (fue lo último que se me ocurrió encontrar). Me quedé atónito y me voltearon a ver apenados y sorprendidos (Dios, no tenía tiempo que perder entre aclaraciones que no me interesaban y disculpas entre dientes); les grite un lárguense y corrieron fuera de la habitación.
Cerré la puerta y me incline sobre la taza, regresando todo lo que había ingerido antes (tequila barato (no regrese a casa después de la escuela, le dije a mamá que me quedaría con Afuro haciendo un trabajo y que aprovecharíamos para hacer una divertidísima pijamada (seguro no se la creyó, pero no podía decirle que haríamos una enorme fiesta, nos vestiríamos de mujeres y fomentaríamos el sexo entre jóvenes junto con la bebida en exceso (total, no había comido nada desde el colegio)))).
Las arcadas se sentían horribles, y todo me supo a tierra con agua (lodo, para ser más claros), dejándome con dolor de espalda tendido sobre el suelo del baño (de suerte nadie fue a buscarme ni me interrumpieron en busca de un escondite para sus manoseos furtivos). Me levante con dificultad y arroje los tacones lejos de mi alcance, maldiciendo por lo bajo, diciéndome mentalmente que ni loco regresaría a ese mar de gente perdida con un alto nivel de testosterona surcando el aire. Me mire en el espejo, contemplando una imagen desaliñada y espantosa de mí mismo, estaba y me sentía del asco.
Me dije que saldría del baño y me refugiaría en la habitación de Afuro (echando fuera a quienes me encontrara y encerrándome bajo llave), al menos hasta que la fiesta se acabara, dormiría y no sabría ya nada de nadie (ese plan sonaba tan bueno, que levite (figurativamente)). Enjugue mi boca cerca de cuatro veces, y concluí que no había sido suficiente, cuando me arme de valor para salir, topándome de lleno otra vez a Miura que estaba a punto de entrar.
-Maldición, Miura, ¿Por qué mierda me estas siguiendo? Por poco y no logro detenerme- puse mi mano en el pecho, mortificado, viendo su cara floja sonriente (¿había dicho un chiste, acaso?)
-Bueno, me preocupe cuando te vi salir corriendo al baño- pude notar en sus ojos un derroche lascivo, ese mismo que Nagumo tiene cuando ve a su voluptuosa novia y que se estaba haciendo una costumbre en él.
Di unos pasos atrás, intimidado. Miura no perdió tiempo y rápidamente cerró la puerta de una patada y se abalanzo sobre mí, tomándome con fuerza de la cintura y subiéndome al lavabo (admito que me tomo por sorpresa y me dejo shockeado el muy cabrón).
-¡Su puta… madre! ¿Qué haces?- solté histérico en un tono bajo de voz con la mandíbula temblándome (eso estaba tan fuera de lugar como yo en ese sitio (admito que me estaba asustando)), sintiendo las manos de Miura recorrerme lentamente, clavando su rostro en mi cuello (me quede petrificado). Bajo más las manos, agarrándome de las rodillas y separándome con fuerza las piernas, atrayendo mi cuerpo y repegándolo con el suyo.
-Algo que siempre quise hacer- y rozo sus labios con los míos, besándome apasionadamente.
Esto no está pasando, Ryuuji, es solo tu imaginación. Si, como crees que Miura quiera tirarte en el baño, eso es imposible, claro que no, son delirios de tu estado emocional; nervios, angustia, alto contenido de tequila barato circulando por tus venas. Sí, eso no está pasando, Miura no te está manoseando ni mucho menos besando, metiendo su lengua y saboreándote por completo (él es un hombre en toda la extensión de la palabra (y todo lo que atribuye esa carga)). Tampoco lo estás disfrutando, por supuesto que no, que va, esos sonidos que oyes no son tus gemidos, y solo le estas correspondiendo los besos porque te recuerda a Hiroto y te lo estás imaginando a él y no a Miura.
¡Demonios, si está pasando, y lo peor del caso es que lo gozo, lo estoy gozando!
No podía caer más bajo en esos momentos. ¿En serio le daría mi virginidad a Miura, en verdad? Estaba reservada íntimamente para Hiroto, no para un cualquiera vale madres que ni idea del porqué de sus actos (lo más seguro es que son consecuencias del consumo inmoderado de alcohol). Así que aplica fuerza en tus bíceps y empuja con ganas para quitártelo de encima. ¡Ahora!
Era inútil, no tenía fuerzas, estaba débil y las olas de placer que me inundaron no las podía contener ni persuadir. Entonces sentí la erección de Miura golpear mi cuerpo, y la mía creciendo lentamente. Me comencé a sentir culpable, otra vez, por Hiroto, sentía como si lo estuviera engañando, como una vil escoria que busca satisfacción en otro hombre y no en el suyo.
Maldición, si no fuera tan grande el miembro de Miura, ya lo habría apartado y golpeado, pero podía sentir su tamaño y eso me excitaba. Rayos, no quería que me pasara como Yuko y su infinidad de encuentros casuales con hombres en busca del verdadero amor.
Las manos de Miura recorrieron mis piernas, escabulléndose por debajo del vestido. Me removí y le dije entre besos que no, pero no le intereso y fue adentrando más su mano. Le mordí el labio y le raye la madre para que dejara eso en paz, pero no entendía; cuando sentí como tomaba mi entrepierna con fuerza entre su mano. El contacto fue repentinamente frio y me hizo erizar la piel, soltándole un fuerte empujón para que me dejara tranquilo.
Lo mire sentado desde el lavabo, me veía frunciendo el ceño confuso. No le dije nada más (apenas podía creer y asimilar lo que sucedía), de un salto me baje y salí corriendo del segundo piso, huyéndole.
Mi camino termino al final de la escalera, donde me encontré a Hiroto de pie frente a mí. Vestía de negro y estaba bien peinado, su rostro denotaba confusión y cansancio, con unas grandes ojeras bajo los ojos (¡a buena hora me lo encuentro! (¡ahí tienes tus sorpresas y desgracias, estúpido Ryuuji interno!)).
No pude decir nada, me había quedado sin palabras, pasmado, abrí la boca para decir algo, pero solo se quedó en eso. Hiroto tampoco supo que decir, me miro de arriba abajo y negó decepcionado con la cabeza. Se dio la vuelta sin esperar aclaraciones y se marchó junto a Isunou y Komazawa.
Dejándome varado en un mar de sensaciones confusas y contradictorias, descalzo sobre el piso frio, con una erección a medias.
La situación no se podía tornar más surrealista y de película clásica donde todo le sale mal al protagonista, esas con bajo presupuesto y actores desconocidos lanzándose al estrellado por sátiras de horror. Me hundía lentamente en un abismo negro de confusión y bebida. Mi Ryuuji interno seguía llorando, suplicándome que me moviera, que cerrara la boca (o se me metería una mosca), que hiciera algo, por el amor de Dios, que fuera tras él.
Y sí, mi primer impulso fue salir corriendo tras Hiroto y rendirle una aclaración seguida de una disculpa entre lágrimas. Pero no hice nada, me quede de pie frente a la escalera conmocionado. A los minutos me di la vuelta marchándome a la cocina, donde me serví otro vaso de tequila.
Recapitulemos; primero me visto de mujer y comienzo a beber sin medidas de un vaso de unisel muy feo (al principio por nerviosismo, ahora, porque no hayo otra cosas más que hacer (y por culpa)), posteriormente recibo invitaciones a encuentros sexuales con desconocidos, haciéndome beber aún más, luego Miura se aprovecha de mi estado e intenta propasarse, finalmente encuentro a Hiroto, que se decepciona de mi (¿Por qué? Quien sabe (tal vez por mi vestimenta, mi falta de zapatos y mi rostro demacrado)) y se marcha, provocándome un sentimiento de culpabilidad (por enésima vez) que solo se puede aliviar con más alcohol.
¿Por qué se decepciono de mí, esa fue su cara, no? No lo entendía, ¿acaso no fui yo el que lo apoyo todo el tiempo con su padre, en sus días de depresión, el que lo escucho y acompaño, ¡no merezco una distracción!? ¡Que se joda todo el mundo, estoy en una fiesta y eso hare, festejar! (luego podre llamarle entre llanto a Hiroto para que me perdone).
Cerca de las doce veintidós la cerveza se había terminado, y comenzamos a tomar vodka crudo, ni siquiera con un poco de jugo de piña, no, solo. Era tan seco que sentía arder mi estómago, fundiéndose lentamente con mis judos gástricos, no tenía idea de cómo le haría para levantarme en la mañana (si es que llegaba a la mañana, porque dudaba si no me fuera a dar un paro cardiaco), pero por el momento solo podía concentrarme en bailar, bailar y beber (el tequila fue reemplazado por el vodka (y luego sacaron botellas de whisky, ron, brandy, y demás coloridas botellas para animarnos)).
Mutou saco a luz sus dotes de barman y nos preparó tragos exóticos y fuertes; con un Mother Fucker Segata termino noqueado en el suelo, y todos en la barra pedimos uno igual. Otomura estaba de DJ, poniendo la canción de Juicy Wiggle, corrimos a la pista (la estancia principal) armando un duelo de baile. En un círculo pasábamos de uno en uno luciendo nuestros mejores movimientos. Netsuha bailo como ninguno, Tsunami le hizo la competencia, y Kogure apareció con un helicóptero que nos emocionó. Sakuma se retorcía sobre la mesa, y lo acompañe al son de Come With Me Now. De Kazemaru y Afuro no sabía nada, y no quería saber porque lo más probable es que estuvieran teniendo un encuentro grupal (algo que prefería no corroborar).
Estábamos eufóricos, perdidos en el éxtasis; me entere de que Aktsu y Kidou traficaron un par de pastillas de dudosa procedencia y las depositaron en las bebidas (por ello de nuestro estado de perdición absoluta (¡tomen una patada en el culo, Proyecto X! (esta es una revolución))). En la piscina volaron las papas fritas y los chapuzones. No había sabido nada de Nagumo y su novia, tampoco de Hiroto, pero después lo mire en el círculo de bailarines fumando un cigarrillo, con los ojos perdidos; se metió a bailar y me reto con la mirada. No tuve de otras más que acceder ante los abucheos y gritos.
Fruncí el ceño, ¿no se suponía que estaba en rehabilitación? Sale a una fiesta y recae, vaya contradicción.
Bailamos Bad, una canción electrónica que se había hecho famosa en Raimon por su coreografía viral que surgió de la nada y todos queríamos imitar. A Hiroto y a mí nos salía a la perfección (admito que estuve ensayando para jodérmelos a todos), éramos dos gotas de agua, como reflejos. Las aclamaciones no se hicieron esperar, y al final le lance un golpe por inercia que desvió irguiéndose, viéndome arrogante mientras escupía una humareda en mi cara. Luego se marchó y no volví a saber de él durante el resto de la noche.
La fiesta continúo en una avalancha de emociones que nos prendió por completo (con las grandes cantidades de alcohol en sangre (y sonando Too Many Man, y My Chick is Bad)). Las chicas bailaban y meneaban el trasero en frente de los chicos que babeaban. En la piscina nadaban y se lanzaban desde lo alto. Alguien llamo a un repartidor de pizza, que no era más que Shuuji trabajando medio tiempo; atrayéndolo al desmadre y regalándonos pizza que voló por todos lados.
Por mi parte estaba luchando mentalmente con mi Ryuuji cuerdo que pedía a gritos explicaciones respecto de Hiroto y Miura, y paraderos de mis amigos que me habían dejado solo en aquella exuberante demostración de talento y capacidades para retener tanto alcohol como fuera posible. Pero lo único que podía hacer (de nueva cuenta) era beber de mi vaso que se llenaba de Buchanan's y Absolut, seguido muy de cerca de Miura que me insistía en terminar lo que habíamos empezado; solo le podía responder con que me dejara tranquilo.
La fiesta de Afuro había resultado ser todo un éxito desastroso, que acabo alrededor de las dos cuarenta y dos de la madrugada del sábado, siendo ahuyentados por las quejas de los vecinos y la policía que merodeaba el vecindario.
Abrí los ojos con dificultad, los sentía pegados, cubiertos de lagañas. Mi cabeza daba vueltas, se había convertido en un revoltijo de ideas y vibrantes redes neuronales a punto de estallar, mientras mi Ryuuji interno trataba de sobrevivir en una balsa cuarteada remando hasta la orilla de mi subconsciente en busca de ayuda. La boca me sabía a rayos, la tenía seca y el estómago gruñía, sintiendo un terrible ardor en la garganta. Parpadee para despejar mi vista y me lleve una mano a la cara para limpiar mis ojos, descubriendo que traía en la mano una copa de vidrio vacía y ni un rastro de lagañas.
Alce la cabeza y descubrí que estaba recostado hecho un ovillo sobre la mesa del comedor en la cocina. A mi lado se encontraba Kazemaru acostado boca abajo con las piernas cruzadas, absorto jugando con un libro en su cabeza y un par de manzanas. En la mesa nos rodeaban pastelillos y tazas de té, el mantel rosado estaba por la mitad arrastrándose por el suelo. En este, Sakuma estaba sentado con el teléfono, marcando números una y otra vez, sin llamar. Debajo de la mesa, Afuro estaba acostado comiendo jalea de un frasco, con un desorden de bocadillos por todas partes.
¿Qué había sucedido? ¿Cómo llegue allí? ¿Y la fiesta? Las preguntas atacaron mi mente, y no podía pensar con claridad, y mi Ryuuji interno se dio por vencido muriendo ahogado.
De un salto me levante de la mesa, provocando un estrepitoso movimiento, haciendo que me voltearan a ver incrédulos ante mi repentina exaltación. Me gire a ver el reloj, marcaba las seis treinta y tres de la mañana. Empecé a dar vuelta sin control, revolviéndome el cabello.
-Ryuuji- exclamo calmado Afuro, viéndome desde debajo de la mesa. No le dije nada, estaba tan desorientado, ¿Qué había pasado? Lo último que recordaba fue estar sentado en el sofá tomándome una botella entera de vodka con sabor a frambuesa (ahora podía comprender claramente el hecho de que mi cabeza se fundió, convirtiéndose en un mar de fluidos cerebrales).
Eche a correr al baño, encerrándome. Me quite de encima la ropa (que estaba cubierta de manchas de dudosa procedencia (que prefería no saber de donde habían salido)), metiéndome a la ducha. El agua caliente se sentía estupenda, era como un cálido abrazo en un día de invierno. Los músculos se me destensaron y la cabeza se me relajo un poco. Salí y me encerré en la habitación de Afuro, que estaba hecha un desastre por igual. Busque en el armario mis cosas y me puse pantalones (¡gloria a los pantalones! Ya extrañaba usar algo que cubriera mis piernas (una de las cosas que detestaba de cuando jugaba rugbi, era el uniforme; los diminutos pantaloncillos y las camisetas de tirantes (me sentía desnudo))), tomando mi mochila y escabulléndome por la ventana (estaba en el segundo piso, lo sé, pero no me quedaría más tiempo en ese lugar, ni mucho menos me pondría a limpiar el desastre).
Aterrice sobre unos arbustos tupidos del jardín trasero, levantando la cabeza sobre ellos, corroborando que nadie me hubiera visto o escuchado saltar. Luego brinque y salí corriendo por la acera trasera.
Durante el camino no pude evitar pensar en la noche de la fiesta y en Hiroto, especialmente en Hiroto y su extraña actitud. Anoche me hice de muchos chismes y habladurías que en ese instante no les tome importancia (porque básicamente estaba con una botella en la mano y la boca llena de pepitas (cosa que no me permitió decir o pensar en algo)), hasta ahora que las analizaba. Uno de ellos hablaba de que Hiroto se había escapado de las instalaciones de Oasis, que había escuchado sobre la fiesta de Afuro y me fue a buscar (eso ya lo sabía (de que supuestamente me había ido a buscar, no de que se había escapado)). Otro afirmaba que Hiroto había adoptado una distante y arrogante actitud negativa que se acompañaba de cuadros de ira incontrolables, ocasionando varias disputas entre él y desconocidos que se topaba (de allí me entere que cuando se marchó luego de nuestro baile, se agarró a golpes con Gouenji (cosa que no decido si creer o negar; su estado es demasiado incierto para mi)). Y un último chisme decía que Hiroto no se estaba curando del todo en Oasis, en cambio se había adentrado mucho mas de lleno en las drogas (fumaba como chimenea, a lo que escuche, y ya no solo opio ni ingería pastillas, sino que inhalaba cocaína y llego a probar el famoso krokodil (cosa que también dudo, pues no se han hallado vestigios sobre que aquí hayan adictos al krokodil o se encuentren traficantes de dicha sustancia)).
Aun así fuera cierto o no, la preocupación me embargo, mi querido ángel se estaba convirtiendo poco a poco en un demonio adicto a los estupefacientes. Y yo le había fallado, fallado en el momento en que me quede de pie pasmado sin saber que hacer mientras se iba.
¡Genial, ahora me sentía como un mal padre que no le presta atención a sus hijos! (¿Cuándo adopte a Hiroto? Ni idea, pero así me sentía (algo parecido a mi progenitor, aunque yo no soy un perdido vicioso (el alcohol de una noche no cuenta, mucho menos el hecho de haberme puesto vestido y maquillado, no tiene nada que ver))).
Llegue a la casa exhausto, colándome por la puerta trasera. Mamá se encontraba recostada en el sofá con una bolsa de palomitas a la mitad y el control remoto a su lado, durmiendo (me imagino que se quedó hasta tarde viendo algún maratón (así es ella, se aburre y mira la televisión hasta caer rendida)). Bufe y me aplaste en el sillón contiguo, tomando las palomitas y llevándomelas a la boca (tenía una maldita hambre).
Revise mi móvil. No lo había sacado del pantalón en más de un día entero, tal vez alguien me necesito y yo estaba perdido sin razón en algún lugar de la casa de Afuro (si claro, como si alguien se acordara de mí); para mi sorpresa, tenía cinco mensajes nuevos y tres llamadas perdidas (¡changos, monos y gorilas!).
Rápidamente abrí la bandeja de entrada, encontrándome un mensaje de Nagumo (donde me decía que a Kuri se le había levantado la falda durante una marcha a la explanada principal y todos se dieron cuenta de la sexy tanga negra que usaba (y que babeo, mucho, de lo que me había perdido, pero luego se sintió culpable y me envió una carita torcida con un corazón roto y un "¡chingada madre!")), otro mensaje era de la compañía de teléfonos, informándome que mi línea estaba en periodo de corte, que si no recargaba se me cancelaria (uy sí, no saben lo mortificado que me pone esa declaración (es el segundo mensaje que me envían en la semana)), y los últimos tres mensajes eran de Hiroto; uno recibido a las ocho cincuenta, otro a las diez con tres y el ultimo a la una veinte.
El primero decía: "Ryuuji, necesito verte, es urgente, por favor contesta", y las llamadas perdidas eran a la misma hora del mensaje (supuse que marco para que mirara el móvil).
El segundo decía: "¿Dónde estás? Me la he pasado buscándote por horas. Por favor, contesta".
Y el tercero finalizaba: "Eres un maldito hijo de perra; ojala te pudras en el infierno. Infeliz".
Esa última frase me hizo sentir mal (era mi frase, la estaba guardando para una ocasión especial); así que me estaba buscando, quería verme y yo lo arruine todo (si Ryuuji, tu eres el responsable de esta desagradable situación (un infeliz hijo de perra (que se pudrirá en el infierno, por supuesto))). Un muy drástico cambio de humor en los mensajes.
Lance el teléfono a la mesa, con rostro asqueado, despertando a mamá por el ruido de la madera golpeada.
-¡¿Qué pasa?!- pregunto alarmada, volteando a todos lados (lo que me hizo pensar en que estuvo viendo un maratón de películas de horror y seguro estaba teniendo pesadillas con fantasmas o asesinos psicóticos arranca pieles). Se giró hasta mí, y solo pude sonreírle de lado y mover mi mano. Puso su mano en el pecho y exhalo con tranquilidad –Cielos, cariño, solo eres tú, me asustaste- miro el reloj en la pared –Son las siete treinta. ¿Por qué volviste tan temprano? Creí que te quedarías toda la mañana, ¿y Kazemaru?- hice ademan de que no le tomara importancia, arrugando la cara.
-Relájate, no pasó nada; no pude dormir así que me levante temprano y preferí regresar a casa y comer algo que no contuviera tanta azúcar- y escondí tras la almohada la bolsa de palomitas, disimuladamente –No los quise despertar, Kazemaru sigue allá- torcí la boca y desvié los ojos, rogando porque se lo creyera (porque ni yo me lo llegaba a creer). Relajo las facciones y se acomodó en el sillón, despreocupada.
-Bueno, menos mal; sabes, anoche no tuve nada que hacer, Yuko desapareció, y me quede viendo un maratón de películas inspiradas en novelas de Stephen King, ya te imaginaras, Carrie, Eso, Under the Dome, y un montón más.
-Under the Dome es una serie.
-Ya lo sé, pero también la vi.
-Vaya que te divertiste- solté sarcástico. Luego se levantó y me palmeo el hombro, anunciándome que se iría a dormir a su recamara. Asentí y se marchó, antes de que se fuera le dije tratando de hacerme el gracioso –El domingo sale Game of Thrones, ¿te la perderás?- profirió un bufido de fastidio y me contesto con un "por supuesto que no", dejándome solo en la sala.
Suspire cansado y volví a tomar mi móvil.
¿Debía llamar a Hiroto? ¿Y qué le diría si lo hacía? ¿Tendría que disculparme? ¿Acaso soy yo su único amigo? Que sepa, tiene bastantes amigos lame botas hipócritas que seguro tienen tiempo de escuchar sus penurias, que no me venga con el pretexto de que soy el único que lo entiende y le presta atención, ¡todos deseamos un poco de la suya!
Estaba siendo muy rudo con el ángel, si, tal vez se sentía solo y sabía que podía contar conmigo para lo que fuera, y sí, me sentía alagado por saber que me necesita (de algún modo), pero no pensaba con claridad. Ocupaba respuestas a preguntas sin formular, que también necesitaba que alguien me las planteara. Y sabía perfectamente quienes podrían ayudarme, los pequeños que lo saben todo (y si no se lo inventan); Fubuki & Fubuki.
Pero antes llenaría mi estómago con algo que no fuera alcohol o azúcar. Un emparedado de mantequilla de maní y jalea me bastaría.
