Regreso con una pequeña actualización, mundo Fanfiction. Este capítulo quedó muy sobrio, nada parecido al cómico estilo de Ryuuji, se darán cuenta; pero solo lo he hecho para ligarlo con el siguiente capítulo. La realidad es que este no iba a ser el que continuara, pero el otro lo comencé, mas no pude terminarlo, así que me dije, que haría un "Recuento de Daños".

Una ligera explicación y conclusión, para poder seguir en otros temas pero en orden, que todo se fije y lleve continuidad. ¿Me entiendo? Espero que sí (y lo titulo I, porque sé, que seguro habrá muchos más).

Igualmente espero que les guste y perdonen mi tardísima actualización. Una vez dije que lo terminaría, este fic, y así quiero.

Y me disculpo por adelantado si hay un drástico cambio en nuestro querido Ryuuji, tratare de regresar sus buenos e irónicos momentos, despreocúpense ;)

Sin más…

Aclaraciones: Se que esto se sitúa por los meses de abril y mayo, pero aquí hago menciones actuales, así que imagínense que los acontecimientos que están ocurriendo en marzo, son de abril y mayo de este año. Lo sé, soy un poco complicada u.u También, en los primeros párrafos, Ryuuji habla en pasado (bueno, en todo el fic habla en pasado), es como si él escribiera y recordara.

Disclaimer: Inazuma Eleven no me pertenece.


Inclinación By Madoka

Capítulo 20: Recuento de Daños I.

Ahora, ya no bastaba que me gustaran las cosas, no, por supuesto que no; a la red social se le tuvo que ocurrir la brillantísima idea de que me pueden encantar, enojar, hacer sentir mal, o incluso, carcajearme hasta llorar. Había selección, había opciones, ¿Por qué la vida no puede ser así de simple, como ponerle un "me gusta" a todo? No, la red social y sus estúpidos íconos, habría preferido mil veces la implementación del "no me gusta" (así se hubiese terminado el mundo mucho más rápido).

La fiesta de Afuro había sido un rotundo éxito, dicho de las bocas de los expertos; desde los abrazadores triunfos de los Oscar, todos se creer críticos: la fiesta de Afuro solo fue un pretexto más para soltar la lengua.

De suerte pasé desapercibido entre las habladurías. Un verdadero milagro. Desde aquella noche, hace ya tiempo atrás, que las cosas han tomado giros inesperados muchísimo más complejos que Game of Thrones y su sin fin de muertes semanales.

Había leído Choque de Reyes, ¿Por qué? Porque simplemente no tenía con qué otra cosa poder sostener y ligar una conversación con Fubuki & Fubuki; fervientes admiradores de la saga (yo apenas disfruto de los spots comerciales (preferimos pagar exorbitantes sumas monetarias en internet súper veloz, a despilfarrarlo en buenos canales Premium)): había que complacerlos si deseaba sacarles algo de verdad.

A mi suerte (que estos días he tenido mucha, según parece) les consentí lo suficiente para chacharear sobre trivialidades relativamente importantes.

Comenzamos con la muerte de Ned Stark, para rematar en Hiroto y su inestable estado emocional dependiente de drogas y atención (porque los drogadictos (como él) se mueren por un poco de atención (figurativamente hablando, claro)). Como se recordara, la fiesta de Afuro no solo dejo al descubierto nuestra "confusión sexual", sino que expuso hasta a los más rezagados del pueblo.

Entre ellos, por supuesto, Hiroto.

Ahí estaba, tendido boca abajo en la cama de la habitación de huéspedes en la casa de Fubuki & Fubuki. Se veía espantoso (espantoso en el sentido que no es él (él jamás lucirá espantoso (obviamente, los ángeles son hermosos))); ojeroso, demacrado, a medio morir, como si le hubiesen dado la peor de las palizas posibles (y Fubuki (Shirou) me dijo, que efectivamente, luego de la fiesta, se había marchado junto a Isunou por unos cigarros a un comercio local, donde se encontró a los típicos tipos de películas ochenteras buscapleitos, y el idiota fue a enfrentarlos, porque estaba más que mal viajado en su opio).

Respiré profundamente antes de romperme en llanto, rogando por un perdón silencioso junto a la cama. Solo estábamos los dos ahí, yo aferrándome a su brazo, y él dormido como si nada. No recuerdo exactamente lo que pasó por mi cabeza, lo que circuló y abordó mis pensamientos en ese momento, pero allí, arrodillado, buscaba incansable un perdón que no necesitaba, porque básicamente ambos nos habíamos equivocado a nuestras maneras y ninguno de los dos tenía por qué justificarse con el otro (pero al final de cuentas somos unos dramáticos, histéricos muy imbéciles y nos gusta hacer escenas).

Luego de esos nostálgicos y humillantes momentos (que agradecí y maldije al mismo tiempo al cielo (porque Hiroto no se levantara)), salí de la humilde morada de tres pisos en una privada vigilada de la familia Fubuki, rumbo de casa.

En el camino no pude evitar pensar y rememorarlo todo, ¿en qué diablos nos habíamos equivocado? Realmente pensé en que las cosas estaban mejorando, estaban yendo "bien", pero al parecer mi "bien", no es el mismo "bien", del "bien" de los demás.

Igualmente la plática con Fubuki & Fubuki me abrió mucho la mente, preguntándome entonces (además), si es que todos nosotros estábamos haciendo verdaderamente lo correcto (me dieron clases de psicología intensiva en un elevado grado de espiritualidad (acompañado, claro está, de las elocuentes referencias el medievo fantástico)).

Fubuki & Fubuki no habían asistido a la maravillosa fiesta de Afuro, por cierto; según tengo entendido, habían tenido un problema con él (por tonterías, seguramente, ¿Por qué otra cosa iban a pelear aquel par de tontarrones adorables?) y el comité escolar, dejándolos en una posición distante y complicada, acompañada con el pésame que aun mantenían referente al padre de Hiroto y él mismo por su repentina instalación en Oasis (así de buenos amigos son), que les pareció inmoral de su parte asistir y quedar como hipócritas insensibles (aunque es una ironía, y curiosa situación cómo es que pueden mantenerse respetuosos frente a la víctima que en estos momentos no debe sentir ni sus piernas).

Luego de meditar un poco, sobre todo lo que me había enterado junto a los Fubuki; pensé en Nagumo y su obsceno mensaje. Esa mañana lo visité, le eche un vistazo a su desastroso cuarto lleno de polvo que limpiaba desesperadamente. Hice un par de chistes sobre encubrimiento de evidencias antes de que las cosas se pusieran serias e hiciera un intento por terapearme.

Falló. Hablamos un poco más, hablamos de cosas profundas, hablamos sobre mí y Hiroto, sobre mis amigos y la fiesta. Sobre alcohol y su novia (que no venía al caso, pero da igual). Me despedí de él luego de unas horas, ya había superado mi límite de comprensión y compasión esa mañana. Solo tenía ganas de volver a casa y relajarme, olvidarme por un efímero segundo de todo este disparate. Era la mañana siguiente a la fiesta, ¿Qué me deparaba para el lunes, si ya este día me sentía como una completa basura?

Había que echarle la culpa a alguien, y simplemente se la adjudicaba a Hiroto (indebida pero veraz (aunque igual también podía echársela a Miura y su intento de propasarse)).

Hiroto no estaba bien, continuaba muy metido en ese asunto con drogas, nada se había solucionado con su estancia en Oasis. Pasaba por una crisis, quizá estrés postraumático o que se yo. Por desgracia su dolor era el mío.

Atsuya me dijo que anoche, Hiroto llegó tocando desesperado su puerta; llorando les rogó para que lo dejaran quedarse. Estaba mal herido y ebrio, además de en un profundo estado alucinógeno. Lloró el resto de la madrugada hasta las siete, que finalmente pudo quedarse dormido. Y todo esto sucedía mientras yo bebía de una botella Absolut.

Pero, ¿debía sentirme verdaderamente culpable por ello, era responsable? Quien sabe, ahora ya ni siquiera sé cómo interpretar mi sentir ni el de nadie, mucho menos si recuerdo esos mensajes, esos mensajes demasiado contradictorios y drásticos para mi gusto (en serio, jamás pensé llegar a convertirme en el centro del universo de la pequeña ciudad).

Me detuve en seco sobre la acera, levante la cabeza y miré al cielo, así como en película inspirada en hechos reales de sobrevivientes que han encontrado la luz/salvación de su calvario.

Y me dije, que estaba siendo muy duro con el ángel, con Hiroto. Él, sin excepción, es una persona, y por ende erra, lo echa a perder y patea el culo de los demás sin darse cuenta. Pero al final, lo único que importa, es quien estará ahí para sostener su cabeza cuando busque desahogo. Todos somos así, esta en nuestra naturaleza ser unos malditos hijos de perra (para después irle a lloriquear a alguien).

Sabía que de la única manera en que podría solucionar mi desvariada mente activa llena de conjeturas, era hablando directamente con él.

"Hiroto no está bien, está pasando por una situación difícil. Él no entiende el mundo real, ha estado viviendo en sombras; le teme al exterior, le aterra la luz", dijo Atsuya.

Y de pronto divagué y recordé el estúpido encabezado de la primera plana que arruinó mi poca vida social y la exuberante vidorra de Hiroto; "el león no es como lo pintan".

No, por supuesto que no; porque algunas veces, podemos pintarlo de rojo, o incluso azul. Con acrílicos o acuarelas, pasteles de aceite o crayolas. Lo podemos entintar, ¿china o india? La que gustes, pero al final, será el león, será el mismo león que elegiste desde un principio para bosquejar, ese con el que batallaste sobre el papel, ese que se llevó tu tiempo y esmero, tu dicha y dolor.

Porque Hiroto es todo eso, es toda la barra de íconos de la red social; me gusta, ¡me encanta! Pero también me fastidia, hasta puede hacerme llorar. Aunque por sobre todas las cosas; siempre me hace carcajear.


Por cierto, agradezco muchísimo a todos quienes siguen leyendo; mil veces, ¡gracias! Intentare escribir mas seguido y subir rápido :)

Nos leemos.